Capítulo 15
Atravesando el Seireikei
Yang sintió que, probablemente, su cabeza acababa de explotar. O acababa de llegar sano y salvo al otro lado de la enorme pared, o se había echo pedazos, como una mosca al chocar contra una roca.
Se reincorporó a duras penas, mientras observaba cómo los escombros volaban por todas partes.
-Chiwa, o estoy muerto de nuevo, o acabo de atravesar esta cosa, literalmente.
A un par de centenares de metros, un Ganju ileso y triunfal, se paró sobre su propia pila de escombros, sonriendo como si nada.
-¡Y a eso es a lo que llamo un proyectil de verdad!
-espera, ¿dónde están todos? ¿Están bien?
-Oye, todavía puedo sentirlos aquí, por alguna parte. Mira, la primera vez que hice esto con Ichigo, sobrevivimos todos, y aún sigo aquí, ¿no? ¿Qué estamos esperando?
Chad, Uryu y Orihime habían aterrizado cerca el uno de los otros, pero no vieron rastros de los demás por ninguna parte.
-Siguen vivos –Uryu gritó por encima del huracán de escombros a Orihime-. ¿Pueden sentirlos?
Sus amigos asintieron, y comenzaron a caminar por el terreno. Al parecer, nadie los había visto todavía, y no sabían si tomar esto como una señal positiva o negativa.
A lo lejos, Yusei corría, deseando llegar al lugar del estallido.
En otra parte, muy lejos de allí, la sonrisa engreída de Jinzo Hiyumi se hizo añicos. Rompió su copa de vino con una mirada, antes de levantarse de su lugar de meditación en el suelo.
-Matsubara –al caminar hacia la Central, se cruzó con el juez mayor, deteniéndolo-. ¿Sentiste eso? Parece que tenemos compañía.
-Kyoraku deberá explicar esto –su compañero habló con un tono inapelable, pero parecía cansado.
-¿Cansado, eh, Matsubara? Me sorprende que, a tu edad, no hayas decidido tomar la irresistible opción de jubilarte.
-Oh, no me estaré jubilando pronto. Demasiado trabajo queda por hacer, justicia por impartir y leyes por reafirmar.
-Eso pensé.
Ambos caminaron hacia el juzgado, continuando el trayecto ahora en silencio.
A lo lejos, dos siluetas encapuchadas los observaron, desde una posición escondida en un bosque.
-Estoy ansiosa por hacer mi movimiento, sabes.
-Lo sé, colega Kazekumo. Pero tendrás tu momento, como acordamos.
-Ya no puedo esperar.
-Sólo un poco más, ¿está bien? Deja que el caos estalle primero. Que todo el mundo se preocupe por los ryioka que acaban de entrometerse y no en nosotros.
-Somos su sombra, ¿cómo podrían fijarse en nosotros?
-Porque estamos allí, toda sombra está junto con quien la lleva. Deja que se fijen en su sombra sólo cuando no puedan volverse hacia atrás, cuando no sean capaces de mirar más allá de sus propios ojos.
-Calculador como siempre, ¿eh, Eiji?
-Cállate, mujer. Tu imprudencia te matará uno de estos días.
Ella se rió, ignorando su burla y burlándose a su vez.
-Como digas, idiota.
Ambos desaparecieron, justo cuando Toshiro y Rangiku corrían para cruzar juntos a su lado, dirigiéndose a la oficina de reuniones.
-He llamado a esta reunión de emergencia –comenzó Kyoraku, la voz tensa-, porque acabamos de detectar la apertura de un Senkaimon hace cuestión de horas. Además, parece que nuevos Ryioka están invadiendo el Seireikei.
-Una molestia sin importancia –habló Kenpachi Zaraki, capitán del Escuadrón 11, sin interés-. ¿Para qué preocuparnos de un montón de moscas?
-doce moscas, si es que son sólo eso –atajó Kensei Muguruma, capitán del Escuadrón 9, bastante molesto-. Además, no sabemos qué son. ¿A qué nos enfrentamos?
-ocho –objetó Mayuri, mientras tecleaba en un dispositivo-. Ése es el número que nos importa.
-Los números no importan. Los aplastaremos como moscas y ya –dijo Kenpachi, en un intento vano por zanjar la discusión.
-Estás olvidando, Kenpachi, que ya tuvimos ocasión de subestimar a algunos Ryioka en el pasado, y todos aquí sabemos cómo terminó eso –dijo Byakuya Kuchiki, con una mirada hosca a la habitación.
-Tiene razón. No deberíamos subestimarlos. Estudiarlos, sí –dijo Mayuri, aún sin despegar su mirada de su trabajo.
-A menos que puedan enfrentarse a mis chicos, son moscas –volvió a alegar Kenpachi, siendo nuevamente contrariado.
