N/A: una pequeña aclaración sobre el tiempo.
Brick: así es, metimos la pata en ese sentido. Miren, recapitulemos: cuando se llevaron a Yuki de regreso a la sociedad de almas, al día siguiente fue llevada, de nuevo a la fuerza, ante la Cámara de los 46 y, una vez procesada, conducida al Muken. Una semana después, Nuestros protagonistas arribaron a la sociedad de almas; al día siguiente, irrumpieron en el Seireikei. Entonces, han pasado 10 días desde que Yuki reapareció en la sociedad de almas y 9 desde que fue encerrada en el Muken. Espero no equivocarme en las cuentas.
Yo: no, no creo que lo hagas. Sin embargo, si nos equivocamos, por favor, queridos lectores, hágannoslo saber.
Brick: así que, bueno, Renji no podría haberse ido una semana completa para visitar a Yuki, a menos que el Muken estuviese a un millón de años luz del Escuadrón 6, por todos los cielos!
Yo: sólo digamos que la estaba visitando el mismo día que los Ryoka atraviesan la pared norte del Seireikei, mientras que Aizen habla con ella desde su llegada, haciéndolo esporádicamente. Quiero decir que es Aizen, y él no habla con otros reclusos a menudo, e incluso cuando lo hace, no suelta la lengua así como así, ya.
Brick: entonces, ¿para qué hablar con Yuki?
Yo: un misterio, no te parece? Ha mostrado estar al tanto de la última crisis, prácticamente minuto a minuto, y saber más de lo que aparenta, ése es Aizen siendo Aizen, XD.
Brick: malvado!
Yo: así que sí, de alguna manera también está informado sobre la situación actual de Yuki, su pérdida de memoria y bueno, quién sabe si no más?
Brick: ya te decía yo que era demasiado genial para que Yhwath lo reemplazara!
Yo: en fin, aquí hay un nuevo capítulo para ustedes, queridos lectores. Ha llegado el momento que más de uno estaba esperando.
Brick: el regreso de Ichigo? Está vivo, verdad? Verdad?
Yo: no, eso no! Hablo de la reunión de Kyoraku con Orihime, Chad y Uryu.
Brick: ah, eso. Uf.
Yo: por qué pareces no estar particularmente emocionado por esto? Qué es esa mirada de cansancio y aburrimiento?
Brick: eh, de cansancio y aburrimiento?
Yo: no le hagan caso. En renglón aparte, no tomen este capítulo sólo como un episodio de transición, ya que refrescaremos algunas cosillas aquí y allá, e iremos a la búsqueda de algunos misterios. ¿Quién dijo queso?
Brick: tú. Yo no, al menos. Ya podemos ir al capítulo?
Yo: sí, sí, lo que sea.
Capítulo 18
Misterios sin resolver
Cuando Hisagi condujo al trío al interior de la enorme biblioteca, el Capitán Comandante ya se encontraba allí, esperándolos en un asiento junto a un ventanal al fondo.
Kyoraku acababa de regresar de su pequeño contratiempo hacía minutos, decidiendo relajarse por un segundo. En lugar de buscar una lectura, se conformó con mirar el paisaje del exterior.
-¡Aquí estamos, Capitán Comandante! –anunció Hisagi.
-Está bien, ya puedes volver a tu trabajo habitual, teniente Hisagi.
Hisagi asintió, antes de retirarse.
-Ha sido un tiempo, ¿verdad? ¿Cómo los trata la vida?
Los tres le regalaron un ligero asentimiento, antes de aceptar seguirlo a una mesa cercana, donde alguien había acomodado algunas esterillas para que se pusieran cómodos.
-Orihime, Chad y Uryu. Es un placer volver a verlos.
Orihime sonrió, Chad gruñó y Uryu se cruzó de brazos.
-¿Un té?
-¡Oh, eso estaría bien, gracias!
Orihime aceptó una taza que acababa de aparecer de la nada, gratamente sorprendida.
-¿De dónde sacó la taza? –Uryu observó todo con suspicacia.
-Servicio instantáneo de mi cuarto oficial, claro. Magia. ¿Querrás unas galletas con eso?
-Eh, estoy bien, gracias.
El silencio volvió a caer en la habitación, como cuando se encontraba a solas en aquel enorme edificio. A su alrededor, las mesas, grandes o pequeñas, se extendían por todas partes en disposiciones casi geométricas. Las estanterías se perdían tanto en las alturas como hacia los lados en las sombras, y donde la luz exterior no llegaba, algunas antorchas colgaban, proporcionando la luz necesaria. Todo cabía perfectamente dentro de la enorme torre circular.
-Por cierto, linda biblioteca –acotó Chad, como para romper el hielo.
-No es mía, si están pensando eso.
-entonces, ¿de quién es? –Uryu no parecía particularmente interesado en saber la respuesta, pero la curiosidad se palpaba en el aire.
Orihime se acabó su té y, acto seguido, la taza desapareció. Se sorprendió sosteniendo el aire.
-Oh, eso es... inesperado.
-Dímelo a mí, todavía no me acostumbro. Pero no pienso quedarme aquí por mucho tiempo.
-¡Cuántos libros! ¿de qué son? –Orihime intentaba esquivar el tema que, seguramente, era el que los convocaba.
-Me avergüenza admitir que no estoy seguro. Se supone que casi todos son archivos viejos. Libros de historia, novelas, poesía, alguna que otra curiosidad científica... qué sé yo.
-¿Qué clase de archivos, si se puede saber? –intervino Chad, al parecer el más interesado-. ¿De la academia?
-No. Esos estaban en posesión del viejo Yama. Ahora están en mis manos, pero son montañas y montañas de papeleo aburrido. Tampoco los expedientes de los acusados de crímenes ni nada por el estilo, que yo sepa, esos archivos están en la Central 46.
-Si no tienen nada de eso, ¿qué guardan aquí?
-Me gustaría poder responderte, Chad, pero no tenemos tiempo para esta clase de cosas. Se supone que el dueño de estas instalaciones, Kirisame, no debe estar aquí. Le pedí expresamente usar este lugar para nuestra reunión privada, y debería estar haciendo algo importante. En fin, todos sabemos que el universo entero está en medio de una crisis. Saben por qué nos reuní a los cuatro aquí.
-No creo que sea para tomar té y leer –opinó Uryu, desconfiado-. Supongo que quiere saber por qué nos fuimos de Karakura sin dejar rastro, ¿no es así?
-Estás en lo correcto –Kyoraku suspiró-. Chicos, según lo que me informaron, se fueron de Karakura sin decírselo a nadie, ni siquiera a Renji o Rukia. ¿Por qué? Urahara y Yoruichi se han escondido, Dios sabe dónde, la gente de Hirako está desaparecida, ¿y ustedes simplemente deciden irse también? ¿Qué se supone que deba pensar?
-Tuvimos una buena razón para actuar como lo hicimos –atajó Uryu, tomando las riendas de esta conversación-. Rukia y Renji compartieron con usted el mensaje de Urahara que todos pudimos escuchar como su última comunicación. Habló de un nuevo enemigo, pero parecía dudar de la identidad y las intenciones de tal amenaza.
-Eso es curioso, Uryu. Porque esto sucedió casi al mismo tiempo que Ichigo y toda la familia Kurosaki desaparecieron de la faz de la Tierra.
-Entonces, quizás sepa lo delicado de la situación –dijo Chad, apoyando a su amigo-. No sabemos con qué o con quién estamos tratando. Quienquiera que causó todo esto, claramente no desea que Ichigo intervenga, si incluso puso en apuros a Yoruichi y Urahara, sin contar a los vizards, debe ser alguien peligroso.
