Capítulo 16

El camino a la desesperación

-No quería tener que hacer esto, pero si insistes... Está bien, dame tu mejor golpe –Kyoraku se puso en posición de combate, pero decidió mantener su Zampakutou sellada por el momento.

-¡Tú lo has querido! ¡Hiere, Sangrienta! ¡Y dame la victoria!

Para sorpresa del Capitán Comandante, Lina descubrió un amuleto en su cuello, que había permanecido oculto a la vista hasta ese momento. Era la moneda de la fortuna. La arrojó al aire, donde se transformó en su espada, la cual atrapó al vuelo.

-¿Eres una fullringer, entonces? Interesante, tu espada emana la energía de una Zampakutou, lo que me intriga. Es como si fueras fullringer y shinigami al mismo tiempo.

-¡Deja de parlotear y luchemos de una vez!

Lina corrió hacia él, lanzándole un corte al pecho. Kyoraku se limitó a protegerse con los brazos, sin sufrir daño alguno. Su contrincante, anonadada, retrocedió, pero bajó la guardia instantáneamente, demasiado aturdida como para reaccionar.

-Es mi turno, entonces.

Kyoraku convocó algunos hechizos, cortesía de kido, y disparó a su oponente a toda velocidad, sin siquiera mirar. La chica parecía fuerte, pero sus habilidades estaban al nivel de un niño.

Lina no fue capaz de esquivar la lluvia de ataques a tiempo. Tuvo el un instante para protegerse de dos disparos con su espada, saltar para evadir dos más, pero trastabilló hacia atrás y, perdiendo el equilibrio, fue finalmente alcanzada por tres rayos, que la lanzaron al suelo, donde se deslizó hasta detenerse. Cuando Kyoraku se acercó a ella, se arrodilló a su lado, comprobando su estado. Para su alivio, sólo estaba inconsciente.

-Bueno, uno menos. Me pregunto si los demás ya los han enfrentado.

Chasqueó los dedos y, acto seguido, una mariposa infernal apareció sobre su cabeza.

-Traigan a alguien del Escuadrón 4.

La mariposa infernal se fue volando con su mensaje, y menos de cinco minutos después, un par de oficiales se dieron a conocer en su ubicación, encargándose de la Ryoka.

-Espósenla, por las dudas. No queremos más problemas.

Los dos médicos asintieron, antes de llevarse a la perrita inconsciente sobre sus hombros.

-Debo regresar. Hisagi ya debería haber vuelto. Necesito hablar con esos tres, y pronto.

Mayuri Kurotsuchi sonrió, intrigado por sus tres oponentes.

Roger y Vinnie se tronaron los nudillos; Dave se escondió tras ellos.

-Hazte a un lado, Dave, vamos a borrarle esa sonrisa engreída a este loco –Roger lo apartó.

-A menos que tengan algo con que enfrentarme, están perdidos. ¿Zampakutous? ¿Fullring? ¿Nada?

-Oh, no necesitamos esas cosas. Con mis puños me basta –le respondió el ogro, y el oso a su lado asintió en acuerdo.

Mayuri se limitó a desenvainar su Zampakutou, sólo para estar seguro.

-Como quieran. Pero conste que les di la opción de rendirse. ¡Desgarra, Ashisogi Jizo!

Mayuri liberó el Shikai de su Zampakutou, y el tridente apareció en su mano.

-¿Qué es esa cosa? –Dave gritó, asustado.

-¿Sorprendidos? Yo mismo fabriqué mi propia Zampakutou.

-¡Bueno, no debiste! –se burló Vinnie-. ¡Esa cosa es de lejos el arma más fea que haya visto nunca!

-¿Cómo te atreves? Cuando te lleve a mi laboratorio, me encargaré de que no te pongan anestesia.

-¿Tendrán que anestesiarte cuando acabemos contigo! –Roger rugió.

Mayuri deseaba una batalla interesante, así que se sintió satisfecho cuando algo cambió en sus oponentes. Roger hizo brillar su cuerno, antes de que una lanza diminuta apareciera en su mano, copiando el diseño en su cabeza.

-¡Perfora, Taladro!

Vinnie, por su parte, golpeó sus puños entre sí, antes de que éstos brillaran, siendo cubiertos por dos guantes con pinchos amenazadores, que surgieron desde un par de brazaletes en sus muñecas.

-¡Trituren, Nudillos!

FLASHBACK

-¡Oigan, chicos! –el grito de Dave obligó a los señalados a girarse en su dirección-. ¡Ahí están!

-¡Orihime, chad! –Vinnie apareció a su lado, sin aliento.

-Sólo nos preguntábamos, ya saben, si podrían... ejem, ¿cómo se dice? –Roger completó el círculo, algo cohibido.

-¿Por qué quieren que los entrenemos? –inquirió Chad, intrigado.

-Orihime, les salvaste la vida a nuestros amigos hace poco –sintetizó Vinnie, con una expresión decidida en su cara-. Pero estamos casi seguros que intentarán rescatar a Yuki de donde sea que la estén reteniendo.

-Eso está muy bien –acotó Chad, asintiendo-, pero primero, ¿saben qué pueden hacer?

-¡Podemos pelear! –dijo Roger, confiado.

-Eso no, me refiero a si tienen un fullring –aclaró el oso, irritado.

El trío se miró, abatido.

-¿Qué es un fullring? –preguntó Dave, perdido.

-Este día será largo –dijo Orihime, compartiendo una mirada significativa con su amigo.

Al día siguiente, todos los amigos de Yin y Yang habían acudido a las lecciones de Chad y Orihime, todos portando algún objeto al azar. Bueno, todos menos Roger, quien miraba al suelo, abatido.

Dave tenía un amuleto de madera, Lina su preciada moneda, Vinnie un juego de brazaletes, y Coop una medalla con un gallo de cristal en su interior.

