Capítulo 14
Vuela al Seireikei
Ya faltaba poco, según le dijo su instinto. Mientras, Yin cuestionaba la posible afiliación entre el extraño hombre a lomos de su jabalí, ¿Ganju, se llamaba? Que pudiera tener con el tal Kyoraku, al parecer el jefe de Yuki, y este famoso Ichigo Kurosaki.
-Me pregunto dónde estará él –Lina murmuró a su lado.
-¿Quién?
-Mi papá. SI es cierto que todas las personas vienen aquí tras su muerte, me pregunto dónde está y si podré saludarlo cuando esta locura termine.
-Oh. Bueno, no lo sé. ¿Quizás?
-¿Y tú? ¿Yang y tú no querrían saludar al Maestro Yo? –la sonrisa de su mejor amiga murió rápidamente.
-Oh, sobre eso, bueno...
-Eso podría ser un problema –susurró Yang, casi a su lado-. Ese médium zombi, Boogeyman, no pudo encontrar su alma por ningún lado. Pero si está por aquí, debemos encontrarlo.
-Oh, no lo sabía. No pretendía ofenderlos...
-No importa.
EL conejo se les adelantó, justo detrás del grupo de Orihime, mientras ambas chicas miraban su espalda con preocupación.
-Yin, yo no quise...
-Lina, no sabemos exactamente qué le sucedió a nuestro padre. Primero, nos dijeron que un accidente lo había matado. Después, Yuki nos habló de los huecos, y ella asumió que un hueco particularmente fuerte pudo haber sido el responsable de su muerte. Ahora, ya no lo sé. Quiero creerle a Yuki, de verdad, confío en ella con mi alma, pero incluso ella no habló mucho del tema. Al parecer, tuvo los mismos resultados que Boogeyman buscando su alma. Ahora mismo, no puedo permitirme pensar en esto. ¿Está bien?
-Sí, está bien.
-Eso es interesante, ¿verdad? –a su lado, Roger les lanzó una sonrisa ladeada-. Boogeyman debe ser un título. ¿Cuál creen que sea su verdadero nombre?
-No creo que nos lo diga pronto –dijo Dave, intentando ponerse al día, mientras jadeaba-. ¡chicos, por favor! ¿Podrían bajar la velocidad por un segundo?
Sus amigos se encogieron de hombros, pero Jobeaux le susurró algo al oído que pareció hacerlo cambiar de parecer.
-Espera, ¿a qué te refieres con un empujoncito? –una pausa, seguida de una sonrisa por parte del tocón-. ¡Oh, genial! ¡Quiero correr a la velocidad del rayo!
Sin previo aviso, el goblin se colocó sobre su espalda, antes de que sus manos brillaran y el tocón saliera disparado hacia delante, superando incluso al grupo de Orihime, alcanzando al jabalí de Ganju y corriendo más allá.
Un minuto después, Ganju se detuvo, mientras se bajaba de su montura y les lanzaba a todos una gran sonrisa.
-¡Y aquí estamos! ¡Bienvenidos todos a mi casa!
Se escuchó un impacto a su lado, y Dave se deslizó hacia abajo por la entrada, mirando estrellas.
-¿Ves? ¡Eso es a lo que llamo un empujoncito, amigo!
-la próxima vez, ¿te importaría decírmelo antes de hacer que me estrelle contra una pared?
-Lo tendré en cuenta.
-Su amigo es rápido –admitió Uryu, mientras su grupo le lanzaba una sonrisa colectiva al goblin-. Quizás algún día pueda igualar mi hirenkyaku.
-¿Qué puedo decir? ¡Se lo debo a ustedes tres, muchas gracias!
Jobeaux chocó un puño con Chad, el más cercano al goblin.
Ganju los invitó a pasar a todos.
-¡Y ésta es mi hermana, Kukaku!
Una mujer guapa de aspecto regio, cabello negro y mirada relajada se encontraba examinando una espada antigua cuando ellos entraron. La dejó a un lado, levantando la mirada y regalándole a su hermano una expresión exasperada.
-¿Cuántas veces tengo que repetírtelo, Ganju? ¡No traigas a ninguno de tus estúpidos compinches de la taberna aquí! ¡ya deberías...!
Detuvo su diatriba cuando sus ojos se fijaron en los tres humanos conocidos, los amigos de Ichigo.
-¡Oh, hola a todos ustedes! ¡Orihime, Chad, Uryu!
Su sonrisa era brillante, pero Yin notó enseguida que flaqueaba, y sospechaba que no se debía tanto a la repentina presencia de un montón de animales extraños con diferentes grados de considerable presión espiritual en su casa.
La coneja observó asimismo que la mujer, aparentemente la dueña de casa, portaba una espada enfundada en su espalda; otro detalle llamativo fue una prótesis de algún material, quizás madera, en lugar de su brazo derecho. Una serie de tatuajes extraños adornaban su brazo izquierdo.
-¡Hola, Kukaku! ¡También estamos felices de verte de nuevo! –Orihime fue la primera en responder a su saludo.
Chad y Uryu se limitaron a regalarle cada uno una pequeña reverencia, mientras su ahora verdadera anfitriona pasaba a fijarse en sus acompañantes.
-Uh, hermano, ¿quiénes son ellos?
Kukaku observó al grupo variopinto con una mirada sospechosa.
-Nuevos ryioka, ¿eh? Bueno, si Ganju los ha dejado venir con él, y si además han traído a los amigos de Ichigo... Entonces son bienvenidos a mi casa. Soy Kukaku Shiba, la Maestra de artes pirotécnicas de la sociedad de almas.
