Harry Potter pertenece a JK Rowling.
Star Wars pertenece a George Lucas (y a Disney)
Harén de Harry.
HP: Hermione Granger, Daphne Greengrass, Padma Patil y Susan Bones.
SW: Aayla Secura, Ahsoka Tano y Maris Blood.
«Alguien aquí alguna vez me dijo que el título de Darth ya no se utilizaba porque promovía rivalidades entre los Sith. Les daba a los Jedi un blanco fácil. Era más fácil simplemente abandonar la costumbre. Que todos los Maestros Sith usaran el título de Señor Oscuro. Pero yo conozco la verdad, Qordis. Sé por qué ninguno de ustedes reclama el título para sí mismo. Por miedo. Ustedes son cobardes. Nadie de la Hermandad merece tener el título de Darth. Y tú menos que ninguno.»
―Darth Bane.
06: Estadía en Korriban, Compras y Entrenamiento Mágico.
(POV Harry)
Mi estadía en Tatooine, no fue muy larga, pues mi entrenamiento en el Lado Oscuro de La Fuerza, se inició rápidamente, justo después de completar otros entrenamientos infernales, de carácter Jedi (aunque yo sigo pensando, que era más bien, algo para torturarnos, y hacernos avanzar, a grandes velocidades, en los caminos de la Fuerza)
Crear un nuevo sable de luz, hacia el lado luminoso, fue algo exigido por la maestra Sheda, un sable que tenía una bella aura negra-azabache, y aun así, ese era el sable que yo usaría como un Jedi.
Cambiar de ambiente, entre Tatooine y Korriban, no fue fácil, fue un cambio de hábitat muy brusco.
Korriban, no tenía diferencias claras, entre un planeta y una ciudad. Aquí eran sinónimos, pues la ciudad recubría la tierra y había extensiones de la ciudad (bajo el mar) fue construida bajo la superficie, una civilización fue creada, y los Sith no parecían deseosos de abandonar el planeta.
No entiendo, cómo es que sigo vivo. Esto tendría que ser similar, a irse a vivir a un lugar radioactivo y que no te preocupe el cáncer generado por el lugar.
Fue algo que nunca pasó. Jamás me enfermé. Jamás me debilité. Solo me fortalezco en la Fuerza Oscura.
Me pasaba los días y semanas, en la biblioteca de Korriban, había llegado a matar a un guardia bastante molesto, que me impedía ver los archivos y holocrones de la sección VI, pues eran prohibidos.
¿Y es que, a este idiota, unos Jedi le habían parado y ahora era uno de ellos? ¿Se creía de amnistía intergaláctica y era de una ONG?
Estúpido.
Poseo los recuerdos de mis padres en la magia y los recuerdos de Voldemort (no todos, solo una buena parte de su vida adulta); y antes de abandonar la Tierra, mis maestros me indicaron y guiaron, al Callejón Diagon, esto gracias a la lectura de mentes del maestro Darth Kaft.
Recuerdo
Cuando llegamos al Callejón Diagon, gracias a que ambos sintieron La Fuerza, viniendo de varias personas, y la concentración de almas, tras el bar mágico Caldero Chorreante, pudimos indicarle al Barman, de forma discreta, a donde queríamos ir, y él nos llevó hasta el callejón, aunque yo recordaba, perfectamente la forma de entrar, el hombre lo hizo por nosotros
― "Ellos solo usan La Fuerza, que poseen sus cuerpos, para seguir sus designios, pero no usan La Fuerza proveniente del planeta mismo, como los Sith y los Jedi" ―me susurró mi maestro, aquel día.
Gracias a los recuerdos extraídos a pobres magos incautos, o a los recuerdos que yo alcancé, gracias a que James y Lily, crearon un hechizo, para dejar muchos recuerdos en mi mente, así como al trozo de alma de su asesino, pude guiar a mi maestro, a través del bar mágico: Caldero Chorreante, y abrirnos paso por el Callejón Diagon.
