Capítulo 19
El conejo y su Zampakutou
Yang y Ganju fueron acercándose a la prisión cada vez más y, gracias a la memoria del segundo, consiguieron sortear algunos obstáculos. Eso sí, el conejo no tuvo más remedio que derribar a varios shinigamis que intentaban detenerlos.
-¿Ya llegamos?
-Eh, no estoy seguro. ¿Quizás?
Cinco minutos después, el conejo repitió su pregunta.
-¿Ya llegamos?
-Creo que estamos acercándonos.
-¿Y ahora?
-No.
-¿Qué tal ahora?
-Todavía no.
-¿Y ahora?
-¡No! ¡Por todos los cielos, eres insoportable!
-Oh, sólo me preguntaba si ya llegamos.
-¡Aún no!
-Ah. ¿Qué es eso, por cierto?
-¿Qué?
Ganju se detuvo junto al conejo. La entrada al Segundo Escuadrón, en cuya área noroeste se encontraba su objetivo, estaba completamente despejada, un hecho insólito por decir lo menos.
-Oh, sólo es la entrada del Escuadrón 2. me pregunto por qué no hay nadie aquí. Es la primera vez que nadie viene intentando cortarnos la cabeza.
-¡Es a mí a quien vienen queriendo cortarle la cabeza, no a ti! En fin, ¿por qué importa? Estamos buscando la prisión, ya.
-El Muken se encuentra justo en este escuadrón, gran genio.
-¿Ah, sí? ¡Chiwa, al fin! ¿Y sin nadie cerca para evitar que entremos? ¡Creo que acabamos de sacarnos la lotería!
-Eso espero. Porque esta clase de cosas no suelen ser una buena señal. ¿Hey, espérame! ¿Me estás escuchando?
Yang había dejado de prestarle atención en cuanto se enteró de lo cerca que estaban de Yuki ahora.
Pero si en la entrada no había nadie para evitarles el ingreso a la división, eso no quería decir que las cosas fueran iguales más allá, como pronto lo sabría.
-¿Alto ahí! ¡Ryoka!
Más de una veintena de oficiales del Escuadrón 7 rodearon al conejo sin aviso, pero Yang no sintió que fueran una verdadera amenaza. Sin siquiera desenfundar su Zampakutou, la usó como un garrote giratorio contra los sorprendidos oficiales, aprovechando su foonado.
El movimiento fue tan rápido e inesperado que nadie pudo reaccionar a tiempo, y el conejo acabó por llevárselos a todos. Cuando la tierra se hubo dispersado, todos yacían inconscientes a su alrededor.
-¡Chiwa! ¿cuándo me pondrán un verdadero desafío en este lugar?
-Qué raro –observó Ganju, llegando a su lado cuando lo creyó seguro-. ¿Qué hace la gente de este escuadrón en uno diferente al suyo? No soy un experto en el tema, pero mi hermano mayor fue un teniente, casi un subcapitán, así que no soy precisamente un completo ignorante de estas cosas.
-Lo que sea.
Fue a seguir camino, cuando un poder enorme lo hizo detenerse en seco. A su lado, su compañero pareció congelarse, al parecer inmovilizado por la misma sensación.
-¿Tú también sientes eso?
-Sí, y no me gusta nada. Se siente como...
Ganju se calló, mientras una pared divisoria a un centenar de metros era arrancada por una fuerza inconmensurable. Ambos se cubrieron con los brazos, intentando evadir el polvo y los escombros que volaban.
-¡Chiwa!
-¿Qué estabas diciendo, conejo?
En cuanto el caos comenzó a dispersarse, un hombre corpulento con un parche en un ojo y una espada con hoja de sierra se encontraba donde acababa de hallarse la pared de la división, mirándolos con una sonrisa depredadora.
-¡Lo sabía! ¡Esa presión espiritual me sonaba familiar! ¡Claro, era la de Kenpachi!
-¿Quién?
-Hola, amigos. Soy Kenpachi Zaraki, capitán del Escuadrón 11 para ti, ryoka.
-¡Hola! ¡Soy yo, Ganju! ¿me reconoces? ¿Como Ganju Shiba?
-EH, no me suenas de nada. Tú, conejo, a ti es a quien quería ver.
-¿A mí? ¿Y por qué? No te ofendas, pero tengo una misión y tú estás estorbando el paso. Apártate.
Kenpachi sonrió, sin verse intimidado en lo más mínimo.
-A Yachiru podrías haberle caído bien. Ella estaría intentando que no matara al pequeño conejito esponjoso que tengo en frente, pero ya sabes, prefiero ver de qué eres capaz, si incluso has derribado a mis mejores hombres, ryoka o no.
-Espera, ¿esos dos idiotas eran tus hombres? Oh, no fueron un problema.
-Eh, Yang, no provocaría al hombre si fuera tú –susurró Ganju en su oído, empezando a temblar-. Él luchó con Ichigo cuando vinimos aquí por Rukia, y casi muere en el proceso. Te aseguro que no es nadie que debas subestimar; se dice que es el shinigami más rudo y poderoso que hay, superado sólo por Ichigo.
