Capítulo 7
Muchas preguntas y pocas respuestas
Yin no pensó en todo lo que había sucedido en un solo día. No pensó en la ajetreada mañana, topándose con el asistente de Orihime, Chad, en mitad del descanso, quien le aseguró al menos unas doce veces que la chica sabía lo básico de primeros auxilios y RCP.
No pensó en la liebre malhumorada, Tatsuki, que intentaba salvar su vida en medio del caos.
No pensó, o al menos intentó no hacerlo, intentó no pensar en él, corriendo de regreso al colegio junto a ellos a una velocidad sobrehumana.
No debía pensar en él, no podía pensar en esto justo ahora.
Debía concentrarse en la tarea actual. Llevar a Yuki, la shinigami, a la clínica, donde, con suerte, sus conocimientos en magia curativa podrían salvarle la vida.
-¡Apúrate!
-¡Corro lo más rápido que puedo!
Yang seguía gritándole, pero ella lo ignoró tanto como le fue posible. ¿Qué eran sus gritos frente a la chica moribunda en sus brazos?
Tampoco notó que las insignias gemelas habían desaparecido. Si estaban en alguna parte, ella no lo sabía ni le importaba en este momento.
Tampoco notó, claro está, que un grupo de gente conocida rodeaba la clínica. Se limitó a abrir las puertas de un portazo, sin detenerse siquiera ante sus amigos sorprendidos.
-¡Necesito una camilla! ¡Y vendas! ¡Rápido, es una emergencia!
Lina no la interrogó. Entre ella y Dave, a quien los conejos no parecieron reconocer, dispusieron la camilla en la habitación del fondo. Los conejos, por su parte, colocaron a la shinigami herida cuidadosamente sobre el suave colchón, apresurándose a buscar los instrumentos.
-¡Yang, conmigo! ¡Pásame el estetoscopio!
-¿Qué es eso?
-¡Aquí! –Lina le arrojó el estetoscopio a su amiga, mientras corría por toda la habitación.
-¡Lina, te necesito en recepción! ¡Despide a todo aquel que no necesite tratamiento inmediato!
-¿Qué hay de nosotros? –Dave, Coop y Roger se colocaron a su lado, ansiosos por ser de alguna ayuda.
-Está bien. Dave, tú me contaste el otro día sobre unas plantas medicinales especiales, ¿verdad?
-Uh, sí. Pero están en mi casa.
-¡Maldición! Bueno, entonces ve allí y tráelas. ¡Las necesitamos justo ahora!
Dave desapareció por la puerta.
-Coop, eres un buen manipulador de hechizos. Sé un buen chico y ayúdame a estabilizar su presión espiritual.
-¡Su, coo, qué?
-¡Su presión espiritual! ¿Es que tengo que explicártelo todo? –Yin estaba empezando a entrar en pánico-. ¿Conoces algún hechizo de contención de la presión arterial o no?
-¡Eso sí puedo hacerlo!
Coop se situó a su lado, concentrándose para realizar su hechizo, uno que la coneja le había enseñado hace años para emergencias. Lina también lo conocía, pero por su poca experiencia y falta de paciencia, todavía no lo manejaba bien, y Yin no confiaba en que la suerte le diera la experiencia que no tenía ahora mismo. En su lugar, confiaba en que ella pudiera al menos distraer a la clientela, mientras su novio, versado en las artes místicas, creaba una especie de campo de energía semitransparente alrededor de la paloma.
-Roger, ¿puedes dejar de vagar por la habitación? ¡Me estás poniendo de los nervios!
-Pero ¿qué hago?
-Ve, amigo. –Yang lo sujetó de un brazo, arrastrándolo hacia la puerta-. Ve y ayuda a Lina en la recepción. Vuelvan cuando todo el mundo se haya ido.
Roger obedeció, saliendo por la puerta él también.
-¡Yang, rápido! ¡Un termómetro!
-Uh, no me inscribí para ser doctor...
Sin otra queja, el conejo se dedicó a pasarle más y más instrumentos a su hermana, que trabajaba a toda marcha.
-¿Coop? ¿Algún resultado?
-Esto es, coo, asombroso. Su cuerpo está estable, pero algo no está, coo, bien. Algo está, coo, perturbando mi concentración. ¿Cómo lo llamaste?
-¿Energía espiritual?
-No es sólo eso. Esto es, coo, raro. Es como si estuviera mirando, coo, en el interior de coo, dos personas o dos mitades partidas de una persona.
-Amigo, demasiados eventos extraños por un día –Yang se secó el sudor de la frente con los guantes de látex-. Hermana, es toda esta cosa espiritual. No es como si tuviéramos los conocimientos para tratar lo que sea que tenga.
-No estás ayudando, ¿lo sabías?
-¡Chicos! –Lina y Roger irrumpieron por la puerta, sobresaltándolos-. ¡Son ellos! ¡Finalmente están aquí!
