Capítulo 17
Una razón para luchar
Yang recordó las precauciones que su hermana y su novia habían tomado para su viaje. Ambas chicas habían distribuido suministros de primeros auxilios: sobre todo vendas y pócimas curativas o calmantes temporales.
EL conejo se acordó de este detalle a tiempo y, mientras se detenía en mitad de su carrera hacia la prisión, decidió que era un buen momento para darles uso. Sacó su suministro, colocándose algunas vendas lo mejor que pudo, antes de seguir adelante, siendo seguido por Ganju.
-¿Conque recordando ser precavido, no?
-Bueno, Yin y Lina trabajan en una clínica, cuidando a la gente y curando heridas leves con magia, pócimas y esas cosas. ¿Qué, no trajeron primeros auxilios la primera vez? Uh, qué idiotez.
-¿Eh, sí lo hicimos! –ante su mirada interrogativa, carraspeó, avergonzado-. Estoy bromeando, no trajimos nada. Fue una suerte que un shinigami del Escuadrón 4, Hanataro, estuviera cerca, lo que nos vino como un respiro.
-Eh, no lo entiendo.
-Oh, olvidaba que todavía no sabes todas las cosas. Ése es el escuadrón médico.
EL conejo asintió, entendiendo ahora a qué se refería.
-Un momento –el conejo se paró en seco-. Creo que alguien viene.
En efecto, una presencia se acercaba a ellos desde el camino contrario. De repente, Yang se tensó, reconociendo a la persona que estaba a punto de doblar la esquina en segundos.
-Es él.
Por la esquina se dio a conocer un shinigami pelirrojo. Era nada más y nada menos que Renji Abarai.
-¿Qué está haciendo él aquí?
-¿Vendrá de la prisión? No lo entiendo, conozco a Renji, no sé por qué estaría aquí.
-¿Por qué eres amigo de todos los que quieren cortarnos la cabeza? AH, no me lo digas.
-Eh, no de todos, créeme. Pero ser un buen amigo de Ichigo Kurosaki es como un pase libre aquí, ¿sabes?
-Lo que sea.
Renji había llegado al Muken casi al mismo tiempo que Rukia era derrotada por una Ryoka y, de repente, se sintió abrumado. Lo último que escuchó fue que se la habían llevado a la enfermería. Su instinto le decía que no podía ser una simple coincidencia que algunos ryoka decidieran invadirlos justo después de ingresar al mundo desconocido. Sólo podía esperar que los atraparan pronto, fueran quienes fuesen.
Se sentía contrariado. Rukia era su mejor amiga, y si alguien la había lastimado, debía ser detenido. Pero también estaba preocupado por ella. Últimamente, no había sido ella misma. Últimamente, sentía como si un muro invisible se hubiera ido solidificando lentamente entre ellos, como si pudiera verla e interactuar con ella, como siempre, pero también, de alguna manera, no era igual que antes.
Había comenzado con la desaparición de Ichigo, y se había agravado tras la inesperada partida de sus amigos del mundo de los vivos. Minamoto era un buen chivo expiatorio, pero la mirada que Rukia le había lanzado en su batalla para traerla de vuelta, y luego la que le dio durante el camino de regreso... No podía poner el dedo allí, pero la confusión y el miedo eran palpables, ahora más claramente que nunca. Las miradas y palabras furibundas, y su innecesaria arremetida contra los conejos, sólo habían acabado por confirmarle que ese sentimiento –quizás eran más de uno- era real, que no se lo estaba imaginando.
Era como si tuviera algo personal con Minamoto, como si diera crédito al informante anónimo de Hisagi, como si la noticia hubiera dado voz a sus propios temores, corroborándolos, dándole la razón. ¿la razón de qué? Él, al menos, no podía decirlo. Minamoto no podía haber asesinado a Ichigo, pero ¿por qué Rukia parecía pensar lo contrario? Ella no podría creer en todos los rumores, ¿verdad? Después de todo, ambos compartían la esperanza de que siguiera vivo, y todo lo llevaba a sospechar que alguien más estaba utilizando esta crisis como cortina de humo, utilizando a Minamoto y utilizando el dolor de los amigos de Ichigo y de todo el Seireikei para algo más grande. No podía evitar sentir que una lluvia de cuchillos helados se clavaba en su columna, con el terrible presentimiento de una nueva guerra. Por lo que sabía, muchos capitanes y tenientes estaban pasando por situaciones similares en sus propios escuadrones.
-Por eso dije que prefería que la revista de Hisagi siguiera en pausa hasta la reaparición de Ichigo, maldita sea.
