N/A: he vuelto, queridos lectores!
Brick: aquí un poco de improvisación, pero creo que es aceptable! Bueno, queda a su criterio, gente!
Capítulo 22
La rosa tiene espinas
Una lluvia torrencial de agua helada y otra lluvia, de nieve, cubrían casi por completo el paisaje montañoso.
Yin sabía que éste era su mundo interior. El frío abrumador no la molestaba particularmente. Hubiera preferido quedarse allí tumbada, de espaldas sobre la nieve y de cara al cielo tempestuoso de arriba.
-¿Es en serio? Chiwa, una cosa era mi etapa gótica, pero ¿esto? ¡Es deprimente! Menos mal que no me dediqué a la escritura, probablemente todos mis lectores serían zombis. Muertos de tristeza o de miedo. ¡Oye, ahora eso sí sonó como a mi yo gótica!
Sólo la nieve y la lluvia le devolvieron sus palabras, replicándolas con ecos inquietantes.
-Uh. Esto es terrible, incluso para mí. ¿Dónde está Shinobara cuando la necesito?
De repente, un sonido diferente al de la lluvia llamó su atención. Aunque era leve, pudo distinguirlo. Era como el sonido de unas hojas siendo agitadas por una brisa.
En otra situación, todo le habría parecido romántico y bello, pero ahora lo único que sintió fue un escalofrío.
-¡Estoy en mi propia mente, por el amor del foo! A menos que haya alguien más por aquí, pero eso es imposible, ¿verdad?
Por mucho que le hubiera gustado seguir allí tumbada, sabía que ya no podría dormir. Sus sueños ya no eran tal cosa, ahora eran parte de su mundo interior. No supo si sentirse irritada o enojada por este hecho, aunque sí que se sentía confundida y abrumada. Pero Yuki no había podido explicar nada de eso, y ahora estaba muy lejos.
-Un momento. ¿Chiwa! ¡Ahora me acuerdo! ¿Cómo sigo viva?
En su lugar, más por miedo que por otra cosa, decidió moverse. Lentamente, se reincorporó, descubriendo con asombro que no había un solo rasguño en su cuerpo.
Un paso a la vez, con el miedo dando paso a la curiosidad, y la curiosidad a la molestia, fue acercándose hacia donde el sonido espeluznante la llevaba.
-¿Quién está ahí?
Se detuvo en una cornisa, bajo la cual sólo vio negrura. Sin embargo, al fijar su mirada más allá, un poco por encima del abismo inescrutable de abajo y frente al acantilado, sus ojos se toparon con una colina lejana, de la cual apenas se podía divisar su parte superior. De ella, un bosque de árboles semejantes a pinos navideños brotaban de alguna parte, cubiertos mayormente de nieve y escarcha.
Había empezado a disfrutar la vista, cuando sus oídos volvieron a escuchar aquel sonido, ruido o lo que fuera. Sus orejas se levantaron, en tensión, y sus ojos se estrecharon más aún.
En el árbol más lejano de aquella colina, algunas hojas eran movidas por una ventisca. Pero eso no fue lo que la congeló.
Lo que le heló la sangre fue lo que el viento parecía susurrar cada vez que las hojas se movían.
-...Es... ta... os... cur... o... Roj... o... san... gre... due... le...
Y lo que acompañaba cada uno de los susurros.
Al principio, no supo lo que era. Un ruido casi imperceptible, más silencioso aún que el movimiento de las hojas, pero constante y creciente. Luego, su corazón pareció detenerse. El miedo le subió por la garganta como escarcha, que no la dejaba respirar.
Un nuevo siseo apenas inteligible, pero la coneja ya no prestaba atención. Estaba demasiado asustada por lo que estaba viendo como para que le importara. Porque con el último, no fue una brisa o un animal pequeño del bosque lo que emergió entre las hojas, sino una garra roja infernal.
Yin se descongeló unos segundos después, y retrocedió bruscamente, intentando alejarse de lo que fuera que habitara allí. Apenas fue lo suficientemente rápida como para saltar unos buenos dos metros hacia atrás, un segundo antes de que el extremo del acantilado en el que acababa de estar parada se desprendiera como un trozo de una manzana abierta.
Dándose la vuelta y sin atreverse a volver la vista atrás, a ver si la criatura que subía la montaña más allá de la cornisa la había visto o incluso la estaba siguiendo; corrió como alma que se la lleva el diablo, olvidados de repente el frío, la lluvia, la nieve.
Cuando sus pies chocaron con un área despareja del paisaje, no fue capaz de detenerse a tiempo y se resbaló, cayendo de cara en la nieve y rodando colina abajo. ¿era posible tropezar en tu propio espacio mental? ¿cuán idiota tenía que ser para pasarle eso justo ahora?
Cuando se detuvo, agradeció a quien fuera que no había perdido sus extremidades en la caída. Al parecer, lo único bueno de este mundo interior era su resistencia aparentemente infinita, pero sospechaba que no sería eterna.
Su cabeza había chocado contra algo duro, y al reincorporarse, notó que era uno de los fragmentos de cristal que se habían desprendido dentro de aquella cueva, que habían formado parte de una especie de barrera protectora de su Zampakutou, pero aquí no había ni rastro de vegetación alguna.
Tomó el fragmento en su mano, observando su resplandor con asombro. La tristeza volvió a envolverla cuando se hizo polvo en su mano, antes de dispersarse en un millón de diminutas partículas brillantes por el viento.
-¡Yin! –una voz particular la arrancó de su trance-. ¿Estás por aquí?
-¡Estoy aquí! ¿Dónde estás? ¡No veo la cueva donde te encontré por ninguna parte! ¿Por qué no hay flores aquí? ¿Y qué hace un monstruo viviendo en las colinas?
