Capítulo 11
Una despedida más dolorosa que la muerte
Sin dudarlo, Yang activó su insignia de shinigami sustituto, desenvainando su zampakutou recién adquirida.
Los tres oponentes frente a él tenían una presencia intimidante, cada cual con su medida propia de presión espiritual. También se daba el rarísimo evento de que los tres tuvieran forma humana en vez de animal, a diferencia de la shinigami a su espalda (excepto por Saranoya, no recordaba haber conocido a nadie con características similares; el Manotauro no contaba).
-Yuki, quédate detrás de mí. No te preocupes, no permitiré que nadie te lastime.
Una extraña convicción se había apoderado del conejo, y no pensaba dejarla ir ahora.
-¡Espera! ¡No lo hagas! ¿No entiendes que ellos te matarán? ¡Corre! ¡Vete de aquí!
Pese a sus súplicas, el conejo no se movió ni un centímetro.
A casi dos kilómetros de allí, Yin percibió que algo andaba muy mal. Sentía como si de repente, hubiera un peligro inminente, uno que la obligó a despedir a su novio y mejor amiga rápidamente y salir corriendo en dirección a donde el reiatsu de su hermano comenzaba a aumentar, pero era empequeñecido en comparación de otros tres, pertenecientes a seres desconocidos.
En su mente, pudo visualizar la escena en desarrollo, cosa que la descolocó completamente, deteniéndola en mitad de su carrera.
-Minamoto, ¿por qué tu gigai tiene el aspecto de un animal? –el oficial del Primer Escuadrón fue quien hizo la pregunta.
-No lo sé, oficial. Recuerdo haber despertado con esta forma al llegar a este mundo –fue todo lo que consiguió vocalizar.
-Un conejo con una zampakutou. Qué raro. Rukia, pensaba que los conejos eran animalitos inofensivos, ¿qué pasó con éste?
-Ni idea, Renji. ¿Podemos terminar con esto de una maldita vez?
-¿Quiénes son ustedes y qué quieren con mi amiga?
-No te importa, chico –dijo el que parecía el mayor del grupo, a la derecha del tal Renji.
-¡Pues no opino lo mismo!
-Lo que opines no importa –dijo el hombre, cortante-. Oficial Minamoto, entrégate ahora y no nos veremos obligados a utilizar la fuerza.
-Yang, apártate –suplicó la paloma-. No es bueno provocarlos.
-¿Y dejar que ellos te arrastren a casita? ¡Ni hablar! ¡Pasarán sobre mi cadáver!
-Antes de que hagas algo de lo que puedas arrepentirte, será mejor que sepas con quiénes estás tratando –dijo aquel adulto, el más conspicuo del grupo-. Mi nombre es Shinto Kirisame, y soy el cuarto oficial del Primer Escuadrón del Seireikei.
-Renji Abarai, teniente del Escuadrón 5.
-Rukia Kuchiki, teniente del Escuadrón 13.
-Yang Chad, caballero Woo-Foo en entrenamiento y segador de almas sustituto.
-Así que es cierto. Robaste la insignia de Ichigo Kurosaki –Rukia apuntó un dedo acusador a Yuki, quien la miraba como una presa a punto de ser devorada por su depredador.
-¡No! ¡Yo jamás lo haría!
-¡Basta! ¡Tus mentiras no te salvarán de tu castigo!
Rukia extendió su zampakutou, aunque al igual que el otro teniente, todavía no la desenvainaba. Pero era cuestión de tiempo.
Renji le colocó una mano en su hombro, deteniendo su avance.
-Todos tranquilos. Yo me encargo. Oye tú, conejo. Así que tienes una zampakutou, ¿eh?
-Sí, ¿y eso qué?
-Pues que, a diferencia de ti, nosotros no hemos desenvainado las nuestras. Te recomiendo que te hagas a un lado y nos dejes hacer nuestro trabajo.
Pero Yang no se lo permitiría. O, al menos, intentaría que ése no fuera el caso.
Cuando el teniente fue a dar otro paso en dirección a Yuki, Yang blandió su espada, listo para atacar.
-Supongo que no podemos evitar esta pelea. Muy bien, tú lo pediste. ¡Ruge, Zabimaru!
