N/A: volví! Y esta vez, no me detendrá una confusión de puntos de vista!

Primero que nada, hubo un error en el último capítulo con respecto al título. Por eso hemos cambiado el anterior por uno diferente, y decidimos titular este capítulo como aquel. Perdón por la confusión, pero simplemente no esperaba hacer tantos cambios. Eso es todo! Soy genial!

Brick: uh, cuándo se te van a bajar los humos, amigo? En fin, tengan otro capítulo!

Yo: ya sé, el suspenso me está devorando por dentro, seguro! Continúa la pelea entre nuestros conejos favoritos y mi OC!

Capítulo 26

La medida de todas las almas

Yuki se encogió de miedo detrás de los conejos. Yin se apresuró a cubrirla con su cuerpo, mientras tanto ella como su gemelo desenvainaban sus Zampakutous.

-No quiero sonar sabiondo, pero ¿se supone que esto nos asuste? ¿Qué harás, pegarnos con esa regla como una maestra del siglo pasado?

-Conejo estúpido, los golpes serán el último de tus problemas muy pronto.

-OK, así que no se puede negociar contigo, supongo. ¿Sabes? Lo mío no son las matemáticas, pero acabo de sumar dos y dos, y adivina qué obtuve.

-Cuatro, si no estarías equivocado.

-¡Chiwa, no, no era eso! ¡Significa que te vamos a patear el trasero por ponerte en el camino! ¿Es que nadie entiende el sarcasmo hoy en día?

-Lo siento, sólo entiendo los chistes con matemáticas.

-¡Uh, este tipo es más obtuso que la Lección! ¡Ilumina, Hotaru!

-Él tiene razón, parece que ya es hora de que alguien te enseñe algo y no a contar. ¡Florece, Shinobara!

Mientras liberaban simultáneamente sus Shikais, los extraños arcos seguían apareciendo a su alrededor, aunque no parecían estar afectándolos. Yin se preguntó brevemente si se trataba de alguna clase de truco, como cuando aquel shinigami que acompañaba a Rukia y Renji en su misión de captura de su amiga, utilizó esas cartas mágicas para determinar sus habilidades o algo así.

-¡NO nos asustas, cuatro ojos! ¡Arrójanos tu mejor golpe, si te atreves!

-Te gusta provocar a tu oponente, ¿verdad? Bien. Pero podría dolerte.

De repente, la regla en manos de Eiji brilló ominosamente, mientras se transformaba: adquirió un mango con guarda en forma de dos triángulos invertidos, mientras que los bordes superiores se afilaban como un sable mortal.

-¡Al parecer tenías razón, hermano, va a golpearnos con la regla!

-¡Voy a romperle ese juguete!

Yang se precipitó en la pelea a toda velocidad, pero como dijo su oponente, fue una decisión imprudente. El conejo paró y contraatacó varias veces, pero cada vez que ambas Zampakutous chocaban, sus portadores brillaban, y era ella, ¿o parecían convertirse en figuras geométricas en movimiento? ¿Qué?

-¡Yang, ten cuidado! ¡Está haciendo algo extraño!

Su hermano aparentemente no la escuchó, pero ella estaba cada vez más nerviosa por segundo. Acabó por hartarse de la pelea sin progreso por parte de ninguno de ellos, y se lanzó de cabeza al combate, aunque con cierta cautela bien disimulada.

-¡Toma esto, Floración de la Noche Amarilla!

El entorno se volvió amarillo con una floritura de su parte, aumentando su velocidad, pero su contrincante no sudó siquiera por el cambio. Es más, se defendió de ambos a la vez con soltura, como si se tratara de un entrenamiento amistoso y no de un combate a muerte.

-¡Chiwa, este tipo no se cansa!

-¡Y que lo digas! Pero no me gusta lo que está haciendo. ¿Ya viste cómo se parecían a cuadrados y triángulos en movimiento ustedes dos? Aunque de repente ya no puedo verlos.

-Eh, no. No vi nada más que su tonta excusa para una espada.

-Bien, esto fue divertido, pero ya terminé.

Eiji detuvo la última estocada de Yang, antes de parar la pelea, retrocediendo con su regla-espada paralela a su cuerpo en vertical hacia el cielo. Aparentemente, nada había cambiado, pero algo le dijo a la coneja que todo había cambiado.

-¿Qué, terminaste de hacerte el gracioso? –Yang estaba tan frustrado como ella.

-No, terminé mis cálculos. Sokutei: magnitud, longitud, profundidad. X, Y, Z.