-Roger, Jobeaux, ¿cómo piensan entrenar sin un objeto para hacer de fullring? –Chad los reprendió.

-De hecho, Uryu me pidió que lo visite –explicó Jobeaux, y los demás entendieron.

-Entonces, ¿qué estás haciendo aquí? –Orihime le preguntó, confundida.

-Eh, ¿por una segunda opinión?

-¿Y tú, Roger? –la coneja lo miró, buscando alguna señal que le indicara algo para trabajar.

-Estoy simplemente perdido.

-No te preocupes, no necesitas un objeto –apuntó Chad, y todos lo miraron, sorprendidos.

-¿Ah, no?

-Ya tienes tu fullring. Ahí –señaló su cabeza-. Tu cuerno. Eso servirá.

FIN DEL FLASHBACK

Dave se sintió enfermo un segundo después. Aunque, por alguna razón, él estaba físicamente bien, notó que algo en el aire era diferente.

-¡Cuidado, chicos! ¡Algo anda mal con su arma!

-¡Lo único que anda mal es que sea tan fea! ¡pero arreglaremos eso muy pronto! –Vinnie sonrió con confianza.

Roger se lanzó el primero, chocando su lanza con el tridente del capitán. Saltó hacia atrás, resistiendo una envestida brutal. Aprovechó que su contrincante se había confiado en extremo, y hundió su propio cuerno en su brazo, obligándolo a retroceder.

-Eso dolió. Bien, no eres una completa pérdida de tiempo, por lo que parece.

-¡Vinnie, ven aquí y ayúdame!

Vinnie corrió a toda velocidad, y Mayuri se vio obligado a luchar con ambos a la vez. Mientras Roger lo obligaba a defenderse con el tridente, utilizó su otro brazo para evitar un golpe directo del oso. Vinnie, encantado, golpeó una y otra vez, y las espinas de sus guantes dejaron profundas heridas en el antebrazo del hombre.

-Esto ha sido entretenido, pero me temo que debo regresar y continuar mis investigaciones. Ya no son interesantes.

Ambos amigos saltaron hacia atrás, justo cuando el shinigami balanceó su arma de forma que estuvo a punto de cortarles la cabeza. Roger había escapado de la decapitación, pero su cuello había recibido el daño, y una gota de sangre se deslizó de aquel sitio hasta el suelo.

-¿Ya te estás rindiendo? ¡Qué patético!

-Yo no me estoy rindiendo. Y harían bien en prestar más atención.

Roger volvió a la carga, pero se detuvo en mitad de su carrera, resollando de cansancio. Cubrió su herida con su mano, y se cayó de rodillas al suelo, de pronto mareado.

-¿Qué me hiciste? ¡Apenas me sacaste una gota de sangre!

-Olvidé decírtelo. Hubieras escuchado a tu amigo ahí atrás. Parece que pudo percibir que algo andaba mal. Y tenía razón. Ashisogi Jizo está llena de veneno. Poco a poco, te irás quedando sin fuerzas, hasta que la energía espiritual que corre por tus venas quede completamente contaminada. Entonces, la parálisis acabará contigo. Ya estás fuera de combate.

Roger intentó insultarlo, pero se le trabó la lengua, y acabó por caer de bruces al suelo.

-¡Roger! –sus amigos gritaron, anonadados.

-¡Pagarás por eso!

Vinnie golpeó salvajemente al shinigami, quien se limitó a defenderse, mirándolo como si estuviera paseando en un día de campo.

-Me intrigaba saber qué son ustedes. ¿Fullringers? ¿Shinigamis? ¿Quincys? Bueno, sus armas son definitivamente parecidas a las de los fullringers, pero están poco o nada desarrolladas. Lástima que nunca pude estudiarlos adecuadamente, pero ¿te gustaría ofrecerte como mi primer espécimen? Incluso te pagaré.

-¡Vete al infierno, fenómeno!

-Como quieras.

De repente, Vinnie saltó alto en el aire, hundiendo sus nudillos con pinchos en el hombro del shinigami, que gritó de sorpresa ante el repentino golpe. El oso descendió, cortando su brazo a la mitad verticalmente.

-¡Bien hecho, Vinnie! –animó Dave desde la esquina.

-Oh, eso me dolió. Menos mal que soy yo, porque otro shinigami estaría perdido en este punto.

-¿Qué? ¿Te he herido! ¿Por qué no estás llorando como un bebé?

-Te confías demasiado, me temo que hagas pender tu ilusión de una victoria inocua.

Mayuri sonrió, complacido. De repente, sujetó su herida y, para asombro y horror del trío, se arrancó lo que quedaba de su brazo.

-¿Qué está haciendo? ¡Por el amor del Foo, qué horror! –gritaron Vinnie y Dave.

-Para nada. Un simple inconveniente para mí.

De la nada, una nueva extremidad comenzó a surgir del orificio donde antes estaba su brazo. Segundos después, un brazo nuevo, completamente ileso y funcional, se movía frente a ellos, y su usuario lo estiró, flexionando los dedos como si estuviese despertando algunos músculos adormecidos.

-Como nuevo. ¿Qué les parece?

-¡Imposible!

-SI ya terminaste de lloriquear, será mejor que acabe esta pelea ridícula de una vez.

Mayuri no atacó directamente al oso; en cambio, dirigió su arma al cielo, disparando algo que acabó por estallar, produciendo un humo verde. Vinnie fue a dar un paso hacia él, pero se encontró tosiendo en su lugar.

-¿Qué hiciste ahora?

-No pude evitar notar que, a diferencia de tu compañero, Ashisogi Jizo no te tocó. Bueno, no importa, ya que puedo envenenarte sin la necesidad de golpearte directamente, como quizás lo hayas comprobado.