El pelirrojo desenvainó su zampakutou, mientras Yuki intentaba detener al conejo, pero sus súplicas, una vez más, cayeron en oídos sordos.
Yang le permitió hacer el primer movimiento, esquivando el golpe del enorme machete por centímetros.
-¿Qué pasa? ¡Asustado?
-¡Claro que no!
Yang saltó para esquivar otro golpe, aprovechando el gran ego de su oponente como ventaja.
-Sabes esquivar, eso es bueno. Pero si es todo lo que piensas hacer, no ganarás esta pelea.
Yang aprovechó la primera apertura que vio en el pelirrojo, dirigiendo un corte a su hombro. Renji, por su parte, se restregó el sitio, pero la herida no era lo suficientemente importante como para detenerlo.
-¡Eso es todo?
Yin consiguió descongelarse al fin, y continuó corriendo.
-¡No! ¡Toma esto!
Yang intentó darle un segundo golpe, pero el shinigami era más experimentado, y evadió cada una de sus estocadas casi sin esfuerzo.
Renji consiguió alejarse, mientras saltaba al techo de la academia. EL conejo lo siguió, mientras los demás observaban desde el suelo.
-Si no te rindes, voy a tener que obligarte.
-¡Oblígame, entonces!
Abajo, Shinto acarició su barbilla. Su mirada, al igual que el resto, permanecía atenta a la batalla.
-¿Se han fijado? EL chico no ha pronunciado el nombre de su Zampakutou.
-Entonces, eso podría significar que no tiene ni siquiera un shikai decente. Minamoto, tu amigo está perdido.
Yuki permaneció callada, temerosa de recibir más acusaciones por parte de sus superiores.
Arriba, la pelea continuaba.
Harto del conejo, el chico de pelo carmesí lo cortó en el mismo hombro donde lo habían herido.
-¡no hagas esto más difícil!
-¡No me lo pongas fácil, entonces!
Yang se hizo a un lado, evitando que su brazo continuara recibiendo el escarmiento de golpes, atacando a gran velocidad, pero el siguiente machetazo lo arrojó por los aires, haciéndolo caer a centímetros del borde.
-¡yang! ¿Cuidado!
-¡Grita todo lo que quieras, Minamoto! ¡Tu amigo no tiene ninguna oportunidad!
-Está bien, teniente Kuchiki, creo que ya entendió el punto –su compañero le puso una mano en el hombro, intentando apaciguar su ira.
El conejo se reincorporó como pudo, y por el rabillo de su ojo, un destello captó su atención. Rukia acababa de desembarazarse de la mano de su compañero y le había lanzado un hechizo, distrayéndolo. Consiguió atajarlo con su espada a tiempo, pero Renji aprovechó su oportunidad y lo atacó directamente, obligándolo a retroceder, resbalando por el borde y cayendo al suelo.
-¡Hey! ¿Tramposos!
-No existen las batallas justas, amigo.
Por suerte, el conejo consiguió aterrizar en sus pies, pero la herida en su pecho era realmente grave.
Yin llegó justo a tiempo para que ya no tuviera que ver la batalla en su cabeza, sino directamente. Se dispuso a unirse a su gemelo, activando su insignia y desenvainando su Zampakutou.
-La coneja es mía –Rukia fue a dar un paso, pero Shinto la detuvo.
-Si me disculpa, teniente Kuchiki, no quisiera perder más tiempo en esta misión. No tiene por qué ensuciarse las manos. Déjeme encargarme del asunto.
Al parecer satisfecha, la chica menuda asintió, lanzándole a la paloma una mirada maliciosa.
-No sé qué esperas poniendo en peligro la vida de tus nuevos amigos así. Quizás éste sea un comienzo adecuado para tu castigo, ¿hm?
-Por favor, teniente Kuchiki. Ellos no tienen la culpa de nada. Soy la única responsable de que estén utilizando las insignias.
-Espera, ¿dijiste insignias? ¿En plural? Hmm, ¿acaso robaste también la de Ginjo? Uh, no importa. Pronto, nada de esto tendrá importancia –dijo Shinto.
-¡Ven aquí, entonces! ¡No caeremos sin luchar!