-¿Qué, necesitan a alguien especializado en lanzar fuegos artificiales? En serio, ¿quién organiza las fiestas aquí? –Roger dijo, pero la mujer le lanzó una mirada de advertencia.
-En primer lugar, muchacho, mi cañón es más que un artefacto para disparar fuegos artificiales. En segundo lugar, retira tus palabras, antes de que te arrepientas.
-¡Está bien, lo siento!
Mientras, los demás observaban los detalles de aquel lugar con curiosidad. En efecto, a un centenar de metros al lado de la propiedad, un cañón gigante se extendía casi un millar de metros hacia arriba. Pero lo que llamó más su atención fue el cartel con el nombre de la propietaria en él, colgado por encima de una extraña estatua de un conejo con dos espadas cruzadas sobre su pecho.
-¡Chiwa! ¡No sabía que ya fuera famoso en la otra vida, antes siquiera de morir! –Yang se rió, ante la confusión de sus amigos y la expresión vacilante de sus anfitriones.
-Eh, ¿quién se cree este idiota? No te conozco. Uh, acabo de leer un manga del mundo de los vivos muy interesante y pensé, oye, ¿por qué no colocar una escultura de un conejo con espadas? ¡Sería genial para la publicidad! Apuesto a que el personaje no es tan tonto como tú.
Yang se calló, con la cara roja, de ira o vergüenza, Yin no pudo decidirse qué sentimiento podría estar compitiendo por la primacía en este momento en su rostro.
-Vengan, ya.
Cuando estuvieron instalados, Kukaku hizo que sus sirvientes les trajeran té a todos, y acabaron sus bebidas en un silencio tenso.
-¿De qué se trata esto? ¿Alguien me lo va a decir?
Lina levantó su mano, y relató sus últimas aventuras en menos de diez minutos para los hermanos Shiba.
-Interesante. Está bien, puedo hacer que entren en el Seireikei, como la primera vez –miró significativamente al grupo de Orihime, Chad y Uryu-. Después de todo, supongo que no me importaría repetir el lanzamiento de aquella vez. Es una lástima que Kyoraku y el resto de esos idiotas decidieran cortar la comunicación justo cuando las cosas comenzaban a mejorar.
-¿Te refieres a cuando los shinigamis decidieron que Ichigo estaba más allá de nosotros? –Ganju gruñó, irritado-. Me pregunto por qué se desanimaron tan rápido. Nunca tuve la oportunidad de interrogar a Kyoraku por eso.
-Esperen un segundo –Vinnie intervino, bastante molesto-. Hay algo que no nos han contado. ¿Quién es este famoso Ichigo?
-¿Que quién es Ichigo Kurosaki? ¡Sólo el mayor héroe de todos los tiempos! –saltó Ganju, exaltado.
Kukaku le clavó una mirada acerada, y su hermano se apagó instantáneamente, sentándose y callándose.
-Ichigo era un idiota –dijo Kukaku, pero su sonrisa había vuelto-. Él vino con sus amigos a salvar a alguien. Fue hace tiempo. Me pidieron ayuda. Y se las di, claro. ¿Cómo negarme? Después de todo, Yoruichi estaba ahí. Pero Ichigo resultó ser más que un simple humano terco y cabeza hueca. Nos salvó a todos de los peores villanos.
-Si eso es verdad, ¿adónde está ahora? –pidió Jobeaux.
-¡Sí! ¡Él podría ayudarnos a salvar a nuestra amiga! –Dave habló con mayor entusiasmo.
-Ichigo está... desaparecido –dijo Kukaku, y su sonrisa se desvaneció-. No lo hemos vuelto a ver desde el final de la última guerra, y de eso ya hace tres meses. Dirías que las cosas no han cambiado tanto, pero en realidad, puede que estemos ante una nueva crisis.
-Nadie sabe dónde está Ichigo, como dice mi hermana –coincidió Ganju, acotando su propia opinión-. Miren, Ichigo es un héroe, y un amigo invaluable, pero algo le pasó, y el Seireikei sólo ha lanzado excusas cada vez que alguien ha intentado preguntar qué rayos están haciendo al respecto. Chicos, acabamos de recibir las últimas noticias, y son terribles. ¡Miren!
Ganju consiguió que un enorme sirviente le lanzara un periódico arrugado, el mismo número que había causado el anterior alboroto en la taberna.
En la primera plana, la imagen de una cara familiar ocupaba toda la página; el titular ponía "Yuki Minamoto, shinigami detenida por graves crímenes: ¿responsable de la desaparición de Ichigo Kurosaki?". El grupo se fue pasando la revista con preocupación, leyendo fragmentos apresuradamente.
-¡esto no puede ser! ¿Hisagi publicó esto? –Chad estaba justamente horrorizado.
-Miren lo que dice, amigos: aquí pone que ella es acusada de transferir poderes shinigami a dos habitantes del mundo de los vivos –comenzó a enumerar Lina-. Robar la insignia de Ichigo Kurosaki y conspirar contra el Seireikei.
-Esa última debe ser propaganda para llamar la atención –farfulló Kukaku, antes de recuperar la revista de manos de Yin, obviamente para nada contenta de su contenido-. Puede que el resto de cosas sean ciertas, pero ¿conspirar contra el Seireikei? ¿En serio?
-Espera, háblennos más de Ichigo –pidió Jobeaux, interrumpiéndola-. ¿Quién era la persona que vino a ayudar?
-Es una amiga nuestra –acotó Uryu, con una mirada abatida-. Rukia Kuchiki. Actualmente ella es la teniente del Escuadrón 13.
