Capítulo 9
Sueños y sombras
De camino a la clínica, Yin había recordado los acontecimientos de la noche anterior. A pesar de sus mejores intentos por enterrar lo sucedido en el fondo de su mente, su subconsciente parecía empeñado en burlarse de ella.
-¿Yin? ¡Hola!
-Oh, Hola, Jobeaux. –Yin le sonrió al goblin-. ¿Qué tal el trabajo?
-¡Oh, genial! ¡Esta temporada ha sido una maratón!
Yin acababa de verlo salir de la tienda en la que trabajaba, en frente de la clínica.
Cuando su padre murió, los conejos comenzaron a buscar su camino en la vida. Yang descubrió su vocación bastante rápidamente, mientras ella se pasaba los días entre la academia y la casa de Lina. Cuando, un día como cualquier otro, su mejor amiga la llamó con urgencia, ella fue corriendo a su casa. Su padre había caído terriblemente enfermo de lo que todo el mundo decía era una gripe extraña. El pobre oso había ido de médico en médico, sin buenos resultados; su enfermedad había empeorado, al punto que su amiga se pasaba la mayor parte del tiempo cuidándolo.
En aquella ocasión, sin embargo, el hombre se encontraba peor que otras veces. Desesperada, Yin hizo lo único que se le ocurrió: convocó un campo de energía para aislarlo con seguridad, luego de lo cual ambas corrieron hacia la casa de Ursula, la tortuga médica de cabecera de la perrita. Ella les había dicho que, si las cosas empeoraban demasiado, debían llevar al hombre convaleciente a su casa. Una vez allí, la mujer probó conocimientos alternativos, curando al oso con magia. Desde entonces, Yin le pedía consejos a menudo, llegando incluso a convertirse en su aprendiz de sanadora mágica.
El padre de Lina había muerto hacía dos años de un infarto, y ni toda la magia de la tortuga y de la coneja fueron suficientes para salvarlo. El funeral se celebró días después, asistiendo los conejos y sus amigos; nadie más conocía al hombre, según lo que se decía, e incluso Ursula había estado presente para acompañarlos.
Menos de un mes tras la muerte de su padre, el padre de Jobeaux también había muerto, en este caso al ser alcanzado por un rayo en una noche de tormenta; el hecho desafortunado había ocurrido mientras jugaba con la mascota de su hijo en el patio. Rod, el armadillo, había salido corriendo en mitad de la noche tormentosa, y el mayor intentó alcanzarlo, pero no pudo hacerlo, ya que fue alcanzado por aquel rayo. El hecho había sido presenciado por los aldeanos del borde del reino, quienes le edificaron un mausoleo a su altura; el pobre armadillo, por su parte, se había quedado a su lado hasta el amanecer. Por ende, Jobeaux habría heredado el trono de Rednickistán, pero su familia dijo que era demasiado joven, por lo que lo enviaron al pueblo de los conejos, donde permanecería hasta cumplir los dieciocho. Actualmente, su madre era la única familiar directa que le quedaba, tras fallecer su tía de un infarto el año anterior.
Fue Yin quien le sugirió trabajar en aquella tienda de antigüedades y baratijas, rebautizada como "La Casa del Goblin" tras salvar el mismo Jobeaux a su dueño de unos delincuentes que intentaron robarle. Roberto, un pavo, era el dueño, y le estaría eternamente agradecido. Frente a la tienda, la clínica de Yin y Lina, anteriormente la casa de Ursula, quien se había mudado a Dios sabe dónde tras recibir solicitudes que prometían un sueldo mejor en una gran ciudad, completaba el paisaje del barrio céntrico. Ahora se llamaba "Clínica de medicina alternativa de Yin y Lina".
-¿Qué hay de ti? ¿Todo bien?
-Oh, sí, supongo.
-¡Oh! ¡Señor Boogeyman!
