CAPÍTULO FINAL

Ke'lla siente un gran dolor en su vientre, si sigue sangrado o no ya dejó de importarle, si no llamaban por refuerzos o alertaban a las naves del diezmo no sólo caería Alala, también lo harían las zonas de guerra a donde se enviasen a la guardia imperial. Muchos cuarteles en Alala hacían frente a las sublevaciones entre sus propias filas, se pudo obtener una fuerza de ciento veinte mil soldados de las fuerzas de autodefensa y cinco mil operativos especiales del Adeptus Arbites, usando las naves que transportarían las tropas a las naves del diezmo viajan hacia Samozvanets. Samozvanets, una palabra antigua, puesta por los colonos originarios del segundo satélite más grande de Alala, significa "Impostor", nombre originado por su órbita, que suele colocar al satélite, cada cierto tiempo, por delante de Nika, el satélite más grande, confundiéndose con este por su similar tamaño y apariencia vista desde la superficie del planeta, los astromecánicos pronosticaban que en unos milenios más Nika y Samozvanets terminarían chocándose y sería el final de Alala, cuán errados estuvieron, el final ya estaba ahí.

─En estos momentos de angustia, ¡Oh Imperator! Escuchad nuestras plegarias ─el Sacerdote es un hombre de casi un siglo de vida, vestido con su hábito clerical recorre las filas de soldados, recita versos del Lectio Divinitatus ─. Danos la fuerza para repeler las aberraciones que insultan tu nombre. Ave Imperator.

─Ave Imperator ─repiten los soldados.

Ke'lla mira a sus camaradas, están de nuevo con ella, Nguyen y Thaman las operadoras del Repressor, seis años llevan sirviendo bajo su mando; Nadia Cedeño, dos años la ha conocido, ella casi cumplía los treinta, era la única que quedaba de su escuadra original, nueve más se le habían asignado, a todos ellos los conocía, arbitradores jóvenes, pero curtidos; el Juez Karl había decidido acompañarla como prometió, su escuadra son arbitradores veteranos, lucen varias condecoraciones y rostros severos, por otro lado Olev sigue con ellos, él no es un adepto de combate, ni siquiera uno técnico, era uno administrativo, prácticamente es un escriba y una calculadora, había hecho más de lo que su deber le confería, sin embargo continúa a su lado, con poco más que una pinza mecánica y una pistola láser está ahí, acompañándola, quizás por última vez.

─Ave Imperator ─clama Ke'lla, no escuchó al sacerdote por haber estado abstraída en sus pensamientos, pero conoce bien la oración.

Las plataformas de desembarco habían permanecido en manos leales, junto con todos los sistemas de defensa planetaria; llegan con sus fuerzas completas, los hangares se abren con presteza, antes que los motores de la nave se apagaran, los vehículos blindados y la infantería estan fuera; las orugas recorren las pasarelas de desembarco hacia los muros de la instalaciones, en dirección al complejo de comunicación, usarían los potentes vocoemisores para enviar una señal por todo el sector; los astrópatas dejaron de responder a los llamados, la sombra de la disformidad ya debía estar sobre ellos o fueron infestados, la verdad y su última esperanza se halla en Samozvanets.

Las milicias de híbridos se pertrecharon en las plazas y puentes, motos y carros de guerra recorrían las calles de Katringrado, hostigando a las fuerzas que avanzaban por la ciudad capital de la luna; aquí también se halla el templo más grande del Astra Telepathica, con su consejo de Astrópatas dirigidos por Shagin Shio, en el templo Zhu Rong, miles de híbridos, parientes y pura sangre se reúnen para oír hablar a su profeta. Se congregan bajo la cúpula central, en sus paredes abovedadas de cientos de metros se dibujan escenas de cientos de tiránidos, cultos robagenes y humanos, todos juntos viendo hacia las estrellas esperando a su salvador, una escultura finamente detallada, un ídolo de mármol de tamaño colosal que se eleva sobre sus fieles, evoca la grandeza, el poder y la sabiduría que guía a su pueblo; de cuatro brazos, parada firme y armado con una espada y lanza proyecta el anhelo de liberación; con seis prolongaciones en su espalda tres de cada lado de los hombros y coronado con gloria, saborea la victoria y la trascendencia a las estrellas. Todos aquellos frente a su profeta y su Dios hecho de mármol doblan las rodillas.

