~~Chapter 28~~
Choosing Sides:
Gildarts y Mystogan
Estoy caminando por un sendero, el cielo está despejado y la brisa veraniega acaricia mi rostro como si fuera un trozo de seda al viento; en mi pecho una sensación cálida, en mi vientre una nueva vida promete llenar mi vida de amor, alegría y felicidad. Estoy bien.
Finalmente llego a una cabaña de madera oscura, abro lentamente la puerta y una ola de calor golpea levemente mi rostro. Algo se está cocinando. Me dirijo a la cocina y veo a mi amado esposo con un jabalí asado sobre una charola de plata; se da cuenta de mi presencia y voltea a verme con una sonrisa en su rostro. Hay un rubor en sus mejillas, y una luz que jamás había visto en sus ojos.
—Hola —lo saludo alegremente—, ¿Me estás esperando para comer?
—Sí, así es —confirma colocando el jabalí en la mesa frente a él.
—Espero que no tengas que trabajar de noche —comento al mismo tiempo que me acerco a él paso a paso—, porque quisiera pasar toda la noche contigo.
—No se va a poder —responde de manera muy seca. Mi alegría se va apagando.
—¿Qué, porqué?
—Recibí un mensaje —explica, y noto que las puntas de sus dedos se van oscurenciendo—, de mi hermano.
—¿Tu hermano? —cuestiono.
—Zeref te reclama —dice, ahora su cuello cambia de color. Palidece.
—¿Qué dijiste, Natsu?
Se acerca a mí en aire amenazante; sus piernas se deforman hasta cambiar para asemejarse a las de un dragón, luego su piel se llena de escamas color vino, sus dedos se vuelven más delgados y las uñas crecen hasta parecer garras, y en ambos laterales de su cabeza un par de cuernos emergen, y lo que es aún peor: La luz de sus ojos desaparece, se llenan de negrura. Una negrura infinita. Ya no lo reconozco, y eso me aterra.
Estoy aterrada, entro en pánico en una milésima de segundo y lo único que hago para reaccionar es sujetar con fuerza mi vientre. Natsu se acerca a mí más y más, o al menos a quien creo que es Natsu; la cosa frente a mí ya no es humano, y tampoco podría ser un dragón. ¿Entonces quién es?
—Aléjate... —musito. El ente frente a mí hace caso omiso y sigue caminando.
Trato de invocar una espada, pero mi magia no es la misma desde hace meses. Algo interfiere con el flujo de magia. Sólo camino hacia atrás, paso a paso con la idea de que seré atacada...o peor aún. Resbalo con algo en el suelo y caigo de sentón al piso; levanto la mirada y el ente ya está frente a mí. Sujeta bruscamente mi antebrazo y tira de él.
—¡¡ZEREF TE RECLAMA!! —ruge con todas sus fuerzas, y yo me quiebro como un huevo y comienzo a gritar.
—¡Erza! ¡Erza, despierta! —la pelirroja abrió los ojos y se irguió en un parpadeo.
Miró a todos lados y se dio cuenta que seguía en la cocina donde estaba la última vez que estaba consciente; levantó la mirada y notó a un joven rubio frente a él. Laxus. Respiró aliviada y tomó asiento en el suelo, sobre la fría madera.
—¿Qué te sucede, estás bien? —le preguntó. Erza estaba confundida.
—Eso... —un fuerte dolor en el abdomen interrumpió su respuesta, instintivamente llevó ambas manos a aquella zona para mitigar el dolor, lo cual no sirvió mucho—. Mi-Mi estómago... —
—Entonces no estás bien —afirmó el Dragon Slayer del rayo.
Se escucharon unos pasos provenir del otro lado del umbral, por el pasillo izquierdo, que se acercaban a ellos; entonces la maga de espíritus celestiales apareció, y al ver a Erza puso cara de pocos amigos.
—¡¿Ves?! —exclamó dirigiéndose a Laxus—. ¡Te lo dije!