De la nada, el espacio a su alrededor se transformó en una pantomima de una ecuación. Yin lo supo porque recordaba las veces que había estudiado matemáticas en la academia, y había descubierto estas sorprendentes cuentas en la biblioteca del pueblo. Todo el entorno, aún en amarillo por su técnica anterior, se cuadriculó. Vio números volando a toda velocidad por todas partes, en el suelo, en el cielo, en las paredes, incluso sobre sus cuerpos. Consiguió calmarse por un instante, pero tuvo un mal presentimiento, el cual sólo aumentó cuando las tres letras mencionadas por el shinigami aparecieron sobre los tres al mismo tiempo, brillando en un rojo aterrador, con la X sobre el pecho, la Y en el abdomen y la Z sobre el akama.

-¡Yang, cuidado! ¡Está haciendo eso otra vez!

-¿Qué cosa? Yin, sólo está diciendo tonterías.

-¿No ves todos los números en el aire?

-Eh, no, ¿qué debo mirar?

-Finalmente. Lástima que sólo tu compañera parece ser capaz de ver lo que estoy haciendo. No importa. ¡Sokutei, dame los resultados de esta batalla! ¿Mi predicción? ¡Su perdición!

-¡Oh, ya me hartaste, cuatro ojos! ¡Rayo de Luz!

Yang disparó su técnica, pero sorprendentemente no tocó al shinigami, sino que se se desvió de su blanco a milímetros de su posición, antes de elevarse hacia el cielo, donde desapareció.

-¿Qué pasó? ¿Fallé? ¡pero si apunté bien!

Yin apretó el agarre de su Zampakutou con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. A su lado, su gemelo comenzó a entrar en pánico.

-Lo siento, amigos, ni en la Academia ni en muchos lugares aquí en la sociedad de almas se enseñan matemáticas. Permítanme ofrecerles un curso acelerado. Ahora, ¿sabe alguno de ustedes lo que significan las letras cuando se cruzan con números?

-No, pero seguro el resultado no tiene sentido. Eh, ¿es alguna clase de lenguaje de Chat?

-No en este caso. –Eiji negó con la cabeza con decepción, mientras cambiaba su enfoque a Yin, parpadeando con conocimiento-. En fin. En una ecuación, hay una incógnita que debe ser aclarada, un elemento desconocido que sin embargo puede ser investigado... A más incógnitas, más letras. ¿Qué al sumarle dos da como resultado cuatro?

-¡Yo sé, es cinco!

-¡NO, idiota, es dos!

-Incluso tu compañera sabe la respuesta, qué idiota. Bien, entonces reemplaza el número que no sabes por X. Pero cambiemos un poco las cosas. Ahora, X es el suelo donde estamos parados; Y es todo lo que va en sentido vertical. Pero ¿alguien puede decirme qué es Z?

-Eh, estoy perdida.

-Luché con las matemáticas en el mundo de los vivos, les dije que no tenían sentido –se quejó una Yuki algo tímida por debajo de su conversación.

-Z es el conjunto de todo. El ejemplo clásico es el de los llamados números naturales, positivos y negativos, que junto con el cero son el conjunto de los enteros; pero ¿saben? Es una lástima que sea un conjunto tan... exclusivo. No, prefiero ser de mente abierta y dar lugar a más números, es decir a los irracionales, entre los cuales están los números imaginarios.

-¡Aburrido! ¿Podemos volver a la pelea?

-No, ya no puedes. Otra cosa que olvidaron es que las matemáticas también tratan de cálculos en el tiempo. ¡Ven a mí!

La escuadra volvió a aparecer en el aire, antes de transformarse en un transportador. Eiji luego procedió a golpear un compás flotante con el objeto semicircular, y fue cuando todo se fue definitivamente al diablo.

Ambos instrumentos de medida gigantes desaparecieron, sólo para que un tornado los envolviera. El mundo a su alrededor seguía cambiando, variando entre círculos, triángulos y cuadrados distorsionados, que empezaron a marearla. Los tres amigos se aferraron a sus vidas y al suelo, pero el repentino tornado no se detuvo.

-¡Oye! ¿Qué pasó con ese curso acelerado del que hablaste?

-Lo lamento, conejo, ésa fue la muestra gratis. Después de todo, no necesitarás hacer matemáticas mientras te mueres. ¡Divide, Sokutei!

Una grieta casi invisible se dibujó con la fuerza de un terremoto entre ellos, separando a Yuki y Yin de Yang, aunque fuera sólo por un par de metros a su derecha.

-¿Qué acabas de hacer, lunático? ¡Oh, no me interesa, te venceré de todos modos! ¡Rayo de Luz!

-No has aprendido nada, veo. Tu ignorancia será tu perdición.

En lugar de desviarse hacia el cielo como la última vez, el rayo de energía del conejo fue directo hacia su objetivo, pero lo atravesó sin hacerle el menor daño.

-¡No entiendo! ¿Qué está pasando aquí?

-¡Yang, detrás de ti!

Pero era demasiado tarde. Cuando el conejo se dio la vuelta, su propia técnica regresó a él por la espalda, golpeándolo con la fuerza de un tren de carga. Yang quedó inconsciente de inmediato.