-¡Yin, espera! –su hermano llamó su atención, aún con su mano sobre su pecho, en un débil intento por detener el sangrado-. Ten cuidado.
Ella asintió, y tomó posición frente al shinigami pelinegro.
-¡Reparte el destino y dame la victoria! ¡Saca, Kingu no Dekki!
Algo en el cinturón del hombre mayor brilló, antes de que extrajera el arma más inesperada jamás imaginada por la coneja.
-¿Un mazo de cartas? ¡Qué es esto, un truco de magia? ¿Vas a hacerme elegir una carta a ver si aciertas la que elijo?
-Esto debería ser interesante –Renji aterrizó junto a Rukia-. La Zampakutou de Kirisame es una de las más raras de la sociedad de almas, y nunca la hemos visto en acción antes.
-¡Es mejor que no esperes que sea fácil contigo, niña!
-¡Sólo intenta vencerme!
Shinto lanzó una carta azul y amarilla al aire, antes de arrojársela a la coneja, que la esquivó con facilidad. Ésta pronunció un arco inverso cual un bumerán, y su usuario la recuperó.
-Acabo de registrar tu presión espiritual. Por lo que veo, aún no puedes controlarla. Lástima, hubieras hecho esta pelea mucho más interesante.
La siguiente carta que le arrojó chocó con su zampakutou, rebotando y regresando a su dueño al igual que la última vez.
-Ahora tengo un registro de tu Zampakutou. Espera, ¿qué es esto?
-¿Qué pasa, oficial? –Renji preguntó, sin esperar realmente recibir una respuesta.
-¡No puedo identificar su Zampakutou! ¡Esto no puede ser!
-¿Aquí hay algo para que agregues a tu juego!
Para el asombro de todos, Yin dibujó un arco ascendente, disparando varias flores rojas, que explotaron en llamaradas alrededor del shinigami experimentado, pero éste fue lo suficientemente rápido como para esquivarlas todas.
-Increíble. ¿Cómo lo haces? No importa, esto te bajará los humos. ¡Cortar, multiplicar!
Lanzó una nueva carta, que se multiplicó en diez, pero la coneja consiguió cortarlas todas. Una nueva andanada llovió sobre su cabeza, dejando una sola sin darle alcance, la cual acabó golpeando un poste eléctrico, que fue cortado en dos.
-¡Toma esto! ¡Encadenamiento, agujas!
Una nueva carta se enfrentó a la hoja de su espada, pero al cortarla en dos, ésta estalló, creando numerosas cadenas terminadas en agujas de reishi, las cuales aprisionaron su mano y, a la vez, la hicieron soltar su arma, al ser pinchada por las agujas.
-¡Oye! ¡Basta!
La siguiente carta iba dirigida a la coneja, pero Yang se colocó en medio, haciendo las veces de un escudo vivo.
Cuando el humo del último estallido se disipó, el conejo yacía en el suelo, desarmado y sujetando su brazo.
-Ese shock debería haberlo matado. No importa, la electrocución sólo es completamente efectiva cuando ataca a un punto vital.
-¿Ya podemos irnos? –Renji observó que sus oponentes acababan de quedar derrotados.
Pero Yin no iba a rendirse tan fácilmente. Saltando por encima de su gemelo, apuntó su mano en dirección al shinigami, que acababa de darse la espalda. Un rayo de fuego, cortesía de su entrenamiento en el Woo-Foo de antaño, golpeó la espalda del adulto, obligándolo a girarse, con su capa negra echando humo.
-Eso estuvo cerca. Necesitarás más para incendiar mi traje, niña.
Yin iba a replicar, cuando la pelinegra del trío, Rukia, desenvainó su propia Zampakutou.
-¡Baila, Sode no Shirayuki!
-¡Espera, Rukia! –Renji intentó detenerla, pero ya era tarde.
-¡Some no mai, Tsukishiro!
Rukia trazó un arco en el aire con su espada, a la vez que se movía en el suelo, cual si estuviera realizando una danza. Al instante, un círculo de hielo rodeó a la coneja, clavándola al suelo e inmovilizándola.
