Es la hora de la cena, la mayoría de los estudiantes y maestros se encuentran en el Gran Comedor. El pasillo del tercer piso está casi desierto.
Excepto por ellas y un par de alumnos rezagados que se encuentran por allí.
—Endereza la espalda, Bones. ¿Tu madre no se preocupó en enseñarte cual es la postura correcta para una bruja de sangre pura?
Amelia Bones suspira y se guarda en el bolsillo de la túnica el pedazo de pergamino que estaba leyendo. Ahora es imposible prestarle más de dos segundos: tiene algo más importante de lo que tratar.
—¿Y tu madre tampoco te enseñó que las señoritas no pueden elevar la voz en público? Va en contra de toda etiqueta, lo sabes. Un troll de las montañas tiene más tacto que tú, Black —responde de vuelta, sonriéndole a la chica que la mira eufórica unos pocos metros más adelante. Los alumnos rezagados empiezan a alejarse, temerosos de verse involucrados.
Su rivalidad es conocida en todo el colegio. Se odian, es lo que todo el mundo sabe.
O la mentira que construyeron para ellos.
Bellatrix sonríe. Su sonrisa ocupa buena parte de su rostro. Está radiante, como si hubiera encontrado un verdadero tesoro.
—¿Quieres meterte en problemas?
—No puedes amenazarme. Soy la prefecta aquí —responde Amelia, despreocupada y encogiéndose de hombros.
—¿Vas a castigarme?
El tono amenazador de la voz de Bellatrix es suficiente para espantar al último par de curiosos que se mantienen el pasillo. Todos le temen, todos menos ella.
—Si no me dejas otra opción…
Bellatrix se ríe otra vez y levanta la nariz, dejando a la vista sus clavículas y su pálido cuello. La chica va hacía ella, caminando con la gracia y la postura de una reina, y, cuando pasa a su lado, su perfume caro le impregna las fosas nasales.
Amelia sonríe cuando siente a los labios de Bellatrix presionarle la nuca, pero nada se compara cuando sus dedos largos y delgados se entrelazan con los suyos. Bellatrix la aprieta con suavidad, aunque también se encarga de hundir una uña en su carne, pero Amelia no protesta, solo aguanta y susurra:
—¿Te veré luego?
Bellatrix, solo unos pasos más allá, mira hacia atrás, sonríe y pregunta:
—¿Quieres meterte en problemas, Bones?