-Chiwa, y yo que creía que finalmente podríamos llegar a la prisión y largarnos como si nada. Bien, supongo que no tenemos otra opción. Apártate, amigo, lucharé con este tipo si eso nos permite seguir adelante.
-¿Te has vuelto completamente loco? ¡Te hará papilla!
-¿Así se habla, conejo! ¡Quiero ver de qué eres capaz, y no me importa tener que golpearte hasta la pulpa para hacerlo!
-Conste que te lo advertí. Uy, no quiero ver.
Ganju se alejó hasta volver sobre sus pasos, ocultándose cerca de la entrada, mientras el conejo y su poderoso oponente se preparaban para el inevitable combate.
-Entonces, no mires. ¡Ilumina el cielo, Hotaru!
La Zampakutou de Yang brilló, antes de reaparecer como el amado shikai. Kenpachi no pareció particularmente impresionado.
-¿Es ésa la famosa Zampakutou de la que Kirisame ha estado parloteando todo este tiempo? Bueno, es una pena que tu hermana no esté aquí con nosotros, me hubiera gustado poder conocer su Zampakutou en persona también. En fin.
-¿A qué esperas? ¿Dónde está la tuya? Libérala y podremos terminar con esto de una vez.
Kenpachi comenzó a reírse locamente, al punto de sujetarse el estómago. Su espada colgó a un lado, mientras su usuario no paraba de reír.
-¿Qué es tan gracioso?
-Oh, nadie te lo dijo, ya veo. Bien, imagina que esta espada –señaló su arma- es mi Zampakutou. No tengo que liberar mi shikai para matarte.
Yang se sintió insultado, y la sonrisa de su contrincante sólo se amplió ante su mirada asesina.
-Está bien, escucha esto. Como es tu primera vez aquí, te permitiré dar el primer golpe. Quiero que me ataques con todo lo que tengas, sin piedad. Quiero que vengas aquí y que no exista nada más en tu cabeza que el intenso deseo de matarme. ¿Qué tal eso? ¿Te gusta mi oferta, conejo? ¿A que soy humilde?
-¡Tú lo pediste! ¡Rayo de luz!
Yang concentró un poderoso rayo de energía, que disparó con precisión a su oponente, quien ni siquiera se cubrió con su espada para protegerse. Tampoco optó por usar su presión espiritual como un escudo sobre su cuerpo, como él había hecho en su pelea con Renji.
-¡Toma eso!
En cuanto el humo de la explosión se hubo disipado, el conejo se quedó boquiabierto ante la vista. Su oponente seguía en el mismo lugar, inmutable; es más, incluso se había cruzado de brazos, bostezando aburrido.
-Aunque admito que no estoy acostumbrado a que intenten enceguecerme, no me preocupan los eclipses. Tampoco los flashes de las cámaras, Hisagi sabe que no existe flash en el universo capaz de sorprenderme. Si querías que trajera un par de gafas de sol, me hubiera ido a la playa de vacaciones.
-¿Cómo hiciste eso?
-¿Qué cosa? Ah, puede que haya hecho trampa. Sí, soy culpable; cerré mis ojos por un segundo. Pero ya luché contra alguien con poderes de luz y oscuridad antes, y fue un verdadero desperdicio de mi tiempo. El anterior teniente de mi escuadrón tenía esta Zampakutou con la capacidad de robar la luz y la energía del ambiente, encerrando al oponente en un espejo que se empequeñecería hasta matarlo. Pero ya sabes, se unió a los bounts, y todos ellos están muertos ahora.
Yang no tenía idea de lo que estaba diciendo, pero una cosa estaba clara: se estaba burlando de su ataque en su cara sin vergüenza alguna, y su cuerpo permanecía intacto.
Yang lo intentó por segunda vez, cargando otro rayo de energía mientras el pomposo capitán continuaba hablando.
-Pero ese idiota creía que tenía alguna oportunidad contra mí. En serio, muchacho, sería una verdadera lástima que terminaras igual que él en segundos. Vine aquí por un desafío, no para que me tomaran el pelo.
-¡Ya cállate! ¡Rayo de luz!
El ataque lo silenció por un instante, pero cuando el estallido finalizó, el shinigami seguía en el mismo lugar, ahora sonriendo.
-Mi oferta sigue en pie. Sigo esperando a que vengas aquí y me des tu mejor golpe.
-¡Chiwa! ¿De qué está hecho este tipo?
-¿O tendré que hacerlo yo? ¡ya sabes, me estoy aburriendo!
Yang acabó por perder la paciencia, y cumplió con su demanda. Kenpachi sonrió, aplaudiendo cuando el conejo decidió dejar de dispararle para intentar golpearlo con todo lo que tenía.
Yang sujetó su espada con ambas manos y lo golpeó en su brazo izquierdo. Aunque saltaron algunas chispas, quien tuvo que retroceder por el impacto no fue el hombre golpeado, sino él mismo. Bajó el arma instantáneamente, retrocediendo para recuperar el aliento y secarse el sudor de la frente.
-¿Eso es todo? Admito que tu Zampakutou es algo llamativa, incluso rivaliza con la mía en fuerza, y ese chisporroteo fue una prueba de eso. Pero ¿tú? Si sigues así, tendré que matarte demasiado rápidamente, y eso no es divertido.