Fuimos guiados, gracias a una ligera sonda mental, hasta el Banco Mágico del Callejón Diagon: Gringotts, dónde mi maestro ofreció al Duende, un par de grandes bolsas de diamantes de un planeta lejano y él lo aceptó, cambiándolo por dinero mágico, dejándolo a mi nombre, pero resultando ser, un muy discreto Duende, quién me envió con el Duende de las cuentas Potter, el cual se alegró al saber de la destrucción de los sellos que Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts, había colocado sobre mí. Usando mi dominio en la Fuerza y mi sangre, como último Potter, así como los recuerdos de mi padre, recité un cántico, que mi padre utilizó, y siendo que mis padres estaban muertos, y que yo fui dejado al cuidado de mis tíos Muggles, entonces yo era (en teoría) alguien que podía emanciparse mágicamente, pues nunca estuve cerca de mi guardián mágico, así que no era considerado un miembro del lado mágico de Inglaterra, y existían ciertas lagunas legales, que pude aprovechar, y eso hice.
El anillo Potter llegó a mi mano, y Albus Dumbledore, recibiría, en la mismísima comodidad de su casa (o donde fuera que estuviera), una descarga eléctrica mágica, que señalaba que él, dejaba de ser mi tutor mágico y que yo estaba emancipado.
Inmediatamente después, ante el duende, apareció un tornado de magia azul, cuando la magia de disipó, apareció un folio de cuatro hojas, el duende me sonrío y dijo que entraríamos en un juicio contra Albus Dumbledore.
Mi maestro se molestó por los dos días, que tuvimos que permanecer en La Tierra.
Pero ese mismo día, y con el consejo del Duende Potter, sacamos dinero de la Bóveda Potter (la 301) y nos indicó a donde ir y qué comprar, pues yo expresé mis deseos, de comenzar mi educación mágica, en el menor tiempo posible.
Compramos libros de magia, que explicaran los principios mágicos, los movimientos de varita, magia para realizar en el día a día, algo de Magia Marcial para principiantes, magia ilusión para principiantes, entre otros (como un libro de Legeremancia y Oclumancia).
Fui al Mercado Carkitt, a la tienda de varitas de Gregorovitch. Estuve probando varitas.
Muchas varitas, las agitaba y estas respondían de una forma u otra.
La madera que me eligió, era de Tilo Plateado, al parecer yo poseía un don de videncia de algún tipo, y el núcleo era la fibra del corazón de un dragón negro, siendo que era un núcleo con gran facilidad para los encantamientos y la magia oscura (aunque no se volvería hacia ella, por sí solo), eso me hizo sentirme identificado con la madera: Aquello de que podía elegir si inclinarse hacia la magia negra o blanca.
Fuimos a una sastrería, donde mi maestro, entregó un par de páginas, arrancadas (a saber, de qué libro y de qué planeta), sobre las ropas típicas de un Sith y pidió "además de esto, por favor otórguele al joven, ropas normales para un mago"
Luego de una hora, la mujer tenía mis túnicas, al más puro estilo Jedi/Sith, y ropas mágicas comunes, terminadas.
Preguntando un poco, sobornado otro poco, o a veces extrayendo información, (gracias a la telepatía del Lado Oscuro), fuimos donde un artesano del Callejón Knokturn, el Callejón de la magia oscura, mi maestro estafó al hombre, usando La Fuerza y haciendo crecer dos diamantes y dos jades, los cuales entregó al hombre, a cambio de que me confeccionara una máscara, la cual luego, mi maestro me ordenó enseñarle al hombre, por medio de un dibujo, como quería decorarla. Al estar terminada y pagada, salimos del Callejón Knockturn, salimos del Callejón Diagon, del Caldero Chorreante y volvimos a la nave, dirigiéndonos hacía el planeta Korriban.