Fue cuando sus cavilaciones se vieron interrumpidas al sentir las dos presencias en el borde de su conciencia. Se detuvo de golpe, hasta que divisó al conejo a casi un centenar de metros y, más allá, a... ¿Ganju?
-¿Qué rayos?
No supo qué lo sorprendía más, el hecho de que el conejo hubiera sobrevivido, o que Ganju, de todas las personas, estuviese con él.
Yang, por su parte, sonrió, notando su expresión de desconcierto.
-¿Qué pasa, sorprendido de volverme a ver, amigo?
-Sí, pero estoy más sorprendido por el hecho de que sigas en una sola pieza, vivito y coleando. ¿Qué pasa, conejo? Demasiado terco como para quedarte atrás, veo.
-Di lo que quieras. Pero no me iré sin devolverte el favor. ¿Qué me dices? ¿Una paliza por otra?
-¡Y Ganju! –señaló al hombre detrás suyo, irritado-. ¿Qué estás haciendo con ese ryoka?
-¡Oh, hola, Renji! ¿Qué tal tu día?
-Iba bien, hasta que me dijeron que una pared entera del Seireikei había explotado. En serio, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Y con ese conejo, de todas las personas?
-¿Aún no te enteras? ¡Uryu y compañía vinieron con nosotros!
-¿Y? Esos tres tienen muchas cosas que explicar. Mientras, será mejor que me sigan. En especial tú, conejo. Si vienes en paz, te prometo no golpearte hasta hacerte pulpa. Eso sí, tendrás que acompañar a tus amigos en donde sea que los hayan dejado, pero podrías ahorrarte la paliza que te daré si no cooperas.
-¿Y por qué lo haría?
Fue entonces cuando Yang sintió la avalancha preocupante. Diferentes presiones espirituales familiares, que acababan de disminuir de golpe. Excepto por Yin, las de los demás parecían haberse derrumbado terriblemente.
Yang apretó los dientes, ofuscado.
-Entonces, ¿quieres unirte al montón de los heridos? ¿O te rendirás y me facilitarás el trabajo?
-Prefiero la tercera opción. ¡Ilumina, Hotaru!
-¿Conque quieres pelear? Bien. ¡Ruge, Zabimaru!
-Esto me da mala espina –dijo Ganju, siendo ignorado olímpicamente.
-Veo que finalmente sabes el nombre de tu Zampakutou. Gran cosa.
-Sólo ataca, necesito llegar a la prisión y rescatar a mi amiga.
-Oh, no lo creo.
Renji dio el primer golpe, pero el conejo consiguió evadirlo. Se alejó para preparar su rayo de energía, pero el pelirrojo no se lo permitiría.
-¿Qué, preparando una versión diferente del Getsuga Tensho? ¡Pues no funcionará!
-¿Qué es eso?
-La técnica de Ichigo –aclaró Ganju.
Yang sólo pudo adivinar que dicha técnica consistía en un rayo, pero su ataque era obviamente distinto.
EL conejo intentó realizar su ataque de todos modos, ahora por segunda vez, y así sucesivamente. Pero Renji esquivó los siguientes rayos, y lo pateó con fuerza en la cara, impidiéndole generar otro.
-¿Eso es todo lo que puedes hacer? Te hubieras quedado muerto, me habrías ahorrado el tiempo perdido.
Yang aterrizó con fuerza, tosiendo algo de sangre.
-Dime, dijiste que ibas de camino a la prisión. De hecho, venía de allí precisamente. ¿Estamos hablando de la misma persona? ¿Yuki Minamoto?
-¿Eh? ¿Cómo lo supiste?
-Lo que pasa es que acabo de hacerle una visita. No creo que sea culpable de robar la insignia de Ichigo, pero no hay manera de probarlo.
FLASHBACK
Renji consiguió ingresar al Muken gracias a la autorización de Kyoraku. Entró en la prisión, tras leer las noticias.
Parecía que todo el mundo estaba en su hora de almorzar, porque las celdas habían sido abiertas, disolviendo las nuevas barreras de energía transparente, cortesía de los caprichos de los 46.
Nadie pareció notarlo. Todo el mundo estaba concentrado en su comida, hablando fuerte.
Consiguió sortear a los reclusos más ruidosos, y se encontró con una vista desconsoladora a la vuelta de la esquina.
Yuki estaba echa un ovillo en un rincón apartado de la vista, con un plato de algún tipo de arroz de baja calidad sin tocar a su lado.
-Oye, ¿estás bien?
Renji se arrodilló hasta estar a su altura, tocándola ligeramente en su brazo.
Yuki pareció darse cuenta, porque se desenredó lentamente de su posición fetal, descubriendo la cabeza primero. Sus ojos azules estaban hinchados, Renji adivinó que sería a causa de llorar durante horas.