-¡Yang!

Ambas gritaron al unísono. Yuki comenzó a llorar de desesperación, mientras Yin corría hacia su gemelo para ayudarlo.

-Es inútil. No puedes tocarlo.

-¡Déjalo en paz!

Yin siguió corriendo y corriendo, pero por más que lo intentara, no fue capaz de alcanzar a su hermano, que yacía a su lado como un muñeco de tela roto. Se giró a un lado, pero tampoco pudo alcanzarlo por más que corrió. Cuando se detuvo para recuperar el aliento, no supo qué pensar; los mismos barracones y paredes de la salida oeste seguían en el mismo lugar, aunque creyó haberlos dejado atrás.

-¿Qué ocurre? ¿me he movido? ¿O sigo en el mismo lugar?

-Serás atendida, querida.

Eiji saltó de su lugar, antes de que el suelo volviera a cambiar, cuadriculándose como la hoja de matemáticas de un niño una vez más, y cuando el espacio volvió a ser como antes, recibió un golpe lateral con el lado romo de la hoja de Sokutei como regla-espada.

Yin tropezó hacia atrás, desconcertada y aturdida.

Eiji se paró sobre ella, sonriendo como un loco.

-¿Qué rayos quieres? ¿Por qué estás haciendo esto?

-Haces demasiadas preguntas, y tengo poco tiempo.

-¡No te saldrás con la tuya, idiota! –Yuki le gritó desde su rincón, afligida.

-¿No crees que ya lo he hecho, señorita fugitiva de la ley?

-¡Hey, déjala fuera de esto!

-¡Todo el mundo está corriendo, Yin! ¡Seguramente los demás no están lejos! ¡Todos los escuadrones estarán aquí pronto!

-Y cuando lleguen, ¿qué crees que harán contigo? Nuevamente, la ignorancia tiene como premio a la ignorancia.

-¡No!

Yuki pareció salir de su terror anterior y, repentinamente, se abalanzó sobre el chico con anteojos, pero no fue capaz de tocarlo. De hecho, para sorpresa y horror de Yin, se estrelló contra una pared del fondo, antes de deslizarse impotente al suelo, completamente aturdida.

-¡Yuki, no!

Yin se dio la vuelta, pero mientras se ponía al día con su amiga indefensa, su oponente no pareció tomárselo bien.

-No dije que podías darme la espalda. Divide, Sokutei.

Yin corrió hacia Yuki, pero de pronto ella también se le volvió inalcanzable.

-¡Basta! ¡deja de hacer eso!

-Tengo tu atención, veo. Pero parecías poder ver mis cálculos. Confieso que nunca he tomado verdaderos aprendices. ¿Qué me dices?

-EH, no te entiendo.

De hecho, cada vez se sentía más confundida. Su cabeza no había explotado por toda la situación de milagro.

-Imagina lo que podrías aprender: el tejido mismo del universo en tus manos, para que lo manipularas a tu voluntad. El reishi que nos rodea es sólo otra energía, sólo otra cosa a medir y calcular, después de todo. Únete a mí, y no tendrás límites. ¡Te mostraré un conocimiento que rivaliza e incluso supera al de Dios mismo!

-Eso depende. ¿Traería de vuelta a mi padre? ¿Podría hacer eso si me uniera a a ti?

-Bueno, depende de tu capacidad mental. El infinito cave en la palma de tu mano, como en un grano de arroz y en el cielo sobre nuestras cabezas. Todo es relativo y cambia continuamente.

-Cambié de opinión. Prefiero estar con mi familia y mis amigos que con un psicópata de los números. ¡Ahora, devuélvenos al espacio normal, o te patearé el trasero hasta el infinito y más allá!

-Qué pena, Matsuko era mi segunda mejor opción, y ni siquiera ella puede ver los cálculos de reishi.

-¿Eso es lo que estoy viendo, entonces? Bien. ¿Sabes qué? ¡estoy harta de esto! ¡Bankai!

-Está bien, divide...

-¡Divide esto, gran sabelotodo! ¡Toge Shinobara!

Yin brilló en los cuatro colores de su Zampakutou, antes de que su apariencia se transformara. Su túnica ahora era a dos colores verticales, rosa y blanco, con dos rosas amarillas en el cuello. EL akama era rojo intenso, adornado con rosas rojas y blancas en tres lugares como rayas verticales de fuego y hielo, con zapatillas de baile rojas terminadas en puntas afiladas.

EN cuanto a su Zampakutou, lo que más había cambiado era la hoja, adornada ahora con dibujos de flores doradas a ambos lados y de punta a punta. La guarda consistía ahora únicamente en una sola rosa roja abierta hacia los lados.

-Linda espada, haré que te entierren con ella en tu tumba.

