Hello dulces melocotones. Aquí está el fic de vampiros que les había mencionado en la página ayer. Dedicado con mucho cariño —y por hacer que me entusiasmara más con la idea—, a: Ingrid V. y Ferly K.

Esto se supone que sería mi intento de escribí solo nopor sin trama pero no resultó del todo así, en fin, que lo intente.

Por cierto me disculpo de antemano por cualquier error gramatical, de sintaxis u ortográfico que encuentren, prácticamente está siendo publicado sin revisar xd.


La noche era oscura, más oscura de lo normal por la nubes negras que poblaban el cielo; el frío aire se arremolinaba con fuerza, y pequeñas gotas comenzaban a descender en lo que se convertiría en una tormenta torrencial, sin embargo, eso no parecía importarle a la multitud que fuera del club esperaba ansiosa por entrar al lugar. Giyuu hizo una mueca cuando una gota de agua cayó sobre su mejilla.

—Hombre, relájate —pronunció su amigo Sabito, una enorme sonrisa se extendía sobre sus labios—, estamos aquí para divertirnos.

Dijo con entusiasmo mientras abrazaba con fuerza a su novia Makomo por la cintura.

La chica suspiró y sus ojos se clavaron en los de Giyuu, mientras extendía una mano hasta su mejilla y con delicadeza retiraba la gota de agua.

—Está bien Giyuu, si el lugar se vuelve demasiado podemos irnos temprano —pronunció la joven con una sonrisa dulce, esa sonrisa suave que había hecho que Sabito se enamorara cuando la habían conocido en el jardín de infantes, con cinco años.

Había días en los que Giyuu los envidiaba un poco, porque él que los conocía de prácticamente todo la vida sabía que ellos eran la representación de lo que las personas denominaban destinados o almas gemelas. Y él la mayoría de las veces se sentía como la punta sobrante de un triángulo que ni siquiera debería ser porque ellos tendrían que ser una línea recta.

—¡Oh vamos! No sean aguafiestas —se quejó Sabito con un mohín, mientras la fila finalmente avanzaba—. Además, con todo el tiempo que llevamos esperando sería un desperdicio irnos demasiado pronto.

—Sabito —pronunció Makomo y el hombre suspiró mientras sus ojos se clavaban en los de Giyuu. Y es que, no era un secreto que él no era la persona más aficionada a los clubes nocturnos o fiestas, las multitudes la mayoría de las veces lo abrumaban; era una persona naturalmente tranquila y no muy sociable que prefería leer un buen libro acurrucado en su sofá con una taza de chocolate caliente. Giyuu suspiró y miró el cielo, un trueno reverbero y un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza. Finalmente sus ojos azules se clavaron en los de su amigo.

—Tienes razón, sería un desperdicio —dijo con una pequeña sonrisa, Sabito sonrió con fuerza y Makomo suspiró mientras le daba un ligero apretón en la mano.

Giyuu bien podría disfrutar la noche, además, su hermana tenía razón, necesitaba expandir sus horizontes y salir de su zona de confort.


Cuando finalmente lograron entrar, la música fuerte y la multitud de personas que se arremolinaban por prácticamente todo el lugar casi hacen desistir a Giyuu de su decisión.

Buscaron una mesa y después de minutos que se sintieron como horas finalmente lograron hallar una.

Sabito no perdió el tiempo y arrastró a Makomo por la muñeca a la pista de baile, Giyuu sonrió divertido, él sabía que si había algo que Sabito amaba aparte de Makomo era bailar. Así que no se sintió ofendido por su abrupto abandono.

Sin embargo, eso lo dejo solo en la mesa. Se miró las manos y suspiró extrañando por un segundo a su exnovia, había salido con ella por dos años, y aunque nunca la había amado extrañaba la comodidad que le brindaba estar con otra persona, al final ella lo había engañado con el que siempre había asegurado era su mejor amigo y ahora, ahora Giyuu se encontraba en un club nocturno al que Sabito lo había arrastrado para que superara a la arpía que le había roto el corazón, sin embargo, Giyuu no tenía el corazón roto.

—Hola —pronunció una voz fuerte y masculina sobresaltando a Giyuu de sus divagantes pensamientos. Sus ojos azules se giraron a ver a su nuevo acompañante, el cabello rubio con las puntas teñidas de rojo fue lo primero que vio, luego una sonrisa deslumbrante que parecía iluminar todo su rostro.

Algo se agitó en el pecho de Giyuu, mientras miraba al chico desconocido. Una extraña sensación de déjà vu se apoderó de él, ¿acaso lo había visto antes?

—Hola —finalmente respondió, sus ojos escuadriñando con cuidadoso detalle el rostro del joven frente a él. El chico hizo un gesto a la silla a su lado, y Giyuu asintió.

—Me llamo Kyōjurō —dijo el chico cuando se sentó, respondiendo automáticamente a la pregunta no hecha pero reflejada en la expresión de Giyuu. Se sentó lo suficientemente cerca que el olor de su loción le llegó a Giyuu con abrumadora claridad. Tenía una voz gruesa que parecía reverberar a través de todo el cuerpo de Tomioka de una manera desconcertante.

