Frozen es de Disney y Rise of the Guardians es de Dreamworks. Solo hago esto para su entretenimiento y para mi diversión.
Se quedó de piedra ante el hombre que tenía en frente. No podía creer que después de tanto tiempo él estuviese ahí. Estaba prácticamente como lo recordaba, solo que con algunas nuevas arrugas y una espesa barba que lo hacía lucir intimidante. Y ella, a pesar de que quería decirle un millón de cosas (su gran mayoría, insultos), no dijo nada.
─Anna…cuánto has crecido…─dijo haciendo el ademán de acercarse, pero ella dio un paso hacia atrás. Ante ese acto, él no se inmutó; ya se lo esperaba ─ ¿Y… Brian?
─Creciendo muy bien sin ti, gracias por preguntar. ─ respondió finalmente de la manera más fría que pudo. El rencor que sentía en esos momentos era difícil de explicar. Que ese…hombre… estuviese hablándole con tanta naturalidad como si nada hubiese pasado, la irritaba a más no poder.
─Anna…
─No creo que tengas la moral de negarme eso. ─rebatió. Él se mantuvo en silencio por unos instantes, sabiendo que ella tenía la completa razón
─ ¿Qué tal Elsa?
Y ahí fue que Anna cayó en cuenta. Por más que le doliese en su orgullo, lo necesitaba para salvar a Elsa.
─ ¡Anna! ─la pelirroja giró hacia el sonido de la voz. Se había olvidado por completo de su adorado novio. Cuando giró para encarar a su padre, él ya no estaba.
─Pero… ¡papá! ─llamó. No podía ser posible que se le escapase tan fácilmente. ─ ¡Papá!
─Anna, ¿qué pasa? ─preguntó.
─ ¡Estaba aquí, Kristoff!
─ ¿Quién?
─ ¡Mi padre! ─exclamó, sorprendiendo al joven rubio. ─ ¡Estaba aquí y se me escabulló! ¡No puedo creerlo! ─ Frustración no llegaba a describir lo que sentía en esos momentos. Tenía a su padre literalmente a centímetros de ella y lo dejó escapar sin ni siquiera haber averiguado donde contactarle. Por todos los cielos, podría haber condenado a Elsa sin querer…Debió reclamarle después de explicarle la situación.
─ ¿Estás segura que era él? ─le costaba un poco creer que un hombre que había desaparecido por tantos años apareciera así de repente.
─ ¿Crees que jugaría con algo tan delicado como esto? ─él decidió creerle.
─Vamos a buscarlo; no puede haber ido lejos. ─respondió soltando las bebidas que acababa de comprar. ─Nos encontraremos en este lugar en media hora. ─ella asintió. No podía dejar que escapara, no esta vez.
El dolor que sentía en esos momentos no podía ser descrito con palabras. Le dolía todo el cuerpo, especialmente, el área torácica y la cabeza que la tenían al borde de las lágrimas.
Pero debía calmarse.
Jack estaba allí y ella no quería mostrarse débil ante él; ya suficiente había tenido con lo que tuvo que ver la noche anterior cuando ella se había desmayado y ya no quería causarle más molestias. No importaba cuantas veces Jack y Anna le dijeran que debía pedir ayuda cuando no pudiese más, ella no sabía cómo hacerlo. Era automático en ella. Se había acostumbrado tanto a guardarse sus problemas…
─ ¿En qué piensas? ─Elsa dirigió su atención hacia el chico sentado a su lado.
─Pienso en lo guapo que estás. ─él sonrió de medio lado.
─Eso ya lo sé. ─ acarició suavemente su pelo. ─Pero ya en serio, ¿en qué piensas? ─mantuvo silencio por unos instantes que Jack aprovechó para examinarla. Parecía que le costaba mantenerse despierta. ─Si aún te sientes cansada, es mejor que descanses.
─No es importante…─comenzó decir. Ella sentía que su cuerpo no le estaba respondiendo y ella sentía la urgencia sobrehumana de decirle cuanto significaba él para ella. ─Lo único que importa es que te amo y eso ni la muerte lo podrá cambiar…Te amo, Jack y no quiero que lo olvides.
─ ¿Por qué dices eso? ─preguntó. Esa afirmación le instauró un nudo en la garganta.
─Sólo quiero que lo sepas. ─ respondió como pudo. Se sentía mal, muy mal, pero prefirió disimularlo lo mejor que pudo.
─Elsa, puedes decirme la verdad. ─ella lo observó y le sonrió con notorio cansancio.
─Ya te la dije: te amo, Jack, y sé que, si yo llego a faltar, no dejarás a Anna y a Brian solos.
─Elsa, no digas esas cosas. ─respondió. ─ Tu no irás a ningún lado.
─Solo es una situación hipotética, Jack. ─se defendió.
─Aun así…
─ ¿Me prometes que los cuidarías? Claro…en ese caso hipotético.