-No pediría menos. Pero quizás quieras revisar tus cuentas, amigo, porque no pienso morir hoy. ¡Floración de la Noche Roja!

Yin saltó a toda velocidad, golpeando a su enemigo antes de que pudiera convocar un nuevo arco de números. Su entorno volvía a pertenecerle a ella, y bailarían a su ritmo a partir de ahora. Todo se oscureció como una noche con luna, antes de que la coneja descendiera a una decena de metros por detrás del shinigami experto.

-Seguimos en mi territorio, tonta. ¿Por qué te molestas? Sólo cambiaste el fondo.

-Oh, respuesta equivocada. Quizás quieras volver a la escuela para las tablas de multiplicar. Por cierto, ya que estamos, ¿cuánto es dos por cuatro?

-Ocho, claro. Pero... ¡Oh, no!

Eiji se sujetó las costillas, repentinamente en pánico. La sangre brotó de sus heridas recién infligidas en su pecho, donde el corte de la coneja había dibujado una rosa con ocho cortes horripilantes. El impactado shinigami pasó su Zampakutou por sus heridas en un vano intento por cerrarlas, pero la sangre seguía brotando de ellas de todos modos.

-¿Qué hiciste? ¡No puedo curarme!

-Sin kido curativo, ¿eh? Muchos números y poca medicina en tu carrera, por lo que veo. Está bien, te diré la respuesta porque, evidentemente, aún no lo adivinas.

Debido a la gran pérdida de sangre, Eiji se vio obligado a devolverlos a todos al espacio normal, mientras se sujetaba sus heridas, sin conseguir detener el sangrado ni por un instante.

-Toge Shinobara es más que una cara bonita, amigo mío. Mi Bankai es más que pura apariencia. Bueno, no espero que sepas mucho al respecto, pero todo el mundo sabe que una rosa no es solamente una flor hermosa, no, una rosa esconde sus espinas, y acabas de clavarte una gracias a mí.

-Esto es inaudito. ¡Reconsidera mi oferta!

-No-o.

-¡Insisto!

-No estoy interesada. Oh, olvidé advertirte, el sangrado sólo se detendrá cuando yo lo diga, pero supongo que no podríamos continuar ese curso acelerado tuyo, ¿no?

-¿Qué me está pasando?

-Oh, no es nada demasiado increíble. Cuando te corté, pasé una de las innumerables espinas de la guarda de Toge Shinobara por tu cuerpo, y esa misma espina ahora está dentro de ti. Nos darás algunas explicaciones, ¡o morirás contando ovejitas!

-¡Está bien! ¿Quieres respuestas, coneja? Mis compañeros y yo nos hacemos llamar los Cazadores de almas. Desde antes de la creación del Seireikei y la Academia, hemos actuado en las sombras, pasando una única misión de generación en generación por los últimos tres mil años. Hemos existido sin conocimiento de nadie, incluso del Juzgado, y cuando el sistema caiga, nos alzaremos y saldremos finalmente de la oscuridad. ¡Haremos justicia como no se ha visto en la sociedad de almas desde hace mil años!

-Estás loco –sentenció la coneja.

-¿Sí? Has mencionado la muerte de tu padre. ¿Dónde está él ahora? ¿Lo sabes?

-Obviamente no, qué bah. Chiwa, Yang tenía razón, eres tan obtuso.

-El Juzgado debería decírtelo, ¿no crees? Los jueces ejecutan y hacen cumplir leyes que pocos conocen, que ni siquiera se sabe quién rayos las inventó, garantizando el orden de la sociedad de almas. ¿Cuál es ese orden? ¡Una nobleza con un rey! Nadie conoce al rey, pero los nobles, los jueces y shinigamis de los Trece Escuadrones hacen lo que quieren sin castigo alguno cuando violan las leyes.

-¿Qué hay de nuestra amiga, entonces?

-¿Y qué piensas al respecto?

-Creía que eras matemático, no abogado.

-Cualquiera con un poco de cerebro puede manejar lo básico de las matemáticas, pero por aquí nadie las enseña. Si todo el mundo tuviera la oportunidad de juzgar las leyes, como todo el mundo es capaz de sumar y multiplicar, ¿por qué seguir con un sistema corrupto para pocos? Simplemente, no es razonable. Mi grupo y yo nos encargaremos de cambiar eso.

-¿Qué quieren tú y tus compinches con Yuki?

-No eres una Cazadora. No te diré nada al respecto, aunque ella es parte de la ecuación. Mi misión no será interrumpida, he hecho los cálculos para ello. Si me matas, hay doce Cazadores más que irán tras ustedes, junto con todo el Seireikei.

-No me digas, no entramos en tus cálculos, ¿es eso? Bien. Ya terminé.

Con un movimiento de la mano, el entorno rojo volvió al color del día habitual, pero Eiji Fujiwara seguía retorciéndose con dolor en el suelo.

