N/a: oh, casi se me olvida! Presentamos un nuevo OC durante el último capítulo, Sadashi Natsuyume.

Capítulo 21

Conspiraciones, traiciones, fugas

Cuando Yang sintió que algo pasaba, le extrañó que no hubiese sentido el paso del tiempo.

Lo último que recordaba era derrumbarse por el agotamiento y las heridas tras su última pelea. Su Zampakutou lo había ayudado en sobremanera, evitando su inevitable muerte.

Bueno, también recordaba haber vuelto a su mundo interior por uno o dos minutos. La selva ya no estaba destruida, pero cuando creía que se suponía que tendría que encontrarla nuevamente llena de vida, seguía relativamente yerma. Sólo habían árboles, e incluso éstos estaban completamente pelados, sin hojas ni frutos. También recordó haber oído voces, ¿serían voces infantiles? No podía decirlo. Todo había sido confuso, pero al ver una luciérnaga familiar posada en la copa de un árbol cercano, se tranquilizó rápidamente.

Hasta que las voces se aclararon, y ya no eran infantiles. Creyó reconocer una de las voces, pero la otra no le era familiar.

-No creo que sea una buena idea despertarlo justo ahora.

-¿Estás bromeando? ¡No quiero que nos hagan papilla justo ahora!

-Su hermana está aquí, ella nos protegerá.

-Disculpa, no quiero sonar grosero, pero como que usaste buena parte de su energía espiritual antes, no va a ser una luz en este momento.

Yang fue abriendo los ojos lentamente, pero una niebla seguía rodeando su mente; sentía como si su cabeza acabara de volver de un viaje rápido por una licuadora, era como tener un kilo de gelatina en lugar de cerebro. Alguien lo había dejado en el suelo, uno algo duro para su gusto, y sentía como si un ejército de lavarropas estuviera sonando y vibrando por todas partes.

Fue sólo cuando una presencia en particular captó sus sentidos que sus ojos se terminaron de abrir, y su visión de aclarar.

Era una presencia más que familiar. Una presencia que hacía más de una semana que no sentía, una semana que se sintió como varios años. Una presencia que no tardó en calentar la frialdad que adormecía su cuerpo y alejaba su mente de la realidad, devolviéndolo a tierra en segundos.

-¿Yuki? –la voz le salió entrecortada, como si hubiera pasado meses sin probar una gota de agua-. ¿Ella... está... aquí?

-Eh, ¡hola, Yang! ¡Gracias a Dios que finalmente despiertas! –Ganju apareció a su lado, ayudándolo a levantarse.

-Hice una pregunta. ¿está ella aquí?

Se tambaleó, las piernas le temblaban un poco y el mareo no terminaba de desaparecer, pero al menos ya no sentía que estuviese metido a la fuerza en una caja.

-¿Quién? ¡Oh, tu hermana está por aquí! –un tipo que el conejo no consiguió reconocer señaló con su brazo más allá-. Justo ahí.

-¿Yin? ¡No, me refería a Yuki!

-¡Ah! ¡Sí, ella también está ahí! ¡mira!

Ganju imitó al extraño, y el conejo siguió su mirada. Lo que más lo sorprendió fue ver a su hermana intentando proteger a una chica pelinegra algo bajita, mientras liberaba su Shikai ante otro de esos molestos y egocéntricos shinigamis de cuarta.

Espera un segundo. ¿Su hermana estaba protegiendo a una shinigami? ¿Por qué? A menos que...

-¡Es Yuki! –saltó, sonriendo y sorprendiendo a sus actuales compañeros-. ¡Lo sabía! ¡Finalmente!

-Eh, no quisiera agriarte la leche, conejo, pero éste no es precisamente un momento para celebrar –Ganju detuvo su pequeña fiesta de saltos.

-¡Tiene razón! ¡Espero que el capitán Kuchiki no nos haya notado todavía!

-Eh, ¿por qué? ¿Eso sería malo?

-¡Mucho! Por cierto, soy Hanataro Yamada. Pero puedes llamarme simplemente Hanataro. Médico del Cuarto Escuadrón.

-¿Y?

-Salvó tu vida, amigo, por lo menos intenta ser más considerado. Bueno, él y tu hermana, de todos modos.

-¿Ah, sí?

