N/A: Volví!
Brick: antes de continuar, debemos corregir un error en el cap anterior, que a un cabeza hueca se le pasó por alto.
Yo: qué?
Brick: cómo se te ocurre? Primero dices que no hay epílogo de la Guerra sangrienta de los mil años, y luego zas! Vas y dices que Rukia ya es una capitana?
Yo: dejémoslo así. (El pelirrojo enciende su visión de rayos, a punto de dispararme). ¡OK, OK! ¡Ella sigue siendo una teniente!
Brick: qué gran fiasco.
Yo: soy un novato, lo siento. ¿Ya podemos seguir con la historia y meternos en el capítulo? En serio, ha sido un día largo.
Brick: te estaré vigilando (apaga su visión de rayos de fuego, escondiendo un apuntador de hierro tras su espalda). Bueno, vamos allá!
Capítulo 10
Una pesadilla tras otra
Yang decidió aplicar una técnica que sus sucesivos maestros le habían inculcado, enseñándosela y volviéndosela a enseñar cada vez. Primero su padre, el Maestro Yo; después, Carl; finalmente, Ella Mental.
Olvidó todo menos el presente. Olvidó sus problemas, su depresión, sus ataques de pánico; olvidó que, si sus cálculos eran correctos, había un noventa y nueve por ciento de probabilidades de que todos murieran, y sólo un uno por ciento de que sobrevivieran y ganaran.
-¡Hemos llegado!
-Eh, ¿tan rápido? –Yin fue quien vocalizó la sorpresa general.
Los conejos se separaron de la paloma, observando el lugar con los ojos bien abiertos por el terror.
-No.
Yang corrió hasta llegar al centro del lugar, donde alguien había arrojado un zapato. De hecho, era de Lina, y su aspecto era similar a un juguete que un niño pequeño hubiese salivado antes de perder el interés. La saliva se había mezclado con algo rojizo, y el instinto le dijo que era sangre, y podía adivinar que pertenecía a Lina.
-¡Mira!
El conejo se dio la vuelta, encontrándose con la mirada de su gemela, que reflejaba su terror. En su mano derecha, unos anteojos con los cristales rotos se hallaba en dos partes.
-Alguien se nos adelantó –Yuki habló con un tono ominoso-. Me pregunto adónde se los han llevado.
Yin miró a su alrededor, con Yang sujetándose las orejas con frustración.
-Así que están aquí, ¿eh?
Una voz profunda habló, y los tres se detuvieron, con los ojos desorbitados.
-¿Quién eres? ¿Y qué hiciste con Lina? –Yang exigió.
-¿Dónde los tienes, monstruo? ¡Te exijo que te muestres! –Yuki exclamó, su voz cargada de ira y urgencia.
-Palabras duras para una shinigami tan débil –dijo la misma voz, antes de proferir una fuerte carcajada-. Si adivinan dónde estoy, puede que deje ir a una de mis presas.
-¡Maldito monstruo! –Yang gritó, una mezcla de ira y desesperación subiendo por su garganta.
La voz no contestó esta vez, así que los tres se dispersaron por el lugar.
Yuki corrió en círculos por el castillo, una atracción de aquel lugar diseñada para los turistas. Cuando se le ocurrió volar hasta la cima, de golpe fue sorprendida por una nueva escena impactante.
-¡Chicos! ¡Vengan aquí!
Los conejos comenzaron a escalar el castillo en miniatura, llegando un minuto después hasta su compañera, con Yin siendo la primera en llegar a la cima.
Yang aterrizó a su lado, y se le paró el corazón por un instante. Frente a ellos, una perrita pequeña, de once o doce años, yacía echa un trapo, con sangre saliendo de su nuca.
-¿Ella está...?
Yang sintió que, si las cosas continuaban empeorando, acabaría por desmayarse.
-No, aún está viva –dijo Yuki, tras colocar dos dedos en su cuello-. Pero necesita atención urgente, o morirá.
-Los huecos comen almas. ¿Por qué la ha lastimado, en lugar de devorar su alma? –Yin tuvo que atreverse a preguntar.