—Lucy... —trató de hablar con la intención de calmar a la eufórica rubia, pero fue interrumpido en un segundo con un ademán amenazante.
—¡Yo estaba en lo cierto! —siguió con su reclamo—. ¡Por eso es que debímos haberla seguido en primer lugar desde el inicio!
—¿De qué estás hablando, Lucy? —le preguntó finalmente Erza frotando su vientre, en ese momento recordó su sueño y una sensación de horrenda desesperación la inundó de pies a cabeza.
—No te hagas la idiota —siseó con ira en la voz, incluso Laxus se sintió intimidado por su forma de hablar—. ¡Querías escapar con Natsu y él te traicionó!
Tanto Laxus como Erza estaban anonadados; uno por ser incapaz de creer semejante afirmación, y la otra por ser acusada de una mentira.
A la mañana siguiente, en el Consejo Mágico de Era.
—Hemos analizado la información —decía el líder del Consejo, todos los demás miembros miraban fijamente a la persona frente a ellos: un chico de cabellera azulada—; haciendo a un lado su lugar de origen, el cual cabe remarcar que se trata del reino de Edolas, usted a contribuido pacíficamente con Magnolia realizando misiones de rango S, ayudando a destruir las Sedes del gremio oscuro conocido como Phantom Lord por todo el continente en un tiempo récord, a controlar las tormentas de Anima que amenazan pueblos y ciudades enteras, y más recientemente a controlar el nuevo elemento nacido de la combinación del Stellanium con las Lacrimas conocido como...eh... —
—Enigma, Señoría —dijo el chico peliazul.
—Cierto. El Enigma; sin embargo... —
—¿"Sin embargo"? —cuestionó el chico. El líder del Consejo le dedicó una mirada severa.
—Eso no le resta importancia a su impulsiva conducta de actuar a espaldas del Consejo.
—Disculpe, Señoría, pero... —
—Usted realizó un viaje interdimencional sin autorización en las afueras de Magnolia —interrumpió el líder al señalar todo lo sucedido después de la llegada del joven—, también movilizó e involucró al gremio de Fairy Tail sin previo aviso.
El joven peliazul volteó hacia el Maestro Makarov después de que mencionaran al gremio. El Maestro se limitó sólo a devolverle la mirada.
—¡Pidió al Alcalde de Stella que cediera parte, sino es que la totalidad, de sus recursos minerales! ¡Eso sin mencionar que ejecutó magia, sino es que prohibida, sin previo aviso en las instalaciones de Fairy Tail! ¡¡Y TODO ESO EN UN DÍA!! —exclamó al mismo tiempo que golpeaba con fuerza su escritorio con el puño derecho, el joven no sabía porqué lo había hecho, lo veía como algo innecesario.
—Estoy consciente de ello, Señoría.
—Entonces respóndame: ¿Porqué debería confiar en usted en estos momentos, Joven Mystogan?
El joven peliazul, Mystogan, agachó la mirada mientras meditaba la pregunta por unos segundos; en parte el líder del Consejo tenía razón, él actuó de forma impulsiva, pero era por una buena razón. O varias de ellas. Y fueron esas mismas razones las que le dieron una clara respuesta a la interrogante que le estaba haciendo el hombre de edad avanzada frente a él. Mystogan alzó la mirada.
—Señoría, debo admitir que todo lo que usted ha dicho, cada una de sus evidencias, está completamente fundamentada. Está en lo cierto —los demás miembros del consejo comenzaron a susurrar entre ellos, incluidos algunos de los testigos que rodeaban al Maestro Makarov; él sólo se limita a a verlos. Mystogan prosiguió—. Así como también sé que usted las está señalando como actos imprudentes, pero déjeme decirle que se equivoca.
El líder del Consejo amplió los ojos, y una de sus cejas sufría de un tic nervioso.