El zombi cuyo rostro cadavérico permanecía oculto por una cara de piel falsa, apareció saliendo del local, acariciando una especie de flauta antigua, tan larga como el poste de la calle más cercano. Sonreía (con sus últimos dientes), intentando no perder el equilibrio.
-Oh, hola, muchachos. Gracias, amigo, esta cosa vale lo suyo.
-¿Qué acaba de comprar, si se puede saber? –Yin había preguntado.
-¿Esto? Sólo una reliquia algo llamativa. Una réplica en tamaño natural de una flauta de los gigantes del siglo IV.
-Bueno, Roberto dijo que estaba ocupando espacio en el almacén. Hmm, ¿para qué quiere algo así? –Jobeaux lo miró con incredulidad.
-Necesito renovar mi estudio en casa. Además, la columna del patio se vino abajo el otro día por la lluvia, y tengo que poner algo para equilibrar el peso del techo. ¡mato dos pájaros de un tiro!
-Será mejor que no lo escuchen los clientes habituales, son dos gorriones exigentes –dijo el goblin, antes de comenzar a marcharse.
-Una cosa –Yin atajó al zombi, antes de extraer su insignia de shinigami sustituto de su bolsillo y acariciar algo en su superficie-. ¿Eh? ¿Qué pasó con esa flor?
-Lindo adorno el que tienes allí. Hmm, podríamos verlo en otro momento, ¿sí? En este instante me siento un equilibrista de circo.
-Pero yo...
El zombi se fue por la esquina opuesta por la que Jobeaux había partido, empujando aquella cosa, ayudado en parte por un carrito donde alguien había metido la parte inferior.
-Uh, supongo que no importa.
-¿Para quién son las flores? No me digas que un chico misterioso está intentando invitarte a salir. Ya tienes novio, amiga –Lina la recibió con una sonrisa.
-¿De qué estás hablando?
-Hmm, ¿del ramo en tu mano izquierda?
Yin se sobresaltó, a punto de dejar caer un ramo de flores que acababa de materializarse en su mano. Era un conjunto de rosas rojas, blancas y amarillas con extraños patrones geométricos semejantes a triángulos en sus pétalos brillantes. La coneja acabó por dislumbrar su insignia, la cual cayó del interior de las flores, lo que la obligó a dejar el extraño ramo en un jarrón cercano y agacharse en busca de la medalla. Sólo entonces notó que flotaba; a su espalda, su amiga hacía un buen rato que había dejado de prestarle atención, mientras recibía a los primeros clientes de la tarde. Atrapó la medalla, regresando a su cuerpo y desactivando el dispositivo, mientras el ramo en el jarrón desaparecía.
-Increíble –se dijo para sí.
Tras su última batalla con huecos de la semana, la coneja durmió con dificultad, sin recordar haber soñado al despertarse. Para su alivio, el nuevo día fue relativamente normal, por una vez. Esperaba que la cosa siguiera así, al menos hasta la próxima semana.
Yin tuvo que reconocerlo. Desde que todos se anotaron en aquella escuela japonesa, las cosas eran más fáciles. Veía a todos sus amigos más seguido, y había echo nuevos rápidamente.
Yang, en el extremo opuesto de su fila, ambas situadas al fondo del salón, no parecía compartir su opinión. No dejaba de decirle que no necesitaban estas clases, recordándole cada vez que podía que habían vivido toda su vida sin escolarizarse, y que su paso por la universidad, de menos de dos años, era más que suficiente.
-¿Problemas con las mates otra vez? ¡Déjame que te ayude –Lina se sentó al lado del conejo, riéndose de él en voz baja.
A la derecha de Yin, Yuki se sentaba, concentrada en las explicaciones del búho que les estaba enseñando a hacer ecuaciones. Yin echó un vistazo a su libreta, descubriendo, algo divertida, que la paloma era la que lo tenía más difícil.
-Oye, no se supone que se escribe así. Mira.