-¡Ahora no, Yin! –la voz de soprano la detuvo-. ¿Puedes seguir mi voz?
-Eh, lo intentaré. Por cierto, ¿ya estoy muerta? Porque creía que se suponía que debía ir a la sociedad de almas en ese caso.
-No, estás viva. No puedo explicártelo ahora, sólo sigue mi voz.
-OK, pero me debes algunas explicaciones.
-Sólo puedo decirte que estuviste muy cerca. Pero conseguí estabilizarte un poco. Y algunos amigos tuyos ayudaron.
-Espera, ¿qué pasó? Lo último que recuerdo es que coloqué un campo foo para protegerme, y cuando explotó, me clavaron un millón de cuchillas.
-Sólo sigue adelante.
Yin se calló, aunque sólo fuera porque estaba molesta con su Zampakutou, gracias al cielo el aire helado de su paisaje mental no la congeló realmente.
Sólo se detuvo cuando llegó a la cueva de la primera vez, pero el interior había cambiado radicalmente. Estaba lleno de plantas y flores de varios colores y tipos diferentes, todo digno de un artista de ikebana.
-Chiwa. ¿Tú hiciste esto?
-Más tú que yo, en realidad.
Yin se sentó en una cama de hojas verdes con pigmentos amarillos brillantes, y al mirar hacia arriba, se quedó obnubilada por la vista de lo más parecido a una noche estrellada que podía pedir en lo profundo de una cueva nevada. Las estalactitas eran pirámides invertidas casi perfectas de ónix, con sus puntas destacándose por brillar levemente en la oscuridad. Las paredes tenían rubíes del tamaño de huevos de águila cada dos metros, y las rosas y demás flores, conocidas y desconocidas, decoraban cada centímetro donde no había una estalactita o un ojo de rubí.
-¿Chiwa, es tan hermoso!
-Lo que importa –volvió la voz de Shinobara de repente, sonando por las paredes como en una melodía-, es que es tuyo. Y que ahora, nos pertenece a las dos.
-¿Qué quieres decir?
-Sólo digamos que una gran belleza tiene un gran precio. Una amiga mía me lo enseñó una vez, y créeme, no fue bonito. Pero quizás lo mejor sea que despiertes, te necesitan en otra parte.
-¿Espera! ¡pero creía que no estaba soñando! ¿estoy soñando ahora? ¡Por favor, no quiero despertarme todavía!
-No te preocupes, Yin, tu mundo interior y yo te estaremos esperando aquí. Tómate todo el tiempo que necesites para llegar aquí. ¿Está bien?
-¿Qué? ¡No!
De repente, todo a su alrededor se desvaneció, siendo reemplazado por un remolino de oscuridad. La cueva, con su belleza y joyas de ensueño desaparecieron. Duró un segundo, pero fue como si le quitaran el oxígeno por horas. Como si acabaran de arrancarle el corazón y volvérselo a colocar en un milisegundo.
-¡Yin, despierta!
Cuando sus ojos volvieron a abrirse, estaba en un lugar que no reconoció. Se parecía vagamente al sótano de Boogeyman, pero era varias miles de veces más grande.
-¡Finalmente! ¡Quiero despertar mi Bankai, y tengo que hacerlo antes de que termine la semana!
Yang la sacudió una última vez, hasta que Yin lo apartó de un manotazo, mirándolo con ira.
El conejo pareció asustarse, y se alejó de ella varios metros.
-Estaba descansando, idiota. ¿Dónde estamos, de todos modos? ¿Y qué pasó con ese shinigami? ¿Dónde está Yuki?
-Sigue en el Nido de Gusanos, querida. No te preocupes, volverán a verla muy pronto, si todo sale bien.
Yin se sentó, y fijó su atención en la mujer frente a ella. Era la misma que le había salvado el pellejo cuando la atacó aquella otra capitana loca, por lo que juzgó que no era una enemiga.
-¿Quién eres tú?
-Oh, supongo que la recuperación a veces te hace olvidar algunas cosas. Soy Yoruichi Shihoin.
-¿Recuperación?
-Byakuya Kuchiki te dejó heridas casi fatales. Menos mal que llegué justo a tiempo, es bueno que Kisuke me mostrara lo que estaba pasando.
-Espera, ¿nos viste luchar? ¿Cómo?
-AH, preguntas y más preguntas –Yoruichi suspiró con cansancio, aunque la repsuesta que le dio al conejo no fue realmente muy informativa-. No importa. Un amigo mío, ¿ves? Él y yo encontramos una... manera de ver acontecimientos presentes y tener alguna idea del lugar dónde se desarrollan.
-¿Qué, como una bola de cristal o qué? –Yin no pudo evitar imaginarse el objeto mágico de los dibujos animados que usaría una bruja.
-Eh, no. Olvídenlo, no es importante.
-¿Es una bola de cristal? –Yang no pudo evitar la curiosidad.
-¿Y qué si lo fuera? De todos modos, no importa. ¡Quieren despertar sus Bankais, sí o no?
-¡Claro que queremos! –saltaron ambos al unísono.
-Normalmente, necesitarían años para despertarlo. Y muchos más para dominarlo.
-¡No tenemos años! ¡Yuki tiene días! –explotó Yang, exaltado.
-En realidad, le quedan tres días, según lo que oí.
-¿Qué? ¿Tres días? ¡No podemos hacerlo en tan solo tres días!
-¡Paren, por favor! –Yoruichi levantó las manos en el aire, en señal de paz-. Si no me interrmpieran... Sí, lleva años despertar un Bankai, normalmente, quise decir. Pero con este método, lo conseguirán en tres días.
-¡Chiwa! ¿Es en serio?
-Si sobreviven a la tarea lo suficiente, claro. Tres días es lo que sus almas resistirán, ya que, después de tres días, sus mundos interiores colapsarán, sus mentes se harán pedazos y, quién sabe, incluso puede que mueran.