─ ¡Hermanos y hermanas! ─inicia Shio ─. La opresión autoritaria del Imperio tiembla, aquí, en Samozvanets y Alala, desde aquí la luz del Emperador de muchos brazos se esparcirá por todo el sector, creceremos en números y en fe, porque así fue dictaminado por las estrellas. Ahora las fuerzas reaccionarias, se oponen a nuestro credo, buscan nuestro sometimiento y allanan el camino de nuestra destrucción, no solo física si no también espiritual, están aquí, sus máquinas de opresión recorren nuestras calles sagradas, ultrajando el santo lugar al que nuestro Gran Patriarca llegó para liberarnos de las mentiras y guiarnos en nuestro camino a las estrellas. ¡Tomad las armas, defended lo que es vuestro! ¡Haced historia mis hermanos y hermanas! El Emperador de muchos brazos os espera.

El clamor efervescente enaltece los corazones de la muchedumbre, sus gritos eufóricos se llenan de plegarias y consignas de muerte.

─ ¡Ahora, escuchad vuestras órdenes! ¡A por los enemigos de nuestra fe!

Un híbrido de cuarta generación con sistemas de vox y alto-parlantes en su espalda clama con alevosía religiosa ─Consígnense al poder que viene de los astros, acudid a su nombre. Recoged sus armas, los capitanes, ordenen a sus batallones, el Primus Jeong Lyagga, santo general de esta guerra pronto les entregará sus órdenes.

─Muy bien clamavus Süngú, llévalos a las calles ─profiere Shagin casi en un susurro.

─Claro, profeta, mis otros hermanos clamavus ya están en las calles dando valor a las tropas, será un honor por fin unirme a ellos.

─Eres un gran orador Xing, intenta no morir en esta guerra.

─Por supuesto, profeta.

El Primus se aproxima al clamavus con una tableta de datos ─Atentos mis hermanas y hermanos, sus órdenes están listas... Capitana Fiodorova...

Shagin Shio se aparta del estrado, dos figuras en capuchas moradas lo siguen, portaban cada uno dos sables en sus espaldas, en su camino una figura misteriosa se le presenta, cubría la parte inferior de su rostro con una pañoleta roja.

─Kim Tzu, te estaba esperando ─menciona Shio.

El extraño se une al profeta ─Es un honor, Magus Shio.

─No hija, no necesitas ser modesta conmigo, estás frente a mí por tu habilidad y porque necesito esa habilidad para un propósito.

La Kelermorfo desenfunda sus tres pistolas con sus tres brazos ─Estoy lista para cumplir sus órdenes, profeta.

La guardia luchaba en las calles contra híbridos y pura sangre, entre disparos y garras dan su vida en nombre del Emperador; los arbitradores aprovechan el sacrificio de la guardia para avanzar hacia el complejo de astrocomunicaciones, tomado por los cultos robagenes, es el único lugar en el sector con la capacidad necesaria para enviar un mensaje por el espacio profundo, y llegar a alguna nave capaz de dar la voz de alarma a todo el sector a través de sus astrópatas. Cerca del complejo una pequeña guarnición de electrosacerdotes, tecnosacerdotes y sus cohortes skitarii asediaban el lugar, los repressor y rhinos llevaron a los arbitradores hasta las fuerzas del Mechanicus. Los repressor con los jueces se detienen junto al Magos a cargo de la resistencia del mechanicus. Ke'lla desciende del vehículo junto con Olev, sus subordinados esperan dentro del vehículo, el Juez Von Braun la acompaña hasta el magos, este es una figura enorme de casi tres metros, se mueve sobre orugas, su cuerpo es un amasijo de cables y mecadendritos que se mueven como si fuesen tentáculos, su cabeza es una esfera con dos grandes ojos compuestos dispuestos en el cráneo como si fuesen los de una mosca, miles de células sintéticas receptoras de luz, dándole una percepción de 360° de visión.

─Jueces Von Braun y Medina, me regocija contar con su apoyo ─expresa la voz digital del Magos.

─Solo cumplimos con nuestro deber, Magos Bakunin ─menciona Ke'lla con una voz grave y rasposa, era ya incapaz de disimular las graves heridas internas que le aquejaban.

