~~Chapter 11~~
La helada temperatura de la noche cubrió la ciudad. La reina de las hadas seguía en el puente principal, había dejado de llorar, pero su corazón seguía igual de roto. Ni siquiera ella se puede recuperar tan fácilmente de eso. Como antes: ella es tan sólo una chica.
Adentrado en el bosque, se encontraba la choza de Natsu y Happy, el letrero que anunciaba su territorio se había cubierto de una fina capa de hielo por la baja temperatura que había. Dentro, se encontraban profundamente dormidos; eran dos camas para cada uno, pero ahora dormían los dos en una sola, obviamente por el frío. Después de todo: uno se preocupaba por el otro, los mejores amigos hacen eso.
-Oh, querido-siseó una voz dentro de la choza-te ves tan lindo cuando duermes. Debes saber que no lo lastimaré, sólo voy a tomarlo prestado por unas horas; te preocuparás, tus nervios de punta, e incluso te vas a desesperar por no encontrarlo. Pero recuerda que lo hago para y por ti. Nada más. El amor que...ESA me robó de ti, lo voy a recuperar. Y serás mío y sólo mío. Nos vemos.
Las cobijas fueron retiradas del diminuto cuerpo de Happy, y fue arrancado de la cama con suma precaución para no despertar a Natsu, como quitarle un dulce a un bebé, o en éste caso: un gatito.
Erza finalmente llegó al gremio, su bolsa para dormir ya la estaba esperando con la promesa de que por la mañana podría sentirse mejor. Pero no fue a dormir, se dirigió al baño del gremio. Lavó su cara con el agua que salía en un leve chorro de agua, estaba tibia, volteó hacia el espejo. Aquella lámina de cristal reflejó a una joven con el cabello despeinado por el viento, sus ojos, aunque hermosos, se habían hinchado y adquirido un tono intenso de rojo, resultado de llorar todo el día. Erza analizó su reflejo por cinco minutos enteros, para luego tomar el cepillo, y tratar de acomodarse los enredados mechones rojizos. Se detuvo una vez que estaba perfectamente peinada en una trenza que descendía por su hombro izquierdo, y en una millonésima de segundo las palabras de un joven resonaron en su cabeza: "Scarlet, así te conoceremos todos. Scarlet por el intenso color de tu cabello".
-Jellal-musitó.
Por la mañana el gremio era el mismo de siempre: hombres riendo a carcajadas por ahí, otros bebiendo hasta terminar borrachos por allá. Todo normal.
Erza estaba sentada en una mesa cuando sus amigos llegaron para acomparla, incluido Natsu, quien no dejaba de voltear sobre su hombro una y otra vez. Lucy le dio una palmada en su mano derecha.
-Tranquilízate, Natsu-dijo-ya vendrá.
-¿Qué sucede?-preguntó Erza. Su primer pensamiento fue que Natsu estaba buscando a su novia Annie. Lo que la volvió a deprimir.
-Happy no estaba en casa cuando desperté-respondió el pelirosado. Erza se irguió en su asiento-y no lo he visto en todo el día.
-Le digo que no se preocupe-comentó la rubia-Happy puede cuidarse bien. Seguramente fue a comer pescado al río o salió con Charlie y Lilly.
-Seguramente-secundó Erza. Pero Natsu no parecía relajarse nada. Estaba inquieto. Pasaron cinco minutos hasta que finalmente se levantó de golpe de su asiento.
-¡¡NO PUEDO QUEDARME AQUÍ SIN HACER NADA!!-exclamó, para luego salir corriendo como un lunático del gremio-¡¡HAPPY!!
-¡Natsu, espera!-le gritó Lucy, cuando menos se había dado cuenta la rubia, Erza se había levantado en menos de un segundo para perseguir a Natsu.
Sinceramente Erza quería ayudar a Natsu y encontrar a Happy. El pequeño felino celeste también era su mejor amigo, y haría lo que fuera por él sabiendo cuántas aventuras tuvieron juntos. Los cuatro.
Natsu sintió la presencia de Erza y volteó por encima de su hombro, al verla, le dedicó una sonrisa. La misma sonrisa que le parecía muy linda y tierna a Erza. Aquella sonrisa que recordaba desde niños.
-Erza-dijo-¿Vienes a ayudarme?
-Claro que sí. Happy también es mi amigo-respondió la pelirroja sin vacilar. Estar cerca de Natsu le aceleraba la respiración.
-Vamos. Busquemos al bastardo que se llevó a nuestro amigo.
Los sentidos de Natsu funcionaban al cien por ciento, levantaba la nariz para poder captar su aroma de Happy. Erza lo seguía muy de cerca, poniendo atención a los movimientos a su alrededor, y a los de Natsu.
Finalmente, desde que llegaron de la misión clase S, estaban solos. Nadie más. Él y ella. El hombre dragón y la mujer con la armadura; un dúo bastante raro a simple vista.