-Todavía podemos usar nuestros Shikais, ¿verdad?
-Te refieres a que tú puedes usar el tuyo, hermana, porque la última vez que lo comprobé, mi técnica no pudo detener a ese presumido.
Yin iba a preguntarle de qué estaba hablando, pero por su mirada gacha y los ojos en blanco de la veterana, dedujo que, probablemente, él había intentado, y fallado, en luchar contra el mismo shinigami que la había humillado la última vez.
-Es mi culpa –dijo él rápidamente-. Si no hubiese estado tan agotado... Si mis heridas se hubiesen curado por completo para entonces, podría haberte ayudado.
-Si tu mejor técnica no funcionó, ¿qué te hace pensar que habría marcado la diferencia?
-No lo sé, pero vencí a un tipo más fuerte antes, así que debería haber funcionado si hubiera tenido todas mis fuerzas.
-Puede que no haya sacado todo mi poder, Yang, pero créeme, no habrías podido cambiar el curso de la batalla. Con Boogeyman, dedujimos que mi Zampakutou posee al menos dos técnicas o formas especiales, y apenas he podido convocar una, no digo ya dominarla. Me hubiera vuelto más rápida, pero dudo que pudiera alcanzar siquiera la velocidad de esas cuchillas. ¿lo ves?
-Es por eso que deben despertar sus Bankais. Es la única manera.
-¿Y tú cómo sabes eso? No tienes una Zampakutou que yo vea.
-Mira, conejo, eso no te incumbe –su voz adquirió un tono repentinamente peligroso, que lo silenció-. Prefiero quedarme con hakuda para pelear. En su caso, como no pueden hacerlo, ni conocen kido, están en la misma situación que Ichigo Kurosaki al comienzo.
-Otra vez con ese nombre. ¿Qué tiene de interesante? –Yang se puso furioso de repente-. ¡Kurosaki esto, Kurosaki aquello, ¿quién es?, ¿un héroe?
-Sí. Pero les contaré sobre él en otro momento.
Yoruichi pareció desinflarse por un segundo tras decir aquello, pero su entusiasmo no tardó en regresar.
-¿Y bien? Debo advertirles que, si no consiguen despertar el Bankai en tres días, eso será todo.
-¿Por qué? –Yin fue quien preguntó ahora.
-Porque, o bien sus mundos internos colapsarán, lo que llevará a que sus mentes se conviertan en puré, o bien sus Zampakutous los matarán en su lugar.
-¡Eso nunca pasará! –se jactó Yang, confiado-. Mi Zampakutou y yo somos tal para cual, te lo aseguro.
Yin no estaba muy segura de ello, pero se abstuvo de comentar. Ella ni siquiera podía afirmar que tuviera una conexión realmente poderosa, o siquiera una conexión en absoluto, con Shinobara.
-En realidad, sería un gesto de misericordia por su parte –dijo la mujer, crípticamente-. Si no, lo harán por pura supervivencia.
-Pero creía que tienen espíritu y vida propios, ¿no es así?
-Yin tiene razón, ¿qué bien haría matarlas?
-Uh, esto es más difícil de lo que pensé. Miren, esto sonará duro, pero lo que harán para despertar el Bankai será simple: se encontrarán con la manifestación espiritual de sus Zampakutous en sus mundos interiores; una vez allí, lucharán con ellas hasta que les parezca que son aptos para utilizar sus poderes.
-¿si somos aptos?
-¡No puede ser! ¡Hotaru es literalmente mi apoyo en la batalla! ¿Cómo se supone que luche contra ella?
-Es tu Zampakutou, hermano, no tu corazón.
-¡Tú no lo entiendes! –le lanzó una mirada mordaz-. ¿Acaso tendré que pelear con ella por mi cuenta? ¡Es como si me pidieran que vadee un río sin tener piernas ni brazos, ni cabeza!
-Bueno, Kisuke descubrió el método, y a Ichigo le funcionó. Tengan fe.
-¡Sólo estoy diciendo que es ridículo! –continuó quejándose Yang-. ¿Alguna vez has intentado comer sin dientes?
-No, pero he oído que hay gente que lo hace.
-¿O caminar en el aire?
-Yang, yo puedo levitar, eso es lo más parecido que hay a caminar en el aire.
-Y los shinigamis podemos flotar gracias al reishi del aire. Está en todas partes, ya que todas las cosas tienen energía espiritual, no necesitas la gravedad para eso.
-Está bien, ¿qué tal esto? ¿Manejar un auto sin volante, frenos ni palanca de cambios?
-Nunca lo hice. Aunque siempre puedes preguntárselo a Hisagi, él tiene un auto y hasta una motocicleta del mundo de los vivos.
-Espera, ¿los shinigamis pueden conducir autos y motocicletas?
-¿Qué estabas diciendo?
-¿Sólo digo que no lo entiendo!
-Después me lo cuentas, ¿quieres? Ahora, será mejor que nos apresuremos.
Arriba, una noche sin luna comenzaba a destacarse en el horizonte.
-Ya extraño nuestro mundo. Teníamos tres soles y tres lunas –relató Yin, algo melancólica.
-Los astros también tienen una forma espiritual, pero no me preguntes, no sé al respecto. Quiero decir que aún no he viajado espiritualmente a otros planetas o al sol para averiguar si los marcianos existen o no.
Eso los hizo reír a los conejos, y mientras tanto, llegaron a una parte de aquel lugar donde alguien había colocado un estanque gigantesco.
-Primero que nada, deben estar relajados. Pueden empezar por limpiarse corporalmente, eso relajará todo en sus cuerpos, tanto exterior como interiormente.
-¿Qué? –preguntaron al unísono.