─No quiero ser grosero, Magos, pero necesitamos los códigos para acceder y operar... ─dice el Juez Karl antes de ser interrumpido.

─Entraremos juntos ─informa mecánicamente ─, ustedes irán por el este, nosotros por el norte, mi equipo tomará los motores de plasma y nos encontraremos en el cuarto de voco-emisiones. Si lo hacemos de esta manera la probabilidad de éxito aumenta en 7.0354 puntos porcentuales, acercándonos al 82,01%.

─Me gustan esas probabilidades ─profiere Olev.

─Ah, Adepto Opparin, tus habilidades han estado desperdiciadas en un puesto administrativo, según me han informado.

Olev se presanta humilde al hincarse ante el Magos, levantar sus manos en adoración y agachar la mirada ─Solo hice lo que estaba en mi capacidad, maestro.

El magos suelta unos sonidos armónicos y coordinados, es código binario, para que solo Opparin pudiese comprenderle, el tecnoadepto forma una mueca sutil, como si estuviese recibiendo una reprimenda u órdenes que entraban en conflicto con su moral, o simplemente le estaba entregando lo pedido. Cualquiera que fuese Opparin responde con un silbido acompasado en dos notas.

─Que el Omnissiah guíe sus pasos, desde ahora su denominación será: Tecnosacerdote Olev Opparin Delta-Ípsilon 4774, guarda con recelo los secretos de la máquina─ expresa el Magos, acto seguido le entrega una pistola ornamentada, llena de florituras y votos binarios, una reliquia en toda regla, de inmediato su cuerpo gira sobre las orugas y se encamina en dirección opuesta.

─ ¿Le entregó los algoritmos? ─pregunta Karl.

─Así es ─responde Olev al incorporarse.

Karl asiente y regresan a los repressor, el juez se adelanta y es cuando Medina profiere:

─No fue lo único que te dijo, y sé que no puedes decírmelo, pero Olev...─sus ojos brillan amenazando con romper todo el semblante estoico que se esforzaba por mantener─, por favor, no me abandones.

─Jamás.

La sangre cubre las calles, cuerpos de guardias junto con bestias alienígenas se consumían en las llamas o se podrían lentamente sobre el suelo, el hedor llena de náuseas a los soldados que avanzaban, los híbridos desde sus posiciones entonan cánticos para honrar a sus parientes caídos, sus himnos bélicos y de pérdida eran transmitidos por los clamavuses llenando de moral y furia a sus soldados. Fuerzas de autodefensa de Alala y Samozvanets chocan contra las defensas, láser y munición sólida destruyen las corazas de los soldados, miembros destrozados, órganos y metales manchados en carmesí se apilan en el campo de batalla mientras las tropas avanzan sin cesar.

Los tanques Leman Russ encabezan una ofensiva que abren brechas en los defensores, tras de ellos los repressor lanzan sus llamas sobre los rezagados y heridos, los cadáveres alienígenas se amontonan delante de los tanques, el patio del complejo es despejado, los sobrevivientes se esconden dentro las gruesas paredes y abren fuego desde los balcones y ventanas.

Un disparo del cañón del Leman Russ destroza la puerta principal, Ke'lla encabeza el asalto cargando con un escudo, ahora solo contaba con una de sus pistolas bolter que tenía al empezar la emergencia, ahora rebautizada como "Hermana Vendetta", y con su maza que se balancea en su cadera al caminar.

Desde los parlantes del complejo la voz de Xing se reproduce a todos los defensores ─Morir en nombre de la fe os otorgará un lugar en el paraíso, no temáis, vuestra alma no se perderá, más vivirá eternamente en regocijo.

Dentro se encuentran con los cadáveres desmembrados de aquellos que esperaban tras la puerta; varios tiradores disparaban desde los pasillos y coberturas lo suficientemente lejanas para no ser afectados, cruzan las ráfagas de sus armas hasta que pronto desaparece la oposición de los híbridos, las luces de los pasillos se apagan dejando en penumbra a los atacantes, las linternas se encienden y las sombras de inmediato bailan en su lúgubre escenario; sus siluetas se escabullen por las esquinas y se esconden de su presencia, negrura viva que se horroriza de la luz.