Renji sujetó a una dócil Yuki por su brazo izquierdo, arrastrándola hacia un portal que acababa de formarse, cortesía de Shinto.
-¡No!
Pero en cuanto Yang consiguió reincorporarse y dar un paso hacia ellos, Rukia copió su anterior movimiento. Aunque no consiguió paralizarlo, el hielo que se formó a su alrededor lo hizo resbalar, cayendo de cara al suelo y quedando atrapado por su nariz.
-¡Si dan un solo paso más, me veré obligada a acabar con sus vidas!
-¡Yincinerar!
La coneja consiguió salir del círculo helado, utilizando su clásica técnica de fuego. Dando un salto, intentó enfrentarse a la poderosa shinigami por última vez.
Iba a por su espada, cuando recordó algo: utilizando su entrenamiento Woo-Foo, consiguió hacerla levitar hasta su mano, antes de convocar una última lluvia de rosas de fuego.
-¡Tsugi no mai, Hakuren!
Alrededor de un centenar de cuchillas de hielo salieron disparadas de la hoja de la Zampakutou blanca, destruyendo las rosas de fuego, que explotaron en el aire, inofensivamente. Las cuchillas restantes siguieron su curso, alcanzándola pese a sus fintas, en un intento vano por detener el ataque. Finalmente, Yin también acabó en el suelo, su cuerpo lleno de cortes sangrantes.
-¿No crees que fuiste un poco demasiado... contundente? –Renji se encontró con una pared de hielo.
-Vámonos de una vez. Oficial Kirisame, por favor, dirija el camino.
Los cuatro empezaron a internarse en el portal, pero Yuki alcanzó a articular una última oración lastimera antes de su partida.
-Por favor, chicos. ¡No intenten seguirnos! Si lo hacen, ¡nunca se los perdonaré!
Con esas últimas palabras flotando todavía en el aire, el portal se cerró y los shinigamis desaparecieron.
Lo último que los conejos vieron antes de desmayarse fue cómo una lluvia fina comenzaba a caer.
-¿Estás bien?
Cuando volvió a abrir los ojos, Yin descubrió que se hallaba en la clínica.
-¿Acaso fue todo una horrible pesadilla?
-¡Oh! ¡Así que estás lúcida! ¿Qué alegría!
Orihime se encontraba al lado de su camilla, ofreciéndole una sonrisa de consuelo.
-Tu hermano debería estar despertando pronto. Los he curado a los dos, pero no ha sido fácil.
Al mirar más allá, se topó con la imagen de su hermano, que roncaba en la camilla contigua.
-Orihime, ¿dónde está Yuki?
-¿No lo sabías? –la mirada brillante en ascenso de su amiga se apagó repentinamente, en realización-. Esos shinigamis se la llevaron de vuelta a la sociedad de almas.
-¡necesitamos ir tras ellos! –saltando de la camilla, se dirigió a su gemelo, sacudiéndolo-. ¡Yang! ¡Despierta!
Entonces, descubrió algo que la dejó sin respiración. Al localizar sus insignias, no fue capaz de activarlas.
-Esto no puede ser. ¿Qué ocurrió con nuestros poderes shinigami?
-Está pasando exactamente lo mismo –dijo Orihime, crípticamente-. Lo mismo que sucedió cuando Ichigo luchó contra Renji y Byakuya por primera vez, hace tanto tiempo.
-Espera un segundo, Orihime. ¿tú conoces a esos tipos?
-Sí. Pero esto no se suponía que fuera a suceder. Quiero decir, no estábamos seguros...
-¡Por favor, Orihime! ¡Tenemos que ir a la sociedad de almas y rescatar a Yuki!
-¿Y contrariar a Rukia? Jamás me lo podría imaginar. De todos modos, incluso si quisiera ayudarte, no podría.
-¿Qué hay de uryu y Chad? ¿Ellos tampoco pueden ayudarnos?
-SI Rukia fue tan lejos como para atacarlos así, temo que nuestras sospechas se estén confirmando. Hmm, algo anda muy mal en todo esto. Rukia no atacaría así, sin razón.
-Eso es verdad –una nueva voz interrumpió su conversación-. ¡Oh, hola, Yin! ¡Me alegro de que finalmente estés despierta! Lástima que tu hermano siga inconsciente, me ahorraría repetir.