Yang respiró hondo para evitar entrar en pánico. Volvió a saltar hacia el luchador arrogante, intentando cortarlo por todos lados, probando todos los movimientos que conocía con la espada. Mandobles, golpes en ángulo, fintas de todo tipo; pero todos sus golpes acabaron igual que el primero, sacando sólo algunas chispas imperceptibles de la armadura que era la piel del shinigami frente a él, y retrocediendo por el poder de cada choque. Su enemigo se echó a reír una vez más, al parecer disfrutando de su creciente terror, hasta que, de repente, se detuvo.
-Ya sabes, ésa fue una risa sarcástica. ¡Sigo esperando a que me hagas reír de veras!
Yang abrió los ojos como platos, ya sin poder ocultar su pánico.
-Bueno, si no puedes entretenerme, supongo que no tengo más remedio que matarte en este instante. Un placer conocerte, aunque no realmente.
En un parpadeo, su oponente saltó en el aire, sin blandir siquiera su espada. En su lugar, optó por patearlo en la cara, y el conejo acabó por ser arrojado una veintena de metros por los aires, estrellándose contra una pared, que tomó su forma cuando se hundió contra su material duro, tambaleándose por el impacto.
-Eso debe doler, amigo –susurró Ganju, paralizado por el miedo.
-¡Levántate, conejo! ¡Sé que sigues ahí!
Yang lo hizo, pero le resultó difícil moverse. Tuvo que apoyarse en la pared y, al hacerlo, ésta terminó de derrumbarse, haciéndolo deslizarse hasta tocar el suelo, cayendo de espaldas.
Kenpachi pisó fuerte, y el temblor de su pisada lanzó al conejo al aire como si estuviese en un castillo inflable,, con la diferencia de que el barracón contra el que se estrelló no estaba hecho de tela elástica. Yang terminó tirado en su interior, reprimiendo un grito por su brazo en carne viva. Tuvo suerte de que no era el que usaba para empuñar su Zampakutou, pero estaba roto, torcido en varios lugares, y sentía que su muñeca acababa de ser aplastada, cubierta de cortes y golpeada gravemente.
Se puso de pie a duras penas, reprimiendo un nuevo quejido. Esta vez, sujetó su oreja izquierda, donde un horrible corte había estado a punto de separarla de su cabeza.
Cuando finalmente consiguió salir, la sangre formaba un charco a su alrededor. Se apoyó en su espada, jadeando.
-¡Vamos! ¡Ni siquiera he utilizado mi espada!
Yang deseaba que el muy idiota se callara, pero sabía que eso sería imposible en este momento. Sin embargo, no estaba dispuesto a renunciar. Yuki seguía allá afuera, y él no se iría de aquí sin ella.
Saltó alto en el aire, proyectando un golpe descendente hacia el grandullón, pero estaba demasiado lejos para alcanzarlo. Cuando aterrizó, a un centenar de metros del poderoso luchador, su espada brilló, y desapareció en un instante.
Reapareció detrás de Zaraki, pero el shinigami experimentado se encogió de hombros ante su arremetida. Yang se apartó de un puñetazo, pero el siguiente le sacó el aire de los pulmones, haciéndolo escupir sangre.
-Estoy esperando a que saques todo tu poder. ¿Qué pasa? ¿Acaso estás esperando a que alguno de tus amiguitos venga a salvarte? Oh, adivinaré, quizás esa otra coneja lo haga. Sí, quizás si voy tras ella, presente un mejor desafío. Después de todo, venció a una teniente sin pestañear.
-¡No te atrevas a ir tras mis amigos, gran idiota!
-¿Por qué?
-¡Porque ellos me importan! ¡Y moriré antes de permitir que les pongas un dedo encima!
-Si tú lo dices. En serio, qué irritante.
Kenpachi le dio un codazo contundente cuando intentó acercarse por un costado, haciéndolo retroceder, mientras veía las estrellas.
-Vuelve a intentarlo. Pero si sigues desperdiciando mi tiempo, te haré pedacitos.
Yang respiró con dificultad. A diferencia de Boogeyman, este tipo no lo estaba entrenando. Sus burlas no eran una manera de ayudarlo a fortalecerse, simplemente esperaba a que arrojara todo por la borda y lo golpeara, sabiendo que ni siquiera sería capaz de hacerle el menor rasguño.
-¡Oye tú, Shiba! ¿ése era tu apellido?
-¿Eh, yo? ¿Oh, sí! ¿Q-qué quieres?
-Eres amigo de Ichigo Kurosaki, ¿verdad? Entonces, ¿sabes dónde está? Llevo meses esperando a que aparezca por aquí para que luchemos y compartamos un asado. ¿Rayos, este lugar no es lo mismo sin ese idiota! ¡Juro que lo patearé hasta el infierno si no se le ocurre regresar pronto!
-No lo sé, lo siento.
-Oh, qué lástima. Esperaba al menos alguna información viniendo aquí, pero supongo que ni siquiera eso puedo conseguir. Qué bajos están los estándares estos días.
-Un momento. ¿Tú también conoces a este Ichigo?
-¿Y eso qué te importa?
-Bueno, acabas de poner las palabras "lucha" y "asado" en una misma oración. No me digas que tú luchas por deporte.