-Oh, ¿y qué conseguiremos con eso? –Shinji Hirako, antiguo capitán del escuadrón 5, recientemente reasignado a su puesto, decidió hablar, intentando ser la voz de la razón-. Capitán Comandante, permítame recordarles a todos en esta sala que Ichigo Kurosaki fue considerado Ryioka por todos ustedes en el pasado, y hoy es un héroe. ¿Es necesario volver a caer en la ignorancia ahora?
-No estabas allí, Hirako –le lanzó la capitana del Octavo Escuadrón, Lisa Yadomaru.
-¿Cuál es la diferencia? –Rose Otoribashi, el capitán del Escuadrón 3, saltó en defensa de su amigo, furioso-. No sabes quiénes vienen al Seireikei. Yo tampoco, y a menos que alguien aquí lo sepa, esta reunión no tiene sentido. Incluso nos están faltando dos capitanes, ¿qué se supone que decidamos ahora?
-Tiene razón –lo apoyó Kensei, bastante indignado-. Sugiero que observemos esto con cautela.
Algunos comenzaron a gritar, hasta que Kyoraku golpeó la mesa con un bastón viejo, heredado de su predecesor.
-¡Basta! ¡necesitamos ideas, no prejuicios!
-Si me permite, Capitán Comandante, estaré gustoso de contribuir con lo que sí puedo decirles –dijo Mayuri, siendo el primero en retomar la palabra-. Como bien dijo el capitán Otoribashi, no sabemos a qué nos enfrentamos. Pero en el Departamento de Investigación y Desarrollo, acabamos de captar algunas imágenes interesantes. ¿Quieren verlas?
Kyoraku le hizo un gesto, y Mayuri presionó un botón en su dispositivo, antes de que una serie de imágenes se proyectaran holográficamente en el centro de la sala.
Primero, pudieron ver doce explosiones, justo antes de que la pared norte del Seireikei explotara.
-Como pueden ver, los Ryioka acaban de utilizar el mismo método de entrada que Kurosaki y compañía la primera vez.
Instantes después, la imagen fue reemplazada por otra, que mostró a tres figuras diminutas que se alejaban, pero los nombres escritos debajo, que el capitán amplió para que todos pudieran verlos mejor, dejaron claro de quiénes se trataba.
-Este otro, de un poder espiritual insignificante es Ganju Shiba, así que ya podemos ir precisando el número que nos interesa. Sí, doce entraron, pero los Ryioka que deben preocuparnos son ocho.
-¿Qué has dicho que no sepamos ya? –Kenpachi lo miró, aburrido.
-El capitán Zaraki dijo que son moscas. Deseo diferir. Acabo de extraer una medida aproximada de algunas de las presencias, y son todo menos moscas. Puede que nos estemos enfrentando a una amenaza sólo comparable con los Arrancar de Aizen o el Wandenreich de Yhwath.
Todos menos Kenpachi y el propio Mayuri jadearon, sorprendidos por esta nueva revelación.
-Es por eso que sugerí estudiarlos de cerca. Sugiero enviar a algunos oficiales de cierto nivel no desdeñable, pero no demasiado poderosos, para darles caza. Yo me abocaré a la humilde tarea de estudiarlos.
-Ya basta, Mayuri –Shinji le lanzó una mirada mordaz-. Hablas de ellos como si fueran ratas de laboratorio. Cuatro de ellos son amigos nuestros, y aún no sabemos las intenciones de los demás.
-Entonces, ¿me imagino que los ocho restantes también son amigos tuyos, Hirako? ¿O de Kurosaki? Porque, si ése fuera el caso, no tengo ningún problema en hacerme a un lado y dejarlos pasar.
Casi todos en la habitación se tensaron. Shinji, Rose y Kensei le lanzaron al científico una triple mirada de muerte, mientras el señalado sonreía, triunfal.
-Eso pensé. Capitán Comandante, no he retirado mi sugerencia anterior de poner a la señorita Minamoto bajo observación directa. Ya la estamos estudiando de cerca, pero ella podría ser un... sujeto interesante. Si estuviera relacionada con estos Ryioka...
-Ella es una shinigami, una de los nuestros –Kyoraku le disparó una mirada de advertencia-. Pero los demás... ¿cuál dirías que es su raza?
-Ése es el problema. No he detectado sangre de hueco, ni shinigami, ni quincy, ni nada parecido. ¿Fullringers, acaso? Lo dudo. Déjeme capturarlos y, si mis chicos y yo los estudiamos...
-SI son tan importantes como dices –saltó Kenpachi de golpe-, déjame reducirlos a cenizas. Mis chicos y yo llevamos meses esperando una batalla que valga la pena. Con su permiso, Capitán Comandante...