-¡Genial! –Dave saltó, pero los tres humanos negaron con la cabeza-. ¿Eh? ¿Qué? ¿No es genial?
-Bueno, sí, ella es un poco genial –Orihime sonrió, débilmente, pero su sonrisa no llegaba a sus ojos-. Pero últimamente, y con Ichigo desaparecido, ella ha estado algo extraña. Fue el motivo de que nos fuéramos de Karakura cuando la mayoría aquí abandonó la búsqueda, sin decírselo a nadie fuera del Seireikei.
-No debiste conservar la cruz mensajera esa tanto tiempo, hermano –Kukaku amenazó a Ganju con una mirada dura, y él se encogió visiblemente-. ¿Qué habríamos hecho si cualquiera de esos capitanes hubiera venido a meter sus narices aquí? ¿O alguna otra persona, interesada en robarla?
-¡Tranquila, hermana! –Ganju se rió, nervioso-. ¡Ya no tendremos que preocuparnos por eso! ¡Estalló ante esos matones sin dejar rastro!
-¿Qué matones?
-Un montón de idiotas nos atacó sin sentido en una taberna –explicó Yin, concisamente-. Cuando revelamos conocer a Yuki, simplemente se arrojaron sobre nosotros como locos.
-¡Pero los vencimos! ¿Verdad? –Roger compartió una sonrisa arrogante con sus amigos, pero una rápida expresión irritada de Kukaku hizo que sus sonrisas desaparecieran.
-¡Entonces, vinieron más! ¡Miles, coo, tal vez más!
-Y ellos habrían aumentado la montaña de matones derrotados, si no fuera por este tipo –Yang señaló a Ganju, quien le regaló una expresión furiosa.
-¿Qué estás sugiriendo, conejo? ¡Hubieran masacrado a toda esa gente sin sentido! ¡Sólo hubieran conseguido ganarse el odio de todo el distrito Rukón, corroborando su complicidad con la supuesta villana del día, la nueva enemiga pública número uno!
-¿AH, sí? ¿Y qué más pasó allí? –Kukaku sonrió, peligrosamente.
Ganju se tensó a su lado. Orihime fue quien tomó la palabra.
-¡Llegó Ganju! ¡Él nos ha dado nuevas esperanzas! ¡Ichigo sigue vivo, como nosotros creíamos!
-¡Ganju! –la pelinegra lanzaba chispas por los ojos-. ¿Qué has hecho? ¿Le mostraste ese mensaje ultrasecreto a media sociedad de almas? ¿tú estás loco? ¿Quieres acabar convertido en puré?
El menor de los Shiba pareció encogerse al tamaño de una hormiga. Corrió hasta esconderse detrás de Yin, quien lo miró confundida.
-¡Por favor, sálvame!
-¡No te atrevas a esconderte de los problemas, idiota!
-Eh, ¿deberíamos hacer algo? –Vinnie los miró, abrumado.
-Pelea familiar, que lo resuelvan ellos –opinó Yin, apartándose de Ganju, al igual que del camino de su furiosa hermana-. ¡Oye! ¡Suéltame!
-¡No dejes que ella me golpee ahora!
Kukaku acabó alcanzando por error a la coneja con su único puño, y Yin, reaccionando por instinto, levantó su mano, lista para interceptar el golpe, convocando sus poderes shinigami, recuperados y fortalecidos durante la última semana.
FLASHBACK
Ambos conejos volvían a vestir sus túnicas shinigami, ahora negras con los bordes en azul y rosa según sus respectivos colores. Ambos tenían sus Zampakutous en sus manos, pero éstas se mantenían en sus bainas, y ellos esperaban la señalal del zombi frente a ellos.
Boogeyman vestía una túnica negra con una calavera blanca en su espalda, y Yin creyó reconocerla por alguna razón que su inconsciente no supo decirle. Su sombrero con una calabera en el frente yacía al revés, rojo sangre brillando bajo la luz de la bombilla del sótano. En una de sus manos huesudas, la arpa que hacía las veces de Zampakutou -que era su Zampakutou-, parecía emanar poder puro.
-Ya están más cerca de aprobar esto. Los felicitaría, pero aún queda la parte práctica. Tendrán que liberar su Shikai.
-Un segundo, ¿no habíamos terminado? ¡Creía que sí! ¡Chiwa!
-Yang, cállate. Sólo tenemos que desenvainar nuestras espadas y luchar, nada del otro mundo.
-¡Todo tiene que ver con el otro mundo, hermana!
-Lo que sea.
-¿A la cuenta de tres? Uno, dos...
Sin previo aviso, el zombi rasgó dos cuerdas de su arpa, y los conejos saltaron hacia atrás, evadiendo dos rayos por un pelo.
-¡Hizo trampa! ¡No dijo tres! –Yin era la más indignada.
-Sus oponentes reales no contarán hasta tres para atacar. ¿Eso está claro? Ahora, si todavía quieren vivir, ¡liberen sus Shikai!
Sin esperar a una respuesta, Boogeyman continuó su asalto, superándolos en velocidad y sin transpirar en lo absoluto. Bueno, ya estaba muerto, pero Yin guardaba la secreta esperanza de que eso fuera a suceder pronto.
-¡No está bromeando! ¡Realmente nos matará! –Yang esquivó otro rayo.
-¡Sólo si son alcanzados por Inazuma! ¡Vamos, puedo seguir así todo el día!
-¿Qué se supone que debemos hacer para vencerlo?
Su hermano estaba alarmado, y cuando saltó sobre un piano de cola gigante, tuvo que volver a saltar para evitar otro rayo.
