Harry Potter pertenece a JK Rowling.

Star Wars pertenece a George Lucas (y a Disney)

Harén de Harry.

HP: Hermione Granger, Daphne Greengrass, Padma Patil y Susan Bones.

SW: Aayla Secura, Ahsoka Tano y Maris Blood.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...

Dos jóvenes esperanzas, se encontrarán en un futuro, mientras que aprenden como es el mundo, y el ambiente en el cual les ha tocado vivir.

Uno de ellos, será entrenado como un Jedi, guardianes de la paz, pero la oscuridad crecerá lentamente, en su interior.

En otro, conocerá el secreto de la magia, y de La Fuerza de luz y oscuridad.

Cap. 3: Sable de Luz + Misma Profecía.

Las semanas pasaron, y se convirtieron en meses.

Ambos sabían, que el entrenamiento de su Padawan, estaba casi terminado, pues Harry avanzaba a pasos tan agigantados, que solo podían ver esto, como La Fuerza, hablándole.

Le enseñaron todo cuanto pudieron, y conocían.

Pero su alumno, no solo estaba en los asuntos Jedi/Sith, sino que tenía su propia vida, en la tierra, aun así, nunca descuidó su entrenamiento y siempre volvía al bosque, ansioso por aprender algo nuevo.

Kaft reunió diversos componentes, los mejoró con La Fuerza, los comparó y preparó todo, para que su alumno construyera su primer sable de luz.

¿Cómo quería Kaft que lo lograra?

Enseñó a su amiga y a su Padawan, que la cueva era más grande, de lo que los tres habían creído, y usando los sables de luz, o haciendo que sus manos emitieran luz, descendieron por unas escaleras creadas por el propio Kaft, hasta una mina, cuyas paredes estaban llenas de...

"Kaft, ¿estos son, lo que yo creo que son?" ―preguntó una incrédula Sheda susurrando, al tiempo que miraba la cueva, sin poder creerlo.

―Lo son, Sheda. Harry, estos son Cristales Kyber vírgenes ―dijo Kaft, sonriendo. ―Esta parte de la cueva, es una mina entera del cristal, en su estado más puro y virgen. Como ya antes, te lo hemos explicado, es el componente más importante del Sable de Luz.

―En el entrenamiento Jedi, los alumnos son enviados al helado planeta Ilum, donde extraen sus cristales Kyber, el cual es típicamente incoloro, hasta que entra en sintonía con los usuarios de la Fuerza, ante su presencia, dando a sus sables de luz, un color distintivo. ―Explicó Sheda. ―Cuando un Jedi se conecta con un cristal kyber éste normalmente genera una hoja láser de color azul o verde. Otros colores como el morado o amarillo son raros, pero también posibles. Sin embargo, cuando un Sith imbuía a un cristal Kyber con su aura del lado oscuro, el cristal generaba casi siempre una hoja de color rojo: el símbolo de la visión agresiva de un Sith sobre la Fuerza.

Aunque, Sheda dijo, que también era debido, a que los cristales Kyber de los Sith solían ser sintéticos.

Harry, fue colocado ante varias piezas de metal, pero él ya sabía, como lo armaría.

Harry, dejó que La Fuerza lo guiara. Por momentos, liberaba Fuerza lumínica, y por momentos Fuerza oscura, intentando crear un modelo neutro, para su sable y la empuñadura, hasta lograr darle una forma curva a la empuñadura.

―Tu espada, la hemos inspirado en los primeros años, antes de los llamados Proto-Sables, tú mismo nos viste luchar con espadas de hojas de metal, y luego con hojas de plasma. ―Dijo Kaft. ―Observa, ¿ves este botón rojo, en la empuñadura? ―Harry asintió. ―Cuando lo presiones, la hoja de luz/plasma saldrá. Pero, ―señaló algo parecido a un engranaje ―Cuando hagas girar esto, saldrá una hoja de metal, tanto mandaloriano y Cortosis, que he fundido atómicamente, es quizás la hoja de no-luz, más poderosa y aguda de la galaxia.

―Deberás de meditar con la empuñadura, volverte uno con tu arma, y en una semana, la hoja debería de reflejar tu corazón. ―Dijo Sheda. Harry asintió.

Sabía que el momento, para despedirse de sus maestros, se acercaba. Y ahora mismo, estaba revisando los libros, luego pensaba meditar un poco.