-Hablando de ella, ¡está a punto de luchar contra Byakuya Kuchiki justo ahora! ¡Por favor, Dios, haz que lo haga pedacitos, por favorcito, Dios, por favorcito!

-Un momento, ¿dijiste luchar?

-¡Y contra uno de los capitanes más fuertes de la sociedad de almas! –Hanataro complementó, estremeciéndose-. Sólo espero que sea tan buena como tú en la batalla, ¡eso sería genial! Quiero decir que venciste tú solo a Kenpachi Zaraki, ¡apuesto a que tu hermana es igual de poderosa!

-Eh, bueno, un poco de ayuda tuve...

Los tres pares de ojos se centraron en la pelea a punto de comenzar a menos de doscientos metros de su posición.

-No dejaré que invadas mi hogar, seas quien seas –Byakuya Kuchiki amenazó, con su habitual actitud tranquila pero implacable.

-Quizás deberías considerar la posibilidad de que no esté invadiendo tu hogar, amigo –la coneja parecía ofuscada-. Comenzando por saber quién soy, por ejemplo. Yin Chad, y la persona que te dará una paliza si no me dejas en paz.

-Lo haría, pero tienes contigo a una prisionera, y no quiero matarla –señaló ociosamente a la shinigami atrapada en el gigai, sus esposas habían vuelto a ser visibles-. Así que te sugeriría que retrocedas.

-¡Yuki, hazte a un lado! ¡No quiero que este tipo te lastime!

-¡No tienes que decírmelo dos veces!

Yuki se alejó considerablemente de ambos, retrocediendo hasta estar justo en la entrada del Muken. Yang ya no podía verla, por eso agradeció a sus sentidos espirituales recientemente adquiridos (¿habrían estado ahí todo el tiempo?), que fueron lo único que evitaba que perdiera su presencia en mitad de la vorágine.

-Como quieras.

Byakuya elevó sus manos al cielo, ante la confusión de su oponente. Yang estaba igual de confundido, ¿cómo iba a luchar ese tipo sin una Zampakutou?

Fue sólo cuando un millar de lo que parecían ser flores de cerezo se hicieron visibles que el miedo le atenazó las tripas. Volaron alrededor del shinigami, antes de dispararse a la coneja en un milisegundo.

Yang habría gritado, pero descubrió que su voz no salía de su cuerpo nuevamente paralizado.

Estuvo a punto de derrumbarse, pero por suerte para él, sus dos acompañantes lo sujetaron de ambos brazos, evitando que se diera un vergonzoso trompazo contra el suelo. Más allá, su hermana consiguió anticipar un ataque mortal.

-¡Rosa de fuego!

Yin dibujó un arco horizontal que creó un muro ardiente, el cual detuvo una buena parte de lo que ahora supo que eran cuchillas diminutas, pero cuando el humo se hubo disipado, el arrogante capitán seguía allí, con una sola mano en el aire, sosteniendo sus peligrosas flores letales a centímetros de su cara, lo que la sobresaltó, mientras sus ojos se abrían como platos. Al parecer, su técnica no había surtido efecto alguno.

Yang cerró los ojos con fuerza, ya se sentía mal ver pelear a su hermana contra un rival que probablemente la mataría, no quería conocer todos los detalles. Apenas podía imaginarse qué pasaría si ese tipo le llegaba a poner un dedo encima a Yuki.

Incluso entonces, su percepción aumentó, tanto que pudo seguir los pormenores de la pelea, sintiendo el movimiento de las partículas a su alrededor como pequeños terremotos.

-¡Oh, no, para! ¡Por favor!

-¿Qué te pasa?

-Oye, amigo, ¿todo bien? Ganju, quizás lo mejor sea que lo llevemos lejos de aquí.

-¿Por qué?

-No se ve bien.

-¿Qué? ¡Yo lo veo fantástico! ¿Podemos por favor centrarnos en la pelea?

-¿Estás loco? ¡Míralo!

Yang no se dio cuenta de cuándo se había arrodillado en el suelo, agarrándose con fuerza ambas orejas, deseoso de que las energías que chocaban a su alrededor dejaran de tocar sus sentidos. Era imposible, incluso entonces, las voces de los contendientes eran reconocibles, aunque estuvieran algo distantes.