Yuki comenzó a protestar, pero al final le permitió arreglar sus garabatos. Aunque no iba tan desencaminada, estaba confundiendo los signos, y se había dedicado a rodear los números y X con círculos rojos.
-¿Para qué los círculos?
-Parecen sospechosos. Todos estos símbolos... ¿Apuesto a que es alguna clase de mensaje encriptado!
-Claro que no. Son sólo matemáticas –una voz exasperada las sobresaltó.
Uryu, Chad y Orihime ocupaban los asientos de la fila siguiente a la suya. Uryu se situaba frente a la coneja, con Orihime a su derecha y Chad a su izquierda.
Había sido el oso quien acababa de hablar, recibiendo toda la atención.
-No lo creo. ¿Y cómo sabes eso? –Yuki le lanzó una mirada suspicaz.
-Matemáticas, no un mensaje cifrado. En serio, para ser una shinigami, no pareces saber cómo pasar desapercibida.
Uryu la miró con sorna, antes de sonreírle a Yin.
-Olvídalo. Mejor no nos hagan caso.
Uryu volvió a fijar la vista al frente, pero Orihime les habló en susurros.
-Oigan, ¿están libres hoy? ¡ustedes y yo deberíamos juntarnos en mi casa!
-Eh, Lina está yendo a visitar a unos amigos fuera de la ciudad. Pero yo debo cubrir todo el día en la clínica. Lo siento, Orihime, quizás otro día.
-¡Oh, no hay problema! De todos modos, Tatsuki y yo estamos haciendo la tarea.
Yuki intentó hacerle una pregunta, pero la chica se dio la vuelta, y no volvieron a intercambiar palabra en toda la mañana.
-¡Menos mal que ya se acabó! En serio, ¿cuándo revocan mi inscripción?
-las clases terminan en verano –indicó Orihime casualmente.
-¡Genial!
-Yang, el verano terminó hace dos meses. Estamos en septiembre.
-¡Chiwa!
Yin se rió, y sus amigos la imitaron.
Todos se dirigieron al parque, hasta que Orihime tuvo que despedirse de todos, explicando que se dirigía a su casa. Uryu se ofreció para acompañarla, y ambos se fueron por una esquina.
-Aparte de quedarte en el dojo de Yin y Yang, ¿qué otras cosas haces? –Lina interrogó a Yuki, curiosa.
-De hecho, no sé. ¿Qué hacen ustedes? Soy nueva en esto de adaptarme al ritmo de los vivos. Quiero decir, muchos de mis capitanes y tenientes en el Seireikei han dicho que es una cosa sencilla, pero soy escéptica. Una capitana, Rukia Kuchiki, es conocida por ser la persona con más experiencia en este tema.
-Hmm, creo que me gustaría conocerla –Yin se deleitó con la idea-. ¿Es tu jefa o algo así?
-Uh, no. Mi capitán, al menos por ahora, es Syunsui Kyoraku, capitán del Escuadrón 1.
-¿Qué quieres decir con al menos por ahora?
-Aunque recuerdo haberme graduado hace unas cinco décadas, nunca conseguí encajar en el Seireikei. De hecho, fui otra habitante más del Distrito Rukón hasta hará cosa de dos o tres meses. Se suponía que acabaría por ser elegida para ocupar un puesto de oficial en el Escuadrón 11 o 13, pero, por alguna razón, el capitán general, Kyoraku, dijo que, hasta que los capitanes Zaraki y Kuchiki se pusieran de acuerdo, estaría a prueba en el Escuadrón 1. Francamente, no sé por qué. También me querían en los Escuadrones 3, 5 y 6, pero cuando quise preguntar qué había pasado con mi candidatura para un puesto en alguno de ellos, Kyoraku me dijo que, simplemente, ya no quedaban puestos bacantes.
-¿Cómo es todo eso de los escuadrones? No sabía que tuvieras que formar parte de un grupo especial –dijo Yang, terminándose un sándwich.