Una de las enseñanzas más recientes, fue que, desde ambos lados del espectro, existían poderes de La Fuerza, para leer la mente. Así que ahora mismo, Harry se estaba entrenando a fondo, para poder evitar esa lectura mental.

Estaba buscando, como cerrar su mente, y mantener la serenidad.

El Sith'ari no conocerá límites.

El Sith'ari destruirá a la decadente Orden de los Sith.

El Sith'ari despertará a los Sith de entre los muertos y los hará más fuertes que antes.

Libro de los Sith (1985).

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El Elegido, es aquel que traerá el equilibrio a la Fuerza, alguien que entenderá la Luz, luego de la caída en la más absoluta oscuridad.

Libro de los Jedi (1985)

Los tres creyeron, que esas eran las únicas interpretaciones de la Profecía del elegido Jedi, pues Sheda le dijo a Harry, que la profecía original, se había perdido hace ya varios milenios.

Pero, la cueva probó ser algo más. Más que solo un yacimiento Kyber, Harry encontró una especie de trozo de pared falsa, con forma de caja, en cuyo interior, encontró muchas cosas, las cuales pronto vio que tenían relación con sus maestros, con La Fuerza, con los Jedi y Sith.

Harry estudió las cosas de la caja, entre ellas, un Holocrón, una forma de tecnología que permitía guardar información. Esta se activó ante Harry, y le permitió ver, lo que él creyó asertivamente, que era la Profecía del Elegido.

La imagen holográfica titilaba, como si fuera a apagarse, en cualquier momento, así que Harry escribió en el suelo de piedra, la Profecía.

Solo a través del sacrificio de muchos Jedi, la Orden se limpiará de todo pecado hecho a los sin nombre.

El peligro del pasado no ha pasado, sino que duerme en un huevo. Cuando el huevo de rompa, amenazará a toda la galaxia.

Cuando la propia Fuerza enferme, el pasado y futuro han de separarse y combinarse.

El Elegido aparecerá, nacido de ningún padre, y a través de él se recuperará el balance definitivo de la Fuerza.

― ¡Maestros! ―llamó Harry, justo cuando los veía (una vez más), comenzar un combate, ambos se detuvieron, corrieron por la cueva y se acercaron a su alumno, quien les enseñó el Holocrón, luego, con la Fuerza, atrajo hacía sí, ambos libros-códices, y los abrió en una misma página. ―Por favor, vean esto. ―Lo leyeron de ambos libros, y luego esperaron a que Harry dijera algo.

―Sí, ¿y? ―preguntó Sheda, luego de esperar por algunos minutos, a que su alumno hablara.

― ¿Y si esta profecía, está por cumplirse, ahora mismo? ―preguntó Harry. ― ¿Y si, hace un millón de años, cuando los Jedi y los Sith, se decantaron por alguno de los lados de la Fuerza, desequilibraron todo?

Sheda lanzó una risilla. ―Harry ―dijo repentinamente de buen humor, y sonriendo. ― ¿Quieres decir que TU, eres Elegido?

―Ustedes mismos me lo han contado ―dijo Harry, girándose para mirarlos. ―El equilibrio, no existe actualmente. ―Miró a Kaft. ―Los Sith están en decadencia, hay muy pocos. ―Miró a Sheda. ―Hay demasiados Jedi. El equilibrio, se ha roto. Y ahora, no es cosa de traer nuevamente, una Orden Sith, a la Galaxia, de la cual ustedes provienen. Sino, que es hora, de traer una nueva organización. Una organización, que cumpla y enseñe ambos lados. ―Jedi y Sith, se miraron mutuamente, frunciendo el ceño. ― ¡Oh, por favor!, ¿acaso no soy yo, la prueba viviente, de que es posible para un alma, vivir en armonía total, con luz y oscuridad? Ustedes mismos, han estado aceptando, que se aman. Y aceptaron entrenarme, llegando a respetarse, mutuamente. ―Se sonrojaron, debido a que su alumno estaba en lo correcto.

―Telequinesis―dijo Kaft

―Absorción de energía ―dijo Sheda, con una suave sonrisa.

―Estrangulamiento ―dijo el Sith.

―Desarme. ―Dijo la Jedi.

―Debilitamiento ―dijo nuevamente el Sith.

―Sanación por la Fuerza ―dijo la Jedi.