-Si estamos hablando de la misma persona, pero sí, tienes razón. Lo único que puedo sacar en claro de toda esta situación, en la que ya venimos estancados desde hace tres meses, es que estas personas, si es que hay más de una implicada, quieren a Ichigo fuera del camino. Debería aliviarme saber que le temen, pero no me consuela en lo absoluto. ¿Tienen idea del problema más reciente que enfrentamos?
-Si se refiere a los Ryoka, vienen con nosotros –informó Uryu, deseoso de acabar con esa confusión-. Están aquí para rescatar a su amiga. Tiene que entender, las cosas podrían salirse de control si no detenemos las patrullas.
-¿Y exactamente, cómo planeas hacer eso?
-usted sabe que esta situación no es muy diferente de nuestra primera visita a la sociedad de almas –intervino Chad, ofuscado-. En ese entonces, Rukia le había cedido sus poderes a Ichigo, y vinimos a salvarla. ¿Qué es diferente en esta ocasión?
-Muchas cosas. Ichigo está desaparecido. Mi oficial le transfirió sus poderes no a una sino a dos personas. Acabo de recibir varias mariposas infernales y, según todo lo que pude recabar, estas mismas personas se encuentran entre los ryoka que trajeron aquí, sin contar que sus Zampakutous no han podido ser identificadas.
-Espere un momento –insistió Chad-. ¿Qué quiso decir con que es su oficial? ¿Yuki Minamoto es...?
-Actualmente, sigue siendo una oficial de bajo rango en el Primer Escuadrón. A prueba, claro.
-Bueno, aún no está todo perdido –Orihime trató de infundirle algo de optimismo al tenso ambiente-. Seguramente, si reunimos a todos y les contamos lo que sabemos, las cosas se arreglarán, ¿verdad?
-No puedo prometer que eso vaya a suceder, Orihime –se lamentó Kyoraku, negando con la cabeza-. Verán, las cosas ya estaban tensas cuando Ichigo desapareció, pero desde que la Central 46 descubrió a Minamoto, no dudaron en cargarle la cruz de la culpabilidad. Y, desgraciadamente, esta opinión ha calado rápidamente en la mente de una gran parte de la sociedad de almas. El hecho de que ella tuviera la insignia que Ukitake le diera a Ichigo consigo, y para colmo, que dejara que unos completos extraños las utilicen... Bueno, digamos que no es algo que todo el mundo vaya a tomarse bien.
-¡Pero ayudaron a la gente! Eso cuenta, ¿verdad? –Orihime ofreció una sonrisa forzada.
-No niego eso. Pero ¿cuánta gente quedó desprotegida en su mundo, especialmente en Karakura, con Ichigo lejos? Los fullringers han tenido que apoyar a Yuki y Madarame constantemente, y simplemente no dan abasto. ¿Y cuánto más creen que las cosas han empeorado tras su partida?
-No pretendíamos empeorar las cosas, en serio –intentó aportar Chad, pero Kyoraku lo detuvo con una mirada.
-Bueno, realmente no lo pretendían, yo lo sé, pero las cosas han empeorado, de todos modos. Por otra parte, ése no es el único problema. ¿Qué creen que hará la Cámara de los 46 al respecto? Cuando se enteren de que permití que dejaran Karakura y, al volvernos a encontrar, no tomé cartas en el asunto, se dedicarán a apilar el carbón sobre todos nosotros. Podrían haberse conformado con encarcelar a Minamoto, pero tenían que dictar su sentencia de muerte. Y como si eso fuera poco, los mejores amigos de Ichigo Kurosaki reaparecen, trayendo consigo a algunos ryoka revoltosos, sospechosamente justo cuando está en camino una ejecución. Simplemente el escenario perfecto que esos jueces hipócritas esperan para pedir mi cabeza. Sólo faltaría más, y eso que aún no arrojan el fósforo para hacer estallar la bomba.
-Pero acaba de decir que la sentenciaron a muerte. ¿No es eso encender la mecha? –Uryu expresó su justa confusión.
-Me temo que no. Sólo puedo agradecer que Kirisame es absolutamente leal, si no, no sé qué haríamos. Si los 46 se enteran de que no pudimos identificar las Zampakutous de los supuestos ryoka, o si esto se sale de control, y nos tornamos incapaces a sus ojos de manejar la situación, ellos podrían llevar las cosas demasiado lejos, hasta un punto de no retorno.
-Pero no lo entiendo, Capitán Comandante –Chad no era el único sorprendido por esta revelación, pero sí quien se veía más ansioso de los tres-. Creía que usted y los demás segadores de almas del Seireikei eran la máxima autoridad en la sociedad de almas.
-Bueno, no es así. Nos limitamos a ser la guardia de la corte, pero teóricamente los clanes nobles y los 46 nos superan. Las familias nobles se han mantenido neutrales, y relativamente tranquilas durante las últimas décadas, especialmente desde la traición de Aizen en adelante. Sin Yoruichi por aquí, y con el capitán Kuchiki de nuestro lado, espero que no cometan la temeridad de intervenir y conducirnos a todos a una guerra. Pero incluso en el caso de que decidan hacerse a un lado, quedándose al margen de todo este lío, eso deja a un actor peligroso para lanzar sus cartas.
-Los 46 –dijeron sus interlocutores.
-Entiéndanme, chicos –Kyoraku elevó sus manos en el aire, en señal de paz-, nada me haría más feliz que detener esta crisis, y sé cuánto nos gustaría que todos pudiéramos sentarnos a tomar el té y disfrutar de un día de verano, como buenos amigos. Es una lástima que las cosas no funcionen así. Pero antes de continuar, vengan, hay algo que quiero que vean.
Kyoraku los llevó a un pasillo, donde caminaron por casi diez minutos, todos juntos entre dos paredes repletas de tomos viejos y polvorientos. Orihime y Chad tosieron por el polvo, incluso Uryu no pudo evitar toser un par de veces.
-De nuevo, ¿qué son todos estos libros? –inquirió el quincy, molesto.
-En su mayor parte, trabajos sobre la historia de la sociedad de almas. Archivos completos sobre la vida y la muerte de millones de almas. Pero también sobre algunos acontecimientos poco halagadores, como el experimento de las almas modificadas, la creación de los bounts o el exterminio de los quincys, y mucho, mucho más. Uh, ya sueno como Kirisame en este punto. Se supone que, además, aquí se guardan libros prohibidos. Investigaciones olvidadas del Cuerpo de Kido, leyendas... ¿han oído hablar del kido secreto? -al no obtener respuesta, dijo-: ¿No? Se supone que no debería decírselos, pero se cuenta que era un tipo de kido prohibido, una magia tan peligrosa que ni siquiera se enseña en la academia. No verán a Rukia usarlo, sencillamente porque no lo conoce, y ni siquiera yo o los demás capitanes. De hecho, Urahara llegó a confesarme que acababa de comprobar su existencia hacía unos setenta años, pero no conseguí que me dijera cómo. ¡Oh, aquí estamos!
Se detuvieron frente a una estantería que, según el ojo de Orihime, no era diferente de las millones que cubrían la biblioteca.
-Eh, no quiero sonar grosera, pero ¿qué tenemos que ver?
-Un segundo.
Kyoraku se movió con cuidado, antorcha en mano, hasta que iluminó algo en un rincón de una estantería alta. Con un poco de dificultad, consiguió bajar un archivo que tendría al menos unas mil páginas. Comenzó a pasar un dedo por las diferentes secciones, hasta toparse con una que, convenientemente, el bibliotecario se había cuidado en marcar.
-Interesante. Un shinigami bibliotecario –señaló Uryu, divertido.
-Ajá. Miren. Éste es el archivo de Minamoto.