Vosotros, impíos que rechazáis la luz y abrazáis las tinieblas, sabed que vuestra lucha es injusta y destinada al fracaso, venís a nosotros con odio e ignorancia, engañados con las dulces palabras que os susurran con malicia, les piden que nos odiéis con fervor, pues saben que somos lo único verdadero que reside dentro de vuestro putrefacto imperio que se derrumba, pero se miente con la esperanza de mejores días. Esos días vendrán... de nuestra mano.

─Malditas sanguijuelas, quieren quitarnos todo lo que tenemos y aún así esperan que les creamos ─bufa uno de los acompañantes de Ke'lla.

─Ya no poseemos nada, muchacho, solo luchamos por alertar de esta plaga a otros ─menciona Medina con voz grave y flemática.

Rendiros, cesad en vuestra infructuosa empresa, seréis asesinados por las justas manos de nuestros hermanos y hermanas; abrazad la fe verdadera y vuestras vidas serán perdonadas y sus almas salvadas.

─Espero que no sonemos igual que estos desquiciados ─profiere Nadia, apuntando su escopeta hacia las sombras, al igual que Ke'lla sus heridas le hacen revolver las entrañas.

Von Braun habla detrás ─Cuidado con lo que dice, señorita.

─Disculpe, Juez.

Ke'lla observa a una de las sombras moverse de forma antinatural ─Prepárense, contacto.

Las escuadras se dispersaron para ocupar más espacio, mientras estos se ubican un disparo certero derriba a uno de los arbitradores, el resto abre fuego en dirección al disparo, segundos después dos nuevos tiros desde la oscuridad asesinan a otros dos. El fuego de los arbitradores no hizo más que intensificarse tras esto, Ke'lla avanza con su escudo, Olev la sigue muy pegado a su espalda.

Con los sensores de sus mecadendritas ubica al tirador ─Es un híbrido ─menciona al ver la marca térmica y biométrica ─. A doscientos metros y cuarenta centímetros; veinte grados noreste.

Juntos disparan, logran que el tirador se escabullese fuera de la vista del tecnoadepto

─No ha muerto, pero no detecto su presencia, creo que lo hemos ahuyentado ─menciona Olev.

─Seguimos, apresuren el paso ─ordena Medina.

La muerte os espera entre estas paredes, espero seáis conscientes de ello, sus cadáveres serán incinerados en las calles sin honor alguno...

─Dispárenle a todos los parlantes que vean ─gruñe Ke'lla al dispararle al primero.

La voz del clamavus aún se oía de forma sutil desde parlantes más alejados, como un susurro, penetrando en el encéfalo con una aguja que se clava profundo en la masa cerebral, distorsionando los pensamientos y carcomiendo el espíritu. Un par de disparos acallan esas voces subversivas.

El aire reciclado se respira con dificultad, la enorme infraestructura industrial de Samozvanets ha contaminado la atmósfera de la luna, las enfermedades de la población humana era irrelevante para los tecnosacerdotes que con sus filtros y modificaciones cibernéticas las condiciones del aire les eran irrelevantes; Kim recarga sus revólveres, expectora un gargajo verdoso mientras lo hace, los tiros de los arbitradores le habían logrado impactar en su brazo inferior derecho, le destrozó el húmero, ahora su brazo colgaba inservible, con un pedazo de su blusa detiene el sangrado y se crea un cabestrillo.

─Malditos imperiales, demasiado cegados y demasiado explotados como para ver su decadente porvenir─. Masculla al levantarse para reanudar la cacería ─Patriarca protégeme.

Kim sube por la ventilación, ya no podía acosar a sus enemigos como le gustaría, con ese sacerdote marciano junto a ellos debía ser más escurridiza, los conductos son grandes, lo suficiente para permitirle caminar de pie en ellos, ahí dentro el aire es aún más espeso, casi siente que se lo traga al respirar; no es la única que defiende el lugar, pero es ella la encomendada en acabar con esos jueces, ya habían provocado demasiados inconvenientes. Sus pasos son lentos y sigilosos, evitando que sus botas crearan algún ruido que delatara su ubicación, las anchas tuberías evitan que su calor corporal y que sus signos biométricos puedan ser detectados por los instrumentos del tecnosacerdote. El camino empieza a mostrar signos de actividad orgánica, heces de alguna criatura de tamaño considerable, viscosidad en las paredes y un líquido que hiede a amoniaco.

─No es posible, aquí están─ susurra sorprendida.