-¡Campo foo!

-Otra magia extraña, ya veo. Lástima que yo no soy el capitán Kurotsuchi, no me interesan tus trucos. Acaba con ella, Senbonzakura.

-¡No! ¡Por favor, capitán Kuchiki!

-¡Yuki, no te acerques!

-¡Tenga piedad, capitán! ¡No he escapado, lo juro!

-Aún no, pero es probable que lo intentes. Y mi deber es asegurarme de que eso no suceda.

-Dios, mi cabeza es un volcán, chiwa...

-¡Oye! ¡déjala en paz! –Yin estaba a salvo en el interior de su campo foo, por ahora-. ¡Yo soy tu oponente! ¡pelea conmigo!

-Escúchala, traidora –escupió Byakuya, el veneno filtrándose de su voz, impregnando cada una de sus palabras-. Coneja, te metiste con la hermana del capitán equivocado. Me encargaré de que no salgas impune.

-¡No!

-Senbonzakura.

-¡Piedad, por favor!

-¡Yuki!

-¡Chiwa, esto no se ve bien!

-¡Yin!

Un sonido cortante atravesó el aire como un cuchillo. Las infinitas hojas de Senbonzakura desintegraron el campo foo de la coneja en cuestión de segundos, y un grito de agonía les heló la sangre a todos.

El propio capitán Kuchiki detuvo su ataque, dispersando las flores.

Yang tuvo que abrir los ojos y destaparse los oídos, encontrándose acostado de panza en el suelo y con la mirada paralizada en la escena frente a todos.

Ganju y Hanataro se cubrieron la boca, retrocediendo y respirando agitadamente, como si fueran ellos los que hubieran recibido el ataque mortal.

Más tarde, Yang no sabría decir quién había gritado, Yuki, su hermana o él, o los tres a la vez.

Yin yacía en el suelo frente al abismo, su cuerpo bocarriba con los miembros estirados a los lados, un líquido rojo formaba un charco que crecía bajo su cuerpo rápidamente.

-¡Yin! ¡No!

Se olvidaron los temblores. Olvidados quedaron también el dolor y la debilidad. La cautela abandonada.

Yang se arrancó de las manos de sus compañeros, precipitándose como un tornado hacia el peligro. Sin mayores problemas, saltó los treinta metros que eran el abismo, y más lejos.

Aterrizó junto a su hermana, agachándose para verla más de cerca.

Afortunadamente, el shinigami no había apuntado a áreas vitales, pero poco importaba. Sus brazos, piernas y frente expulsaban sangre a borbotones, los innumerables cortes se metían en su piel y carne como el trapo cuando se arruga.

-¿Yang? ¡Oh, no, Yang! –una voz lo llamó, pero era casi inaudible, amortiguada por los latidos de su corazón, a punto de escapársele por la boca-. ¡Debes salir de aquí! ¿Él te matará!

Yang no la escuchó. Su mano tocó ligeramente el cuello de Yin, y algo remotamente parecido al alivio lo asaltó al sentir un leve pulso. ¡Seguía viva! De hecho, cuando colocó un dedo bajo su nariz, pudo notar que aún respiraba, pero apenas.

-Tú hiciste esto.

El conejo se reincorporó, regalándole al culpable de esta tragedia una mirada de rabia pura. Byakuya, por su parte, se cruzó de brazos, negando con la cabeza.

-Ella insistió. Disculpa –pareció mirar más allá de él-, supongo que no medí mi ataque.

Yang apenas miró por encima de su hombro, pero la vista de una Yuki aterrorizada, en posición fetal a la entrada de la prisión, con las manos esposadas frente a su cara en señal defensiva, los ojos abiertos como platos, indefensa, no lo tranquilizó. Volvió su mirada al frente.

-Hiciste esto.

El shinigami responsable no se movió. No parecía importarle ni un poco.

-¿Por qué? ¿Qué te hizo ella?

Había espacio para muy pocas cosas en su mente ahora mismo, y la paciencia no era una de ellas.

-Ustedes invadieron mi hogar –explicó como si estuviese hablando del clima-, ella lastimó a mi hermana. Lastimó a Rukia. Era lógico que su hermano vengara tal afrenta.

-¿Quién te crees que eres?