-¡No es justo! Sus instrumentos aquí no parecen verse afectados por los ataques de su arma, ¿por qué nosotros sí? –Yin se cubrió debajo de un órgano enorme.
-¿No creen que protegería mis cosas de mi propia Zampakutou? En serio, chicos, ¡no durarán mucho en la sociedad de almas si continúan actuando así!
Fue cuando a la coneja se le ocurrió. Mientras ambos seguían moviéndose por la habitación, evadiendo los rayos lo mejor que podían, Yin gritó:
-¡Shinobara!
De repente, su espada brilló, pero continuó sin dejar su funda.
-¡Eso es! ¡Ayúdame, Hotaru!
Pero el conejo obtuvo el mismo resultado, siendo alcanzado, ahora sí, por el primer rayo, y derrapando hasta chocar contra el piano de cola de antes, tocar varias veces las siete notas musicales de izquierda a derecha al rodar sobre sus teclas, y cayendo finalmente al suelo, con la cabeza echando humo.
-Creo que me moriré... por segunda vez... Chiwa...
-¿Yang! –le lanzó una mirada horrorizada a su gemelo, leugo una de ira a su supuesto sensey-. ¿Cómo se atreve?
-No está muerto, si eso es lo que te preocupa. Pero podría. Si lo alcanza un segundo rayo, con la potencia actual, Inazuma lo convertirá en conejo a la parrilla. ¿Qué te parece?
-¡Basta!
-¡Preocúpate de ti misma, jovencita! ¡O compartirás su destino!
Repentinamente, a Yin ya no le agradaba el monstruo zombi. Acababa de convertirse en su enemigo.
Dependía de ella vencerlo.
-¡Es ahora o nunca! –concentrándose, se animó a pronunciar lo que pensó sería el comando de su Shikai-: ¡Florece en la noche, Shinobara!
El siguiente rayo fue a golpearla mortalmente en su cara. Apenas alcanzó a colocar su brazo entre el rayo y ella misma, cerrando los ojos ante la comprensión de que había fallado.
Pero, un segundo después, cuando hubo sentido un impacto que sacudió su brazo como un pequeño terremoto, continuaba de pie.
Volviendo a abrir los ojos, se descubrió mirando a su Zampakutou desenvainada, brillando ominosamente tras recibir aquel golpe.
-¡Bien hecho! ¡Tienes tu Shikai! ¡Hora de despertar a tu hermano!
Yin bajó su brazo, pero no envainó su espada. El Boogeyman no se dio cuenta del peligro y, colocándose su arpa bajo el brazo, caminó despreocupadamente hacia su gemelo. Una vez le hubo dado la espalda, al agacharse para atenderlo, sintió cómo tres pequeñas rosas rojas se acercaban a él.
-¿Wow, wow!
El Boogeyman consiguió darse la vuelta a tiempo de detener el ataque con su arpa, pero una de las tres rosas no pudo ser neutralizada por el mástil de la rara Zampakutou, golpeándolo en su hombro y haciéndolo saltar.
-¡Oye, hiciste trampa!
-Los oponentes reales no avisan a la hora de hacer una emboscada, sensey.
A pesar de la quemadura que expuso sus huesos, Boogeyman le sonrió, divertido. Ella también sonreía, satisfecha por su propia travesura.
FIN DEL FLASHBACK
Yin detuvo el puñetazo bien colocado de Kukaku, temblando como una pequeña piedra ante un terremoto, recibiendo la atención de todo el mundo. Ganju finalmente se había soltado de su pierna y miraba toda la escena con los ojos desorbitados. Orihime tenía la boca bien abierta. Chad dio un paso hacia atrás. Uryu se acarició la muñeca de su cruz quincy, indeciso.
La propia Kukaku le lanzó una mirada furibunda, para nada una buena señal. Yin, por su parte, cambió su expresión asombrada por una de determinación.
-¿Te crees lista?
-En absoluto.
Todos, menos las contendientes, se hicieron a un lado, tratando de poner distancia entre ellos y el conflicto actual.
-Mira, me importa un bledo su pelea familiar –escupió ella, fingiendo valentía-. Pero tenemos una misión por delante.
-¡Hermana, recuerda tu política! ¡Cero peleas en casa!
Kukaku, en lugar de retroceder, simplemente sonrió, pero bajó su puño, dedicándole una reverencia a la coneja, que sólo consiguió desconcertarla.
-Estoy impresionada. –Kukaku se dio la vuelta, antes de comenzar a caminar para internarse más todavía en su casa-. Síganme, todos.
Confundida, Yin entendió, tácitamente, que la pelea no iniciada había terminado, y volvió a bajar su presión espiritual a niveles normales, mientras seguía al grupo.
-Mañana, antes del amanecer, deben llegar al Seireikei. Si se retrasan demasiado, si el sol sale para cuando consigan llegar allí, todo el mundo se enterará, y será su fin.
-¿Y cómo se supone que hagamos eso? –Yang le gritó, ofuscado.
-Con éstos.
Los dos enormes sirvientes favoritos de Kukaku se acercaron a ella a un gesto, y al avanzar hacia los objetos que yacían cubiertos por una fina capa de seda negra, se apresuraron a descubrir su secreto. Se trataba de doce cohetes del tamaño de pequeños vagones de tren, todos en fila frente a ellos.
-Uh, me encanta todo el asunto pirotécnico, pero si puedo preguntar, ¿qué son estas cosas? –Roger fue quien vocalizó su pregunta.
-Ichigo y sus amigos viajaron con mis cohetes la primera vez. Harán lo mismo, y supongo que llegarán de la misma manera. Enteros y todo. Con suerte, Kyoraku no habrá cambiado la composición de las paredes del Seireikei, pero me habría enterado si ése fuera el caso.