-Les daré más indicaciones más tarde.
-¿Qué? –volvieron a preguntar, ahora avergonzados.
-¿A qué esperan? ¡Faltan menos de ocho horas para que amanezca el primero de los tres días!
-¿Estás loca?
-¿Y cuál podría ser el gran problema ahora? El agua no está ni demasiado fría ni demasiado caliente, ¡miren!
-¡Oh, no!
Para alivio de los impresionables conejos adolescentes, Yoruichi se transformó en un gato negro de ojos dorados, pero lo suficientemente peludo como para que su género no fuera evidente. La forma felina de la shinigami se precipitó al agua, chapoteando despreocupadamente y flotando allí como si nada.
-Su turno, chicos.
Su voz también cambió y, si bien los conejos se habían tenido que acosumbrar a ver espíritus humanoides en menos de dos días, la transformación de uno de ellos en una forma animal, parlante o no, era impactante, por decir lo menos.
-En serio, sigo esperando a que se relajen en las aguas de este estanque. Lo necesitan más que yo, de verdad.
-¿Qué? ¡Claro que no! –saltaron al unísono tras superar el shock inicial.
-¡No me importa que seamos gemelos, no estoy tomando una "limpieza" o lo que sea con Yang! ¡Ni mucho menos me estoy bañando con él en el mismo lugar!
-¡Sí, no tenemos cuatro años!
Ambos se sonrojaron a más no poder, mirando en direcciones opuestas con vergüenza y furia justas.
-Yo tengo siglos, y no me importa. En serio, ¿qué tiene todo el mundo por usar ropa y esas cosas? Pero como quieran, si aún no están listos...
El gato saltó del estanque y, cuando volvió a su forma original, ambos conejos le dieron la espalda, cubriéndose los ojos para mayor precaución.
-¡Ni que fuera para tanto! Está bien, ¿qué les parece esto? Podemos hacerlo por turnos. Kisuke escuchó por ahí que entrenaron por turnos con su sensey.
-Eso fue diferente, y tuvimos diez días, no tres. ¿Saben qué? ¡Olvídenlo!
-OK. Como quieran. Pero...
-OK. Yo voy primero. Yang, como mires, te arrancaré los ojos, los dos brazos y algo más, y después no habrá Zampakutou ni magia curativa suficiente para ti, ¿me entiendes?
-¿Por quién me tomas? ¡No soy esa clase de persona!
Yin sólo le lanzó una última mirada mordaz, pero su hermano obedeció, dándole la espalda y cubriéndose los ojos por si acaso. En un instante, Yin se despojó de sus ropas de shinigami ensangrentadas, descubriendo sus más recientes cicatrices y, cerrando los ojos y respirando hondo por un par de segundos, se lanzó al agua, indicando con su chapuzón que lo había hecho.
-¿Vas tú ahora, o tendré que patearte al agua así como estás?
-No es necesario, me gusta tener mi ropa seca.
Yoruichi se transformó nuevamente y volvió a zambullirse en el agua, emergiendo cuando el conejo había provocado un nuevo chapuzón.
-¿Lo ven? ¿Qué tan difícil fue eso?
-Cállate –dijeron al unísono.
Cada conejo se situó en uno de los extremos del estanque, con la nueva maestra en el medio.
-Bien. Quizás ya sea hora de que entren en su mundo interior, ¿eh?
-Me suena a una idea algo seca –dijo Yang, cruzándose de brazos-. ¿Qué tal si nos cuentas alguna historia sobre el tal Ichigo Kurosaki mientras tanto?
-Vamos a despertar nuestros Bankais, no a volar en la tierra de los sueños.
-Pensándolo bien, no es tan mala idea. Déjenme pensar... ¡Oh! Ichigo y sus amigos una vez fueron los guardaespaldas de una princesa. Bueno, sobre todo Ichigo, pero ustedes me entienden. Era la princesa Runichiyo del clan Kasumioji.
-Vaya, no sabía que habían princesas en la sociedad de almas –Yin comenzó a sentirse interesada.
-Bueno, tenemos reyes, nobles, y guerreros. Y jueces y médicos, y mucho más. Pero la princesa no estaba a salvo aquí. Fue llevada al mundo de los vivos de Ichigo, disfrazada como una colegiala para bueno, se suponía que para pasar desapercibida. Ichigo no tardó en darse cuenta de que algo andaba mal, y bueno, la princesa no era particularmente una genio de los disfraces o del perfil bajo, ya.
Mientras iba hablando, Yoruichi notó que Yang acababa de entrar en su mundo interior, y no pudo evitar comentarlo.
-Oh, mira eso, tu hermano ya comenzó su prueba. Pero si te interesa la historia, puedo contártela hasta el final.
-Olvídalo, no tengo cinco años. Pensándolo mejor, explícame una cosa: ¿qué saben tú y el tal Urahara de Yuki Minamoto?
-Espera, ¿crees que tenemos algo que ver con ella?
-Tú dímelo, ¿es así?
Yoruichi suspiró, pero negó con la cabeza.
-No sabemos casi nada de ella. Pero algo sí puedo decirte: no recuerda la mitad de su pasado. –Yin la miró más fijamente, prestándole ahora toda su atención-. Tras graduarse de la Academia, debió haber trabajado en alguna parte, pero no tenemos casi ninguna pista sobre eso. ¿Dónde estuvo ella cuando Aizen ascendió al poder? ¿O cuando los Bounts invadieron la sociedad de almas? ¿O durante la Guerra de Invierno con los arrancars de Aizen?
-Eh, no entiendo nada. Si sabían esto, ¿por qué decidieron tomarla de repente en uno de los escuadrones?
-Eso es algo que tendré que preguntarle a Kyoraku, porque yo tampoco lo entiendo. Y cuando lo haga, también iremos por tus amigos, ¿sí?