-Byakuya Kuchiki, capitán del Sexto Escuadrón.

¿Este tipo era un capitán? ¿En serio?

-Así que eres como ese tal Kenpachi, ¿eh?

-Por favor, no me compares con esa bestia.

Había espacio para dos únicas emociones en su mente. El dolor y la ira. El dolor tras el pánico de que su familia se redujera a él solo de la nada. Ira por no haber podido evitarlo. Yin se estaba muriendo, y era su culpa.

-Dices que esto es por tu hermana, ¿verdad?

-Una media verdad, pero sí. Ustedes son una amenaza que debe ser erradicada.

-¿Ah, sí? ¡Erradica esto! ¡Ilumina, Hotaru!

Su Zampakutou voló a su mano, donde pasó de su forma sellada al Shikai instantáneamente.

-Oh. Tú también recuperaste tus poderes, ya veo.

La voz de Yuki salió entrecortada, como si no supiera si felicitarlo o matarlo.

-Me estoy cansando de matar conejitos que se las dan de guerreros. Senbonzakura.

-¡Rayo de luz!

A pesar del ataque bien dirigido del conejo, potente por derecho propio, apenas recuperado o no, el rayo no fue efectivo. El ataque de su enemigo lo traspasó como si pretendiera arrojar la luz de una linterna para atacar a un depredador. Y no parecía que la luz pudiera cegar su visión, ni mucho menos frenar su avance.

-¡No!

El grito de Yuki le desgarró los tímpanos. Vio el millar de cuchillas casi invisibles atravesar su rayo en cámara lenta.

Lo que pasó después ocurrió muy rápido como para que pudiera siquiera captar sus detalles. Alguien lo empujó al suelo. Un millar de cristales rebotaron contra una enorme roca.

Cuando su visión volvió a aclararse, notó que volvía a estar en el suelo, de espaldas esta vez, con su cabeza contra una pared. Para su enorme alivio, Yuki no había sido la que acababa de salvarle la vida, sacrificando la suya.

Yuki sólo había atinado a gritar con todas sus fuerzas, derrumbándose de rodillas, su gigai y restricciones haciéndola demasiado lenta como para intentar correr.

-Evadiste mi ataque. O quizás no.

-¡Capitán Kuchiki! ¿Qué bien que lo encontré! ¿Me perdí de algo?

-Shirokawa, ¿qué estás haciendo aquí? ¡Te dije que volvieras por refuerzos!

-Eh, bueno, sólo se me ocurrió que, gege, yo soy un refuerzo suficiente, ¿no le parece?

Frente al capitán se encontraba un tipo realmente extravagante. O ridículo, dependiendo de tu preferencia.

El joven, que superaba al conejo por al menos una cabeza y media, destacaba por su cabello. Lo tenía despeinado, casi al estilo anime, blanco, rojo y naranja.

-¿Y qué le pasó a tu cabello? Uh, no me digas, no quiero saberlo. Preferiría que usaras sólo tu color natural.

-Por cierto, para los que no me conocen, soy Yusei Shirokawa. ¡Un placer conocerlos!

Yang fue a levantarse, pero cuando intentó apoyarse en la roca para hacerlo, sintió que los huesos de su mano izquierda crujían, quizás no estaba del todo recuperado.

-¿Por qué lo hiciste?

Yusei ignoró a su capitán, optando por fijar su atención en el conejo a pocos metros a su derecha.

-Espero que no te haya hecho demasiado daño, mi capitán puede ser algo... duro, a veces. Nadie está muerto todavía, ¿verdad?

Yang apenas estaba consciente, pero en un parpadeo, pudo notar que algo parecido a un bastón colgaba de su cintura, enviando ondas de energía al aire peligrosamente.

-¿Qué está haciendo este chico? ¿Acaso quiere que lo maten? –la pregunta de Yuki fue ignorada por los presentes.

-Esto es inaudito. ¿has decidido pasar de adorarme a traicionarme? Sabía que eras extravagante, no que estuvieras loco. Qué lástima, me hubiera gustado verte hacer algo más que ponerte en ridículo.

-Bueno, acabo de hacer algo más que ponerme en ridículo.

-Es verdad. Acabas de firmar tu sentencia de muerte.

-¿Dándoselas de juez ahora, capitán? Ésa no me la sabía.

