N/A de Brick: hola de nuevo!
No pude evitar notar que mi amigo se equivocó la última vez. Encontré su error, así que no era sólo el capítulo 10 el que tenía más de un punto de vista... también el capítulo 15 y el 16, por ej! Ah, él está en un aprieto ahora!
Yo (huyendo de una horda furiosa): tiene razón! Auxilio!
Brick: así que me toca a mí hacer esta nota de autor. Uh... en fin, aquí hay otro capítulo con más de un punto de vista, después del anterior. Atención! Algunas revelaciones importantes en este capítulo! Y más acción por venir!
Yo: no se olviden de dejar sus comentarios!
Brick: por último, este capítulo va dedicado a Martita y el pato en su cumpleaños!
Capítulo 25
Almas en fuga
En la oficina del capitán Hitsugaya, Rangiku Matsumoto caminaba de aquí para allá inquieta. Su capitán se había marchado hacía horas, con el rostro impasible pero con los ojos transmitiendo una preocupación justa con el momento actual. El Juzgado no debía enterarse del movimiento sorpresa.
Segundos después, la puerta se abrió con un estrépito, y la teniente se encontró mirando con interés a sus visitantes. Tres humanos conocidos arrastraban a algunos Ryoka algo aturdidos.
-¡Finalmente! ¡Y miren esto, uh-hu!
Rangiku se animó de inmediato, saltando sobre sus amigos y yendo a atosigar a los desconocidos. Roger parecía ofuscado, se frotaba su cuerno recién curado con ansiedad. Sus amigos estaban en una situación similar, ansiosos, confundidos o simplemente aturdidos.
-¡Miren esto! ¡Oh, un goblin de verdad! –Rangiku levantó a un Jobeaux adormilado en sus brazos y empezó a girarlo sin contemplaciones, antes de soltarlo-. Y oh, ¿eres un árbol parlante real? –sacudió a un Dave tembloroso, que pareció entrar en pánico en cuanto la animada shinigami lo tocó.
-Eh, Rangiku, no creo que sea una buena idea que te lances así sobre ellos... –Uryu habló rápidamente, gesticulando con impaciencia.
-¡Miren esto! ¡Una perrita, un pollo y un oso de peluche! ¡Y ah, ya sé, eres un... eres un... un ogro!
-Realmente, rangiku, quizás... –Orihime imitó a su amigo quincy, fallando estrepitosamente.
No hizo falta que Chad hiciera su intento. Fueron los Ryoka los que detuvieron a la intrépida teniente por sí mismos.
-¡Oye, oye! –Jobeaux saltó, entre asustado y enojado.
-¡Eh, tengo miedo!
-¿Quién, coo, se cree que es para, coo, abordarnos de esta manera?
-Tranquilízate, ¿quieres? –Lina ladró, literalmente.
-¡No soy de peluche, para que lo sepas!
El griterío acabó por frenar el entusiasmo de la teniente, que decidió retroceder y cambiar su actitud alegre por una más regia.
-Pero están en una pieza, bien. Y ya les dijeron que soy una aliada, ¿verdad?
Los gritos cesaron, pero el grupo se mantuvo alerta.
-No tenemos tiempo para esto –Uryu resopló-. Tenemos que irnos ahora.
-¿Qué hay de Yuki? –Dave se estremeció de miedo.
-¡Sí, no podemos dejarla atrás! –Jobeaux estuvo de acuerdo.
-¿Y enfrentarse ustedes solos con trece de los mejores luchadores de la sociedad de almas? –la voz profunda de Chad los detuvo-. ¿Acaso se han vuelto locos?
-¡Pero no podemos abandonarla! –saltó Vinnie.
-Si todo sucede como cuando llegamos aquí la primera vez, permítanme aventurar una idea –Rangiku elevó sus manos en el aire, frenando la discusión-. Ya sé, ichigo no está aquí, pero mis conexiones deberían ser tan buenas como para sacarlos de aquí antes de que cualquiera se de cuenta.
-¡Eso no salvará a nuestra amiga! –se opuso Roger, cruzándose de brazos.
