~~Chapter 14~~

-Lisanna estaba intentando encender la Lacrima de fuego para poder preparar la cena...-comenzó a explicar Mirajane al maestro, quien la escuchaba atentamente-manifestó mucha de su magia en ella y de repente la Lacrima se encendió como un faro, y explotó así nada más.

-Es una lástima lo que le pasó a Lisanna...-masculló volteando a verla. Recostada en una cama de la enfermería cubierta de vendas por todo el cuerpo-más sabiendo que fue a causa de una Lacrima que en un principio no podía herir a nadie.

-¿Sabe a qué se debió esa repentina explosión, maestro?-preguntó Mirajane colocando un trapo húmedo en la frente de su hermana menor.

-Aún no. Pero lo averiguaremos cuando lleguen...-

La puerta de la enfermería se abrió de golpe, interrumpiendo la conversación y llamando la atención de el maestro y Mirajane. Vieron a Natsu parado en el umbral con una clara expresión de preocupación.

-¡¿Qué le pasó a Lisanna?!-exigió saber. Mirajane se levantó del borde de la cama de su hermana y se acercó al Dragon Slayer.

-Le explotó la Lacrima de fuego que usamos para preparar la comida-Natsu palideció-Porlyusika ya la atendió, pero está muy mal herida.

Natsu puso su atención en Lisanna, y al verla recostada en la cama con horribles quemaduras le rompió el corazón. Se acercó a la cama donde se encontraba y tomó delicadamente su mano, con miedo a lastimarla aún más de lo que ya estaba.

Cuando se enteró que había "Fallecido" en la misión rango S, la cual tomó junto con sus hermanos, sintió cómo su mundo se había venido abajo. Pues aquella niña pequeña con la que había crecido ya no estaba, y no la volvería a ver. En su momento. Pero ahora...era algo diferente. Ver a una persona que más estimas herida y sin poder levantarse, era un golpe muy duro. Estaba ahí, pero en realidad no. El sentimiento de impotencia era horrible.

Entonces algo cruzó su mente.

-Fue mi culpa...-siseó. Mirajane y el maestro se sorprendieron ante ese comentario.

-¿Porqué dices eso, Natsu?-preguntó Mirajane.

-La Lacrima tenía magia Dragon Slayer, y seguramente no pudo soportarla. Terminó por explotar.

-No, Natsu-dijo el maestro-eso no pudo ser. Sí, la Lacrima no está hecha para la magia Mata Dragones, pero eso no quiere decir que no pueda retenerla.

-Abuelo...-

-No subestimes las Lacrimas, Natsu. Fueron un regalo de los ancestros, después de todo.

-¡Maestro!-lo llamó otra persona afuera de la enfermería. Max.

-¿Qué sucede, Max?

-Levy y Warren acaban de llegar. Ya se les informó de la situación.

-Entonces me les uniré para arreglar éste misterio. Disculpen-aclaró el maestro, y abandonó la enfermería.

-Iré con él-comentó Natsu-tengo que saber qué fue lo que pasó.

-Estaré aquí con mi hermana hasta que despierte-dijo Mirajane.

-Mira, ¿Podrías...?-

-Claro. Te avisaré cuando despierte-contestó con una cálida sonrisa. Natsu asintió y salió de la enfermería.

Afuera, recargada en la pared contigua de la enfermería, se encontraba Erza. Esperando a que Natsu saliera, lo alcanzó para preguntarle por Lisanna.

-¿Cómo está?

Natsu no respondió, simplemente siguió caminando. Erza se preocupó; primero por su compañera, y ahora por Natsu. Deseó que la condición de la peliblanca no fuera tan grave.

-¿Te dijeron porqué explotó la Lacrima?

Nada. Natsu guardó silencio. Erza lo arrebazó y lo detuvo colocando una mano en el pecho de él.

-¿Qué te ocurre, Natsu?

-¡La Lacrima explotó por mi culpa!-espetó. Erza contuvo el aliento-no pudo soportar magia Mata Dragones y explotó. Lisanna está herida por mi culpa.

-¿Eso te dijo el maestro?

-Eso creo yo-su voz tembló al final. Erza sintió un escalofrío al escucharlo.

-Las Lacrimas son bastante resistentes, Natsu-comentó la pelirroja-pueden retener bastante poder mágico, incluso la magia Mata Dragones.