-¿De quiénes estás hablando, Lina? –Yin parecía estar a punto de hiperventilar.
De repente, tres personas familiares, aunque no del todo, ingresaron detrás de sus amigos. Un oso, un perro y una coneja adolescentes.
-¿Uryu? ¿Chad? ¿Orihime?
-¿Los conoces?
Todos se la quedaron mirando, incluso Yang dejó lo que estaba haciendo y se centró en su hermana. Excepto Lina y ella, los demás no conocían a Orihime, mientras que para todos, tanto Uryu como Chad eran sólo dos compañeros más de instituto que acababa de conocer ese mismo día.
-Digamos que sí –dijo Yin, mientras su mirada se iluminaba con la esperanza-. ¡Chicos! ¿Qué están haciendo aquí?
-Venimos a ayudar –dijo Chad, mientras Orihime pasaba a su lado.
-¿Cómo?
Tanto Yang como Roger preguntaron al unísono, a la vez que la chica con sus orquillas de seis pétalos se acercaba a la cama.
-Aunque no vas por mal camino, te aconsejo que dejes de mirar en su mente –dijo Orihime, y Coop se hizo a un lado.
-Espera –Yang intentó intervenir, pero Urdu se apresuró a detenerlo, sujetándolo de los brazos-. ¿Qué estás haciendo? ¡Tú!
Yang creó un puño de energía, pero el chico canino no pareció intimidado en lo más mínimo.
-¿Eres idiota o qué?
-¿Qué dijiste?
Yang consiguió zafarse de su agarre, apuntándole con el puño.
-La violencia es innecesaria ahora mismo –Chad se colocó entre ellos, con una mirada estoica-. ¿No ves que están curando a tu amiga?
-¿Qué?
Yang fue a dar un golpe, pero Chad lo detuvo con su mano izquierda, sin el menor esfuerzo. El conejo retrocedió, anonadado.
-¡Ya basta! –Yin llamó su atención-. ¿No ven que distraen a Orihime? ¡Cállense!
Yang desactivó su técnica, aunque sin bajar la guardia. Su hermana lo ignoró a partir de ese preciso momento, mientras todos se centraban en el trabajo de la niña menuda.
De repente, una luz brillante rodeó el cuerpo de Yuki, y tanto Yin y Yang como sus amigos retrocedieron, con la boca abierta por el asombro.
-Soten Kisshun.
Un campo de energía envolvió a la shinigami inconsciente, mientras toda la habitación se sumía en un extraño silencio que, para el instinto de Yin, indicaba algo. Estaba en el aire, a su alrededor.
Menos de cinco mintuso después, Orihime retiró su campo, y pudieron ver a una Yuki que dormía plácidamente. Los rastros de dolor y desesperación anteriormente presentes en su rostro y cuerpo se habían ido.
Coop se acercó a su lado, pero su novia lo detuvo. Yin tomó el estetoscopio de su mano, y se lo colocó, escuchando el corazón de la paloma, que ahora latía con menos rapidez.
-Ya no siento, coo, la perturbación de antes –dijo Coop, adoptando el tono más calmado que pudo.
Todo el mundo respiró aliviado.
-¡he vuelto con las plantas medicinales! Eh, ¿me perdí de algo?
Dave rompió el momento, aunque sin ser consciente de ello.
-Cuando me dijiste que Orihime sabía lo básico... ¡nunca hubiera imaginado que se trataba de magia curativa! ¡Eso fue impresionante!
-Espera, Chad, ¿qué le dijoste?
-Dije lo que debía decir –respondió el susodicho a la pregunta de su amigo.
-Tenemos que hablar –dijo Yin, cerrando la puerta de la habitación donde estaba Yuki con fuerza.
Habían transcurrido unos buenos veinte minutos, pero nadie había hecho amago de irse. De hecho, una vez pasada la angustia, el ambiente en la clínica se había relajado considerablemente. Ahora, casi todos estaban poniéndose al día en el almacén de aprovisionamiento, donde Yin recordaba haber tenido aquel encuentro con Urdu antes del colegio. De essso hacía ya una semana.
Lina y Coop se habían quedado a cuidar de Yuki, esperando a que despertara y, cuando eso sucediera, les informarían al resto.
-Traje bocadillos –Roger apareció de la nada en la recepción, depositando varias bolsas de comestibles sobre el escritorio de Lina.
-¡Ya era hora! ¡Me muero de hambre!
Yang se encargó de romper el silencio, abriendo un paquete de bocadillos salidos y llenándose la boca un segundo después.
Roger se encogió de hombros, antes de alejarse por el pasillo.
-¿Qué, no quieren nada?
-¡Oh, no tenemos hambre! ¡Pero gracias!
Orihime se rió, divertida por la expresión del conejo azul.
Sus amigos asintieron.