-¿Te parece que estoy bien? –ella le gritó, antes de secarse la cara con el dorso de su mano, parpadeando en su dirección-. Espera, ¿quién eres tú? ¿Eres uno de esos jueces desalmados? ¿O uno de sus guardias? ¿Viniste a atormentarme?
-No, para nada. Soy Renji, Renji Abarai, el teniente del Escuadrón 6. Estaba en el grupo que te trajo de vuelta, ¿te acuerdas?
Yuki lo pensó por un momento, hasta que sus ojos parecieron brillar en reconocimiento.
-Oh, ahora te recuerdo. ¿Qué quieres?
Se dio la vuelta, fijando su mirada en la pared.
-Sólo quería decirte que lamento que todo esto esté sucediendo. No tenía idea de que te estaban condenando a muerte.
-Es curioso cuando lo piensas –una nueva voz los interrumpió-. ¿No te parece, teniente? Después de todo, creo recordar que tú y el capitán Kuchiki arrastraron aquí a una amiga tuya, y no te comportaste de la misma manera. Me pregunto si Rukia sabrá que estás aquí.
-Cállate, Aizen. Tú tuviste la culpa, y no te permitiré que te regodees por eso.
-Oh, no pretendo burlarme. Ya pasé de mi etapa de villano, y he terminado aceptando mi condena. Pero, mientras tanto, ¿no querrías contarle a Minamoto cómo acabó Rukia en el Sokyoku, por cargos similares? Si no mal recuerdo, le cedió sus poderes a Ichigo Kurosaki, y pensaban ejecutarla por ese crimen. Minamoto aquí hizo exactamente lo mismo, y supongo que los jueces, a pesar de tener nuevas caras, siguen teniendo las mismas ideas.
-¿Qué sabes? –Renji le hubiera dado una lección con Zabimaru, pero los guardias habían confiscado su Zampakutou durante su visita, así que se contentó con mirarlo con dagas-. ¡Si no fuera por ti, nada de eso hubiera sucedido!
-Oh, pero yo le quité el Hogyoku, senté las condiciones para que la forzaran a regresar. Nunca tomé papel y pluma para escribir su sentencia de muerte. No empuñé el Sokyoku, querido teniente.
Renji quería replicar, decirle que era un traidor y un asqueroso asesino, pero esos eran hechos, y Aizen probablemente ya se hubiera acostumbrado a escuchar acusaciones similares en todo este tiempo.
-¿De qué está hablando, Renji? No entiendo nada.
Aizen le colocó a Yuki una mano en su hombro, como en un gesto gentil de consuelo, pero ella se la sacudió, mirando entre ambos. Dio un paso hacia atrás, alternando sus ojos entre Renji y Aizen.
-Mi amiga, Rukia Kuchiki, ella estuvo en una situación similar a la tuya. También la condenaron a muerte por transferirle sus poderes a Ichigo. Por eso estoy aquí, porque simpatizo contigo y quería que lo supieras. Además, Kyoraku está de tu lado.
-Ja. –Yuki se rió amargamente, negando con la cabeza-. ¿Y eso qué importa?
-¡Importa mucho!
-¿Cómo es eso? –ella le lanzó una mirada furibunda, que era una manera bastante interesante de encubrir su miedo y desesperación-. ¡mataron a mis amigos, Renji! ¡Tú y la teniente Kuchiki! ¡Nunca los voy a perdonar!
-No te pido que nos perdones. Pero escucha, nunca quisimos que esto sucediera.
-¿Y tú crees que ignoro las reglas? ¿Para qué me inscribí en este trabajo? Pero quizás pensé, sólo pensé, que, tan solo por una vez, la gente pudiera darse cuenta de lo estúpido que todos están actuando, y que pudieran abrir los ojos y hacer una excepción. ¿era eso tan difícil?
-Ya hicieron una excepción, claro –dijo Aizen, pensativo-. Pero fue gracias a mi intervención, no a los jueces. De hecho, si no los hubiera matado, en nombre de Kaname Tosen, probablemente nadie hubiera podido interceder para hacerlos cambiar de opinión y dejar la sentencia sin efecto. ¿Me equivoco, teniente Abarai?
Yuki abrió la boca increíblemente, y sus ojos la siguieron. Miró a Renji con renovada ira, y a Aizen con algo parecido al respeto.
-Para ser un villano, pareces ser más razonable de lo que pensaba.
-Gracias, al menos queda alguien que puede comprender la manipulación cuando la ve.
