Harry Potter pertenece a JK Rowling.
Star Wars pertenece a George Lucas (y a Disney)
Harén de Harry.
HP: Hermione Granger, Daphne Greengrass, Padma Patil y Susan Bones.
SW: Aayla Secura, Ahsoka Tano y Maris Blood.
18: Vaya forma de comenzar el año.
Llegó el 1 de septiembre.
Y el elfo domestico Dobby, deseaba proteger a Harry, bloqueando con su magia el pasadizo del andén 9¾, pero aquello era algo que Sirius ya se esperaba. Pero como carecían de pruebas, no podían acusar formalmente a la criatura.
Por lo tanto, Sirius indicó a Harry como usar los polvos Flu, apareciendo el joven del otro lado del andén.
―Rayos... ―gruñó Harry, casi cayéndose de cara, pero pudo estabilizarse, y se hizo a un lado, para dejar que su padrino apareciera.
― ¿Estás bien, Harry? ―preguntó el actual Lord Black.
―Estoy bien, Sirius ―dijo Harry, antes de sonreír ante un recuerdo. ―Por cierto, gracias por haberme llevado a la casa Potter.
―De nada Harry. ―Dijo Sirius, dándole un apretón de manos. ―Buen viaje.
―Gracias ―dijo el joven, mientras subía al Expreso de Hogwarts.
Sirius suspiró.
Recuerdo
Sirius ayudó a Harry, a aparecerse ante la mansión Potter, no la casa del Valle de Godric, sino la mansión, la casa donde tantas generaciones Potter, habían vivido.
Al aterrizar, una legión de Elfos Domésticos, salieron a saludar al último Potter, y le empujaron, (junto a Sirius), al interior de la casa, recibiendo una cacofonía, a causa de los retratos de tantos Slytherin, Ravenclaw, Peverell y Potter, hablándole al mismo tiempo.
Harry fue guiado, hasta los retratos de sus padres: James y Lily Potter, y ante los retratos de sus abuelos paternos: Fleamont y Euphemia Potter; estuvo conversando con los cuatro.
James y Lily desearon salir de sus cuadros, y torturar a Dumbledore, y a los Dursley, al enterarse de que Harry, había vivido con ellos. Así mismo, estuvieron agradecidos con Sheda Obaset y Athric Kevazz/Darth Kaft, por haberle ayudado.
Harry suspiró, cuando dio comienzo, a otra extensa campaña de aprendizaje, de muchas cosas, especialmente de magia, o más bien de etiqueta, en el Mundo Mágico Ingles, por parte de su abuelo Fleamont.
Fin del Recuerdo
Sonrió para sí mismo, convencido de que su ahijado estaría bien. Y en caso de algo que algo pasara, le había dado un medio de comunicación, infalible: Un espejo de doble vía.
Ya en el interior del tren, Harry se encontraría con sus amigas. A la única que no vio, fue a la gemela de Hermione, pero decidió no preocuparse por ella, especialmente cuando todas le exigieron que les contara sobre lo que les enseñaría ese año, respecto a La Fuerza, él les enseñó una sonrisa y dijo que les enseñaría sobre Alquimia Sith, y los idiomas más hablados de la galaxia.
Compraron cosas del carrito, y jugaron a armar un gran castillo, con naipes de Snap explosivo, llevado por Susan. Si un naipe explotaba, la persona que lo hubiera colocado, perdía el juego.
Así la mañana, mediodía y tarde siguieron su curso, hasta que llegó la noche, y el grupo, junto con todos los demás alumnos, de segundo a séptimo, fueron por un sendero distinto, mientras que los de primer año, iban en los botes. Los alumnos de segundo a séptimo, subieron a unas carrosas, tiradas por unos caballos muy delgados, que tenían alas de murciélago y cabezas de dragones, pero sin cuernos, y así se desplazaron hasta el castillo, y el Gran Comedor.
Desde la mesa de profesores, y aun esperando a que Minerva lo organizara todo ella sola, para dar la bienvenida, a los alumnos de segundo año, Albus miró a Harry.
Un Harry poderoso y versado en la magia.
Versado en el camino de los Sangre Pura, a causa de sus buenos modales.
Un Harry que no era un amante del vuelo, como James. Sino que era versado en los encantamientos y en las pociones, como Lily.
Un Harry que estaba en Slytherin.
Un Harry con muchos secretos...
Secretos que él desconocía, por completo.
Un Harry Potter...
...Sin la cicatriz, sin el fragmento de alma de Tom, en su cuerpo.
Pero un Harry Potter, que lo engañó, y que liberó a Sirius Black de prisión.
Un Sirius Black, que lo demandó, arrancándole un total de Setecientos millones de Galeones, por daños e intento de asesinato, contra el heredero de las casas Potter y Black (Siendo este, Harry).
Apretó los brazos de la silla, mientras escuchaba apenas. Debido a cuanto estaba metido en sus pensamientos.
― ¡Creevey, Colin! ―llamó McGonagall.
― ¡Gryffindor! ―dijo el sombrero.
― ¡O'Connor, Harper! ―llamó McGonagall.
― ¡Slytherin!
― ¡Lovegood, Luna! ―llamó McGonagall.
― ¡Ravenclaw!
― ¡Wayland, Morag!
― ¡Slytherin!
― ¡Weasley, Ginny!