Y aunque no era la primera vez que un chico se le acercaba a coquetear con él, había algo diferente porque Giyuu nunca antes había considerado salir con chicos, bueno eso no era del todo cierto, cuando tenía doce años había creído que estaba enamorado de Sabito; había creído que lo amaba de la manera en que sus padres se habían amado porque cuando lo miraba, su corazón se llenaba de sentimientos cálidos y tal vez nostálgicos como si supiera exactamente como era salir con alguien como él, y luego, luego lo había visto besar a Makomo, había sido una presión suave de labios que había durado escasos cinco segundos, sin embargo, Giyuu había sabido en ese momento que Sabito nunca lo miraría de la manera en que la veía a ella, y había estado bien, porque aunque había dolido un poco, había algo en él que le decía que eso siempre había estado destinado a pasar, además muy en el fondo sabía que lo que sentía solo era un reflejo de algo que se sentía como un sueño. Pero esa había sido la única vez, y ahora, sus ojos azules se clavan en los de Kyōjurō y hay una emoción que le agita el corazón y le hace revolotear el estómago.

—Soy Giyuu —se presenta, y aunque esta ligeramente nervioso por la extraña sensación que lo invade, su voz no vacila—. ¿Nos hemos encontrado antes?

Inquirió finalmente ante el sentimiento de casi reconocimiento que el chico frente a él le da, y es que hay algo en Kyōjurō que lo atrae como una polilla a luz.

Kyōjurō sonrió ante sus palabras, un hoyuelo se marca en su mejilla izquierda, y el revoloteo en su estómago solo se hace más fuerte.

—Lo hicimos —dice el joven rubio, su voz parece volverse más ronca y sus ojos por un monto parecen brillar. Giyuu inclina la cabeza ligeramente, intentando recordar donde se han visto, porque Kyōjurō no es alguien fácil de olvidar, y aunque hay algo en su subconsciente que pugna por salir, nada le viene a la mente.

—Lo siento, no te recuerdo —pronuncia Giyuu con cierta vergüenza, y por un efímero momento la mirada de Kyōjurō se ve ligeramente triste, sin embargo, es tan abrupto el cambio que casi podría haberlo imaginado.

Kyōjurō se encoge de hombros y sonríe con fuerza.

—No importa, no es como si esa vez hubiéramos interactuado mucho, pero está vez será diferente —pronuncia con ligereza, sin embargo, hay algo en su tono que suena a promesa, y aunque hay algo oscuro en su voz que le dice a Giyuu que se aleje, hay una parte más fuerte que quiere inclinarse—. ¿Quieres bailar?

Pregunta abruptamente Kyōjurō, y Giyuu está por negarse, ambos son chicos y aunque hay más apertura en cuanto a las relaciones del homosexuales, sabe que aún falta un largo trecho para que sean completamente aceptados, sin embargo, cuando mira la pista, las personas se arremolinan unas contra otras, incluso hay algunos que parecen estar haciendo mucho más que bailar, sus mejillas se ponen rojas cuando ve a un chico meter la mano entre los pantalones de otro, y, ¿adónde rayos los trajo Sabito?

Desvía la mirada solo para ver a Kyōjurō ya de pie con una mano extendida en su dirección, con un gesto más propicio de un baile del siglo XVIII que un club nocturno.

Con vacilación posa su mano sobre la de él, y pese a la calurosa atmósfera que hay, sus manos se encuentran extrañamente frías.

Lo sigue como en una especie de trance, su espalda es ancha, y usa jeans ajustados que le dan una vista perfecta de su trasero redondeado. En su camino a través de la pista pasan a Sabito y Makomo, quienes como la mayoría, parecen estar en un extraño transe, moviéndose al compás de la música.

Finalmente se detienen en el centro, las luces de neón parpadean y Giyuu se sobresalta un poco cuando Kyōjurō lo toma de la caderas, demasiado cerca que finalmente puede oler completamente su loción, sus ojos se cierra mientras la música comienza a envolverlo y tentativo comienza a moverse al son que marca, el olor de Kyōjurō es fresco, es como el de un bosque e inunda los sentidos de Giyuu, invitándolo a inclinarse y sumergirse por completo en él.

Abre los ojos cuando Kyōjurō lo gira, su respiración se agita cuando siente su respiración contra su cuello y sus suaves mechones de cabello. El calor se encrespa sobre su estómago mientras mira a una pareja frente a él, sus cuerpos están en la misma posición que él y Kyōjurō, sin embargo, el chico tiene una mano metida en el sujetador de su compañera de baile mientras comparten un beso apasionado. Puede ver sus leguas entrelazarse, mientras la otra mano desciende lenta y sin tregua...

Su respiración se acelera, el olor de Kyōjurō lo envuelve, y un gemido sale de sus labios cuando el chico frente a él finalmente hunde su mano entre las piernas de la chica para masturbarla.

Kyōjurō sonríe contra su cuello y se encuentra inclinándose, mientras sus ojos siguen el movimiento de las manos del chico. La boca de Kyōjurō se posa sobre su cuello y lame, su lengua se siente tan fría que le eriza los vellos de la nuca, y pese a lo raro de la situación Giyuu no está desconcertado, pese a que nunca antes había sentido la necesidad de ver a otros teniendo esa clase de intimidad, él no era un voyeur y sin embargo, no puede apartar la mirada. La chica rompe el beso y gime mientras se inclina sobre el chico quien no a detenido el movimiento de sus manos, la chica inclina su cabeza hacia atrás cuando el orgasmo la golpea y su cuello se revela a su pareja y...

Kyōjurō lo gira una vez más, así de cerca Giyuu puede ver sus ojos de un tono inusual, son dorados y bajo las luces de neón parecen brillar, se lame los labios, y la mirada de Tomioka sigue el movimiento con fascinación.

Kyōjurō se inclina, es solo unos centímetros más alto que él, y sin embargo, su presencia se siente abrumadora, es como un faro en una habitación oscura y Giyuu solo quiere inclinarse contra él.