-¡Oh, eso es exactamente lo que hacemos en el Escuadrón 11! ¡Nuestro único objetivo en la vida es convertirnos en los luchadores más fuertes que existan! ¡Ichigo es el único que ha podido igualarme, no, incluso superarme! ¡Tengo que mostrarle mis nuevos movimientos!
-¿Qué hay de la gente que muere por tu culpa? ¿no te importa?
-Claro que no. Si me molestan y después no son capaces siquiera de defender su patética existencia, ¿por qué me iba a importar menos que mueran?
De repente, Yang sintió que su sangre hervía. Ya estaba enojado por las amenazas de este sujeto a su hermana y amigos, así como por sus repetidas burlas hacia su persona. Sin embargo, ahora su furia aumentó considerablemente.
-¿Y tú eres un shinigami? ¡No lo acepto! ¡Yuki jamás se rebajaría al animal que eres!
-¿Yo, un animal? ¿Estás tratando de salvar tu patética vida con una broma? Que yo sepa, por aquí el animal eres tú. Quiero decir, eres el conejo aquí, no yo.
-¡No me refería a una característica biológica! ¡Eres un monstruo!
-A ver, a ver. Primero soy un animal, ¿y ahora soy un monstruo? Mira, Komamura se convirtió en un animal salvaje por su cuenta, y no tuve nada que ver en eso.
-¡Te destruiré! ¡No mereces ser un shinigami!
-¿Y quién lo dice? He sido capitán de mi escuadrón por más años de los que podrías contar. ¿Quieres saber cómo llegué a ocupar el puesto? Seguramente eso te gustará. Verás, mi predecesor era simplemente un idiota compasivo y debilucho, y no sabía hacer nada más que perder su tiempo haraganeando y, bueno, existiendo.
Yang lo insultó, pero Kenpachi lo ignoró.
-Bueno, aquí hay dos maneras de llegar al puesto de capitán de un escuadrón: haciendo estúpidos exámenes, o matando al capitán a cargo. Sólo opté por la opción más sencilla. Demasiado papeleo para mi gusto. Y mi manera de hacer las cosas es saltando todos los trámites sin importancia y luchando hasta la muerte. Sólo reclamé mi puesto, ahorrándole al idiota de mi predecesor la inutilidad de su existencia. Después de todo, estaba calentando el asiento.
-¡Te mataré!
-¿Y cómo lo calentó! Tuve que arrojarlo bajo una cascada helada por horas hasta que pude enfriarlo. Sólo entonces se hizo lo bastante cómodo para que fuera un asiento útil.
-¡chi-foo-wa!
Yang no se había dado cuenta, pero tanto Kenpachi como Ganju tuvieron que cubrirse los ojos ante su poder. Todo su cuerpo, junto con su espada, se habían cubierto de una luz azul potente, dándole un impulso semejante al que le daría su aura Woo Foo.
-¡Así me gusta, conejo! ¡dame todo lo que tengas!
Esta vez, cuando aterrizó un golpe con su espada, el capitán tuvo que retroceder, maldiciendo por una herida diminuta en su brazo.
Fue en ese momento que Yang pudo escuchar el sonido casi imperceptible de unas campanas tañendo.
-¿Qué es eso?
-¿Finalmente puedes oírlo? Entonces, puede que no seas una completa pérdida de mi tiempo después de todo. Ichigo Kurosaki ha sido el único además de ti en poder escuchar las campanas. Verás, mi Zampakutou está por todo mi cuerpo, todo lo que ves aquí –se señaló a sí mismo con un amplio gesto de las manos- es mi Zampakutou.
-Entonces, si puedo escuchar las campanas, puedo vencerte.
-¡Ni lo sueñes! –se rió Kenpachi-. Puede que seas capaz de reconocer cuándo mi presión espiritual se mueve alrededor de mi Zampakutou, y su poder conmigo, pero nada más. Espero que te guste su sonido, será el último que escucharás antes de morir.
Yang comprendió demasiado tarde lo que quería decir. Su cerebro entendió que podía sentir el agarre del hombre en su Zampakutou junto con su propia presión espiritual al mismo tiempo, pero el sonido era tan bajo y su intervalo tan rápido, que calculó que tendría que moverse más rápido incluso que la velocidad del sonido para siquiera hacerle un rasguño. A menos que acabara de hacerlo. Pero ¿cómo?
-¿Sabes qué? Acabas de hacerme reír con ganas, y eso no fue sarcasmo. ¡Finalmente me siento vivo de nuevo! Por eso, te mataré rápidamente.
De repente, Kenpachi hizo algo que estaba ansiando repetir desde su primer encuentro con el pelinaranja ahora desaparecido. Se arrancó el parche de su ojo, y su presión espiritual se liberó a su máximo poder en su forma favorita, con el poder equivalente a un shikai cuadruplicado.
Yang sintió el repentino aumento de poder en el ambiente, ya que el aire a su alrededor tembló, y los barracones más cercanos a su oponente se partieron en pedazos. El conejo miró un segundo al cielo, donde una sección del Seireikei, que se convertía en una suerte de techo vidriado, estalló en pedazos también.
-¿Chiwa! ¡SU poder es tan grande que las cosas están estallando a nuestro alrededor! ¡incluso destruyó ese techo!