―Sentidos mejorados ―dijo el hombre sonriente.

Ambos le miraron. ―Lo has hecho muy bien, Harry.

Harry sonrió.

Ambos tendrían que contar esto al Concejo Jedi y al Fuero Sith.

Sus maestros y él habían recorrido el mundo. Por muy increíble que pareciera, volar haciendo uso de la Fuerza, no fue difícil para ninguno de los tres.

Sus maestros se interesaron por las espadas, usadas por los humanos, a lo largo de la historia. Habían creado análogos, de los componentes tecnológicos y avanzados de la Galaxia de la cual provenían. No importó que el planeta tierra, estuviera muy retrasado tecnológica y culturalmente, pues lograron recrear, todas las piezas para el sable de luz, para su alumno.

Así mismo, y convirtiéndose la Jedi y el Sith, en mecánicos que iban desde ignorantes hasta inexpertos, lograron comprender el funcionamiento de cada pieza de las naves, en las cuales vinieron, pudieron compararlas con la tecnología terrícola, y (hasta donde Harry supo), viajaron hasta los Estados Unidos de América, infiltrándose en la base central de la NASA, luego fueron a la ESA (ubicada en el país de Francia y la ciudad de Paris), después al ESTEC –Por sus siglas en inglés– de Holanda.

Al volver del quinto viaje, de recolección tecnológica aeroespacial, el Sith se estaba quejando, a más no poder, sobre cuán retrasada estaba la tierra, tanto armamentísticamente, como en vehículos espaciales. Afortunadamente, y a pesar de todas las quejas del lord Sith, todo aquello resultó serles útil, para aquella nave hibrida, que estaban construyendo entre ambos.

Habían tomado las tecnologías de ambas naves, habían cambiado sus ropas, por ropas humanas, habían usado telepatía, habían aprendido mucho, no solo sobre la cultura del país de Inglaterra, sino de otros países, habiendo usado el vuelo y velocidad, como poderes comunes en La Fuerza, visitando diversas culturas e idiomas, y reuniendo tecnologías.

Sheda, reunió diversos componentes, los mejoró con La Fuerza, los comparó y preparó todo, para terminar la reconstrucción de la nave, que ambos usarían para salir del planeta Tierra y volver a... sus respectivos planetas.

Harry, ingresó en la cueva, sus maestros le siguieron y lo vieron armar un segundo sable de luz, pues Kaft tenía más piezas de sables de luz, y luego empuñó dos cristales Kyber, su concentración, casi lo hizo desmayarse, pero al final colocó los cristales, en un sable.

Sintieron la luz, provenir del sable de hoja negra.

Sintieron la oscuridad, provenir del sable de hoja naranja.

Abrazó a sus maestros, quienes derramaron lágrimas, antes de subir a su rustica nave caza, la cual era una fusión de ambas naves, junto con muchos metales y tecnologías primitivas terrestres.

―Jamás visites Coruscant. ―Le advirtió Kaft, antes de sonreírle y abrazarlo. ―Nos vemos en Korriban.

― ¿Y crees que el niño, irá a ese planeta, solo porque tú se lo pides? ―gruñó Sheda, frunciendo el ceño. Escuchar ser llamado así, por primera vez, y con ese tono de voz, hizo saber a Harry que Sheda, lo veía y protegía como si fuera su hijo. ―Nos vemos en Coruscant ―dijo Sheda, dándole un beso en la frente.

A veces se comportan, como mis padres ―pensó Harry, con alegría. Ellos eran sus padres adoptivos, lo habían entrenado, le habían prestado atención, le habían enseñado que no era un bicho raro, como decían sus tíos. Lo habían acogido.

―Sheda, creo que aún falta una última cosa, antes de retirarnos del planeta. ―Dijo Kaft sonriente.

Sheda frunció el ceño. ―No lo he olvidado, no soy estúpida, Kaft.

Guiaron a Harry a la cueva, al mismo punto de entrenamiento, al punto en el cual Kaft había estado reuniendo tanta información de la Orden Jedi y Sith, como había podido y le había legado a Harry.

Una vez allí.

Ambos maestros agarraron tizas y dibujaron un circulo alrededor de Harry, quien vio como colocaban, en el borde letras del alfabeto Aurebesh, Kittât (alfabeto de la especie Sith, y luego adoptado por los Jedi Oscuros) y el alfabeto terrícola basado en runas llamado Futhark.