-Los amigos de Kurosaki estarán involucrados, sin duda –atajó Byakuya-. Si no, ¿por qué desaparecieron de nuestro radar hace tiempo? Ahora, aparecen de la nada, viniendo sin pedir permiso y causando un alboroto. ¿Qué estás buscando, Zaraki? Porque te recuerdo que, si no me equivoco, la última vez que subestimaste a un Ryioka, terminaste en la enfermería del Escuadrón 4.
-¿Estás intentando provocarme, Kuchiki? Te recuerdo que hiciste lo mismo, y acabaste en la enfermería también.
Ambos se lanzaron sendas miradas asesinas, pero Kyoraku volvió a golpear la mesa con el bastón de Yamamoto, anticipando una jaqueca severa.
-No necesitamos una pelea entre capitanes ahora mismo. ¿Alguien más tiene alguna sugerencia?
De repente, el capitán Hitsugaya atravesó las puertas, mirándolos a todos con fastidio.
-Lamento llegar tarde, pero...
Su disculpa se detuvo al fijarse en las diapositivas que Mayuri continuaba proyectando en el aire, y Kyoraku se limitó a ofrecerle un gesto propio, indicándole que se sentara pero que, de todos modos, no tenía de qué disculparse.
-Eres amigo de Ichigo, entiendo que estos últimos meses hayan sido difíciles para ti. En fin, únete a nosotros y continuemos.
-Sí, la teniente Matsumoto y yo presenciamos lo mismo que Kurotsuchi, pero sin mediación alguna de cámara –explicó Toshiro rápidamente.
Mayuri asintió, complacido por no ser el único que estaba al tanto del acontecimiento, aunque más todavía por ser quien conocía mayormente sus detalles en todo el lugar.
-Entonces, ¿qué debemos hacer? –Toshiro los miró, y Kyoraku suspiró.
-Aún lo estamos discutiendo. ¿Ideas?
-Obviamente, coincido con Kurotsuchi en que debemos observar primero. Observar siempre antes de proceder. Sin embargo, quizás no debamos subestimar a quienquiera que venga, pero sospecho que no tienen buenas intenciones. Sólo puedo albergar una pequeña esperanza de estar equivocado, si es que los mejores amigos de Ichigo tienen algo que decir en todo esto. No queremos una nueva guerra.
-Exactamente –dijo Kyoraku, asintiendo-. Bien, hasta que les avise con mariposas infernales, limítense a observar. Será mejor que encontremos a esos tres para una pequeña charla.
Mientras los capitanes se dispersaban, Hitsugaya y Kurotsuchi comenzaron a dirigirse cada uno a su escuadrón. El de apariencia más joven le lanzó una mirada sospechosa, pero acabó por encogerse de hombros y volver junto con Matsumoto.
-Quieren que observemos. Ah, y los amigos de Ichigo podrían pasarse por aquí muy pronto.
-¿Qué, Uryu, Chad y Orihime están aquí? ¿Sí! ¡Me estaba preguntando dónde podrían estar todo este tiempo! ¡Un mes ya!
El trío humano se detuvo, y todos se pusieron firmes ante una presencia desconocida.
-No conocemos a todos los oficiales aquí –admitió Uryu-, pero éste es simplemente raro y poderoso. Escalofriante, también.
-Se siente confundido –objetó Chad.
-Yo diría que nervioso –opinó Orihime.
Un joven, con el aspecto de un adolescente de diecisiete o dieciocho años, de cabello tricolor, blanco en el lado derecho, rojo en el izquierdo y naranja en el centro, con líneas negras, un par de ojos ambarinos y una sonrisa nerviosa, con el atuendo del Escuadrón 6, tan alto como Uryu, los saludó.
-¡Los amigos famosos de Ichigo Kurosaki! ¡Uryu Ishida! ¡El quincy más poderoso que aún vive! –señaló al joven, que lo miró con irritación. Luego, dirigió su mirada infantil al grandullón, que le devolvió una mirada nerviosa-. ¿Yasutora Sado! ¡El guerrero con la fuerza aplastante! ¡Y no me puedo olvidar de ti, Orihime Inoue! ¡La bella y poderosa guerrera, que puede revertirlo todo! ¡Puedes curar cualquier cosa, revertir venenos, resucitar a los muertos!
-Adulador –murmuró Uryu.
-Eh, no sé qué decir. Pero es algo... incómodo –admitió Chad.
-¡Un admirador!
Los tres lo miraron con expresiones evaluadoras de diverso grado, que iban de la mirada irritada de Uryu, pasando por la nerviosa de Chad y la sonrisa forzada de Orihime. Los tres sudaron.
-¿Para qué es el cabello tricolor? –Uryu se burló, cruzándose de brazos-. En serio, ¿cuál es tu color real?