Fin del Recuerdo
Mis maestros, habían conversado entre ellos.
Esta sería una prueba.
La prueba más importante que atravesaría jamás: Si yo lograba mantenerme en la fina línea gris que quería, si no me permitía dejar seducir por el Lado Oscuro, entonces ambos se pondrían de acuerdo, en que yo era verdaderamente merecedor de ser llevado y entrenado por los Jedi, con tal de lograr el objetivo por el cual se unieron.
(Aquello me hizo sentirme, como si fuera el pegamento, en un matrimonio retorcido)
Me realizaron toda clase de pruebas en la Fuerza Oscura. Al parecer, el Fuero Sith, tenía ciertos conocimientos, de que yo había sido instruido, en el Lado Luminoso de La Fuerza y querían saber si verdaderamente era yo un prospecto ha Iniciado Sith o si era un espía Jedi.
¿Recuerdan la máscara aquella?
Pues yo no la vi, sino hasta el día en el cual entraría oficialmente en la Academia Sith y resultando ser una rara máscara Mandaloriana, con ciertos decorados, que le hacían parecer un casco mandaloriano o algo así, con esa máscara entre a la Academia Sith.
O eso esperábamos, que pasara.
Pusieron a prueba nuestra moralidad (y cuando digo "nuestra", habló de todos los iniciados Sith, que estábamos allí, pues algunos eran simples Padawan Jedi o eran Iniciados Jedi, de mi edad, y de la edad de Aayla, que fracasaron en las pruebas, y ahora estaban aquí, aprendiendo el camino del Lado Oscuro)
Nos hicieron recitar día y noche, el Código Sith.
La paz es una mentira, solo hay pasión.
Con la pasión, obtengo fuerza.
Con la fuerza, obtengo poder.
Con el poder, obtengo victoria.
Con la victoria, mis cadenas se rompen.
La Fuerza me liberará.
Nos enseñaron a luchar en Artes Marciales, combates mano a mano, teníamos combates uno a uno, con el estilo Jeswandi, el cual era inclinado hacia el lado oscuro.
Pronto, me hice rival de esa bella Zabrak, llamada Maris Brood.
Luchamos el uno contra el otro.
Ya fuera en el Jeswandi o con La Fuerza, incluso con sables de madera, tal y como mis maestros me enseñaron al inicio.
Como ya lo dije, Maris Brood, era una Zabrak sensible a la fuerza, era una bella chica de cabello negro, piel blanca, ojos rojos de escleróticas negras.
Ella veía en mí, a alguien versado en los designios de La Fuerza Oscura.
Me acosó, para que le enseñara todo lo que conocía sobre La Fuerza, solía mirarme con adulación, solía pasar el día a mi lado.
Me resultaba muy raro, siendo que ambos teníamos la misma edad, el hecho de que hiciera eso: verme como un ejemplo a seguir.
Pero ella estaba en lo cierto de que yo: Darth Koldin (Que significaba Sol Helado, en una rara fusión de lenguas, hablabas por antiguas razas alienígenas sensibles al lado Oscuro de la Fuerza, y que fueron aliados de los Sith en los tiempos del Imperio Infinito; el nombre era a causa, de que yo fusionaba la luz y la oscuridad; por designio de mis maestros, yo entrenaría en ambas órdenes), conocía técnicas del Lado Oscuro, que pocos conocían.
Sería yo, quien auxiliaría a Maris, a emplear algunas habilidades de la Fuerza del Lado Oscuro, que, por algún motivo, los maestros del templo, no enseñaban (quizás esperaban, que nuestros maestros nos lo enseñaran): El Drenado con Fuerza; Frenar con la Fuerza (no solo detener en alto al enemigo, impidiendo que mueva sus piernas, también era posible detener su corazón o simplemente hacerlo caer desmayado), Desarmar con la Fuerza y Estrangulamiento con la Fuerza.