Ante ella se levantan de su sueño cientos de pura sangre, arrastran sus garras por el suelo, sacan sus largas lenguas saboreando el aire.

─Bendita providencia. Ángeles de las estrellas.

Medina avanza con grandes inconvenientes por los pasillos góticos, el maldito aire reciclado de Samozvanets la está enloqueciendo, el aire de Alala era mucho más fresco que en la mayoría de mundos imperiales, con sus amplias extensiones de terreno fértil, permiten la existencia de cantidades enormes de bosques frutales y granjas agrícolas que producen oxígeno. Sus brazos flaquean, sus ojos se adormecen, su boca reseca le atormenta, su tez palidece y sus labios se tornan azules, su cuerpo le empezaba a fallar, está muriendo y lo sabe muy bien.

Un sonido crepitante terriblemente agudo saca a Ke'lla de sus pensamientos, de las sombras emergen formas teratológicas, sus pieles quitinosas se zarandean entre ellas, sus extremidades extras crean repudio, sus fieros colmillos extienden el pavor y sus números la resignación. Las armas láser zumban, las escopetas sueltan su estruendo y los bolter truenan con ira divina.

─No nos enfrasquemos en una lucha inútil, cumplamos la misión, por la derecha, quinientos metros─ expresa Olev.

Opparin sale de la formación y apunta la reliquia que se le fue entregada, el arma produjo un brillo verdoso, y una ráfaga blanca verdosa impacta contra uno de los genestealers, este de inmediato se prende en llamas, las cuales engullen a los más cercanos a su alrededor. Ese repentino ataque hace trastabillar el avance de las criaturas, permitiendo que el grupo de arbitradores sigan a Olev.

─Maldita sea, esas armas del Mechanicus están en otra liga─ profiere el Juez Karl mientras dispara su escopeta "Servus Fidelis"; la munición incendiara hace gran daño a la criatura que golpea, esta se retuerce en agonía antes de ser impactada por disparos láser y morir definitivamente.

Un nuevo tiro de Olev carboniza más insectos mientras el vapor verdoso que dejaba su tiro expandía la llama, la sorpresa inicial pronto desaparece de las bestias y avanzan en tropel sobre los cuerpos quemados, sus garras rasgan profundamente los escudos de los arbitradores, uno fue arrastrado a la licuadora de carne que eran las garras y mandíbulas de las bestias.

─ ¡Pavel, toma ese escudo y mantén la línea!─ ordena el Juez Von Braun.

El arbitrador veterano obedece con presteza, las garras de un genestealers se clavan en el metal del escudo recién levantado, partiéndolo en dos, Pavel a corta distancia tiene un tiro perfecto, el láser entra por el ojo de la bestia y le calcina el cerebro.

─ ¡Vamos, vamos!─ ordena Ke'lla.

Golpea a un genestealer y le dispara con el bolter en el cuello, el impacto decapita al alien. Los escuadrones se mueven a través de una inmensa entrada, los xenos chillan guturalmente con los disparos de Olev, un par más de arbitradores son derribados y arrastrados a su muerte entre gritos desgarradores y una masa de colmillos y garras desaparecen en un instante sangriento.

El tecnosacerdote se apega a un panel de la pared, una mecadendrita de su brazo se conecta al sistema ─ ¡Rápido!

Las macizas puertas empiezan a cerrarse, sus engranajes crujen, la masa de genestealers se agolpan contra los escudos siendo retenidos en el umbral, los escudos se rasgan y parten, pero los arbitradores mantienen su posición, los alienígenas sedientos de sangre no tienen intenciones de dejar escapar a sus víctimas, ese es su error, sus cuerpos son aplastados por la fuerza del mecanismo, la máquina derrota lo orgánico, el metal supera a la carne, la presión revienta sus cráneos, los huesos crujen y la sangre salpica a raudales.

─ ¡Ave Omnissiah!─ clama Olev al ver como la piel quitinosa se quiebra y los icores malolientes se derraman en el suelo.

Los arbitradores se notan agotados tras el asalto, sus miradas duras se tornaron cansadas y con pesar, buenos compañeros se perdieron.

─No hay tiempo para descansar─ habla Medina ─. Continuemos, ¿Olev?

─Dos cientos metros más a la derecha y setecientos a la izquierda─ responde.