-chiwa –dijeron los conejos, y sus amigos asintieron de acuerdo.
-pero primero, cenemos –dijo la anfitriona, cambiando una vez más su mirada de pura seriedad por una sonrisa alegre-. ¡Vamos!
Mientras todos se preparaban, Kukaku se acercó a Yin sigilosamente, mientras nadie prestaba atención.
La coneja saltó ante el toque de su mano en su hombro, pero cuando se giró, la mujer la estaba mirando con una sonrisa evaluadora.
-Interesante, amiga –dijo ella, en un susurro-. Aunque escuchaste bien, mi hermano sabe que prohíbo las peleas en casa, casi perdí los estribos ahí atrás.
-Oh.
-Hmm, todos ustedes tienen una increíble presión espiritual, una que aún no está totalmente desarrollada ni liberada. La última vez que sentí una energía tan devastadora, conocí a Ichigo Kurosaki.
-Eh, ¿gracias? –fue todo lo que consiguió articular Yin, desconcertada por el giro de los acontecimientos.
Sólo entonces, Yin notó la sonrisa divertida en el rostro de Kukaku, que acababa de darle la espalda; fue cuando comprendió que esta mujer la tomaba en serio, y entonces, la coneja se permitió devolverle la sonrisa.
-Entonces, ¿cómo se cargan estas cosas? –Yang fue quien hizo la pregunta tras finalizar su cena.
-Te mostraré. Chicos –señaló al grupo de Uryu-, ¿podrían enseñarle a los demás? Le enseñaré a este conejo cómo cargamos los Shiba nuestros cohetes.
-Lo que digas.
Mientras, Yin fue a sumarse a quienes escuchaban las instrucciones de boca de Orihime, quien recordaba todo a duras penas. A su lado, Lina y Jobeaux escuchaban con atención.
-¿Nos podrías hacer una, ejem, demostración? –pidió el goblin, nervioso.
-Eh, bueno... Claro, no hay problema.
Yin observó atentamente, pero estaba distraída. No le costó demasiado entender todo el mecanismo, así que ella misma acabó por salir de la fila de los chicos bastante rápidamente, y se dirigió a su cohete en una esquina.
Por el rabillo del ojo, pudo ver a sus amigos ir comenzando a cargar cada uno su propio proyectil, pero Yang y Roger parecían frustrados.
-Ganju, ¿ya le explicaste al chico del cuerno cómo se hace?
-¡Oh, claro! No entiendo por qué no entra en su cabeza.
-¡En serio, todo esto de las cosas espirituales me está poniendo de los nervios! –exclamó el ogro, golpeando el artefacto con frustración.
-¡No se hace así, amigo! –Ganju parecía indignado, pero resopló, y rápidamente fue a ayudarlo-. Mira.
Ganju colocó sus palmas abiertas sobre el medio del artefacto, concentrándose en su mecanismo. Poco a poco, una pequeña luz comenzó a filtrarse, pero el hombre se detuvo segundos después, sonriéndole.
-Ahora, hazlo tú.
-Uh, ¿y cómo se supone que deba hacerlo?
-Llegaron aquí sin problemas, ¿verdad? –Ganju se cruzó de brazos, divertido-. Si eres capaz de liberar tus poderes, sean cuales sean, no deberías tener dificultades en hacer esto.
-¡Yo tampoco lo entiendo! ¡Chiwa, esto es tan frustrante!
Yin sonrió para sí misma, guiñándole el ojo a Lina con diversión. La perrita se situó a un par de metros a su izquierda, atenta a las interacciones entre sus amigos y los anfitriones. Cuando Kukaku se acercó un poco más al conejo, ofreciéndole una demostración propia de la carga del cohete, Yang se sonrojó visiblemente, aparentemente incómodo ante la cercanía de la casi desconocida pero bella anfitriona. Lina aprovechó el momento para resoplar, y ambas chicas compartieron una risa silenciosa.
-SI no lo entendiste, es que eres algo torpe –dijo Uryu, llamando la atención de todos de repente-. Mira, fuiste capaz de recuperar tus poderes, ¿qué es tan complicado ahora con esto? Es algo sencillo.
-¡Oh, cállate! ¿Quién te preguntó? Apuesto a que ni siquiera has podido cargar tu propio cohete, ya.
-De hecho, ya terminé.
Todos miraron y, efectivamente, los cohetes de Orihime, Chad y Uryu estaban completamente cargados, resplandeciendo con energía.
-Bueno, recuerdo que la última vez, les llevó toda la noche –dijo Kukaku, visiblemente complacida-. Quizás no haya desperdiciado mi tiempo contigo, conejo. Porque si lo fuera, probablemente te lanzaría por mi cañón.
Todos se echaron a reír, pero Yang no pareció divertido. En su lugar, enfrentó a Uryu, lanzándole una patada rápida. El quincy la vio venir, y se hizo a un lado, antes de atrapar al conejo en plena envestida, utilizando su impulso para arrojarlo con una patada propia en su espalda contra una pared.
-¿eso es todo, conejo? ¿Cómo piensas enfrentar a lo que sea que nos encontremos con esa actitud tuya?
-¿Chi-foo-wa!
Yang se despegó de la pared, giró en el aire y, a toda velocidad, estrelló al chico engreído con su cabeza en su pecho, aprovechando un segundo de distracción y empujándolo antes de volver a sus pies, juntar sus manos en dos puños y golpear al quincy por segunda vez, ahora en su cara, con dos puñetazos.
-¡Yang, basta! –Yin, Lina y Dave gritaron.