-Un momento –lo detuvo Chad, expresando el asombro colectivo-. ¿Nos está dejando ver un archivo de una de sus oficiales? ¿Por qué?
-Porque no es su archivo como shinigami, sino como humana, cuando era una persona más en el mundo de los vivos.
Orihime fue la primera en atrapar el pesado archivo, pero no tuvo problemas en sostenerlo. Admitió que se sentía intrigada. ¿Por qué Kyoraku, de todas las personas, les estaba mostrando esto?
Fue cuando sus ojos se toparon con un detalle interesante.
-Un momento. –Detuvo las cavilaciones de los demás, indicando lo que le había llamado la atención en la página marcada-. ¿Qué significa esto?
-¿Qué quieres decir? –Uryu la miró, tan intrigado como el resto.
-¡Aquí no hay nada! ¡la página está... la página está en blanco!
-Exacto –dijo Kyoraku, recuperando el pesado archivo de manos de la chica-. Cuando le pedí a mi oficial, el dueño de este lugar, bueno, dueño no es la palabra adecuada, ya que, técnicamente, este lugar es de uso público para todo shinigami, que buscara para mí el archivo de Minamoto, me comentó este hecho insólito. Pero eso no es todo. Yo mismo había investigado su registro como alumna en la academia.
-¿Y por qué necesitaría hacer eso? ¿NO se supone que ustedes se informan de cada persona que reclutan antes de enrolarla en cualquier escuadrón? –Chad se cruzó de brazos, confuso.
-Sí. Pero Minamoto se graduó de la academia hace cincuenta años. No era como si hubiera un documento reciente sobre su paso por la academia. En fin, cuando ella vino a nosotros, no pudimos rechazarla. Pero, en privado, me contó su secreto. Ella no recuerda la mitad de su pasado. Su infancia y su paso por la formación son todo lo que sabe. Así que, antes de tomar cualquier decisión, me metí a investigar. Sólo obtuve que había sido una estudiante promedio; nada sobresaliente, pero tampoco nada que debiera pasarse por alto.
-¿Qué hizo, entonces? –Uryu fue quien preguntó.
-Me decidí a darle un lugar en el Primer Escuadrón. Otros la querían, pero yo decidí que todos los capitanes deberíamos vigilarla, sólo por si acaso. Veníamos de dos duras guerras, la desaparición de Ichigo y, para colmo de males, también la de los amigos de Shinji que quedaron en el mundo de los vivos. En serio, ¿en qué estaban pensando?
-¡pensamos que Ichigo podría estar en la dimensión que acabábamos de encontrar! –se defendió Uryu, ofendido-. La única razón por la que estamos aquí es ésa; y, si no fuera por Minamoto, francamente, seguiríamos como al comienzo.
-Espera, ¿qué quieres decir?
-Bueno, entre las cruces que cayeron del cielo ese día, había una pluma de cuervo. Puede que fuera una coincidencia, pero, cuando se nos ocurrió tomar esto como una pista, y cuando estábamos por el segundo mes de la búsqueda de Ichigo, se nos ocurrió preguntar a algunas personas, entre ellas a los capitanes Kuchiki y Zaraki –explicó Uryu-. Al principio, no parecían entender qué pretendíamos; hasta que, de repente, un día el hermano de Rukia vino diciendo que usted había admitido a una shinigami extraña con una Zampakutou asociada a los cuervos. Cuando ella desapareció, dejó un rastro casi imperceptible de espiritrones, uno que, por pura suerte, nosotros pudimos rastrear. El mismo que nos condujo a esta nueva dimensión.
-Si eso es cierto, ¿por qué nunca nos dimos cuenta?
-Eso sí que no lo sabemos. En nuestra defensa, se nos ocurrió que, quizás, habría alguien mirando, alguien que no estaría precisamente contento con que buscáramos pistas fuera de los caminos habituales –continuó relatando el quincy-. Además, recordamos los gigais que Urahara había dejado para los amigos sin poderes de Ichigo, y decidimos buscar más. Encontramos algunos más que nos serían de ayuda y, al ser humanos, no los necesitábamos incondicionalmente. AL final, descubrimos cómo utilizarlos como una suerte de disfraces, haciéndonos pasar por otros habitantes con formas de animales antropomórficos en este nuevo mundo.
-Pero ¿qué pasó con Yuki? –insistió Orihime.
-Bueno, la recluté –Kyoraku decidió retomar su relato por donde lo había dejado-. Mientras estuviera a prueba, ningún otro escuadrón la admitiría, vigilándola en su lugar. Sólo hasta que pudiera recuperar sus recuerdos, naturalmente. Entonces, ella desapareció, y el resto ya lo saben.
-Pero no lo entiendo. ¿Por qué el archivo de su vida está vacío? –interrogó Chad.
-Podría ofrecer una teoría al respecto –dijo una nueva voz a sus espaldas.
Todos, excepto Kyoraku, se sobresaltaron. Al darse la vuelta, se encontraron frente a frente con Shinto Kirisame, quien llevaba un pergamino enrollado bajo su brazo.
El nuevo shinigami les regaló una sonrisa de disculpa.
-Lo siento si interrumpí su reunión. Pero ya que estamos en la misma página, ¿les importaría acompañarme?
-Supongo que no –ofreció Kyoraku.
Shinto los ubicó a todos en una mesa apartada, en un rincón oscuro de la biblioteca, debajo de cuatro antorchas que los alumbraban desde varias decenas de metros por encima de sus cabezas.
Shinto se apresuró a desplegar su hoja de pergamino, acariciándola con sus dedos largos, alternando su mirada entre ésta y sus caras intrigadas.
-Disculpen por no presentarme antes. Shinto Kirisame es el nombre. Y supongo que son los famosos amigos de Kurosaki. Hm, ¿les importa si me dirijo a ustedes de manera formal? ¿O prefieren que lo haga por sus nombres? No soy muy bueno con estas cosas.
Los tres asintieron, indicándole que preferían la segunda opción.
-Bien. Porque eso nos deja el asunto actual. Miren, hay muchos misterios no resueltos en la sociedad de almas. Y creo, amigos míos, que estamos justo frente a uno de ellos.
-¿hablas de la desaparición de Ichigo?
-¿Orihime, verdad? Bueno, en este momento no tengo la certeza para afirmar que ése sea el que tenemos entre manos. Puede que ambos estén conectados, pero no puedo decirlo. Ahora, ¿quién sabe cuándo y por qué surgió la Central 46?
El trío de amigos negó con la cabeza, ninguno de ellos podía saber nada al respecto. Kyoraku levantó una mano, como en una clase de la academia.
-Bueno, el cuándo es un misterio, pero el motivo parece bastante claro. Los jueces están para hacer cumplir la ley en la sociedad de almas. EL Rey Espíritu o alguien bajo sus instrucciones, decidía quién venía aquí y quién al infierno. Pero, mientras tanto, necesitaban que alguien se encargara de la justicia tras la muerte. Si me preguntan, opino que el mismo Rey no dictó directamente las leyes, pero al menos dejó sentadas las bases para su elaboración.
-Un momento, ¿está sugiriendo que los jueces las hicieron? –dijo Kirisame, su curiosidad al máximo.
-No estoy seguro. Nadie lo sabe, no hay registros de la época anterior a la creación del Seireikei o de la Academia sobre esto que sean claros, sólo las leyes mismas. Admito que es algo vergonzoso que sigamos leyes cuyos autores desconocemos, todo el asunto de la sentencia sin juicio de Rukia y la llegada de Ichigo Kurosaki a aquí nos enseñaron una buena lección sobre no seguir ciegamente las reglas.