Finalmente una de sus piernas se mete entre las suyas, y con el movimiento, su entrepierna se frota con ella, y con absoluta sorpresa Giyuu se da cuenta que está duro y que el deseo y la lujuria lo abruman tanto que es casi aterrador.

—Eres tan guapo —murmura Kyōjurō con alabanza más digna para un Dios y, pese a la música alta, Giyuu parece oírlo con absoluta claridad, su estómago revolotea y el calor se encrespa sobre su cuerpo haciéndolo ansioso de un contacto mucho más certero. Y como si respondiera a sus pensamientos, finalmente Kyōjurō lo besa.

Sus labios están tan fríos como sus manos pero completamente suaves y Giyuu los ama; ama su textura y la manera perfecta en que se amoldan a los suyos, y cuando la legua extrañamente fría de Kyōjurō lame sus labios, se encuentra abriendo la boca para recibirla ansioso en su propia boca. Sus lenguas se mezclan y luchan y cuando el aire parece dejar de llegar a sus pulmones, se separan con un sonido húmedo que solo excita más a Giyuu.

—Vamos —se encuentra diciendo, y se siente como si estuviera borracho lo cual es sumamente raro porque no había bebido nada, pero hay una extraña sensación de liviandad y despreocupación que lo envuelve y lo hace pensar en su época de adolescentes, lo que es realmente gracioso porque nunca fue esa clase de adolescente que hace las cosas sin pensar, se emborracha y va a fiestas, y sin embargo, la sensación que lo llena es exactamente así.

Se gira, asegurándose de que su pelvis este en pleno contacto con Kyōjurō, sus manos anclan las de él a sus caderas, y se mueve con resolución y propósito; y cuando la erección de Kyōjurō choca contra su trasero, se balancea con más fuerza, y quiere... quiere algo más certero. Así que cuando, la mano de Kyōjurō se cuela entre su camisa y aprieta su pezón hasta que está duro y sensible, solo cierra los ojos y gime.

El deseo es espeso y dulce, como una niebla que lo envuelve y lo insta a consumir y dejarse consumir.

Cuando abre los ojos hay una nueva pareja, esta vez son dos chicos, el que está frente a él tiene la camisa totalmente abierta, sus músculos quedan ante su vista y parecen brillar, su compañero de pista, le besa el cuello, mientras sus manos juegan con sus pezones; los tira, aprieta y gira hasta que están duros y rojos, luego sus manos descienden y con habilidad desabrocha su bragueta, su ropa interior blanca brilla por las luces de neón y hacen aún más visible la humedad que el presemen a dejado; la garganta de Giyuu se siente seca, mientras mira la mano derecha entrar y agarrar con dedos hábiles la erección de su compañero, puede sentir su propio pene latir, Kyōjurō mueve las caderas con fuerza, y por una fracción de segundo puede sentir la punta de su pene clavarse entre sus glúteos y chocar contra su ano.

Su cabeza gira y ansioso busca los labios de Kyōjurō, sus bocas chocan en un beso violento, y por un momento el sabor acre de su sangre le llena la boca, se ha hecho una herida en el labio ante el movimiento brusco, sin embargo, eso en lugar de disuadir a Kyōjurō o él, solo los pone más ansiosos, el sabor de la sangre se combina con el de su saliva y el sabor es casi dulce.

Se separan con la respiración entrecortada y Giyuu puede ver su sangre manchando los labios de Kyōjurō, quién se lame los labios con regocijo apenas velado, sus ojos son más brillantes y sus colmillos por un momento se le figuran mucho más grandes a Giyuu cuando el chico sonríe.

Sin embargo, eso no importa cuando sus caderas vuelven a encontrarse, gime con fuerza y tal vez deberían llevar esto a otro lado, sin embargo, sus palabras se quedan atarodas en su garganta cuando mira frente a él. La pareja se a movido, y ahora el chico al que habían estado apunto de masturbar cuando beso a Kyōjurō, se encuentra arrodillado, su camisa cuelga de sus brazos y en sus hombros hay marcas de mordidas, lo suficientemente profundas que sangre escurre de las heridas, sin embargo, al chico no parece importarle, dado la manera en que está concentrado en llevarse el pene de su compañero a la boca como si fuera un caramelo.

El olor ferroso de la sangre se eleva y Giyuu jadea cuando los dientes de Kyōjurō se clavan sobre su hombro, puede sentir su sangre pulsando y saliendo a través de las heridas, y sin embargo, el miedo está lejos de las sensaciones que lo abruman.

El chico frente a él se corre sobre la boca y rostro de su compañero, que sonríe con una mirada de amor.

Se gira cuando Kyōjurō se aleja, la sangre mancha sus labios, sus ojos dorados brillan antinaturales, y Giyuu lo sabe, sabe lo que es.

—Vampiro —murmura, el calor se encrespa contra su vientre, y el deseo lo envuelve, pero hay más que simple deseo, hay un anhelo difícil de negar desde que Kyōjurō se acercó por primera vez a su mesa.

Kyōjurō sonríe, sus colmillos sobresalen y pese a que debería estar asustado, Giyuu solo siente un abrumador sentimiento de paz.

—Hola cariño —pronuncia Kyōjurō con voz gruesa y cadenciosa—. Estuve esperando por ti eones.

Pronuncia y Giyuu quiere llorar porque él lo sabe.

—Yo también —dice con la voz trémula—. Yo también.