-Hablando de ellos, ¿estarán bien?
-No te preocupes, incluso si los tienen retenidos contra su voluntad, no los lastimarán. Es más, la ley estipula que incluso los Ryoka, una vez detenidos, deben recibir atención médica inmediata del Cuarto Escuadrón, al menos hasta que se decida qué hacer con ellos.
-¿Y los presos? ¿También reciben atención médica?
-Depende. Se supone que tienen derecho a la atención médica más indispensable, pero eso es según el humor de cada época, de cada grupo de guardias, del juzgado o del Segundo Escuadrón, y hoy por hoy, los tienen entre ceja y ceja, literalmente.
-¿Cómo es que un escuadrón puede anteponerse a otros?
-Ellos no lo llamarían así, pero es una manera de verlo. Pero volviendo a Minamoto, coincide que Ichigo desapareciera al mismo tiempo que tu amiga se diera a conocer en el Seireikei, tras décadas de ausencia. Es por lo menos llamativo, pero bueno, Kisuke y yo lo estamos investigando. No significa que tenga algo que ver con eso, aunque los medios digan lo contrario. O lo hayan hecho, ya que conseguí el último número de Seireikei Comunications, el diario del teniente Hisagi, y habían eliminado todo sobre el tema.
-Tampoco sabemos nada de Uryu, Chad u Orihime. ¿Estarán bien?
-AH, así que esos tres realmente los guiaron hasta aquí, ¿eh? Sea como sea, podemos esperar que ellos aclaren esta situación. ¿Por qué no te vas preparando para entrar en tu mundo interior?
-Está bien.
Yin se relajó minutos después y, una vez que hubo cerrado los ojos, se sintió siendo transportada a otra parte.
Cuando volvió en sí, estaba de vuelta en las montañas nevadas. Esta vez, sin embargo, la intuición la condujo al área de la cueva donde pernoctaba su Zampakutou, o algo así.
Al llegar a la cueva, notó que había cambiado, otra vez. Ahora, las paredes estaban prácticamente desnudas, excepto por algunas enredaderas aquí y allá, de modo que la luminosidad de los rubíes y las estalactitas de ónice negro era aún más fuerte pero también más ominosa.
-¿Hola? Shinobara, ¿estás aquí?
-Hola, Yin. Finalmente nos vemos en persona.
Yin se dio la vuelta, en busca de la voz. Encontró a su dueña al fondo de la cueva, sentada en lo que parecía una estalacmita, pero al levantarse, descubrió que era una raíz gigante, también ónix.
-Chiwa.
Shinobara era una bella mujer esbelta de piel mate, la cual contrastaba con su largo kimono rosa, envuelto en la cintura por una cinta roja fuerte, y rematada con una rosa amarilla en cada hombro. Su larga cabellera multicolor, caía en cascada en su espalda, rayos lacios de amarillo, rojo, rosa y blanco que, pese a su extraña combinación, le quedaban de alguna manera perfectos. Tenía dos ojos verdes que la miraban con curiosidad. Sonrió, y sus dientes blancos reflejaron el resplandor especial de aquel lugar.
-Sígueme.
Yin no la cuestionó, así que la siguió, admirando en silencio su belleza. La espalda de Shinobara estaba llena de flores silvestres, que emitían un dulce aroma ene. Ambiente. Mientras se adentraban más y más en lo profundo de la caverna, la humedad y el frío del exterior iban dejando paso a un clima templado y seco.
Llegaron a una zona lo suficientemente amplia como para que entraran varios autobuses sin tocarse. Allí, los rubíes de las paredes desaparecieron, y las estalactitas del techo eran apenas visibles, cargadas a más no poder de rosas multicolores.
-¡Chiwa! ¿Tú vives aquí? ¡Es tan hermoso!
-En realidad, sí. Pero he vivido en otros sitios. Por ejemplo, he vivido en el Bosque de los Santos; luego, estuve en muchas partes, en Mundo Precipicio y en Japón. Pero, hace tiempo, mis amigos y yo fuimos liberados por alguien o algo que... Oh, no importa, no quieres escuchar historias viejas.
-¡Espera, sí quiero! ¿Tienes amigos? ¿Quiénes son? ¡Cuéntame más, por favor!
-Son otras Zampakutous como yo, ya vez. Pero no hablemos de ellos ahora, tenemos una tarea por delante.
-Eh, bueno. Yoruichi dijo que nos enfrentaríamos. ¿Es eso así?
-Me temo que sí, querida. Toma.
De repente, una de las rosas del techo se desprendió justo sobre su cabeza y,cuando la atrapó, la coneja fue arrojada al suelo, encontrándose con su espada familiar.
-¿Eh? Pero si tú estás ahí, ¿cómo estás aquí?
Yin la señaló antes de señalar la espada en su mano.
-Eso es simple.
La mujer aplaudió y, acto seguido, otra rosa blanca, igual a la anterior, cayó en sus manos, convirtiéndose en una espada exactamente igual.
-Porque no tienes a la verdadera Shinobara. Yo, en cambio, sí la tengo.
Antes de que fuera capaz de reaccionar, la mujer corrió a toda velocidad hacia ella, y Yin evitó ser decapitada por un pelo.
-¿Qué rayos te pasa?
-Sólo te estoy dando una pequeña... lección de supervivencia.
Yin saltó más lejos, pero su actual rival no le daba respiro.
La coneja apenas podía esquivar y parar algunos de los golpes, siendo derribada en varias ocasiones. Comenzó a sentir dolor por primera vez, y sólo entonces recordó las palabras de Yoruichi.
-No vas a matarme, ¿verdad?
-Eso depende. Si tu mente se desmorona, lo mejor será que mueras. No podría soportar que vivieras como un cuerpo sin conciencia. Serías un alma vacía, una condena peor que convertirte en hueco.