-Además –prosiguió Shinto por él-, al parecer las familias nobles tampoco lo saben, nadie parece recordar quién dictó las reglas. Los jueces simplemente las observan e interpretan, actuando en consecuencia, organizando acusaciones y juicios cuando creen que éstas se rompen. ordenan las detenciones de los criminales, redactan las acusaciones, dictan sentencias, procesan a los acusados, etc. Eso es más de lo que ya todos sabemos. ¿Qué es lo que no sabemos? Además de quién y cuándo creó las leyes de la sociedad de almas, quiero decir.
-Lo que me inquieta –dijo Kyoraku- es el papel de los 46 en el caso de Rukia. Si bien Aizen tuvo la culpa, ellos no hicieron nada para revisar la acusación, simplemente se quedaron mirando.
-Bien, son una institución bastante corrupta, por lo que sabemos –apuntó Shinto, rascándose la barbilla-. Pero además de esto, hay algunas historias sobre la Cámara que son por lo menos terribles, más allá de los casos concretos, como el que acaba de mencionar. Por ejemplo, ¿qué papel tuvieron en el exterminio de los Bounts y los Quincys? Bueno, no dejan a nadie por fuera del juzgado meterse a hacer averiguaciones, pero por lo poco que sabemos, decidieron hacer la vista gorda en ambos casos. No son la gente más idónea que digamos. Pero hay más.
-¿Qué más? –preguntó Chad, algo cansado por toda la charla agotadora.
-Esto no debe divulgarse, no tengo que repetírselos –Shinto miró fijamente a los tres humanos, que asintieron-. Bien. Una de estas historias del pasado cuenta que, antes de que se creara el Seireikei, mucho antes de que nuestro antiguo Capitán Comandante Yamamoto fundara la Academia, los jueces eran el cuerpo más poderoso que existía en términos de justicia. Nada que ver con la situación actual –elevó las manos al ver las expresiones aburridas de los jóvenes y la sonrisa de su capitán-, en lo absoluto; se dice que, junto con los clanes nobles, eran quienes gobernaban la sociedad de almas. Es más, hay quienes especulan que hasta tenían privilegios especiales, un servicio de reclutamiento y reglas internas independientes de las mismas familias nobles. Las historias cuentan que eran los legisladores, jueces y, por qué no, incluso los guardianes de la sociedad de almas. Cuando vivos y muertos, humanos y huecos no vivían en mundos separados y el caos campaba a sus anchas, se dice que estos jueces ocupaban nuestro lugar, precursores de las Trece Divisiones de la Guardia de la Corte.
-Tal parece que mi curiosidad es compartida –acotó Kyoraku, juntando las manos por encima de la mesa en gesto meditabundo-. Bien, por algo se dice que cuando no nos une el amor, lo hace el espanto. Continúa, Shinto.
-Por supuesto. Verán, nada de esto ha sido probado nunca, son meras especulaciones. Pero de serlo, y no estoy diciendo que lo sean, ¿quién puede decirnos que los jueces no estén buscando recuperar la influencia y el poder de antaño? Esto sí es cierto, sea la historia de sus hazañas del pasado cierta o no. Después de todo, son la institución que vuelve a las familias nobles prácticamente intocables, y han representado la opinión más conservadora de la sociedad de almas desde siempre. Rukia Kuchiki fue sólo una oportunidad, una que no supieron aprovechar, pero ahora, son más fuertes que nunca.
-Pero no lo entiendo –Orihime decidió intervenir en la conversación-. Creía que Aizen había asesinado a los anteriores jueces. ¿Está sugiriendo que estuvieron directamente involucrados en eso?
-Bueno, ¿quién sabe?
-No es así –dijo Kyoraku, interrumpiendo sus especulaciones-. Verán, un topo en el juzgado es una idea inquietante, es cierto, y si bien ha pasado por la mente de más de uno de nosotros, corroboramos las cámaras de seguridad de aquella época. Todos ellos eran unos corruptos, pero eso es historia antigua. De todos modos, sólo pudimos descartar su participación en el plan de Aizen, algo que ya el capitán Kurotsuchi había deducido por su cuenta, sumándose a la opinión general que se impuso tras su masacre. Continúa, Kirisame, ¿qué más puedes decirnos?
-Bueno, no es mucho lo que yo puedo decir. Ha sido difícil investigar al respecto. ¡menos mal que las historias locas las tenemos aquí y no en la Central!
-Un momento –Uryu lo interrumpió, aburrido-. Si los jueces que decidieron sentenciar a Rukia a muerte están muertos, ¿quiénes ocuparon su lugar?
-Buena pregunta, Uryu –el oficial estaba bien informado sobre sus nombres, eso era seguro-. Verán, justo cuando la Guerra de Invierno terminó, tras la derrota de Aizen a manos de Ichigo Kurosaki, y después de que Urahara lo sellara en el Hogyoku, la Magistratura Suprema, la institución con mayor jerarquía en el sistema judicial de la sociedad de almas, organizó nuevos exámenes para reclutar a quienes pudieran ocupar los puestos vacantes, que eran literalmente todos, una situación única en la historia, excepto si contamos el momento de su creación. Oh, no me pregunten sobre esos estirados, son una veintena de viejas lacras, gente con piel amarilla como mis pergaminos y tan arrugada también. Pero están relativamente limpios; son malvados a su manera, pero intachables, lo que resulta preocupante.
-¿Podrían volverse peligrosos? –la inquietud de Orihime no pasó por alto para nadie.
-Nah, una casta de parásitos, nada más. No son ellos quienes me preocupan. ¿Lo sabían? Al parecer, se reemplazan cada una o dos décadas entre sí; por otro lado, la Magistratura misma designa nuevos jueces cada un par de siglos. En renglón aparte, cuentan con sus propias unidades especiales o fuerzas judiciales, pero no cuentan con mayores habilidades que la astucia y el conocimiento de leyes, reglamentos, etc. Lo que pude recavar es que sus estudios contemplan, además, la detención y reducción de los fugitivos, la colocación de esposas y retenedores de reishi, y el servilismo más absoluto. Pero todo son artes marciales y estrategia; me ha extrañado sobremanera que ni siquiera conozcan un kido básico. Los guardias del juzgado no tienen Zampakutous, ni nada parecido.
-¿Los jueces se eligen cada un par de siglos? –Chad preguntó.
-¿Sus guardias tienen esposas y retenedores de reishi? –Uryu fue quien formuló esta pregunta.
-¿Y no saben kido ni tienen Zampakutous? –Orihime hizo la última pregunta.
-Miren, no lo sé todo –admitió Shinto, con las manos en el aire-. Responderé de la mejor forma posible acerca de lo poco que sé. Chad, los únicos cargos permanentes en el Seireikei son los de los capitanes, excepto si ocurriera algo tan terrible como para que el Capitán Comandante o el juzgado pidieran su renuncia, o si fueran asesinados. Uryu, estas restricciones de presión espiritual han sido raramente utilizadas; el Muken ya es un lugar lo suficientemente sombrío como para colocarles a los reclusos esposas o cualquier otra restricción, más que nada porque el reishi es atenuado por la configuración misma de la prisión, creada por un antiguo jefe del juzgado en una época anterior a la creación del Seireikei mismo. Según estas historias, sólo se han utilizado en los tiempos antiguos y en reclusos particularmente peligrosos, no tanto por sus poderes como por su facilidad para escapar de la cárcel. La única vez que se han utilizado sin una buena razón que sepamos es...
-Ahora, en Yuki –dijo Chad, en un susurro.
-Por último, Orihime, no, no hay Zampakutous ni kido para los jueces ni sus fuerzas. Pero, entonces, ¿eso significa que están indefensos? No, no lo creo ni por asomo.
