Harry Potter pertenece a JK Rowling.
Star Wars pertenece a George Lucas (y a Disney)
Harén de Harry.
HP: Hermione Granger, Daphne Greengrass, Padma Patil y Susan Bones.
SW: Aayla Secura, Ahsoka Tano y Maris Blood.
12: Emociones Fuertes.
―Buenos días, Harry ―dijo una voz femenina, y muy animada, sintió un ligero hundimiento, a ambos lados de su colchón, supo a quién pertenecía aquel olor.
Abrió solo un ojo, y una sonrisa divertida apareció, en su rostro. ―Buenos días, Daphne, ¿hay alguna razón, para que entres a mi habitación?
La rubia asintió. ―No despertabas, así que vine a hacerlo yo.
―Creo que estaba muy cansado, a causa del hechizo alquímico, de clonar la Piedra ―pensó Harry. ―Ya veo, bueno... déjame, que vaya a bañarme y arreglarme. ―La rubia de ojos azules, asintió y se bajó, él lanzó una carcajada, tomó su ropa y fue a bañarse, vestirse y al salir, la Greengrass y el Potter, caminaron fuera de su Sala Común, hasta el Gran Comedor, saliendo a sus compañeros de Slytherin y dando paso al desayuno, en medio del mismo, los alumnos de quinto y sexto, comenzaron al silbar a Harry y Daphne, todos sabían que eran amigos, y ahora creían, que había algo más.
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Dumbledore estaba en su oficina, ordenando el papeleo, su mente trataba de estar al 100% en el papeleo, pero pensaba en Harry Potter: ¿Dónde había estado?, ¿Cuánto sabía sobre la magia?, ¿Quiénes lo criaron?, ¿Quiénes le hicieron pensar que la Pena de Muerte, no era algo negativo?, pensó en las amistades de Harry Potter, en cual buen alumno era, en los elogios de los maestros, sobre cuán rápido aprendía.
Entonces escuchó el chillido de Fawkes. Primero, la habitación se volvió mortalmente fría, y Fawkes se puso nervioso, se puso de pie y acarició al Fénix. ―No me asustas, Tom
―No soy él ―dijo una voz masculina.
―Somos mucho más versados, en los caminos de la Fuerza, de lo que ustedes, montón de patéticos magos, lo estarán jamás en la magia ―dijo una voz femenina.
Dumbledore comenzó a mirar en varias direcciones, hasta ver a tres fantasmas, uno de ellos era normal, plateado claro. El segundo era más bien de un gris oscuro y el último de un tono de gris que no pudo clasificar en la escala de colores.
El espectro de color gris oscuro. Era un hombre calvo, que tenía unas marcas, similares a triángulos debajo y sobre sus ojos que brillaban en un color rojo, y tenía una túnica negra. De él, Dumbledore sintió brotar una gran cantidad de magia oscura... espesa, no podía pensar en ninguna otra forma de denominarla.
El Gris era una figura femenina de cabello en forma de rastas, pero tenía una serie de diminutos cuernos en la cabeza.
El Plateado era un hombre anciano, Albus reconoció en el tercero, en sus ojos una sabiduría inmensa e infinita, pero era lo mismo que notaba en el espectro gris oscuro. El espíritu plateado, metió su mano en la caja fuerte, lo mismo hicieron sus compañeros.
Dumbledore agarró su varita y avanzó hacía ellos.
El plateado extrajo la Capa de Invisibilidad, de la caja fuerte.
El gris oscuro parecía golpear con su puño, la capa y Dumbledore sintió como los sellos en la capa eran desgarrados, no solo eran removidos, como se haría con la magia, sino que aquellos sellos, por ser él quien los colocaría, dolieron en su cuerpo violentamente, haciéndolo gritar, con el dolor incrementándose, hasta que, finalmente, la capa fue soltada por el gris oscuro.
―Tratar de dañar a un Jedi Gris... ―dijo la mujer, con enfado.
―No es un Jedi Gris, y lo sabes. ―Dijo el espectro negro.
―Suficiente, ustedes los dos ―dijo el anciano, con fuerza. ―Esta capa debe de ser devuelta, de inmediato.
―No vuelvas a intentar manipular los hechos de La Fuerza, o acabarás muy mal, anciano ―dijo el espectro negro, mientras los tres se desvanecían en el aire.
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Harry y sus compañeros de cuarto, sintieron algo muy extraño: calidez y frialdad, cosa que los confundió, hasta que los espectros aparecieron ante él.
―Darth Kesh―saludó el espectro negro.