-¡Oh! En realidad, hay trece escuadrones de guardias de la corte. La sociedad de almas está dividida en tres clases: la plebe, todos aquellos que viven, trabajan y simplemente no son un problema para nadie; los nobles, clanes como los Shiba y Kuchiki, que gozan de privilegios; y los segadores de almas del Seireikei, quienes dedicamos nuestras vidas al trabajo de cuidar el camino de las almas al otro mundo.
-¿Y no tienen vacaciones? Uh, debe ser duro –opinó Lina.
-Bueno, técnicamente, cuando no estamos conduciendo las almas al otro mundo, ni protegiendo la sociedad de almas de los huecos, si no te obligan a entrenar o a hacer alguna tarea específica, como la limpieza o la enfermería, tienes vía libre para andar por ahí sin hacer nada. Últimamente todo el mundo está ocupado y, a menos que no estés atendiendo en la enfermería del Escuadrón 4, entrenando como el Escuadrón 11, o tengas la cabeza metida en un experimento raro o una investigación ultrasecreta, como la gente del Escuadrón 12, quien te encuentre haraganeando, simplemente te gritará por qué no estás haciendo nada.
-me pregunto si nosotros podríamos encajar en ese sitio –dijo Dave, sonriendo.
-Bueno, hay una academia para segadores de almas. ¿Apuesto a que todos serían estudiantes brillantes!
-¡Sí! ¡Entonces podría dar golpes espirituales y atravesar a la gente! –Roger se emocionó, golpeando el aire.
-Tú encajarías bien en el Escuadrón 11, supongo. Son los más rudos de todo el Seireikei.
-Por cierto, Yin, ¿cómo obtuviste tu zampakutou? –Yang cambió de tema.
-Larga historia. ¿cómo obtuviste la tuya?
-Eh, ésa es una historia divertida, en realidad –el conejo se rascó la nuca, nervioso.
Orihime dijo que Tatsuki te empujó a la fuente cuando estabas en mitad de pedir un deseo con una moneda de la fortuna –simplificó Chad, provocando una carcajada colectiva.
-¿Oye! ¿Cómo te enteraste de eso?
-Orihime nos lo contó a Uryu y a mí, conejo.
-Bueno, se veían geniales con esas espadas –admitió Lina-. ¿Podemos verlas de nuevo?
-No creo que sea una buena idea –dijo Yin, incluso más nerviosa ahora que su gemelo.
-Oh. De todos modos, podré verlas en acción cuando vuelva de visitar a la gente de intercambio el lunes.
Los amigos de Lina, de hecho, eran un par de estudiantes transferidos, Jack y Lila, junto con otros que, el año anterior, habían venido a la ciudad por asuntos de aprendizaje. En realidad, Lina sólo conocía a Jack, ya que los compañeros de éste eran prácticamente desconocidos para ella, debido a que solían viajar por todo el mundo. Lila, en cambio, era su hermanita, y Lina estaba ansiosa por conocerla, más ahora que la pequeña acababa de entrar en vacaciones tras finalizar el sexto grado. Jack, por otro lado, estaba a punto de terminar la preparatoria.
-Que te vaya bien. Y mándales nuestros saludos –Yin la despidió con un abrazo.
-Yang, pásate por casa esta tarde para despedirme adecuadamente –Lina lo goleó ligeramente en el pecho, juguetonamente-. ¡hasta pronto, amigos! ¡hasta pronto, Yuki!
Por alguna razón, Yin no durmió bien esa noche.
En sus sueños, veía aquel paisaje desolado, montañas y más montañas nevadas que abarcaban el horizonte.
De repente, vio a su aura saltar por una pendiente, salvando casi un centenar de metros entre dos acantilados frente a ella. Con la boca abierta, continuó mirando a su aura jugar en el paisaje.
-Aunque mi aura parece divertirse aquí, no puedo encontrar la calma. Este lugar no sólo es frío, es sombrío.