-¡Oh, esto es genial! ¡El quincy más poderoso de la historia está haciéndome una pregunta! ¡Creo que me desmayaré!
-Por favor, no lo hagas. Si no puedes ser de ayuda...
-¡E-espera! ¡Puedo ser de mucha ayuda! ¡Lo juro! Bueno, mi cabello en realidad es blanco. Pero me he pintado el naranja por Ichigo, el rojo es por mi teniente, Renji Abarai, ¿lo conoces? Y como me quedaba poca pintura, ya que usé el negro para pintar mis cosas en mi habitación, hice lo que pude. Es mi pequeño reconocimiento a mi profesor favorito de la academia, Shinto Kirisame.
-Gran espectáculo tienes allí –dijo Chad, intentando cubrir su sonrisa, pero sin conseguirlo.
-¿De verdad lo crees? ¡Gracias!
-Y una verdadera payasada –dijo Uryu, provocando que el pobre tonto retrocediera, ruborizado de vergüenza-. Mira, amigo, no tenemos tiempo para firmar autógrafos, uh. Estamos buscando a algunos conocidos. Dijiste que tu teniente es Renji, ¿eh? Llévanos con él, ¿puedes hacer eso?
-¡Sí! ¡Vamos!
El cuerpo del shinigami se cubrió de energía blanca y desapareció en un destello. Un segundo después, reapareció, sonriéndoles con nerviosismo.
-Eh, ¿quieren que los lleve a caballito o prefieren seguirme?
-¡Te seguiremos, no hay problema! –gritaron al unísono.
-¡De acuerdo!
Yusei volvió a cubrirse con su halo blanco, esperando, ahora sí, a los demás. Uryu sujetó a Orihime y Chad a su lado con firmeza, antes de crear las plataformas de reishi que representaban su manejo maestro del Hirenkyaku.
-¡Genial! ¿Ése es el famoso hirenkyaku de los quincys?
-Sí –Uryu dijo, desanimado.
-¡Oh, sí! ¿Puedo competir contigo en una pequeña carrerita? ¿Tu Hirenkyaku contra mi velocicruz?
-Pensaba que ustedes usaban el Shumpo o Paso Flash. En fin, si eso nos hace llegar más rápido, no me importa. –Uryu aprovechó ese momento para alardear-. Puedo ser muy rápido si quiero, ya.
-¡Genial, vamos entonces!
Yusei despegó, e incluso a Uryu le costó seguirle el paso. Dos segundos después, ya estaban frente a la oficina del capitán Kuchiki.
-¡Y aquí estamos! –al golpear su puerta, acabó entrando en la oficina, siendo seguido por los demás-. ¿Capitán? ¡Oh, no está aquí! ¿Por qué?
-Quizás esté ocupado –opinó Chad.
-¡Oh, acabo de acordarme! ¡el capitán dijo que tenía una reunión urgente por unos Ryioka que acababan de invadirnos! Pero con nuestros poderosos capitanes cerca, y ustedes tres, los amigos de Ichigo Kurosaki, eso no debería ser un problema, ¿verdad?
-Ésa es la cuestión. No son invasores, son amigos –dijo Chad, mientras salían de la oficina.
-Eh, ¿cómo es eso?
-Te lo explicaremos otro día. Vamos –Uryu arrastró a sus amigos hasta que desaparecieron en otra demostración de su Hirenkyaku.
-¡Nos veremos!
Una mujer de piel de alabastro y cabello negro largo apareció detrás suyo, tocándole ligeramente en la espalda. Yusei cambió su sonrisa alegre por una expresión seria en un segundo.
-Buen trabajo, chico. Serás recompensado, como prometimos –le susurró.
-Matsuko Kazekumo –dijo él, fríamente-. Espero que tu cómplice, sea quien sea, tenga el mínimo gesto de presentarse él mismo y enfrentarme.
-Lo siento, aún no puedes verlo en persona. Eres demasiado ingenuo. Sus palabras. Pero quizás esto te de una idea de nuestro... alcance en el Seireikei.
La mujer lanzó una cruz roja al aire, la cual emitió una imagen holográfica de un tipo alto y desgarbado en túnicas negras de shinigami. Tenía el cabello castaño, una cara angulosa, sonrisa con colmillos y portaba una cadena brillante alrededor de su cintura.
-Hola, viejo amigo. Espero no me hayas olvidado. Ya sabes, muchas cosas pueden cambiar en diez años. Menos nuestro trato, ¿hm?
-Logan Eviltrain –escupió con veneno.
-Bueno –continuó la imagen, su sonrisa permaneció a través de su discurso-. Será mejor que no lo hayas olvidado. Porque esto es una tregua. No durará, eso es seguro. Pero mientras lo haga, mantendré mi palabra y no iré tras quien tú ya sabes. Adiós.