─Ya lo oyeron.

Kim mira a sus hermanos pura sangre, carbonizados, los mutilados y heridos gruñendo con rabia animal, caminaban sin rumbo por las cenizas y el icor del cuerpo de sus hermanos. La Kelermorfo se aproxima al más grande del grupo y al tocarlo este se queda quieto, su respiración se tranquiliza, lentamente recuperaba su calma, un pura sangre no siente miedo, es lo suficientemente inteligente para saber cuáles son sus aliados y recibir órdenes pero no para saber cuándo está perdiendo.

─Perdónenme, hermanos, son el mensaje del cielo, la semilla que crece y esparce lo sagrado, no debí permitir esto─ abraza al pura sangre contra su pecho ─. No son corderos para el sacrificio. Tendrán que pagar, vengaremos a nuestros parientes, os lo prometo por el Emperador de muchos brazos.

La criatura enfoca su mirada en la kelermorfo, y esta ve en esos oscuros ojos, la luz de infinitas estrellas en el vacío, observa un lugar más allá de la galaxia, un hogar distante esperando a ser encontrado. Prepara sus pistolas con nueva munición, una más eficaz contra sus enemigos pertrechados con escudos y armaduras, ella representaba la libertad de los suyos, las masas escondidas y temerosas, era la voluntad del culto, su inspiración y heroína, no iba a fallarles.

─Vamos queridos hermanos, nos vengaremos, los haremos pagar.

Guía a los pura sangre por un nuevo camino, con ánimos renovados toman un impulso animal, moviéndose con una velocidad y agilidad sobrehumana los lleva por los ductos, una presa necesitaba ser cazada.

Ke'lla continúa con su grupo, las luces de sus armaduras no logran iluminar las enormes estancias del templo, una pared lumínica los separa de la oscuridad circundante, se hace espesa y difícil de mirar, crea una sensación claustrofóbica, el grupo avanza por aquel túnel quimérico, en sus hastiales se vislumbran figuras de mármol, retorcidas a su vista, criaturas de roca con múltiples extremidades, con sus cráneos alargados y sonrisas afiladas, una burla a los santos imperiales que deberían estar en su lugar.

─En nombre del Emperador...─ masculla el Juez Von Braun, ─Esta idolatría herética me causa náuseas.

Olev enfoca su mirada en su próximo objetivo, el acceso al cuarto de voco-emisiones, una puerta blindada con el cráneo mecánico del mechanicus, en sus costados símbolos en configuración binaria que citan: "La voz del Omnissiah ha de ser escuchada por todos sus siervos."

─Ahí está.

Olev se apresura a conectar sus mecadendritas en los puertos, casi de inmediato las alarmas inundan la estancia y las lámparas de fósforo iluminan con potencia cegadora, los sistemas automáticos se encienden, las torretas se ponen a disposición y la puerta se abre lentamente, un humo aromático sale del lugar, figuras encapuchadas de túnicas rojas se asoman llevando consigo botafumeiros de cobre y latón, sus rostros mecánicos permanecen impasibles ante la incertidumbre de los recién llegados.

─Tecnosacerdote Opparin, llega justo a tiempo─ profiere uno de los tecnoadeptos del séquito del Magos Bakunin.

─Veo que han llegado antes que nosotros─ musita Olev.

Detrás de ellos emerge la imponente figura del Magos Bakunin, su túnica roja estaba manchada con la sangre alienígena y sus mecadendritas se aprecian destrozadas, cables cortados, metal colgando y aceite derramándose a su paso.

─Así es, por desgracia los sistemas han sido corrompidos y nuestras fuerzas diezmadas, necesitaremos varias horas para corregir la mancha en la máquina.

─ ¿Qué necesita de mí?─ Olev se arrodilla y agacha su mirada.

─Nuestros cantos votivos no comulgan con el espíritu máquina, se crea un bucle asíntota, requiero de tu participación─ menciona con religiosidad.

─Sirvo al Omnissiah─ responde al humillarse tocando el suelo con su frente.

Mira hacia atrás, Ke'lla lo observa agotada y moribunda, sus labios adquirieron un tono de azul aún más enfermizo, sus pupilas dilatadas y postura encorvada son más que suficientes para delatar su estado, también tenía un juramento con ella; Olev se acerca a ella, su mano tibia le toca la mejilla; Ke'lla lo toma por la nuca y acerca sus frentes.