-¡Bien! –sonó la voz atronadora del hueco-. ¡ya están cerca! ¿Apúrense y quizás puedan evitar que el hermano de la niña muera! ¡Ja, ja, ja!
Yin apretó los puños, Yuki los dientes, pero Yang comenzó a sollozar, empezando a entrar en pánico.
-vámonos –Yuki los sujetó por sus orejas-. ¡Paso Flash!
Bajaron a toda velocidad y se dirigieron como un rayo hacia donde adivinaron que el hueco mantenía cautivos a sus amigos. Mientras se iban aproximando, el denreishinki de la shinigami sonaba cada vez más fuerte, hasta que la paloma acabó por apagarlo, comenzando a bajar la velocidad.
Los conejos dejaron de girar, sacudiendo sus cabezas, con las orejas de cualquier manera.
-la próxima vez que hagas eso, avísame, ¿quieres? Todos estamos preocupados, pero tenemos que seguir respirando antes de ir a por los cautivos –Yin reprendió a una Yuki imperturbable.
-¡vamos!
Sin hacerle el menor caso a la coneja, la paloma comenzó a trotar, con su zampakutou desenvainada y lista. Los conejos la imitaron, pero era obvio que estaban asustados de lo que pudieran encontrarse a continuación.
Yuki colocó a Lila, aún inconsciente, en un rincón entre arbustos, mientras vendaba su cabeza.
Frente a ellos, había una casona vieja y abandonada, con las rejas partidas, y un ambiente siniestro rodeándola. Este lugar estaba apenas a diez cuadras del parque de juegos, pero se suponía que era la residencia de los estudiantes, no su tumba.
-Vayan en silencio. No queremos que se de cuenta de que estamos aquí –les susurró la shinigami, mientras presionaba algunos botones en su aparato.
-¿Qué haces? –Yin susurró.
-Llamando refuerzos.
Sin otra palabra, se guardó el dispositivo y los guió hacia el interior de aquel sitio en penumbras.
Yang volvió a practicar su método. Respiró hondo varias veces, olvidándose de lo terrorífico que se había vuelto todo.
Haciendo el menor ruido posible, ingresaron en la casa. Lo primero que notó el conejo azul fue que el lugar había estado habitado hacía nada. la hoja de su espada acababa de encenderse,haciendo las veces de una linterna, aunque él no había pretendido hacer nada.
Yuki desapareció en el piso superior, y su gemela se perdió por el pasillo.
-Psst, psst.
Yang estuvo a punto de salir corriendo, cuando una mano cayó sobre su boca.
-¡Mmmmm!
-Shh, soy yo. Jack. Tú debes ser Yang, ¿verdad? ¿El novio de Lina?
Yang asintió en silencio, observando con su espada brillante al perro adolescente frente a él. Tanto sus muñecas como sus tobillos estaban llenos de rasguños. Tenía un ojo morado y el labio partido. Le faltaba un zapato y el otro lo llevaba como una muleta, partido en dos y sujeto a su pie por una cuerda.
-¿Dónde está el hueco?
-¿Qué cosa? Ah, ¿te refieres al tipo que nos secuestró? Estoy asustado, me imagino que tú también.
Jack guió al conejo por el pasillo adyacente al que su hermana había utilizado, pisando con cuidado.
-¿Sabes dónde están los demás? ¿Lina?
-Él me dijo que mató a mi hermana. ¿Es verdad?
-No. Es decir, la encontramos en ese castillo hace minutos, pero aún está viva.
Jack respiró aliviado, pero no redujo el paso.
Yang sintió que algo andaba mal. Acababan de llegar a una habitación, quizás una sala de estar. El conejo hubiera preferido que su zampakutou no tuviera la capacidad de iluminar los objetos a su alrededor, eso le habría ahorrado el vómito que subió por su garganta y que estuvo a punto de ahogarlo.
El lugar estaba lleno de los estudiantes, todos ellos muertos. La mayoría tenía mordidas en sus brazos o les faltaban las zapatillas. La sangre no era lo más destacable de la tétrica escena, ya que el hueco parecía haber utilizado sus colmillos con el único propósito de amedrentar a sus víctimas. Lo que sí lo paralizó, más allá de la escena misma, fue el sentimiento de desesperación que le oprimía el pecho.