La lluvia caía por las calles con fuerza, y el viento fuerte hacia que las antorchas que iluminaban la habitación parpadearan amenazando con apagarse, sin embargo, nada de eso importa a la pareja que en medio de las sábanas se entregan como si no hubiera un mañana, lo que dado las circunstancias es lo más probable.

La guerra se cierne como un destino innegable que amenaza con cortar sus vidas de un solo tajo.

Jerjes el gran Rey persa había comenzado a movilizar su ejército, y dada la negativa recibida por su pueblo de rendirse a él, sabían que era cuestión de días para que comenzarán a marchar para encontrarse con él en el campo de batalla.

Kyorisio miró el rostro de Gistenes, su piel pálida pese a las largas horas de entrenamiento bajo el sol, brillaba dorada por la luz de las antorchas y el sudor.

Gistenes era hermoso, con su cabello negro, su piel pálida y sus ojos azules, que en medio de la batalla se encendían como el mar embravecido durante una tormenta.

—Vamos Kyo, más rápido —gimió Gistenes con la voz ronca y entrecortada, sus piernas se apretaron alrededor de su cintura mientras lo instaba a acelerar el movimiento de su cadera.

Kyorisio gimió, podía sentir las paredes internas de Gistenes apretarse alrededor de su pene.

—¡Oh! —Gruñó con voz ronca, mientras sus manos se clavaban con fuerza en la cintura de Gistenes, su agarre era lo suficientemente duro que seguramente le dejaría los dedos marcados.

Gistenes se retorció elevando sus caderas y encontrándose con la misma fuerza que él en cada empuje.

Su respiración un sonido entrecortado que solo lo hacía enardecer más su alma.

Sus ojos dorados se encontraron con los azules, donde el deseo y la pasión se reflejaban con la misma fuerza que en los suyos.

Gistenes era un hombre tranquilo la mayor parte del tiempo, demasiado serio y con frecuencia se le podía ver con el rostro metido en un pergamino, a veces en broma algunos de sus compañeros de armas decían que los Dioses debían haberse equivocado y enviarlo al lugar equivocado porque si bien era un espartano, su alma era de un ateniense, olvidándose convenientemente de las características que Apolo, uno de sus Dioses más venerados poseía. Y aunque esos comentarios incluso podrían tomarse como un insulto, Gistenes solo se encogía de hombros, pero cuando el entrenamiento se llevaba acabo, su sangre espartana salía a relucir, moviendo su espada con maestría y derrotando a todos aquellos que se atrevían a desafiarlo.

La primera vez que Kyorisio y Gistenes se habían enfrentado en los campos de entrenamiento, él había estado completamente fascinado con su forma de sostenerse y de moverse, y cuando el primer choque metálico de sus espadas encontrándose con furia resonó como un trueno anunciando una tormenta, Kyorisio lo había sabido mientras miraba los ojos azules de Gistenes iluminarse con la emoción que solo una batalla con un oponente digno puede traer, si él lo pidiera le entregaría su corazón.Sin embargo, cuando el entrenamiento termino, Gistenes se alejó como si el intercambio no hubiera pasado, como si la conexión que Kyorisio había sentido fuera de un solo lado, pero él era un hombre perseverante y la indiferencia de Gistenes solo lo hizo volverse mucho más insistente.

—Acaso no tienes amigos —le había dicho Gistenes la quinta vez que lo había invitado a comer. Su ceño estaba fruncido, su nariz se arrugaba ligeramente en disgusto y sus ojos azules brillaban casi como lo hacían cuando estaban en medio del entrenamiento.

—Por supuesto que sí —había contestado él, una sonrisa amplia y luminosa sobre su rostro, un hoyuelo sobre su mejilla izquierda que solo lo hacía lucir mucho más guapo—, pero quiero que tú también te vuelvas mi amigo.

Había pronunciado con absoluta convicción, Gistenes había suspirando y había negado casi de una manera divertida con la cabeza.

—Muy bien —había pronunciado finalmente el de cabello negro, su nariz aún parecía arrugarse con disgusto, sin embargo, cuando sus ojos azules lo habían mirado, había una chispa de renuente curiosidad, como si Kyorisio fuera un enigma difícil de comprender, cuando de los dos, Gistenes era como una noche oscura y mística de invierno llena de sorpresas.

Entonces Kyorisio había sonreído encantando, porque él estaba dispuesto a develar todos sus secretos, fue así, como más días que los que no, se encontraba comiendo con él después de los entrenamientos, y pese a su personalidad taciturna y sería, tan contradictoria a la suya, ambos lograban equilibrarse como si la misma Temis los hubiera imbuido de sus dones. Además, el entrenamiento conjunto los había hecho una de las parejas de soldados más letales en el campo de batalla.

Así que, cuando su relación trascendió a un nuevo nivel, había sido tan natural que la primera vez que se besaron la sensación que los recorrió a ambos fue la misma de volver a casa después de una cruenta batalla.Y ahora, con una amenaza tan grande sobre sus cabezas como lo es Jerjes, Kyorisio se inclina más sobre el cuerpo dispuesto de Gistenes y atrapa sus labios en un beso que es un suave recordatorio de todo, sin embargo, el ritmo frenético de sus embestidas lo vuelve desordenado.

—A-ahí —gime Gistenes contra su boca cuando finalmente encuentra el lugar en su interior que lo hace sentir como una supernova.

Kyorisio acelera su movimientos, asegurándose de golpear ese lugar con cada embestida, el movimiento es fuerte y preciso, y Gistenes sabe que aún después de que terminen podrá sentirlo entre sus muslos, en su interior, y es ese pensamiento lo que finalmente hace que se corra.