-¡Vamos, Yang! ¡Buen golpe! –Roger y Vinnie animaron.
-¡Uryu! –Orihime y Chad gritaron.
-¡Aquí no! ¡No permitiré que peleen aquí! –Kukaku detuvo todo posible desenlace con un pisotón atronador, mirándolos a todos con furia-. ¡Ustedes dos! –señaló a Yang y Uryu con un dedo acusador-. ¡Esta noche, están durmiendo afuera!
-¡pero...! –exclamaron ambos al unísono.
-¡Pero nada! Ahora, salgan de aquí, ¡o los arrojaré al cielo con mi cañón!
Ambos chicos, enfurruñados, la obedecieron, yéndose por caminos opuestos.
-Uh, casi me atrapan allí. Qué suerte que fui inteligente y no me peleé con nadie esta vez, ¿qué tal? –Ganju sonrió, recordando algo por la expresión en su rostro, algo que Yin no supo interpretar del todo, debido a su sonrisa temblorosa.
-¿A qué te refieres? –Jobeaux lo interrogó, expresando la curiosidad que la coneja también alvergaba.
-¡Oh, no lo saben! ¡Claro, no conocieron a Ichigo! Bueno, digamos que cuando nos conocimos, nos batimos a duelo ferozmente. Kukaku nos castigó de la misma manera. ¡Qué suerte que escapé esta vez! Bueno, ¿qué tal si nos vamos todos a dormir ahora? Tenemos habitaciones para todos...
-¡Ganju! –detrás de él, la voz furibunda de su hermana lo hizo parar en seco, y todos registraron su repentino regreso a la habitación-. ¿Cuántas veces te he dicho que no hables de eso con extraños? Ichigo está Dios sabe dónde, ¡y tú vas por ahí y hablas de él como si nada!
-¡Hey, espera! No es un tabú hablar sobre ese momento, cuando Ichigo y sus amigos todavía eran unos extraños para nosotros. ¡Qué bueno que Yoruichi haya estado allí entonces! Salvó la situación, ¿recuerdas? Creo que le debías un favor o algo así.
Kukaku sólo pareció enojarse aún más, y esta vez Yin no movió un músculo para evitar el puñetazo que le propinó a su hermano en la cara, tirándolo al suelo. Ganju comenzó a patalear, cubriéndose la cabeza con las manos y suplicando piedad infantilmente, ante las diversas reacciones de los invitados. Uryu y Chad parecían haberse alejado hace bastante, pero Orihime parecía indecisa entre reír o gritar. Sus amigos estaban en shock o cubriéndose la cara para evitar mostrar los indicios de sus risitas nerviosas.
Por su parte, la coneja no pudo evitar reírse, sin vergüenza alguna. Después de todo, los hermanos parecían tener una extraña pero entretenida manera de mostrarse afecto, que le recordó a ella y Yang de niños.
-¡Pero si no hice nada malo! ¿Qué hice?
-¿Que no hiciste nada malo? ¿Eres idiota? ¡Primero le muestras ese mensaje confidencial de Ichigo a medio Rukón, y ahora te jactas de no haber sido castigado! ¡El hecho de que no pudieras anticipar la pelea, ni que intentaras detenerla después, es un claro indicio de que mereces un castigo también! ¡Los acompañarás afuera!
-¡Pero...!
-¡Ganju! ¡Vete ahora, o haré que pases la semana entera en el patio!
-¡Sí, hermana mayor!
Ganju se reincorporó como pudo y, a toda velocidad, salió corriendo, en dirección al patio trasero de la enorme casa, donde habían visto dirigirse a Yang. Uryu, en cambio, había desaparecido por la puerta principal.
Una vez las cosas parecieron calmarse un poco, Kukaku les sonrió, y casi todos se hicieron a un lado.
-¿Duerman bien para estar listos mañana! ¡mis sirvientes los conducirán a sus habitaciones!
La mujer desapareció. Yin fue la última en retirarse, habiendo demorado tanto como Dave en cargar su proyectil. El tocón ni siquiera había conseguido llegar a su habitación, sino que se había derrumbado en el pasillo a mitad del trayecto. Un sirviente pareció apiadarse de él, y lo arrastró hacia su cuarto designado.
-No te preocupes por tus amigos –dijo una voz de repente en la oscuridad, que casi la hizo gritar-. Soy yo, amiga. ¿Yin, verdad?
Kukaku había aparecido a su lado, con una túnica nocturna de dormir sobre su habitual vestimenta de batalla. Parecía somnolienta, con un vaso de agua en su única mano.
-Eh, yo... pensaba que estarías durmiendo.
Yin no supo cómo reaccionar ante la repentina mirada melancólica de su anfitriona, cuya sonrisa había desaparecido hace tiempo.
-Sí, debería. Tú también deberías descansar, ya sabes. ¿También vas a salvar a esta chica, Yuki?
-Sí.
-de todos modos –dijo Kukaku, bebiendo de su vaso de fino cristal-, tu hermano y Uryu estuvieron tratando, ejem, sus diferencias esta noche. Bueno, es demasiado pedir, pero al menos tu hermano consiguió cargar su cohete. Los encontré roncando hace poco.
-Creía que se fueron por caminos opuestos.
-Sí. Pero cuando me fui, le dije a Uryu que más le vale que todos se lleven bien. Después de todo, Ichigo querría eso.
-Parece que este tal Ichigo es un héroe aquí. Pero hemos escuchado poco y nada de él. ¿Cómo es?
-Veamos... pelo naranja, terco hasta la idiotez, de gran corazón, alto, lo suficientemente atractivo como para estar en el ranking de los tipos más guapos de la sociedad de almas de las mujeres shinigami...