-Confía en mí, el Capitán Comandante está allí, y no soñaría con que él la dejara partir sin más.
-partirla a la mitad, querrás decir. Porque oye, ese amigo tuyo nos lo dijo esta misma mañana –escupió Lina.
-¿Quién, Hisagi? ¡Oh, eso es dulce!
-¡Sin contar que no sabemos si Yin y Yang siguen vivos! –Dave agregó.
-La última vez que lo comprobé, Hanataro y Ganju dijeron que se iban con Yoruichi a dios sabe dónde –informó Chad con calma-. Pueden confiar en ella, lo prometemos.
-Pero Yuki... –comenzó Lina, pero Rangiku la cortó.
-Estará bien, ¿de acuerdo? ¡Ahora vámonos! ¡No podemos perder más tiempo!
Sin esperar una respuesta, la teniente salió corriendo, y los demás tuvieron que seguirla para evitar perderla de vista.
Mientras se dirigían a la salida del Seireikei, el sonido atronador de las alarmas los hizo temblar.
-¡Oh, no! ¡Estamos muertos! –sollozó Dave.
-¡Estaremos muertos si no corres más rápido! –lo amenazó Roger.
-¡No se preocupen, yo los cubro!
Rangiku se desvió en otra dirección, rumbo a la enfermería, donde los Ryoka habían permanecido detenidos e inconscientes hasta su rescate por los humanos. Claro, habían tenido que esperar a que los oficiales del Cuarto Escuadrón los curaran, y eso había llevado casi un día entero. Después, consiguieron colarse una noche en sus habitaciones, poniéndose al día y planeando su salida, justo cuando todo el mundo se alistara para la ejecución de su amiga, pero Hanataro les había conseguido la salida que necesitaban, desviando la atención de la guardia de turno el tiempo suficiente.
Ahora, Rangiku consiguió llegar al área donde los habían retenido anteriormente, momentos antes de que algunos oficiales despistados con túnicas como las de Hanataro doblaran la esquina, deteniéndose al verla.
-¡Acabo de venir tras escuchar la alarma, amigos! ¡pero cuando llegué, ya se habían ido!
-¿Cómo? –se sobresaltó uno de los recién llegados, patinando a dos metros de la teniente-. ¿Y los que estaban en el primer turno de la mañana?
En cuanto el grupo avanzó para abrir las puertas de la enfermería, la visión general captó a al menos unos cuatro oficiales golpeados e inconscientes en el suelo.
-Ahí están tus amigos, uh –Rangiku se rascó la cabeza, pero se compuso rápidamente y, dándose la vuelta, gritó-: ¡Muy bien! ¡Tengo que regresar para notificar a mi propio escuadrón, queridos! ¡nos vemos!
Cuando volvió al pasillo, al menos un centenar de oficiales de casi todos los escuadrones pasaban corriendo a su lado, mientras las alarmas seguían sonando estruendosamente. La confusión era total.
-¡Ya casi llegamos! –Orihime anunció al grupo.
Fue cuando una silueta familiar los detuvo.
-¡Un momento! ¿Dónde está?
Todos pararon en seco. Delante de ellos se encontraba un eufórico Kenpachi, sus más recientes cicatrices aún visibles en su cuerpo.
-¿Dónde está ese conejo? ¡Tengo que derrotarlo!
-Uh, ¿capitán Zaraki? ¿No ve que estamos en medio de una situación aquí?
-¡Oh, ya oí la alarma, muchas gracias! –antes de que pudiera continuar, sin embargo, sus ojos se detuvieron en los viejos amigos de Ichigo-. Un segundo, ¿señorita Inoue!
Orihime sonrió, aunque no tenían tiempo para saludos.
-¡Oh, hola capitán! Eh, no hemos visto a Ichigo si eso es lo que te estás preguntando, uh.
-¡Oh, no hay problema! ¡Pero ahora mismo tengo un nievo rival por superar! ¿Por casualidad, no han visto a un conejo azul?
-¡Sí, es, coo, amigo nuestro!
-¡Qué bien!