-Eso no tiene ningún sentido –dijo Uryu, casi a punto de levantarse y confrontar al oficial-. Son la institución más corrupta y odiada que existe por aquí, ¿cómo no iban a tener kido ni nada para defenderse? ¿Qué clase de broma es ésta?
-Tranquilízate, joven, no he terminado –Shinto esperó a que el quincy volviera a sentarse y, cuando lo hizo, prosiguió-. Ésa es exactamente la misma pregunta que todos nos hacíamos. Las esposas y demás dispositivos de anulación de reishi son una cosa, pero no se puede frenar a un criminal fugado de una prisión en ninguna parte sin contar con números o fuerza para ello. ¿Y saben qué? El juzgado cuenta con ambos: los guardias son relativamente numerosos, alrededor de una decena por cada puesto de la Central, sin contar a los guardaespaldas personales de los magistrados supremos, claro. Eso hace por lo menos a unos quinientos efectivos. No podrían igualar el poder de una Zampakutou, pero está prohibido que cualquiera dentro del Muken tenga alguna mientras se encuentre en su interior. Ya sé qué se están preguntando: ¿qué harían los guardias si algún criminal supiera Kido? Porque, que yo sepa, es un requisito indispensable para acceder a la cárcel es la de ser lo suficientemente hábil como para reducir a los reclusos con las manos desnudas, y Urahara era el encargado de dicha tarea en el pasado. Él era quien tenía un acceso irrestricto a la prisión, además del ex Capitán General. Hoy día, el teniente Omaeda y la capitana del Escuadrón 2, Sui-Fong, además de nuestro actual Capitán Comandante –señaló a Kyoraku- cuentan con este privilegio. Dentro de las Trece Divisiones, por supuesto.
-¿A qué te refieres con que sólo nosotros tres dentro de las Trece Divisiones? –Kyoraku expresó su desconcierto, pero la mirada de su oficial sólo confirmó sus sospechas.
-¿No querrá decir que las Fuerzas del Juzgado, además de los 46, acceden a estos mismos privilegios, oficial? –Chad intercambió una mirada preocupada con sus amigos.
-Justamente eso, Chad, me quitaste la palabra de la boca –Shinto asintió, sonriendo por un momento, pero cuando recuperó la seriedad que ameritaba su explicación, su sonrisa desapareció-. Esto no debería preocuparnos en extremo, después de todo nadie quiere visitar a los reclusos, mucho menos los pomposos jueces. Y bueno, no necesitamos ser unos genios para saber que a nadie se le ocurriría ver a Aizen, sin importar cuánto sepa esa serpiente. Pero mejor dejemos ese tema, que en este momento no nos interesa, y vayamos a lo que me ha parecido más preocupante. Dije que se necesitarían números y fuerzas, y que los jueces tienen ambos. Me faltó hablar de este último aspecto.
-Pero Shinto –Kyoraku se permitió llamarlo por su nombre esta vez frente a sus invitados-, el kido está igualmente prohibido en la prisión.
-Sí. Pero no podemos controlar a todo el mundo lo suficiente como para evitar que nadie sea tentado a usarlo, y ahora con la capitana Sui-Fong y prácticamente todo el Escuadrón 2 fuera, menos todavía por... otros asuntos.
-No lo entiendo. ¿No se supone que ustedes, los shinigamis, se encargan de detener a los criminales y conducirlos a la cárcel? –Orihime estaba por lo menos alterada.
-Lo hacen las Fuerzas de Castigo, bajo Omaeda, claro –indicó Kyoraku, suspirando-. Pero la Central ha venido insistiendo en reemplazarlos. Desde hace muchísimo tiempo, desde la creación de la Academia por Yamamoto, se acordó mantener cierto equilibrio. La sociedad de almas es gobernada por una suerte de monarquía mixta. El Rey Espíritu, cuando vivía, estaba en la cúspide; los clanes nobles se encargaban de todo lo que él no hacía, que abarcaba y sigue abarcando, bueno, muchas cosas: desde el aprovisionamiento de la comida de los espíritus, hasta la cultura, pasando por la política, el mantenimiento arquitectónico de la sociedad de almas, aportando incluso los fondos para mantener fortificado el Seireikei. También se encargan de mantener el status-quo y, si bien eso significa nada de cambios para nadie, también evita conflictos en todos los sentidos en la sociedad de almas, obligando a las familias nobles a resolver cualquier problema interno y entre sí que pueda surgir, cosa que no han hecho particularmente bien, hasta el punto que ustedes, Rukia e Ichigo tuvieron que intervenir para evitar una catástrofe. El capitán Amagai y el subcapitán Kibune fueron el saldo más importante de ese conflicto, sin contar al por entonces jefe del clan Kasumioji.
-Eso no es realmente cierto –atajó Chad, indignado-. Todos aquellos espíritus que no pertenecen a ningún clan noble ni son segadores de almas no parecen tener voz en ningún asunto. Entonces, ¿por qué dice que es una monarquía mixta?
-Dijo mixta, no parlamentaria. Chad, esto no es la escuela, las reglas de nuestro mundo tienen poco o ningún sentido aquí –le recordó Uryu.
-Igualmente, tengo razón.
Chad se cruzó de brazos, mirando a los shinigamis para una réplica o respuesta. No la hubo.
-Eso puede ser cierto –estuvo de acuerdo Shinto-, pero no olvidemos que Ganju Shiba es algo así como el vocero de la gente en todo el distrito Rukón. Con eso aclarado, agreguemos que los jueces se encargan de las leyes. ¿Y quién puede decirme lo que eso significa?
-Significa que, incluso estando por debajo de los clanes nobles, no sólo tienen más poder que los segadores de almas, sino también la independencia suficiente como para decidir quién sigue la ley y quién no en la sociedad de almas –dijo Orihime, silenciándolos-. Esto es un problema, porque muestra la debilidad que, teórica y realmente, tenemos, incluso los nobles, atados todos y cada uno de nosotros a las decisiones del juzgado.
-Por supuesto, Orihime, supongo que has sido quien mejor ha comprendido las cosas, felicitaciones –la joven sonrió en reconocimiento, y Shinto continuó-: Como la señorita Inoue ha sabido aclararnos, tienen demasiado poder para nuestro propio bien. Que su incompetencia y corrupción fueran decisivas para que los planes de Aizen tuvieran éxito es una prueba de ello. ¿Qué creen que hubieran echo los 46 si nuestro anterior Capitán General no tomara cartas en el asunto de su eh, pequeña invasión? No tengan ninguna duda de que, si Yamamoto hubiese sido sólo un poco más abierto de mente al respecto, o si nuestras fuerzas no los hubiesen podido reducir, no habrían echo otra cosa que aprovechar la situación para meter aún más sus narices en el asunto. Tengo la certeza de que todos ustedes, junto con Kurosaki, habrían acompañado a Rukia Kuchiki en el Sokyoku. Mientras, los jueces habrían pedido la renuncia de todos los capitanes de los Trece Escuadrones, si no sus cabezas, comenzando por la de Yamamoto. En este punto, no sé si Aizen no nos hizo un favor matando a los jueces anteriores, evitando por poco el ascenso de la Cámara así como la concentración absoluta del poder en sus manos.
-No vamos a justificar a Aizen –dijo Kyoraku rápidamente-. Pero si lo pones en esos términos... uh, no, no voy a pensar en eso, ya tuve una jaqueca horrorosa al levantarme de la cama esta misma mañana, no quiero tener otra justo ahora.
-En todo caso –prosiguió Shinto-, Aizen nos abrió los ojos en más de un sentido, por mucho que nos duela admitirlo. Claro, quería dominar el universo, destruir Karakura y disolver todos los escuadrones, y si tenía que matar a todos y cada uno de nosotros para lograrlo, bien por él. Pero puede tener la satisfacción de saber que, incluso ahora, en prisión por un tiempo equivalente a la eternidad, uno que lo hará desear morir cuando acabe, y puede que lo haga al final, ya que será demasiado viejo como para hacer otra cosa, es capaz de reírse de todos nosotros.