―No te muevas, Harry ―pidió Sheda, Harry asintió.

Ambos comenzaron un cantico. Primero parecía estar en un mismo idioma, el cual Harry aun no hablaba...

Luego ambos parecían hablar en idiomas distintos, sin dejar de cantar, y pronto, era como si cantaran en idiomas diferentes, siempre cambiaban de un idioma a otro, de una palabra en un idioma, a otra palabra en un tercer idioma distinto.

Harry abrió los ojos, sorprendido, cuando los vio rodearse de auras azul (Sheda-Fuerza Lumínica) y roja (Kaft-Fuerza Oscura), pronto, las runas recibieron auras en ambos colores, Harry sintió la Fuerza transportada por ambos maestros, golpear y recorrer su cuerpo, pero enfocándose en su frente, en su cicatriz. Un grito mudo surgió de su boca, mientras que una parte de él, le pedía invocar los poderes curativos de la magia/Fuerza lumínica, otra parte, le decía que no debía hacerlo, sino permitir que sus maestros hicieran su trabajo.

Pronto, se vio desnudo y flotando en un espacio negro, miró hacia abajo y se acercó, solo con el deseo. Hasta estar, ante una especie de monolito verde, con detalles negros, que liberaba un aura malvada, pero era muy distinto a la Fuerza Oscura.

Entonces, un haz de luz zigzagueante rojo y uno recto azul, golpearon el monolito verde, causando que todo temblara.

«No, NO» gritó una voz masculina, desde el monolito verde, mientras que grietas de las cuales surgían luces azules y rojas, se formaban. «¡NO!», pronto, aparecieron tres obeliscos de color dorado, los cuales fueron atacados, por los mismos rayos de La Fuerza, siendo destruidos, mientras que cientos de conocimientos, en... en... algo que no lograba comprender, llegaban a él.

Despertó, y ambos le sonrieron.

―Lo que acaba de pasar, Harry ―dijo Kaft. ―Es que tenías una firma de magia oscura, en tu cuerpo.

― ¿Magia? ―preguntó Harry― ¿Cómo la Alquimia Sith?

―No. ―Dijo Kaft, negando con su cabeza. ―Esto, es algo propio del planeta. Algunos humanos, entre ellos tú mismo, poseen una curiosa cantidad de "magia", hemos visitado muchos lugares del planeta. ―Harry asintió. ―La Magia, es idéntica a La Fuerza, pero creemos que solo unos pocos habitantes del planeta, pueden exteriorizar La Fuerza, de la forma en la cual te hemos enseñado a nosotros. La Magia, se manifiesta como una energía espiritual que habita tu cuerpo, y se desprende desde tu alma. La Fuerza es, como fusionar la energía espiritual, con la energía natural y la vitalidad del planeta. Si encuentras a otros usuarios de La Fuerza, la cueva tendrá todos nuestros conocimientos, pues los hemos escrito, y ya tienes los libros Jedi y Sith, para dos nuevas Órdenes, si tal es tu deseo.

Sheda entonces, en una de sus manos, juntó sus dedos, como si juntara la mano, para recoger y beber agua de un rio, entonces, apareció en ella, una esfera blanca, en la cual comenzó a ver imágenes. ―Tus padres, eran sensibles a... la Magia, y estos, son sus recuerdos, que ellos te legaron, por mediante la magia, tu posees magia, y nosotros solo te enseñamos a... cambiar el interruptor: de Magia, a Fuerza, pues ambos son extremadamente similares, pero uno puede adquirir ciertas características, que el otro no adquirirá, en ningún caso. ―Sonrió, pues claramente no encontraba otra forma de llamarlo. Harry asintió. ―Hemos liberado los recuerdos, que tus padres te legaron. Quizás consciente, o inconscientemente.

―Nos hemos deshecho de ese trozo de alma invasora, que estaba alojada en tu cicatriz ―dijo Kaft, quien sonrió. ―Y he logrado extirparla, junto con varios sellos que presentaba tu cuerpo. Pero todos los conocimientos que poseía, están contigo pues creo, que te será muy útil.

Ambos abordaron la misma nave.