-Eso dijo el abuelo.

-Y tiene razón.

-¿Pero y si se equivoca? ¡Lisanna está herida por mi culpa!

Erza enfureció. Tomó la mano de Natsu de forma brusca y lo apretó con fuerza; Natsu arrugó la frente al sentir semejante presión. Erza lo miró directamente a los ojos.

-¡Escúchame bien, Natsu! Hay cosas que tú no puedes controlar ni saber. Las Lacrimas fueron un regalo, sí. Pero nadie sabe bien cómo funcionan o de qué están hechas con exactitud. La Lacrima pudo ser ya muy vieja y se rompió, o pudo tener una especie de reacción con tu magia, ¡No lo sé!

Natsu escuchaba atentamente las palabras de Erza mientras su rostro se congeló en una expresión de sorpresa.

-Pero de algo estoy segura...-prosiguió Erza-tú no hiciste nada malo. Jamás lastimarías a nadie que sea tu amigo o compañero, ¿Verdad?

-...jamás.

-Entonces no te culpes por nada, ¿De acuerdo?-Natsu asintió-o sinó voy a patearte el trasero tan duro que tendrás que usar una silla de levitación.

Natsu dibujó una mueca, y rompió a carcajadas. Largas y muy ruidosas. Su risa fue tan contagiosa que hizo a Erza reír de la misma manera. Ambos rieron incontrolablemente por varios minutos hasta que se quedaron sin aire. Natsu sonrió.

-Gracias, Erza. Ya entendí-aclaró limpiándose una lágrima debajo de su ojo derecho.

-Más te vale, Natsu.

-Bien, bien.

Natsu bajó la mirada y notó que Erza seguía tomándolo de la mano; ella hizo lo mismo, y se sonrojó. Permanecieron mirándose las manos entrelazadas como si se tratara de lo más asombroso que habían visto. La sensación de sus manos unidas, la calidéz, se sentía muy bien. Bastante cómoda.

Erza levantó la mirada y se encontró con los ojos de Natsu mirándola fijamente. Contemplándola. Podía sentirse algo parecido a una conexión real y palpable. Erza dió un paso más al frente, y fue ahí donde notó que Natsu era ligeramente más alto que ella. Rió en sus adentros ante un hecho que había pasado desapercibido.

Levantó la otra mano para que así ambas manos le confirmaran lo que estaba pasando, que fuera real y no un sueño. Pero antes de que pudiera hacerlo, alguien los llamó del gran comedor del gremio.

-¡Chicos!-Lucy. Erza volteó sobre su hombro, la rubia aún no había llegado, pero sí soltó a Natsu con delicadeza antes de que los viera y se hiciera de una apresurada idea. Natsu reaccionó y sacudió la cabeza-¡Levy y Warren ya tienen una solución!

Dijo al entrar por el pasillo donde se encontraban. Natsu y Erza se apresuraron a unirse con los demás

-Bueno...ahora que ya están todos reunidos-el maestro se encontraba parado sobre una mesa, llamando la atención de todos los miembros, incluidos Natsu y Erza. Prosiguió-puedes explicar lo que recién descubrieron, Warren.

El maestro le cedió el lugar al mago telepata del gremio.

-Gracias, maestro. Para los que aún no lo sepan...-comenzó a explicar-nuestra querida compañera Lisanna fue víctima de un extraño suceso con una Lacrima de fuego. Nadie entre nosotros se había imaginado que ocurriría semejante cosa, y menos que una Lacrima explotara así de la nada; entonces nuestra compañera Levy...-

Warren, con un gentil ademán, señaló a la chica peliazul quien estaba parada a su izquierda. Ella saludó con una sonrisa, y en la otra mano sostenía una Lacrima.

-Y yo, nos dimos a la tarea de llegar al meollo del asunto. Después de algunas horas de trabajo e investigación, llegamos a una conclusión. Sí, la Lacrima explotó por una sobrecarga de magia.

Todos en el gremio comenzaron a murmurar. Natsu agachó la cabeza con tristeza. Erza lo miró de reojo.

-Pero no fue magia Mata Dragones lo que la sobrecargó...-al escuchar eso, Natsu volvió en sí-fue una mezcla de la magia elemental de la que está conformada la Lacrima, y un elemento conocido como "Anima".