De pronto, vio cambiar el paisaje a su alrededor, y se encontró en un lugar completamente diferente. Las montañas y la nieve se habían ido, reemplazadas por una especie de bosque, donde los árboles eran tan gruesos como casas, y tan altos como rascacielos.
-Chiwa, supongo que este lugar sería un paraíso para Dave.
A su alrededor, una muchedumbre de siluetas, ensombrecidas bajo un sol rojizo, se movían a gran velocidad, atravesando los árboles. Yin intentó esconderse, descubriendo que su figura no conseguía tocar los troncos, pero acabó por hundirse bajo un par de arbustos al final.
A su lado, vio cómo una figura saltaba del follaje y golpeaba una que corría, derribándola al suelo. Las dos figuras, todavía entre las sombras, se enredaron en el suelo; acto seguido, una tercera salió detrás de las dos en conflicto, aterrizando al caer de la copa de un árbol.
Más siluetas siguieron apareciendo, llenando el claro apenas visible, hasta que al menos unas diez siluetas se encontraban en el lugar.
Yin intentó expresar su asombro, pero se encontró incapaz de hablar o de moverse.
Las sombras proyectaban una suerte de energía propia, por eso era posible ver que se trataba de seres de carne y hueso. Todos llevaban trajes negros con capas del mismo color, una calavera en la parte superior de la espalda y dos más en las muñecas, todas en diferentes colores, la mayoría en blanco o amarillo, el looc lo completaban lo que parecían ser armas, todas ocultas bajo sus ropajes.
Los que vestían de negro se arrodillaron, mientras nuevas figuras se iban abriendo paso al frente. Al menos cinco nuevos seres se dieron a conocer, éstos vestidos de blanco y con una única calavera en sus espaldas; uno de ellos, sin embargo, portaba una calavera adicional, ésta en su pecho. Por lo demás, todos llevaban el rostro cubierto por un velo dorado; sus seguidores de negro, en cambio, no tenían rostro bajo las capuchas, sólo dos ojos casi indistinguibles.
Yin se percató de que, al parecer, en este lugar, se tratase de un sueño o una visión, era invisible y transparente para todo el mundo.
El que portaba la calavera en su pecho pareció amonestar a los que continuaban enfrascados en su pelea, aunque la coneja no podía escuchar lo que decían; una especie de ventisca ensordecía sus oídos, impidiéndole saber lo que estaban diciendo. De repente, otro conflicto estalló entre los de ropajes blancos; uno de ellos, evidentemente furioso, atacó a uno de los seres de negro sin razón aparente, haciéndolo desaparecer con una explosión masiva, que dispersó al resto. Dos de ellos intentaron sujetarlo, mientras todo el mundo entraba en pánico. Yin no podía escuchar los gritos, pero podía ver las expresiones incluso desde donde estaba, aún si los seguidores sombríos no tuvieran rostro.
La coneja descubrió que podía moverse al fin, antes de que más siluetas de negro gritaran y las explosiones continuaran.
Ella saltó lejos de las explosiones, y la escena cambió una vez más. Ahora, había un páramo a su alrededor.
-Chiwa.
Varios metros a su izquierda, se topó con una columna de alguna clase de material volcánico, que se elevaba hasta más allá de las nubes a miles de metros por encima de su cabeza.
Caminó hacia la columna, y descubrió que estaba temblando. Asustada, se hizo a un lado, presa del pánico ante la posibilidad de ser aplastada por aquella cosa imposiblemente enorme. Entonces, la base frente a ella se abrió en dos, y se encontró frente a una cascada. Cayó por ella, aterrizando en un lugar diferente. ¿En qué momento había caminado hacia la abertura en la columna?
Había un valle que llenaba su visión, y la calma de aquel lugar le hizo flotar. Literalmente, y sin su voluntad, comenzó a flotar en el aire.
-¿Dónde estoy?