Mientras, siguieron corriendo, con kenpachi ahora a su lado. El capitán del Escuadrón 11 parecía imperturbable ante los innumerables moretones y cicatrices que surcaban su rostro y espalda. Todo lo cual no fue impedimento alguno para su velocidad.
-Si lo conocen, díganle que quiero la revancha.
-Quizás en otro momento –interrmpió Orihime-, ahora mismo estamos buscando una salida.
-¡Oh, sé dónde podemos encontrar una! Hm, no es por entrometido, pero supongo que no tendrán nada que ver con todo el lío actual, ¿verdad?
-Depende, ese lío ¿involucra a medio mundo buscándonos por escapar de la enfermería? –saltó Vinnie, intentando seguirle el paso al capitán.
-Eh, no estoy seguro. ¡YO acabo de escapar de la gente del Cuarto Escuadrón, no soy alguien para hablar! Pero ¿quién puede aguantarlos?
-Bueno, son los encargados de curar las heridas por aquí, no veo por qué faltarles el respeto –se quejó Lina, claramente poco impresionada por la actitud fanfarrona de su nuevo compañero.
-¡Un momento, estoy sintiéndolos cerca de aquí! –Uryu hizo que se detuvieran una vez más, concentrando sus miradas en él-. ¿Ustedes también pueden sentirlos, chicos?
-¡Es cierto! –Orihime saltó, una sonrisa radiante transformando su cara por completo.
-¡Afirmativo! –Chad asintió junto con ellos.
-¡Sí, el conejo volvió por mi revancha! ¡Voy a estar encantado de devolverle el favor por enviarme de cabeza a la enfermería!
-¡Espere, capitán! –se sobresaltaron todos.
-Si se refieren a Yin y Yang, eso debe significar que acaban de reaparecer... qué oportuno –Roger resopló.
-¡Sí, y eso también significa que no puede matar a nuestro amigo! –Dave tuvo que saltar en defensa del conejo, aunque el grandullón a su lado parecía capaz de convertirlo en aserrín si así lo deseaba.
-¿Por qué no? ¡Hacía mucho que no me divertía tanto!
-¡ellos son parte de la razón por la que la alarma está sonando! ¡Estamos con ellos, y ellos deben estar salvando a la oficial Minamoto de su ejecución en este preciso instante, capitán Zaraki! ¿Es demasiado pedir que olvide su rivalidad por un segundo y piense en esa pobre chica? ¡ella es inocente, mi capitán y yo estamos seguros! ¿Es justo que la ejecuten por meros rumores?
La inesperada diatriba de Rangiku pareció desconcertar a Kenpachi por un momento, hasta que acabó por encogerse de hombros, aunque su sonrisa no desapareció.
-Está bien, querida. Supongo que golpearé la cara del conejo azul otro día, ¿eh? En cuanto al juicio de la subordinada del Capitán Comandante, ¡es inaceptable! Esta misma mañana, el teniente Hisagi publicó su retractación del artículo donde la culpan de la desaparición de Ichigo, pero al parecer mucha gente no está dispuesta a pensar así.
-¡Gracias, capitán Zaraki! ¡Eso significa mucho para nosotros! –Orihime expresó su alivio.
-¡Bromea, señorita Inoue? ¡Byakuya está directamente involucrado en la cacería de tus amigos por lo último que me contaron, y él y yo tenemos una batalla pendiente! ¡No pienso perderme esta oportunidad para saldar cuentas! ¡Yami era mío, maldición!
Con eso aclarado, el capitán les señaló la salida más adelante, antes de partir en búsqueda de su combate.
-Eh, ¿de veras Yang luchó con ese tipo? –Dave se estremeció sólo de decir las palabras.
-Lo sé, amigo, me estremezco de pensar que quiera la revancha. ¡Se veía realmente rudo! –Jobeaux no pudo evitar estar de acuerdo con el tocón.
-Agradezcamos que ahora esté de nuestro lado. Si Yin y Yang están aquí, van a necesitar toda la ayuda –Lina había recuperado la esperanza, pero su mirada determinada no dejaba traslucir emoción alguna más allá de ésa.
-Oh, estoy experimentando un déjà vú –dijo Orihime.