-¿Quiénes son ustedes? –Yin se cruzó de brazos, sin humor-. ¡Y no vayan a responder que simples compañeros de instituto! ¡No me lo creeré!
-Bueno, para mí ustedes son compañeros de instituto, ¡excepto tú, claro! –Yang tragó, sonriendo en dirección a una Orihime cohibida-. Francamente, nunca antes te había visto. ¿Cómo hiciste eso? ¡Eres alguna clase de hada o algo así?
-¡Oye, deja de comportarte como un idiota! ¡Ella es una dama! –Uryu saltó, perforando al conejo con sus ojos, que brillaron con furia a través de sus anteojos-. No repetiré eso.
Un incómodo silencio volvió a caer sobre el grupo.
-Lo mejor será que, ejem, nos presentemos correctamente –dijo Orihime, un minuto después-. Soy Orihime Inoue. ¡Encantada de conocerlos!
Su sonrisa, ahora tímida, pareció salvar el momento.
-Yasutora Sado. Pero mis amigos me llaman Chad.
El oso adolescente hizo una reverencia.
-Mentí sobre mi nombre. O parte de él, al menos. Uryu Ishida es el nombre.
Su reverencia, menos pronunciada que la de su amigo, le transmitió a Yin cierto aire de formalidad mezclada con confianza e inteligencia.
-Yin y Yang –dijeron ellos, simplemente.
-Hay una buena razón por la que todos estamos hoy aquí –dijo Uryu, mientras todos se acomodaban en los asientos de la recepción-. Así que conocieron a Yuki Minamoto, veo.
-Uh, Uryu, no creo que sea una buena idea hablar de ella mientras está inconsciente –dijo Orihime, pero fue ignorada en mayor medida.
-¿Sí! ¡Una shinigami! ¡Una segadora de almas! ¿No es genial?
Yang se entusiasmó, pero su hermana estaba a la defensiva.
-¡Oigan! ¿Podemos unirnos a la reunión?
Dave venía acompañado por Coop, Lina y Roger, todos con diferentes expresiones de alegría o diversión.
-¿Yuki ya despertó? –Yin se apresuró a preguntarles, ansiosa por evitar una confrontación entre su hermano y el canino, que ya se veía venir.
-Sí, aunque estaba asustada. Creo que lo mejor será darle algo de tiempo –opinó Coop, con una mirada seria.
-En serio, chicos, ¿por qué se quedaron ahí? –Roger hizo la pregunta que sus amigos tenían en la mente, pero que no se animaba a formular-. ¿Por qué no corrieron?
-¡Sí! –Dave se estremeció-. ¡Apenas conseguimos sobrevivir aquella vez!
-Así que es cierto –Uryu se cruzó de brazos, entrecerrando los ojos con sospecha hacia los amigos de sus anfitriones-. Ustedes también pueden ver espíritus.
-Y a los huecos también, por lo que parece –acotó Chad, carraspeando-. Supongo que era inevitable.
-¿Qué cosa? –Lina reapareció por la puerta, cambiada a ropa más cómoda-. ¿De qué están hablando?
-Larga historia –Yin la detuvo, volviendo su mirada curiosa a los tres invitados-. ¿Y ustedes? Asumiré que también pueden verlos.
-Seguro –Uryu se encogió de hombros-. La pregunta es, ¿por qué ustedes pueden?
-¿Qué te importa? –Yang se puso frente a frente con el chico canino, cruzando miradas asesinas-. ¿Qué quieren?
-¡Está bien! –Orihime se colocó entre ellos, suspirando de cansancio-. Miren, peleando no vamos a llegar a ninguna parte.
-Orihime. –Yin se dirigió a su más reciente amiga, con una mirada suplicante-. ¿Qué está pasando? Por favor, necesitamos algunas respuestas.
-¿Son amigos de Yuki? –Dave los miró con esperanza, aunque tras negar con la cabeza, esa esperanza se apagó como una velita en una tormenta-. Oh. Bueno, si no son amigos de esa chica, entonces...
-Somos aliados –se apresuró a decir Chad, comenzando a perder la paciencia-. Hemos venido a ayudar.
-¿Eres loro? Porque te la has pasado repitiendo lo mismo todo el rato –atajó Yang, y ahora fue Lina quien lo retuvo en su asiento, para evitar una pelea-. ¡Oye! ¡Déjame mostrarles quién manda!
-¿Eres tú? –la pregunta de Uryu venía cargada de sarcasmo más que de ira-. Porque no me lo parece.
-Uryu. –Yin lo miró con los ojos teñidos de dolor y traición-. Creo que será mejor que respondan nuestras preguntas.
No había ira en la mirada del chico de anteojos, en su lugar la miró con... ¿lástima?
-Yo comienzo –se adelantó Orihime, adoptando una mirada seria-. Venimos de muy lejos.