-¡Quita la espina, por favor!

-Ups. ¿No te lo dije? –Yin fingió una mirada inocente, antes de sonreír a sabiendas-. Hay dos maneras de eliminar una espina de Toge Shinobara. ¿Prefieres la fácil o la difícil?

-¡Maldita seas, coneja, sólo dime cómo elimino esta cosa de mi sistema!

-Bueno, aquí está la cuestión. La manera difícil implica meter una pinza diminuta en tu cuerpo y sacarla con mucho pero mucho cuidado.

-¿Y la fácil?

Pero la coneja no pudo continuar, porque el pecho de Eiji convulsionó, antes de estallar con una sola chispa de fuego, lo que lo arrojó alto en el aire, hasta volver a caer al suelo, aparentemente muerto. Yin se acercó a él para comprobar la magnitud real del daño, observando con satisfacción el enorme agujero del tamaño de la cabeza del shinigami donde debería haber estado su pecho, pero parecía haber perecido.

-La salida fácil implica hacerla explotar. Ups, perdón por eso.

-¿Yin? ¿Podrías venir un segundo?

-¡Oh, claro!

Yin volvió en sí, desactivando su Bankai para ir a atender a su hermano. Su pecho bajaba y subía rítmicamente, lo cual la alivió un poco, pero probablemente ser golpeado por su propia técnica lo había dejado fuera de combate por un buen tiempo.

-¿Tú estás bien?

-Sí... Sólo un feo chichón en mi cabeza, nada más. ¿Qué hay de ti? ¿Y qué quería ese sujeto?

-Ese idiota quería que me uniera a él o algo así. Lunático. Vámonos de aquí, si lo que dijiste antes es cierto, pronto vendrán a ver qué pasó, y no quiero que nos encuentren. Por cierto, ¿alguna vez has oído hablar de los Cazadores de almas?

-Nunca. Pero no quiero conocerlos, éste ya era lo bastante desagradable. Si no hubieras liberado tu Bankai, probablemente todos estaríamos muerto. ¡Gracias!

-Oh, no es para tanto.

Esta vez, fue Yuki quien cargó al inconsciente conejo azul en su espalda, mientras ambas mujeres reemprendían la huida corriendo. Aún no habían llegado a la salida real.

Sin su conocimiento, una figura sanguinolenta se arrastró por el suelo, mientras otra aparecía a su lado.

-Ella tenía toda la razón, sabes. No estaban en nuestros cálculos.

-¡Sólo cúrame la herida mortal, Sayuri! ¡Y no son un problema real, ninguno de ellos vio mi insignia de Cazador, así que estamos bien!

-Eres un idiota, ¿lo sabías? En fin... Restauracruz... Dios, esa coneja te golpeó duro, ¿eh? No te preocupes, a ver... Transfundacruz.

Sayuri Mizumura era una oficial de bajo rango del Cuarto Escuadrón. Reclutada hacía ya dos décadas, había observado en silencio los acontecimientos de la sociedad de almas en los últimos tiempos, sin prácticamente intervenir más que como apoyo médico. Junto con su grupo de ahora cruzados contra el Seireikei y el Juzgado, era la miembro más reacia de los Cazadores de almas. Era una persona menuda, tan baja como Rukia Kuchiki, de cabello castaño largo, el cual le llegaba hasta la espalda, con el flequillo cubriéndole los ojos. Ejecutó rápidamente ambos hechizos curativos, dibujando sendas cruces con sus dedos pequeños en donde debería estar el pecho de su líder, donde comenzaron a brillar. La primera que apareció comenzó a restaurar la piel, la carne y los huesos perdidos; la segunda de las cruces, su sangre, gracias al kit de primeros auxilios de la shinigami, el cual había sido recientemente llenado de sangre para emergencias como la que la ocupaba ahora.

-Menos mal que te tenemos en el equipo, ¿qué haríamos sin ti?

-Cállate. ¿Por qué tuvimos que comenzar con toda esa gente? Tanta muerte... tantos gritos... ¡Esa masacre era innecesaria y lo sabes!

-Estaban dentro de los cálculos. Además, tenemos sangre de sobra para situaciones mortales gracias a sus muertes, ¿no es así? No te hagas la santa, Sayuri, puedes parecer una sanadora inocente por fuera, pero te conozco mejor que nadie. Te vi mirando el caos, sin apartar la mirada, como toda una Cazadora.

-¡Sólo lo hice porque Ryoketsu y tú nos lo ordenaron, odio ver gente morir, más aún si son inocentes!

-Ryo es un genio. Si no fuera por él, todo nuestro duro trabajo hubiera sido descubierto y hecho trizas. Yo tengo los cálculos, él tiene las ideas. Al menos cuando a nadie se le ocurre nada mejor.

