Harry Potter pertenece a JK Rowling.
Star Wars pertenece a George Lucas (y a Disney)
Harén de Harry.
HP: Hermione Granger, Daphne Greengrass, Padma Patil y Susan Bones.
SW: Aayla Secura, Ahsoka Tano y Maris Blood.
09.
Una vida para salvar muchas, había parecido ser un plan viable, hace ya once años.
Cuando vio a Harry, siendo un bebé y la cicatriz en su frente. Recordó haber escaneado rápidamente la cicatriz, encontrándose aquel trozo de alma de Voldemort, alojado en su frente, lo reconoció como un Horrocrux, y creyó estar ante la presencia de la Profecía, por cumplirse.
Entonces, encerró en prisión a Sirius, usando su poder como líder del Wizengamot, selló el testamento de James y Lily Potter, tomó la tutoría de Harry y lo envió a un hogar abusivo.
Todo iba bien, hasta que Harry desapareció. Eso se lo dijeron las Salas de Sangre, alrededor de Privet Drive, y lo estuvo buscando, con la Orden del Fénix, y con otros simpatizantes, pero tuvo que ser muy discreto y, aun así, no logró encontrarlo, por ningún lado.
Al tiempo que Harry desaparecía, el duende Potter, hizo algo, que le afectó gravemente: consiguió demandar al duende de cuentas Dumbledore, y les arrancó a los hermanos, una cuantiosa suma de dinero de las manos.
Y ahora, después de once años, Harry Potter había vuelto a aparecer, pero... sus ideas, aterraban a Dumbledore, y la cicatriz ya no estaba. Albus lo sabía, sabía que este chico no era normal, sabía que era peligroso, y que debía de tener cuidado, sobre cómo se acercaría a él.
—Buenos días, Severus, ¿ah pasado algo? —preguntó Albus, cuando vio entrar a su espía.
—Sí, director. —Contestó el jefe de Slytherin. —Al parecer, algunos... hijos de Mortífagos, trataron de atacar al señor Potter, pero él, contraatacó y los golpeó. Está ganándose lentamente, el respeto de los Slytherin, tal y como suelen hacerlo... a veces. No se preocupe, no hay nada de qué preocuparse. Ahora, debo de irme, para la primera clase con los Slytherin, y los Gryffindor. —Se levantó, y salió de la habitación, con destino a los laboratorios de pociones, en las mazmorras.
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Así mismo, mientras iba a desayunar, los susurros siguieron a Harry. Personas fijándose en su corte de cabello, sus ojos, preguntándose por la cicatriz.
Algunas chicas, aseguraron que lo habían visto entrenar trotando, haciendo flexiones de brazos, sentadillas, entre otros ejercicios físicos, en el patio delantero del colegio, y practicando artes marciales.
Se sentó a desayunar, y miró su libro de pociones, pues era la primera clase que tendrían. Revisó a conciencia la introducción, y leyó rápidamente el primer y segundo capítulo.
Luego del desayuno, los Slytherin y Gryffindor, fueron por sus implementos para la clase de Pociones, y se reunieron en las mazmorras.
El profesor Snape, tenía el cabello largo hasta el cuello, de color negro, los ojos eran del mismo color, y su nariz era ganchuda, vestía de negro. —Ustedes están aquí, para aprender la sutil ciencia, de hacer pociones. No espero que entiendan la belleza del caldero hirviendo lentamente, o la belleza del humo ascendiendo en el aire... o la sensación de victoria, cuando una poción bien realizada, se desliza por la garganta, y las venas, engañando a los sentidos. Puedo enseñarles a embotellar la fama, preparar la suerte liquida o incluso, detener la muerte... si es que son lo suficientemente conocedores. —Con tal discurso, daban ganas de tener la clase. — ¡Potter! —Dijo repentinamente, asustándolos a todos. — ¿Qué obtendré, si mezclo polvo de raíz de Asfódelo, a una infusión de Ajenjo?
Harry lo pensó un segundo... dos, tres, un minuto. —Filtro de los Muertos en Vida. Una poción que permitirá el sueño para el bebedor, y puede que jamás despierte.
— ¿Dónde buscaría, si le pido traerme un Bezoar, Potter? —preguntó Snape.
—En el estómago de una cabra —dijo Harry.
—Diez puntos para Slytherin.
Realizaron una poción para curar forúnculos, pero entre ese chico Ron Weasley y el chico Neville Longbottom, fundieron su caldero y la clase terminó, con agujeros en los zapatos de varios.
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Luego, fueron a Transformaciones, con la jefa de la casa de Gryffindor. —Transformaciones, es una de las materias más complejas y peligrosas, que verán en este colegio. Todo aquel que pierda el tiempo en mi clase, tendrá que irse para no volver. Están advertidos. —Transformó su escritorio en un cerdo, y lo devolvió a su forma normal. Todos se emocionaron, por cinco segundos, antes de que apareciera la teoría, y tuvieran que tomar una gran cantidad, de complicadas anotaciones.
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La clase de Historia de la Magia, podría haber sido la más aburrida para Harry, de no ser porque él había estudiado con los Jedi, y sabía lo que era copiar y tener teoría pura y dura, así que no sufrió del adormecimiento del profesor Binns, y tomó las notas que pudo.
Y la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, consistió en leer la teoría del libro, y para el final de la clase, el profesor les indicó, como usar un sencillo hechizo, como lo era el Lumos, el cual liberaba luz desde la punta de la varita, en contra de un enemigo. Harry veía al sujeto, como menos que un chiste de algún tipo, pues era un mal mago, cualquiera lo notaría. Así que pasó olímpicamente de él, al menos les dio un libro útil, y este contaba con algunos hechizos, que ya practicaría después.