Fue cuando lo sintió. Algo o alguien estaba en la siguiente habitación.
-Tenemos que irnos de aquí. Ahora –Jack lo sujetó de su brazo, con los ojos llenos de lágrimas-. Por favor, amigo. Sácame de aquí.
-Cállate, ¿quieres?
Pero el grito de la habitación adyacente impidió que pudiera continuar impasible, aunque claro, ésa era sólo una fachada. El corazón se le subió a la garganta y, zafándose del agarre del pobre chico, salió corriendo, cortando la pared de en frente.
Lina colgaba de una cuerda en el techo. Sus gritos eran apenas sofocados por una cinta en su boca.
Yang fue a rescatarla, saltando para llegar hasta la cuerda. Consiguió cortarla, y atrapó a su novia en el aire, desatándola y quitándole la cinta.
-¿Estás bien?
Lina se limitó a abrazarlo, sollozando en su hombro.
-Fue horrible. Él... mató... los mató a todos, Yang. Ellos no se lo merecían...
-Todo estará bien. ¿Estás herida?
-Ella no –dijo una voz ominosa a su lado-. Pero tú pronto lo estarás.
Antes de que fuese capaz de darse la vuelta, un puño del tamaño de su cabeza se estrelló en su espalda, arrojándolo contra la pared.
-¡Corre!
-Ese chico fue una excelente carnada. Sólo le puse ataduras fáciles de romper para que te atrajera aquí. Pero como te retrasabas, tuve que tomar medidas.
Yang se reincorporó a duras penas, pero su espada había volado a la otra punta de la habitación, emitiendo un resplandor ominoso. Fue gracias a ese resplandor que pudo entrever a su atacante.
El hueco tenía una forma particular. Se asemejaba a un cangrejo gigante con tres ojos, con algunos tentáculos en su espalda. Aunque sólo podía distinguir sus ojos y los tentáculos, al menos tres, adivinó que mediría al menos tres metros.
Lina corrió hacia él, enterrando su cabeza en su pecho.
-¿Qué estás haciendo? ¡sal de aquí!
De repente, algo brilló en el cuello de la perrita. Se trataba de la moneda de la fortuna que le había regalado Orihime, la cual había convertido en un collar.
-¡Qué conmovedor! ¡morirán juntos ustedes dos! ¡Permítanme cerrar este acto trágico!
El hueco dio un paso en su dirección, pero Lina se puso de pie, abrazando su collar.
-¿Deseas morir primero?
-Deseo que desaparezcas.
De pronto, la moneda se transformó en luz. Instantes después, Lina esgrimía una espada refulgente, con el mango en violeta y la hoja en rojo. La guarda tenía la forma de dos lágrimas.
-¿Otra shinigami molesta? ¡No importa! ¡Mi comida no será interrumpida!
Lina saltó hacia el monstruo, hundiendo la hoja de su espada en su caparazón, antes de saltar hasta el extremo opuesto del lugar.
-ya veo, ¡eres una fullringer! ¡Serás deliciosa!
Lina aprovechó su distracción para recoger la zampakutou de su novio y lanzársela a continuación.
Lina fue a saltar una vez más, pero tropezó en la oscuridad, antes de que uno de los tentáculos del hueco la alcanzara, lanzándola por los aires. Lina se restregó su cabeza dolorida, observando con horror cómo su espada volvía a convertirse en una moneda.
-Con el poder de una zampakutou de shinigami, ¿eh? Así que un conejo shinigami y una fullringer con habilidades de shinigami. ¿Alguien más vendrá al banquete?
Yin cayó por una ventana, pasando al lado de la criatura y llevándose uno de sus tentáculos con ella.
-¡Eso dolió!
-No hemos venido a comer, sino a purificarte.
El hueco comenzó a reírse, histérico.
-¿Purificarme? ¿En qué mundo vives?
Yin se acercó a ellos, colocándose frente a su mejor amiga para protegerla.