Vio una silueta en un lago, una figura de blanco, tan pequeña como una niña de diez años o menos, bajo su superficie.
Sin pensárselo dos veces, corrió para salvarla, metiéndose en las aguas cristalinas y sacándola del agua.
La niña llevaba un velo dorado, y su túnica diminuta estaba adornada por kanjis raros en colores vivos. En sus muñecas, tenía dos brazaletes hechos con alguna clase de planta marina.
-¿Estás bien?
-Eres la elegida. No hay duda.
-¿Qué?
La niña acercó sus rostros, tocando el de la coneja con su velo mojado, y todo a su alrededor se tornó blanco.
Yin se despertó sobresaltada, golpeándose con el techo y cayéndose por la ventana de su habitación, hasta aterrizar de cara en el patio trasero.
-¿Y Yang es el idiota? Chiwa.
-¿estás bien?
Yuki apareció a su lado. La ayudó a ponerse de pie, y fue cuando la coneja descubrió que ambas estaban en sus formas espirituales.
-Lindo pijama.
Yin se sonrojó, descubriendo que su forma shinigami había decidido copiar su ropa de dormir rosa con imágenes de dosnicornios. Se cubrió la cara por la vergüenza, mientras la paloma negaba con la cabeza, intentando no reírse.
-No te preocupes, no hay espíritus vagabundeando hoy por el barrio. Tu secreto está a salvo conmigo, Yin.
-Eh, gracias, supongo. ¿ya podemos volver adentro? Aquí hace frío.
-por supuesto.
Al volver a su cuerpo, Yin encontró su insignia bajo su almohada, cosa que la desconcertó. La flor plateada brillaba tenuemente sobre la medalla rosa.
-¿Eso estaba ahí antes?
-Shh, vas a despertarlo.
Yuki sonrió, mirando a su hermano con una mirada enternecida.
-Oh, está como para sacarle una foto.
-Uh, ¿cuándo te enteraste de las fotos? ¿O de las cosas vergonzosas, de todos modos?
-Tengo décadas de experiencia.
-Vuelve a dormir, ¿quieres?
-Ojalá pudiera. Tengo que salir a patrullar. ¿Vienes?
Yin intentó volver a dormirse, pero descubrió que le era imposible. Se levantó, se cambió de ropa y, parpadeando ante su reloj en la mesita de noche, que indicaba que eran las 04.10 de la madrugada, activó su insignia shinigami y partieron.
-¿Viste eso? –dijo alguien a pocas cuadras del dojo, observando partir a las dos chicas-. Finalmente las cosas comienzan a ponerse interesantes.
-¿Deberíamos ir tras ellas?
-Vigilar, no matar. Le dejaremos el trabajo sucio a quienes saben hacerlo mejor.
Ambas siluetas se esfumaron, aunque continuaron observando a las segadoras desde las sombras.
Un hueco solitario intentó asaltar la iglesia, pero Yin liberó su zampakutou y lo detuvo. Resultó ser un camello vengativo, que al parecer había vivido siendo utilizado por los responsables de la institución hasta su muerte en un accidente. Su espíritu había vuelto para vengarse, pero acabó siendo purificado y enviado a la sociedad de almas.
-Así que tuviste un sueño extraño, ¿eh?
-Sí. ¿Qué piensas al respecto?
-He tenido sueños y visiones en el pasado, pero ni que fuera una adivina ni nada.
-¿Alguna vez has soñado con un bosque de árboles altos hasta el cielo? ¿O con un valle paradisíaco?
-Nunca he soñado con nada semejante. Y no reconozco esos sitios que describes. En la sociedad de almas, hay videntes, pero son raros y poco dados a contar sus secretos.
-¡Oh! ¡lo tengo! ¡Podemos preguntarle a Boogeyman!
-¡No! ¡Olvídalo!
-Vamos. ¿Por qué no quieres que vayamos a verlo? Es un médium, por el amor del Foo.