-Eso ya lo sabía –Lina la miró con suficiencia, y Yin pudo sentir su furia-. ¿De dónde dijiste que eras? ¿karakura? ¿dónde queda eso? ¿En la Indochina?
-Japón –dijo Chad, y la mirada furiosa de la perrita se clavó en el oso imperturbable-. Eso es verdad.
-¡Yo sé lo que está pasando aquí! –saltó Roger, sonriéndoles a todos, recibiendo a cambio una mirada colectiva de asombro-. ¡Son de una galaxia muy, muy lejana! ¿Conocen a Yoda? ¡Darth Bader?
Los invitados lo miraron con confusión, mientras casi todos sus amigos se daban un golpe en la cara.
-¡Amigo, tienes que dejar de mirar Star Wars sin parar! ¡En serio, se te acabará por freír el cerebro!
-Creo que llegamos tarde –Lina se cubrió la cara, avergonzada.
-Necesito usar el baño. Hagan como que no estoy –Yin se levantó a toda velocidad, pero el instinto la condujo en la dirección opuesta.
-pero el baño está por el otro lado –señaló Dave, al tiempo que las puertas de la entrada se cerraban con fuerza.
Yin caminó sin rumbo por la ciudad, mientras los soles se iban ocultando. A su alrededor, los niños corrían o jugaban en los parques, y una familia estaba vigilando a sus hijos en alguna clase de juego.
-Ya lo notaste, ¿no es así?
Yin se dio la vuelta, topándose de golpe con nada más y nada menos que Uryu Ishida.
-¿A qué te refieres?
-Los espiritrones.
-¿Qué?
-La energía espiritual se compone de espiritrones o partículas espirituales. ¿Puedes sentirlas a tu alrededor?
-¿Qué eres, un monje raro? –dándose la vuelta, continuó caminando, pero sintió que su espalda era atravesada por su mirada.
-Espera, ¿quieres?
-¿Puedes dejar de seguirme? En serio, estás comenzando a molestarme.
Yin intentó alejarse trotando, pero él la siguió casi a su lado.
-¿Qué rayos quieres?
-Hablar. Eso es todo.
AL detenerse, la coneja descubrió que acababan de llegar a la tienda de su novio.
-Parece que está cerrada –observó él, recuperando el aliento.
-Claro que está cerrada, Coop sigue en la clínica.
Un incómodo silencio se instaló entre los dos.
-¿Eres un segador de almas?
-¿Disculpa?
-Es una simple pregunta. Responde. ¿eres un shinigami, sí o no?
-No.
-¿Y los demás? ¿me dirás que tampoco son shinigamis?
-No lo son. Ellos son fullringers.
-¿Y eso qué significa en español?
-Es complicado. Todo es bastante complicado, si lo digo yo mismo.
-Me voy de aquí.
-Espera –él levantó las manos en el aire, derrotado-. Escúchame por un segundo, ¿quieres? No soy un segador de almas.
-Ajá. –Yin se cruzó de brazos, bufando de indignación-. Y yo no soy una coneja, soy una jirafa.
-Me malinterpretas. Soy un quincy.
-Eso ya lo dijiste.
-No soy un segador de almas. Soy un quincy.
-No quiero ser grosera, pero ¿se trata de alguna tribu juvenil nueva? ¿Amantes de las cosas paranormales? ¿es eso? Aunque admito que nunca había oído hablar de él, por lo que asumiré que debe ser exclusivo.
-Uf. –Uryu suspiró, indeciso sobre qué hacer con la chica frente a él-. Mira, no es lo mismo ser un quincy que un shinigami. O un fullringer.
-¿Es por el arco y flecha que usaste?
-Eso no... Espera. ¿Viste mi arco? ¿Las flechas también?
Los ojos del chico se abrieron como platos, mientras que Yin lo perforaba con su mirada.
-Eso no importa. ¿Por qué no me lo dijiste la primera vez? ¿Por qué mentiste?
-Fue por tu seguridad. La de ambos, quise decir.
-¿Sobre qué más mentiste? ¿También engañaste al profesor Boogeyman con el teatro del arco y el violín? ¡Oh, un arco para tocar un violín! Buen chiste, ¿eh? Pero supongo que tú lo usas para lanzar flechas, no para tocar música.
-Oh, por todos los cielos. Mira, no era mi intención ofenderte.
-Pues es un poco tarde para decir lo siento. –Sólo entonces se dignó mirarlo, suspirando por el cansancio-. Si ya sabías de Yuki, podrías habernos dicho sobre ustedes antes.
-No tenemos motivos ocultos, si es eso lo que estás pensando.
-Lo dudo. De todos modos, ¿por qué debería importarme? En fin, me importa, y eso me molesta. Había terminado con todo lo de ir por ahí luchando contra los malos, pero supongo que nunca es suficiente.
-Uh, puedo identificarme.
-¿Cómo?