Vinnie fue a farfullar una respuesta, pero se atragantó entre toses, antes de caer desmayado al suelo, junto a Roger.

Dave tuvo la insulsa esperanza de que aquel monstruo se hubiese olvidado de él, pero esa esperanza murió enseguida.

-¿Qué hay de ti? –Mayuri le hizo un gesto con su brazo nuevo, invitándolo a acercarse-. ¿Qué te parece mi oferta? Tendrás un sueldo, incluso algunos privilegios...

-¡Lastimaste a mis amigos! ¡Eres un monstruo!

-No, soy un investigador. Además, hice lo que cualquiera habría hecho en mi lugar, defenderme.

-¡Los l-lastimaste! ¡Ahora yo te lastimaré a ti!

-¿Sin ningún arma? Lo dudo. No desperdicies mi tiempo, niño.

De repente, todo rastro de vacilación y miedo se desvanecieron del rostro del tocón. Dio un paso hacia delante, decidido a ayudar.

-Que así sea.

Mayuri disparó una nueva andanada de bombas venenosas, pero cuando el humo se disipó, pudo verse al tocón ileso, sin signo alguno de debilitamiento.

-¿Qué ocurre? Mi veneno es eficaz para todo ser vivo, ¡no importa su composición química!

-Soy un árbol, tonto. A menos que puedas envenenarme con esa cosa, soy inmune a tus trucos.

-Interesante hallazgo. Acabas de despertar mi interés.

-¿Cállate!

Dave comenzó a rodearse de energía, creciendo hasta superar a su enemigo por varios metros. Sus manos sujetaron ahora un boken en cada una, y atacó al shinigami con todas sus fuerzas.

-¡Germina, Hoja Perenne!

Mayuri intentó cortarlo, pero no pudo conseguirlo. Terminó por ser atrapado por dos ramas inferiores que acababan de surgir de la nada de las piernas de Dave, antes de ser apaleado por un golpe doble, siendo liberado y arrojado por los aires y estrellándose contra una pared.

-Siempre puedo volcarme a investigaciones de botánica, ya sabes.

Mayuri se reincorporó, escupiendo sangre y sonriendo. Dave avanzó hacia él como un titán, rugiendo de ira.

Cuando fue a aplastarlo, sin embargo, comenzó a crujir y, acto seguido, empezó a encogerse hasta volver a su tamaño original, desarmado y temblando.

Dave se palpó el amuleto en su cuello, que echaba humo, y observó, nerviosamente, como su contrincante le lanzaba una mirada asesina.

-Ya sabes, antes, jeje, cuando dije que tendría que lastimarte, jeje, no hablaba en serio.

-Lo dudo.

Mayuri lanzó un hechizo cortante al tocón, partiéndolo a la mitad y dejándolo fuera de combate.

-¿Por qué siempre tienen que cortar al árbol del equipo?

-No tengo tiempo para estas tonterías.

Mandó una mariposa infernal a Kyoraku, informando de su pelea, sus últimos hallazgos sobre los tres ryoka que acababa de enfrentar, y alguna que otra queja por hacerle perder el tiempo en espíritus débiles sin importancia.

-¿Con que Ikaku y Yumichika han sido derrotados por ese ryoka, eh?

Kenpachi miró con enfado a Logan, quien retrocedió, temeroso de haber incurrido en su ira.

-Eh, sí, capitán.

-¿Y no fuiste tras él para probar su fuerza?

-No quería acabar como ellos, capitán. Lo siento por no ser un suicida.

-Qué vergüenza. Recuérdame por qué estás en mi escuadrón, gran cobarde.

-Sigo siendo fuerte, tanto o más que esos dos –alegó el shinigami, pero Kenpachi lo apartó de su camino de una patada.

-Fuera de mi vista. Así que finalmente un desafío. Lo siento, Ichigo, pero parece que no eres el único que sabe llamar la atención de un guerrero. Me encargaré de ese conejo personalmente.

Logan se quedó atrás, observando partir a su capitán.

-Uh, no es como si me importara, idiota.

Yin continuó bajando por el sótano que albergaba al Muken, pero la shinigami que la había acompañado hasta allí acababa de perderse de vista.

-Hora de encontrar a Yuki.

-No tan rápido –una voz familiar la detuvo en seco, obligándola a darse la vuelta.

Yin retrocedió, en shock ante nada más y nada menos que Rukia Kuchiki.

-Eres tú.

-Y eres tú.

Ambas se lanzaron sendas miradas de impresión y desprecio. La coneja sospechaba que la aprensión era mutua.

-¿Cómo sobreviviste?

-¿Qué pasa, impresionada?

-Más bien, me siento molesta. Me daría pena matarte por segunda vez, si no fueras un dolor en mi zapato.

-Vete al infierno.

-De todos modos, ¿cómo conseguiste llegar aquí? ¿Y qué hiciste con los guardias de la entrada? ¡Respóndeme!

-Eh, bueno... Se fueron... ¿a dormir? Qué sé yo.

Mientras hablaban, Rukia la condujo hasta volver a emerger a la superficie, y ambas saltaron el abismo de treinta metros que separaba la zona de la prisión del mundo exterior. Una vez de vuelta en tierra firme, Rukia desenvainó su Zampakutou, mirándola con saña.

-No importa. De todos modos, no te saldrás con la tuya. Minamoto afrontará su condena, y no hay nada que puedas hacer al respecto.

Yin sintió cómo la rabia, un sentimiento raro en ella, comenzaba a hervir en su interior. Apretó los dientes, devolviéndole a la otra mujer una mirada indignada, de igual o mayor calibre que la de su enemiga actual.

-¿Qué tienes contra Yuki? ¿Qué te ha hecho ella?

-¡Ella es responsable de que Ichigo Kurosaki esté desaparecido! ¡Y no pienso dejarla ir sin saber qué papel tuvo en eso!