-Eso es inquietante –contribuyó Chad, siendo secundado por los demás.
-Eso, sin embargo, no es lo que me preocupa ahora –dijo Kyoraku, señalando el pergamino sobre la mesa-. Toda esta información es sumamente valiosa e interesante, claro, pero dime, ¿cómo nos ayuda a llegar a alguna parte en nuestro problema actual?
-Buena pregunta. La señorita Inoue habló en los términos correctos, incluyéndose a ella y a sus amigos cuando dijo que todos estamos sujetos por el juzgado. No por la ley, no por el destino, no por la voluntad de Dios; sino por las ambiciones de unos cuantos idiotas. A la Magistratura Suprema no podría importarle menos lo que nos pase, y una concentración del poder en la Central sólo los beneficiaría, siendo ellos quienes sustentan todo el mecanismo judicial, sin contar que muy probablemente se cobrarían más de un favor. Ahora, Capitán Comandante, a nuestro verdadero asunto. ¿Ven esto?
Shinto les pasó el pergamino, tan grande como su cuerpo, y continuó hablando.
-Sé que todos estamos cansados, y ustedes tienen que salir a explicarles a los demás este malentendido, para que podamos volver a tener algo cercano a una sensación de paz. Pero antes, escúchenme bien, esto es preocupante muy, muy preocupante. He aquí una leyenda. Un mito corroborado al fin.
-Eh, esto es algo confuso –admitió Orihime, pasando la hoja.
-Seguro –Chad se la pasó a Uryu.
-Estas cruces no son como las de los quincys. Se parecen a las que vimos caer del cielo hace como tres meses. Oh, qué confuso.
Los tres humanos fruncieron el ceño, entre confundidos y asustados.
-¿Qué significa esto, oficial? Y por favor, ve al grano, no me queda mucha más paciencia.
-Amigos míos, el Kido Secreto es real, y está en manos de la Central 46.
-Bueno, entiendo que esto sea insólito, por decir lo menos –dijo Kyoraku, recuperando el pergamino antes de devolvérselo a su oficial-. Tienen algo para emparejar nuestro Kido, ¿y eso qué? La magia también está prohibida en el Muken. Los jueces son un problema entre otros que nunca hemos conseguido resolver, no digamos ya hacerles rendir cuentas por su terrible desempeño a lo largo de la historia. Más allá de todo eso, ¿qué logramos esta vez? Porque no se atreverían a alterar las cosas más de lo que ya están, ¿verdad?
-Pero eso quiere decir que han estado un paso por delante de nosotros todo este tiempo –aclaró Shinto, bajando la mirada al papel de seda entre sus manos-. Recuerdo que la capitana Sui-Fong investigó la última perturbación de reishi en Karakura, lo mismo la gente del capitán Kurotsuchi. Me tomé la libertad de pedirles un poco de información en este caso, permitiéndome hacer mis propias averiguaciones, si no le importa.
-Claro que no, una opinión más no hace daño, y siempre es apreciado que alguien aporte su ayuda, más en el asunto de Kurosaki.
-Entonces, ¿quieren saber qué pude descubrir? –ante el asentimiento colectivo, explicó-: El Escuadrón 2 sólo pudo determinar que los compañeros del capitán Hirako fueron atacados por una fuerza con características de arrancar, pero nadie ha salido ni entrado de Hueco mundo desde que todo esto empezó, por lo que los que conocemos no podrían haber tenido nada que ver. La gente del Departamento de Investigación y Desarrollo, por otro lado, chocó contra una pared aún mayor, ya que en el área donde debería estar la casa Kurosaki, su rastro se confunde con una magia muy extraña. ¿Es coincidencia que haya dado con el Kido Secreto justo ahora? En fin, todo esto ya lo sabíamos, pero he aquí un dato nuevo, un adelanto del propio Kurotsuchi: hay más de un tipo de magia implicada en el asunto, y una tiene que ver, sospechosamente, con esto –señaló los dibujos en el papel-: estas cruces se parecen mucho a las que Urahara y ustedes vieron caer del cielo, como indicó el señor Ishida, y tal parece que Ichigo Kurosaki tuvo el tiempo para utilizar una de ellas para grabar un mensaje de SOS. El Escuadrón 12 hará feliz a su capitán, estoy seguro, al menos si tiene el tiempo de estudiar la magia en manos de la Central, pero he dado con el problema más inmediato por mi cuenta. No he decidido si decírselo a Kurotsuchi o no, Capitán Comandante, ésa será su decisión.
-¿De qué se trata?
-¿Más secretos? –Uryu resopló-. Como sigamos así, estaremos aquí hasta la próxima semana.
-He sido el jefe de los Cuerpos de Kido los últimos ciento cuarenta años, pero tanto mi predecesor, Tessai Tsukabishi, como yo, hemos mantenido esto en el más estricto secreto, ni siquiera Yamamoto estaba enterado de lo que estoy a punto de revelarles. Verán, se dice que hay al menos cuatro clases de magia en nuestro mundo, pero bueno, acabamos de dar con uno nuevo hace nada, así que podría estar algo desactualizado. El Kido de los shinigami es el más conocido, y es el que enseñamos en la Academia. Luego tenemos las habilidades llamadas fullring, como las que el señor Sado y la señorita Inoue utilizan, y bueno, los hechizos quincys; pero una cuarta especie de magia era una leyenda hasta esta misma tarde. Hay quienes incluso hablan de más clases de magia desconocidas, pero jamás han podido probarse: la magia divina y la magia demoníaca que no, no tiene nada que ver con el Kido normal. Es una suerte que éstas sean meros mitos populares y nada más, si no estaríamos en problemas, ¿no les parece?
-Pero Kirisame, Urahara se te adelantó: él me dijo una vez que pudo comprobar la existencia de este kido, y eso fue hace ya setenta años. Chicos, se llama Stavromancia, lectura de cruces o magia de cruces.
-Oh, Urahara es un genio, no me impresiona que él haya descubierto la Stavromancia por sí mismo y que ni siquiera los jueces lo hayan sabido. Yo mismo he descifrado algunos movimientos, y me encuentro practicándolos.
-Pero ¿no es eso una violación de la ley? ¿O una intrusión en la privacidad? –dijo Chad, escéptico.
-Bueno, técnicamente no es un delito, ya que todo lo que se enseña en la Academia Shinigami y en la Escuela del Juzgado está permitido, y nunca se ha comprobado que nadie se aproveche de dichas artes, marciales o mágicas, en alguna ocasión desafortunada, excepto en la fuga de Urahara y bueno, la más reciente traición de Aizen, en el último caso para la creación de la Oken. Pero ¿qué pasaría si alguien del juzgado fuera atrapado usando la Stavromancia sin una buena razón, por ejemplo para lastimar a alguien por un rencor personal? ¡Tendríamos la excusa perfecta para hacer rendir cuentas a la Central 46 por primera vez! ¿Imagínense! ¡Los jueces siendo juzgados!
-Eso sería complicado en el mejor de los casos, e improbable en el peor –lo detuvo su capitán, negando con la cabeza-. No serían tan estúpidos como para que pudiéramos atraparlos en el acto. Por otro lado, no estamos un paso más lejos del comienzo. Sí, reconozco que tu aporte es valioso, y sí, te permito compartir lo que sea que encuentres al respecto con el capitán Kurotsuchi, siempre que no comprometa nuestra seguridad. Pero ¿qué se supone que deba pensar yo? Los jueces tienen su propia magia rara, perfecto; ¿y qué? No es posible probar que tengan nada que ver con la última crisis, y la postura actual de la Central es clara, yo mismo vi la cara que ponía Hiyumi en mi defensa de Minamoto. Nada lo haría más feliz que poder volver a lo de siempre, haciendo la vista gorda de los problemas reales y deteniendo y procesando a los delincuentes comunes. Todo el mundo desea que Ichigo regrese, incluso esos hipócritas, porque con alguien como él cerca, hasta los peores villanos se ven en apuros.