─No iré más lejos, has cumplido con tu parte─ le susurra la Jueza Medina.

Ke'lla observa las muecas de Olev, puede notar su dolor, ella cierra los ojos y lo empuja ─Cumpla con su deber, tecnosacerdote.

Opparin con su mecadendrita le inyecta un cóctel químico que devuelve el color a su rostro y revitaliza sus funciones, Ke'lla se sacude por el golpe energético ─Y usted con el suyo, Jueza Medina.

Olev le entrega la pistola de phosphex ─Está es "La perdición de la carne", no la uses contra objetivos cercanos─ sin una palabra más se retira y desaparece entre el humo del incienso, los ayudantes lo siguen mientras la puerta se cierra a sus espaldas.

El olor del aceite y la sangre, el metal y la carne, las vísceras y la baquelita quemada se diluían con cada paso, atrás quedaba la batalla, los siervos de Marte no pudieron ser contenidos, no obstante fueron severamente desgastados, la entrada norte está bajo control del culto roba genes y los tecnosacerdotes atrapados dentro de las instalaciones; los guardias skitarii del mechanicus se fortificaron en los motores de plasma y presentan dura resistencia, un objetivo más les queda, una pequeña fuerza de arbitradores que debe ser obliterada en la entrada este, el olor de la carne fresca inunda sus fosas nasales, al fondo del corredor se encuentra la luz, se encuentra la presa.

Son recibidos con el bolter de las torretas automáticas, la carne alienígena es destrozada y esparcida por los corredores, sin embargo sus números les permiten sobreponerse y llegar a la entrada donde los arbitradores abren fuego. Los pura sangre se abalanzan sobre las posiciones, sus extremidades quitinosas resuenan terroríficamente, sus bramidos monstruosos anticipan la carnicería.

Un destello blanco golpea las filas alienígenas, sus cascarones se resquebrajan y arden, docenas son consumidos por el fuego que se extiende entre la carne y el icor que se desprende de las grietas de su armadura de quitina; el phosphex se irradia por el aire y reacciona con lo orgánico incinerando sus moléculas; los pura sangre gimen de dolor, los aliens se retiran quemados, acribillados, más no acobardados, puro instinto prístino de supervivencia, acciones atávicas perfeccionados desde tiempos impensables y en remotos parejas de galaxias distantes y hoy se hallan en los dominios del Imperio.

La inteligencia animal dio paso a los actos disciplinados y conscientes, las milicias mestizas y blasfemas cruzan el arco de la entrada con pesados escudos blindados empujados por maquinaria obrera; un lanzagranadas golpea los emplazamientos de las armas automáticas, una explosión pirotécnica de ascuas carmesíes, esquirlas de acero que hallan su camino a las filas de los arbitradores.

─¡Granadas!─ pide Medina con intensidad.

Nadia lanza su granada, en una parábola invertida, guiada por la providencia cae detrás de los escudos de acero, la explosión aturde a las fuerzas mestizas; se levantan aturdidos, desorientados toman sus armas y se resbalan en la sangre de sus camaradas al intentar incorporarse.

─¡Cargad!─ ordena el Juez Karl.

El Juez salta primero, guiado por la devoción, su acto mueve a sus subordinados, fue el primero en caer, un tiro certero en la mandíbula descubierta, los dientes sanguinolentos caen cual granizo, el Juez cae hacia atrás y sus arbitradores van hacia adelante.

Nadia con su escopeta se abre camino, la sangre de los híbridos salpica su armadura, las miradas oscuras de los mestizos se clavan en su mente, miradas alienígenas, miradas ajenas a la santa fe imperial, una parodia de la humanidad destinada a dominar la galaxia, el proyecto sagrado por el cual el Emperador había ascendido al trono dorado, estos híbridos alienígenas no son más que una blasfemia ante sus ojos.

─¡Mueran escoria! ¡Gloria al Maestro de la Humanidad!─ clama Nadia con la devoción de su corazón a flor de piel.

Con la fe ardiendo en su pecho y las alabanzas al Emperador en su garganta halla su final, las palabras no llegan a su boca, son silenciadas y arrancadas hacia al exterior junto con su cálida esencia por una daga escurridiza que se desliza por su cuello.