-Bueno, no opino lo mismo.

Rukia le lanzó una mirada exasperada, antes de ponerse firme, en anticipación. Yin la imitó, sabiendo de antemano que el combate era inevitable, aunque no esperaba encontrarse con la shinigami pelinegra de todas las personas, y mucho menos ahora. ¿Qué estaría haciendo ella en el área de la prisión? Bueno, no era su problema.

-Tú y tu hermano deberían haberse quedado muertos, se hubieran ahorrado el dolor. ¡Baila, Sode no Shirayuki!

-Oh, ¿con que esas tenemos? ¡Bien, toma esto! ¡Florece en la noche, Shinobara!

Rukia convocó su Shikai. Yin desenvainó su propia Zampakutou, exhibiendo el suyo con orgullo.

-Veamos quién es más fuerte.

-¡Tsugi no mai, Hakuren!

-¡Rosas de fuego!

Los dos ataques chocaron, provocando una lluvia de explosiones, que hicieron temblar el Seireikei.

Cuando el humo se hubo dispersado, ambas continuaban de pie, regalándose miradas de muerte.

Rukia convocó una andanada de hechizos mortales, pero la coneja los desvió todos con su espada, aburrida.

-Tendrás que hacer más que eso.

Rukia saltó hacia delante, y ambas espadas chocaron, sacando chispas.

-¡No te irás a ninguna parte! ¡Minamoto debe ser juzgada!

-¿Por qué crímenes? ¡nos salvó la vida!

Yin saltó hacia atrás, esquivando un mandoble fatal, y se concentró en su enemiga, con la hoja apuntada cual una jabalina.

-Quizás deba explicártelo de otra forma. ¡Noche de la Rosa Amarilla!

FLASHBACK

-Recuérdalo, Yin –estaba diciendo Boogeyman-, tu Zampakutou tiene diferentes habilidades. Según lo que hemos podido descubrir hasta ahora, con tu Shikai, eres capaz de conjurar al menos dos, la Noche de la Rosa Amarilla y de la Rosa Roja.

-Pero aún no sé qué hacen exactamente.

-Bueno, entonces será mejor que lo descubras a tiempo.

FIN DEL FLASHBACK

La hoja brilló, antes de que el área a su alrededor se tiñera en amarillo, confundiendo momentáneamente a Rukia. Instantes después, consiguió recuperarse, volviendo al ataque.

-¿Qué se supone que pretendías con eso? ¿Encandilarme con tu arma?

Pero Yin se sentía poderosa. Bloqueó y esquivó cada golpe como si hubiera nacido con una espada en la mano. En un momento, Rukia perdió la concentración, dejándose abierta para un golpe contundente en su cara, que la arrojó hacia atrás.

-¿Qué está pasando?

Entonces, los ojos de la shinigami pelinegra se abrieron de asombro, mirándola con una comprensión nueva.

-¡Estás absorbiendo el reishi del ambiente a gran velocidad! ¿pero eso es imposible! ¿Qué eres tú?

-Yin Chad, guerrera Woo-Foo en entrenamiento, sanadora, segadora de almas sustituta y tu perdición.

Rukia fue a dar un golpe, pero sintió cómo golpeaban su muñeca, y su Zampakutou voló lejos de su alcance. El siguiente golpe fue tan veloz que no pudo evadirlo a tiempo, siendo cortada en su pecho y lanzada al suelo, donde aterrizó con un golpe sordo.

-¿Tuviste suficiente? ¿O tengo que explicártelo una vez más?

EL cielo a su alrededor volvió a ser azul, con el sol ahora alto en el horizonte sobre su cabeza. Se tomó un momento para recuperar el aliento, observando que su contrincante yacía allí, indefensa e inconsciente.

-¿Debería matarla? –se preguntó brevemente, sintiendo que la tentación la llenaba-. ¡Espera, debo ir por Yuki!

Cuando se dio la vuelta, una veintena de oficiales, de los Escuadrones 3, 6 y 7, la rodearon, desenvainando sus Zampakutous.

-¡Ríndete y seremos piadosos!

-¡Chiwa!

Yin les arrojó una lluvia de rosas explosivas, y todo el mundo fue a cubrirse o a interceptarlas con sus armas. Una vez el humo se hubo aclarado, la coneja había desaparecido de la vista.

-¡Búsquenla!

El capitán del Escuadrón 7, Tetsuzaemon Iba, se detuvo junto al cuerpo de Rukia, anonadado.

-¡Miren esto! ¡Alguien ha luchado con la teniente Kuchiki y la ha vencido! ¡Rápido, que alguien traiga a los del Escuadrón 4!

-¡Sí señor! –gritaron algunos de sus hombres.

-Así que no eres invencible, ¿eh, Rukia? –Matsuko dijo para sus adentros, desde su posición oculta a una veintena de metros cerca de allí, habiendo sido testigo tanto de la pelea entre la coneja y la teniente, como del actual alboroto-. Bien, más información útil para mí.

La mujer desapareció una vez más, sin haber sido siquiera notada.

-Un pollo y un... ¿qué eres, un duende?

-¡Soy un goblin!

-Lo que sea. –Shinji se encogió de hombros, negando con la cabeza-. En serio, no quisiera matarlos antes de tiempo.

-¡Deja de alardear y, coo, pelea!

-Está bien, pero antes de que los haga picadillo, deberían saber que no soy cualquiera. ¿Aún quieren luchar?

-¡claro que sí! ¡No nos detendremos hasta haber liberado a nuestra amiga!

-Sí, sí, lo que sea... Un momento, ¿qué amiga?

-¿No lo sabes?

-Jobeaux, no creo que, coo, sea una buena idea...

-Yuki es una amiga que necesita nuestra ayuda...

Coop le cubrió la boca, pero ya era tarde. A juzgar por el brillo de comprensión que amaneció en los ojos de su oponente, acababa de atar los hilos.