Su uñas se clavan con fuerza sobre la espalda de Kyorisio, y el dolor combinado con el placer, es lo que finalmente lo hacen terminar a él.

Afuera la lluvia se ha detenido y solo a dejando charcos y lodo como único vestigio de su paso, sin embargo, la noche es fría y eso es lo que insta a Gistenes a envolverlos con una manta aunque sabe que ambos deberían limpiarse.

—Deberíamos... —comienza a decir Kyorisio haciendo un gesto con su mano, para señalarse a ellos y la habitación, mientras siente a Gistenes acomodarse a su lado.

Gistenes suspira, puede sentir la energía nerviosa de Kyorisio crecer como una tempestad, la misma energía nerviosa que lo había instado a distraerlo de los pensamientos sobre la guerra y muerte que se cierne sobre ellos, pero después de una ronda tan intensa como la que acaban de tener, Gistenes solo quiere dormir, así que solo los envuelve con la manta y lo besa con suavidad; un beso dulce que lleva detrás todos los sentimientos que a veces le son difíciles de expresar, pero que sabe Kyorisio sabrá interpretar porque a diferencia de los otros puede leerlo tan bien, que en un principio lo había asustado.

—Después, quiero dormir —es lo que dice cuando termina el beso, colocando su cabeza sobre el pecho de Kyorisio, escuchando los latidos de su corazón, aliviado porque a pesar de las innumerables batallas de las que habían participado, ambos están vivos; ambos se habían encontrado; y él finalmente había encontrado un nuevo hogar. Algo a lo que había renunciado cuando había perdido a su familia.

Los brazos de Kyorisio lo envuelven, es cálido y cómodo y el frió finalmente a dejado de sentirse nuevamente, Gistenes duerme.


Giyuu se derrite sobre los brazos de Kyōjurō, pese a su temperatura corporal más fría, estar rodeado por sus brazos, estar sostenido por él se siente como estar en casa.

Como si finalmente hubiera encontrado esa pieza faltante que no se había dado cuenta que faltaba hasta que la halló.

Por un efímero momento se pregunta si es así como se sintió Sabito cuando se encontró con Makomo por primera vez. Si se sintió como si los planetas se realinearan y la realidad y el tiempo se detuvieran por un efímero momento para luego reanudarse en un entorno que parece mucho más hermoso.

La música cambia y renuente se aleja de Kyōjurō, sus ojos azules miran su rostro con adoración y atención; sus ojos dorados brillan, y los colmillos se asoman ligeramente de entre sus labios como un recordatorio de lo que es, vampiro, un ser que hasta ahora Giyuu creía no existía más que en los medios de entretenimiento como libros y cine, pero en lugar de sentir miedo se encuentra fascinado.

Su mano se eleva como si tuviera vida propia, y con dedos trémulos recorré las facciones de Kyōjurō, hay una emoción difícil de explicar en su pecho, un anhelo casi doloroso y debajo de eso un sentimiento al que es difícil darle nombre porque es demasiado pronto. Sus dedos recorren su barbilla, sus pómulos; sus cejas, y finalmente sus labios, jadea cuando Kyōjurō abre ligeramente la boca y su dedo índice recorre los colmillos, la punta es completamente afilada y cuando presiona ligeramente, se hunde con sorpréndete facilidad en la piel. La sangre brota de su dedo pero antes de que lo retire, Kyōjurō lo lame con obvio deleite; su lengua lo recorre con lentitud, asegurándose de llevar consigo cada rastro de sangre que pueda haber. Giyuu lo mira embelesado, mientras su deseo momentáneamente olvidado, se precipita sobre él.

—¡Ah! —Gime cuando los labios de Kyōjurō se cierran en torno a su dedo y chupa con fuerza. Puede sentir su erección reavivarse; puede sentir la lujuria recorrerlo como una llama, encendido su deseo—. Por favor, por favor...

Se encuentra diciendo Giyuu como si fuera una oración, su voz es suave, casi un murmullo que dado el ruido del club, debería perderse, sin embargo, sabe que Kyōjurō lo ha oído por la forma en que su mirada parece encenderse.

Kyōjurō se saca el dedo de la boca con un sonido húmedo, sus ojos dorados recorren con avidez el rostro de Giyuu.

—¿Qué es lo que deseas? —Pregunta Kyōjurō con su voz ronca, una voz que parece resonar y vibrar en su pecho.

La respiración de Giyuu se acelera, su corazón late con fuerza, mientras mueve sus caderas superficialmente en busca de fricción.

—A ti —finalmente gruñe—, te quiero a ti.

Kyōjurō sonríe, como si Giyuu le estuviera ofreciendo su más grande deseo y dadas las circunstancias eso podría ser, pero Giyuu se siente desesperado por su contacto, necesita tenerlo en él, sobre él, dentro de él y... Y Giyuu debería estar asustado; debería estar huyendo con Sabito y Makomo a cuestas porque están en un club de vampiros, sin embargo, el miedo es lo más alejado de su mente, además, puede ver a Sabito y Makomo entregándose a sus deseos en medio de la pista como los demás. Así que, el miedo no está presente, solo hay deseo, lujuria y ese anhelo nostálgico que es casi doloroso.

—Muy bien —pronuncia Kyōjurō cogiéndole de la mano, guiándolos entre la multitud de cuerpos que bailan y se complacen unos a otros, sin embargo, su recién descubierto voyeur parece haber vuelto a esconderse, porque pasa cada una de esas escenas desapercibidas, todo lo que puede ver Giyuu es a Kyōjurō.