—Créame cuando le digo que de tener el tiempo suficiente hubiera acudido a ustedes, el Consejo, para que me autorizaran, además de pedir su ayuda, todos mis movimientos y resolver los problemas de en ese momento; sin embargo no lo tuve. Actúe de forma rápida y concisa, pedí la ayuda de aquellos a quienes conozco de años por esa misma razón: La confianza que se formó entre nosotros. Y le estoy eternamente agradecido al Maestro Makarov por su apoyo.
Mystogan volteó hacia el Maestro, y éste, con una sonrisa en su rostro, asintió levemente. El peliazul se volvió hacia el líder del Consejo.
—Pero ahora las cosas han cambiado, Señoría; el mundo ya no es lo que era antes. Y es por eso que ahora me encuentro aquí, humilde y con un gran deseo de prosperidad, frente a ustedes para pedirles de su ayuda —todos los miembros del consejo lo miraban fijamente y en completo silencio—. El Enigma funciona, eso es seguro; pero lo que necesito es comprobar si estabilidad y composición para confirmar que no es dañino ni tóxico para la buena gente de Magnolia. Para todo en Reino de Fiore. Por favor, ayúdenme.
Por unos largos minutos hubo un silencio total, y los miembros del consejo intercambiaban miradas entre ellos, todos menos el líder quien seguía observando a Mystogan. ¿Quería averiguar si lo que había dicho era mentira? Pues se equivocaba; las razones de Mystogan son completamente reales y específicas. No encontraría malicia en él, de ninguna manera.
El líder del Consejo alzó una mano para llamar la atención, y los presentes enfocaron su atención en él.
—Aquí en el Consejo trabajamos de una sola manera, joven Mystogan: Siendo claros y transparentes —dijo con voz serena, casi amable. Mystogan asintió.
—Lo entiendo, Señoría —confirmó Mystogan.
—Si va a trabajar aquí tendrá que reportar todos sus avances y hallazgos con una persona específica del Consejo, y nadie más.
—Y así se hará, Señoría.
—Muy bien; la persona a quien deberá reportarle sus avances será asignada próximamente, mientras tanto el cuerpo de científicos que seguirá sus órdenes será formado de manera inmediata. Hasta entonces...espere nuestro llamado, joven Mystogan.
—Se lo agradezco mucho, Señoría —el líder concluyó la sesión con un golpe de su mazo y todos se levantaron de sus asientos.
Media hora después, en el jardín del Consejo.
—Debo decir que al principio no los noté muy convencidos, Mystogan —dijo el Maestro Makarov, sentado junto al joven peliazul—; y aunque al final los convenciste de alguna manera, para mí algo no cuadra.
—¿A qué se refiere, Maestro? —quiso saber Mystogan.
—El Consejo estaba dispuesto a ponerte peros a tu solicitud, por algo te estaban recriminando tus acciones al llegar aquí, y luego así de la nada...te conceden el permiso —el Maestro Makarov meditó por unos segundos lo ocurrido, y Mystogan lo miraba fijamente esperando por una respuesta. Entonces el Maestro lo miró de reojo—. ¿A caso usaste un hechizo para hipnotizarlos?
—¡Jajaja! —Mystogan rompió a carcajadas, el Maestro Makarov seguía mirándolo—. ¿Maestro, cómo se le ocurre tal cosa?
—¿Lo hiciste?
—Claro que no —confirmó Mystogan con sinceridad—. Los años que he vivido aquí no son el balde, Maestro; tengo un concepto de cómo referirme al Consejo. Lo que ellos quieren es que les pidamos ayuda directamente; por esa misma razón es que odian tanto al Gremio: Actuamos sin su consentimiento.
—Extrañamente eso ya lo sabía, Mystogan —comentó el Maestro—. Lo que en realidad no me importa.
—¡Ja! Maestro, usted nunca cambia.
—Eso tenlo por seguro. Desprecio al Consejo —el Maestro Makarov suavizó su expresión y dejó salir un suspiro de resignación—. Pero hay que rendirle cuentas después de todo.