-¿Boogeyman?
El monstruo zombi asintió, antes de sentarse a su lado, ocupando la silla donde acababa de sentarse su amiga.
-Me temo que Orihime aquí tiene razón. Ni ella, ni Uryu, mucho menos Chad, pueden abrir un Senkaimon. Sin embargo, yo sí.
-No tengo ni idea de lo que está diciendo.
-¿Quieres rescatar a tu amiga? Entonces, en cuanto tu hermano despierte, será mejor que me escuchen. No pueden viajar a la sociedad de almas sin más. Si lo hacen, sólo conseguirán que los maten.
-Entonces, ¿qué debemos hacer? ¡Chiwa! ¡Hemos perdido nuestros poderes de shinigami!
-Entonces, ¿te gustaría poder recuperarlos?
Cuando Yin volvió a alzar la mirada, tenía la boca bien abierta por lo sorprendente de la petición.
-¿Qué está sugiriendo?
-Se llama la prueba de la flecha rota. Kisuke Urahara, mi sensey, me contó cómo descubrió este método para recuperar los poderes shinigami. Cuando el legendario Ichigo Kurosaki estuvo a punto de morir en la batalla que mencionó Orihime, Urahara utilizó este método. Ustedes, aparentemente en condiciones similares, han perdido sus poderes, tras estar al borde de la muerte y ser salvados por las habilidades de Orihime.
-pero no lo entiendo. ¿Por qué pasó esto?
-Porque Yuki era quien sustentaba sus poderes. Cuando les salvó la vida aquella primera vez en el cementerio, sin querer transfirió casi todos sus poderes a ustedes. Ésa debe ser la razón de que haya comenzado a quedarse sin reishi últimamente, y que le fuera casi imposible utilizar su Zampakutou en batalla.
-¿Y usted cómo se enteró de todo eso?
-Cuando me acompañaste la última vez al cementerio, dejé caer una Zampakutou camuflada. Al día siguiente, dejé otra en la fuente de los deseos del parque. Justo después, tú y tu hermano obtuvieron sus Zampakutous, ¿hecho casual?
-¿De qué se trata esta prueba suya? –Yin prefirió dejar las preguntas más incómodas para otro momento.
-Será peligrosa. Pero si funciona, te aseguro que recuperarán sus poderes y podrán ir a rescatar a su amiga.
-¿Qué pasó? Siento como si hubieran metido mi cabeza en un congelador –Yang se despertó poco después, sin creerse que aún siguiera vivo.
-Hora de repetir la charla.
-¿Están listos?
Los tres estaban dentro de un sótano enorme, ubicado justo debajo de la casa del zombi.
-¿Y de qué se trata esto? ¿Qué tenemos que hacer? ¿Meditar? ¿Vencer a algún tipo malo? –Yang estaba animado.
-Fácil. Los voy a matar.
Ambos conejos quedaron en shock.
-Entonces –continuó explicando, haciendo caso omiso del efecto que habían dejado sus palabras-, sus almas entrarán en la flecha rota. Tengan en cuenta que puede ocurrir una de las siguientes situaciones: sus almas se convertirán en Plus, en cuyo caso se volverán meros fantasmas. También, si se resisten, cabe la posibilidad de que se transformen en huecos.
-¿y qué pasará entonces? –los conejos lo miraron con miedo.
-Si eso ocurre, no tendré más opción que detener la prueba y cortarles sus cadenas del alma. En ese caso, todo habrá sido en vano, porque morirán.
-¡Chiwa!
-No se preocupen, hubo alguien que obtuvo el último resultado: Ichigo Kurosaki pasó la prueba y recuperó sus poderes. ¡No todo está perdido!
Ambos asintieron, decididos.
-Adelante, entonces –dijo Yin.
-¡Espere!
Pero Boogeyman hizo oídos sordos del conejo, desenvainando su Zampakutou, aquella arpa colorida de siete cuerdas, y la apuntó hacia los pechos de los conejos.
-¡Rasga el velo del cielo, Inazuma Hapu!