-¿Por qué? –le preguntaron sus nuevos amigos.
-Oh, bueno, la última vez que estábamos en grandes problemas, Kenpachi apareció para ayudar. Ichigo acababa de enfrentarse con un enemigo formidable, un arrancar de Hueco mundo. Llegó uno aún más fuerte, Ichigo estaba apenas en pie, y nuestra amiga Nel estaba fuera de combate. ¡Oh, él y Yachiru aparecieron en el momento justo! ¿Se acuerdan, amigos?
-Y la vez anterior a ésa, nosotros mismos estábamos buscando una manera de escapar de aquí –acotó Uryu, sin dejar de correr-. Ichigo no estaba a la vista, pero reapareció justo a tiempo. En ese entonces, Rukia era el centro de atención del Seireikei, por razones similares a su amiga.
-Oh –fue toda la respuesta que recibió su comentario por parte de los actuales ryoka en fuga.
Syunsui Kyoraku suspiró. El Capitán Comandante se había anticipado a la ejecución de su oficial tanto como le fue posible. Lo que no pudo anticipar fue el caos resultante. A su lado, Jinzo Hiyumi discutía sin parar con sus colegas del Juzgado, pero sus histéricas exclamaciones, con todo el griterío indignado de por medio, no podían interesarle menos.
Se cruzó de brazos, haciendo todo lo posible por impedir que la preocupación extrema se filtrara a través de sus rasgos, actualmente impasibles pero no menos atentos a su entorno.
Los demás capitanes que habían asistido a la ejecución fallida estaban actualmente dispersos, gritando órdenes a sus escuadrones, todo en mitad de las secuelas del estallido del Sangeki.
-¡Capitán Comandante, debemos detener a los fugitivos cuanto antes! ¿Capitán Comandante?
-Tiene toda la razón, señor Hiyumi, así que será mejor que dejemos de perder el tiempo y hagamos algo al respecto. ¡nanao, conmigo! –su fiel subcapitana apareció a su lado al siguiente instante, cuadrándose al estilo marcial-. Todo el mundo ya está en marcha, será mejor que hagamos lo mismo. Pero primero, necesitamos reunirnos con Kirisame, seguramente él tendrá preparado algún informe sobre este resultado inesperado. Confío en que una situación similar tenga entretenido a Okikiba. ¡Vamos ahora!
Nanao asintió, y tanto ella como su capitán partieron para su división, dejando al juez superior con la palabra en la boca.
Por lo tanto, se perdió la pequeña sonrisa en el rostro de Kyoraku.
FLASHBACK
-Pero capitán, no estamos permitiendo la ejecución de Minamoto, ¿verdad?
-Claro que no, Nanao.
-Entonces, ¿por qué vamos a asistir?
-Por dos buenas razones. En primer lugar, se lo debemos a Minamoto, ella cuenta con que estemos allí para ella; en segundo lugar, las apariencias importan mucho estos días.
Poco antes, se había topado con los famosos ryoka, que eran realmente conejos, como se rumoreaba, al igual que con Yoruichi, entregándoles el Sello del Juicio Final, convenientemente escondido entre sus cosas, antes de verlos partir. Sólo ellos, Nanao y Kyoraku sabían sobre su pequeño movimiento para detener la ejecución, y el Capitán Comandante esperaba, contra toda esperanza, que fuera suficiente.
-Pero capitán, ¿no se molestarán los jueces si intervenimos en esto?
-Ellos son la menor de nuestras peocupaciones en este momento. Además, uno de ellos me confió ese sello con su vida, y no pienso dejarlo en la estacada justo ahora.
-Sólo esperemos que los demás capitanes no se hagan una idea equivocada, Dios sabe que no necesitamos más luchas internas en este mismo instante.
FIN DEL FLASHBACK
-Pues parece que sí que se hicieron una idea equivocada, querida Nanao. Ojalá se den cuenta de lo tonto que es pelear entre notostros muy pronto, porque vamos a necesitar a todos y cada uno de los escuadrones si queremos llegar al fondo de esto. Dios mío, la Central va a estar pidiendo mi cabeza para esta misma tarde al ritmo que vamos.