La sonrisa divertida se había esfumado del rostro del joven, y su mano descansaba en la empuñadura de su bastón, dispuesto a utilizarlo.

-Ya liberaste tu Shikai, ¿qué estás esperando para usarlo?

-Psst. Yang, por favor, debes irte ahora.

Mientras capitán y subordinado, o capitán y ex subordinado, porque al conejo esto no podía importarle menos, discutían, Yuki se acercó a él sigilosamente, empujando a Yin suavemente con sus pies descalzos.

-Tienes que hacer algo, Yuki. Por favor. Sálvala.

-¿Yo? ¡No puedo! –bajó la mirada avergonzada, señalando sus pesadas esposas con vehemencia-. ¡Sólo mírame, soy inútil ahora!

-Ese otro tipo, él puede salvarla, ¿verdad?

-¿Quién? No te entiendo, Yang.

Yuki sonaba desesperada. Sus ojos lo miraron suplicantes, intercambiando su atención entre él, Yin y la discusión a metros de los tres.

-Verá, capitán, por una extraña coincidencia del destino, me encontré esta mañana con tres admirados héroes. ¿Sabe quiénes eran? ¡Orihime Inoue, Yasutora Sado y Uryu Ishida! Y lo estaban buscando a usted. Creo que querían evitar algo como esto.

-¡Kyoraku ya me dijo todo lo que necesitaba saber, Shirokawa! No necesito que un oficial de bajo rango como tú venga a explicármelo. Esa coneja de allí –señaló a la susodicha-, intentó matar a mi hermana. ¡No toleraré este crimen!

-No lo entiende, capitán. Estos conejos vinieron con los tres héroes. ¡debemos detener esta locura!

Byakuya se rió amargamente, negando con la cabeza. A pesar del estilo inusual de su salvador, por un momento a Yang le pareció que el loco aquí era el supuesto capitán, no el de pelo multicolor.

-Llame al teniente Abarai, ¡él puede explicárselo! Estoy seguro que si lo hace, él puede...

-Él también lo sabe. Eres tú el que no entiende nada –la sonrisa de Kuchiki desapareció, y sólo la furia fría perforó a todos como cuchillos-. Sabemos lo que ni siquiera Kyoraku es capaz de admitir. Pero yo lo sé. Renji también, puesto que, a diferencia de ti, él no me guarda secretos.

-¿De qué está hablando?

-Dispersa, Senbonzakura.

Yusei iluminó sus pies, desapareciendo de donde acababa de estar un segundo antes, reapareciendo a un centenar de metros del ataque de su capitán.

-No sólo acabas de traicionar a la sociedad de almas, has violado una de las reglas sagradas. No puedes llevar Zampakutous al Muken. Pero estamos muy cerca de la prisión, estaré feliz de encerrarte yo mismo.

-¡No!

De repente, la voz del joven estaba cargada de ira. De la nada, empuñó su largo bastón, envuelto en tiras de seda con patrones de líneas serpenteantes amarillas, verdes y blancas, y gritó. El poder de su Shikai igualó el del capitán.

-¡Puño del Monje Aprendiz! ¡Estilo del Arroyo!

Una corriente de energía invisible pareció estallar a su alrededor como un vendaval, pero no era viento lo que salía de su arma. No, era agua cristalina, una ola diminuta que bailaba con vida propia, pero el poder que rodeaba tanto al bastón como a la técnica estaba mucho más allá de una pequeña ola.

El agua no llegó a rozar siquiera al capitán, pero al menos lo obligó a detenerse para observar el ataque. No pudo relajarse, porque un gruñido de dolor se le escapó de la boca, y tuvo que agarrarse una costilla. De ese lugar, comenzó a manar sangre. Eran apenas unas gotas,, y la herida pareció cerrarse por sí sola.

-¿Qué fue eso? ¿Quién rayos eres tú?

-Si se está preguntando qué fue lo que causó su herida, no estoy seguro de que pueda comprenderlo. Agradezca a Kirinji y a su propia fortaleza que sólo haya perdido un par de gotas de sangre en lugar de un río.

-No toleraré este comportamiento.

-Disciplíneme, entonces. Si puede, quiero decir.