-Ya cállate, Aizen –escupió Renji, harto de su perorata-, tú eres la principal razón por la cual casi todos estuvimos a punto de ser destruidos. Causaste una guerra que podría habernos destruido a todos, y nada te excusa.
-Sin embargo, me necesitaron para la segunda contra el Wandenreich de Yhwath, y si no fuera por mí, probablemente no la contaban. Hmm, acaso sabe la señorita Minamoto aquí presente sobre la muerte del Rey Espíritu? Tu amiga, Rukia, le ha contado cómo Ukitake se sacrificó, supuestamente como un acto de valentía, cuando en realidad no era más que un traidor y un mentiroso?
-¡Basta! ¡No te permitiré que insultes a un capitán caído en mi cara!
Renji fue a pegarle un puñetazo, pero Aizen simplemente era demasiado rápido, y se hizo a un lado, antes de situarse frente a Yuki, quien acababa de darse la vuelta, sin saber qué esperar ahora de los dos hombres frente a ella.
-Te han mentido, Yuki Minamoto. Las personas en las que depositaste ciegamente tu confianza, que dices admirar y respetar, todas y cada una te han engañado, manipulándote y utilizándote como un medio para algo más. Kyoraku, Rukia Kuchiki, el mismo teniente Abarai aquí presente... Se han aprovechado de ti, usando tu amnesia en su beneficio, haciéndote pensar que eran de fiar. ¡despierta! ¡Date cuenta de que los Trece Escuadrones al completo son el enemigo!
Yuki fue a objetar, pero se había quedado repentinamente sin palabras. Por un momento, deseó poder ser libre, poder acceder a sus poderes y atacar a Renji con todas sus fuerzas, sacando su ira de su interior.
Así que, viendo que no podría atacarlo con kido ni nada parecido, se limitó a abalanzarse sobre el teniente, tomándolo por sorpresa y empezando a estrangularlo, su fuerza inesperadamente impresionante pese a su debilitamiento, estando limitada por las restricciones de sus poderes y atrapada en el gigai.
-¿Qué estás haciendo? ¡Basta! ¡Aizen está equivocado!
Renji fue a desenvainar su Zampakutou, descubriendo que no la tenía, y maldiciendo para sus adentros. No consiguió pronunciar ningún hechizo, y de haberlo hecho, de todos modos no confiaba en que sería suficiente. Yuki lo estaba estrangulando, sus ojos azules como el cielo de repente se entrecerraron en una expresión iracunda.
-Puedes comenzar con Abarai. Luego, el Seireikei al completo. ¿Qué tal?
Yuki ya no necesitaba escuchar la persuasiva voz de Aizen. Había dejado de escucharlo desde que descubrió que todos le habían mentido. Confiaba en ellos, especialmente en el capitán Kyoraku. Todo no era más que una mentira cruel, preparada para controlarla, vigilarla y evitar ¿qué?
-¿Por qué? ¿Por qué hacen esto?
Yuki apretó con más fuerza, y Renji sintió cómo empezaba a perder la conciencia.
-¡Electrocruz!
Alguien pareció electrocutar la mano de Yuki, y ella soltó a su víctima inmediatamente, recuperando el control y volviendo a sus sentidos.
Renji consiguió recuperarse a tiempo, respirando agitadamente.
-Gracias. Espera, ¿te conozco?
-No. Pero no necesitas conocerme.
Una chica alta y delgada, cabello negro largo y piel de alabastro, con ojos verdes y la vestimenta del Escuadrón 13 se situó al lado de Renji, mirando toda la escena con diversión. A su alrededor, todo el mundo parecía estar mirándolos.
-¡Pelea! ¡pelea! ¡pelea!
-No habrá una pelea –dijo un guardia, golpeando a un par de prisioneros en la cabeza.
-Espera, ¿por qué tienes tu Zampakutou contigo? ¿Y no está prohibido usar kido aquí?
Renji no sabía si debía agradecerle por salvarle la vida, o pensar que estaba a punto de sufrir otro ataque mortal.
-No te preocupes, es sólo por precaución. Por ejemplo, mira a ese tipo –señaló a Aizen, sin parecer intimidada por el villano-, o esa chica –señaló a Yuki.
-Buen punto.
-Por cierto, soy Matsuko Kazekumo.
-Uh, no recuerdo haberte visto antes. Pero supongo que no importa. Gracias. Por cierto, ¿Qué hechizo fue ése? Nunca antes lo había visto.
Yuki la miró, confundida, acariciando su mano antes electrocutada.
-Oh, el kido secreto –señaló Aizen, maravillado-. Así que los rumores son ciertos.
-Eso no te incumbe, villano. Por mi parte, he venido a buscar algo aquí, pero ya me iba. Miren.