-¡Hola, Byakuya! ¿A dónde vas con tanta prisa?
-No puedo quedarme a platicar, Kenpachi, por si no te diste cuenta, hay algunos ryoka sueltos por ahí, dos en específico se llevan a una persona buscada con ellos ahora mismo.
-¡Oh, qué lástima! Temo que tenga que unirme a ti.
-¿Para buscar a los ryoka?
-No, ¡para ponerme en el camino!
Para sorpresa del capitán del Sexto Escuadrón, su colega realmente se interpuso en su camino, adoptando una postura de batalla con una amplia sonrisa.
-¡Hazte a un lado, Kensei! ¡Esos ryoka se escapan!
-Eso ya lo sé, Tetsuzaemon. Sólo sentí la sensación de que, en este caso, no debemos ir tras ellos. ¿No lo ves?
-¿Qué es lo que no veo, según tú?
-¡No debemos actuar sin pensar primero, Tetsuzaemon!
-¡Ellos son el enemigo, Kensei! ¡Quizás eres tú quien no está pensando con claridad y no yo!
-¡Detente, Tetsuzaemon! ¿Qué diría Sajin si estuviera aquí?
-¡Él estaría de acuerdo conmigo, estoy seguro! ¡No te atrevas a hablar por mi antiguo capitán, Kensei, no tienes derecho!
-No estás pensando con claridad, eso es todo.
-¡No sabes nada, amigo! ¡Tú no viste de lo que son capaces estos ryoka! ¡No viste cómo tus hombres eran barridos como moscas en un santiamén! ¡Y no permitiré que eso se repita!
-¡Debo estar en desacuerdo!
El capitán del Noveno Escuadrón, Kensei Muguruma se enfrentó al capitán del Séptimo, Tetsuzaemon Iba.
-¿Qué estás haciendo, Shinji? ¡Tenemos que detener a los ryoka!
-¿Recuerdas cuando nosotros mismos éramos fugitivos de la ley, Lisa? Nos expulsaron por los crímenes de Aizen, Urahara y Tsukabishi fueron responsabilizados por sus fechorías, y sin embargo nos ayudaron a escapar. Recuerdo haber ayudado a Ichigo en la guerra contra los arrancar, y aunque él no esté aquí, me niego a ir tras estos ryoka sin una buena razón.
-Tú mismo te enfrentaste a los extraños amigos de esos conejos, ¿por qué te pones de su lado justo ahora?
-Porque escuché al Capitán Comandante Kyoraku, y él dijo que ellos están con los amigos de Ichigo. Supongo que les debo algunas disculpas.
-Esa shinigami está involucrada en la desaparición de Kurosaki, sabes. Y da la casualidad de que, al mismo tiempo, también nuestros amigos desaparecieron. ¿Qué pensaría Hiyori de ti si te viera ahora?
-¡Eres la menos indicada para hablar de ellos en este momento, Lisa! Hachigen podría sermonearte al respecto si estuviera aquí, ya sabes.
-Está bien, haz lo que quieras. ¡Pero no me impidas ir tras los ryoka!
-No estés tan segura.
Shinji Hirako bloqueó el paso a una de sus mejores amigas de su tiempo como líder de los Vizards, Lisa Yadomaru, la actual capitana del Octavo Escuadrón, quien le lanzó una mirada de advertencia.
-¡capitán Hitsugaya, qué sorpresa!
Toshiro Hitsugaya no pudo evitar la mirada de sorpresa cuando Rukia Kuchiki, con su atuendo de teniente del Escuadrón 13, se puso al día a su lado. Incluso sin una doble toma, cualquiera podía ver que la enérgica shinigami estaba a medio camino de la recuperación, con vendas cubriendo sus hombros y la parte posterior de su cabeza.
-Bueno, acaba de surgir una nueva crisis. Oye, no quiero sonar entrometido, pero ¿no se supone que deberías estar en el Escuadrón 4, recuperándote de tus heridas?
-Sí, pero la encargada del barracón de la enfermería donde me colocaron me comentó algo interesante. Me matará por escaparme, pero mi hermano también está en medio de esto, y tengo que ayudar de alguna manera.