Yang apenas era consciente de lo que estaba pasando, pero algo era claro: el chico de pelo multicolor era bueno, y les estaba salvando el trasero.

-Supongo que no me dejas otra opción. Bankai. Senbonzakura...

Sin embargo, antes de que pudiera liberar completamente su Bankai, alguien más apareció.

-Siempre hay otra opción, Byakuya. Lástima que Sui-Fong no quisiera escucharme.

Era esa mujer otra vez. Sin una Zampakutou, su porte regio parecía estar frenando al capitán por sí solo de alguna manera.

-Yoruichi Shihoin.

El asombro genuino parpadeó por un instante en el rostro del capitán, pero se desvaneció en seguida.

-Así que tú y Urahara ya han descubierto quién es nuestro enemigo, ¿verdad? Dime, ¿quién es?

-Lo único que puedo decirte, Byakuya, es que estos conejos no lo son. Los dejarás en paz ahora mismo.

-No hasta que paguen por sus crímenes.

-Si no recuerdo mal, Ichigo Kurosaki y sus amigos vinieron a la sociedad de almas en condiciones similares, y ese chico obstinado tuvo que darte una paliza para que entendieras el punto.

-¿Te atreves a mencionar a Ichigo ahora mismo? ¡Rukia podría haber muerto!

-¿Y la hubieras salvado matando a su supuesta asesina? Cuando ella más te necesitaba, la hiciste a un lado. ¿Qué es diferente ahora?

-Ya no estoy tan ciego. Nunca volveré a cometer el mismo error.

-Pues se ve que no aprendiste nada. Quizás sea mejor así, que permanezcas un poco ciego. Pero por mi parte, no permitiré que lastimes a estos conejos. Ellos se van conmigo.

-Todos ustedes están ciegos, sí –una nueva voz detuvo la discusión, y todos se voltearon a la entrada del Muken-. No, no se fijen en mí, no estoy intentando escapar ni nada. La seguridad aquí es tan pobre que me rompería el corazón huir de este lugar sin que nadie se enterara.

Un hombre rubio los miraba con sus penetrantes ojos, con las manos a la espalda. No tenía esposas, y ese simple hecho le recordó a Yuki tanto su identidad como la rabia que sentía y, más especialmente, pareció elegir ese momento para recordar la que sentía hacia ese hombre.

-Aizen. Escapaste.

-Brillante deducción, señorita Minamoto. Merecería una calificación excelente, qué lástima que la escuela hace tiempo que terminó para ti.

Aizen se encontró con las miradas hostiles de todos, incluso del conejo, pero un enemigo de Yuki era también su enemigo. Yusei y Byakuya parecieron olvidar su pelea y apuntaron sus Zampakutous hacia él.

Yoruichi saltó para ponerse frente a los conejos y la shinigami esposada en segundos, en posición de combate por si acaso.

-Me ofenden, todos ustedes. Amenazando a un hombre desarmado. Capitán Kuchiki, el amo de las reglas, ¿no es que está prohibido traer Zampakutous al Nido de Gusanos? Al parecer, ustedes, los capitanes del Seireikei, no han aprendido nada. Quizás deba volver a ocupar mi antiguo puesto, ¿hm?

-Silencio, Aizen, estás hablando fuera de orden –Yusei movió su bastón de Zampakutou en círculos, pero no hizo amago de atacar.

-Oh, eres el indicado para hablar, Yusei Shirokawa. Pero te equivocas. Discúlpate, y quizás pueda reconsiderar hacer silencio.

-Vete al infierno. Capitán, dejemos de pelear y capturemos a este criminal.

Byakuya parecía indeciso y confundido. Su mirada iba de su oficial renegado a Yoruichi, de ella a Aizen, y de Aizen a Yusei, y así sucesivamente.

-No creo que eso importe, oficial Shirokawa. De todos modos, no seré yo quien te destruya, eres insignificante.

-Señorita Yoruichi, ¿de qué está hablando este loco?

-Yuki Minamoto, tú eres quien debería prestar más atención, pero claro, no sobresalías en la escuela, es de esperarse que no escuches a tus mayores –se burló Aizen, una sonrisa deslizándose en su voz pomposa-. Pero el señor Shirokawa no es ningún traidor, a menos que yo les diga lo contrario. Claro, mi palabra no vale nada en este punto, ¿verdad?