La cruz explotó espectacularmente, creando estelas multicolores en el aire.
-Presumido –escupió, y le arrojó una mirada asesina a la mujer, que se limitó a sonreírle-. ¿Qué quieren de mí?
-Tu silencio. Nada que no hayas hecho antes. Sigue ayudándonos, y pronto todo esto se acabará. Estamos creando el camino para un mundo nuevo, Yusei. Entiendes eso, ¿verdad?
-Si mi teniente o mi capitán se enterasen...
-No dudarían en matarte, no importa cuánta admiración les profeses. Esto no es heroísmo, niño; es supervivencia, el único camino hacia la gloria.
Yusei asintió, y Matsuko se retiró, desapareciendo entre los barracones del escuadrón. Una vez ella se hubo ido, apretó los puños, iracundo.
-Si Kyoraku supiera...
El trío tampoco pudo encontrar a los demás capitanes donde se suponía que debían estar. Su único consuelo fue toparse con Hisagi en mitad de su búsqueda, quien felizmente los condujo hasta algún sitio, donde dijo que podrían encontrarse con Kyoraku, nada menos, y tener una especie de conversación que, según le había dicho su propio capitán, era muy necesaria.
Ikaku y Yumichika llegaron al lugar donde Yang y Ganju estaban comenzando a perder la paciencia el uno con el otro, y se hubieran ido a los golpes, si los dos oficiales no hubieran aparecido.
-¡Esto es tu culpa!
-¡Cada cual fue en su propio cohete, no me culpes por eso!
-¡Pero es tu culpa! ¡Ahora, no podremos encontrarlos a tiempo!
-¡Claro que podremos!
-¿Qué estás haciendo aquí, Ganju? –Yumichika gritó, escandalizado.
El dúo se detuvo, y Ganju los miró por fin, rascándose la cabeza, nervioso.
-Eh, ¿dando una mano?
-¡Estamos en mitad de una crisis, idiota! –le gritó el hombre escandaloso, claramente descontento por su presencia-. Ichigo no aparece, y entonces ¿tú y un montón de desconocidos patean la pared del Seireikei y causan caos?
-Yumichika tiene razón, Ganju. ¿En qué estabas pensando?
-Eh, ¿mi hermana manda saludos!
-Ella no nos conoce –dijo Ikaku, obviamente comenzando a perder la paciencia también-. Y si quería invitarnos a una fiesta, ¡no tenía que hacer explotar una pared entera del Seireikei para hacer su punto!
Ganju se encogió ante el hombre amenazante, hasta que Yumichika se echó a reír sin control, distrayéndolo y captando la atención de ambos.
-¡Mira eso, amigo! ¡Es un conejo de peluche con una espada! ¡Es tan gracioso!
-Eh, Yumichika...
-¿Qué dijiste? –Yang captó su atención, echando fuego por los ojos.
-Vuelve a tu madriguera, conejito, ¿quieres? ¡me lastimaría tener que sacarte el relleno con mi Zampakutou!
-¡Oh, pero yo definitivamente no lamentaré hacerte pulpa con la mía!
Yumichika fue a continuar con sus burlas, hasta que el conejo saltó hacia él a toda velocidad, propinándole una patada voladora que lo lanzó a casi un kilómetro de distancia, creando un pequeño cráter con el impacto, ante un Ikaku y Ganju boquiabiertos.
-¿Sigo siendo de peluche, idiota?
-De peluche o no, ¡nadie ataca a mi amigo y se va de rositas!
Ikaku le lanzó una andanada propia de golpes, pero el conejo los evadió a todos, girando en el aire para caer con un puñetazo que estuvo a punto de descolocarle la mandíbula.
-¡Oh, ya me hiciste enojar! ¿Quieres pelear? ¿peleemos entonces! ¡Crece, Hozukimaru!
-¡Ten cuidado, Yang! ¡Está liberando su Shikai, Hozukimaru!
-¿No crees que, a estas alturas, ya me he enterado?
-Eh, ¿quizás?
-Quítate de en medio, Ganju, ¡haré conejo a la parrilla hoy!
-Pero Ikaku, ¡el chico está en una misión muy importante! Además, tú luchas tus propias batallas, ¿verdad?
-Sí. Pero el conejo parece fuerte, quiero ver cuánto es capaz de aguantar.
-¡Acepto el desafío, calvo!
-¿Me acabas de llamar calvo?
-¡Ilumina el cielo, Hotaru!
FLASHBACK
-Tu hermana ya pasó la prueba. Quedas tú –Boogeyman le sonrió, divertido.
-Chiwa.
-Volvamos a empezar, ¿está bien?