-Con que vienen a por Minamoto, ¿eh? Quién hubiera dicho que esa joven se volvería tan famosa en tan poco tiempo. Está bien, supongo que no puedo disuadirlos, pero no importa. ¡Colapsa, Sakanade!

Shinji liberó su Shikai, pero sus contrincantes no se hicieron a un lado. Si estaban asustados, sabían cómo esconderlo.

-¡No te tenemos miedo! ¿Verdad, Coop?

-¡Habla por ti!

Pero Coop cuadró los hombros, tocando su collar.

-¡Toma esto! ¡Plumas Asesinas!

El pollo fue cubierto por la energía proveniente de su collar y, acto seguido, saltó con dos cuchillas de gran tamaño en sus dos manos, mangos negros y hojas transparentes, echas de algún cristal.

-¡El orgullo de los goblins! ¡Jinsokuna Pafu!

De repente, algo en la mano izquierda del goblin brilló intensamente, antes de que un triángulo de madera azul con una cuerda verde se materializó sobre su muñeca, mientras un anillo dorado brillaba en su dedo índice.

-Espera, ¿eres un quincy?

-¿Y a ti qué te importa eso?

-Bueno, asumiré que eres un quincy. Pero la pregunta realmente importante es, ¿entrenaste para morir? Uh, no importa. Ataquen ya, no tengo todo el día.

Coop avanzó primero, pero al haber mirado directamente a Sakanade, estaba desorientado. Duró menos de quince segundos, por piedad del capitán y, después, acabó por ser arrojado a un lado.

-¿eso es todo?

Jobeaux rugió, reuniendo el reishi del aire a su alrededor y creando dos flechas en su arco, una azul y otra verde, que disparó al shinigami. Un nuevo par surgió, y otro y otro, y así sucesivamente.

Shinji saltó lejos del camino de las flechas, cuando no las desviaba con su espada, aburrido.

Coop se reincorporó, despejado, y atacó nuevamente, consiguiendo durar un poco más esta vez. Ya no estaba bajo la desorientación inicial, pero Shinji era un guerrero experimentado, y sus fintas eran lo suficientemente veloces y contundentes como para aparejar las cuchillas gemelas del pollo. Coop consiguió darle un corte en su hombro, pero era superficial, y lo siguiente que supo el joven emplumado fue que lo arrojaban, una vez más, contra una pared, donde se deslizó.

-¡Coop!

-Miren, me están aburriendo. Deténganse, y quizás considere perdonarles la vida. En serio, todos necesitamos un minuto para calmarnos.

-¡Olvídalo! –Jobeaux siguió disparándole, ahora con la determinación de al menos herirlo.

-Como quieras.

Reuniendo una gran cantidad de energía en su espada, Shinji lanzó una ráfaga devastadora contra el goblin, barriendo todas las flechas como confeti y tirándolo al suelo.

-Bueno, esto fue una pérdida de tiempo.

Shinji se dio la vuelta por un segundo, limpiándose el polvo de su ropa, cuando Coop volvió a levantarse, disparándole un rayo cortesía de su Woo-Foo de antaño.

Shinji se limitó a desviar el ataque con su mano desnuda, sin dignarse siquiera a darse la vuelta.

-No te rendirás, veo.

Shinji desvió cada nueva estocada del pollo con pasmosa facilidad, prácticamente sin mirar. Frustrado, Coop le arrojó ambas armas, tomándolo por sorpresa por primera vez en toda la pelea.

-¿Qué rayos?

Shinji consiguió desviar la primera, pero fue golpeado de lleno en su pecho por la segunda, siendo empujado contra una pared.

Coop recuperó sus cuchillas en el aire, sonriéndole con confianza.

-¿Qué tal eso? ¿Soy una pérdida de, coo, tiempo ahora?

Shinji negó con la cabeza, antes de repetir la misma técnica que acababa de utilizar contra el goblin, ahora en el pollo, lanzándolo con fuerza contra la misma pared de antes, pese a que el emplumado se había protegido con ambas cuchillas.

-Sí, estoy perdiendo mi tiempo, ya.

Una vez el humo se hubo despejado, comprobó que ambos oponentes yacían derrotados e inconscientes frente a él, y entonces llamó a la gente de su escuadrón para esposarlos, y del 4 para atender sus heridas.

Mientras tanto, Yin se ocultaba en un bosquecillo cercano.

Extrañamente, había podido captar tanto la vertiginosa disminución de la presión espiritual de cada uno de sus amigos, así como fragmentos dispersos de sus diferentes batallas.

-Maldición –susurró, apesadumbrada-. ¡Estuve tan cerca de llegar allí! ¡Sólo tenía que aparecer esa chica y arruinarlo todo! ¡Chiwa!

Sintió a su hermano y al tal Ganju a varios kilómetros hacia el sur; ella seguía en el oeste. Intentó calmarse, pensando que, al menos su gemelo seguía en pie, pero ¿por cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que alguien lo suficientemente poderoso los alcanzara y se hiciera cargo?

Por todas partes, las poderosas presencias de los shinigamis que los buscaban pululaban de aquí para allá, y no hacían más que ponerla de los nervios. Sintió que algunas se destacaban más que otras, y no supo si tomar esto como una señal de peligro o de simple angustia. No sabía si esto se debía a su descuido, pensando que los supuestos invasores eran una diminuta piedra en sus zapatos, o si estaban tendiéndoles alguna clase de trampa, aguardando a que se acercaran más y, de repente, revelar todo su poder.

Era mejor que no pensara en eso ahora mismo, ya que, muy probablemente, cayera en un pozo de desesperación, y eso no le sería de ayuda a nadie. Así que, en su lugar, decidió concentrarse en su propia búsqueda. Se había alejado considerablemente de la zona de la prisión, y ya se sentía perdida.