Los ojos de Harry se abrieron, al ver a los tres fantasmas. ― ¡Darth Bane! ―Exclamó asombrado, al sentir la Fuerza Oscura, en el cuerpo del hombre. Giró la mirada ―... Arca Jeth. ―Sonrió. Un fantasma de la Fuerza Oscura, uno de la Fuerza Luminosa, y una Jedi Gris, ante él. ― "Kadrian Sey" ―susurró, al ver a la mujer Zabrak.
―Esto te pertenece ―dijo Kadrian, mientras que, de las espectrales manos de Darth Bane, Harry recibía una tela plateada.
―Esta Capa de Invisibilidad. ―Dijo Arca. ―Ha estado en la familia Potter, por generaciones, ahora es tuya.
―Ese patético director tuyo, había colocado unos raros sellos y hechizos en ella, pero ya nos hemos hecho cargo. ―gruñó Bane.
Harry realizó una venia, y los tres desaparecieron.
Y hablando de capas, Harry debería de comenzar a usar una, y ropa más abrigada, el invierno se acercaba rápidamente.
Pero no eso no evitó, que los maestros les colocaran todo tipo de trabajos.
Harry mandó pedidos de extracción de dinero, y de compras, al duende de cuentas Potter.
A Hermione, le compró un collar de color azul, por estar ella en Ravenclaw.
A Daphne, un porta-varita de piel de dragón.
A Susan, un libro de encantamientos antiguos.
A Padma, un libro de Defensa y Contraataque.
A su jefe de casa, un nuevo Kit de pociones.
Harry de Hermione, recibió un libro de "encantamientos inventados a partir del siglo XVIII, hasta el siglo XX"
De Susan recibió un atuendo parisino. El último grito de la moda mágica masculina de Francia.
De Padma, recibió una escoba Nimbus 2000, junto a una nota que decía "Espero que compartas, una de mis aficiones", aunque desde el punto de Harry, aquello era más bien un: «Espero verte jugando con Slytherin el próximo año, o te partiré las piernas»
De Daphne, recibió un álbum, enviado por Julius Greengrass, quien en una carta le contó que fue amigo de James y Lily. El álbum contenía no solo fotos de sus padres, también hojas de papel con anécdotas de todo tipo.
Aquella mañana de 25 de diciembre, entró al gran comedor, Amelia Bones, acercándose a la mesa de Slytherin.
―Harry Potter ―llamó la mujer.
El joven se colocó de pie y se acercó. ― ¿En qué puedo servirle?
― ¿Tía? ―preguntó una confundida Susan, levantándose.
―Necesito que vengas conmigo, Harry... perdón, señor Potter. ―Explicó la mujer. Para luego saludar a su sobrina, y asegurarle que su amigo, no estaba en ningún tipo de problemas. ―Es una reunión del Wizengamot, donde el Ministro Fudge, ha pedido que estés presente.
Harry, extrañado asintió a las palabras de la mujer.
―Amelia, ¿Harry ha hecho algo malo? ―preguntó Dumbledore preocupado. ¿Qué había pasado?, ¿Por qué él no estaba enterado? La mismísima Amelia Bones, una de las Aurores más poderosas, estaba llevando a su Faro de la Luz, ante el Wizengamot. ― ¿Qué ha pasado, Harry? ―trató de mantener el tono de abuelo. ― ¿Qué has hecho? ―tembló de horror, al imaginarse al Elegido, al profetizado salvador del Mundo Mágico Ingles, encarcelado en Azkaban.
―Hasta donde sé, no he hecho nada, profesor. ―Dijo Harry, mientras se iba con la mujer.
―Soy el Jefe del Wizengamot, así que debo de estar presente, Amelia. ―Dijo Albus, rápidamente.
Amelia lo miró, y asintió. Eso solo preocupó a Albus. Por lo general, ella le diría algo, pero no lo hizo, ¿Qué estaba pasando?
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Los dos adultos, y el niño, ascendieron hacía la oficina del director, y usando Polvos Fu, se aparecieron en el Ministerio de Magia, frente a la estatua de los Hermanos Mágicos, con Amelia guiando a Harry, hasta la sala de Juicio del Wizengamot.
―Queridos compañeros del Wizengamot ―comenzó Fudge, ni bien entraron Harry, Amelia y Albus, en la sala. ―Estamos aquí, para ver que se haga justicia, en dos casos, los cuales, se conectan mutuamente, a causa de una misma persona: Harry Daniel Potter Evans. ―Todos miraron asombrados, y Harry se presentó. ―Por favor, tráiganlos. ―Los tres adultos Dursley, y su hijo, fueron ingresados en la sala de Juicio, luego llegó Sirius, quien fue esposado, lo mismo con los Dursley, y finalmente, una rata con una jaula.
La rata, al ver la puerta de su jaula abierta, trató de escapar. Pero Savage fue veloz. ― ¡Homo Revelio! ―Y la rata se transformó en un hombre calvo, y canoso.