-¡Cállate de una vez, Aizen! –Yusei lo amenazó, pero la tensión y el nerviosismo eran patentes en su cara-. ¡No puedes envenenarnos con tus mentiras!

-Oh, ¿y quién dijo que esté intentando engañarlos? No tengo a mi querida Suigetsu, por si no lo has notado.

-Shirokawa, ¿a qué se refiere? Explícate –exigió Byakuya, la ira parecía haberlo abandonado.

-Será mejor que pida refuerzos, capitán, Aizen...

-¿Es en serio? ¿Que acaso no se dieron cuenta todavía?

-Mira, Aizen, esto no tiene nada que ver contigo –escupió Yoruichi, perdiendo la paciencia finalmente.

-Eso puede ser cierto, Yoruichi, pero no quita que sepa incluso más que tú. Qué pena, Ichigo debe estar mirándonos ahora mismo, decepcionado por tu terrible desempeño. Creía que eras más inteligente que esto, querida.

Yusei convocó una mariposa infernal de improviso, pero Aizen aplaudió en el aire, y una mínima cantidad de reishi hizo explotar a la pobre criatura en su cara.

-No hagas eso, por favor, no deseo que esta conversación sea escuchada por quienquiera que esté utilizando tus servicios para hacer su trabajo sucio, lamentable excusa de un shinigami.

Mientras tanto, Yuki intentó alcanzar la mano de Yoruichi tentativamente, pero, de repente, la mujer mayor pareció no verlo bien, y se alejó de su mano, sujetando a Yang y a la inconsciente Yin en sus brazos.

-Las mariposas infernales son moscas disfrazadas. Están todas intervenidas, pero ignoro por quién. El señor Shirokawa sabrá decirles por qué.

-¿Qué? –todos saltaron.

-Sigues tú, capitán Kuchiki –Aizen dirigió su mirada aguda ahora al señalado-. Alguien te ha dicho que esa coneja de ahí intentó activamente matar a Rukia. Pero eso es mentira, porque fue Rukia Kuchiki quien intentó matarla a ella. Supongo que necesitas que alguien te lave los oídos, o tal vez volver a la academia no te haría ningún daño.

-Cállate.

-Tú –miró a Yang, pero el conejo no podía saberlo con certeza-. No tienes ni idea de lo que has traído. Y tú –su mirada cayó en la prisionera-, eres la clave de todo.

-¿Qué? ¿Por qué?

-¡No lo escuches! Aizen jamás te dirá la verdad de nada por las buenas –siseó Yoruichi.

-Bueno, es una verdadera lástima que Suigetsu no esté conmigo, yo los ayudaría a todos. Empezando por cerrarles la boca a algunos hipócritas que dicen ser la justicia. Vaya tontería.

Yusei fue a arremeter contra Aizen, pero él fue más rápido, ejecutando un bakudou que le ató las manos, pero se liberó instantes después.

-Ni siquiera puedes detener a un prisionero desarmado, qué vergüenza. ¿Quién te permitió entrar al Sexto Escuadrón?

-¡Te haré pagar!

-Oh, hieres mis sentimientos, joven ingenuo. No, yo no causaré tu ruina, porque tú mismo ya has comenzado a marcar tu fatal destino. No necesito ser Dios para saberlo.

En un segundo, Aizen se colocó a un lado del joven, antes de darle un rodillazo contundente en el estómago, despidiéndolo con una mano de manera casual.

-¡Ya vasta! Shirokawa, detente. Aizen no podrá escapar mientras Shihoin y yo estemos cerca. Retrocede. Ésa es una orden.

-Es una pena, capitán Kuchiki, pero hace mucho tiempo que no recibo órdenes de los segadores de almas, y mucho menos de sus capitanes. Nos veremos.

Antes de que nadie fuera capaz de reaccionar, Yusei se cubrió en un halo blanco de energía y, en un abrir y cerrar de ojos, había desaparecido sin dejar rastro.

-¿En qué lío nos has metido, Kyoraku? Espero no tener que salir de este agujero para descubrir el final.

Con eso dicho, Aizen desapareció en el interior del Muken, donde un centenar de prisioneros yacían inconscientes.