Sacó un artefacto de un bolsillo en su túnica. Era una especie de cubo translúcido, sus aristas laterales conformadas por cuatro pequeñas varillas de algún cristal, unidas entre sí por hileras de esferas diminutas de varios colores, que cabía casi perfectamente en su mano abierta.
-¿Qué es eso? –Renji no recordaba haber visto nada semejante-. No recuerdo que el Muken contuviera nada raro. ¿Lo sabe el personal?
-Oh, lo sabría si necesitara hacerlo. No es como si esos idiotas tuvieran que saberlo, querido.
Matsuko le guiñó el ojo, pero Aizen parecía tenso, y Yuki seguía abrumada por el shock anterior.
-La Stavromancia –dijo Aizen de repente-. ¿cómo conoces el kido secreto? No lo enseñaban en la academia.
-Claro que no, no es como si alguien quisiera que villanos como tú pudieran utilizarlo para sus viles propósitos.
-¿Stavromancia? –Yuki se hizo oír sobre ellos-. Recuerdo... Recuerdo haberla aprendido, pero no recuerdo dónde. ¿Fue en la academia? No... Espera, ¿qué es esa cosa?
-Un juguete de Mayuri Kurotsuchi. ¿Sabían que estuvo aquí antes de que Kisuke Urahara lo rescatara? Por algo lo echaron, Urahara era peligroso. Me alegro de que haya desaparecido.
-Oye, conocí a Urahara y sí, puede ser algo raro, pero no tienes idea de lo que estás diciendo. Así que será mejor que retires tus palabras –masculló Renji.
-Un gran patán, si me lo preguntan –siguió ella, ignorándolo-. En fin, ya me voy. ¿Ah, Minamoto?
-¿Qué?
-No te sientas mal, Abarai podrá ser un idiota total, pero dice la verdad. No me importa, de todos modos te ejecutarán, ¿y quién soy yo para ocultar la verdad? Lamentarse no cambiará tu condena. Si yo fuera tú, saldría de aquí y destruiría todo el maldito Seireikei.
Aizen asintió, de acuerdo.
-No puedo hacer eso –dijo Yuki, apresuradamente-. Me convertiría en una traidora real, y sólo haría que mi ejecución fuera aún más humillante. No se puede escapar a la justicia, sólo aceptarla.
-¿Quién te dijo esas tonterías? No me importa, quien haya sido era un idiota.
Sin otra palabra, Matsuko se dio la vuelta, antes de comenzar a marcharse.
-Sólo espera, Kyoraku no dejará que los 46 sigan adelante sin más –alegó Renji, frotándose el cuello-. Oye, te visitaré más tarde, ¿está bien?
-Pero... ¿por qué? Casi te mato.
-Bueno, no te culpo. Ah, ya debería regresar. Esos Ryoka no van a ser detenidos solos, ¿eh? Hasta luego.
-¡Espera! ¿Qué Ryoka?
Lo último que Renji alcanzó a oír fue que Aizen expresaba su opinión.
-No me haría ilusiones si fuera tú.
-Vete al infierno –Yuki farfulló.
FIN DEL FLASHBACK
-Espera, ¿visitaste a Yuki? ¿Ella está bien?
-Sí, está bien. Pero será ejecutada en siete días. Sólo quería que lo supieras. Para que sepas que todo este alboroto es una pérdida de tiempo. Minamoto será ejecutada, o le darán una cadena perpetua, o algo así, qué sé yo. No han nada más que hacer.
Renji se acercó a un par de metros del conejo, quien se reincorporó, blandiendo su espada con fiereza.
-Pero si tú y tus amiguitos invaden mi hogar, te prometo que no lo harán impunemente. Ríndete, y quizás sólo te deje inconsciente.
-¡Olvídalo! ¿Y si este Kyoraku que mencionaste no lo consigue? ¿Qué pasa si Yuki es ejecutada? ¡Yo no pienso permitirlo!
-No lo entiendo. ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Cuál es tu motivo? ¿Tu razón para luchar conmigo? ¿Para estar aquí? No puede ser simplemente para liberar a tu amiga. Si me escucharas, sabrías lo estúpido que es esto.
-¿Una razón para luchar contigo? ¡No necesito dártela! ¿cuál podría ser la tuya?
Renji retrocedió, apretando su mano alrededor del mango de Zabimaru.
-Mira, no tengo tiempo para esto. Pero si insistes...
EL pelirrojo volvió a cargar hacia delante, y ambas armas chocaron, produciendo chispas.
-Por todo el Seireikei, hay gente que me importa. Amigos, compañeros, capitanes. Pero ¿qué podrías saber tú?