Aunque Kukaku hablaba de detalles bastante directamente, tanto que a la coneja se le fue dibujando el personaje en la cabeza a medida que su compañera iba enumerando sus cualidades, la mujer no pareció darse cuenta. Kukaku acabó por desistir de intentar describirlo, así que silbó y, de la nada, sacó una revista de alguna parte, golpeando a Yin con la imagen de portada en su cara. Yin se sonrojó profusamente, descubriendo que se lo había imaginado bastante bien, encontrando la mirada del humano pelinaranja de determinación bastante interesante.
-Es mi primo, pero él no lo sabe –dijo Kukaku, como si nada-. Pero ¿sabes? Tu hermano, ese conejo cabeza hueca, me recuerda un poco a él. Obviamente, son muy diferentes, pero su determinación, directamente proporcional a su idiotez, parece algo que comparten ambos.
-Bueno, Yang es bastante tonto a veces. Oye, si no te molesta que pregunte, ¿sabes si podría ver a mi padre aquí en algún momento?
-¿Aquí? ¿te refieres a mi casa? Depende, ¿pertenece a alguna de las familias nobles?
-Eh, no lo creo. Es un panda, se llama Yo.
-Oh, nombre interesante. ¿Y dices que es un panda? Hm, no tengo ni idea. Me he alejado considerablemente de los asuntos shinigami desde hace mucho, no es como si pudiera decírtelo si lo supiera.
-Pero él murió. Según parece, un hueco intentó comérselo. Por alguna razón, se convirtió en un fantasma, pero nadie supo decirnos dónde está ahora o quién rayos podría estar persiguiéndolo.
-Bueno, los huecos, que yo sepa, comen almas, no creo que la forma animal haga una gran diferencia. Cuando eres un bicho hambriento e invécil, y todo lo que puedes hacer es pensar en comer, no sabrías diferenciar a un humano de una planta o de un perro, supongo.
-Entonces, ¿no puedes ayudarnos?
-Yo no. Pero alguien en el Seireikei debería poder hacerlo. Es su trabajo, quiero decir que deberían tener alguna pista de su paradero, al menos. No es como si pudieras confiar en ellos el tiempo suficiente. Confié en ellos, hasta que me apuñalaron por la espalda, todo por una estúpida idea sobre cómo los nobles no deberían tener nada que ver con los shinigamis, y bla, bla, bla.
-Así que ¿te peleaste con ellos?
-Oh, ¿pelearme con ellos? –Kukaku recuperó la revista antigua, antes de hacerla desaparecer-. La última vez que intenté razonar con ellos, acusaron a un amigo mío de violar la ley, y si no fuera por Yoruichi, no sé qué habría pasado con él.
-¿Te refieres a ese tal Urahara? Creo que Uryu lo mencionó mientras veníamos hacia aquí.
-Bueno, claramente las cosas han cambiado, pero eso no significa que los considere amigos del alma. Son segadores de almas, y eso no es un chiste.
-Seguramente no todos son iguales. Yuki, por ejemplo, nos ayudó. Es nuestra amiga ahora, y tenemos que rescatarla.
-Oh, seguramente. –Kukaku comenzó a retirarse, pero le lanzó una mirada por encima del hombro y, finalmente, le dijo-: Descansa, ¿quieres?
Al día siguiente, Todo el mundo se encontraba ya listo para el despegue.
-¿esto será emocionante! –rugió Roger, ya dentro de la pequeña cabina de su proyectil.
-Creo que voy a vomitar cuando nos estrellemos contra esa cosa –dijo Dave, mucho menos animado.
-¿Están todos listos? ¡Porque los voy a lanzar en el cañón! –Kukaku sonrió ampliamente, como si acabara de llegar la navidad-. Una vez que estén en el cielo, tendrán que arreglárselas ustedes mismos. ¿Están todos preparados?
-Ya sabes, todavía estamos a tiempo de tocar y ver si Kyoraku puede recibirnos en su oficina –opinó Ganju, el último en la fila.
Todos se hallaban ya instalados en sus respectivos proyectiles, con Yin la primera, siendo seguida por Yang, Roger, Dave, Vinnie, Lina, Coop, jobeaux, Orihime, Uryu, Chad y, para su fastidio, Ganju en la parte inferior.
-Será mejor que no hayas decidido comenzar a avergonzar a nuestra familia, hermano –la voz de su anfitriona fue baja-. Además, algo me dice que no te van a abrir la puerta y recibirte con té y sonrisas.
-¿Pero me conocen!
-Nos conocen, sí –reconoció Uryu, muy por encima de él-, pero no sabemos qué piensan todos de los últimos acontecimientos. Puede que haya quienes nos estén apuntando como los nuevos enemigos de la sociedad de almas, aunque no me extrañaría.
-Los ryioka son ellos, no nosotros –dijo Ganju, pero fue silenciado por Chad, quien gruñó con enfado.
-¿Y crees que eso hará alguna diferencia, cuando sepan que los estamos ayudando? –Chad refunfuñó, irritado-. Rukia se comportó de forma despiadada, según nos dijeron, y parece que su falta de prudencia en este momento sólo confirma nuestras peores sospechas.
-¿Y cuáles son esas sospechas, si se puede saber? –preguntó Vinnie.
-Que piensa en Yuki como la enemiga –acotó Uryu, simplemente-. Por alguna razón realmente equivocada. Así que antes de que todo se salga de control, será mejor que averigüemos qué rayos está pasando.
-Eh, pero quizás...