-Yoruichi, por favor, ayúdame –Byakuya casi suplicó, pero no guardó su Zampakutou-. Ayúdanos a entender lo que está pasando. ¿dónde está Urahara?

-No necesitas saberlo, Byakuya.

-Espera. No puedes llevarte a esos conejos. Son ryoka y deben ser detenidos.

-No lo creo. En tres días, yo convertiré a estos dos en adversarios más fuertes que tú, igual que hice con Ichigo. Y ya me conoces, yo siempre cumplo mis promesas.

-¡Yoruichi!

-Lo siento.

Yoruichi le dedicó una última mirada apesadumbrada al capitán, justo antes de correr con los conejos a cuestas.

-Ganju, Hanataro, necesitaré apoyo médico y un transporte –exigió Yoruichi en un tono autoritario.

-¡Puedo proporcionar eso, señorita Yoruichi!

-Eh, ¿a qué te refieres con transporte?

-Toma.

Le arrojó el conejo y, como esperaba, Ganju lo atrapó al vuelo, teniendo especial cuidado. Yoruichi cargó a la coneja malherida, mientras Hanataro se ponía al día con la veterana, que había bajado la velocidad para que no perdieran su rastro.

-¿Adónde irán? –Hanataro comenzó a curar a Yin lo más rápido que podía.

-Al lugar de siempre, por supuesto –la shinigami veterana suspiró, cansada-. Se aproximan tiempos duros, una vez más.

Tanto Ganju como Hanataro compartieron una mirada confusa, pero no se atrevieron a preguntar más.

-Ojalá Ichigo estuviera aquí –dijo Ganju de la nada-. Por cierto, ¿sabes dónde está?

-Si lo supiera, ¿crees que estaría aquí? Obviamente, habría traído a Ichigo conmigo y no tendríamos que recurrir a esto.

-Yuki está ahí –dijo de pronto la gastada voz del conejo, deteniendo su charla-. ¿Por qué... la dejaste atrás? Ese tipo, Aizen, ¿es peligroso?

-No tuve otra opción en ese momento, pero Aizen no es nuestro problema, aunque el hecho de que sepa sobre la actual crisis dice cuán peligroso puede ser. Kyoraku sabrá cómo mantenerlo en el Muken, por el bien de todos. Respecto a tu otra pregunta... Incluso si la trajésemos con nosotros, eso sólo generaría más problemas. Dejemos que los jueces mastiquen su postre por un rato, total, se convertirá en barro en sus bocas más pronto de lo que piensan.

Yang fue a protestar, pero el cansancio por toda la situación que acababa de vivir, que incluía ver cómo su mejor técnica era superada como si nada, a Yin gravemente herida, y unas cuantas cosas más que no fue capaz de entender, lo vencieron. La inconsciencia lo recibió una vez más, y así se mantendría durante las siguientes horas.

Sólo había dos cosas que permanecieron en el frente de su mente, y eran dos rostros imborrables: el de Yuki, recordándole, dolorosamente, su más reciente fracaso, y el del tal capitán Kuchiki o como se llamara, que no había dudado en atacar mortalmente a su hermana, con tal de evitar que liberaran a su amiga cautiva.

Eran dos cosas que no olvidaría pronto.

N/A: si alguien se pregunta adónde está llevando Yoruichi a los conejos, es el mismo lugar donde llevó a Ichigo la primera vez para entrenarlo con el mismo propósito.

Brick: lo que se te olvidó decir es que no recordamos casi nada de ese lugar, jeje. Alguna ayuda por ahí? Hmm, había un estanque y mucho espacio para entrenar, quizás?

Yo: no nos queda otra que improvisar, sólo espero que nadie se enoje por eso. Ah, otra cosa, no vimos la batalla entre Sui-Fong y Yoruichi (una pasada en el anime, por cierto), ya que, atendiendo a la dinámica narrativa de esta historia, este capítulo mostró el punto de vista de Yang.

Brick: oye, Yuki tuvo que quedarse atrás, y con Aizen haciéndole compañía, qué miedo! En el lado positivo, no hay Sokyoku ni capitanes conspiradores, pero bueno, las cosas se están calentando, eh.

Yo: Yin y Yang van a volver con sus Bankais la próxima vez que luchen!

Brick: genial! Así que la historia continúa, gente!

Yo: no olviden comentar!