-También llegué a pensar que las cosas habían vuelto a ser... normales, en la medida de lo posible. Pero resulta que nunca se acaba. Las cosas no suelen ser como quisieras. Estoy acostumbrado.
Se dejó caer en un banco cercano, mirando en la dirección contraria a la coneja, hasta que sintió que ella lo imitaba, sentándose a su lado. Ambos se quedaron mirando hacia ninguna parte en especial, a varios metros delante de los negocios cerrados.
-Uryu. –Su voz resurgió como un pez perdido en el océano-. Te vi hoy.
-Eso ya lo dijiste.
-Bueno, no sé qué es un quincy, pero te vi correr a nuestro lado, cuando pensabas que nadie miraba. Destruiste a ese hueco como si nada.
Él asintió, esperando a que continuara.
-¿Cómo lo hiciste? Hmm, si no te molesta que te lo pregunte. ¿Dónde está tu zampakutou?
-¿Quieres ver algo?
Ella asintió, y él descubrió la cruz quincy de cinco puntas en su muñeca izquierda.
-No debería activarse ahora, es parte de mi equipo.
-Oh. Es... misteriosa.
-Supongo que no importaría mostrarte cómo funciona.
Uryu se reincorporó de un salto, caminando en búsqueda de un lugar apartado de los negocios. Yin lo seguía de cerca, curiosa por lo que fuera a mostrarle.
Llegaron a una plaza vacía por el día, y el chico le hizo una señal para que se situara a varios metros detrás suyo.
-Pero aquí no hay huecos. ¿A qué piensas dispararle?
-Uh, buen punto. Oye, ahí hay un arbusto caído. ¿Qué tal?
-Uh, supongo que está bien. No es como si pudieras hacerle daño ahora, ¿verdad?
Uryu activó su arco, materializando su primera y más antigua arma quincy, al ser la de menor letalidad.
-Se supone que tengo uno más poderoso, pero lo dejé en casa, así que éste tendrá que bastar. ¡Mira!
Juntando reishi del ambiente, creó una flecha de energía espiritual, disparándola contra el arbusto seco, que se desintegró en un instante.
-¡chiwa! ¡Eso fue impresionante!
-Un arma quincy, claro.
Desactivando su arco, volvieron a caminar, esta vez regresando al área suburbana de la coneja, ubicada en el sudeste.
-¿Por qué me mostraste eso?
-¿Qué, no buscabas respuestas?
-Eso no, quise decir, ¿para qué mostrarme tu arma? No entiendo nada de estas cosas espirituales.
-¿Ah, no? Una shinigami se pegó a sus espaldas, ¿y dices que no tienes cartas en el asunto?
-Bueno...
-A ver. Me preguntaste por mi zampakutou. No tengo una, pero el hecho de que sepas sobre las armas shinigami dice algo.
-¿Qué tienes contra Yuki, si se puede saber? ¿Qué te ha hecho?
-No lo entenderías.
-Entonces, hazme entender.
Sus miradas se cruzaron, ahora con desafío, pero a diferencia de su hermano, Yin no le lanzó una tentativa de homicidio en toda regla. En su lugar, lo miró con una mezcla de curiosidad y sarcasmo.
-Tengo que irme.
Esta vez, fue Uryu quien se veía superado, pero cuando intentó huir, Yin lo sujetó por su muñeca derecha, ahora consciente de que era zurdo.
-¡Oye! ¿Qué te pasa?
-Todavía me debes unas cuantas respuestas, chico de las flechas.
Él fue a replicar, justo cuando captó algo llamativo. Algo que brillaba desde uno de los bolsillos en los pantalones de la chica.
-Espera, ¿qué es eso?
Yin fue a responder, cuando la insignia de sustituto se le cayó, sobresaltándolos a ambos.
-¡Oh! ¿Con que allí estaba!
-¿Cómo? –Uryu fue a recuperar el artefacto, a la vez que la coneja, y sus manos se tocaron, obligándolos a retroceder-. ¿Cómo rayos la obtuviste' ¿Fue ella? ¿Esa shinigami te la dio?
-Eh, sí. ¿Y eso qué? Si no fuera por esta cosa, ¡ahora mismo estaríamos en la otra vida!
-¡Lo sabía! ¡Esa chica! ¿Ella debió robarla!
-¿Qué? ¿Por qué dices eso?
-¡Esto le pertenece a alguien más! ¡dámela!
-¡hey! ¡Suéltala!
Ahora, ambos sujetaban la insignia, tironeando para ver quién podía apropiársela.
-¿No acabas de decir que no te van los shinigamis? ¡Basta! ¡Vas a romperla!
Repentinamente, un rayo de energía salió disparado del brazo izquierdo de la coneja, sin su voluntad. Uryu se hizo a un lado, liberando su mano de su objetivo y permitiéndole a la ahora furiosa coneja recuperar el artefacto.
-¡Oye! ¡No tenías que atacarme! ¡Al menos me hubieras avisado!