Harry derramó una lagrima, al ver a sus padres adoptivos, y maestros en la Fuerza, irse. Recordó cada momento con ellos: curándolos, entrenando en La Fuerza, como se peleaban entre ellos, los idiomas galácticos, escuchando sus historias, leyendo los libros Jedi y Sith. ―Espero que no se maten, hasta que yo pueda salir de la Tierra ―pensó Harry, pero pronto aprendió a no tener esperanza. Los vio despegar, sin dejar de despedirse, hasta que aceleraron, y se perdieron en los cielos. Harry tomó camino hacía su casa. ― ¿Mi nombre Sith, podría ser Darth Balans? ―se preguntó, pensando en que él era, uno de los pocos usuarios de ambos lados de la fuerza, alguien que trataría de mantener el balance de la luz y la oscuridad, a lo largo de su vida. Ingresó en el hogar de los Dursley, contestó al teléfono, su tía decía que llegarían en dos días.

Pronto, su vida volvió a la calma más absoluta, y a sufrir como un condenado esclavo de Tatooine.

Suspiraba, deseoso de haber podido irse, junto a sus maestros, pero ellos creían firmemente, que él aún tenía algún tipo de tarea en el planeta Tierra.

Y, ya fuera que eligiera la Luz o la Oscuridad, él sabía, que ninguno de sus maestros, lo abandonaría realmente, y que solo debía de ser paciente, y entrenarse a fondo.

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La República Galáctica está sumida en disturbios.

Hay protestas contra la tributación

de las rutas comerciales a sistemas estelares.

Esperando resolver el problema con un bloqueo de mortíferos

Cruceros, la avariciosa Federación de Comercio ha

Detenido todos los envíos al Planeta Naboo.

Mientras el Congreso de la República debate sin fin

esta alarmante cadena de acontecimientos, el Canciller Supremo ha despachado en

secreto a dos Caballeros Jedi, los guardianes de la paz y la

justicia en la galaxia, a resolver el conflicto...

En el lejano planeta Tatooine, un niño esclavo de nueve años, acababa de conocer a dos caballeros Jedi, quienes habían escapado de un ataque Separatista, con la reina Padma Amidala Naberrie, habían logrado tomar una nave, pero esta fue derribada, antes de tener que escapar de la nave, la cual explotó, quedando los tres atrapados en el planeta.

El maestro Jedi, Qui-Gon Jin, su Padawan Obi-Wan Kenobi y la reina Padma, conocieron a un niño llamado Anakin, quien era muy bueno con toda clase de máquinas, y cuando supo que los Jedi estaban atrapados en el planeta, comenzó a recolectar chatarra, siendo ayudado por Qui-Gon, con los objetos más pesados, pudiendo el niño darle algunas pocas pinceladas, a una nave espacial, que, si bien era muy básica y defectuosa, podría serles útil.

―Lo lamento, maestro Jin, Senadora, pero... no puedo hacer nada más ―dijo el niño.

―Podremos usarla, para abandonar el planeta ―aseguró Qui-Gon sonriendo y acariciándole el cabello al niño.

―Gracias por tu ayuda, Anakin, y por favor, llámame Padme ―pidió la Senadora.

―Maestro Jin, señor Kenobi, se-senadora, es tarde, está atardeciendo, traten de descansar, y mañana pueden salir del planeta ―dijo Shmi, la madre de Anakin.

―Es una buena idea ―dijo Qui-Gon.

―Maestro, estamos retrasándonos ―dijo Obi-Wan.

―Quizás, pero tendremos ayuda en algunas horas ―dijo Qui-Gon, tranquilo.

Ambos Jedi, y la senadora comieron en el hogar Skywalker.

Anakin, volvió sobre la conversación de la nave, y ambos Jedi ayudaron a crear un plan: usar la nave semi-construida, para participar en una carreta, ganar dinero y poder reconstruir la nave, para que sus nuevos amigos, pudieran abandonar el planeta, antes de que fueran descubiertos y atacados.