-Chiwa, ojalá Kukaku nos hubiese proporcionado un mapa de este lugar o algo por el estilo.

En otra parte, más precisamente en la oficina del capitán del Escuadrón 3, dos personas en particular se encontraban discutiendo seriamente.

-¿Querías verme, capitán?

-Siéntate, Rurokishi. Hay algo de lo que tenemos que hablar.

El capitán Otoribashi apretó los puños por debajo de la mesa, ocultando su frustración bastante bien. Sólo esperaba que su interlocutor no lo hubiese notado.

Con casi dos siglos a sus espaldas, mirada tranquila, tez clara y cabello rubio, delgado pero fuerte, como era debido, Taiga Rurokishi no era un completo desconocido para el capitán. De hecho, era relativamente conocido dentro del escuadrón. Acababa de graduarse hacía catorce años, y su reclutamiento y admisión en el mismo, hacía nada más que un año, nada menos que durante la última guerra con el ejército de Yhwath, había resultado particularmente intrascendente. No se destacaba en nada, ni en kido, ni en la batalla, ni siquiera era conocido por planear la estrategia; quizás su único talento conocido era, si el término podía aplicarse, el de saber cómo pasar desapercibido.

-Ya sabes, si querías hacer de incógnito, te hubieras unido a la Segunda División.

-¿Discúlpeme?

-El Capitán Comandante en persona me llamó esta misma mañana, contándome algo interesante. ¿Recuerdas a Yuki Minamoto, del Escuadrón 1?

-Sí, capitán. ¿Por qué?

-Supongo que has leído las últimas noticias.

-¿Es culpable, capitán? Sería terriblemente injusto que alguien como ella fuera condenada sin pruebas de su culpabilidad. Quiero decir, no es que quiera entrometerme con los asuntos judiciales, pero ¿no han llevado esto demasiado lejos?

-Puede que sí. Pero no es para comentar las noticias que te he llamado. Rurokishi, ¿es verdad que hablaste con Minamoto antes de que desapareciera, hace un mes?

-Bueno, hablo con mucha gente todo el tiempo, ¿por qué lo pregunta?

-Porque, según el propio Kyoraku, ella aseguró haberte avisado a ti de su partida. Sin embargo, y esto es también información clasificada, ella parece no tener recuerdo alguno entre ese momento y su aparición inesperada en una dimensión del mundo de los vivos recientemente descubierta. Dime, ¿es esto cierto?

-Déjeme pensar, capitán... –hizo una pausa, pensativo-. Bueno, recuerdo que estaba actuando de manera extraña. Parecía temerosa, como si sintiera que alguien la estaba observando, pero cuando le pregunté si había hablado del tema con su capitán, dijo que estaba demasiado asustada, y el Capitán Comandante demasiado ocupado, como para molestarlo por algo así. Luego, bueno, creo que me dijo que había hablado con alguien que la conocía de su época en la academia... No recuerdo nada más.

-¿Estás seguro? –ante un asentimiento del oficial, agregó-: Porque, si la cosa empeora, como sospecho que lo hará, puede que seas llamado a declarar ante la Cámara de los 46.

-¿En defensa de la chica, capitán?

-No. Como testigo clave para probar su culpabilidad. La traición es un cargo grave, y los jueces querrán empezar por allí, me temo.

-Lo entiendo.

-¿Eres amigo de Minamoto? ¿Cómo la conoces? ¿Por qué juraría haberte confiado sus temores?

Taiga suspiró, y su mirada, usualmente apacible, se ensombreció.

-Bueno, yo no diría que somos amigos. Conocidos, quizás. Me dio algunos consejos cuando tuve problemas para encontrar mi camino aquí por primera vez, sin contar que, a pesar de ser alguien de pocas palabras, la consideraba alguien de confianza, que sabía escuchar a los demás. Incluso antes del reclutamiento, cuando todavía estaba en la academia, en mis exámenes finales, uno de mis profesores, Kirisame, creo que ahora es un oficial de alto rango en el Primer Escuadrón, me dijo que, si tenía algún problema con mi enfoque en el combate cuerpo a cuerpo, hablara con esta chica. Al principio me daba una sensación de aprensión; pero sus consejos me ayudaron en su momento, y fue una buena guía los primeros días aquí. Una vez, recuerdo haberme peleado con un colega del Escuadrón 10 y, cuando no supe qué hacer, fui a desahogarme en una taberna, bueno, ella estaba ahí, pero no le pregunté qué hacía alguien como ella en un lugar como aquel.

-Bien, bien. Supongo que, según tú, ella no es una mala persona.

-En absoluto, capitán. No dudaría en confiarle mi vida en una batalla.

-Entonces, debes saber algo. El Capitán Comandante nos ordenó vigilarla.

-¿Disculpe, capitán?

-Fui uno de los muchos capitanes que estaba deseoso de reclutarla. Escuché que lo mismo sentían los capitanes Kuchiki e Hitsugaya, incluso llegué a oír rumores sobre que había impresionado a algunos idiotas del Escuadrón 11. En fin, muchos la queríamos en nuestros escuadrones, pero de repente kyoraku nos ordenó no hacerlo. En su lugar, él la reclutó en el Primer Escuadrón, pero desde el primer momento, sentí que no confiaba en ella. Entonces, casi al mismo tiempo, Kurosaki desapareció, ¿y sabes qué sucedió después?

-Eh, no estoy seguro. ¿La búsqueda?

-No, fue antes. Fue cuando estábamos comenzando a organizarnos para buscarlo. Tú estarías en el comedor, me imagino, porque casi todo el mundo estaba almorzando cuando nos entregaron la orden oficial. Entonces, un joven, creo que era del Escuadrón 6, no puedo recordarlo exactamente, casi me atropella cuando iba de camino a la sala de reuniones. Recuerdo haberle gritado que se fijara por dónde iba. Bueno, después me topé con el mismo sujeto más tarde, justo tras finalizar la reunión con los demás capitanes. Estaba buscando a una tal Yuki.