─¡Nadia!─ gruñe Ke'lla con desazón y rabia.

Una figura sibilina de tres brazos se presenta con una daga de filo carmesí, su cráneo deformemente alienígena enerva a Medina; los mestizos elevan vítores ante la aparición de esta guerrera, cada disparo que efectúa da en el blanco, hiere o inhabilita a los arbitradores; Medina guarda la pistola de Olev en su chaleco y dispara su bólter, la mujer mestiza da un salto sobrehumano, desafiando la gravedad, estando en el aire dispara logrando desarmar a Ke'lla, la mujer cae frente a ella, sin embargo no la ataca de inmediato.

─Jueza Medina─ expresa la pistolera al guardar sus armas y blandir su daga ─, el Magus Shio me ha pedido llevarla, o a su cabeza. Es su decisión.

Medina activa su mazo de energía, la cabeza se llena de destellos eléctricos ─Ese malparido no me verá llegar ante él, y a ti tampoco.

Ke'lla no se hace ilusiones, Alala y sus lunas estaban perdidas desde hace mucho, le es claro, no podrían recuperarse aunque lograran fortificarse hasta esperar ayuda imperial, el riesgo de ser infectados por estos extraterrestres lo hace inviable; sus compañeros todavía resistían a su alrededor, pero los híbridos los mantenían alejados de ella, la batalla no estaba perdida.

─Eso lo veremos─ dice Kim al fruncir su prominente entrecejo.

Kim con una velocidad arrolladora se lanza contra Ke'lla, la hoja recorre la armadura de caparazón rasgando una larga marca en el peto; Medina responde al ataque con un movimiento raudo, la energía del mazo alcanza el rostro de la kelermorfo, formas fractales se marcan en su piel y alcanzan su ojo dejándola prácticamente tuerta. Kim gruñe furiosa, se arranca la bandana de su rostro para mostrar una boca llena de afilados dientes, sus ojos purpúreos con el brillo de los astros lejanos se encuentra con la mirada de Medina, unos ojos marrones con toda la humanidad que puede producir, ira, temor, deber; la kelermorfo se mueve en un suspiro, la daga corta desde la mejilla hasta la frente, la sangre de Ke'lla se riega por su perfil izquierdo, cegándola de ese ojo, se cubre el rostro llena de dolor, su postura se desequilibra, las drogas de combate empiezan a perder efecto, siente un agobiante dolor en su espalda, sus riñones están fallando, su corazón palpita erráticamente y el aire de sus pulmones se desvanece, lo único que no decae es su determinación; los músculos agotados realizan un esfuerzo inconmensurable para golpear a su atacante. Kim recibe el golpe en su costado, las costillas crujen, se doblan hacia afuera, emergen desde adentro abriendo la piel y la carne; vomita una copiosa cantidad de sangre y bilis antes de caer, sus garras desesperadamente raspan contra el piso en un vano y fútil intento de incorporarse. Medina tambaleándose se aproxima, nota el sufrimiento de aquella criatura de forma tan parecida a la humana, pero a la vez tan aborrecible, no puede sentir compasión, solo un profundo desprecio, levanta su maza y la deja caer en el cráneo de la moribunda, el sonido contundente del duro hueso partiéndose acaba con su suplicio.

Medina dobla sus rodillas, el sonido de la munición impactando se oye como un eco lejano, su organismo ya agotado falla críticamente, sus órganos se desgarran e inflaman, sus heridas internas la desangran, el sabor de cobre se apodera de su boca, su respiración se vuelve dificultosa por la sangre que llena sus alvéolos, ella morirá, lo sabe, y no le importa, ha entregado su vida al servicio del Emperador; mientras todos sus sentidos fallan logra escuchar el sonido de la muerte, las garras contra el rococemento y los gruñidos guturales de bestias originarias de estrellas lejanas, a Ke'lla le queda un suspiro, y un arma; el estruendo de los genestealers es abrumador, golpean su cuerpo y desgarran su carne, su cuerpo abatido ya no es capaz ni de gritar de dolor, su último acto es un disparo, un disparo que quema su carne y sus huesos hasta el tuétano, mientras las criaturas se reducen a cenizas entre aullidos frenéticos.

La muerte reverbera eternamente en la galaxia, aquel día llegó al sistema de Alala.