En la antigüedad los caballeros cazaban dragones, los trataban como los animales que eran. No se hacían amigos de ellos, no convivían con ellos...no se enamoraban de ellos. Las cosas pueden cambiar con una acción o un simple pensamiento; siempre estuvo ahí para Erza, y no se había dado cuenta hasta que ocurrió el incidente en la torre paraíso. Hasta que Natsu luchó con Jellal para defenderla, para borrar su pesadilla del pasado, para que Erza volviera a sonreír. Y lo hizo. Pero ahora alguien se interpuso en medio, alguien se robó su razón para sonreír. Y eso dolió. Erza ya había sufrido anteriormente, pero jamás por un chico que le gustara, lo que era algo nuevo para ella. No sabía cómo reaccionar ante eso. En ese momento una pregunta le llegó a la mente: ¿Qué es lo que siente uno en realidad?
-¿Qué dijiste, Erza?-preguntó Natsu. Erza salió de su ensimismamiento y reaccionó. Había dicho la pregunta en voz alta.
-N-Nada-tartamudeó. Para luego tratar de cambiar de tema-¿Cómo va todo?
-¿Qué?
-Sí. ¿Cómo estás? ¿Todo va bien?-Erza sabía que estaba siendo irracional. Pero quería desviar el tema para evitar hablar de sus sentimientos por el Dragon Slayer.
-No entiendo qué tratas de decir-admitió el pelirosado-lo que quiero es encontrar a Happy.
-¿Happy estuvo contigo cuando fueron a dormir?
-Sí. Hacía mucho frío, así que le dije que durmiera conmigo-Erza esbozó una sonrisa al imaginarse a Natsu dormido junto a Happy, como un niño cuando duerme con su peluche favorito.
-Y por la mañana ya no estaba-dedujo.
-Ajá.
-¿Te dejó una nota? ¿O una carta donde escribía dónde iba a estar?
-No, y no. Sólo desapareció sin dejar rastro.
-Eso es bastante extraño.
-Es por eso que no sé qué hacer-al final de la frase, la voz de Natsu se quebró.
Erza jamás había visto así a Natsu. La ausencia de Happy en verdad lo estaba afectando. Él siempre actuaba de forma impulsiva, era escandaloso, y lo que quería era demostrar que podía con cualquier cosa que le pusieran en frente. Pero ésto era diferente, habían secuestrado a su amigo, quien estuvo con él desde su infancia, quien lo consideraba casi un hermano. Cuando secuestraron a Lucy en ningún momento había reflejado ese aspecto suyo, que en ni un millón de años, Erza pensaría que tenía. Un lado vulnerable.
Erza quería consolarlo, olvidarse que Natsu tenía a Annie junto a él y abrazarlo con firmeza. Demostrarle que no estaba solo en ese momento, que alguien lo comprendía. Pero se reprimió.
-Lo encontraremos-aseguró-ya lo verás.
Natsu asintió en afirmación. Apresuraron el paso.
-Creí que Annie estaría contigo, ayudándote a buscar a Happy.
-¿Porqué estaría ella aquí?-cuestionó Natsu.
-Se veían muy juntos ayer, en la mañana. Estaban platicando muy a gusto.
-Sí. Ayer platicamos, pero esa no es razón para que viniera. ¿Porqué dices eso?
-Porque ustedes...los dos son...-Erza trató de encontrar la fuerza para reconocer que ellos eran novios. Pero era bastante difícil. Dolía-están juntos.
-¿Juntos? Pero si ella y yo no estamos juntos-Erza estaba confundida.
-¿Cómo? ¿Quieres decir que ustedes dos no son pareja?
-Claro que no.
Erza comenzó a sentir una punzada en la espalda. No era alegría por saber que Natsu no estaba en una relación. Era enfado. Annie la había engañado, le vio la cara de estúpida. Frunció el ceño y su tono de voz sonó más serio. Su tono de voz característico.
-Pero si ella me dijo, y a Mirajane, que habías aceptado ser su novio. Que ustedes estaban en una relación.
-Eso no es cierto; la noche que llegó ella me propuso matrimonio, me negué, y se volvió loca. Me gritó como nadie me había gritado antes. Ni siquiera tú-Erza entrecerró los ojos, Natsu sudó en frío al instante-y luego, ayer en la mañana, habló conmigo para disculparse. Sólo eso pasó.
Erza cerró ambos puños con tal fuerza que sus nudillos blanquearon. Annie la había engañado, a ella y a Natsu; las lágrimas que había derramó, el sufrimiento que sintió, y su corazón roto, todo fueron por nada. Estaba indignada, pero más que nada...furiosa.
-La voy a matar-declaró.
Muy lejos de ahí, Annie cruzó un camino de tierra hasta una pequeña casa en los límites de Magnolia. Caminaba con gracia y elegancia, en su rostro una sonrisa satisfactoria relucia. Llevaba una canasta llena de diferentes tipos de pescado: salmón, róbalo, pez ángel, etc. Para Happy. Entró a la construcción, y en el rincón de la sala de estar se encontraba el felino azul, con la cabeza gacha aún inconsciente y con las patas atadas. Annie lo rebasó, y entró a la cocina. Antes de que pudiera cruzar la puerta un cuchillo voló cerca de su oreja izquierda y se incrustó en la madera. La peliverde vio de reojo el cuchillo y sonrió.