-¡No! ¡Por favor!
-¡Pelea, Yin! ¡O muere!
Yin no quería hacerlo, pero acabó por atacarla cuando su paciencia y un corte sanguinolento en su oreja derecha la superaron. Grande fue su sorpresa cuando consiguió rasgar la hombrera derecha del vestido de la mujer, pero fue desarmada mucho antes de que la hoja llegara al hombro expuesto.
Yin saltó lejos de una nueva estocada, haciendo uso de su magia Woo Foo básica, levitando la espada. Cuando lo consiguió, el techo sobre sus cabezas comenzó a temblar.
-¿Qué pasa ahora?
De repente, fue como si las estalactitas ya no soportaran tanta hermosura y, de la nada, empezaron a llover rosas. Pero casi todas explotaron en llamaradas cuando tocaron el suelo, y el espectáculo de luces y colores se convirtió en una auténtica pesadilla.
La coneja levitó entre las rosas explosivas, cuidando evitarlas para no quedar echa cenizas. Cuando eso se volvió demasiado peligroso, acabó por saltar, ahora de estalactita en estalactita, siendo perseguida por Shinobara.
-¡No puedes escapar de esto, Yin! ¡Tu destino será sellado en esta cueva, vivas o mueras!
-¡Siempre podemos continuar esto afuera!
Yin esperaba que, una vez en el frío exterior, la ventaja de su rival se fuera a pique. Con lo que no contaba era con la acertada predicción de la Zampakutou.
-¿No me crees? ¡Entonces mira!
Los temblores habían llegado más lejos de lo que esperaba. Cuando las estalactitas se hubieron terminado, saltó de regreso al suelo, esperando encontrar la salida. Sólo que, justo en el agujero de la entrada, al menos tres enormes estalactitas bloqueaban su escape.
-¡No es justo! ¡No podré vencerte, no importa lo que haga!
-No se trata de eso, Yin.
La coneja la enfrentó, descubriéndola a la vuelta de la esquina, espada en mano, en posición pacificadora, pero eso no quería decir que fuera a tirarla lejos y rendirse pronto.
-Entonces, ¿qué quieres de mí?
-Cuando me elegiste, yo también hice una elección, te elegí a ti como mi portadora. La pregunta es, ¿sabes por qué?
Yin no bajó la guardia. Shinobara, cada vez más cerca, era ahora completamente visible. Su voz había vuelto a tener un tono tranquilo y armónico, y sus ojos la miraban crípticamente.
-Sinceramente, no lo sé.
-¿Sabes siquiera por qué comenzaste este camino? ¿Por qué eres una segadora de almas sustituta?
-Eso sí lo sé –dijo la coneja resueltamente-. Fue porque conocí a Yuki. Y ella me salvó de un hueco. Nos salvó, a mi hermano y a mí, y nunca podremos pagárselo. Por eso tenemos que rescatarla.
-Te daré mi propia respuesta, entonces. Cuando me encontraste por primera vez, la tristeza absoluta era prácticamente el único sentimiento que vi en ti. El dolor y la miseria, también, pero sobre todo la tristeza. Me viste allí, en el cementerio, luego volví a aparecer en tu clínica. ¿Sabes por qué?
-Espera. ¿Apareciste para mí para... consolarme? ¿Por qué?
-No he conocido a nadie cuya alma esté tan llena de tristeza, excepto por mi portadora anterior. Existo para traer la alegría a este mundo, y la tristeza y la miseria a tus enemigos y a todo aquel que te cause dolor y sufrimiento.
-Estás equivocada. Yo conocí la felicidad y la alegría, ¡realmente fui feliz! Pero... el Maestro Yo se fue, y cambié. Después, el padre de Lina también se fue, y entonces pensé, quiero ayudar a todas las personas que pueda. No quiero que nadie sufra lo que yo estoy sufriendo, ¿entiendes? Quiero que todos podamos ser felices, pero... ¡Simplemente no puedo serlo!
-Entonces, llora. Entristece hasta la muerte, Yin. Y cuando tengas a tus seres queridos cerca, recuerda por qué estás luchando. Ellos y tú siguen con vida, y eso es todo lo que importa. Al final, incluso aunque murió de forma prematura, mi portadora anterior consiguió ser feliz. A pesar de todo lo que sufrió, luché a su lado hasta el final, y murió con una sonrisa en los labios.
-Sólo podré ser feliz cuando todos estemos a salvo. Y cuando regresemos con Yuki. Y cuando sepa qué le pasó al Maestro Yo y dónde está. ¿Pido demasiado?
De repente, Yin ya no pudo soportarlo, y se largó a llorar, como le acababa de de aconsejar. Allí, entre la espada y la pared, conociendo su posible fracaso y muerte, dejó salir todo ese dolor que había acumulado durante años. Cuando consiguió detenerse, estaba de rodillas y, para su asombro, Shinobara estaba a su lado, mirándola con gesto solemne.
-Para ser feliz, la felicidad implica superar miedos y problemas. Un instante de alegría vale más que un millón de lágrimas. Llora de tristeza, pero también de alegría. Sé feliz aunque te hundas en la más profunda tristeza, y acepta el dolor sin rechazarlo, incluso cuando seas más feliz.
De repente, un nuevo temblor sacudió la cueva y, al voltearse, Yin descubrió que las estalactitas habían sido arrojados a un lado, mostrando la salida a la intemperie.
-Puedes seguir tu método original, no me importa. Pero sólo conseguirás morir más rápidamente. Mira.
Yin siguió su mirada, y tragó al ver una tormenta de nieve que impedía ver más allá de medio metro.
-No, ya no huiré. Te enfrentaré, aquí y ahora. ¡Florece en mi noche, Shinobara!