—Sé cómo es eso —rectificó Mystogan.
—Bueno, cambiando de tema —dijo el Maestro al levantarse de su asiento y dirigirse a la salida del jardín, seguido de cerca por Mystogan—: ¿Ya tienes todo planeado para tu división científica?
—Lo tengo planeado desde que las Lacrimas de Edolas se manifestaron —respondió el peliazul con total seguridad—. Por desgracia en mi reino dejaron de existir los materiales y componentes que necesitaba para realizar el análisis, y si hacemos más nos tomaría años. Y quién sabe qué podría pasar en esos años.
—Sí, tienes razón.
—Por eso mismo logramos abrir el portal que nos ayudó a llegar aquí. Magnolia de Earthland rebosa de muchos elementos y flujos mágicos. Aquí podremos trabajar sin problema.
—Muy bien —el Maestro Makarov le dio la espalda a Mystogan y comenzó a alejarse de él, y ya en cierta distancia entre ellos volteó hacia él—, Trataré de entablar buenas conexiones con el Consejo. Tu propuesta del equipo científico es muy buena; tiene futuro, y yo quiero ayudarte con eso en lo que pueda.
—Maestro... —musitó Mystogan completamente sorprendido. El Maestro Makarov sonrió.
—Con el paso de los años, mientras estabas en el gremio, comencé a confiar más a en ti, Mystogan; eres un mago excepcional, y sé que llegarás muy lejos.
—Gracias, Maestro. Usted es el mejor.
El Maestro Makarov asintió y siguió con su camino. Mystogan levantó la mirada y cerró los ojos; estaba honrado de haber conocido al Maestro Makarov, y que este a su vez le brindara todo su apoyo. No sólo a él, todos los miembros de Fairy Tail ya los consideraba como su familia. Estaba feliz; daría hasta la vida por ellos.
—¡Señor! —lo llamó una voz femenina. Mystogan salió de su ensimismamiento y volteó en aquella dirección donde la escuchó. Se trataba de una joven de cabellera púrpura corriendo hacia él.
—¿Eimie? ¿Qué sucede? —le preguntó a la joven. Ella se detuvo para recuperar el aliento estando lo suficientemente cerca de Mystogan.
—Señor... Señor, yo... —decía entre jadeos. Mystogan trató de calmarla.
—Respira, Eimie, respira. Trata de recobrar la compostura.
—Señor... —siseó Eimie, luego dio un prolongado suspiro—, tenemos una situación.
—¿Qué clase de situación?
—El Consejo a recibido muchas llamadas de emergencia por parte de un pequeño pueblo, reportando a una criatura que lo destruye todo.
—¿Una criatura? —cuestionó el peliazul, Eimie asintió.
—Sí. Nadie sabe cómo es o qué clase de magia usa, sólo saben que está se siente diferente a los demás flujos de magia; en palabras de algunos, esa magia se siente antinatural.
Eso despertó la curiosidad de Mystogan. Una criatura no identificada que no usa ninguna especie de energía mágica, tenía que verla sí o sí; rápidamente tomó a la joven Eimie de la mano y salieron corriendo del jardín del Consejo hasta llegar al salón que se convertiría en el nuevo laboratorio científico de Mystogan; el joven peliazul tomó su mochila de viaje que siempre llevaba con él desde que llegó a Fairy Tail y metió varios objetos dentro, objetos que le ayudarían con su investigación de la criatura desconocida.
—Señor...¿En verdad está pensado en ir? —le cuestionó la joven Eimie aún incapaz de creer lo que estaba viendo. Mystogan se limitó a asentir con entusiasmo y una enorme sonrisa en su rostro—. Pero señor, puede ser peligroso.
—Eso lo hace más fascinante, Eimie —comentó Mystogan metiendo sus cosas rápidamente y sin intención de detenerse o dudar—; en un principio el mundo era un lugar nuevo y extraño para los primeros seres humanos, ¿No?