EL arpa miniatura brilló en la noche, mientras las flores grabadas en la punta del mástil desaparecían y las calaveras brillaban. Con un toque de sus dedos, un rayo salió disparado hacia Yang, dejándolo seco en el piso.
-No otra vez el electroshock...
Luego, lo apuntó hacia Yin, disparando otro rayo a su pecho, electrocutándola de pies a cabeza, de modo que acabó cayendo junto a su hermano.
-Chiwa...
Yin vio cómo, momentos después, su alma empezaba a salir de su cuerpo. Su aura la rodeó, pero ella la despidió, señalándole su cuerpo debajo. Su aura obedeció su orden, desapareciendo en él, para mantenerlo con vida un poco más.
Mientras, la coneja continuó elevándose, hasta que se detuvo, cayendo en una especie de fosa gigante. La sed primero y el hambre después empezaron a nublarle el juicio.
Vio cómo una cadena aparecía en su pecho, temblando por alguna razón. Se aferró a ella con sus dos manos, sintiendo cómo una fuerza desconocida tiraba de ella, amenazando con romper su cadena y desintegrarla.
-¡No lo olviden! –la voz del Boogeyman llamó, desde muy lejos por encima-. ¡No olviden por qué deben seguir vivos!
Yin sintió, entonces, cómo su pecho comenzaba a agrietarse, arrancándole gritos de dolor. Cuando volvió a sujetar su pecho, se encontró con un agujero donde debería estar su corazón. Éste había desaparecido, sólo la cadena espiritual se encontraba allí.
Una máscara de hueso blanca empezó a materializarse sobre su rostro, con un par de colmillos saliendo de su interior. Recordó entonces que, al parecer, éstas eran las pistas de la huecyficación, de modo que, a menos que fuera capaz de detenerla, Boogeyman se vería obligado a tener que matarla, ahora definitivamente. No quería morir sin haberlo dado todo primero; no deseaba irse al infierno, no era justo.
Hasta que Yuki Minamoto apareció en sus vidas, la coneja había creído que la muerte era un hecho natural de la existencia. Que su alma iría a parar al cielo, donde podría reencontrarse finalmente con su padre y maestro. Pero no.
Y eso la enfurecía. ¿Cómo era posible que no existiera ningún cielo? Yuki no había mencionado ningún cielo, aunque alguna vez había mencionado el infierno. ¿Cómo era posible que se la llevaran, así como así? ¿Por haberles salvado la vida? ¿Cómo nunca intentó apoyar a su hermano y buscar alguna manera de encontrar respuestas? Podría haberse conformado con el pesimismo de su gemelo; podría simplemente haber optado por el camino fácil y caer en la oscuridad.
No más. En ese preciso momento, decidió que no podía rendirse, su muerte no podía suceder todavía.
-Si tengo que morir, que sea tras haber descubierto la verdad sobre la muerte del Maestro Yo. Quiero encontrarlo. No, tengo que encontrarlo. No permitiré que él, o Yuki, desaparezcan de mi vida sin más.
Fue cuando la máscara comenzó a palpitar en su cara, antes de romperse en pedazos. Apretó la cadena en su agujero, y éste se cerró, y la cadena había desaparecido. El agujero sólo dejó un pequeño recordatorio, con una cicatriz espeluznante en su pecho, justo por encima de su corazón, tan fresca como si fuera a abrirse de un momento a otro.
Entonces, al cerrar los ojos, volvió a entrar en su mundo interior. Al abrirlos, las colinas heladas la recibieron. Allí, descubrió que la más oscura de las noches la rodeaba.
En cada una de las montañas, vio resplandores que surgían de las grutas.
-¿Quieres vivir? ¿O quieres vencer?
Una suave voz femenina retumbó por todo el el lugar, obligándola a darse la vuelta. Allí no había nadie, pero podía sentir que, fuera quien fuese, debía ser importante.
-¡Quiero vencer!
-Entonces, ven. Ven a la cueva y encuéntrame.
Yin trotó por la nieve, sin sentir frío en absoluto. Ésta era su mente, y no podía hacerle daño.
Muchas voces, en susurros, la llamaban, pidiéndole que fuera hacia cada una de las grutas en las montañas. Empero, sólo una se destacaba por encima de las demás.
-¡Ahí!