Así mismo, a lo largo de esa primera semana, Daphne Greengrass, Tracey Davies, Hermione Granger e incluso Susan Bones, siendo que las dos últimas eran de casas ajenas a él, se acercaron, por haber reconocido, que tenía conocimientos en magia, y querían aprender de él.
Harry aceptó, y las citó a todas, a las diez de la mañana, en el séptimo piso, en el salón 765, el cual (hasta donde Harry pudo comprobar), estaba vacío. Las chicas aceptaron.
Cuando llegó el día sábado, y todas se presentaron en el salón, Harry les preguntó qué querían aprender de él, y Susan fue quien habló.
—Todas hemos notado, no solo que tienes amplios conocimientos mágicos, Harry. También se nota, que tienes otros dones, o poderes mágicos. —dijo la heredera Bones.
Harry le enseñó una sonrisa. —Estás en lo correcto. Todas, tomen asiento, esta historia, es algo que solo ustedes pueden saber. De un modo u otro, he podido comprobar, que ustedes, desean ser mis amigas, sinceramente, y que no desean algo de mí. —Todas se sorprendieron. —Para entender como llegué a este punto mágico, necesitan conocer mi historia. Que las mentes sean abiertas, que las mentes sean conectadas, que los recuerdos fluyan... —entre las manos de Harry, una luz blanca se formó, y unos hilos de luz, fueron hasta las frentes de todos. —Y cinco mentes, se fundan como una sola. Permítenos ver lo que queremos. —Harry extendió las manos, y la esfera de luz, se hizo más grande, y más, hasta engullirlas a todas. —Mi historia, comienza en una vivienda Muggle. —Las chicas vieron lo que tuvo que vivir Harry, con los Dursley, pero Harry perdió el control, ante aquellos recuerdos dolorosos, y acabaron viendo más en el pasado, vieron a Harry con sus padres, y vieron cómo murió Lily, vieron como Dumbledore abandonó a Harry en un hogar abusivo, y volvieron al inicio, siguieron la historia, lo vieron huir al bosque, una y otra vez, lo vieron conocer a Sheda y a Kraft, los vieron enseñarle sobre los lados de La Fuerza, enseñarle esgrima, quedaron maravilladas, ante los poderes de La Fuerza, y al verlo entrenarse él solo, en la magia. Chillaron de asombro y alegría, al ver que los humanos, no eran la única vida inteligente, en los planetas, más allá del sistema solar. Lo vieron en Korriban, lo vieron en Coruscant, lo vieron entrenarse sin descanso, y mantener un punto neutral en La Fuerza. —Y ahora, he vuelto. Pues mis maestros, querían que mi control sobre La Magia, fuera perfecto. Quieren que tome una decisión: Seré un Jedi, un Sith o un Mago. —Enseñó una sonrisa. —Incluso si no lo dicen en voz alta, eso es lo que ellos desean.
— ¿Puedes enseñar a alguien, a hacer todo eso? —preguntó Daphne, tan repentinamente, que todos saltaron en sus sillas.
— ¿Quieres aprender a manipular La Fuerza? —preguntó Harry, y la rubia de ojos azules asintió fervientemente. Todas sonrieron y asintieron. Él suspiró. —Puedo enseñarles, si eso quieren. —Todas lanzaron gritos de alegría. —Pero con una condición.
— ¡Dinos! —dijo Daphne.
— ¡Cualquier cosa! —dijo Susan sonriente. Luego se arrepintió de decirlo, debido a la forma en la cual, había sonado aquello.
— ¡Lo que quieras! —dijo Hermione.
—Entiendan, chicas: Gran parte del entrenamiento, será ponerlas a prueba psicológicamente. —Dijo Harry. —Lo que yo he hecho, es caminar por una cuerda floja, intentando no irme hacía ningún extremo. Quiero que me prometan, que se someterán, al mismo entrenamiento, al cual yo mismo me sometí con mis maestros. (Aunque claro, quitando de la ecuación, el ser enviadas a volar con La Fuerza, a punto de caer a una muerte segura, por un precipicio en Korriban)
—Lo prometemos.
—Desde hoy... son Iniciadas en La Fuerza —declaró Harry. —Recuerden esto: No son, ni Jedi, ni Sith. Son Iniciadas en La Fuerza. —Todas asintieron.
Susan era muy buena en pociones, y se encargó de ayudar a los demás.
Harry resultó ser bueno, en Transformaciones y les daba algunos consejos sobre esa rama de la magia, que él mismo había aprendido, a sus nuevas amigas; además de enseñarles sobre cuál era su lado de La Fuerza Neutral, y les enseñó (a base de meditación), a mantenerse en ese punto medio.
Hermione les obligaba, a leer, les enseñó a extraer la información más vital de los libros y a crear planes, además de ayudarles a captar información de Historia de la Magia.
Daphne, les enseñaba a Harry y a Hermione, lo que eran los Principios de los Sangre Pura, y su etiqueta. Además, ayudaba en los Encantamientos.
Tracey, se sintió mal, por no tener ningún conocimiento que otorgar a los demás, pero eso no la desanimó a ella, ni los desanimó a los demás, haciéndola sentirse parte del grupo.
En la clase de Encantamientos, el profesor Flitwick, pasó a lista, hasta llegar al nombre de Harry, donde dio un chillido, cayó de los libros que lo mantenían en su silla, y desapareció por unos instantes. Les obligó a usar el Lumos, y luego les enseñó el Wingardium Leviosa.