-Es un zombi. Los zombies comen almas, al igual que los huecos.
-¿Quién te dijo eso?
-No lo sé. Es sólo algo que se cuenta en la sociedad de almas.
-Si no quieres acompañarme, lo entiendo. Pero ahora es nuestro maestro en ese lugar raro donde nos inscribiste, y parece un buen tipo. Mañana, estoy yendo a verlo.
-Podría ser un enemigo.
-¿Qué? ¿Quién te ha dado esa idea?
-Su presencia. Puede que tú no te hayas dado cuenta todavía, pero siento que está ocultando su verdadera presión espiritual.
-¡Boogeyman no es un hueco come almas!
-¡Entonces, podría ser un vampiro!
-¿Es un zombi!
-¿A qué viene el ruido?
Sin darse cuenta, acababan de regresar a casa, y sus gritos habían conseguido despertar al conejo azul, que se cubría la cara con una almoada, probablemente en vistas de evitar esccharlas.
-Chicas, son apenas las cinco. ¿Podemos volver a dormir?
-¡Yang! ¡Acabamos de luchar con un hueco!
Yuki fue a sacudirlo, pero el conejo siguió roncando, incluso mientras era sacudido como un saco de papas.
-Tuve un sueño raro –dijo Yin, volviendo a la cama sin siquiera cambiarse-. Mañana visitaré a Boogeyman para saber qué piensa.
Yuki renunció a intentar despertar al conejo, caminando hacia la salida. Yin acababa de cerrar los ojos, y Yuki estaba a punto de abandonar la habitación, cuando Yang abrió los ojos de repente, saltando en su lugar y obligándolas a mirarlo.
-¿Tú también?
-Oh, por todo lo que es sagrado –Yuki resopló, mientras los tres se acomodaban en la sala de estar.
-Yin, ese tipo es raro. No confío en él.
-¿Tú también?
-Francamente, no sé nada sobre estas visiones suyas, chicos. En la historia de la sociedad de almas han sucedido muchas cosas: invasiones, masacres, guerras, experimentos ilegales, traiciones... pero jamás había oído sobre sueños espirituales de este tipo.
-Pensaba que tú eras la luchadora, no la vidente –Yin la miró, mientras ambos conejos bostezaban.
-Yang tiene razón, mejor vuelvan a dormir, puedo tomar sus turnos en el colegio, la clínica y la universidad. ¿Está bien?
-Eso es imposible –Yang dijo lo obvio.
-¡Claro que no! ¡Miren!
Yuki sacó un libro de tapa gruesa de alguna parte, hojeándolo, hasta encontrar la página que buscaba y, sonriendo, exclamó:
-¡Tachán! ¿Este hechizo modifica los recuerdos de la gente!
-¿Eso no es ilegal? –Yang dijo, durmiéndose sobre su plato.
Yin quitó el plato con el café de su gemelo, evitando así un accidente desafortunado.
-casi te quemas. ¿Y tú eres segador sustituto?
Yang roncaba a mitad de su frase.
-Chiwa.
El denreishinki de Yuki rompió el silencio, despertando al conejo y sobresaltándolos a los tres.
-¿Actividad de huecos? ¿Justo ahora? –Yin se frotó los ojos, cansada.
-¿Dónde?
-A veinte kilómetros de aquí, en un lugar llamado Minicastle.
Ambos conejos abrieron los ojos con intensidad. Yin escupió su té, Y Yang se quemó la lengua con el café, mientras la paloma los miraba, confundida.
-¡Lina y sus amigos de intercambio están ahí! –Yin fue quien vocalizó sus pensamientos.
-Será mejor que dejemos de soñar despiertos y nos apresuremos a rescatar a tu amiga –Yuki los sujetó por los cuellos de sus camisas-. ¡Vamos!
Y así, desaparecieron en un destello de reishi, cortesía del paso flash de la shinigami.