-¡Basta de charla! –Kukaku interrumpió a Dave en mitad de su intento de discutir-. ¡A la cuenta de tres! ¡Tres, dos, uno! ¡Fuego!
-¡Pero no estaba listo!
Dave fue silenciado por el sonido atronador del cañón encendiéndose, con el bramido de un millar de motores del mundo del que venía, y, mientras gritaba de miedo, a coro con los demás, que en cambio gritaban de emoción, fueron disparados al cielo a toda velocidad.
-Buena suerte –dijo Kukaku, mirando a la distancia.
En el seireikei, sólo algunos pocos fueron testigos de las repentinas explosiones en la pared externa que hacía las veces de escudo.
Yusei Shirokawa se atragantó en mitad de su sándwich de la mañana.
Toshiro Hitsugaya y Rangiku Matsumoto dejaron de discutir, mirando hacia fuera por la ventana del capitán.
En la cima de una torre, a casi mil metros por encima del nivel del suelo, y a un par de kilómetros de la Central 46, Shinto Kirisame fue asaltado por las explosiones a lo lejos, dejando caer un pergamino de seda que había capturado su atención las últimas horas, aturdido por la conmoción. Lo atrapó justo a tiempo, mientras sus ojos se entrecerraban por las luces de los estallidos distantes.
-¡Miren todos, fuegos artificiales! –el teniente Hisagi señaló al cielo, emocionado.
Desde un rincón alejado en el Escuadrón 11, yumichika Ayasegawa e Ikaku Madarame detuvieron su propia conversación, mirando hacia arriba, justo cuando doce explosiones atravesaban el cielo, como estrellas fugaces o fuegos artificiales.
Ambos se quedaron con la boca bien abierta.
En el Escuadrón 4, Hanataro Yamada se detuvo en mitad de su carrera hacia su oficina. Se había despertado sin sentir su alarma acostumbrada llamándolo, por lo que corrió lo más rápido que pudo por los pasillos, ignorante de la verdadera hora del día, aún no amanecido. Mientras recobraba el aliento, miró casualmente hacia arriba, y volvió a quedarse sin respiración.
Mayuri Kurotsuchi, con un ojo pegado a las cámaras de vigilancia que, convenientemente, había instalado por toda la sociedad de almas, fijó su mirada casualmente en una colocada en el lado exterior de la pared noroeste del Seireikei.
Se quedó momentáneamente ciego por los estallidos, y la cámara se desactivó un instante después.
-Capitán, parece que finalmente estamos avanzando con la investigación sobre Hueco Mundo. ¿Capitán?
-¿Puedes callarte, Akon? Ahora no es el momento para esto. Ahora mismo, algo mucho más inmediato acaba de llamar mi atención.
-¿Qué sería eso, capitán?
-Te lo diré, tan pronto como pueda volver a ver con mis ojos. A veces puedes ser realmente molesto.
-Lo que usted diga, capitán.
En el Muken, Aizen no podía ver, ni mucho menos escuchar, el estallido. Casi todo el mundo, tanto aquí como en la superficie, estaba durmiendo.
Sus ojos se abrieron de golpe, sintiendo cómo, de repente, tres presencias familiares se colaban en su conciencia. Otras nuevas, también considerablemente fuertes, las acompañaron, y el ex villano sonrió, repentinamente contento de ser el único en haberse dado cuenta de este acontecimiento trascendental.
O eso pensó, porque, en la celda de al lado, Yuki Minamoto se revolvió en sueños, antes de que el mismo Aizen llamara su atención.
-Oye, niña. ¿has sentido eso?
-¿Qué? –Yuki se despertó con un sobresalto-. ¿Qué está pasando? ¿Por qué rayos me despertaste?
-Oh, por nada. Sólo creí, por un segundo, que tú también habrías captado algo... inesperado.
Yuki fue a insultarlo, pero se detuvo antes de que su lengua pudiera expresar su desdén hacia él.
Aunque no podía decirlo, no podía estar segura, alguien o algo acababa de cambiar las tornas.
-¿Qué es este sentimiento? –se susurró a sí misma, confundida al ser abrumada por tanta información de golpe.
Aunque no podía verlo, Aizen estaba sonriendo. Sólo Dios sabía por qué.
El sentimiento de anticipación se desvaneció segundos después, pero Yuki no se permitió dejarse llevar por la desesperación.
-Yuki Minamoto –una voz irrumpió en mitad de su meditación, rompiendo con el pesado silencio de la prisión.
A su alrededor, la mayoría de los criminales seguía durmiendo. Serían apenas las seis de la mañana, pero tanto ella como Aizen habían permanecido despiertos, a la espera de algo, algo que ella misma no podía comenzar a comprender.
-Soy yo –dijo en un susurro.
Un hombre con el atuendo de la Central 46 se paró fuera de su celda, mirándola con una expresión tallada en piedra.
-Se ha decidido tu condena. Serás ejecutada en siete días.
-¿Qué?
EL hombre de la Central se dio la vuelta, sin dedicarle ni una segunda mirada antes de desaparecer.
Ni siquiera con este nuevo conocimiento, Yuki se dejó llevar por la desesperación. Eso sí, una angustia mortal se posó en lo más profundo de su corazón, a sabiendas de que ya nada podrían alegar Kyoraku o cualquier otra persona en su defensa.
-No sé por qué siento como si estuviera observando un deja bu –dijo Aizen, en tono críptico.
Yuki se escondió de su mirada en el rincón más oscuro de su propia celda, encogiéndose para cubrirse con los brazos. Lo último que quería en este mundo era que el mayor villano vivo fuera testigo de su mayor momento de debilidad. Que, antes de morir, llorar era todo lo que podía hacer.