-hay demasiada gente llamada así, capitán. Creo que voy empezando a ver por dónde va esto.

-Bueno, resulta que, si no me falla la memoria, esta tal Yuki era nuestra actual oficial Minamoto, y bueno, según me enteraría más tarde, ese día no habría sido vista con las patrullas de prueba de vigilancia en ningún momento. Ni siquiera recuerdan haberla visto en el comedor o en las cocinas ese día. ¿extraño, verdad? Y justo cuando acabábamos de enterarnos de la desaparición fortuita de Kurosaki.

-Este joven del que me habla, capitán, podría ser llamado a testificar, ¿es eso lo que está intentando decirme? ¿Lo conozco?

-El juzgado tendrá toda la semana para armar su caso y llamar a todos los conocidos de la oficial Minamoto que encuentre.

-¿Capitán...?

-Si realmente eres su amigo, deberías leer esto.

Le pasó el último número de una revista de páginas gruesas, y su interlocutor creyó que se trataba de Seireikei Comunications, pero la mano de Hisagi no tenía nada que ver con esto.

-Capitán, ¿qué es esto?

-Hace un par de meses, la Central 46 sacó su propia revista de noticias. Busca en la página 89 y lo verás. Sólo espero que Kyoraku sepa lo que está haciendo.

-¡Esto no puede ser! ¡Aquí dice que ella ha sido... sentenciada... a muerte!

-Bueno, el maldito de Aizen hizo que algunos colegas conocía de mi época como estudiante y que llegarían a ser capitanes, sin contar a algunos tenientes, fuéramos expulsados, a punto de ser trinchados por los 46. Puedo simpatizar contigo y con Minamoto. –Taiga mantuvo una expresión estoica, algo raro en él, pero su capitán hizo como si no la notara y prosiguió-: Lo que quisiera saber es por qué tengo la sensación de que los nuevos jueces podrían repetir los errores de sus predecesores.

-Están para hacer justicia, capitán. ¿Es apropiado que nosotros cuestionemos su trabajo?

-Supongo que no, pero ¿quiénes son ellos para ser la voz de la justicia? En fin, Rurokishi, eso es todo de lo que quería hablar contigo. Ya puedes retirarte.

El oficial asintió y se apresuró a salir por la puerta.

Byakuya Kuchiki pasó una página de su libro. Tenía en sus manos uno de los ejemplares más antiguos de El Ramo de Cristal que se habían conservado en la biblioteca de historia.

Uno de sus nuevos oficiales, Yusei Shirokawa, lo había estado irritando constantemente estos últimos días, pero en lugar de demostrarle su molestia, prefirió aprovechar su actitud aduladora para alimentar su curiosidad y, de paso, llenar algunos agujeros interesantes, cosas que no le habían enseñado en la academia, suponiendo su irrelevancia.

A su lado, descansaba asimismo el ejemplar de la Historia de la sociedad de almas y sus leyendas, que dicho oficial había jurado encontrar en la misma biblioteca, colocado descuidadamente en una estantería lejos de la vista.

-Qué curioso –se dijo para sus adentros-. Es como si cada poema encerrara algún significado oculto. ¿Qué nos estamos perdiendo?

Decidió marcar una página, antes de cerrarlo, pasando al otro tomo. Éste era considerablemente más voluminoso, y alguien había acompañado cada relato con ilustraciones. Algunas fábulas incluían animales, hablando ya de batallas y tragedias clásicas o historias con moraleja, pero se fijó una vez más en una historia que, entre todas, era la más famosa de todo el libro. "De por qué el destino es nuestra propia tarea".

-Bueno, definitivamente tendré que preguntarle a Kirisame por esto. Y comentárselo a Kyoraku, una vez hayamos resuelto esta crisis.

Volvieron a tocar a su puerta; acababa de regresar de la última reunión urgente de capitanes hacía menos de una hora, pero sus oficiales, al igual que los de los demás escuadrones, se habían movilizado, en busca de los Ryoka.

-Pasa.

-¡He vuelto, capitán!

-AH, eres tú –Byakuya suspiró, cansado-. ¿Qué quieres ahora, Shirokawa?

-Sólo me preguntaba si podría serle de utilidad nuevamente, capitán.

-Eh, realmente, creo que no. Deberías estar patrullando con los demás, sabes.

El joven shinigami pareció tensarse bajo su mirada escrutadora.

-¿Hay algo que te inquiete, Shirokawa?

Byakuya sospechaba que algo estaba pasando, y tenía la fuerte sensación de que el excéntrico oficial recién ascendido frente a él estaba involucrado.

Por eso se decepcionó cuando su interlocutor negó con la cabeza, pero sin mirarlo directamente.

-Eh, si no le importa que pregunte, ¿para qué son los libros, capitán? Me encanta leer tanto como a cualquiera, ya, pero ¿eso es todo lo que busca?

-El conocimiento es poder, Shirokawa. Y te sorprenderías de las cosas que puedes aprender de los lugares más inesperados.

-¿Se refiere a dos libros polvorientos?

Su capitán asintió, señalándoselos.

-Dos enigmas. No suelo interesarme por estas cosas, pero siento que hay algo que no estamos viendo, y he llegado a sentir que mi mente se aclara cada vez que vuelvo a estos libros.

-¿Un libro de cuentos para niños y otro de poesía vieja? No se ofenda, capitán, pero no veo cómo pueden ayudarnos.

-Ya suenas como Abarai.

Yusei sonrió, extasiado por la comparación, ignorante de que se trataba de una burla y no de un halago.