La rutina arrancó una vez más, con el zombi disparando rayos y el conejo esquivándolos lo mejor que podía. Cuando lo arrinconaron contra una pared, parecía perdido.
-Esta vez, será tu última oportunidad, Yang. Si la desperdicias, te mataré.
-¡No! ¡Todavía no puedo morir! ¿Tengo que rescatar a Yuki!
EL siguiente rayo de su enemigo lo interrumpió, electrocutándolo y lanzándolo rebotando por las paredes, hasta que se detuvo en el suelo.
-¿Eso es todo? Qué decepción. Tu hermana tendrá que irse sin ti.
-Tengo... que... levantarme...
A duras penas, el conejo consiguió ponerse de pie, descubriendo que, como cuando había obtenido su Zampakutou la primera vez, casi accidentalmente, se apoyaba en ella para sostenerse.
-¿Apoyándote en tu Zampakutou para estar de pie? Qué debilucho.
-de hecho, la debilidad es la clave. ¡Ilumina el cielo, Hotaru!
Una vez la luz se hubo disipado, el zombi yacía a sus pies, sin su arpa a la vista y sin su mano izquierda.
-Felicitaciones. ¡has pasado!
Escupió un diente, con algo de sangre en él, lo que lo desconcertó.
-Eh, si no te importa que te pregunte, ¿cómo sigues teniendo sangre siendo un zombi?
-Algunas cosas es mejor mantenerlas en secreto.
FIN DEL FLASHBACK
Tanto Ikaku como Ganju habían retrocedido, cubriéndose los ojos para evitar quedar ciegos. Segundos después, el conejo sujetaba la bella espada en su mano, listo.
Ikaku sonrió, lanzándose ferozmente con su naginata al ataque. El conejo hizo chocar ambas hojas, y estuvieron igualados por unos instantes. En menos de un minuto, sin embargo, Ikaku consiguió golpearlo con fuerza en el pecho, haciéndolo retroceder; luego, le dio una fuerte patada en su cara, y Yang se deslizó por el suelo, casi vencido.
-¿Eso es todo, conejito?
-¿Cómo me llamaste, calvito?
-¡No me llames calvo, ni mucho menos le pongas un diminutivo a eso!
Ikaku estalló de rabia, golpeando al conejo con su naginata, pero el conejo lo esquivó, recuperó su espada y volvieron a chocar sus filos, sacando chispas.
-¡Y tú no me llames conejito!
Ikaku acabó teniendo que retroceder, pero giró hacia un lado y, descubriendo un punto abierto en su oponente, balanceó su arma en el aire y le propinó un golpe fulminante en el hombro, aunque por suerte, fue en el brazo que no estaba utilizando para sujetar su espada.
-¡Yang!
Ganju le lanzó un explosivo al shinigami, pero éste lo esquivó y lo miró con una expresión amenazadora.
-Ganju, a ti te conozco. Pero a este conejo estúpido, no lo conozco de nada. Ríndete, conejo, y puede que no te mate.
-No, gracias. He venido a liberar a una amiga, y no pienso irme sin ella, incluso si tengo que patearte el trasero, quienquiera que seas.
-Espera un segundo. ¿Eres amigo de esa chica Minamoto? ¿la que supuestamente asesinó a Ichigo? ¡Creo que acabo de cambiar de opinión! ¡Luchemos hasta el final!
Yang se reincorporó, sonriendo. Tomó su espada con ambas manos, rechazando cada envestida con obstinada determinación, sin importarle sus heridas.
-¿Es todo, calvito? ¡Toma esto! ¡Rayo de luz!
Hotaru brilló intensamente, e Ikaku tuvo que protegerse los ojos con una mano para evitar caerse. Desvió su próximo golpe, pero la espada le lanzó un rayo de algún tipo a quemarropa, dejándolo sin respiración por varios segundos.
-¿Qué fue eso, un rayo eléctrico?
-No. ¿Es luz pura! ¡Y tu final!
Yang fue a disparar por segunda vez, pero de repente la hoja se enfrío, y su brillo se desvaneció como si nada. Ikaku se reincorporó, mirándolo peligrosamente. Yang, por su parte, se rió con nerviosismo.
-¿Qué pasó, se te apagaron laaas chispitas?
-Chiwa.
Volvió a ponerse a la defensiva, resistiendo las envestidas con cada vez mayor dificultad, hasta que resbaló y recibió un golpe directo en el pecho, siendo arrojado varios metros en el aire, hasta caer contra el suelo con dureza.
-Ya terminé contigo, conejito.
Pero Yang sólo le sonrió, lo que desconcertó a su oponente.
-Ya no tienes tu Zampakutou, ¿qué te pasa ahora?
-Oh, creías que necesitaba otro rayo, ¿eh?
-Estás fanfarroneando. O delirando.