Se deja guiar hasta la parte trasera del local, sin embargo no se detiene ahí, lo guía hasta unas escaleras que llevan a una puerta de madera oscura.

Cuando la puerta se abre, Kyōjurō finalmente suelta su mano y tantea la pared en busca del interruptor, cuando lo encuentra el lugar se ilumina con una luz suave y dorada, dejándole ver un pequeño pasillo que conduce a una sala.

Kyōjurō le hace un gesto con la mano y Giyuu entra inseguro; la neblina que parecía envolver su cuerpo y sentidos parece estar desapareciendo, y el peso de la situación comienza a ser obvio y aterrador.

—¿Quieres algo de beber? —Pregunta Kyōjurō, su voz es naturalmente fuerte, y pese a estar en una habitación por encima del club, la música apenas es un suave murmullo, que se escucha demasiado fuerte para el casi silencio y lo sobresalta un poco.

—Y-yo —tartamudea inseguro, los nervios en Giyuu parecen estar creciendo, y ¿por qué hasta ahora? Se había sentido tan bien en medio del club, ligero, sin preocupaciones; había dejado detrás todas sus inhibiciones; haciendo cosas que bajo otras circunstancias no haría. Se siente desconcertado, se siente inseguro; se siente como un cordero caminando directamente a la guarida del lobo.

Kyōjurō le extiende un vaso, el rojo de la bebida lo hacen dudar de siquiera aceptarlo.

—Es vino, solo vino —pronuncia Kyōjurō como si entendiera su vacilación. Con dedos trémulos coge la copa, rosando brevemente sus dedos con los de Kyōjurō, están fríos y eso solo lo vuelve mucho más consciente de la situación.

—Eres un vampiro —pronuncia de nuevo, sin embargo, esta vez su tono lleva el toque justo de incredulidad y miedo que no había sentido en el club.

Kyōjurō se sienta a su lado, está lo suficientemente cerca que el frío que desprende —pero que en medio del club apenas y era reconocible—, le llega.

—Lo soy —pronuncia con suavidad, mirándose las manos, como si estuviera perdido en una memoria devastadora y triste—. Eso... ¿te asusta?

Finalmente le pregunta, y Giyuu sabe que la respuesta debería ser si, sobretodo si lo que se sabe sobre ellos es verdad; sobretodo después de sentir su poder en medio del club, porque esa neblina que invadía sus sentidos, que lo desinhibía solo podía ser resultado de él, de ellos.

Pero puede ver la tristeza dibujarse en el rostro de Kyōjurō. Puede ver la manera en que sus hombros se desploman y como una adelantada decepción lo envuelve.

Giyuu deja la copa sobre la mesa de centro, y toca la mejilla de Kyōjurō. Su piel es suave y lisa, y por un efímero momento se encuentra preguntándose si le crecerá la barba, luego los ojos dorados se encuentran con los azules, y hay una adoración en su mirada que no sabe de dónde viene y porque es dirigida a él, sin embargo, hace latir su corazón con fuerza y su estómago revolotear.

—Debería tenerlo —contesta, mientras sus ojos estudian su rostro—, sin embargo, yo no lo tengo y... hay... hay algo en mí, un anhelo difícil de explicar y... ¿acaso eres tú? ¿es tú poder?

Inquiere inseguro, alejándose ligeramente, porque si bien sus sentidos parecen estar volviendo, el anhelo y la nostalgia parecen anidar en su corazón con mayor fuerza.

Kyōjurō agita ligeramente la cabeza.

—No —pronuncia con suavidad, esta vez siendo él quien acuna el rostro de Giyuu—, esos sentimientos son tuyos, y yo... —Agita la cabeza inseguro de cómo explicarlo, de cómo decirle, en su lugar dice—; te he esperado y buscado por siglos.

Giyuu suspira aún inseguro, pero cuando Kyōjurō se inclina con la intención de besarlo no retrocede. Deja que sus labios se encuentren con los suyos, en un beso suave y ligero, una presión dulce y confortable, y cuando finalmente sus leguas se encuentran se siente como volver a casa, y Giyuu quiere llorar porque nunca antes se ha sentido así cuando ha estado con otras personas, pero en su lugar se aferra a los hombros de Kyōjurō y se inclina sobre él.

Y el deseo momentáneamente olvidado regresa con fuerza y venganza, y el beso se vuelve áspero mientras Giyuu termina en el regazo de Kyōjurō. Rompe el beso y jadea cuando sus manos frías se posan en su trasero y aprieta.

Instado por la acción mueve sus caderas, el vaivén le da un remanso de alivio cuando se frota contra Kyōjurō, pero no es suficiente, quiere más mucho más, y el anhelo amenaza con comérselo vivo.

—Vamos Kyo —pronuncia en un jadeo, moviendo sus caderas con mayor insistencia. Sin embargo, Kyōjurō se encuentra ligeramente congelado ante el diminutivo que despierta viejos recuerdos, lo que hace que Giyuu detenga sus movimientos—. ¿Q-qué sucede?

—T-tú —comienza Kyōjurō solo para negar con la cabeza, y es que, desde que había puesto sus ojos en Giyuu cuando lo miró entrar al club por primera vez, había sabido quién era, lo había sentido y lo había arrastrado a su presencia como un enorme faro. Pero sabe que él no recuerda, pese a la sensación de anhelo y nostalgia que siente, sus recuerdos están apresados bajo la nueva vida que lleva. Así que lo besa con el deseo ferviente de un sediento que a encontrado agua.