Yin llegó a una montaña, la más alta de todas, y empezó a escalarla. Intentó levitar pero, por más que lo intentó, no consiguió acceder a sus habilidades Woo-Foo.
-Supongo que será a la antigua.
En el cielo, dos lunas, una blanca y otra roja, brillaban eternamente.
Entró en la cueva, alumbrada sólo por la extraña luz de las lunas, y allí estaba: un cúmulo de cristales de diferentes tonos de rosa, blanco y amarillo. Entre todos ellos, como encajadas en un jarrón precioso, tres rosas unidas por un hilo de energía, una rosa, otra blanca y otra amarilla. Al extraerla con la mayor suavidad que pudo, varios de los cristales se desprendieron del suelo, volando en espiral a su alrededor. De repente, una potente luz la obligó a cerrar los ojos, pero no se permitió soltar las flores; al volver a abrirlos, se encontró sujetando su querida espada: mango rosa, guarda en forma de dos rosas cruzadas entre sí, una blanca y la otra roja, con la hoja en amarillo.
Bajo sus pies, proveniente de los cristales supervivientes, surgió, una vez más, aquella voz.
-Bien hecho, Yin. ¿Podrás empuñarme como una flor delicada que se encare sin prisa ante el enemigo? ¿Sabrás emplear mis rosas y sacar mis espinas? Yo soy Shinobara, la Rosa de la muerte.
-Sí, lo haré con alegría, Shinobara.
Al salir por la entrada de la cueva, todo a su alrededor se convirtió en un remolino de luz, pero ahora fue capaz de distinguir sus colores: blanco, rosa, rojo y amarillo.
-¡Felicidades! ¡Lo han conseguido!
Yin volvía a estar en su cuerpo. Al mirar a su alrededor, se encontró con Yang y el Boogeyman, ambos con sonrisas en sus caras.
-Te tardaste allí, hermana.
-Como digas.
Una semana después, volvían a encontrarse en aquel sótano. Yin, Yang, Uryu, Chad y Orihime se situaron frente a dos flautas gigantes colocadas a modo de columnas, mientras Boogeyman recitaba una serie de encantamientos.
-No recuerdo las exactas palabras que utilizó Urahara. Pero esto servirá. "Abre el camino del principio y del fin, el retorno de todas las cosas, guía a estas almas más allá de la muerte. Escucha mi llamado. Todo ha sido dicho y hecho, mas este mundo es sólo un velo. ¡Ábrete, Senkaimon!"
Tras acabar de recitar su conjuro, un portal de gran tamaño se abrió entre los dos pilares ante el grupo.
-¡Bien! ¡Vámonos ya! –Yang fue a dar un paso hacia el portal, cuando Chad levantó una de sus manos, deteniendo su avance-. ¿Qué ocurre?
-Aún no estamos todos –dijo simplemente.
-¿De qué hablas?
Las puertas del sótano se abrieron, y por ellas entraron todos sus amigos: Lina, Roger, Coop, Dave, Jobeaux y Vinnie.
-¿Han venido a despedirnos? –Yin forzó una sonrisa.
-No. –Lina hizo un gesto hacia sus amigos.
-Chicos, entendemos que quieran protegernos, pero no será necesario. Orihime, Uryu y Chad vendrán con nosotros –Yang se golpeó el pecho, confiado.
-No hemos venido a, coo, detenerlos.
-Venimos a acompañarlos –agregó Vinnie.
-¿Qué? –los conejos hablaron al unísono.
-Vamos con ustedes –aclaró Jobeaux.
-¡Chicos, no pueden! ¡Será peligroso! –Yin sintió cómo se le crispaba el rostro.
-¡El simple entrenamiento Woo-Foo no servirá allí! –la secundó su hermano.
-Lo sabemos –dijo Roger, sonriendo-. ¿Verdad, amigos?
Los demás asintieron.
-Chicos, ¿ustedes saben de qué se trata todo esto? Porque, sinceramente, estoy perdido.
-Sus amigos nos pidieron entrenamiento espiritual –intercedió Chad.
-La meditación está muy bien, pero no creo que nos vayan a recibir con una charla de amor y paz –dijo Yang, todavía confundido.