Detrás del perro, un banco había sido dividido a la mitad, dejando un rastro humeante a su paso.
-Lo siento. ¿estás bien? No estás herido, ¿verdad?
-¿Desde cuándo puedes hacer eso?
-Hago magia, es lo mío.
-Está ocurriendo de nuevo, ¿es eso?
-¿Qué cosa?
-¡No importa! ¡Nos vemos!
De repente, los pies del chico fueron rodeados por dos plataformas de energía, antes de desaparecer por la esquina, dejándola con la palabra en la boca.
-¿Qué rayos?
Más tarde, se descubrió entrando en una florería a un par de cuadras del dojo, ya que recordó que tenía que preguntar una nimiedad sobre sus camelias.
-¿Yin? ¿Eres tú?
Jobeaux la atajó saliendo del lugar, con un ramo de rosas bajo el brazo.
-¡Oh, hola, Jobeaux! ¿Qué tal te va?
-Uh, bien, supongo. ¿Qué haces?
-nada importante. ¿Y tú? ¿Para quién son las flores? ¿Una chica afortunada?
Jobeaux se sonrojó, desviando la mirada.
-Eh, no. En realidad, son para mi tía. Voy a visitar su nicho justo hoy.
-Oh.
El humor de la coneja se apagó en menos de un segundo.
-No vayas solo –dijo alguien detrás de ambos-. ¡Ah! ¡Yin! ¿Qué tal todo?
-¿Profesor Boogeyman? ¿Qué está haciendo aquí?
Ambos adolescentes lo miraron con evidente curiosidad. EL monstruo zombi cargaba con numerosos ramos de flores multicolores, al punto de quedar semienterrado entre ellas.
-Alguien se antojó de flores, ¿profesor?
Los tres se echaron a reír, dejándose llevar por la espontaneidad del momento.
Caminaron hacia el mismo sitio, aunque Yin esperaba que no estuvieran yendo hacia donde su corazonada le decía que estaban yendo.
-¿Por qué siempre tiene que ser el cementerio?
-Hmm, ¿les importaría esperarme? Este lugar se ve... tétrico, aunque sean apenas las seis.
Boogeyman y Yin se encogieron de hombros, y el goblin se alejó entre las numerosas tumbas, perdiéndose entre el paisaje melancólico.
-¡Finalmente!
Boogeyman descargó casi todos los ramos a su lado, encima de un cantero seco de la entrada, recuperando el aire.
-Uh. No es por intrometerme, pero ¿para quién son todas las flores?
-Ah, con que ya te diste cuenta que no voy a ninguna cita romántica, eh.
Boogeyman procedió a acariciar su rostro huesudo, y la coneja se sobresaltó de pronto.
-¡Oh! ¡Ahora entiendo!
-¿Qué cosa?
-Por qué Yuki le guarda tanta desconfianza. En serio, no tiene que esconderse de mí, profesor. Soy una persona open mind.
-Oh, estás hablando de esta máscara.
El monstruo se terminó de quitar la piel falsa de la cara, y su cráneo brilló a la luz de una farola cercana. Yin tuvo que tragar saliva, ya que el hombre mantenía su cerebro completo, junto con sus ojos y su lengua.
-Eh, no es por ser grosera, pero ¿se murió ayer?
-¡Ah, qué gracioso! No, llevo muerto varias décadas. O no muerto, como prefieras.
-Eh, sí.
-Así que esa chica ya se dio cuenta, eh. Tengo que mejorar mi disfraz.
-Ah, se refiere a Yuki, ¿no?
-Se supone que nadie sepa que soy un zombi. La gente tiende a gritar de miedo en el peor de los casos, y a burlarse, en el mejor.
-Creía que los zombies eran aceptados estos días, ¿o no?
-Una cosa son los papeles, y otra muy distinta el mundo real. Que tú y tu hermano, o esa chica, puedan verme a través de mi máscara, es algo poco común.
-¿Uryu también?
-¡Ah, ese chico! No, no creo que sepa nada.
Yin lo dudaba, con la nueva información sobre él que ahora tenía.
-¿Y las flores?
-¿Qué?
-las flores. –Yin pretendía acabar con la incomodidad del momento cambiando de tema-. ¿para quién son?
-Ah. –Él carraspeó, rascándose los restos de cuero cabelludo pegados a su cráneo a través de una peluca falsa, deteniéndose en el acto-. Uh, tengo que aprender a pasar desapercibido. En fin. Son para alguien...
-¿Puedo ver? Ya sabe, mi padre está enterrado en este mismo lugar, no es como si no entienda sus sentimientos.
-Oh, bueno.
Yin le ayudó a llevar las flores, cargando con la mitad junto con su acompañante. A un par de tumbas a su derecha, Jobeaux seguía con su ritual.
-Está bien –dijo de repente, sin mirar concretamente en ninguna dirección-. Su tía ha partido sana y salva a la otra vida. Se pondrá feliz al saber que la visitan a menudo.