Yuki apareció por una puerta trasera con su velocidad mortal, lanzando una patada a una de las pinzas de la criatura.
-Y aquí pensaba que ya estaríamos todos. ¡Oye! ¿No eres Yuki?
Yuki fue a cortarlo con su espada, pero Cheibukai Karasu se deslizó de su mano, antes de desvanecerse.
-¿Intentando escapar?
Yuki pateó y golpeó la pinza de su enemigo, impotente.
-No lo entiendo. ¿Por qué volvió a suceder?
-Pues parece que no vamos a averiguarlo. Tengo algo más interesante, ¿qué tal si te digo qué lugar ocuparás en mi estómago?
-¡Suéltala!
Yin dibujó un arco en el aire, aunque su hermano y su amiga vieron que su brazo actuaba solo. Una pequeña rosa roja salió disparada de la hoja, al parecer salida de ninguna parte, yendo a caer en la pinza que mantenía cautiva a la shinigami.
-¿Qué es esto, una rosa? ¿Piensan vencerme con florcitas?
El hueco se echó a reír, hasta que la rosa tocó su pinza, explotando en una ráfaga de fuego y obligándolo a soltar a su víctima, mientras su pinza echaba humo.
-¡Yin, eso fue increíble! ¡Hazlo de nuevo!
Yang comenzó a recuperar la esperanza, pero la perdió rápidamente.
-¡No sé cómo lo hice!
Yuki cayó de pie frente a ellos, acariciando su pierna, por donde acababan de sujetarla.
-Necesitamos ayuda. Ustedes son inexpertos y yo acabo de perder mi zampakutou por alguna razón inexplicable.
-¿Tu espada te odia? –Lina le preguntó, intentando ocultar su miedo.
-Claro que no. Debería poder usar mi shikai, es lo mínimo que debería poder hacer. ¡Rayos! ¿Dónde está la ayuda cuando más la necesitas?
De repente, la mitad de la casa tembló, y dos huecos más, también con forma de cangrejo, pero con cinco tentáculos en sus caparazones en lugar de tres, salieron de un pasillo, paralizándolos en su lugar.
-¡hermanos! ¡estamos de suerte!
-¡Sí! ¡Todos esos reiatsus débiles me estaban arruinando el apetito!
Uno de los monstruos recién llegados saltó hacia delante, golpeando la pared con su pinza, haciendo que la estructura comenzara a caerse a pedazos.
-¡idiota! ¡Queremos comérnoslos, no hacerlos picadillo!
-Lo siento. Me emocioné.
Yuki invocó un hadou, pero el enorme cangrejo hueco lo vio venir, esquivándolo con facilidad y levantándola del suelo por el cuello con su pinza descomunal.
-A ver, a ver. Hueles raro. Una shinigami con olor a un animal... Muy raro, en verdad.
-¡Suéltame, abominación!
-¡Deja de jugar con la comida y cómetela ya!
-OK.
Fue a darle un mordisco, pero su boca fue perforada por una flecha de reishi, que entró por la ventana y bajó por su garganta.
-¡Y también sabes rara! Espera, ¿qué me acabo de comer?
Una decena de flechas atravesaron la ventana a su lado, volándolo en pedazos.
-¿Alguien llamó a la caballería?
Uryu saltó por la ventana, parándose en el marco con una sonrisa.
-¡Acaben con él!
Uryu desapareció al saltar hacia el exterior, al tiempo que los dos huecos restantes lo imitaban. Poco después, los cuatro amigos lo siguieron.
Fuera, Jack abrazaba a su hermana. Orihime acababa de curarla con sus poderes y ambos hermanos lloraban de alivio.
Chad miró desde su posición al lado de la coneja blanca, observando a Uryu enfrentarse a los huecos.
-miren, ahí están.
El oso señaló el lugar donde acababan de aterrizar todos, pero el quincy parecía tranquilo.
-¡Uryu! ¡Deja de jugar y acaba con ellos!
-Está bien. ¡Prueben todo el poder de Ginrei Kojaku!
Un millar de flechas atravesaron el aire, destruyendo a ambos huecos a la vez, pero apenas.
