Corro por la línea de fuego, me besas y caigo en tu juego...

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-Cuando vas a quitar esa cara de tragedia?-dijo ella acercándole una bebida

-Solía tener quien hiciera esto por mí-se quejó él

-Te recuerdo que esto fue tu idea. Yo también he perdido cosas.

-Sí claro-suspiró cansado el hombre dejándose caer en la hamaca plácidamente

La mujer de cabellos oscuros lo miró con reproche.

-Lo siento-dijo guiñándole un ojo mientras la tomaba del brazo para atraerla hasta él y darle un beso.

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Ella recorrió el amplio salón de fiestas con la mirada, atenta a cada rostro enmascarado que danzaba sin preocupación y de aquellos que se perdían en el mar de incógnitos seres.

-Esta vez asegúrate de atraparlo-fue la indicación recibida a través del dispositivo en su oído, cuidadosamente oculto bajo su larga cabellera azabache.

-Kohaku-dijo de forma apenas audible- Mantente en silencio-ordenó con propiedad la mujer de voz serena.

Sus felinos ojos negros tras el antifaz rojo detectaron a la distancia su objetivo, que apenas llegaba al lugar.

Varios hombres y mujeres lo rodeaban discretamente, manteniendo la ilusión de ser solo un invitado más, pero a distancia suficiente para atravesarse en la trayectoria de una bala que amenazara la existencia de aquel mafioso.

Durante el último año había tenido muchas oportunidades de detener a aquel rufián, pero por una razón u otra no había sido capaz.

En la unidad de detectives empezaban a dudar de ella, de sus capacidades e incluso de su lealtad a la fuerza policial.

Y a decir verdad, incluso ella empezaba a dudar de sí misma.

Porque cuando aquél hombre, que representaba todo lo opuesto por lo cual ella existía, se acercaba a ella, cuando se enfrentaban sus miradas, como en ese mismo instante, ella dudaba.

Dudaba cuando la retaba a detenerlo...ella dudaba de sus promesas de cambiar, de dejarlo todo atrás por ella. La duda llenaba su mente cuando él se acercaba a sus labios para besarla adueñándose de su voluntad... Sí, aquel ser tan cuestionable la había hecho dudar antes pero ya no.

Ella avanzó con confianza entre la multitud danzante bajo la atenta mirada del recién llegado.

Antes de alcanzar a aquel hombre de mirada rojiza, desechó el dispositivo en su oído derecho y finalmente pudo estar a unos pasos de él.

Los que lo custodiaban se alejaron al verla llegar y el hombre acortó la distancia hasta ella haciendo ademán para mantener lejos a sus escoltas.

Bajo la máscara blanca que cubría la mitad superior de su rostro, la risa socarrona del pelinegro apareció.

La siguiente melodía empezó a sonar en el salón, los enigmáticos rostros cubiertos por máscaras y antifaces volvieron a danzar sin preocuparse de conocer la identidad de su acompañante..

La masculina mirada escarlata descendió hasta sus labios lentamente y de vuelta a los oscuros ojos espectantes bajo el antifaz.

-Has venido.

-Tú me has invitado.

El aludido sonrió y acto seguido se acercó más para sostener la femenina figura en un ajustado agarre.

-Me permite está canción, señorita?-preguntó aunque, de hecho sus cuerpos ya habían empezado a moverse cadensiosos.

La mujer suspiró inquieta entre los fuertes brazos que la sostenían.

Su compañero de baile la guío en un movimiento en el que su cuerpo se sintió liberado. Dejándose llevar se encontró sostenida solo por el agarre de las manos de ambos en el cuerpo del otro.

Si él no fuese quién era nada la detendría de besarlo, pensó mientras su cuerpo abandonaba la posición semi horizontal y recuperaba la verticalidad y la razón en el proceso.

Si él no fuese un peligro para la sociedad seguramente la acompañaría en su cama cada noche, divagó mientras su pareja se despojaba de la máscara mostrándose ante ella tal cual era.

Pero él era la persona equivocada y ella la encargada de detener sus actos al margen de la ley.

-Así que será de esta forma-susurró sobre sus labios

-Eso parece-respondió con falsa serenidad acallando el deseo de su cuerpo.

-Irás a verme cuando esté en una fría prisión?-preguntó él separándose lentamente

-Tal vez lo haga-musitó aún aferrada a su cuello, sin estar lista para lo que vendría después.

-Tú y yo aún podemos ser-recitó como siempre lo hacía

-No podemos-respondió categórica, el hombre frente a ella sonrió con amargura

-Kikyo...

-Quedas detenido Onigumo, alias Naraku-Habló con fuerza apuntando el arma que llevaba oculta directo a la cabeza de aquel delincuente.

El séquito de esbirros de Naraku también desenfundó sus armas contra ella.

De entre los presentes enmascarados varios policías encubiertos también revelaron sus rostros e identidades neutralizando a los guardaespaldas de Naraku en segundos.

- Ríndete-ordenó la joven detective en medio del caos.

-Me temo que no puedo hacer eso, querida mía

Naraku llevó su mano derecha a un costado de su cuerpo, quizás en un amago por alcanzar su arma.

Apretando los dientes Kikyo disparó justo cuando las luces se apagaron dejando todo en penumbras en medio de los gritos de los presentes.

En las noticias de las semanas siguientes, decenas de expertos intentaba encontrar una respuesta a las preguntas ¿Dónde está Naraku? Mantiene aún con vida a la detective Takahashi, a la cual secuestró? E incluso los más osados dudaban de aquel secuestro y culpaban a Kikyo de haber traicionado la insignia para fugarse con aquel delincuente.

Nota de la autora

Esto era así? Bueno, baile y máscaras... Si no pues ya saben...No tengo idea de cómo va esto pero aquí ando queriendo participar

Naraku y Kikyo son mi gusto culposo