—Eso creo.
—Entonces esto no es diferente de aquello, Eimie; el mundo es enorme, el mundo aún no está explorado del todo. Hay cientos, sino miles, de criaturas y fuerzas mágicas que aún no están catalogadas del todo. Y es mi trabajo, NUESTRO trabajo, adentrarnos en lo desconocido y aprender lo más que podamos.
Mystogan terminó de preparar su mochila y la colocó en un ágil movimiento sobre su hombro derecho, luego el izquierdo, y ya estaba listo para irse.
—Si los muchachos llegan al laboratorio diles que regresaré en breve, que mientras tanto pueden ir armando el laboratorio para un posible análisis de una nueva criatura.
—Señor... —musitó Eimie, pero Mystogan hizo caso omiso y la pasó de largo aún con su entusiasmo a tope.
—Creo que tendré que llevar más tubos de ensayo —decía para sí mismo.
—Señor... —volvió a llamarlo Eimie, sólo que esta vez levantó un poco la voz.
—¿O es demasiado? Creo se tengo el materia suficiente.
—¡Señor!
—¿Tengo que llevar bloqueador?
—¡¡SEÑOR!! —exclamó la joven, y por primera vez Mystogan la volteó a ver muy sorprendido por recibir un grito, más viniendo de ella. Eimie se dio cuenta que la estaba mirando y agachó la mirada con pena—. Creo que está olvidando algo.
—¿Sí? —cuestionó Mystogan, luego se encogió de hombros—. ¿Y qué podría ser?
—Debo recordarle que ahora es parte del Consejo, una nueva división por supuesto, pero del Consejo a final de cuentas... —
—¿A qué quieres llegar, Eimie? —quiso saber Mystogan.
Eimie hizo un puchero y se dirigió a un closet metálico, uno de los pocos muebles que tenía el nuevo laboratorio, y lo abrió de par en par. Señaló con ambas manos su contenido. Mystogan se acercó al closet y observó su interior: Dentro habían muchos uniformes oficiales de los magos que formaban parte de las filas del consejo. Mystogan entendió a qué se refería Eimie.
El joven peliazul caminaba por un sendero bajo los rayos del sol, los cuales eran reflejados a la perfección por la nueva vestimenta de Mystogan: Usaba botas largas de color negro, un pantalón blanco sin ninguna arruga, una playera de manga corta que se le pegaba mucho a su dorso bien formado, y encima lo cubría una gabardina blanca con líneas verdes claro en los bordes. ¿Ese era el color que usaría su nueva división científica? No lo sabía, pero si era cierto, les quedaría muy bien. Mystogan debía admitir que el Consejo sabía cómo elegir sus uniformes; aunque, por un lado, no estaba del todo a gusto porque su contra parte de Earthland, Jellal, usaba un uniforme parecido, y lo último que él quería era que lo confundieron con ese sujeto. Eso lo resolvería más tarde.
Después de explicarle a Eimie lo que debía hacer, salió del Consejo Mágico y llamó a una carreta para que lo acercara lo más posible al lugar que le había indicado la joven Eimie en donde se encontraba la criatura misteriosa; al principio el chófer de la carrera se negó, pero Mystogan sabía lo que en realidad quería: Su pago. Desde luego que se lo daría, nada era gratis después de todo, aunque trabajaras para el Consejo.
Mystogan se sentía ansioso por ver la criatura, sin embargo no era lo único que sentía; una clase de paz interior crecía dentro de él, un sentimiento cálido que cada vez se sentía más y más fuerte. ¿De que se trataba? No estaba seguro, pero con un demonio que se sentía bien. Estaba calmado, tranquilo, completamente relajado. Y nunca se había sentido así antes. El Anima era una fuerza poderosa que ponía en peligro a los demás, personas inocentes, y siempre debía estar alerta en caso de cualquier cosa que se presentara; tal vez esa era la razón. El Anima.