-¡Todo esto se siente mal! ¡No podemos seguir así!

En cuanto Eiji sintió que su herida se hubo cerrado, se reincorporó sobre sus pies, aunque necesitó aferrarse a la mano de Sayuri. Ella seguía mirándolo con furia. Su líder se dio la vuelta, sus ropas estaban echas un desastre, pero su cuerpo volvía a estar en forma, ocho diminutas cicatrices eran la única señal del daño del Bankai de la coneja.

-Concéntrate, ¿quieres? Necesitamos reagruparnos. ¿Cómo puede ser que consiguieran dominar el Bankai en tres días?

-Estaban con Yoruichi Shihoin, eso es lo que oí. Creía que era Teihaku el encargado de todo el asunto del espionaje, ¿por qué no se lo preguntas?

-Definitivamente tendré que preguntárselo. No, mejor convocaré una reunión de todo el equipo. Ya es hora de que nos demos a conocer a la sociedad de almas después de tres mil años de silencio. Tres mil años es mucho tiempo, pero como dicen por ahí, mejor tarde que nunca, ¿verdad? Vamos.

-¿Escucharon eso? ¡Fue una explosión masiva! ¡Dos más después del Monte del Sokyoku!

Cada uno por su cuenta, cinco tenientes estaban corriendo hacia el lugar de las explosiones, es decir Izuru Kira, Momo Hinamori, Renji Abarai, Shuhei hisagi y Akon.

Lo que ninguno de ellos sabía era que cuatro shinigamis renegados, o Cazadores, como ellos mismos se autodenominaron, se encontraban cerca de allí, listos para emboscarlos.

-Oficial Rurokishi, qué sorpresa encontrarlo a menos de cinco millas de la segunda explosión, ¿no es así?

-¡Teniente Kira, no me di cuenta! ¿También escuchó la explosión en la dirección de la Central 46?

-Sí, y da la casualidad de que tú estás muy cerca de ese lugar. Y que, según lo que me dijo el capitán Otoribashi, conocías bien tanto a la fugitiva Minamoto como al renegado Shirokawa.

-¿Qué está insinuando, teniente?

-No lo sé, tú dímelo. ¡Alza tu cabeza, Wabisuke!

De repente, todo el lenguaje corporal de su subordinado cambió. Dejó de parecer nervioso, asumiendo una actitud de combate.

-Con que así va a ser, qué lástima, teniente, usted de todas las personas, juzgándome culpable de un hecho tan desafortunado. ¡Y tendría razón!

La confesión de su oficial le dejó claro a Izuru que Taiga Rurokishi era ahora un enemigo y, si su corazonada no lo traicionaba, que era uno muy peligroso.

-Debes ser detenido y juzgado por tus crímenes. ¿Sabes acaso cuánta gente había ahí? ¿Cuántos jueces y empleados suyos han muerto hoy?

-Setenta y ocho.

-¿Disculpa?

-Me preguntó que si sabía cuántas personas había en la central, la cual acaba de explotar en pedazos, pero el número total sería igual a noventa y uno. Setenta y ocho funcionarios han sido ejecutados hoy; y no nos detendremos hasta que la justicia, la verdadera justicia, caiga sobre las cabezas adecuadas. ¡Corre, Hayai!

En las manos de Taiga se manifestó su Zampakutou, aunque un profano sin duda la hubiera confundida fácilmente con el arma de un quincy: un arco y flecha azules; en su espalda, brilló su carcaj, que aparentaba estar vacío, pero cuando su portador lo tocó, empezó a producir flechas, que dicho arquero cargó sin prisa ni demora en el arco.

-Si no ando mal en matemáticas, son trece los enemigos actuales del Seireikei, tú incluido. ¿Uno por cada división? ¿Quiénes son tus cómplices, Rurokishi?

-Preocúpese por su vida antes de preguntar por la de mis camaradas, teniente. Podría morir si se descuida un segundo.

Tres de los cuatro tenientes restantes iban a la emboscada de tres Cazadores, uno por cada uno de ellos, uno infiltrado en cada uno de los escuadrones.

Momo Hinamori estuvo a punto de toparse con su Cazador asignado.

-¿Qué estás haciendo aquí, Namekuji? ¿Dónde están tus compañeros? ¡Se supone que tienen que estar patrullando el área en busca de los ryoka!

-Es verdad, sólo acabo de sentir esta explosión, y me dije a mí mismo que debería investigar de qué se trataba; no consideré que usted haría lo mismo, teniente.

-Mejor, vamos para allá.

-Sí, ¡tenemos terroristas dentro del Seireikei, probablemente sean los ryoka!

-Tendremos que comprobarlo.

Sin que ella lo supiera, Momo se llevaba consigo a su posible asesino, quien tuvo que ocultar una sonrisa malévola mientras seguía a su teniente a la Central.