-Hablando de eso, nuestro teniente ya debería estar de regreso de su visita. Debería venir a verme pronto, pero si lo ves, dile que sigue siendo requerido aquí. Después de todo, luchó en persona contra esos Ryoka, y es probable que su información nos sea de utilidad, en caso de que se presente la ocasión de nuevos enfrentamientos.

-¡Por supuesto, capitán! Eh, ¿qué visita?

-¿Abarai no te lo dijo? Bueno –al darle una segunda mirada, recordó con quién estaba hablando, y el chico no aceptaría menos que alguna respuesta, por inocua que fuera-, no es como si no confiáramos en ti, pero es su asunto, y le estaría faltando el respeto si te lo contara sin su consentimiento.

Sintió que ésa era una respuesta adecuada. Concisa, pero razonable.

-¡Oh, no hay problema! Hm, supongo que ya debo irme, ¡los demás seguro me extrañarán en las patrullas! ¡hasta luego, capitán!

-Espera un segundo –su mirada taladró su espalda cuando se giró, deteniéndolo-. Si te encuentras con algún Ryoka, ten cuidado. A menos que sea absolutamente necesario, no te involucres en ninguna pelea, no quiero oír que terminaste en la enfermería del Escuadrón 4, con un brazo roto por perder contra esa escoria. ¿Entendido?

Yusei pareció estremecerse, pero no se giró para que su capitán pudiera fijarse en su expresión avergonzada. A él no podría importarle menos, de todos modos ya se había acostumbrado a su comportamiento juvenil, a sus ojos usualmente inapropiado.

El joven desapareció instantes después, cubierto con su halo blanco. Otra cosa que le daba dolor de cabeza, técnicas avanzadas que, sin embargo, no tenía idea de dónde podía haber aprendido.

-Esto es inaceptable –farfulló Kyoraku, confrontando al autoproclamado líder de los 46, justo cuando éste salía del juzgado-. No creas que no sé lo que tú y los demás están tratando de hacer.

-Oh, ¿y qué podría ser eso, Capitán Comandante? ¿Lo que estamos tratando de hacer?

-No se llama justicia, de eso estoy seguro.

-Llámelo como quiera. Pero pensaba que venía a explicarnos qué hacen esos Ryoka invadiendo nuestro hogar, ¿hm?

-No cambies de tema, Hiyumi. Y sobre los Ryoka, en cuanto nos encarguemos de ellos, no tendremos de qué preocuparnos. –Kyoraku lo siguió en su paseo por el camino que, imaginó, lo llevaría hasta su casa-. ¿Qué se supone que deba pensar de su decisión?

-Una sentencia justa, diría yo. Puede leer las explicaciones que cada cual dio para decidir esto.

-¡Una locura! Sé que Minamoto incurrió en delitos graves, pero ¿sentenciarla a la ejecución? ¿No cree que es una decisión desmesurada?

-¡Hiyumi! –una voz interrumpió su conversación-. ¡No puedes estar hablando en serio! ¡Debemos volver a votar!

Enzo Matsubara se detuvo a su lado, resollando por la carrera desde el edificio hasta ellos.

-Ya concluyó la sesión, colega.

-Apelaré, como podrás adivinar –se adelantó Kyoraku, dándole un vistazo al recién llegado-. ¿Qué opina usted?

Matsubara parecía cansado y viejo. Su frente estaba perlada de sudor, y tenía profundas ojeras.

-La cadena perpetua debería ser suficiente castigo, ésa es mi opinión. ¿Hiyumi?

-¿Uno contra cuarenta y cinco? Dudo que tu disenso vaya a ser tomado en cuenta, colega.

-¡Pero no podemos ejecutarla en una semana!

-Tienes razón, deberíamos haberle dado sólo un par de días.

-Hiyumi, esto está mal. ¿Acaso debemos repetir los errores de nuestros predecesores? Si seguimos adelante con esto...

-Honraremos su legado, Matsubara. Han cometido errores, no lo negaré, pero nos han dejado incontables sentencias trascendentales, enormes zapatos para llenar. Si es todo lo que querías decirme, será mejor que me vaya.

El juez líder se marchó, dejándolos en un incómodo silencio.

-Eh, bueno, tengo que estar en otra parte.

Kyoraku comenzó a alejarse del juez mayor, hasta que éste habló, llamando su atención.

-"El camino a la desesperación es corto desde la esperanza. El camino de vuelta, largo y doloroso. Todos saldremos heridos tarde o temprano, en ambos sufriremos inexorablemente, y nos preguntaremos qué hicimos mal."

-Eh, ¿qué fue eso?

-Oh, nada. Estoy divagando. Sólo un pasaje de El Ramo de Cristal, ¿lo conoce?

Kyoraku negó con la cabeza, ocultando una sonrisa.

-Me gusta repetirlo cuando siento que algo va mal. No es demasiado tarde para detener todo esto, ya sabe.

-Tampoco parece contento con la sentencia, ¿me equivoco?

-No necesito darle una respuesta, usted ya la conoce. Adiós.

El juez se dio la vuelta, caminando en el sentido opuesto, Dios sabía adónde.

Y Kyoraku supo entonces, y sólo entonces, que este hombre, de entre todos los demás jueces, era alguien en quien podía confiar. No conocía a ninguno de los jueces; pero sospechaba que, al menos en lo que respectaba a Matsubara, no se encontraría solo en su futura apelación.

-¿Conque El Ramo de Cristal? Interesante título, supongo que tendré que preguntarle a Kirisame qué opinión puede darme. Me vendría bien alejarme de todo este estrés por un minuto.

N/A: Ahí va la trad del arma de Jobeaux, de tipo quincy. Las demás están en español, ya que en Bleach hay fullrings en español, inglés y japonés; preferí que cada fullring de los amigos de Yin y Yang estén en castellano para simplificar

Jinsokuna Pafu: Soplo veloz.