—Eso terminó ya —se dijo a sí mismo. Finalmente se había terminado. Era libre de esa carga.
Una detonación a la distancia llamó su atención; alzó la mirada para buscar su lugar de origen, y encontró pequeñas edificaciones a unos metros. El pueblo del que la joven Eimie le había dicho, seguramente se trataba de el. Mystogan apresuró el paso para llegar.
El lugar estaba hecho un desastre, "Patas arriba" se podría decir: Las casas y locales mercantiles yacían convertidos en escombros, apenas eran la sombra de lo que eran; los caminos llenos de agujeros de explosiones y...lo que parecían ser agujeros de puñetazos; además, zonas de tierra negra, como si una fuerte ola de fuego destructivo hubiera golpeado el suelo. ¿Qué era esa criatura?, era lo que se preguntaba Mystogan.
—Esto es demasiada destrucción —siseó.
Otra detonación llamó su atención, está se encontraba en su lado derecho, dejó su bolsa de viaje dentro de una casa y se escabulló hacia allá. Lo que vio aceleró su corazón.
—¡No estás pensando claramente! —exclamó un hombre de larga cabellera castaña. Su capa ondeaba con las fuertes ráfagas de viento—. ¡Tienes que escucharme!
Su oponente hizo caso omiso de sus palabras y siguió atacándolo; inhaló una gran bocanada de aire y expulsó una gran ola de fuego negro. El hombre castaño manifestó su magia y partió el fuego por la mitad, apenas eludiendo el ataque.
Mystogan no daba crédito a lo que estaba viendo, le era imposible de creer; el hombre castaño era Gildarts, lo sabía por su vestimenta y su inconfundible voz profunda, con él había compartido el título del hombre más fuerte del gremio de Fairy Tail; pero el otro, el oponente de Gildarts, le parecía familiar...y a la vez un completo desconocido. La vestimenta del oponente estaba hecha jirones, pero reconocía un pantalón amplio de color blanco, una sandalia negra, y lo que parecía ser un chaleco; daba la impresión de que se trataba del Dragon Slayer del fuego, Natsu, en cambio su apariencia era algo completamente diferente: Ahora su cuerpo estaba repleto de escamas color rojo brillante, en sus dedos le crecieron unas gruesas y enegrecidas garras, y en su frente un par de largos cuernos lo adornaban. Ahora el ya no parecía humano, era...una especie de demonio.
—No puede ser... —
—¡Maldita sea, Natsu! —gritó Gildarts, amplificó su magia a todo lo que tenía y destruyó la ola de fuego negro del Dragon Slayer—. ¡Escúchame!
—Es inútil —Natsu apareció de la nada a espaldas de Gildarts.
El pelirrosado concentró toda su magia en el puño derecho para darle el golpe de gracia a Gildarts, el castaño gruñó mientras miraba de reojo cómo Natsu lanzaba el puñetazo; Mystogan apareció junto a Natsu y lo hizo retroceder con un pulso mágico, luego se impulsó con el pie derecho y le lanzó una patada; Natsu la esquivó y arrojó un golpe. Una y otra vez ambos de lanzaban ataque tras ataque, y lo evadían como si no fuera nada.
—¡Reacciona, maldita sea! —gruñó Mystogan al mismo tiempo que bloqueaba un puñetazo de Natsu.
—¿Porqué todos dicen lo mismo? —cuestionó Natsu con su voz demoníaca, y Mystogan se percató de ello—. No tengo tiempo para esto.
Natsu manifestó su magia de Dragon Slayer y cubrió a Mystogan con su aliento de fuego negro; retrocedió y salió disparado al cielo para después salir volando de ahí. Tanto Mystogan como Gildarts sólo se quedaron viendo cómo escapaba hasta perderse a la distancia.
Mystogan reaccionó y se acercó a Gildarts para saber cómo se encontraba.