-No eran Menos normales. Ni Arrancar, lo cual es curioso.
-¿Están todos bien? –Orihime fue a su encuentro.
-Todos. Todos mis amigos están ahí –Jack señaló la casa-. Todos están muertos.
-No te preocupes –Uryu desactivó su arco, cruzándose de brazos con despreocupación.
-¿Estás loco? Mis compañeros están muertos, ¿y me dices que no me preocupe?
Orihime se introdujo en el lugar. Una luz de gran potencia iluminó la casa desde su interior. Media hora más tarde, la chica acompañaba a los casi veinte estudiantes de intercambio fuera del lugar.
-Oigan, ¿qué fue lo que pasó? –dijo uno de ellos.
Jack corrió para abrazarlos, sin poder creerse lo que estaba viendo. Yin, Yang, Lina y Yuki estaban tan asombrados como él.
-Gracias por enviar un SOS –dijo Chad horas más tarde.
-Sí, un minuto más y no llegamos –dijo Uryu, muy serio.
-¿Por qué tenías que traer a este idiota? ¿No pudiste haber llamado a alguien más?
-Ellos vendrían también, y Lila estaba grave, no había de otra –dijo Yuki, encogiéndose de hombros.
-Si tanto te molesta mi presencia, niño, lo mejor que puedes hacer es volverte más fuerte que yo, de modo que nadie tenga que ir a salvar tu patético trasero.
Yang activó su insignia, pero cuando fue a desenvainar su zampakutou, ésta pareció electrocutarlo, antes de obligarlo a soltarla. Ante sus propios ojos, la espada desapareció en un destello luminoso.
-Recuérdame no hacer eso con mis linternas en casa –dijo Roger.
Todos se encontraban ahora en el parque habitual. Eran pasadas las dos de la tarde, pero debido a que era sábado, estaban libres del colegio por el día. Lina se había ido a acompañar a sus amigos para cuidar de ellos, y evitar que volvieran a atacarlos.
-Déjame ver si entendí esto –Uryu habló una vez más-. ¿Dices que tu amiga acaba de conseguir una espada?
El quincy se había dirigido a Yin, pero su gemelo se encontró asintiendo en su lugar.
-¿Crees que ella sea una fullringer como Orihime y yo?
-Esa espada era como una zampakutou –objetó Yuki, contrariada-. Nos la mostró, pero por alguna razón su activación dura apenas un par de segundos.
-Un fullring se activa gracias a una emoción, no con simple voluntad –resumió Chad, relajado.
-No entiendo nada. ¿Por qué todos ustedes tienen poderes geniales y nosotros seguimos en la lona? ¡No es justo!
-Por mi parte, Roger, prefiero limitarme al Woo-Foo que ya sabemos –dijo Dave, apaciguador.
-Mi zampakutou sigue desapareciendo, y mi kido no deja de fallar. No sé por qué está pasando esto, pero es como si estuviese perdiendo mis poderes.
-entonces, ¿es cierto? ¿Les transferiste poderes shinigami a estos dos? –Orihime estaba sinceramente asombrada.
Orihime, Chad y Uryu compartieron una mirada extraña, mezcla de preocupación y algo cercano al reconocimiento.
-No, no podría ser otro Hogyoku –Chad concluyó aquella conversación silenciosa.
-¿Ogiuko? ¿Qué tiene que ver la estrella zodiacal con esto?
-Yang, se dice Ofiuco. Yo tampoco los entendí –Yin se encogió de hombros.
-Es algo que un conocido nuestro creó, pero que un villano robó para intentar dominar el mundo –Chad dio la explicación corta.
A su lado, Orihime se estremeció por una razón desconocida para sus nuevos amigos.
-Yuki, ¿tú sabes de qué están hablando? –la coneja rosa fue directa.
-Hm, no estoy segura. Creo haber oído hablar de esta cosa, Hogyoku o lo que sea, pero nunca me permitieron conocer más sobre el tema. Sólo llegué a enterarme que un antiguo villano, un traidor de la sociedad de almas, lo utilizó para intentar dominar el mundo, como dijo Chad. Pero eso es todo lo que sé.