-¿Cómo lo sabe? Quiero decir, si yo fuera un alma fallecida, creo que estaría muy lejos de aquí. ¿Cómo me enteraría de que alguien sigue visitando mi tumba o hablando de mí?
-¡Oh, te iluminaré! Verás, todo el mundo necesita ser recordado. Bueno, hay maneras de mantener un alma viva por generaciones sin que nadie se entere, pero la manera más común de mantener viva a una persona que ha partido es recordándola: los famosos y héroes de la historia deben estar pasándola genial, con varias mansiones en retribución a sus pomposas existencias.
-Uh, no lo sé. ¿No se supone que todos compartiremos un mismo lugar en el otro mundo?
-Es más por el hecho de los recuerdos, no tanto por el dinero. Pero sí, es bastante injusto.
-¿Y cómo sabe usted todo eso?
-Ser un zombi te da la experiencia justa, créeme.
-¿Cómo es?
-¿Qué cosa?
-Morir. Y regresar, pero sin estar ni vivo ni muerto.
-Uh, y aquí estaba pensando que el poeta de la familia era tu hermano. ¿Podemos hablar sobre eso en otro momento?
La incomodidad era evidente en el rostro falso del monstruo zombificado, como si sus expresiones faciales originales se hubieran mantenido incluso en la muerte, imprimiéndose hasta en sus huesos.
-Bueno, ¿cuál tumba es?
-Casi todas.
-¿Qué?
-¡Si comenzamos ahora, terminaremos pronto! ¡Vamos!
Una hora y media después, y tras toparse con un Jobeaux algo triste cada tanto, se detuvieron, con la coneja recuperando un poco el ánimo.
-Ven, hay alguien que está ansioso por saludarte. ¡Pete!
Una silueta transparente saltó de la siguiente tumba a su derecha, y la coneja estuvo a punto de sufrir un ataque al corazón.
-¡Tú!
-¡Hola! ¡Volvemos a vernos!
El ciervo infantil del otro día se materializó (bueno, era un espíritu, pero ustedes me entienden) frente a ellos, sonriendo ampliamente.
-¿Se cumplió tu deseo?
-¿Qué estás haciendo aquí? ¡Este lugar no es bueno para ti!
-¡Oh, no te preocupes! ¡me topo con otros como yo seguido! ¡Nunca es solitario por aquí! ¡Incluso he hecho algunos amigos! ¿Quieres conocerlos?
-¡Aquí nos topamos con un hueco la otra noche! ¡Podrían venir más!
-¡Oh, estoy a salvo aquí! ¡El señor Boo-Boo me cuida!
-Uh, tenemos que dejar los apodos tontos.
-Espera, ¿tú?
-¡Un segundo! ¡Viene alguien! –Pete se ocultó dentro de una tumba cercana, de la cual salió el espíritu de un oso polar anciano bastante molesto.
-¿Quién se atreve a molestarme? ¡estaba durmiendo!
-¡Lo lamento! ¡necesitaba un escondite!
-¿Pete? ¿Cuántas veces tendré que repetirlo? ¡No puedes venir a mi tumba!
-¡Shh! ¡Escóndanse ya, ustedes dos! –Yin los instó con urgencia.
De repente, ambos se metieron en la tumba a toda velocidad, mientras Yin y Boogeyman escuchaban un par de pasos retumbantes acercándose por la esquina opuesta a su izquierda.
-¡Sí! ¡Esos espíritus deben estar por aquí! ¡me daré un banquete como los dioses mandan!
-Oh, por el amor del foo.
Un hueco de al menos tres metros de altura se aproximaba hacia ellos, inconsciente de su presencia.
-Shh. –Yin sujetó la manga de Boogeyman, libre ahora de flores, pero él no pareció captar la indirecta-. Oiga. Tenemos que escondernos.
Intentó tirar del aparentemente paralizado monstruo zombi, pero en su lugar, sólo consiguió que su cara de piel falsa se cayera al suelo, mientras el hueco los alcanzaba finalmente.
-¡Oh! ¿Qué tenemos aquí? ¡Tal parece que mi banquete será completo esta noche!
-Eh, ¿por qué piensas eso?
Yin intentó mantener un frente estoico, pero sus manos temblaban como gelatina por el miedo.
-¡ustedes tienen un aroma delicioso! ¡Cuánta presión espiritual! ¡me dejarán lleno por semanas!
-espera –de repente, Boogeyman se descongeló, antes de colocar sus manos frente a su pecho en posición de loto-. Hoy no estás comiendo. No aquí, al menos.
-¡maldición! ¿Para qué lo provoca? ¿No sabe que habla en serio? ¡Vamos! –Yin rebuscó en sus bolsillos, sin conseguir localizar su insignia sustituta.