Su labio ya herido por sus besos bruscos en el club, se abre de nuevo, y la sangre de Giyuu le llena la boca con un sabor rico que lo hace mucho más deseoso. Así que, con un movimiento sorpresivo que los hace romper el beso, carga con Giyuu y los lleva a su habitación. Lo coloca sobre la cama y enciende una lámpara.

Giyuu se extiende sobre la cama, su cabello negro en contraste con las sábanas de un azul pálido; sus mejillas ligeramente ruborizadas; su camisa negra abierta hasta la mitad; y una obvia erección se alza pese a lo entallados que se encuentran sus pantalones; es la imagen viva del deseo; es la viva imagen de sus recuerdos y Kyōjurō se siente tan abrumado porque ha esperado, ha soñado con este día, que sus manos tiemblan ligeramente.

—Por favor yo... —Su voz se entrecorta con el deseo, con el anhelo, con la esperanza abrumadora de finalmente tenerlo junto a él—. Déjame... Déjame...

Súplica y cuando Giyuu asiente, cae sobre él con la necesidad acumulada de años sin él.

Lo besa con una suavidad estremecedora, delinea sus labios con su lengua y los vuelve a aprender, saboreando los restos de la sangre que los cubren, y cuando eso es demasiado poco, finalmente hunde su lengua en su boca y su sabor es tan dulce que se encuentra gimiendo entre el beso.

Cuando se aleja lo hace solo para llenar de besos sus mejillas, sus párpados, su frente, y Giyuu se siente tan amado, que se aferra con fuerza al sentimiento y se deja arrastrar por los sentimientos desconocidos que Kyōjurō le despierta.

Imbuido por esa sensación arrastra sus manos por el cuerpo de Kyōjurō, el frío de su piel en marcado contraste con la suya, es casi adictivo y la necesidad de un contacto más certero lo hacen finalmente intentar deshacerse de su ropa, sus dedos luchan con los botones pequeños de la camisa blanca que Kyōjurō lleva, y nervioso tira haciendo que Kyōjurō ría contra su cuello.

—Vamos quítate la ropa —apresura con un ceño ligeramente fruncido.

—Mandón —pronuncia Kyōjurō encantando mientras se aleja y lo complace, mientras el mismo comienza a deshacerse de su ropa.

Cuando finalmente ambos se encuentran desnudos, se miran nerviosos, su piel de Kyōjurō es ligeramente más bronceada que la suya, lo cual resulta irónico porque se supone que los vampiros no pueden tomar el sol y...

—¿Te bronceas mucho? —La pregunta aflora de sus labios sin pensar y cuando Kyōjurō se ríe, se da cuenta de lo que ha dicho y la vergüenza le calienta las mejillas.

—No —pronuncia mientras se acerca, y los vellos de Giyuu se erizan ante el frío que su piel desprende—. No me bronceo a menudo.

—Por supuesto, los vampiros no se pueden broncear, ¿Verdad? —murmura y la risa de Kyōjurō solo se hace más fuerte y si algo las personas no esperarían de Giyuu es que fuera un parlanchín, sin embargo, en los momentos más tensos y nerviosos se encuentra soltando lo primero que le viene a la cabeza—. Y... ¡Podrías hacer algo ya!

Exclama mientras el mismo acorta la distancia, se estremece cuando su cuerpo cálido entra en pleno contacto con el frío de Kyōjurō, y cada terminación nerviosa parece cobrar vida.

Y se besan con lo que parece la millonésima vez, pero al mismo tiempo se siente como la primera.

Caen sobre la cama nuevamente, está vez sin la restricción de la ropa, Kyōjurō recorre el cuerpo de Giyuu con la veneración que le darías a un Dios, y Giyuu lo hace con la curiosidad nerviosa de entregarte por primera vez a una persona.

Se descubren, se aprenden pero cuando Kyōjurō finalmente se hunde en él, se siente como si finalmente ambos hubieran llegado a casa.

Sus movimientos son lentos al principio, dejando que Giyuu se acostumbre a la sensación.

El frío contraste de su miembro con su interior cálido solo lo hace que Giyuu pueda sentir con asombrosa claridad la forma en que su pene se frota contra su paredes, como se amolda e incluso parece ensancharse mientras el ritmo aumenta y sabe que después de esto nada volverá a ser lo mismo, y nada volverá a sentirse igual.

Kyōjurō ajusta sus posturas, elevando parcialmente sus piernas y el nuevo ajuste le da el ángulo perfecto para golpear su próstata, la sensación es tan intensa que su pene palpita con el inconfundible anuncio de la liberación, sin embargo, no quiere correrse no aún, y para distraerse tira de Kyōjurō en un beso brusco que es más dientes y lengua, y entre el arrebato fervoroso, Giyuu lo muerde, mientras la mano fría de Kyōjurō se cierra entorno a su pene, pero eso no es lo que lo arrastra a su liberación, no, es el sabor ferroso de la sangre de Kyōjurō que le llena la boca y parece un interruptor que enciende un montón de recuerdos de una vida que es suya y al mismo tiempo no.

Cuando el orgasmo pasa, Giyuu se desmaya.


El día de la batalla es un día soleado, Leonidas sonríe y pronuncia que Apolo debe de estar de su lado porque han llegado sin contratiempos al lugar de la batalla, sin embargo, el poderoso ejército de Jerjes los espera, su número supera por mucho a los suyos y Kyorisio sabe que las probabilidades de que salgan con vida son realmente escasas, lo que solo se reafirma cuando Leonidas hace retroceder a parte del ejército para preparar un contraataque cuando ellos indudablemente mueran.

Cuando el ejercicio comienza a dividirse mira a Gistenes.