A la distancia, Yin se estremeció. Se encontraba a la mitad del Escuadrón 4, cuando el repentino aumento de presión espiritual, de su hermano primero, y de Zaraki después, este último empequeñeciendo al primero, la atravesaron como dos cuchillos calientes.
-¿Estás bien?
Un joven shinigami la distrajo, pero retrocedió al notar su apariencia peculiar. Cuando ella finalmente pudo volver a sus sentidos, blandió su Zampakutou enfundada, pero en lugar de atacarla, el joven volvió a retroceder, levantando ambas manos en el aire.
-¡hey, hey! ¡cuidado con esa cosa! Sabes que puede lastimarte, ¿verdad? O lastimarme a mí, en el peor de los casos.
-No pareces particularmente peligroso. ¿Por qué no me estás atacando?
-Eh, no lo sé. Escuché por ahí un rumor que dice que le diste una paliza a Rukia. Ella es mi amiga, y es muy fuerte, ¿sabes? Yo no soy tan fuerte, y uh, eso no me tranquiliza, jaja. Eh, ¿vas a matarme ahora? ¿O esto es alguna clase de intimidación previa a mi asesinato?
-Eh, no. No voy a matarte, no si no me delatas ni me atacas. Por cierto, soy Yin, Yin Chad.
-Oh, Chad, ¿eh? Eso me suena. Tú tampoco me estás atacando, bien, es un progreso, supongo. Soy Hanataro Yamada. Estás en el Escuadrón 4, por si no lo sabías.
-¿Debería estar preocupada? ¿Es éste un escuadrón poderoso?
-¡Oh, harás que me sonroje! En realidad, no lo llamaría así. Somos lo que podrías llamar la enfermería.
-¡Oh, finalmente algo con lo que puedo identificarme!
-¿Por qué? ¿Eres médica?
-Eh, más o menos. Una sanadora, en realidad.
-Oh, eso es interesante.
-Bueno, Hanataro, si no te importa, estoy buscando la prisión. ¿Puedes indicarme el camino? Estoy algo perdida.
-¿Estás buscando el Muken? ¿Por qué harías eso?
Yin entrecerró los ojos hacia él, pero Hanataro volvió a levantar las manos, mientras empezaban a caminar.
-¡Oh, no, realmente no me importa lo que estés haciendo allí! La prisión es un lugar horrible, eso es. Pero conozco el camino.
Mientras se dirigían al Décimo Escuadrón, vía un pasillo especial en el Primer Escuadrón, el grupo que acompañaba a Kyoraku también pudo sentir el repentino aumento de reishi.
-¿Ustedes también sintieron eso? –Uryu preguntó, alarmado.
-Sí. ¿orihime?
-Sí, Chad, yo también lo sentí, y no me gusta.
Hacía tiempo que Shinto los había dejado, y Kyoraku era únicamente quien los escoltaba ahora. Por su expresión de aprensión e irritación, todos pudieron ver que él también lo estaba sintiendo.
-¿A quién pertenece, capitán? –preguntó Orihime, el miedo patente en su voz.
-Zaraki. ¿vamos, no podemos perder más tiempo!
Sin pensárselo dos veces, convocó varias mariposas infernales, gritando órdenes.
-¡necesito que alguien compruebe el Escuadrón 2 de inmediato! ¡Que el Séptimo Escuadrón refuerce sus patrullas cerca de la prisión! ¡Todos los escuadrones, menos el Primero, Décimo y Doce, en alerta máxima! ¡Quiero a medio Escuadrón 4 partiendo para el servicio inmediatamente!
Mientras seguía ladrando órdenes como un poseso, el cuarteto siguió corriendo, la urgencia reflejada en el rostro ahora sudoroso de Kyoraku.
-El Seireikei ya está soportando un desastre, no necesitamos que eso se convierta en una auténtica catástrofe.
Mientras, Yang fue arrojado contra otra pared, la cual se hizo polvo instantáneamente por la fuerza del impacto, ahora por tercera vez. Le dolía todo el cuerpo y sospechaba que tenía más de un par de costillas rotas.
-¿Sigues creyendo que puedes vencerme, conejo? ¡Qué patético!
Kenpachi aterrizó con un pisotón que causó un nuevo terremoto, pero por suerte para el conejo, fue lo bastante veloz para saltar en el aire antes de que el temblor le causara aún más daño.
-¡No podrás hacerlo! ¡No serás capaz siquiera de causarme un verdadero daño mientras luches por esa cosa tonta que llamas amor! ¿Tus amigos no están aquí! ¡Esta pelea no es por ellos, es por ti mismo! ¡Ten el mínimo respeto por mí y por ti mismo como para evitarte una mayor humillación!
Yang lo intentaba, realmente lo hizo, pero el siguiente golpe del capitán le rompió la nariz, le sacó al menos una docena de dientes y lo lanzó deslizándose como un trompo a toda velocidad, hasta que golpeó lo que parecía ser la entrada a un comedor enorme con la espalda primero.
Yang quedó enterrado bajo una montaña de mesas, sillas y media cocina, escupiendo sangre, llorando sangre y, por qué no, vomitando un poco también.
-No poddddré seguir asssí por mucho mass tiempo.