Dumbledore abrió los ojos horrorizado. ¿Cómo es posible, que hubieran dado con Pettigrew tan rápido?, ¿Cómo supieron los maltratos de los Dursley, hacía Harry? Esto era malo, muy malo.
Cuando Dumbledore se puso de pie, Fudge habló.
―Tenemos aquí, a un supuesto héroe y supuesto muerto, pero todos pueden presenciar que está vivo ―dijo Fudge, mientras que era esposado por Savage, y Scrimgeour, enseñaba que Pettigrew tenía la Marca Tenebrosa. Entonces, Scrimgeour, hizo girar el brazo de Sirius, lo cual le causó un dolor lacerante en la muñeca, pues estaba atado, y enseñó que él no tenía la Marca. ―Denles el Veritaserum. ―Así se hizo. Dumbledore estaba tan confundido, por tantas cosas ocurriendo a cada segundo, que no podía hablar, para objetar y defender al Mortífago, el cual él deseaba, que fuera su espía. ― ¿Cuál es tu nombre?
―Peter Edmund Pettigrew.
― ¿Asististe a Hogwarts?
―Sí.
― ¿Fuiste amigo de James Charlus Potter, Sirius Orión III Black y Remus Lupin?
―Sí
― ¿Eres un Mortífago?
―Sí.
― ¿Apoyaste la Causa de Aquel-Que-No-Debe-Ser-Nombrado?
―Sí.
― ¿Es Sirius Orión III Black un Mortífago?
―No.
― ¿Fuiste el Guardián Secreto de los Potter?
―Sí.
― ¿Los entregaste a Voldemort?
―Sí.
― ¿Apoyas la causa de los Mortífagos?
―Sí.
― ¿Inculpaste dolosamente a Sirius Orión Black, de ser el Guardián de los Potter?
―Sí.
Para todos, fue obvio lo que debían de hacer. El lado luminoso del Wizengamot, ni siquiera esperó alguna clase de señal de Dumbledore, solo levantaron sus varitas, encendiéndolas con el Lumos, y lo mismo hizo el lado neutral, solo con eso, condenaron a Peter Pettigrew, de por vida a Azkaban, y Fudge ordenó que lo llevaran al punto más profundo del mismo.
Luego, dieron el Veritaserum a Sirius.
― ¿Cuál es tu nombre?
―Sirius Orión III Black.
― ¿Asististe a Hogwarts?
―Sí.
― ¿Fuiste amigo de James Charlus Potter, Peter Edmund Pettigrew y Remus Lupin?
―Sí
― ¿Eres un Mortífago?
―No.
― ¿Apoyaste la Causa de Aquel-Que-No-Debe-Ser-Nombrado?
―No.
― ¿Eres un Mortífago?
―No.
― ¿Fuiste el Guardián Secreto de los Potter?
―No.
― ¿Los entregaste a Voldemort?
―No.
― ¿Apoyas la causa de los Mortífagos?
―No.
― ¿Tuviste un juicio en 1980?
―No.
― ¿Qué ocurrió, cuando los Aurores te llevaron esposado, la noche del 31 de octubre de 1980?
―Millicent Bagnold y Barty Crouch, me llevaron a una sala de interrogatorios extraña, y me dijeron que usarían el Veritaserum en mí. Fui golpeado con el Desmaius por la espalda, sin habérmelo esperado, y lo siguiente que supe, fue que estaba en Azkaban.
Todos miraron esto, horrorizados.
Fudge se colocó de pie. ― ¿Alguien en esta sala, duda que Sirius Black, es un hombre inocente? ―aquel que se negara, se declararía enemigo de las casas Black y Potter, y todos lo supieron. Dumbledore y Malfoy, tuvieron que alabar cuan buen político era Fudge, y nadie contestó. ―Como Ministro de Magia de Gran Bretaña, declaro a Sirius Orión III Black, un hombre en libertad, se le pagará por sus servicios como Auror, y la custodia de su ahijado, Harry Potter Evans, le es transferida ―golpeó con su mazo, y la magia hizo el resto. ―Compañeros del Wizengamot, este juicio aún no ha llegado a su final. Pero nos tomaremos cinco minutos, para calmar nuestros ánimos.
Harry y Sirius se abrazaron, mientras que Sirius lloraba, y le pedía perdón a Harry, por haber sido tan idiota e ir tras Peter, se excusó, diciéndole, que creyó que podría volver por él.
Harry dijo que no lo culpaba, por nada. Que si bien, su infancia fue un infierno, gracias a los Dursley, aprendió a ser independiente, y aprendió de ellos, a pesar de cómo fue su vida en esa casa.