-¡Abran paso!

Renji intentaba llegar al área de la explosión, todavía a varios kilómetros. Consigo iban al menos dos docenas de médicos del Cuarto Escuadrón. Se esperaban lo peor. A su alrededor, las patrullas de todo el Seireikei se hacían a un lado para dejarlos pasar, al igual que con el teniente Kira hacía instantes.

-¿Llego en mal momento, teniente?

Renji paró en seco, y los oficiales de la capitana Kotetsu, tomados prestados a último momento, se detuvieron con él.

-¿Shirokawa? ¿Qué haces mostrando tu fea cara aquí y ahora? ¡hazte a un lado, acaba de ocurrir una catástrofe! Quizás hayan sobrevivientes, quién sabe. Si no viniste a dar una mano, te sugiero que te apartes.

-Me temo que esta excursión que organizó sea una total pérdida de tiempo.

-¿A qué te refieres? ¡Estás impidiendo que pasemos, cuando podrían haber sobrevivientes!

-No los hay, lo lamento.

Un jadeo colectivo recorrió a los médicos, quienes estallaron en susurros atemorizados. Renji tosió por encima de ellos, y volvió a hacerse el silencio. Se volvió con sospecha hacia el shinigami renegado, en busca de respuestas.

-¿Y cómo sabrías eso?

-Estuve allí, teniente. Todos los funcionarios que estaban allí están muertos ahora.

-Entonces tienen que ser enterrados con honores. Y una autopsia está en orden también –se apresuró a decir uno de los oficiales del grupo, pero recibió un silencio sepulcral como respuesta.

-El Juzgado será una sepultura suficiente y adecuada para esos monstruos. Estuve allí, sé cómo fue. Nosotros los matamos, teniente, pero fuimos compasivos, la Academia de Justicia se salvó y los jóvenes están vivos y a salvo.

-¿Qué les hiciste? –Renji intentó mantener el miedo fuera de su voz, pero no logró que lo fuera su ira-. ¡Respóndeme! ¿Por qué los asesinaste? ¿Y qué les hiciste a los jóvenes?

-Ellos están bien. Encerrados con los magistrados menores, hicieron un tremendo escándalo por todo.

-¿Dijiste con los magistrados menores? ¿Qué le pasó a los Supremos? Me imagino que estarán notificando al Capitán Comandante a estas alturas, ¿no?

Para su sorpresa, el chico de pelo tricolor negó con la cabeza. Casi no quedaban rastros del negro, con el blanco y el naranja como los colores más visibles.

-No. Ya lo harán cuando se recuperen. Al menos cinco de ellos, había que llevarse a los arrogantes por lo menos. Hacían demasiado ruido y había que silenciarlos; menos mal que los otros tuvieron el sentido común de someterse.

-Entonces ¿tú y algunos idiotas hicieron explotar la Central y la Magistratura?

-Sí, algo así. Pero mi jefe no me permite mostrar el emblema del equipo, sería una adición inestimable, teniente.

-¡Nunca! ¡Ruje, Zabimaru!

-Con que así va a ser. ¡Trepa, Saru no Tsue!

Ambos shinigamis liberaron sus Shikais, con Renji blandiendo su machete y Yusei invocando su bastón.

Shuhei Hisagi fue el primero en llegar, para su propio crédito y asombro. Después de todo, estar en los momentos escandalosos era una de sus ocupaciones, siendo como era el jefe de Seireikei Comunications.

-Ojalá fuera en otras circunstancias –se dijo para sí.

A su alrededor, casi un centenar de cuerpos de funcionarios asesinados yacían esparcidos por todas partes. La mitad de la Central había desaparecido, siendo reemplazada por escombros y sangre.

-Izuru tuvo que ver algo como esto en su día, pero no habían tantos muertos aquella vez.

La suerte, sospechaba, quiso que sólo veintiséis de los Cuarenta y seis estuvieran presentes al momento de la explosión, pero también habían habido otros empleados en el lugar, eso era evidente.

-Lo lamento, teniente Hisagi, pero quizás quiera entrevistar a los jóvenes, mis camaradas y yo nos aseguramos de su supervivencia.

Al levantar la vista de los cadáveres, que se resistían a disolverse en reishi, se topó de frente nada más y nada menos que con Ryoketsu Haka, su subordinado más nuevo y el mayor dolor de cabeza de su escuadrón desde que tenía memoria. El espeluznante oficial se había incorporado hacía dos años, pero acababa de ser ascendido por el capitán Muguruma por su repentino aumento en la eficiencia para tratar las amenazas constantes de huecos en los distritos de Rukón.

-¿Disculpa? No recuerdo que te dejáramos la edición de la revista justo a ti, amigo. Hazte a un lado, aquí hubo un atentado y planeo llegar al fondo de esto.