-Eh, él querría que te recuperaras por completo primero, ¿verdad?
-¡Ya lo sé! ¡Pero Orihime y los demás andan por ahí, y necesito algunas respuestas!
El capitán maldijo para sus adentros, sin haber previsto este último desarrollo. Claro, Rukia Kuchiki, de todas las personas, acabaría enterándose de la reaparición de los tres humanos antes que nadie, sólo esperaba que fuera en otras circunstancias.
Doblaron una esquina y, tras cerciorarse de que tenían un espacio libre, sin nadie alrededor, el capitán Hitsugaya saltó frente a Rukia, bloqueándole efectivamente el paso, obligándola a parar en seco.
-¿Qué estás haciendo?
-Impidiendo que cometas una estupidez, eso estoy haciendo. Si Ichigo estuviera aquí, estaría de acuerdo conmigo.
-¡Minamoto es responsable de la desaparición de Ichigo, capitán Hitsugaya! ¿Y quiere que la deje escapar? ¿Con esos ryokas?
-¡Esos ryokas están con Orihime, Chad y Uryu! ¿O es que ya lo olvidaste?
-¡En ese caso, obtendré varias respuestas cuando los alcance!
-Todos merecemos respuestas, no lo niego, pero éste no es el momento para eso.
-Entonces, ¿eso significa que intentarás detenerme?
-Aunque no quiera hacerlo, Rukia, debo interponerme en tu camino.
-Bien.
Rukia Kuchiki y Toshiro Hitsugaya desenvainaron sus Zampakutous, listos para liberar su Shikai.
-¡Capitana Sui-Fong, espérenos! ¡Simplemente no puedo correr tan rápido!
-¡Ya cállate, Omaeda, no me dejas pensar!
La oficial Natsuyume, el teniente Omaeda y la capitana Sui-Fong corrían a toda velocidad para alcanzar a los ryoka. Su escuadrón ya había sido movilizado, al igual que los demás, debido principalmente a la alarma que, para el fastidio de la capitana, no paraba de sonar, poniéndola de los nervios junto con toda la situación.
De repente, otro capitán apareció a su lado, sus oficiales superándolos a los cuatro rápidamente, cabeza con cabeza un centenar de oficiales de los Escuadrones 2 y 3.
-Capitán Otoribashi, parece que somos de los pocos capitanes que no han perdido la cabeza por aquí a este punto.
-Oh, me halaga, capitana Sui-Fong.
-¿A qué se refiere? –Omaeda expresó su desconcierto, intercambiando una mirada de confusión con Natsuyume.
-No quiero ponerme a discutir los pormenores de quién está siendo más descerebrado que quién en estos momentos, pero sí, capitana, me alegro de no estar entre ellos. ¿Y usted, capitana Sui-Fong? –ante la mirada iracunda de su colega, agregó-: Sin ofender, pero ya hace tres meses que nadie parece conservar la calma por aquí, y esta últma crisis sólo lo empeora.
-¡Nosotros estamos del lado de las leyes y la justicia, naturalmente! ¿Qué hay de usted?
-Sí, estoy con la gente de la sociedad de almas, si a eso se refiere con la justicia y la ley, capitana. Sin embargo, temo tener que hacer una excepción ahora mismo.
Sin previo aviso, Rose Otoribashi descubrió su Zampakutou, antes de desenvainarla, presumiblemente para liberar el Shikai.
-¿Qué hace? ¿Se ha vuelto loco? –Omaeda chilló de horrorizado asombro.
-¡Capitana, cuidado! –Natsuyume parecía igual de sorprendida y asustada por toda la extraña situación.
-¡Háganse a un lado, ustedes dos! –rugió su capitana, mientras convocaba su propia Zampakutou-. ¡No pierdan a los ryoka! ¡Me encargaré de este traidor por mí misma!
Ambos oficiales dudaron por un segundo, pero asintieron y volvieron a la persecución.
Yin y Yang siguieron corriendo, con el conejo azul cargando ahora a su amiga, todavía débil y conmocionada, con el caos a su alrededor.