-Larga historia –acotó el señalado, encogiéndose de hombros y dando por cerrado aquel tema.
-¡No es justo! ¡Quiero tener poderes increíbles como todos ellos!
Dave observó cómo se iban marchando todos, quedándose junto con Roger.
-Si tanto te interesa, supongo que podemos preguntarle a Orihime en algún momento. Uf, eres imposible, ¿lo sabías?
En la academia y casa de los gemelos, cada uno había decidido compartir su sueño con la shinigami, pero por separado. Cuando quise saber por qué querían que sólo ella supiera los detalles y que el otro gemelo estuviera en la oscuridad al respecto, simplemente alegaron que era mejor no alterar la calma del otro, y no continuó preguntando.
-Está bien, aquí voy –Yang comenzó a contar su sueño o visión a la shinigami.
FLASHBACK
Aquella selva no era desconocida para el conejo. Bueno, no sabía su nombre, ni qué criaturas habitaban en su interior, ni le importaba saberlo. Si era producto de su mente desbocada, simplemente despertaría y ya. Mientras, trataría de disfrutar de las sensaciones que ese sitio idílico tuviera que ofrecerle.
Saltó entre la vegetación, luego escaló un árbol, saltando de rama en rama como un ninja. A lo lejos, creyó ver algo o a alguien moviéndose como él, imitando sus mismos movimientos. Saltó del árbol y cayó al suelo, pero ningún animal ni insecto le dio la bienvenida. En cambio, su aura se iba alejando cada vez más, corriendo entre los árboles y destrozando el lugar.
-¡hey! ¡Regresa!
Era extraño; si este lugar era una selva, ¿dónde estaban todos los animales e insectos que la habitaban? O su cabeza estaba más hueca que de costumbre, o era cuestión de tiempo hasta que alguna criatura lo saludara.
Corrió para alcanzar su aura, pero ésta saltaba y giraba hábilmente, como si se conociera este lugar como la palma de su mano.
Yang dio un último salto mortal, cayendo frente a su aura, finalmente consiguiendo acorralarla contra la tupida vegetación.
Fue cuando notó algo escalofriante. Su aura se quedó muy quieta, pura energía azul, sin ojos ni rasgos de un rostro, ya que él mismo no estaba utilizándola. ¿Qué?
Entonces fue cuando se dio cuenta de lo que había pasado. Lo que le había causado aquel escalofrío. Lo que explicaba el extraño silencio.
Excepto por los árboles y demás plantas, toda criatura alguna vez viva había muerto. Agudizando su visión, fue repentinamente capaz de ver a través de cada árbol, bajo cada helecho y por encima de cada rama; pero todo estaba muerto allí: insectos, arañas, junto con los pocos animales que aún no se habían unido al polvo. Tigres, leopardos, leones, simios de todo tipo, lobos, panteras, elefantes, gatos...
-¿Desde cuando una selva tiene gatos? Uh, no importa, ésta es mi imaginación, supongo que debí haber dejado los documentales sobre la naturaleza por una vez. Aunque la maratón del otro día fue interesante. Uh, si mis amigos o mi hermana supieran que me gustan estas cosas, nunca me dejarían en paz.
El conejo se percató de algo interesante. Entre los seres que yacían muertos a su alrededor, no vio ni conejos, ni palomas, ni serpientes.
-O mi mente acaba de convertirse en una copia barata del Canal Naturaleza, o me he vuelto loco. Uh, me pregunto si podré cambiar de canal pronto.
Cuando volvió a centrar su mirada al frente, se percató, alterado, de que su aura se había esfumado.
-Oh, por el amor del foo. ¿Adónde se fue?
De repente, todo el lugar comenzó a temblar, como si un terremoto comenzara a arrasar el lugar. Un árbol gigante fue arrancado de cuajo del suelo frente a su cara, y lo habría aplastado, si no fuera porque, por alguna razón, se vio siendo transportado a otra parte.
-Vaya, aquí hay material para varias novelas, ja.
De repente, cayó frente a una columna gigante, a centímetros de golpear su base con su cabeza.