Como pudo, se arrastró entre el montón hasta que consiguió volver a ponerse de pie, internándose más aún en el centro de las instalaciones de este escuadrón.
Detrás, pudo escuchar cómo el shinigami enloquecido lo seguía a una buena distancia, haciendo estallar la mitad restante del comedor y la cocina a su paso.
El conejo consiguió bajar por unas escaleras, antes de emerger a un sótano lleno de equipos de lo que parecían ser cámaras de seguridad.
El conejo esquivó una computadora de aspecto futurista, antes de rodear una suerte de habitación de interrogatorios, saltando por una ventana y volando nuevamente hacia arriba.
Afuera, Zaraki destruyó una de las oficinas del escuadrón, ignorando que era la del teniente Omaeda, y siguió buscando al conejo.
Yang emergió bajo sus pies, intentando empalarlo cual una jabalina viva, pero el capitán lo vio un segundo antes, se hizo a un lado y, aprovechando su impulso, lo arrojó contra un pasillo, donde dejó un agujero gigante.
-¿No te gusta esto, conejo? ¡Míranos! ¡Casi me siento cien años más joven! ¡Sí! ¡EL caos y la batalla son todo lo que importan ahora!
-¡Cállate!
Yang fue a patearlo en la cara, pero chilló de dolor cuando su pie pareció estrellarse contra una roca, saltando lejos de un puñetazo que hizo temblar el aire.
-¡Mientras no aceptes esa emoción en tu corazón, jamás podrás siquiera lastimarme! ¡Abraza el deseo de matarme, conejo!
Por un ínfimo segundo, Kenpachi se dejó abierto, y el conejo le regaló un cabezazo en el estómago que lo hizo tambalearse, pero fue rápidamente superado, siendo cortado limpiamente en su hombro derecho, dejando un considerable rastro de sangre.
Yang sintió que su mundo se apagaba por un instante, y ése fue el momento que su contrincante utilizó para darle un rodillazo contundente en la cara, enviándolo más allá de la oficina de la capitana Sui-Fong.
EL conejo se hallaba ahora al borde de la inconsciencia. Luchó con todas sus fuerzas por permanecer consciente. A su alrededor, todo daba vueltas, sus ojos viendo imágenes borrosas que no se aclaraban a pesar del paso de los segundos.
"¡Idiota!"
Repentinamente, una voz de mujer enojada atravesó su cabeza, pero en lugar de sentirse abrumado, como con los golpes del shinigami atacante, por primera vez se sentía algo mejor. Era como si, de la nada, un torrente de serena quietud lo invadiera, haciéndolo flotar hacia una pequeña isla en medio de tanta agonía.
"¡No, tienes que mantenerte despierto! –su mente luchó por registrar, por reconocer esa voz-. ¿No ves lo que está haciendo?"
-Eh, no realmente. Por cierto, que escuche voces en mi cabeza ¿significa que estoy a punto de morir definitivamente ahora, o los golpes de ese matón ya han frito todas mis neuronas? ¡Porque creo que me volveré loco muy pronto!
"No y no. ¿No sabes quién soy? –un carraspeo irritado-. ¡Tu Zampakutou, idiota!"
-¿Hotaru? ¿Eres tú? ¿Cómo es posible?
"Es una cosa de nosotras las Zampakutous. Pero si mueres ahora, se cortará nuestra conexión. ¿entiendes lo que eso significa?"
-¿Significa que me cortaron el wifi?
"¡Deja de bromear en este instante!"
-¡OK, OK! Pero ¿qué se supone que haga? ¡Este tipo va a matarme de todos modos!
"No puede. Porque si lo hace, Yuki también morirá."
-¿Cómo? ¿Irá tras ella cuando acabe conmigo? ¡Creía que todo eran provocaciones para llevarme al límite!
"No irá tras ella, idiota. Tu amiga morirá por la misma razón que todos los que han venido hasta acá contigo lo harán. Todos estarán perdidos si mueres. Todo por lo que has luchado durante el último mes ya no importará."
-AL menos, todos estaremos juntos, ¿verdad?
"¡No es así como funcionan las cosas! ¿Tienes idea de lo que hay más allá de la sociedad de almas? ¿Qué te pasará si mueres aquí? ¡Te unirás al reishi de la sociedad de almas, y todos los demás te seguirán! –el pánico más primitivo llenó la mente del conejo, hasta que ese sentimiento de calma volvió a inundarlo, golpeándolo como un shock-. No me des eso, conejo. Si quieres que todos los demás sigan vivos, levántate y sigue adelante. ¡mueve tu inútil y perezoso trasero y lucha!"
-Ya no sé si puedo.
"Entonces, nunca sabrás lo que podría haber sido. Hmm, veamos... nunca podrás publicar ese libro que estabas escribiendo."
-¿Eso importa?
"¡Te llamarán un conejito esponjoso durante toda la eternidad! Todos los que conoces y amas desaparecerán, junto contigo, ¡y será por gente como el idiota que está ahí delante! ¿Quieres eso?"
-Un momento. Este tipo conoce a Ichigo Kurosaki. Ha luchado con él, ¿verdad?