-Eso era lo que quería escuchar. Bien.
Yin fue la que tomó la ofensiva ahora, pero su rival acabó por contraatacar, lanzándole una andanada de rosas explosivas y rosas de fuego. Por alguna razón, la coneja las evadía o las destruía fácilmente con su espada.
-Una cosa más, querida. En mi Shikai, tengo sólo dos técnicas. Las rosas de fuego y la Noche de la Rosa Amarilla.
-¿Qué? Entonces, ¿estaba equivocada cuando...?
-No. Porque, si despiertas mi forma Bankai, podrás acceder tanto a la Noche de la Rosa Roja y de la Rosa Blanca. Sin embargo, todavía quiero ver si eres apta para blandirme.
Yin y Shinobara cruzaron sus espadas, pero la Zampakutou no tardó en superarla, arrojándola al suelo, donde la coneja rodó varios metros, perdiendo su espada en el proceso.
-Bueno, no es como si fueras digna de mí.
Yin estaba a punto de reincorporarse para seguir luchando, para convocar su magia Woo Foo una vez más y recuperar su versión de la Zampakutou.
-Después de todo, puede que no haya sido totalmente sincera contigo.
Shinobara tomó la espada de su contrincante y,acto seguido, la arrojó contra una estalactita, haciéndose mil pedazos.
-Ya sabes, dicen por ahí que la belleza tiene un costo. La alegría, el precio de la tristeza.
-Oh, ¿podrías callarte de una vez? ¡Ya suenas como mi tonto hermano!
Para el genuino asombro de la Zampakutou, Yin se reincorporó, enfrentándola con las manos desnudas. Yin trató de invocar los puños de fuego o del poder, pero ya no tenía las energías para hacerlo.
-Chiwa, y justo cuando creía que podría tener alguna esperanza.
-Bueno, todavía te queda un día entero. No tengo prisa.
-Espera, ¿ya pasaron dos días? ¿Cómo?
-El tiempo pasa más rápido en el exterior que aquí. Al igual que en un sueño, cuando en tu cabeza pasaron diez minutos, fuera puede que hayan transcurrido varias horas.
Shinobara se dio la vuelta, caminando despreocupadamente por la caverna, mientras la coneja se sujetaba ambas orejas con frustración. Si no la mataba la pelea, lo haría el agotamiento de su mundo interior. No creía saber qué le pasaría entonces, aunque su amable Zampakutou le mostraría misericordia mucho antes, o lo que consideraba misericordia.
Fue cuando su pie chocó con un fragmento de su espada que sus ojos se abrieron como platos. Entonces, fue buscando cada uno de los fragmentos de su arma, dispersos por toda el área, y empezó a juntarlos lentamente.
-¿Qué haces?
-Ya sabes lo que dicen, la belleza tiene un precio. Y puede que no estés tan feliz muy pronto. ¿Quién sabe? Tu tristeza podría ser el precio de mi alegría.
Yin le mostró la pequeña pila de fragmentos en su mano, donde el metal roto la estaba cortando sin piedad. Pero era obvio que no habían suficientes trozos como para reconstruir ni siquiera la hoja.
Shinobara sonrió, repentinamente contenta, incluso más que antes.
-Ya lo resolviste, veo.
Yin le devolvió la sonrisa, antes de apretar su mano, reprimiendo un grito de dolor por los cortes. Al volver a abrirla, ya no eran pedacitos de metal triturado lo que sostenía, sino una espina. Al sacársela, una rosa brotó de la herida. Luego otra y otra, y luego la espina se incrustó por sí sola en las flores, antes de que la espada volviera a aparecer.
-Toda rosa tiene sus espinas. Lo suficientemente justo, ¿no te parece?
Yin asintió, pero su espada cayó a su lado.
-¿Qué estás haciendo?
-¿Sabes qué? No hay tristeza sin alegría, ni alegría sin tristeza. Prefiero que ambas tengamos una porción justa de ambas.
Shinobara sonrió, y abrió su mano, dejando que su espada se deslizara hasta tocar el suelo.
-¿Te estás rindiendo?
-Eso depende. Sólo si tú también te rindes. No está mal rendirse a las emociones que nos hacen ser lo que somos.
Yin la imitó. Cuando ambas espadas estuvieron en el suelo, brillaron intensamente, antes de fundirse en una nueva. Similar a la original, pero con algunas diferencias. A la coneja no podía importarle menos este hecho justo ahora.
-Otra cosa, Yin. Tú y yo somos especiales. Debes saberlo.
-Gracias. Ya no tengo que soportar esta carga en soledad.
-Eres apta, Yin.
Justo antes de que la cueva se desvaneciera en el familiar resplandor, el mismo que la había despedido cuando recuperó sus poderes la primera vez, repentinamente recordó algo.
-Espera, ¿no me dijiste por qué hay una criatura viviendo aquí. ¿Qué es? ¿Es mala?
-Eso depende de ti, no de mí.
Yin se permitió regresar, volviendo a abrir los ojos y encontrándose fuera del estanque, con su vestimenta shinigami ahora limpia y seca, y sintiéndose renovada.
A su lado, aunque a un par de metros a la izquierda, su hermano yacía en una posición similar, pero seguía "dormido".
-Increíble. ¡eso fue más rápido incluso que Ichigo!
Yoruichi, en su forma humana, la saludó, felicitándola por su trabajo bien hecho.
-Yang sigue allí, ¿verdad?
-¿Si sigue vivo? Sí. ¿Si continúa luchando con su Zampakutou? También.
Yin asintió, aceptando una manzana de la veterana.
-Mientras tanto, no hay drama, no tenemos por qué esperar con el estómago vacío, ¿hmm?
-Estoy de acuerdo.
En su oficina, El capitán general Kyoraku suspiró, cansado. Los últimos días habían sido una vorágine de problemas.