-¡Oh, ahora lo entiendo! –saltó Orihime, la comprensión brillando en sus ojos de repente-. Se beneficie alguno de los jueces o no de todo este lío, quien sea que los esté ayudando a arrojar el carbón sobre Yuki, ¡ellos no parecen tener ni idea de su identidad! ¡están más despistados que nosotros!
-Eh, me perdí. Orihime, ¿podrías hacernos el favor de explicarte? –incluso Kyoraku había quedado impresionado por su respuesta.
-Bueno, hay dos clases de magia implicadas en el ataque a Ichigo, una fuerza similar a los arrancars en la base de los Vizards; ¿lo tomo? OK –al ver la lenta realización en sus oyentes, prosiguió-: Bueno, si descubrimos lo que está pasando, ¡podremos saber quién está detrás de todas las desapariciones, dónde podría estar Ichigo, sortear a los jueces y evitar una nueva guerra!
-¡Eso es! ¡Felicitaciones, Orihime! –aplaudió Shinto, sonriendo-. ¡Qué mujer más inteligente! ¡Yo mismo no podría haberlo dicho mejor!
-Un momento –Uryu detuvo la euforia de su amiga y del oficial, ambos saltando de alegría-. ¿Por qué dijiste más que nosotros, Orihime? Creía que seguíamos como al comienzo.
-Ya tenemos una pista –indicó Shinto, volviendo a sentarse; esta vez, sin embargo, su sonrisa permaneció-. Sólo nos falta separar la stavromancia utilizada de la magia desconocida. Uh, ¿será que hay algo de verdad en los mitos populares? Bueno, no creía en la magia de cruces hasta esta misma mañana, pero ahora lo hago. Menos mal que Urahara grabó ese mensaje para ustedes y que sólo nosotros y los demás capitanes sepan esto, porque si no todo el mundo hubiera enloquecido hace mucho, más de lo que ya está tras la desaparición de su querido héroe. Bien, bien. He aquí el problema: no se trata sólo de la Stavromancia que, claro, está mezclada en el asunto; esto señala una posible implicación del juzgado, ¿lo tomo? –un asentimiento general-. OK. Pero quien hizo esto, fue inteligente; le puso un... ¿cómo lo llamarían ustedes? ¿Un seguro? ¿Una clave?
-Un segundo –lo detuvo su capitán, repentinamente furioso-. ¿Me estás diciendo que lo que nos ha dado tantos problemas durante meses ha sido una estúpida contraseña?
-Eh, no es una simple contraseña, Capitán Comandante. No existe una cruz de cifrado específica que yo sepa, pero bueno, es poco y nada lo que sé, ¿verdad?
-Fuiste el jefe de los Cuerpos de Kido por casi un siglo y medio –se exaltó Kyoraku, más furioso si cabía, levantándose de su esterilla y señalándolo con el dedo acusadoramente-. ¿Cómo puede ser que no supieras nada de esto? ¿Por qué nunca dijeron nada, tú y el resto de la unidad?
Shinto se encogió bajo su mirada, como antes durante el informe de su misión.
-¿No estábamos seguros! –el hombre pelinegro elevó las manos en el aire, desesperado-. ¿Cómo íbamos a saber que los jueces tenían en su poder una magia que ha sido una leyenda durante milenios? ¿Adivinando?
-Y si no te importa que pregunte, ¿cómo rayos te infiltraste tú solo en lo más profundo de la Central 46 y conseguiste la prueba? No sabía que fueras ninja.
-Tuve eh, ayuda. De la misma persona que he convencido de que nos ayude a llegar al fondo de este lío. La misma persona que descifró una de las cruces más complejas de toda la Stavromancia para mí personalmente. Es una suerte que me haya topado con él justo de regreso aquí esta mañana. Se llama Enzo matsubara. Es un miembro de la Cámara.
-¿Un juez? –saltaron los humanos.
-AH, ése –Kyoraku se permitió relajarse por un momento, dejándose caer en su lugar, ahora más calmado, acariciándose el mentón-. Justamente me lo topé hoy más temprano, cuando fui a confrontar a Hiyumi por la sentencia de Minamoto; estuve buscándolo durante toda la semana, para exigirle una explicación al respecto. El caso tiene tantas irregularidades que ahora sólo me queda una semana para apelar. No se preocupen, por lo poco que pude ver, parece confiable. Él no se veía para nada contento con la decisión casi unánime de la Cámara.
-¿Casi unánime? –preguntó Uryu.
-En efecto. Cuarenta y cinco votos a favor de la ejecución, uno en contra.
-Pero ¿eso no puede ponerlo en aprietos? –dijo Orihime.
-Está muy viejo, me lleva más de tres siglos, y debe tener muchas ganas de jubilarse. Admito que también me sorprendió que votara en contra, pero bueno, nos hicimos buenos amigos en la Academia. Hace cosa de un siglo atrás, fue uno de mis mejores alumnos en Kido. Lástima que dejara los estudios shinigamis pocos meses antes de los exámenes finales, habría sido un gran oficial. Hoy día es un juez intachable, y estar en el juzgado ha sido su sueño desde siempre, por lo que uno pensaría que sería feliz. Pero ¿saben? No me lo parece.
-¿Dejó la Academia para convertirse en juez? –Orihime parecía desconcertada.
-Bueno, es una larga historia. Fue archivero de la Central durante dos siglos completos, y su conexión con la Máxima Magistratura le permitió acompañar a sus miembros durante mucho tiempo en los exámenes. Pero cuando unos rufianes mataron a su hermano, decidió hacer algo al respecto. Sólo pudo hacer que arrestaran a los más conocidos, pero un par escapó de la justicia, y trataron de matarlo varias veces, por eso acabó por venir a la Academia. La última vez que hablamos de profesor a estudiante, me dijo que no tenía lo necesario para ser un segador de almas, pero que soñaba con cambiar las leyes de la sociedad de almas para mejor. También es alguien de mente abierta, y cuando se decidieron los exterminios de los bounts y los quincys, me expresó su desacuerdo. Intentó explicarle a sus superiores que ellos estaban aquí para impartir justicia, no para matar gente; como se lavaron las manos al depositar el trabajo sucio en los segadores, seríamos nosotros los que nos convertiríamos en los asesinos, no ellos. Después de todo, nuestro trabajo siempre ha sido purificar las almas de quienes mueren, no matarlas por segunda vez.
-¿Perdone que lo interrumpa, señor Kirisame, pero ¿qué son todas las cruces en el pergamino?
-¡Ah, a eso iba, Orihime! En lugar de hadou y bakudou, al parecer aquí lo que ocupa el lugar de los hechizos son las cruces. Desde ataque y defensa hasta ataduras, incluso una versión del Paso Flash.
Uryu fue a decir algo, pero Chad lo calló. Orihime pareció inquietarse.
-¿Ocurre algo? –Kyoraku les dedicó una mirada preocupada.
-Seguimos a alguien que usaba una habilidad rara en lugar del Paso Flash –explicó Chad.
-Lo llamó Velocicruz o algo así –finalizó el quincy.
-¿Quién era? –preguntó Shinto, alterado.
-Dijo llamarse Yusei algo –dijo Orihime-. Nos llevó hasta la oficina del capitán Kuchiki, así que suponemos que es miembro del Escuadrón 6.