Qui-Gon, se sorprendió de cuan grandioso piloto resultó ser Anakin, y se sorprendió de sus reflejos y al parecer, sus sentidos eran muy avanzados o desarrollados. Qui-Gon, cuando vio a Anakin ir a pasar a su lado, empleó un poder la Fuerza, para léele la mente, el niño era huérfano, pero... Él sabía, que había algo más, había algo extraño, parecía ser que una parte de la vida de la mujer, estaba en blanco. Viendo cuan distraída estaba, con la carrera en la cual su hijo participaba, Qui-Gon, leyó la mente de Shmi Skywalker, encontrándose con un muro psíquico de La Fuerza. ―Pero ella carece de la cantidad de Midiclorianos suficientes, y claramente del entrenamiento suficiente, para hacer algo así, por sí misma. ¿Ante quienes estamos? ―hizo girar solo un poco, su muñeca, encontrándose con que pudo atravesar el muro de La Fuerza, descubrió que Shmi, estuvo casada con una Sith desertora de dicha Orden, llamada Jeena Rish, (él la reconoció como Darth Shagra), y ella fue la engendradora de Anakin.

Las futanari, eran... casos curiosos en la galaxia, pero siendo la misma tan basta de planetas llenos de vida, estos no necesariamente tenían que regirse únicamente por los géneros masculino y femenino.

La carrera de naves-bainas, se dio y Anakin la ganó. Junto a ella, también su libertad y la de su madre.

Fueron con los escoltas de la princesa Padme, usando aquella nave construida por el joven, y el dinero ganado, compraron más repuestos para la nave. Pronto estaban los cuatro, abandonaron el planeta.

Qui-Gon Jin, le dijo a Anakin que, si era su deseo, podría ir con él y su Padawan, al Templo Jedi, para dar paso a su entrenamiento, pues a Padme la tenían que dejar en otro planeta.

En el viaje, Padme y Anakin conversaron, siendo solo dos personas normales, sin que ella deseara que se hiciera referencia, a sus investiduras como reina.

Qui-Gon, también conversó con el joven, pero no así el Padawan actual de Qui-Gon, Obi-Wan.

Anakin no parecía agradarle, por algún motivo.

Se dirigieron al planeta Coruscant, mientras que Padme sería protegida por otros Jedi, igual o incluso, más experimentados que Qui-Gon, durante su reunión con el Senador representante del planeta Navoo, Sheev Palpatine; este último, junto a su Padawan, llevaron a Anakin, ante el Consejo Jedi.

― (...) Conocía las artes Jedi. La única conclusión, a la cual puedo llegar, es que el atacante era... un Sith ―dijo Qui-Gon, rindiendo su informe, ante los restantes miembros del Consejo.

―Hace mucho que ellos se extinguieron, pero buscaremos, hasta lograr descubrir la identidad de tu agresor ―dijo el maestro Mace Windu.

―Con su permiso, maestros ―dijo Qui-Gon. ―Rompiendo las reglas Jedi, hemos... quiero decir yo... he traído con nosotros, y con la Senadora, a un niño. Un niño... nunca antes, he sentido tal concentración de los Midiclorianos.

― ¿Este niño con ustedes venido ha? ―preguntó el maestro Joda.

―Si dices que has roto las reglas Jedi... ―dijo Plo Koon.

― ¡Anakin! ―llamó Qui-Gon.

El niño ingresó en la habitación, y le realizaron algunas pruebas sencillas, normales en los Padawan.

Se sorprendieron, con las palabras del niño, y su manejo de la misma, así como su conocimiento, el cual estaba allí, incluso si el niño desconocía el origen de varias ideas que tenía. Ningún niño, a no ser que fuera entrenado en los aspectos de La Fuerza (sin importar si era luz u oscuridad), debería de tener tales conocimientos, o habilidades, por muy básicas que fueran.

―Deseas proteger a otros. ―Dijo el maestro Oppo Rancisis.

―Sí maestro. Para que otros... no sufran como yo ―dijo Anakin.

―A la academia Jedi irás ―dijo Joda. ―Fuerte en la Fuerza eres, ver cuánto avanzas queremos, a pesar de tu edad.

―Gracias, maestro ―dijo Anakin, realizando una reverencia y acercándose al maestro Qui-Gon, para dirigirse a la que sería su habitación ese día, y al siguiente, ingresaría a la Academia.

A pesar de su edad.

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Padme fue manipulada por Sheev Palpatine, para ver como el Canciller Valorum, no hacía nada, por el bien de la galaxia, recibiendo un voto de desconfianza, por parte de Padme y Sheev, quien a futuro tomaría el trono como Canciller, y viendo que las conversaciones habían finalizado, Padme debía de volver a su planeta.

Cuando los maestros Jedi se enteraron de esto, mandaron a llamar a Obi-Wan y a Qui-Gon, para que protegieran a Padme.