-Chad no se refería a eso, cabeza hueca –atajó Uryu-. Sus amigos ahora pueden caminar a nuestro ritmo.
Hizo un leve bufido en la última parte, recibiendo un golpe en las costillas por parte de Orihime y una mirada de advertencia de parte de Chad, pero los demás no supieron interpretar este gesto de ninguna manera. A su lado, el Boogeyman le hizo un guiño al trío experto, uno que, aparentemente, pasó desapercibido para todos, excepto para Yin.
-¿Están todos listos? El Senkaimon permanecerá abierto entre tres y cuatro minutos. Quien no haya pasado al otro lado a tiempo, quedará atrapado en un lugar llamado Mundo Precipicio por toda la eternidad, y nadie quiere eso, ¿verdad?
-Así que no hay cielo, pero sí infierno y purgatorio. Qué curioso –refunfuñó Yin, sin poder ocultar su irritación.
-Que no sepamos nada de un cielo no significa que no exista. Nos negamos a ver lo que no podemos comprender, y nos negamos a comprender todo aquello que no podemos ver y que se nos oculta a los ojos, todo aquello que, sin embargo, puede esconderse a plena luz del día.
-Sabía que fuera profesor de música, no de filosofía –dijo Uryu, sarcásticamente.
-En fin. Escúchenme atentamente. Deben utilizar su presión espiritual para atravesar el interior del Senkaimon. Cuiden bien cada uno de sus pasos, del primero hasta el último de ustedes, porque, además, deberán ir en fila india, ya que el camino es demasiado estrecho como para que pasen todos juntos.
-¿Tan estrecho es? –Dave preguntó, algo temeroso.
-Desgraciadamente, así es hoy día. Sin importar el tiempo que tarden en regresar, aquí los estaremos esperando. ¡Buena suerte a todos!
-Es hora. Vamos –Yin se colocó al frente, dirigiendo la marcha.
-Espera, ¿él habló en plural? –Yang preguntó, justo cuando iban a mitad del camino por el Senkaimon.
-Piensa menos y camina más –su hermana lo hizo callar, apurándolo.
Yin iba por delante, siendo seguida por Coop, Orihime, Uryu, Roger, Lina, Yang, Chad, Jobeaux, Vinnie y Dave, siendo el tocón adolescente quien iba más atrasado.
-Que no se te ocurra detenerte, Dave –lo apremió Vinnie.
-¡Eso intento!
En el sótano del zombi, el portal estaba a menos de dos minutos de cerrarse.
-Bien, ya pueden salir.
Tatsuki, Keigo, Mizuiro, Lila y Jack salieron de su escondite bajo una voluminosa cortina, que simulaba cubrir un viejo piano de cola.
-¿Dónde está Urahara?
-Desearía poder darte una respuesta sobre eso, Tatsuki, pero desgraciadamente ni yo lo sé. Quiera Dios que siga oculto en la sociedad de almas, por todo lo que es santo.
-Detesto estos disfraces de animales. Quiero decir, usted es un monstruo zombi, ¿cuál era el problema de Urahara con mi apariencia normal? –Keigo se quejó, molesto.
-Yo no necesito un gigai, soy un zombi.
-Acostúmbrate, esto sólo es hasta que Ichigo reaparezca. Porque no tengo dudas de que sigue vivo, dondequiera que esté –dijo Tatsuki con una mirada inquebrantable.
-No recuerdo a la nueva shinigami, ¿es verdad que Urahara le vendió ese gigai? ¿Y que estaba teniendo problemas con él, al igual que Rukia la primera vez?
-Bueno, Mizuiro, sólo sé que el gigai es de la tienda de Urahara, pero desconozco la causa exacta del problema de Yuki con él. Probablemente, sea una simple casualidad.
-No existen las casualidades, hombre –dijo Keigo.
Sus amigos asintieron, y Boogeyman no supo qué contestarle.
Sólo podía rezar para que todo saliera bien en adelante.
-Tengamos fe –dijo finalmente.
N/A: aclaraciones. Shinto Kirisame es otro de mis OC.
Kingu no Dekki, en español Mazo del Rey.
Inazuma Hapu, en español Arpa Relámpago.