Justo cuando parecía que podrían lograrlo, estando a menos de doscientos metros de una de las salidad del Seireikei, algo cambió en el aire. Fue como si los gritos de sus perseguidores, tanto de los que acababan de ser echos a un lado sin contemplaciones como de quienes aún los perseguían, se detuvieran por un instante.
Y entonces, al siguiente instante, una gran explosión sacudió todo el lugar repentinamente. Fueron capaces de mantenerse firmes en el suelo, pero tras el estallido del Sangeki, no esperaban más explosiones.
-¿Crees que Kukaku haya arrojado una nueva tanda de cohetes? –Yin fue quien formuló la pregunta.
-No lo sé, pero si ella y Ganju comenzaron a celebrar sin nosotros, ¡voy a golpear al idiota para que se enteren! ¿Qué? No podría desquitarme con Kukaku, ¡ella nos dio los cohetes para llegar aquí en primer lugar, además es demasiado poderosa para mí! ¡Prefiero elegir mis batallas y seguir vivo después!
-Lo que digas.
-¡Cuidado!
Tras el grito de Yuki, se prepararon para un nuevo estallido, mienras se tapaban los oídos, ahora advertidos.
Una tercera explosión masiva sacudió el Seireikei, pero fue la última, para su alivio.
-¿Por qué tengo la sensación de que esas explosiones no fueron idea de Kukaku, Yang?
-Habla por ti misma, hermana.
-En realidad –una nueva voz se les unió, desconcertándolos-, estamos celebrando, pero no por ustedes o su excusa para un rescate. No, estamos celebrando la caída del yugo de la sociedad de almas, queridos amiguitos.
Los conejos parpadearon hacia el recién llegado.
-¡Un momento! ¡Te conozco! –saltó Yang, sonriendo de alivio-. ¡Eres ese chico loco que nos ayudó antes!
-AH, así que me recuerdas, veo. Bien, lástima que no tenga importancia. Después de todo, mi ex capitán podría haber terminado el trabajo.
Ante ellos, Yusei Shirokawa se paró solemnemente, aunque sin una Zampakutou a la vista.
De repente, otra figura se paró a su lado, saliendo de la nada.
-Mejor así, amigos, nos facilitarán las cosas. Yusei, vete ahora. Estos dos son mi problema ahora.
Frente a ellos, un shinigami alto y desgarbado, con la túnica del Escuadrón 12, con anteojos con aumento, rubio con una raya naranja en mitad de la cabeza, ataviado con una capa llena de símbolos matemáticos en rojo, le habló a su compañero, quien pareció sobresaltarse por un segundo, antes de reconocer a su interlocutor.
-Como quieras, Eiji. Sólo recuerda dejar a Minamoto para el final, como prometiste.
-Todo está fríamente calculado, Yusei, fría y meticulosamente calculado.
El peliblanco con restos de pintura negra y naranja asintió, antes de desaparecer con un destello.
-Lo siento, no me he presentado. Soy Eiji Fujigawara, un placer.
-¿Qué quieres con Yuki? ¡No te la llevarás! –Yang le lanzó una mirada firme al recién llegado.
-Oh, aún no, pero será atendida a tiempo. Por ahora, permítanme hacer algunos... cálculos. ¡Les importa si mido sus almas?
-¿Qué? –gritaron los conejos al unísono.
-¡Predice el destino de todas las almas, Sokutei!
De repente, se manifestó la extraña Zampakutou de su actual enemigo, liberando su Shikai.
Hizo levitar entre ellos tres reconocibles objetos de gran tamaño: una regla, un compás y una escuadra verdes con marcas doradas, aunque los indicadores de las medidas no estaban por ninguna parte. Eiji atrajo la regla de un metro de longitud hacia su mano, antes de apuntarla en su dirección, y en el espacio entre ellos aparecieron arcos de energía de diferentes colores.
-¿Qué harás, medirme la talla de mis zapatos? –se burló el conejo azul.
-Algo me dice que no es eso lo que pretende, hermano.
-De hecho, mediré sus almas. Luego, morirán.