O algo que me tomó lo mío descubrir: cortes con la Fuerza: ¡es increíble, el que fuera posible infringir cortes sangrantes al enemigo, en algo similar a manipulación del viento!; todo esto, se lo acabé enseñando a Maris, quien me consideró su maestro. Y ella, parecía tener aún, mucha luz en su corazón, pues se veía incapaz, de descender a la biblioteca, o de violar la Puerta Prohibida, para ver los Holocrones y toda la información disponible, de dicha sección.
Así que yo lo hacía. Yo tomaba la información, y se la entregaba a ella, en el más absoluto secreto.
Creyendo, que tenía que pagarme, por lo que yo hacía por ella, solía colarse a mi habitación, a veces traía por pijama, su ropa interior. A veces algo más a la imaginación, como una camiseta que dejaba poco a la imaginación. A veces (siempre, más bien), ella me dejaba acariciarla, me dejaba besarla, o incluso... lamerla.
A veces, bañaba su cuerpo en algún dulce.
Pero siempre, buscaba pagarme, con su cuerpo y con un arte sexual, lo que yo le enseñaba.
Yo, tuve que recordarle u obligarla a decirlo, entre susurros, que ella no era una puta. Que ella sería una futura lady Sith, y debía de estar orgullosa, de los designios de La Fuerza Oscura, y que debía de recordar, que era una sirvienta de La Fuerza Oscura.
Sé que se preguntarán, si yo dormía con la máscara puesta, o algo así. Pero era más excitante para ambos, el que yo usara una máscara de tela, dejándole ver mis ojos, mientras la acariciaba.
Así mismo, había dos secretos que yo había mantenido, en ese estado, en la estadía en Korriban:
Nadie sabía, que yo ya contaba con un sable, era posible que tuviera que volverlo a forjar, aunque, conociendo al par de locos que tenía por maestros, y figuras paternas, seguramente me entregarían luego el Sable de luz anaranjado y me dirían "Decóralo, para que nadie se dé cuenta, de que ya lo tenías de antes", así lo haríamos con el Sable de luz negro, cuando llegara el momento.
Y en otro secreto, era que yo me iba al coliseo de la ciudadela Sith, en la cual estábamos, durante las noches, y allí practicaba magia, con aquellos libros que mis maestros me ayudaron a adquirir en los Callejones Diagon y Knockturn.
Pronto, pasaron seis meses y se consideró que el entrenamiento había finalizado.
Maris creó dos Tonfas de Luz, era un diseño extraño, para un arma cuyo destino era cortar al enemigo, era algo tomado de pergaminos de la Gran Guerra Galáctica (3.681, Antes de la Batalla de Yabin), luego viajó al planeta Ilum y adquirió dos cristales Kyber: Uno azul y otro verde, para luego los corrompió en el Lado Oscuro, volviendolos de un bello rojo carmesí.
La ceremonia de iniciación Sith, fue dada ante el Tribunal Sith, nosotros, los alumnos, arrodillados y detrás nuestro, un río que magma.
— ¡SUS MAESTROS VIERON EN USTEDES, LO QUE SIGNIFICABA EL PODER Y EL CAMINO DEL LADO OSCURO! —Dijo Darth Vadrix. — ¡SERÁN EL ORGULLO DE LOS SITH! ¿O acaso, su deshonra? —De los nueve que éramos, cinco fueron empujados con La Fuerza y enviados al río de lava, donde murieron. Aquello nos dejó incrédulos a los restantes cuatro, ¿También seríamos asesinados? El anciano Darth Vadrix se acercó a nosotros. —Ustedes, son el orgullo Sith, ustedes mantuvieron la cordura a lo largo de cada prueba y examen realizado, ustedes no enloquecieron como sus compañeros. Ahora: vayan con sus maestros. Ahora son oficialmente Padawan Sith.
Nos alejamos, yendo hacía nuestros maestros, quienes nos enseñarían algo de inmediato.