—No voy a irme —pronuncia con firmeza entendiendo a la perfección la mirada dorada de Kyorisio—. Defenderé mi pueblo con mi vida. Además, nunca podría dejarte atrás, y si hemos de morir lo haremos juntos y cuando pase, nos encontramos en los campos Elíseos para disfrutar de una felicidad eterna.

Su voz está llena de convicción y de certeza, y Kyorisio desearía tener la misma convicción, pero el solo hecho de pensar en su muerte hacen que su estómago se revuelva.

—Gistenes —súplica, sin embargo, no sirve de nada, puede ver su resolución en su postura y en la manera en que sus ojos brillan.

Entonces, ambos van a la guerra, su espada se hunde en sus enemigos hasta que sus respiraciones se detienen.

El tiempo pierde sentido y todo lo que puede ver es sangre, viseras, muerte y a sus implacables enemigos, es por eso que no nota cuando Gistenes cae al suelo hasta que es demasiado tarde, hasta que algo en su interior le dice que algo a ido terriblemente mal, y cuando lo busca, está ahí, en medio de otros cuerpos con una lanza sobresaliendo de su estómago, con sangre manchando sus labios, su pecho apenas se eleva y sus manos trémulas se esfuerzan infructuosamente por retener la sangre que lentamente y sin tregua escapa de su herida, un persa se eleva sobre él, con otra lanza lista para cortar con su vida y Kyorisio corre y se abre paso con la furia de Poseidón en los días de tormenta.

Se deshace de varios enemigos, y cuando finalmente llega al lado de su amado, solo lo hace para ver su último respiro al mundo, sus ojos azules fijos en el cielo, opacos ante la vida que lo ha abandonado.

Después de eso la batalla pierde resolución, Kyorisio se vuelve un autómata que balancea su espada y carga contra los enemigos, hasta que ya no puede, y cuando finalmente es herido de muerte, el miedo está lejos de su mente, todo lo que desea es despertar en los brazos de Gistenes, bajo la sombra de un árbol en los campos Elíseos, ora a Apolo, Artemisa, Atenas y finalmente Hades por reunirse una vez más con su amado y poder pasar la eternidad a su lado, en su lugar, hay dolor, una agonía insoportable que le hace preguntarse si su camino por el inframundo a errado y está siendo castigado.

Pero cuando sus ojos se abren, está en una choza, él no está muerto, y ahora incluso a dejado de ser humano. La persona que lo salva, un hombre con una extraña marca que se extiende por sus ojos, le dice que ha sido elegido por los Dioses, sin embargo, para él solo es un castigo que se extiende cuando se da cuenta que no envejece y que no puede morir. Ahora es un vampiro.


Cuando Giyuu despierta, la cabeza le duele terriblemente, se siente exactamente como esa vez que Sabito, Makomo y él se emborracharon cuando se graduaron de preparatoria, con una combinación de vodka barato y tequila.

Al parecer su salida fue fructífera si se siente como la mierda, sin embargo, es ese pensamiento lo que finalmente lo despierta por completo y lo hace consciente de su situación. De él saliendo del club con Kyōjurō; de él saliendo con un vampiro; de él encontrándose con un recuerdo de otra vida, de otro tiempo. De él finalmente encontrando su lugar en un mundo que siempre se había sentido desconocido. De él finalmente encontrándose con el amor que había deseado y anhelado.

La puerta de la habitación se abre y Kyōjurō entra con una charola de desayuno que parece rebosante. Le sonríe cuando lo ve despierto, una sonrisa que ilumina su rostro y que es tan cálida, que la incertidumbre momentánea que Giyuu había sentido por la situación se desvanece.

—Debes tener hambre —pronuncia y Giyuu asiente. Realmente se encuentra hambriento. Se acomoda sobre la cama Kyōjurō coloca la bandeja cuidadosamente. Hay tostadas, huevos, tocino, panqueques, fruta recubierta con miel, jugo de naranja, leche y agua. Es demasiada comida para él solo.

—¿También puedes comer? —Inquiere mientras coge el jugo y lo bebe con avidez.

Kyōjurō agita la cabeza.

—No.

—Entonces... —Giyuu hace un gesto a la llena charola—, es demasiada comida para mí.

—Ha sido un tiempo desde que tuve una visita como la tuya, y yo... suelo olvidar cuanto es lo apropiado —confianza ligeramente avergonzado, es adorable y ciertamente algo que no relacionarías con un vampiro.

—¿Eso significa que todo lo que se dice de los vampiros es cierto? —Pregunta mientras se lleva un trozo de tocino a la boca, esta cocinado en su punto y es absolutamente delicioso.

—No todo, si así fuera tú te habrías convertido en vampiro cuando bebiste mi sangre —pronuncia ligeramente divertido ante la mirada aturdida de Giyuu. Había olvidado ese pequeñísimo detalle, sin embargo, su sangre si bien no había convertido a Giyuu en un vampiro, había despertado algo en él.

—Pero tú sangre si hizo algo —pronuncia, y luego el griego antiguo le viene fácil a la lengua—, y ahora sé que eres tú a quien estuve esperando, Kyorisio.

Los ojos dorados de Kyōjurō brillan ante el reconocimiento de un nombre que había dejado de usar hace demasiado, y sonríe.

Lamento haberte hecho esperar, amor. Esta vez no voy dejar que me dejes atrás—pronuncia en griego y cuando Giyuu le sonríe, finalmente sus años de búsqueda tienen sentido. Porque a su extraña y retorcida manera, los Dioses le permitirán pasar una eternidad con su amado.