"Anima". Esa palabra rebotó en todas direcciones dentro de la cabeza de Erza. Y el nombre de un excompañero suyo le vino a la mente.

-Mystogan.

-Así es, Erza-confirmó Warren. Erza se sorprendió que pudiera oírla de tan lejos-el "Anima" era la fluctuación de magia que estaba tratando de controlar nuestro excompañero Mystogan, y que fue la causa de nuestro viaje a la tierra de Edolas. Tal parece que el "Anima" aún sigue presente en nuestro plano, y está haciendo estragos con la magia de...-

La Lacrima que estaba sosteniendo Levy comenzó a emitir una luz blanca muy brillante, tanto que todos tuvieron que cubrirse los ojos; en una milésima de segundo, Gajeel, quien se encontraba cerca, le arrebató a Levy la Lacrima y la arrojó hacia el techo del gremio. La luz de la Lacrima llegó a su punto máximo y explotó en el aire. Todos tuvieron que cubrirse. Pasado el momento, el maestro se levantó y se dirigió a todos ellos.

-¡Escúchenme bien, es imperativo que cada uno de ustedes vaya por toda la ciudad y destruyan las Lacrimas que tenga cada ciudadano! ¡La situación es más crítica de lo que pensé, y no quisiera que haya vidas en riesgo! ¡Yo hablaré con el Alcalde para informarle la situación! ¡¡VAYAN!!

Y con esa orden, cada uno de los miembros de Fairy Tail se dispersaron por toda la ciudad con una sola misión: Destruir las Lacrimas.

No era una tarea fácil, pero ninguna lo era en realidad. Ya habían pasado por cosas mucho peores, y siempre salieron adelante. Ésto no sería diferente.

Buscaban casa por casa, cabaña por cabaña, edificio por edificio. Y toda Lacrima que encontraban, Lacrima que destruían. Los ciudadanos se preguntaban porqué, pero no había tiempo para explicaciones en ese momento. Eso sería después. Por ahora...sólo debían escuchar lo que Fairy Tail decía.

Ya habían recorrido más del setenta por ciento de la ciudad, las Lacrimas en la ciudad ya no presentarían un peligro. Erza destruyó la última en su zona. Se limpió el sudor de su frente con el dorso de su mano, levantó la mirada hacia el cielo y deseo que todo saliera bien en aquellos momentos, pues estaban contrareloj. Bajó la mirada y se encontró con la catedral, algo cruzó su mente al momento de verla.

-La catedral tiene un almacén lleno de Lacrimas para sus ceremonias-pensó. Reequipó su armadura de velocidad y corrió hacia la catedral.

Estaba algo lejos, pero eso no la desánimo. Apresuró aún más el paso. La velocidad era tanta que cortaba el viento, y provocaba un sonido agudo; haciendo vibrar las ventanas y provocando fuertes vientos. Ya sólo quedaban un par de calles para llegar.

Cruzó la última calle y una potente onda expansiva la detuvo en seco. La catedral había explotado. Era muy tarde. Erza miró horrorizada la terrible escena: la catedral siendo engullida por las llamas.

De pronto, las llamas comenzaron a moverse de forma vivaz, como si estuvieran bailando; se elevaron hacia el cielo y se reunieron, formando así un tornado de fuego abrazador. Erza no podía creer lo que estaba viendo. Nadie podía manipular el fuego de esa manera, excepto tal vez...

-Natsu...-musitó. dibujó una sonrisa.

Las flamas se disiparon en los aires, la catedral no había sufrido mucho daño. Erza se levantó y buscó a Natsu a su alrededor, pero no lo veía. La gente de la catedral salió poco a poco, teniendo un ataque de tos debido al humo del fuego. Fue en ese momento que vió a alguien a la distancia, cargando a un niño pequeño en sus brazos. Erza enmudeció. Aquella persona también la vió, amplió los ojos y segundos después sonrió. Estaba feliz de ver a alguien conocido.

Se acercó a ella para saludarla.

-Hola, Erza.

La pelirroja aún no podía creerlo. Estaba petrificada, y el tatuaje de color rojo brillante de esa persona no le ayudaba mucho, pues le recordaba al pasado. Una persona del pasado.

-...Mystogan.

CONTINUARÁ...