-Te extrañé-dijo con toda dulzura. Morgan se encontraba sentado en la mesa de centro con los pies sobre el redondo mueble.
-Vete de aquí-le ordenó el chico.
-Ah, ah, ah-se negó Annie. Morgan no cambió su afilada expresión-no puedes venir a mi casa y ordenarme cualquier tontería que salga de tu dulce boca.
-Ésta ni siquiera es tu casa.
-¿No lo es?-inquirió Annie.
Morgan señaló con el pulgar un armario que estaba detrás suyo, en el interior, dos pares de pies emergían de la oscuridad sobre un charco de líquido rojo. Sangre.
El chico se levantó de su asiento, Annie rió.
-Eres una abominación-dijo Morgan con veneno en sus palabras.
-Relájate, querido. Eran sólo unos aburridos ancianos pobretones. Ni siquiera tenían pan.
-Eso no te da el derecho de hacer lo que quieras con ellos.
-Claro que sí.
-No, claro que no. Eres cruel, despiadada, y manipuladora. Sólo causas sufrimiento y miseria a los demás. ¡Tú no perteneces aquí!-exclamó Morgan acercándose más a Annie. Ella ni se inmutó.
-Me halaga, cariño. Esas son sólo palabras dulces para mís oídos.
-Vete de aquí-reiteró.
-Dije que no, querido. Tengo que...-
-¡¡DEJA DE LLAMARME "QUERIDO"!!-le espetó Morgan con el rostro rojo de coraje.
-No tienes porqué gritarme-le aclaró la peliverde-¿A caso ya olvidaste nuestro HERMOSO pasado?
-Yo tengo pasado con Annabelle White, no contigo-los ojos de Annie se cristalizaron, su labio inferior temblaba.
-Yo soy Annabelle White.
-No. ¡Tú sólo eres una abominación!
-¡Yo soy Annabelle White!—la peliverde elevó su tono. Sus manos temblaban a los costados, y sus ojos tomaron un color rojo. Las lágrimas comenzaron a salir.
-Eres un desperdicio, una aberración, no eres más que basura.
-¡YO soy Annabelle White!-repitió cerrando los puños. Su respiración se aceleró, comenzó a sollozar, le daban espasmos a cada segundo. Lloraba inconsolablemente.
-No tienes alma, no tienes corazón. Eres un cascarón vacío que no conoce el significado de lo que es el amor, la piedad, la comprensión. ¡¡Y nadie te amará!!
-¡¡YO SOY ANNABELLE WHITE!!-chilló la peliverde.
Morgan se abalanzó sobre Annie, ambos cayeron al suelo. El chico la sujetaba de los brazos. La peliverde dejó de llorar, y una expresión incrédula apareció en su lugar. Algo cayó en la mejilla de Annie, algo cálido, algo diminuto. Una lagrima. Se deslizó por su mejilla; los ojos de Morgan estaba empapados de lágrimas. Pero seguía fulminando a Annie con la mirada.
-¡¡NO, NO LO ERES!!-espetó-¡¡TÚ NO ERES ANNIE, LA ESTÁS USANDO Y NO LA DEJAS IR!! ¡¡DÉJALA EN PAZ!!
Annie enmudeció. Estaba impactada. Su rostro no reflejaba ninguna emoción, no movía ni un músculo. Luego esbozó una sonrisa, la más maliciosa, engreída, y autosuficiente sonrisa. Luego dejó salir una carcajada. Morgan apretó con más fuerza los brazos.
-Estás llorando por tu mujer-la voz que salió de los labios de Annie fue completamente distinta a la de antes. Gruesa, ronca, como si una bestia del inframundo hablara a través de Annie. Dejó salir otra carcajada.
-Ya déjala en paz-dijo Morgan.
-Aww...eres patético. Tienes muchas féminas con quieres descargar, literalmente, tus impulsos carnales. ¿Sabes a qué me refiero?-"Annie" rió. Morgan la miraba fijamente-¿Qué tiene ésta de especial?
-Eso mismo te pregunto yo, malnacido. ¿Qué tiene Annie de especial para que no la dejes ir en más de cinco años?
-Es inocente, crédula, noble. Eso para nosotros es como un platillo principal. Tu novia es deliciosa-Morgan reprimió las ganas de golpear a...esa cosa que tenía en frente.
Se trataba de Annie. El amor de su vida, con quien había pasado muchas noches junto a ella, amandola, cuidándola, uniendo sus cuerpos en todo sentido. No podía lastimarle, la amaba demasiado para hacer semejante barbarie.
-Maldita sea...-masculló Morgan.
-No puedes matarme-aclaró "Annie"-porque si yo muero, tu amiga también.
Continuará...