-Los muertos son lo mío, teniente, no me obligue a recordárselo.

-Yo soy el Maestro de la Muerte, Ryoketsu, ¡así que hazte a un lado y déjame pasar!

-Con gusto le daré los detalles de sus muertes, una por una si es necesario.

-No sabía que fueras vidente.

-No lo soy. Soy un zombi, pero eso ya lo sabe.

El comentario fue echo al pasar, pero Hisagi no pudo evitar el escalofrío que le bajó por la columna.

-Tenemos que notificar esto al Capitán Comandante...

-No harás eso ahora.

La voz del oficial había perdido repentinamente cualquier rastro de diversión, ajustándose a la situación oscura que los rodeaba.

-No me digas que tú...

-No, no fui yo. No solo, al menos. Pero me encargué de que no hubieran... dificultades. O sobrevivientes, como le gusta llamarlos.

-¡Los mataste tú! ¡Te arrepentirás!

Una risa siniestra escapó del shinigami zombi frente a él, quien ni siquiera desenvainó su Zampakutou.

-Quizás quiera usar su Shikai. Si no, está perdido.

Akon había querido ir al sitio de los hechos, pero su capitán pensaba diferente. En su lugar, el capitán Kurotsuchi lo había enviado a la biblioteca del señor Kirisame.

Se suponía que el edificio se convertiría en la nueva sede de la Biblioteca Central, pero mientras la capitana Yadomaru y la subcapitana Ise comenzaban los arreglos para ello, el misterioso oficial de Kyoraku lo había convertido en su residencia.

-¿Señor Kirisame? ¿Señor Kirisame, se encuentra aquí?

Algo se sentía muy, muy mal. Aunque Todos los estantes y sus libros se veían bien, una sensación de fatalidad sobrecargó el ambiente normalmente apacible de la enorme biblioteca.

Justo por debajo de una de las ventanas más grandes del primer piso, se detuvo a reflexionar, sacudiéndose el polvo del lugar.

-Rayos, este lugar debe tener la edad del viejo Yamamoto por lo menos.

Iba a seguir buscando, cuando su mirada cayó sobre una sombra que contrastaba con el suelo a su derecha, cuya forma variaba por los rayos solares que entraban por el ventanal.

Akon tragó saliva, consternado.

-¿Señor Kirisame?

Se arrodilló frente al cuerpo del oficial que le habían mandado a buscar. Su pulso era constante, pero lo que lo desconcertó fue su expresión congelada de terror y sufrimiento. Tenía los ojos bien abiertos, como en shock, pero todo su cuerpo parecía haber sido víctima de una especie de congelación o petrificación.

-¿Qué pudo haberle pasado?

A su alrededor, Decenas de cartas yacían desparramadas en círculo, como en un ritual espeluznante o algo así. Akon no podía siquiera empezar a pensar en las implicaciones, así que se limitó a juntar las cartas, extrañamente carentes de su brillo mágico habitual, y dejarlas sobre el pecho de su portador con todo el cuidado que pudo reunir, considerando cómo le temblaban las manos.

-¡Necesito pedir ayuda!

N/A: van las traducciones de los nombres de las Zampakutous.

Sokutei: Medida.

Hayai: Veloz.

Saru no Tsue: Bastón del Mono.

Yo: pobre Yang, lo vencieron por hacerse el idiota. Como curiosidad, se menciona el conocimiento de los verdaderos nombres de los mejores amigos shinigami de Ichigo por parte de los conejos, asumiendo que, para este punto, Yoruichi ya les ha contado algunas cuantas historias sobre el pelinaranja y sus aventuras como segador de almas sustituto.

Brick: qué onda con la línea de Hisagi, eh?

Yo: ah, eso! Estoy tomándome la libertad de considerar esto como un AU posterior a la novela Can't fear your onw world. Díganme en las reseñas si la han leído, si no, no importa, siempre puedo editar eso y cambiar algunas cosas allí (después de todo, no soy exactamente un experto en Bleach, quienes me conocen saben que ni siquiera he visto adecuadamente todo el anime por el tema del abandono del doblaje, así que no seré exigente).

Brick: aparte de ese detalle, aquí hay algo de interés inmediato. Si se están preguntando por qué no llovieron en banda todos los Cazadores, simplemente es porque no podemos con tanto en nuestro plato a la vez, ya. En los próximos capítulos, veremos las batallas entre los Cazadores y los tenientes, no se las pueden perder! Además, Eiji no está luchando con Akon, no todavía al menos, obviamente acaban de salvarlo de una muerte segura, uh, soy muy injusto con Yin por robarle su supuesta victoria, XD. Ahora, su Bankai ya entra en los cálculos del chico genio! Yin, Yang y Yuki, deberán tener mucho cuidado con este matemático loco de ahora en adelante!

Yo: por favor no me dejen, que yo vivo de mi público!