"Eh, supongo que sí. Pero a diferencia de él, tú no tienes que salvar el universo. Sólo a tus amigos, tu novia, tu hermana y esa shinigami. ¿No lo entiendes, Yang? Él sólo pelea por sí mismo. Incluso con su enorme poder, jamás luchará por alguien que no sea él mismo. Incluso si peleara por sus hombres, no podría importarle menos que vivieran o murieran, al final del día es él y su sombra para acompañarlo."
-¿Cómo puedes saber eso? ¿Cómo puedes estar tan segura de que es así?
"No puedo, es cierto. Pero piénsalo de esta manera: lo único que quiere es luchar, luchar hasta la muerte. Moriría si eso le permitiera superarse a sí mismo. Está loco y nada más. No ama, no tiene verdaderos amigos, ni principios o causas justas por las que luchar. Pelea por deporte y sangre, nada más. Si te salvas a ti mismo, en cambio, salvarás a todos. Podrás salvarlos, ¡Yang! Sólo te pediré una cosa, ¿está bien?"
-¿Qué sería eso?
"Que te apoyes en mí. Toma mi fuerza para ti. Bebe de tu propia debilidad, de mi luz en la oscuridad, y conviértela en tu fuerza. Rodea la furia, atraviesa su sed de sangre con la calma del ciervo en la nieve, de la lechuza en la noche, de la luciérnaga en el bosque. Mi corazón será el tuyo, hazlo tu roca y párate conmigo, seamos uno solo y así, atravesemos su corazón negro de oscuridad. ¿estás conmigo?"
-¡Por supuesto! ¡Chiwa, claro que sí!
Entonces, la luz volvió a envolverlo. Esta vez, la luz azul se separó en dos colores, convirtiéndose en un remolino turquesa y blanco, hasta que se detuvo, coloreando toda su ropa, con el primero del lado izquierdo y el segundo del derecho. La Zampakutou había desaparecido de su mano pero, sin embargo, la sintió a su alrededor, como un abrazo cálido e invisible que lo calentaba y llenaba de dentro hacia fuera.
Sin dejarse impresionar por el momentáneo cambio de loock del conejo, Kenpachi se acercó a él sin su espada, limpiándose una gota de sudor de la frente y sonriéndole con locura.
-Bonito cambio de vestuario. ¿deseas que te entierren con él?
-¿Sabes qué?
-Oh, se trata de tus últimas palabras, ya veo. Bien, puedo respetar eso, soy un guerrero con cierto honor después de todo. Sólo hazlo rápido, me estoy perdiendo el almuerzo en mi división mientras hablamos.
-Antes, mencionaste a este Ichigo Kurosaki, ¿verdad?
-Sí, lo hice. ¿Qué tiene que ver contigo?
-Por lo poco que pude escuchar, no saliste bien parado de esa situación, ¿me equivoco?
Su interlocutor estaba comenzando a enfurecerse, pero su sonrisa no disminuyó en lo más mínimo.
-Eso puede ser cierto, pero no podrías comprender a qué nivel estamos él y yo. Fue el primer y último adversario en poder sorprenderme y, es más, superarme. Escapó de la muerte a mis manos, y por eso lo respeto.
-¿Te importa si soy el segundo?
-¿qué?
A la velocidad del rayo, el conejo le lanzó una patada voladora en la cara, enviándolo a estrellarse contra la oficina de la capitana, dejando un cráter de varias decenas de metros en el suelo.
-¡Kurosaki fue el primero y también será el último en esa marca!
Zaraki emergió del cráter, arrojando olas de vibraciones de reishi con sus pisadas iracundas.
Yang saltó lejos de un corte fatal, moviéndose a toda velocidad y rodeándolo, hasta llegar a su espalda y darle un fuerte rodillazo en la columna, que lo hizo tambalearse. Zaraki se dio la vuelta para responder, pero el conejo desapareció, volviendo al frente y regalándole un puñetazo que le rompió la nariz.
-¡Qué!
-Ya sabes lo que dicen, rodillazo por rodillazo, nariz rota por nariz rota.
Kenpachi intentó ocultar su creciente pánico, pero le era difícil. Envió una serie de cortes y patadas al conejo, desesperado ahora por impactar alguno en él. El conejo, burlándose, desapareció de su vista, reapareciendo bajo sus pies y pateándolo sin piedad en los tobillos, haciéndolo tropezar, antes de enviarlo rodando por el suelo con una potente patada en la cara.
-¡esto es imposible! ¡Este conejo ni siquiera debería poder hacerme un rasguño! ¿Qué ocurre?
-¿Qué pasa, amigo? ¿Asustado de que te paguen con tu propia medicina?
-¡Esto no puede estarme sucediendo! ¡Es exactamente igual que con Ichigo Kurosaki!
-¡Porque eso es exactamente lo que pienso hacer!
Antes de que Kenpachi fuera capaz de reaccionar, la espada reapareció en las manos del conejo, quien cayó sobre él a toda velocidad, colocándole la hoja en su cuello y mirándolo con los ojos ardiendo de ira y determinación.
-Así que vas a cortarme la cabeza, ¿eh? Como un ejecutor de los jueces, ya veo. Vieja justicia, muy vieja. Bien, ¿a qué esperas?