—¿Cómo estás? —le preguntó. El castaño asintió y se inclinó para recuperar el aliento.
—Estoy bien, un poco golpeado pero bien.
—Ok. ¿Quieres decirme qué pasó?
—Natsu me estaba atacando —respondió seriamente.
—Sí, de eso me di cuenta; me refiero a el porqué te estaba atacando. ¿Otra vez se peleaban para saber quién era más fuerte?
—No, no era ningún concurso de fuerza ni nada.
—¿Entonces? —cuestionó Mystogan bastante confundido.
—Pues... —
—¡Oigan! —alguien interrumpió su charla, una voz femenina. Ambos voltearon en la dirección donde la escucharon y vieron a Erza corriendo hacia ellos acompañada de Lucy, Laxus, y Gajeel—. Chicos, ¿Qué creen que hacen aquí? —les pregunto una vez que estuvo lo suficientemente cerca.
—Eso les preguntaría a ustedes —señaló Gildarts levantando una ceja.
—Estamos... —
—¿Alguno de ustedes ha visto a Natsu? —interrumpió Lucy.
—Eh...algo así —respondió Mystogan no muy convencido de su respuesta—. ¿Ustedes también lo están buscando?
—Bueno... —Erza trató de responder, pero le era demasiado complicado explicarlo—, es una historia muy larga y complicada.
—¿Puedes contarme la versión corta?
—...de acuerdo. Creo que podemos empezar con ustedes dos.
Mystogan y Gildarts intercambiaron miradas de confusión.
Erza les contó todo, de principio a fin: Cómo Natsu se fue del gremio y no volvió, el ataque a Juvia y Morgan, su batalla contra Natsu y su repentino cambió físico. No omitieron ningún detalle.
Mystogan estaba más confundido que al principio, más sabiendo que la criatura que fue reportada al Consejo se trataba de Natsu; en el momento que lo tocó, cuando detuvo su primer golpe, pudo concluir que la fuerza de Natsu no se trataba de su magia usual en sí. Había algo más, algo...antinatural.
Gildarts por otro lado no se le veía inquieto o perturbado, todo lo contrario: se veía igual de enfocado que al inicio. Erza, y también Laxus, se preguntaban en qué estaba pensando.
—...y eso nos llevó aquí, con ustedes —Erza terminó de contarles la historia, y los cuatro esperaban la respuesta de ellos dos.
—¿Cómo fue que las cosas terminaron de esta manera? —Mystogan fue el primero en hablar, y le formuló la pregunta a Erza.
—Yo tampoco lo sé —respondió la pelirroja con tristeza.
—esa es la razón principal de que tratamos de capturar a Natsu —comentó Lucy con seriedad—: Para aclarar las cosas.
—Sí —dijo Gildarts cruzándose de brazos—, y con justa razón. ¿Si ya tenían a Natsu en primer lugar, porqué lo dejaron ir?
—Porque la estúpida de Erza lo dejó escapar para irse a su nidito de amor —respondió Lucy con veneno en sus palabras. Erza la volteó a ver con el ceño fruncido.
—¡¿Podrías dejar de atacarme por un segundo, Lucy?! —exclamó. La rubia se acercó a ella con aire amenazante; Laxus se interpuso entre ellas y las separó extendiendo sus brazos.
—¡¿De quién es la maldita culpa de que Natsu se escapara en primer lugar?! —le cuestionó señalándola con el dedo índice—. ¡Esto se hubiera resuelto de una vez si no tuvieras la intención de fugarte con él!
—Ya basta, chicas —dijo Laxus.
—¡Yo no traté de escapar con él! —replicó Erza.
—¿Entonces porqué estamos buscando a Natsu otra vez, eh?
—¡Suficiente! —ordenó Gildarts al acercarse a ellas. Lucy chasqueó la lengua y se alejó de Erza, dándole la espalda a ella y a Laxus—. No hacemos nada con quedarnos aquí y discutir entre nosotros; debemos buscar a Natsu y aclarar todo de una buena vez. ¿Están de acuerdo?