-Mis amigos también están por aquí. Puedo sentir que su presión espiritual está bajando. Necesito permanecer en pie hasta el final, necesito vencerte, porque ellos también me necesitan. ¿Lo entiendes?
-Lo que entiendo es que eres un idiota, y supongo que tendré que golpearte hasta la muerte para que dejes de incordiarme. ¡Bien, que así sea!
Y la batalla continuó.
Yang consiguió apartarse de un golpe, pero la velocidad del pelirrojo lo superó. Acabó siendo lanzado por el siguiente ataque, estrellándose contra una pared.
-¡Espera, Renji! ¿Por qué no escuchas lo que el conejo tiene que decir?
-En otro momento, Ganju. ¿No ves que le estoy dando una lección?
Yang se levantó, sin estar cerca de rendirse todavía. Se apoyó en su espada, resollando.
-Vaya, estás aguantando mejor de lo que esperaba. La última vez, te hice papilla en poco tiempo.
-¿ya te diste cuenta?
Renji fue a cargar una vez más, pero se detuvo, abriendo sus ojos por la impresión.
-Espera, ya sé lo que estás haciendo. Estás utilizando tu presión espiritual para protegerte de mis golpes, ¿no es cierto? Igual que Ichigo la primera vez.
-Pensaba que nunca lo descubrirías.
FLASHBACK
Desde que salieron de la Flecha rota, y durante los siguientes días por el tiempo de una semana, Yin y Yang se dedicaron a entrenar con Boogeyman.
Yin entrenaba con el zombi en un rincón del sótano, llevándola al límite para forzarla a desbloquear los poderes de Shinobara. Mientras tanto, Yang hizo lo propio.
Se turnaban cada un par de horas, y sólo se detenían cerca de las cuatro de la mañana para descansar. Cuatro horas después, y tras un desayuno ligero, consistente en avena, manzanas y agua, el zombi volvía a forzarlos al límite.
-¡Vamos, Yang! ¿Esto es todo lo que puedes hacer?
El conejo se sostuvo gracias a su espada, evitando protegerse con ella de los múltiples hechizos que su actual maestro le estaba arrojando, según él, como una forma de entrenar su cuerpo en esta modalidad. Claro, tanto él como su hermana conservaron sus túnicas, pero éstas eran mayormente blancas ahora, casi completamente idénticas a sus vestimentas Woo-Foo, únicamente sus cinturones seguían manifestando sus diferencias, el suyo azul, y rosa el de su gemela. Además, sus pantalones eran negros, al parecer una característica de los shinigamis regulares, aunque Boogeyman explicó que éstos solían llevar ropas negras en su totalidad, como Yuki en su forma de combate (excepto que ella había alternado con algo de blanco, el conejo sólo pudo recordarlo a medias, sin conseguir fijar todos sus detalles en ese momento).
-¡Lo estoy intentando!
AL final, el conejo tuvo que blandir su arma, sin poder aguantar un quinto ataque de kido. Se tambaleó hacia atrás, pero fue capaz de mantenerse en pie, pese al esfuerzo evidente, visible por el sudor que cubría su cuerpo y manos. Sin embargo, Yang sonreía, demostrando que comenzaba a tomar el control.
-Bien. Segunda fase. ¡Cuidado!
De repente, el zombi recuperó su arpa, pero en lugar de disparar rayos con ella, la blandió como un pequeño garrote, sorprendiendo al conejo por completo.
-¡Ouch! ¡Eso dolió!
-Estoy conteniendo casi todo mi poder, Yang. Entonces, ¿crees ser capaz de resistir un poco más?
-¿A qué se refiere?
-¡Prepárate para un ataque directo con algo más de poder!
-¿Qué?
Pero Yang fue demasiado lento, y no consiguió protegerse a tiempo de la siguiente envestida, ya fuera con su espada o con su presión espiritual. Sintió cómo la sangre se escurría por su brazo, antes de que le hicieran perder su arma con un golpe rápido en su muñeca.
-Qué suerte que le pedí a Orihime que los curara a ambos después de cada entrenamiento, si no serían historia, ustedes dos.
-¡No lo vi venir!
-Exacto. No verás venir el ataque de tu adversario, y como no será un entrenamiento, te matarán. ¿Quieres eso?
-¿Chiwa!
FIN DEL FLASHBACK
-En pocas palabras, digamos que fortalecí mi resistencia. Aunque estoy sangrando de todos modos, he conseguido mejorar mi control sobre mi presión espiritual. Verás que estoy utilizándola como un escudo en todo mi cuerpo. No me rendiré pronto, ya ves.
-¿Y si puedo preguntar, quién te ha enseñado esto?