El hueco se puso frente a frente con Boogeyman, olfateando. De repente, abrió su boca llena de dientes, y la coneja creyó que el fin había llegado, cuando algo extraordinario sucedió.
-¡Oye! ¿eres un zombi?
-Eh, ¿sí?
La criatura levantó al Boogeyman por su cuello, examinándolo a fondo.
-Tu alma huele raro. ¿Cuándo expiraste?
-No tengo que decírtelo. Eh, ¿ya puedes soltarme?
EL hueco lo dejó ir, pero frunció el ceño frente a ellos, como si se sintiera confundido.
-Bueno, tú no eres una zombi, ¿no?
Yin sintió que el pulso se le iba a la garganta, sabiendo que no podría enfrentar al hueco en igualdad de condiciones.
-Ella viene conmigo.
-No te metas, hombre zombi.
El hueco fue a dar un paso en dirección a la coneja, cuando el Boogeyman extrajo algo de su bolso, donde había guardado los últimos ramos, mostrándole a la criatura una especie de instrumento. ¿Era un arpa?
Yin observó que, aunque tenía la forma de un arpa, el raro instrumento era del tamaño de un violín, blanco con amarillo, con la forma de una calavera pirata en el lugar de la caja, y una especie de diseño de flores en la base del mástil, asombrada por lo fuera de lugar de aquel gesto.
-¿Qué, quieres tocarle una serenata mientras me la como? ¡Qué romántico!
El Boogeyman comenzó a acariciar las cuerdas de su pequeña arpa, y algo pareció cambiar en el ambiente. A su alrededor, el viento se detuvo; se impuso un silencio asfixiante.
El hueco detuvo su risa, mientras miraba al Boogeyman con una expresión que prometía arrancarle los huesos uno a uno.
-¡Corre, Yin! ¡Llévate a tu amigo!
Aunque lo dijo en voz baja, la coneja sintió como si le hablaran a través de un teléfono descompuesto. Aunque lo intentó, no consiguió moverse ni un centímetro. Estaba pegada al suelo, paralizada por fuerzas que su mente no llegaba a comprender.
Entonces, justo cuando la horripilante criatura hacía amago de atacar, se detuvo de la nada, como si su cara acabara de chocar con un muro invisible. El ser retrocedió y, también repentinamente, se giró y comenzó a alejarse.
-Me da igual. Buscaré comida en otra parte.
Antes de desaparecer, se volteó una última vez, olfateando el aire con suspicacia.
-No olvidaré tu atrevimiento, zombi.
El hueco desapareció por una esquina, ignorando extrañamente al goblin en la otra punta del lugar.
Yin liberó el aire atrapado en sus pulmones, y sólo entonces notó que el mundo a su alrededor volvía a ser real.
-Eso estuvo cerca, ¿eh? ¡Ya pueden salir!
Sólo Pete surgió de la tumba, mirando hacia todos lados.
-¿ya se fue ese monstruo?
-Será mejor que vayas buscando un lugar para dormir por la noche –dijo el zombi mayor, antes de alejarse hacia la salida.
-¡Un segundo! ¿Qué fue todo eso?
Ella corrió detrás del Boogeyman, pero él no hizo amago de detenerse. AL llegar a la entrada, recogió un solo ramo olvidado, y se hubiera retirado de allí, sino fuera porque Jobeaux reapareció a su lado.
-¿Gracias por esperarme! Este lugar es asfixiante a veces, ¿eh?
-¡Espere!
Yin resolló, llegando al lado de Jobeaux, quien la sujetó del hombro, evitando que tropezara con el cantero, ahora vacío.
-¡hey! ¡Más despacio! Sé que este lugar es algo tétrico, pero no hay necesidad de que corras así, Yin. Oye, ¿está todo bien? ¡Pareces haber visto un fantasma!
-Oh, ojalá hubiera sido un fantasma. Uno solo, ya.
-¿Se te perdió algo?
Jobeaux le entregó su insignia, que aparentemente se había caído justo a un lado del cantero.
-Tienes que cuidar más tus cosas.
-espera. ¿Adónde se fue?
-¿Quién? ¿Ah, ese tipo?
-¡Estaba justo aquí! ¿En qué momento desapareció?
-Uh, parecía tener prisa. En serio, ¿ya podemos irnos?
Yin asintió, y fue a seguirlo, cuando algo en el cantero llamó su atención.
-Adelántate. Hay algo que quiero comprobar.
-Lo que sea. Me estoy alejando de este sitio.
Yin se arrodilló frente al cantero, recuperando una rosa plateada y brillante que se unió a su insignia como un imán.
-Chiwa. Me pregunto si esto estaría entre las flores. Uh, este día se pone cada vez más raro.
Yin se apresuró a salir del lugar a toda prisa.
Detrás de la arboleda junto al cementerio, una silueta espiaba la partida de los adolescentes. La misma desapareció instantes después en la noche, sin dejar rastro.