—Sí —respondieron todos menos Lucy—.¿Ya tenían un plan?
—En realidad no —respondió Laxus—. Íbamos al Gremio para pedirle ayuda a todos, y después trazaríamos un plan.
—De acuerdo, me parece bien. Creo que lo que está pasando les concierne a todos en el gremio. Es hora de irnos.
Todos asintieron al escuchar a Gildarts, y se pusieron en camino.
Laxus, Gajeel y Gildarts al frente discutiendo sobre un posible plan; el castaño les pidió a ambos que le contaran cómo fue que combatieron contra Natsu para saber qué más podía hacer, y así pensar en una forma de neutralizarlo; detrás de ellos, muy solitaria, caminaba Lucy con la mirada al frente y con el ceño fruncido, no decía palabra alguna, sólo seguía caminando a su propio ritmo; y al final estaban Mystogan y Erza, ambos conversaban para tratar de animar el tenso ambiente, y también para distraerse un poco. Entonces Mystogan no pudo más con la curiosidad y le hizo una pregunta a Erza.
—¿Desde cuándo tienes sentimientos hacia Natsu? —está vez la pregunta no la tomó por sorpresa, todo lo contrario: Se sintió como algo normal.
—Apenas, no tiene tanto —respondió Erza de forma neutral. Mystogan asintió.
—¿Cuándo lo descubriste?
—...cuando Natsu me salvó de la torre paraíso. Fue ahí.
—Entiendo —por unos segundos Mystogan guardó silencio, luego dejó salir una risita.
—¿Porqué te ríes? —preguntó Erza, extrañada de la reacción de su compañero.
—Aunque tú seas diferente, en cierto modo me recuerdas a Knightwalker—afirmó
—¿Qué?
—Sí, lo digo en serio; ustedes dos son tan parecidas así como diferentes. En cierta manera.
—¿Porqué dices eso?
—Porque Knightwalker actuó de la misma manera cuando me dijo que me amaba —Erza levantó ambas cejas con sorpresa—, y ahora míranos ahora, a punto de casarnos.
—¡¿Qué?! —exclamó Erza—. ¡¿Eres el prometido de Knightwalker?!
—Sí —respondió Mystogan con simpleza, como si fuera lo más normal del mundo.
—No puedo creerlo —musitó Erza.
—¡Jajaja! Sí, yo tampoco lo creía; pero sucedió. Ella es una increíble mujer, con todo y su temperamento.
—En eso tienes razón.
Ambos rieron al mismo tiempo, lo que llamó la atención de Lucy; luego de verlos, la rubia los fulminó con la mirada y se volvió de nuevo al frente.
—Erza... —susurró Mystogan.
—¿Mmm?
—No temas al buscar tu propia felicidad —aconsejó—; sé que las circunstancias con Lucy no fueron las mejores.
Erza miró a Lucy, al notar que ella se alejaba más de ellos la inundó un sentimiento de culpa y tristeza.
—Pero hay que verlo de esta manera —señaló Mystogan—: En algún momento tenía que enterarse, al igual que todos en el gremio.
—Sí, lo sé —aclaró Erza.
—Sé que tratas de lidiar con ello, con tus nuevos sentimientos, pero es como yo digo: No pienses, sólo actúa —ahora fue Erza quién rió por lo bajo, llamando la atención de Mystogan—. ¿Qué sucede?
—Fue lo mismo que me dijo Knightwalker —respondió tratando de contener la risa. Mystogan dibujó media sonrisa.
—¿En serio? —cuestionó. Erza asintió—. Jaja, me alegra saber que aprendió algo de mí.
—Ahora sí estoy sorprendida.
Ambos siguieron charlando en el trayecto que faltaba para llegar a Magnolia. Y una vez que llegaron al gremio, trataron de reunir a todos para explicar lo que estaba pasando
Continuará...