-Su nombre es Boogeyman del Hueso, y él ha sido mi sensey estos últimos días.
-Vaya, estaba considerando a Urahara, pero claro, él está desaparecido.
-¿Quién es el tal Urahara?
El conejo creyó reconocer el nombre, ya que su propio maestro lo había mencionado al pasar en algún momento.
-No te importa. Bien, te has vuelto más resistente, ¿y eso qué? No evitará que te haga pedacitos.
-Eso ya lo veremos.
Esta vez, el conejo decidió ir por una nueva táctica. En lugar de intentar cargar un rayo de luz, se concentró en el combate cuerpo a cuerpo, recordando su batalla anterior con aquel tipo calvo.
Ahora, cuando Renji se acercó, su oponente lo esperaba.
-¡Idiota! ¿No entiendes que tu actitud sólo conseguirá que te maten?
Pero Yang no se veía más preocupado de la cuenta. Cuando su contrincante estuvo a pocos pasos de él, blandió su Zampakutou, deteniendo cada uno de sus golpes.
Tras el tercer golpe, Renji tuvo que detenerse para recuperar el aliento, y fue el momento que Yang estaba esperando. Viendo un segundo de distracción en su rival, se abalanzó sobre su lado abierto, aprovechando que el shinigami veterano había bajado su machete por un segundo.
El conejo se lo llevó al suelo, consiguiendo un corte contundente en su hombro y continuando su ataque con un cabezazo en su estómago.
-No viste venir mi ataque, ¿verdad?
Renji le dio una patada, desembarazándose de él, pero el daño ya estaba hecho.
Éste no era como el golpe que recibió de su parte durante su primer encuentro, cuando se trataba de un daño superficial. Ahora, el teniente estaba visiblemente herido, no sólo en apariencia, porque tuvo que sujetarse la zona, y su mano se cubrió del líquido carmesí.
-¿Qué pasó, amigo? ¿Impresionado?
-Admito que me tomaste por sorpresa. ¡Pero no volverá a suceder!
Sin embargo, Yang supo que la victoria era suya. Renji se movía con lentitud, debido a su herida, dándole el tiempo suficiente para cargar su técnica especial.
-Tienes razón, no volveré a sorprenderte, ¡porque no lo necesito! ¡Rayo de luz!
Renji no consiguió esquivar el ataque a tiempo, recibiendo el rayo de lleno en su pecho, a pesar de su pobre intento de protegerse con su Zampakutou, ya que se cubrió demasiado tarde. Voló por el aire, hasta estrellarse contra una columna, que se partió a la mitad por la fuerza del impacto.
-¿Quieres saber cuál es mi motivo para luchar? Salvar a mi amiga. Y a todos los demás que vienen conmigo.
Renji escupió sangre desde su lugar en el piso, mirándolo con una mezcla de ira y resignación por su derrota.
-Eso... es justo.
Yang se detuvo, arrodillándose a su lado. Ganju le arrojó algunas vendas de su propio suministro, pero el conejo no hizo nada para ayudar. Renji fue a rechazarlas, pero optó por colocárselas de todos modos.
-En la academia, nos enseñan que hay dos clases de batallas. Una por honor, por ti mismo; y otra por alguien más.
-Entonces, ¿peleaste por honor? ¿O por un amigo?
-No lo sé. Pero puedo ver que tú eres un verdadero amigo de esa chica. Traidora o no, Minamoto podría no estar perdida. Si te apuras, podrías salvarla.
-¿Qué quieres decir?
Renji sonrió, mientras se reincorporaba con la columna rota como apoyo.
-Ya te lo dije, Minamoto ha sido condenada a muerte. Será ejecutada en una semana. Pero te lo advierto, soy sólo uno de muchos tenientes, y ni siquiera he utilizado todo mi poder. Sólo me venciste porque te subestimé. Yo que tú me iría ahora mismo.
-¡Vámonos, conejo! ¡seguramente todo el mundo nos está buscando ahora!
-¡Eh, claro!
-¡Ganju, espera! –Renji lo detuvo, antes de indicarle que se acercara para hablarle al oído-. Kyoraku quería que ayudemos a Minamoto, pero no me dijo por qué. Además, una mujer que no reconocí, creo que del Escuadrón 13, se llevó algo que parecía peligroso del Muken.
-¿Y por qué me estás diciendo esto?
-Si la enfermería me detiene por demasiado tiempo, tienes que informar esto a mi capitán, Kyoraku o cualquier otro capitán que encuentres, en caso de que des con alguno.
-Como digas. ¿Ah, saluda a Rukia por mi parte!