-Oh, Yusei Shirokawa. Sí, ahora lo recuerdo. otro de mis mejores alumnos. Pero no recuerdo haberlo visto usar algo parecido en la Academia, qué raro.
-Por casualidad, ¿no tuviste a Minamoto como alumna? Eso podría ayudarnos a saber más sobre ella. Después de todo, su archivo vital está vacío –dijo Kyoraku.
-Eh, no. Si así fuera, lo recordaría. Pero ahora, miren esto.
Remarcó una cruz del montón, debajo de la cual alguien había dibujado apresuradamente unos dedos, indicando la posición y el nombre.
-"Cruz de la amnesia" –recitó-. Pero es raro. La pérdida de memoria de Minamoto no podría deberse a esto, porque según lo que me contó Matsubara, sólo puede borrar la memoria de una persona por el lapso de un par de horas. Y estamos hablando de años perdidos.
-¿Qué hay de su paso por el mundo de los vivos? Tú usas esta biblioteca a menudo, deberías saber algo.
-Oh, eso.
Aplaudiendo fuerte, Shinto disparó el voluminoso registro a sus manos, encontrando la hoja marcada en pocos segundos.
-es extraño, ¿saben? El apellido Minamoto no es tan poco común en el mundo de los vivos, pero aquí... lo poco que pude encontrar es que, al parecer, no tenía familia. Una huérfana. Una muerte violenta por algún accidente desafortunado, en el mejor de los casos. Una vida no superior a los cuarenta años. Eso es todo lo que he podido averiguar tras interrogar a un millar de almas que han vivido a su alrededor hace casi dos siglos atrás.
-Pero ¿por qué los jueces utilizarían a Yuki como chivo expiatorio? ¿Eso no es un poco sospechoso?
Uryu había hecho una buena pregunta.
-¡Oh, no! –Chad fue quien saltó esta vez-. Hueco mundo no ha vuelto a abrirse en Karakura, ¡pero mientras estuvimos en la dimensión de los conejos, los huecos inundaron toda la zona!
-¿Qué? –capitán y subordinado exclamaron al mismo tiempo.
-Eh, ¿por qué no mejor ustedes consiguen al juez bondadoso mientras nosotros hablamos con los demás capitanes? –Orihime impidió que la ira de Kyoraku los volviera su nuevo objetivo.
-Bueno, vamos haciendo algunos progresos. Kirisame, haz eso. Casi nadie queda en su propia división, pero el capitán Hitsugaya y la teniente Matsumoto están en su oficina, ellos podrán ayudarnos con esto. Vamos.
Shinto se quedó en la parte de atrás del grupo que iba saliendo de la biblioteca, junto con un Uryu algo reacio.
-¿Sabías que no pude identificar las Zampakutous de tus nuevos amigos? –estaba contando el oficial-. Me ha llamado profundamente la atención que no tengan una forma sellada sino que pasen de estar envainadas al Shikai inmediatamente.
-¿Y cómo podrías saber eso?
-Me sorprende saber que sobrevivieron, pero bueno, con los amigos de Kurosaki, las cosas sorprendentes son lo habitual, ¿verdad? –le lanzó una mirada significativa a Orihime cuando pensaba que ella no se daría cuenta, habiendo colegido cómo su participación se los había permitido-. Las mariposas infernales modificadas del capitán Kurotsuchi nos informaron de su activación hace un par de horas, pero quedó tan anonadado como yo. ¡Rayos, los rastros de ambas Zampakutous sobrecargaron los sistemas del Escuadrón 12 en minutos, antes de que pudieran completar el escaneo de toda el área comprometida y determinaran los detalles de sus batallas!
-Un segundo, ¿ellos lucharon? ¿Con quién? –Chad se volteó para preguntar.
-Eh, creo que fue con Ikaku Madarame y el teniente Abarai. Había algo sobre la teniente Kuchiki también, parece que esa coneja le dio una buena paliza. Menos mal que están de nuestro lado, ¡si no podrían ser un problema!
-Entonces, ¿qué pasó con los demás? –Orihime expresó su preocupación-. ¿Capitán Comandante Kyoraku? ¿sabe dónde están?
-Todos están seguros ahora, al menos. En la enfermería, bajo estricta vigilancia.
-¿Qué? ¿Por qué? –saltaron los humanos.
-Se resistieron, por eso –dijo Shinto por él, simplemente.
-¡Entonces, apurémonos! ¿Antes de que las cosas sigan empeorando! –dijo Chad, adelantándose.
Mientras tanto, Yin se encontraba perdida una vez más.
Su carrera la llevó, sin saberlo, a la entrada del Escuadrón 5.
Cuando sintió que alguien se acercaba, se escondió con su habilidad invisible.
Momo Hinamori iba caminando junto a un compañero de su escuadrón, un hombre de baja estatura, con el cabello verde en forma de un cactus, su Zampakutou semioculta bajo su largo akama similar a un vestido.
-Te lo digo, Busshu, los ryoka realmente vienen de otra dimensión. ¿No es insólito?
Busshu Namekuji se limitaba a seguirle la corriente. Su voz aguda perforó los oídos de la coneja.
-Sigo sin creérmelo, teniente Hinamori. Supongo que tendré que verlo por mí mismo para hacerlo.
Puede que Yin no conociera a muchos humanos, pero el hombre que acompañaba a la joven, ambos cada vez más cerca de su actual escondite, era realmente feo. Sus detalles fueron volviéndose más definidos mientras más se aproximaba, pudiendo la coneja apreciar su nariz ganchuda, ojos pequeños de cerdito, cabello verde en forma de cactus, cuerpo rechoncho y estilo desagradable. Y su voz chillona casi le dio una jaqueca.
-Bueno, dicen que son peligrosos, no quisiera tener que conocerlos demasiado pronto si no fuera necesario. El capitán Hirako sigue pensando que es un error que estemos patrullando con Kurosaki y compañía desaparecidos. Entiendo que la desaparición de sus amigos sea un bajón, pero no puede seguir así todo el tiempo. Tiene amigos aquí, gente como los capitanes Otoribashi y Yadomaru que lo apoyan, y ellos también comparten su dolor.
-No puedo imaginarme cuánto está sufriendo, ya sabes que nunca he sido particularmente bueno con los sentimientos y las cosas blandas.
-Eres un pesado.
Cuando se hubieron alejado, Yin pudo respirar aliviada, consciente de lo cerca que había estado de ser detectada, más tranquila ahora tras haber evitado que la notaran.
Mientras, la inquietud por sus amigos y gemelo sólo crecían a cada minuto. Podía sentir cómo, a pesar de la distancia, el peligro se acercaba a Yang cada vez más. ¿Y Dónde estaban los demás? ¿estaban bien? ¿Por qué su presión espiritual había descendido tan inquietantemente, sin volver a destacarse en horas?
-Ten cuidado, Yang.
Rezó en silencio a quien fuera que estuviera allá arriba para que pudieran salir todos de aquí con vida.
N/A: y ahí va el capítulo de transición!
Brick: y revelamos al OC del Escuadrón 5, cómo se llama, otra vez?
Yo: Busshu Namekuji. Por favor, vete aprendiendo los nuevos nombres, porque volverán a aparecer y se harán recurrentes.
Brick: ese nombre significa, literalmente, Arbusto Babosa. Qué nombre más ridículo, no te parece?
Yo: un nombre ridículamente apropiado para un hombre ridículo. Para alguien cuya apariencia expresa por fuera lo malicioso que es por dentro.
Brick: aún no deseamos feliz fin de año.
Yo: eh, no lo hicimos? OK, hagámoslo.
Ambos: feliz fin de año para todos!