-¡Chiwa! ¡Esta cosa es tan alta que no puedo ver el final!
En efecto, la extraña estructura se elevaba hasta perderse por encima de unas nubes extrañamente tranquilas.
De la nada, uno de los lados del misterioso pilar empezó a brillar, antes de que éste temblara, al punto que tuvo que alejarse para evitar caerse. Sin su voluntad, comenzó a ser arrastrado a aquel lugar del pilar, donde un portal se lo temrinó tragando.
Yang creía que finalmente podría despertar, pero ya no tenía idea de si su mente era la que le estaba jugando una mala pasada, o si se trataba de algo completamente diferente. En todo caso, era absolutamente diferente a todo lo que alguna vez experimentó en un sueño.
Flotó en mitad del aire, deslizándose lentamente hacia abajo, hasta tocar el suelo, cosa rara porque, pese a que encontró un apoyo sólido, no fue capaz de distinguir sobre qué estaba parado; parecía agua, aunque era difícil saberlo debido al increíble resplandor que lo rodeaba.
Un grito a lo lejos lo despertó de aquel trance de relajación, y le ordenó a su cuerpo que se moviera en dirección al grito. SU cuerpo se movió como él quería, pero no sintió que estuviera corriendo en absoluto. Era como estar vadeando un río de espuma y vapor.
Fue cuando consiguió tocar algo sólido, una mano que buscaba aferrarse a algo desesperadamente. Sin dudarlo, Yang tomó aquella mano, y comenzaron a elevarse hacia arriba.
Frente a él, un niño de raza desconocida, cubierto completamente por una túnica azul con extraños símbolos en toda su vestimenta, parecía sonreírle bajo un velo de color dorado.
-¿Estás bien, amigo?
-Ahora lo estoy. Eres el indicado.
De repente, el niño lo agarró por ambas orejas, golpeando sus cabezas entre sí y mandando al conejo a volar, literalmente, hasta que su giro en el aire fue tan veloz que todo a su alrededor se tornó blanco.
FIN DEL FLASHBACK
-Wow. Bueno, eso es... impactante. De película.
-¿Tú crees? Ojalá así fuera, entonces no habría tenido que soportar todo eso. Me pregunto qué significaba mi sueño. O pesadilla, porque casi todo el tiempo me sentí abrumado.
-Bueno, Yang, no soy una vidente, pero creo que tu sueño y el de tu hermana están relacionados.
-¿Por qué? Espera, acordamos que tú podrías escucharnos si no compartías nada al otro.
-No compartiré los detalles. Pero en ambos, esta extraña columna y una escena aún más inquietante, salvando a alguien... Sólo digo que no pueden ser simples sueños. Tienen que ser importantes, por alguna razón.
-Pues sólo espero que no se repita. Hoy ha sido una pesadilla tras otra. Primero, tengo estas visiones aterradoras; después, resulta que unos huecos aún más peligrosos que los que enfrentamos el otro día intentan matar a mi novia. Estoy cansado de todo esto.
-Lo siento, Yang, no tengo las respuestas, al igual que ustedes, sólo tengo preguntas.
-De todos modos, gracias por escuchar.
-¿Por qué no haces algo para despejarte? ¿Qué sueles hacer cuando no estás trabajando?
-¿A qué te refieres?
-¿Cómo lo llaman? ¿vacaciones? Ya sabes, diviértete un rato, distráete, libera tu mente, lo que sea. Relájate por una vez.
-¡Pero no puedo tomarme vacaciones justo ahora! ¡Mi editor va a matarme! Encima de todo, ¡ahora también tengo que proteger a mis amigos de esos huecos asquerosos! ¿Qué se supone que haga?
-Comienza por respirar hondo. Estás a salvo conmigo.
Yang lo hizo, pero era difícil relajarse después de todo lo que acababan de pasar.
-¿Qué tal si escuchas algo de música? Hmm, en la sociedad de almas no conozco la música de la última hora, en serio, pero podría buscar algo.
-dame eso, yo no escucho radio. Pero gracias por el consejo, voy a escuchar algo en la televisión de la sala.