Con eso dicho, ambos se marcharon. Sólo cuando estuvo seguro de que se habían alejado al punto de ya no ser visibles, convocó una mariposa infernal para informar de su enfrentamiento a Kyoraku, pero su orgullo no le permitió llamar a la gente del Escuadrón 4, prefería llegar allí por su cuenta.
-Sólo espero que te equivoques, Rukia. Si no, nunca me perdonaré haber dejado escapar a ese conejo.
Para su consternación, justo a mitad de camino, alguien envuelto en un halo blanco lo detuvo, antes de revelar su identidad.
-¡Teniente Abarai, ahí estás! ¡Estaba tan preocupado!
-Ah, eres tú, Shirokawa. ¿Qué quieres?
-El capitán en persona me pidió que te recordara que fueras a verlo después de regresar de alguna parte. Por cierto, ¿adónde fuiste?
-Eso no es asunto tuyo.
-Bueno, si tú lo dices... ¿Espera! ¿Eso es sangre? ¿Estás herido?
-Oh, por el amor de Dios, no vayas a desmayarte ahora mismo, no necesito cargar a un idiota a la enfermería, con mis heridas tengo suficiente.
-¡Déjame llevarte a la enfermería, teniente Abarai!
-¡No, gracias! ¡Puedo caminar por mí mismo!
Sin embargo, Yusei no pareció oírlo, porque, a gran velocidad, lo levantó del suelo, sujetándolo a su espalda y llevándolo a cuestas como un padre preocupado a su hijo pequeño, al estilo caballito. Al mismo tiempo, los cubrió a ambos con su característico halo blanco, desplazándose a una velocidad abrumadora por todo el Seireikei, rumbo al Escuadrón 4.
-¡Y aquí estamos!
Cuando la luz se desvaneció, Renji desató sus extremidades del joven, antes de darle una fuerte patada en la espalda, mandándolo a estrellarse contra una pared.
-La próxima vez, caminaré por mi cuenta, muchas gracias.
Ignorando al oficial semiinconsciente, Renji cojeó hacia la primer área que encontró despejada en aquel sitio. A sus espaldas, un Yusei aún semiconsciente sonrió tontamente, contento de haberle sido útil, a pesar de sí mismo.
Lo que ninguno de ellos sabía era que Kenpachi Zaraki estaba en marcha, habiendo sentido brevemente el ligero aumento del reiatsu del conejo.
-¡Está cerca! ¡Puedo sentirlo!
Kenpachi continuó corriendo, eufórico ante la expectativa de una batalla desafiante.
Al mismo tiempo, un shinigami en particular se encontraba cavilando, mientras se dirigía a reunirse con su teniente para patrullar.
Taiga Rurokishi (aunque la gente solía pronunciar mal su apellido, lo que podía dar lugar a bromas de mal gusto y malentendidos), caminó sin prisa.
-Cómo quisiera poder visitarte, Yuki. Qué lástima que estos Ryoka hayan decidido invadirnos justo ahora, si no nada me gustaría más. En fin, ya habrá tiempo para eso.
Para sus adentros, el oficial esperaba, contra toda posibilidad, que la pobre shinigami a prueba sería salvada de la ejecución a como diera lugar.
Mientras tanto, se limitó a rezar, esperando que sus súplicas fueran escuchadas por quienquiera que estuviese allá arriba.
-¿Por qué te tardaste tanto?
-Lo lamento, teniente Kira, el capitán había solicitado verme. Pero ya estoy aquí, así que supongo que podemos irnos.
Izuru Kira suspiró con cansancio, pero no replicó. En cambio, se dio la vuelta, empezando a trotar para reunirse con los demás oficiales de su escuadrón en la patrulla, todos con un único objetivo, localizar y detener a los Ryoka. Detrás suyo, Taiga lo siguió sin problemas.
N/A: Si alguien se lo está preguntando, no, Yang no venció a Renji de un solo golpe y un rayo, tuvieron una pelea dura, ya. Ahora, una aclaración con respecto al apellido de Taiga. AL mencionarlo Yuki en el cap 12, debido a su mala memoria, ella pronunció mal su apellido, lo que desconcertó a los presentes, Renji, Rukia, Shinto y el propio Kyoraku; debido a que tal apellido no existe realmente en la sociedad de almas, ellos asumieron que mentía. Por otro lado, el juego de palabras viene al caso porque mientras Rurokishi significa "Caballero lelo", Ruroshiki significa "Naranjilla".
Brick: vaya lío te hiciste. Además, nos lo habíamos inventado, quién diría que la palabra significaba algo realmente? Tengo que meterme a estudiar japonés ahora?
Yo: olvídalo, me quedé con esto por ahora.