-Ojalá. ¡Puños del dolor!
De repente, Su puño aumentó de tamaño, y le propinó un fuerte golpe que, para su sorpresa, lo mandó dando vueltas por el suelo. Yang tuvo el tiempo justo para recuperar su Zampakutou, la cual comenzó a brillar una vez más.
Pero en lugar de disparar un rayo, brilló intensamente, más todavía que antes, y resistió la siguiente envestida de Ikaku como si lo hiciera por su cuenta. EL conejo se quedó sin palabras, mientras era su Zampakutou quien peleaba en su lugar. La espada dirigía sus golpes y defensas, hasta que consiguió desbloquearse a sí mismo, y consiguió abrir la defensa del calvo, golpeándolo con fuerza en el esternón y sacándole sangre.
-¡Tu primer golpe sobre mí, eso es bueno! ¡Porque ya estás a punto de volverte picadillo!
-¿Y yo fanfarroneo?
Ikaku intentó golpearlo una vez más, pero el conejo lo vio venir, lo esquivó y, acto seguido, saltó sobre él, cayendo con una estocada mortal, que lo hirió en su hombro. Ikaku se tambaleó hacia atrás, perdiendo el equilibrio y cayendo de rodillas.
-¡E-esto no es nada! ¡recibo golpes así todo el tiempo!
-Pues parece que podrías estar recibiendo más.
Hotaru brilló una vez más y, con un golpe final con la hoja resplandeciendo, Ikaku fue arrojado a un lado, quedando inconsciente.
-¡Oye! ¡Enfréntate a mí ahora!
Yumichika acababa de despertar, y fue a atacarlo, pero Yang lo interceptó, antes de dispararle un rayo luminoso, que lo devolvió al mismo cráter, del cual ya no se levantó.
-Gracias, compañera, no tenía tiempo que perder con estos idiotas. ¿Ganju? ¡Vámonos ya!
-¡Lo que digas!
-¿Dónde dijiste que está la prisión?
-¡Por aquí!
Mientras se alejaban de la escena, una silueta encapuchada se dio a conocer. La figura se quitó la capucha, revelando un rostro anguloso y dientes con colmillos.
-parece que ya se han confiado ustedes dos, compañeros. Pero no se preocupen, me encargaré muy pronto de los Ryioka por mí mismo.
Logan Eviltrain se rió con sorna, pero su risa malévola salió con una tos seca, y tuvo que dejar de reír para recuperar el aliento.
-Estúpido catarro espiritual.
Mientras tanto, otras batallas, similares a la de Ikaku y Yang, iban dando comienzo.
Kyoraku se había cansado de esperar a que Hisagi regresara, y decidió de repente que tenía ganas de estirar las piernas y salir. Se levantó de su silla en la biblioteca de Shinto, uvicada a pocos kilómetros de la Central 46, pero por suerte relativamente apartada como para que nadie pensara en molestarlo.
Shinto no había vuelto, y sintió que debería comenzar por su cuenta. Cuando salió, comenzó a trotar hacia el norte, pero se detuvo bastante rápidamente. Los Ryioka se sentían ahora muy cerca.
Continuó trotando y, poco a poco, se fue aproximando a una de las presencias desconocidas. Le salió al paso una perrita con vestimentas lavanda y una mirada de hierro.
-Vaya, tú debes ser uno de los Ryioka.
-No sé nada de eso. Estoy buscando la prisión. ¿Sabes dónde está?
-Sí. Pero no puedo permitir que pongas un pie allí.
-¿Estás tratando de meterte en mi camino?
-No, sólo estoy tratando de evitar una catástrofe. En la prisión hay muchos criminales, no querría ver a una bella dama como tú siendo asesinada por meterte con tanta escoria.
-¿Escoria? ¡Allí está mi amiga! Me lo han dicho, y necesito encontrarla.
-Bueno, eso no te concierne. De todos modos, es mi caso, no el tuyo. Regresa por donde has venido, o me veré obligado a detenerte por la fuerza.
-¡Olvídalo!
-No quería luchar contigo, pero no me dejas alternativa.
-Están cerca –Shinji se puso en tensión.
Caminó con cautela en el lado oeste del Seireikei, pese a que varios escuadrones patrullaban sin parar. Pero no quería quedarse sentado sin hacer nada, y quería ver por sí mismo quiénes estaban llegando.
Dos presencias interesantes llamaron su atención, justo antes de que algunos oficiales menores del Escuadrón 3 y otro tanto del 5 fueran arrojados a un lado por fuertes golpes a su derecha. Se dio la vuelta, justo a tiempo de ver caer a los oficiales, y entrecerró los ojos al toparse con dos extraños.
-No hay nada, coo, aquí.
-Qué lástima, tenemos que aprovechar mi velocidad, veamos.