Tras regresar de su apelación en una de las salas de la Central, se encontró con un nuevo problema. Tanto Byakuya como Toshiro y Shinji habían conseguido desmovilizar a sus escuadrones, pero los demás seguían sin ceder, o bien confundidos o bien furiosos por el destino de sus capitanes y demás oficiales de alto rango, y Syunsui necesitó de todo su autocontrol para no explotar. Acababa de dar un discurso de desmovilización general a todo el Seireikei con el altavoz personal de Yamamoto, y aún así, no había podido convencer a todos del por qué para dejar de buscar a los últimos Ryoka, actualmente en paradero desconocido.
Nanao se estaba yendo por el día, habiéndolo saludado rápidamente, cuando alguien tocó a la puerta un segundo después.
-Lamento molestarlo a esta hora, Capitán Comandante, pero necesitaba informarle esto urgentemente.
-Oh, Byakuya, eres tú. Ven, pasa. ¿Una copa de sake?
-No, gracias. Hace dos días, uno de mis oficiales nos traicionó, como informé.
Nanao hizo amago de irse, pero su capitán le indicó que se quedara con una señal silenciosa. Se sentó a su lado, escuchando las últimas noticias con curiosidad.
-¿Qué, ya hay novedades? ¿Tus hombres lo han aprehendido?
-Ése es el problema, Capitán Comandante. Es demasiado veloz y fuerte para mis oficiales de bajo rango, y no pienso enviar al teniente Abarai a su siga tras su última pelea con el Ryoka.
-Eso no es algo muy útil.
-Es por eso que acabo de elaborar un nuevo plan. Pero no hay garantías de que funcione.
-Byakuya, tenemos ya dos crisis entre manos, no necesitamos una tercera. Ve al grano ya.
-Para capturar a Yusei Shirokawa, necesitaríamos una carnada, algo o alguien que sea de su interés. Como Aizen.
-¿Estás bromeando? No me importa qué tenga tu oficial renegado con Aizen, no sería el primero de todos modos.
-Podría haber una segunda opción, una menos... desesperada.
-¿En quién estás pensando?
-En Yuki Minamoto. Pero primero, debo pedir su permiso para interrogarla y confirmar así mis sospechas.
-Si se me permite la palabra, capitanes –Nanao los detuvo, captando sus miradas-, Minamoto, que yo sepa, no recuerda casi nada de su pasado.
-Además –la secundó su capitán-, son de generaciones diferentes. Minamoto es contemporánea de tu hermana y su generación, ¿y cuándo se graduó Shirokawa? ¿hace diez años? No veo la conexión.
-Eso es verdad, y podría estar equivocado. Pero si mi corazonada fuera correcta, ambos están conectados.
-Nanao, por favor, busca el archivo de Yusei Shirokawa en los registros sobrevivientes de la Biblioteca Central. Mira si llegó a la sociedad de almas alrededor de la misma época que Minamoto.
-A la orden.
-Bien, mientras tanto, necesito tomar algo para calmar mis nervios.
-No quiero sonar grosero, Capitán Comandante, pero no creo que el sake ayude.
Ambos hombres rieron, pero cuando Kyoraku estaba a punto de despedir al capitán Kuchiki, Nanao regresó, con una hoja de un registro en su mano.
-¡Es del mismo año! –dijo una Nanao alterada.
Ambos capitanes se pusieron rígidos tras sus últimas palabras.
Justo cuando Kyoraku iba a decirles algo más a sus subordinados, alguien golpeó la puerta con apremio.
-¿Quién es?
-¡Kirisame! ¡Capitán Comandante, es mejor que escuche esto! ¡No querrá enterarse por otros medios!
Kyoraku le dejó pasar, y tanto los capitanes como la teniente y subcapitana lo observaron con interés.
Shinto Kirisame estaba jadeando, como si acabara de correr una maratón.
-¿Qué ocurrió? ¿Conseguiste concertarnos un encuentro con Matsubara?
-No se trata de eso, Capitán Comandante. Oh, veo que tenemos compañía. No importa, el teniente Hisagi lo estará publicando mañana a primera hora.
-¿Qué pasó? ¿Qué te dijo Hisagi?
-Capitán Comandante, capitán Kuchiki, teniente Ise... –respiró hondo, tratando de recomponerse y, cuando consideró que volvía a ser seguro respirar, soltó-: una prisionera acaba de morir.
Un silencio ominoso cayó en la habitación, sólo roto por el latido de sus corazones, al compás del miedo.
-¿Quién, Kirisame? –fue lo que dijo su capitán, una vez el paso de los minutos le hubo devuelto la capacidad del habla.
-Mikuru kazekumo.
N/A: estamos de OV! Y no, eso no es para celebrar!
Brick: cómo es el Bankai de Yin? ¿Y quién es la prisionera que acaba de morir? Oye, no se suponía que una vez en el Muken, siempre en el Muken?
Yo: habrá sido asesinada? ¿O perdió la voluntad de seguir viviendo e hizo algo para terminar con su existencia? No lo diré, no estoy haciendo spoiler semejante!
Brick: la habrá matado Aizen? ¿Qué pudo haber pasado? Y cómo, bajo las narices de todos? Esto me huele a conspiración cósmica!
Yo: hmm, quizás estaría buscando despertar su Bankai? Ya sabes, hay muchas maneras de morir en Bleach. Cambiemos de tema por algo más alegre! Yin acaba de superar su prueba!
Brick: es cierto! Y ya quiero ver cómo se las arregla Yang! Algo me dice que no la tendrá fácil, jejeje.
Yo: y para mantener más aún el suspenso, decidí dejar los detalles de cada Bankai de los conejos para más adelante... Una pista, los verán en acción muy pronto. Después de todo, quedan muchas batallas!