Maris se acercó a mí, me quitó la máscara, y me besó en los labios, antes de volver a acomodar, la máscara en mi rostro. ―Hasta que vuelva a verte... mi querido Harry. Mi querido Koldin. ―Fueron sus palabras.
― "Adiós, mi bella Maris" —le susurré, antes de besarla nuevamente, y amasar ese bello trasero que tenía la Zabrak.
Mi maestro, me sacó del planeta en su nave, salimos rápidamente de la órbita de Korriban, del sistema Horuset y del sector Espacio Sith, tan rápido como pudo.
Dijo estar orgulloso de mí. Claramente, durante toda mi estadía en Korriban, yo había cerrado mi mente con La Fuerza y la magia, pues en caso contrario, se hubiera descubierto que yo poseía Fuerza Lumínica y hubiera sido asesinado. Cuando le pregunté a dónde íbamos, él me miró y me enseñó una sonrisa. — ¿Acaso no es obvio?, iniciarás tu entrenamiento Jedi, de inmediato. Sujétate. —Y la nave tuvo un impulso, volando a una velocidad muy cercana a la luz.
— ¿Después de un entrenamiento de cinco meses, y de estar inclinado hacia el lado oscuro, quiere que comience ahora mismo, el lado luminoso? —me pregunté incrédulo. —Ambos están muy mal de la cabeza.
—Sable naranja, Darth Koldin —pidió estirando su brazo, burlándose de mi nombre Sith.
—Ja, ja. Muy gracioso. —Sonreí, y miré al frente, disfrutando del viaje, mientras me concentraba, para "sellar" mi lado oscuro de la Fuerza y usaba los consejos sobre la Oclumancia, para así sellar o impedir que ciertas emociones se liberan fácilmente, y que yo no acabara usando algún poder oscuro, por accidente. Su mano se quedó estirada. — ¿En serio tengo que devolverlo?
— ¿No es obvio que sí? —preguntó extrañado. —Usarás el sable negro, incluso si estarás rodeado de Jedis, y ese es el que está inclinado a la luz. Específicamente, usarás el Kyber negro, o quizás, para mayor... realismo, tu madre decida hacer que lo vuelvas a forjar, al igual que la empuñadura, después de todo: es algo que ya hiciste en la estadía en Korriban. Sin estrangulamiento, sin drenado, sin rayo... ni llamas. Y SIN-MORICHRO. —Especificó. No entiendo como no gruñí ante aquello. Era una injusticia total. —Deja que te enseñen. Sumérgete en el lado luminoso. Y entrégame el libro de los Sith y tus copias de la Alquimia Sith, y... bueno, ya te haces a una idea, ¿verdad?
Gruñí nuevamente. —Tener padres, para esto —volví a gruñirle, mientras sacaba el libro y las copias de pergaminos y conocimientos Sith, que aún no había logrado añadir, al libro. Pensando rápidamente, tomé mi varita, la cual estaba entre mis cosas, apunté, en realidad sin ver a donde. —Geminio —pensé, todas las hojas se multiplicaron. —Reducio —pensé. Un grupo de las copias, se volvieron diminutas, saqué los originales y los dejé en una silla de la nave.
—Sí. Tienes padres para esto: Para cuidarte y auxiliarte en todo momento. —Me dijo, sonriendo encantado con la idea de ser padre. O quizás, con la idea de tener un hijo con una Jedi. —Ya conoces el poder del Lado Oscuro. Una vez con tu madre, y los demás maestros Jedi, te entrenarás en el lado Luminoso. Y te enseñarán incluso a pilotear una nave. Ambos queremos que vayas a la tierra, que vayas al colegio ese de magia, cuando llegue el momento. El tiempo será muy distinto, pero no crecerás más allá de tu edad, para cuando cumplas los once años. Tendrás tu propia nave, ya estoy preparando algo, entre las compañías Motores Estelares Rendili y Ensamblajes Osseriton. Te va a gustar mucho. —Me dejó meterme en la fantasía, de tener mi propia nave caza, solo para ser sacado bruscamente de ella. —Y no he olvidado el inicio de la conversación. Sable, A-HO-RA. —Gruñí nuevamente, incrédulo aún, de tener que separarme de semejante belleza. La empuñadura era de bronce, y para asegurar el agarre, había sellado unos anillos de bronce, alrededor de la empuñadura y lo único de color negro, era el botón de encendido. Quizás me costaba separarme de él, pues era algo que yo creé desde cero, no como mi primer sable, que mis maestros lo crearon, y que estaba guardado y desarmado en mi maleta.