Sin embargo, en lugar de rajarle la garganta, el conejo desapareció de su lado, volviéndolo a sorprender. Le dio el tiempo que necesitaba para recomponerse y tratar de buscarlo una vez más, una vez más fallando.
-Estoy aquí, gran idiota.
-¿Qué? ¿dónde? ¡Oh, ahí estás, conejo desgraciado!
Kenpachi fue a recuperar su espada del suelo a su lado, pero sus movimientos fueron demasiado lentos.
-¡No lo creo! ¡rayo de luz!
Un poderoso haz de energía, ahora en color turquesa, impactó al shinigami mayor antes siquiera de que fuera capaz de levantar su propia espada, dejándolo fuera de combate casi al instante. Una vez la luz se hubo dispersado, todo lo que pudo verse fue el caos de la pelea, a un Yang agotado y sangrante, ahora en su ropa anterior, y más allá, al famoso Kenpachi Zaraki, finalmente inconsciente.
-No puedo creerlo –dijo un Ganju con la boca hasta el suelo-. ¡Derrotaste tú solo a Kenpachi Zaraki! ¡Esto es de antología! ¡Igual que Ichigo!
-No, no solo. Gracias, Hotaru. Gracias por iluminarme.
"No lo menciones. Pero procura ser un poco menos tarado la próxima vez que luchemos juntos, ¿puedes hacer eso?"
-Puedo hacer eso, seguro.
Pero Hotaru se quedó en silencio ahora.
-Eh, ¿con quién estás hablando?
-Con nadie. ¿Podemos seguir adelante?
-Eh, claro. Pero primero, quizás deberías...
El conejo se desmayó antes de que su compañero pudiera terminar la frase.
-...Hacerte ver esas heridas. Dios, ¿por qué siempre tengo que cargar con los heridos? Sólo desearía que Hanataro estuviera por aquí, sería una gran ayuda.
-¿Alguien pidió a un médico?
Ganju se sobresaltó, antes de girarse para ver al joven oficial médico, su conocida sonrisa saludándolo.
-¡Oh, hola, Hanataro! ¡tanto tiempo! ¿Cómo nos encontraste?
-Ella lo hizo, en realidad.
Sólo entonces, Ganju notó a la coneja, y su alegría decayó en el momento justo.
-Cura más y habla menos, mi hermano está muy herido.
-¿Qué hay del capitán...? –Ganju intentó fingir preocupación, pero le resultó difícil.
-¿Zaraki? No te preocupes, mi división está siendo movilizada ahora mismo, vendrán por él muy pronto. Así que será mejor que nosotros también nos movamos. No queremos que nos encuentren en este momento y en mitad de una escena tan... comprometedora, ¿verdad?
Tanto Ganju como Yin asintieron, mientras el mayor de los dos cargaba con el conejo inconsciente a sus espaldas.
-Pero ¿adónde iremos? –se preguntó la coneja, desconsolada.
-No temas, conozco un lugar para escondernos. Dios, esto ya me huele a deja vú. Sólo síganme –Hanataro comenzó a correr, reuniendo todo lo que pudo para ello.
Y eso hicieron.
Sin embargo, mientras abandonaban la escena de la más reciente batalla a toda prisa, la coneja no pudo evitar sentir que las cosas, contra su mejor juicio, acababan de empeorar.
Sólo esperaba equivocarse, ahora que era su corazón, y no su razón, lo que la estaba guiando.
N/A: y ahí lo tienen! La batalla más esperada de los últimos eh, 7 capítulos? Sí!
Brick: cómo hiciste para dejar bien parados a ambos contrincantes? Quiero decir, ni que alguno de nuestros protagonistas tenga el poder de Ichigo, eso sería hacer trampa.
Yo: bueno, repetimos muchas cosas de la pelea original, los clichés están ahí, seguro, pero con sus justas diferencias. Por ej, le cambiamos el atuendo a Yang porque, bueno, como dijiste, no es Ichigo, pero Kenpachi se confió demasiado, como suele hacer.
Brick: pero hey, estamos hablando de Kenpachi! Cómo iban a poder vencerlo después de la Guerra sangrienta de los mil años, así nomás?
Yo: cuántas veces tengo que explicártelo? Nuestros protagonistas no ganan porque sí! Si no lo supiera mejor, diría que estás intentando sabotearnos. Tengo que echarte del equipo ahora mismo?
Brick: eh, no! Pero me sorprende que nuestros conejos hayan derrotado a 3 de los personajes más poderosos de Bleach sin un Bankai.
Yo: bueno, no nos adelantemos, queda mucho por ver todavía! Pero eso tú ya lo sabías, no es así?
Brick: por favor, dime que no estamos repitiendo Bleach con los personajes de Yin Yang Yo, eso sería terrible. Ni que fuéramos como su autor original, no me están contratando para animar en TV, ni aunque plajie una serie así!
Yo: se dice plajee, amigo. No, no se preocupen, no le hagan caso. Como ya pudimos ver durante el capítulo anterior, estoy dándole algo de protagonismo al juzgado, además de que hay muchas más sorpresas por venir!
Brick: seguro?
Yo: seguro!
Brick: OK, ya te entendí. Ustedes sólo sigan conectados para lo que se avecina!
Yo: y manténganse a salvo!