-Procura escapar de los noticieros.
-Claro, no necesitas recordármelo.
-Yo voy a salir a patrullar un rato, ¿está bien? Yin está de camino a ver a Lina, y creo que mencionó a Coop uniéndose a ellas. Supongo que no tarda en regresar.
-De todos modos, ten cuidado, ¿quieres?
Yuki asintió, contenta de que alguien se preocupara por ella, y que ese alguien no fuera ni su actual capitán, ni ningún oficial del Seireikei, ni nadie semejante.
Ella decidió dejar su cuerpo allí mismo, para que éste le hiciera compañía al conejo mientras no estaba. Aunque ella no había sido capaz de conseguir ninguna alma modificada, algo en los conejos y sus amigos la hacía querer protegerlos.
Una hora más tarde, volvió a su cuerpo, pero por alguna razón inexplicable, se sentía más pesado de lo normal.
-Uh, creo que algo me cayó mal. Yang, ¿tienes algo para el dolor de estómago?
-Nop. Yin dice que no debemos utilizar tantos medicamentos. De todos modos, es obvio que sus métodos no siempre funcionan, así que siempre tengo algo. Espera, ¿Qué? ¡Oh, chiwa!
-¿Qué ocurre?
-Se me acabaron. Pero iré a la farmacia a comprar más. Espérame aquí, ¿de acuerdo? No me tardo.
-Lo que sea.
Yang abandonó el dojo por un minuto. Pero la paloma estaba impaciente. Pocas veces en su vida había sentido semejante pesadez. Por alguna razón, comenzó a sentirse entumecida de golpe.
-¡maldición! ¿Esto es culpa de la comida de este mundo o mi gigai vino defectuoso de fábrica? ¡Urahara me las va a pagar si es lo último!
Sin saber qué más hacer hasta que el conejo regresara, Yuki comenzó a caminar por el lugar, hasta que acabó por salir por la puerta, más impaciente ahora, si eso era posible.
-Yang, ¿por qué te tardaste tanto?
Sonrió al ver que alguien venía por la esquina. Creyó que se trataba del conejo, pero su corazonada estaba muy equivocada.
Su mirada se convirtió en una de confusión al toparse nada más y nada menos que con uno de los más famosos tenientes de las 13 Divisiones. Renji Abarai.
-Yuki Minamoto –comenzó el chico, mientras extendía su zampakutou, aún sellada.
-Deja tu gigai y entrégate –una segunda voz vino por detrás de Renji.
Un hombre alto de tez morena, delgado y con el emblema del Primer Escuadrón, se colocó al lado derecho del teniente, con su mano derecha sobre su propia zampakutou, ubicada en su cintura pero aún oculta.
-¿Q-qué está pasando?
Una tercera figura apareció al lado del teniente, esta vez a su izquierda, completando la encerrona.
-Quedas arrestada por infringir varias leyes de la sociedad de almas.
Yuki estaba demasiado anonadada como para reaccionar, acorralada ante no uno sino tres oficiales de alto rango del Seireikei.
-Entrégate sin resistencia y seremos amables, oficial Minamoto –esa voz inconfundible acabó por sellar el shock.
A lo lejos, Yang regresaba con los medicamentos para la shinigami. Justo cuando cruzaba la calle, su cuerpo quedó paralizado tanto por la sorpresa como por el increíble poder espiritual que sentía emanando de las tres nuevas presencias.
-Serás juzgada por tus crímenes –dijo la tercera figura, una chica menuda de pelo negro.
-Con un juicio justo, claro –dijo el del medio, incómodo.
-No. Esto no puede estar pasando.
Yang consiguió salir de su shock en ese preciso momento, y corrió para protegerla. Yuki, mientras tanto, sólo consiguió caer de rodillas, con la cabeza gacha ante sus captores.
-Esto no tiene sentido. Por favor...
-¡Alto ahí! ¡Déjenla en paz!
-¿Yang, no!
Pero ya era demasiado tarde. Una batalla estaba a punto de comenzar, y Yuki dudaba seriamente de que el conejo fuera a salir vivo de ésta.