— ¿Y el otro sable? —pregunté, luego de unos minutos. No me contestó, hasta que llegamos a la bahía de aterrizaje de Coruscant.
—Ella lo tiene —dijo Kaft sonriente, señalando con la cabeza a la maestra Sheda. —Y veo que viene con tu otra novia. Ve a saludar a tu madre y la chica, como se merecen.
—Nos vemos en un par de años —gruñí. Él asintió y bajé de la nave. Sin haber aun dejado de pisar el metal de la plataforma desplegada de la nave, recibí un abrazo de la maestra Sheda, quien me miró directamente a los ojos, e incluso los revisó, yo estaba confundido, luego recibí un abrazo de Aayla. Pero más confundido, por como parecía ella estar... cansada, juré que había envejecido al menos, unos tres años o quizás más, incluso creí verle alguna que otra cana.
— "A veces al sumergirte en el lado oscuro, sus usuarios adquieren ojos rojos, naranja o amarillos" —susurró Sheda. — "Recuerda: vas a probarte ente el Consejo Jedi, en un Centro de Examinación, nada de fuego, relámpagos o Morichro o Consumo de la Fuerza..."
— "Lo sé" —susurré sonriente. — "Aun puedo absorber, aturdir, destruir a un androide o desarmarlo, suprimir y sanar" —ella me miró y ahora se veía más calmada, más rejuvenecida.
— ¡Harry! —gritó una feliz Aayla, abrazándome.
—Hola, Aayla, también me alegro de verte —le dije sonriente.
—Bien Harry, ha sido un viaje largo, vamos a que descanses y comas algo —dijo Sheda. — "En tres días, es el examen; no pude retrasarlo más"
— "Comeré algo, me cambiaré de túnica, antes de que alguien sospeche" —era verdad, aun llevaba mis túnicas negras y de color café, encima. — "Luego de esas dos cosas, me pondré a entrenar la parte teórica, pues la parte práctica, literalmente la dirán ante todos"
Sheda asintió y me llevó al comedor, saludé a algunos de los niños de mi generación, entre ellos, la propia Aayla y me senté con ellos, a comer.
Al preguntarme donde había estado, dije que había estado visitando varios planetas, viendo diversas culturas y hablando con muchos maestros Jedi, aprendiendo sobre los poderes del lado luminoso, y aventurándome a algunos templos ya en desuso, de la Orden Jedi, pero con mucha información en ellos.
Me enteré de la guerra, aunque en realidad, era algo que ya sabía.
Lo que no sabía, era que un chico llamado Anakin Skywalker, estaba siendo entrenado por el maestro Qui-Gon Jinn.
Eso resultó ser interesante, pues un maestro no podía entrenar a más de un Padawan, pero al parecer Obi-Wan Kenobi, estaba listo, como un Caballero Jedi.
¿El deber de un Jedi? Mantener la paz y luchar por la justicia.
¿Los tres pilares Jedi? La Fuerza, el conocimiento y la autodisciplina.
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N/A: Odio que mi mente haga que todo tenga lugar, tan rápidamente. Mis ideas viajan una detrás de otra, tan rápido, que escribo como un histérico, y olvido rellenar o cubrir puntos importantes e imprescindibles en la historia.