Un pollo vestido como un tipo gótico y un goblin de considerable altura, cayeron a pocos metros del ex Vizard, quien sonrió al percibir dos poderosas presiones espirituales en los Ryioka que, ingenuamente, aún no lo habían visto.
-Oigan, ustedes –los señaló, algo divertido-. No sé qué están haciendo aquí, pero será mejor que se vayan. No quisiera verme obligado a matarlos, cuando podrían irse en paz.
-¿Quién te pregunto? –Jobeaux le lanzó una mirada mordaz, antes de preguntarlle-: ¿Y quién rayos eres tú?
-Shinji Hirako, capitán del Escuadrón 5. ¿Y ustedes son?
-Jobeaux Delapensee, caballero Woo-Foo en entrenamiento y heredero del reino de Rednikistán.
-Cooper Prinston, caballero Woo-Foo en entrenamiento, pero también tu, coo, perdición, si no nos dices dónde está la prisión.
-¿Buscan el Muken? Con gusto los guiaré allí, pero podría resultarles una experiencia dolorosa.
-¡Tráelo! –dijo Jobeaux, desafiante.
-¿Por qué tuvimos que perder a los otros? –Dave se quejaba.
Estaba con Roger y Vinnie. Si bien insistió en que se mantuvieran ocultos cada vez que pasaba una patrulla, Roger y Vinnie se hartaron la tercera vez y, golpeando a una decena de shinigamis, saltaron a la acción.
Dave, por su parte, continuó ocultándose, siempre detrás de sus pasos.
-Vaya, vaya, pero ¿qué tenemos aquí? AL parecer, mi investigación no iba desencaminada –Mayuri apareció de improviso a la vuelta de la esquina, mirándolos como un niño que acaba de encontrarse con un juguete nuevo-. Serán excelentes ejemplares para mis futuras investigaciones, ¿qué me dicen?
Les echó una segunda mirada, y agregó:
-Y díganle a su amigo que no tiene por qué esconderse, ya sé dónde está de todos modos.
-¿Qué?
Dave salió de su escondite en la esquina, y el científico les lanzó un tercer vistazo, sonriendo crípticamente.
-Un tocón, un ogro y un oso con poderes. ¿Serán fullringers? ¿O algo más?
-¿Quién eres tú? –Roger fue quien se animó a interrogarlo, crujiéndose los nudillos en anticipación.
-Mayuri Kurotsuchi para servirles. Capitán del Decimosegundo Escuadrón. Pero serán ustedes quienes sirvan como futuros experimentos. Un mundo inexplorado, con tantas posibilidades.
-¡No nos convertiremos en tus ratas de laboratorio, idiota! –Vinnie saltó, evidentemente alterado.
-Eso ya lo veremos.
Yin permaneció oculta, escondiéndose tras columnas y barracones cada vez que una patrulla pasaba cerca. Escondió su presión espiritual lo mejor que pudo, y comenzó a seguir a una mujer que, según sus instintos, se dirigía, precisamente, a la prisión. A medida que avanzaban, se iban internando cada vez más profundamente en una especie de sótano gigante, varias miles de veces más grande que el de Boogeyman.
-Te recomendaría que dejaras de seguirme –dijo la mujer de golpe, dándose la vuelta y señalando en su dirección.
Yin saltó, pero no se dio a conocer todavía.
Matsuko Kazekumo no hizo amago de desenvainar su Zampakutou, colgada en su espalda, sino que se limitó a encogerse de hombros, sonriendo.
-Mira, estás aquí por Minamoto, ¿no es cierto? Entonces, sígueme, no importa.
Sorprendida porque la estuviera invitando a continuar, la coneja la siguió, escondiéndose cuando un par de guardias detuvieron a la mujer, quien los saludó con una reverencia, antes de arrojarles algo que explotó en sus caras, y ellos, ahora sonriendo, le dieron un asentimiento distraído, dejándola pasar. Yin se preguntó para sus adentros si se trataría de alguna clase de control mental o algo parecido.
Hasta que llegaran a las celdas, la coneja prefirió permanecer en las sombras.
-No te preocupes, Yuki, vamos por ti.
N/A: acabamos de presentar dos nuevos personajes! Logan Eviltrain y Eiji! Aún no revelamos su apellido, pero aquí hay un spoiler de remuneración: estos personajes nuevos serán 13, uno por cada Escuadrón. Ya tenemos 6, y vamos por más!
Brick: te detendré ahora, antes de que arruines toda la diversión.
Yo: y no sé ustedes, pero estamos emocionadísimos por las batallas que están estallando por todo el Seireikei! ¿A alguien más le recuerda a una temporada de Bleach?
Brick: a mí. Ya nos vamos?
Yo: no se olviden de comentar!