Fueron a comer juntos, y al llegar a la cafetería, el rumor de que Sirius era inocente, que Pettigrew estaba vivo, era un Animago ilegal y era un Mortífago, se había extendido pronto. Se sentaron en una mesa, recibiendo miradas de todos, pero ellos los ignoraron olímpicamente.
Volvieron minutos después, a la Sala del Wizengamot, y todos se asombraron, cuando vieron a cuatro Muggles entrar. Dumbledore intentó salvar, a sus títeres.
―Ministro. Esta Sala, es exclusiva para enjuiciar a los Magos, no a los Muggles. ―Dijo Albus.
―Ellos estaban al cuidado de un joven mestizo, y heredero de la ancestral y antigua casa Potter, Albus. Y serán enjuiciados con eso en mente. ―Se excusó Fudge, dejando a Dumbledore con el ceño fruncido.
Se les obligó a beber el Wizengamot, y ellos confirmaron que Harry había vivido con ellos. Dijeron no saber a dónde había huido.
Narraron lo que le obligaban a hacer. Incluso quedo comprobado, por medio de recuerdos y de un Pensadero, en poder de la familia Bones. Más de un miembro del Wizengamot, se mostró asqueado e insultado, ante los maltratos y las tareas del hogar, que el futuro Lord de la Casa Potter y Black, se veía obligado a hacer. A nadie le sorprendió, que hubiera huido de esa casa.
Un colérico y asqueado Ministro Fudge, junto con Amelia Bones; ambos completamente, fuera de sí, ordenaron a gritos, a los Aurores, que las pruebas fueran recopiladas, documentadas y fotografiadas con una Cámara Muggle, y que todo aquello, fuera enviado de inmediato, ante el Ministro Muggle, para que él se encargara de que fueran encarcelados.
― ¡SÍ POR MÍ FUERA, ¡LOS ENVIARÍA AL BLOQUE G EN AZKABAN, MALDITOS HIJOS DE PUTA! ―Chilló un colérico Fudge, en pocas ocasiones se le veía así. Los Aurores sacaron a Vernon, Petunia y Marge, de allí, antes de que alguien los asesinara. ―Se levanta la sesión. ―Dijo con una voz fría como el hielo. ―Sirius. Si no cuidas de Harry, les harás compañía, ¿entiendes? ―Fudge no era padre, pero sentía un gran aprecio por Harry. Jamás se hubiera imaginado algo así.
―Perfectamente, Ministro ―dijo Sirius, dándole la mano a Fudge.
―Gracias por todo, señor Ministro. ―Dijo Harry. Fudge asintió.
Harry fue enviado por Sirius, devuelta a Hogwarts, mientras que Fudge se llevó al lord Black, para que rellenara los formularios, que lo acreditarían como tutor de Harry, y desautorizar los formularios que acreditaron a los Dursley, como tales.
Un Dumbledore, quien no entendía como tantas fichas, fueron retiradas de su tablero, en menos de un día; se vio obligado a volver al colegio, de inmediato...
Pero al llegar a su oficina, se quedó sentado tras su escritorio, sin saber cómo actuar, o qué hacer. Nada. Absolutamente nada, había estado saliendo como él lo había deseado.
Harry, los Dursley, la piedra, Sirius...
Se sentía muy perdido.
Muy confundido.
¿Qué podía hacer?
Los Dursley serían encarcelados, así que las Salas de Sangre, ya no serían útiles, ni de ayuda, para argumentar que Harry, se quedara a vivir en aquella casa.
Harry... su personalidad, sus ideas, ¿Cómo podía acercarse a él, ahora que había perdido la capa?, ¿quiénes eran esos espíritus, que se aparecieron?
Creía que podría engañar a Quirrell, para que atravesara las habitaciones trampa, pero luego estaba la piedra. Recientemente, una Sala había comenzado a sonar, y la Piedra parecía haber vuelto a su lugar, pero ¿porque? ¿Qué llevó a la persona, a devolver la piedra a su lugar?
Si hubiera sido Quirrell, entonces ya no estaría allí, ¿o sí? ¿Y si el brebaje, lo que hacía, no era solo darte vida, sino que, en caso de una posesión, te permitía cambiar de mentes?, ¿y si este era Tom, con la cara de Quirrell? ―De ser así... Aún podría forzar un combate... ―pensó un poco esperanzado. ―Pero entonces, ¿Si Harry fuera atacado, lucharía por La Luz?, ¿o lucharía solo para defenderse a sí mismo, de una muerte segura? ―se preguntó. Quería saber si la defensa de sangre, aún seguía allí. Pero no se le ocurría, nada realista para probarlo.
¿Por qué los hechos, tuvieron que ser así?
¿Por qué todo tuvo que tergiversarse tanto?
¿Qué podía hacer?