Aquí el sombrero se demoró un poco más, en decidir a donde enviarla. ― ¡Gryffindor! ―La niña parecía decaída, a pesar de todo, y fue con la mirada gacha, a la mesa de los leones, junto a todos sus hermanos.
Harry sabía sobre el intento de Albus Dumbledore y Molly Weasley, por obligarlo a casarse con Ginny Weasley. Tendría que escribirle a Sirius, para ver si él, como su tutor podía hacer algo, para cancelar, aquel contrato.
Claramente, la chica había intentado que el sombrero la enviara a Slytherin, junto a él, pero no lo logró. Sinceramente él hubiera estado bien, en cualquier casa. (O así lo sentía él) Pero fue el propio sombrero quien lo envió a Slytherin.
La cena llegó, y todos fueron enviados a sus respectivas Salas Comunes. Harry ni siquiera se giró a mirar a alguien. De haberlo hecho, hubiera visto la mirada destrozada de la pobre Ginny Weasley, condenada a estar lejos de él.
Harry fue a su Sala Común, y escribió una carta a Sirius, sobre la actitud de Ginny Weasley, y le recalcó que todo parecía estar calmado, al menos esa noche.
A la mañana siguiente, luego de que Harry, Daphne, Hermione, Padma y Susan, se reunieran para trotar y realizaran algunas Katas de artes marciales, fueron a desayunar, pero la clase de Historia de la Magia y las historias de las guerras de los duendes, no ayudaron a quitarles el sueño, a esa primera hora del día.
Luego, en horas de la tarde, fue la clase de Slytherin y Hufflepuff, de Defensa Contra las Artes Oscuras, todos tomaron asiento, con los libros en los pupitres.
Lockhart se acercó a Hannah, y agarró uno de los libros, dándole la vuelta, dejando ver la contraportada y que se viera la fotografía, mientras les enseñaba una sonrisa. ―Yo... soy Gilderoy Lockhart. Caballero de la Orden de Merlín de III Clase, miembro honorario de la liga de Defensa Contra las Artes Oscuras, y ganador en cinco ocasiones del premio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la revista Corazón de Bruja, pero no quiero hablar de eso. ¡No fue con mi sonrisa con que me libré de la Banshee que presagiaba mi muerte! ―Esperó a que todos rieran, pero nadie lo hizo. ―Veo que todos han comprado mis obras completas; bien hecho. He pensado que podríamos comenzar hoy con un pequeño cuestionario. No se preocupen, es solo para comprobar cuanto han leído, y si lo han asimilado bien. ―agitó la varita y los papiros, con las preguntas aparecieron en las mesas de todos.
¿Cuál es el color favorito de Gilderoy Lockhart?
¿Cuál es la ambición secreta de Gilderoy Lockhart?
¿Cuál es, en tu opinión, el mayor logro hasta la fecha de Gilderoy Lockhart?
Y así eran tres páginas completas.
¿Qué día es el cumpleaños de Gilderoy Lockhart, y cuál sería su regalo ideal?
―Vaya, vaya. Muy pocos saben que mi color favorito es el lila. Lo digo en Un Año con el Yeti. Y algunos deben de volver a leer con mayor detenimiento Paseos con los Hombres Lobo. En el capítulo doce afirmo, que mi regalo ideal sería la unión pacifica de las sociedades mágica y Muggle, aunque no le haría ascos a una botella de whisky envejecido de Ogden ―les guiñó el ojo. ―De acuerdo, entonces: ¡vamos a hacerlo! Mi tarea es enseñarles a defenderse, de las criaturas más horrendas del Mundo Mágico. Puede que, al finalizar el año, recuerden esta aula, como un lugar de pesadilla, y de adrenalina. Puede que lleguen a enfrentarse, a criaturas a las cuales les teman mucho. Pero no se preocupen, mientras que yo esté en este lugar, no hay nada a lo que temer. ―Se acercó a algo cuadrado cubierto con una sábana. ― "Les pido que no griten" ―susurró, pero con un volumen ligeramente alto, para que todos escucharan. ― "Pueden enfurecerse" ―retiró la sabana. Todo el mundo, estaba con el corazón en un puño. ― ¡Así es! ―dijo con un gesto teatral. ― ¡Duendecillos de Cornualles, recién capturados! De acuerdo, veamos que pueden hacer contra ellos ―abrir esa jaula, fue como abrir la caja de Pandora.
Dos tomaron a Oliver de las orejas, alzándolo en el aire.
Pergaminos, plumas y tinteros volaron por el aire.
Algunos atravesaron las ventanas, y todo se llenó de cristales rotos.
Libros y folios de pergaminos, trillados en trozos irrecuperables.
― ¡Vamos ya! Rodéenlos, rodéenlos, son solo duendecillos ―dijo Lockhart, tomando su varita. ― ¡Peskipiski Pestenomi! ―no sirvió de nada, uno de los duendecillos, agarró su varita y la arrojó por la ventana.
― ¡Petrificus Totallus! ―exclamó Susan.
― ¡Petrificus Totallus! ―exclamaron Harry, Daphne y Tracey.
Pronto, la clase estuvo controlada, y los duendes petrificados, con algunos movimientos de varita, de los cuatro, los duendecillos, estuvieron nuevamente guardados en su jaula.
¡Vaya forma de darle final a una clase!
Y todos aquellos, que conocían en mayor o menor medida a Harry Potter, comprendieron porqué, el pelinegro de ojos verdes, se la pasó esquivando al incompetente profesor.