─Sabes que sí. ─ella sonrió. Él acercó su rostro al de ella y la besó tiernamente.
─Te amo, Elsa…─dijo besando nuevamente su frente ─ descansa.
Y por alguna razón, esas palabras quitaron un gran peso de sus hombros, le sonrió de nueva cuenta y, con mucho esfuerzo, acarició su rostro. Casi de inmediato, sintió que ya era tiempo de cerrar sus ojos y dejarse llevar por el cansancio.
Una luz le cegó la visión y después de ahí, no supo más; sólo se dejó llevar.
La sensación de alegría que lo embargó al ver a su hija, lo tomó por sorpresa. Él no había vuelto con fines familiares; él vino a resolver asuntos que ya no podía seguir postergando. Nunca imaginó que se encontraría con Anna; eso no estaba en sus planes, mucho menos entablar conversación con ella y sobre todo…
Jamás planeó sentir la necesidad sobrehumana de abrazarla.
En cuanto Anna se distrajo, vio su oportunidad de escapar. Tenía que admitirlo, se aterró y huyo como un cobarde, pero cuando la vio, no pudo dejar de pensar en aquella niña de más o menos 11 años de dos coletas que jugaba a los amigos imaginarios y se sintió fatal cuando ella le dijo su par de verdades, a pesar de que él sabía que se lo merecía.
─¡Taxi! ─llamó rápidamente; no podía dejar que Anna lo volviese a encontrar.
─ ¿A dónde le llevo?
─Luego le explico; solo conduzca. ─el taxista, aunque extrañado, obedeció al hombre. Cuando el automóvil dobló en la esquina, pudo vislumbrar la silueta de su hija llegando al borde de la acera.
Anna se detuvo al final de la acera y miró desesperada hacia todos los lados. Con la respiración agitada de tanto correr y las mejillas sonrosadas productos del frio viento que golpeaba contra él, se apoyó en sus rodillas para recuperarse.
─ ¡No puede ser! ─exclamó frustrada. Simplemente no podía creer que se le haya escapado. ─ ¡Tonta, tonta, tonta! ─se recriminó en voz baja.
¿Cómo se enfrentaría a Elsa sabiendo que dejó ir la única oportunidad que tenían de salvarla?
─ ¡Anna! ─escuchó como la llamaban. Su mente le ordenó que se reincorporará, pero su cuerpo simplemente quiso dejarse caer de rodillas al suelo, preso de la frustración y el pesimismo que embriagaba a la pelirroja ─ Princesa…─dijo mientras se arrodillaba a su lado.
─ ¡Se fue! ¡Lo perdí! ─respondió cubriendo su rostro entre sus manos, tratando de tranquilizarse. No quería llorar; quería golpear todo lo que se le pusiera en frente y gritar a los cuatro vientos hasta que todos esos sentimientos de impotencia abandonaran su pecho.
─Lo vamos a encontrar.
─ ¡¿Cuándo?! ─ preguntó descubriéndose el rostro para encararlo. ─ ¿En un par de años? Elsa no tiene tanto tiempo. ─ Kristoff no dijo nada más. ¿Cómo podría refutarle eso? ─ Lo siento, Kristoff, no quería gritarte, es solo que…
─Descuida; te comprendo. ─respondió. ─Vamos a seguir buscando; tal vez aun este cerca.
─ ¿Crees que siga por aquí? ─preguntó mientras se reincorporaba junto a él.
─La esperanza es lo último que se pierde.
Observaba distraídamente a través de la ventana de la habitación del hospital. Miles de personas corrían de un lado a otro en las calles, seguramente, motivados por la alegría que traía un nuevo año a sus vidas. Comprando, charlando o simplemente viviendo ajenos a lo que pudiese pasar mañana.
El mundo de esas personas se movía…el de Jack no.
El mundo de Jack se había paralizado por completo desde el momento en que supo sobre la enfermedad de Elsa porque, para él, no existía algo más importante que encontrar al poco hombre que la rubia alguna vez llamó padre, pero era difícil…El hombre parecía haberse esfumado en el aire y ni él ni Anna, sabían qué más hacer para localizarlo.
Apartó su vista de la ventana y se acercó nuevamente hacia la cama donde Elsa yacía totalmente dormida de costado y la observó por varios instantes.
La palabra preocupación no se acercaba a describir lo que él sentía en esos momentos. La condición de Elsa parecía haber mejorado un poco, pero él sabía que solo era una pantalla de humo que ella misma montó. Recuperó la consciencia, la fiebre había cedido un poco, pero la neumonía no se había minorado, es más, el notaba que su dificultad para respirar incrementaba más y más.
Acarició su rostro con cuidado, sintiendo el contraste entre su piel y la de ella, la cual parecía estar ardiendo, para después plantarle un tierno beso en la frente.
─Esto no es justo…─susurró para sí mismo. ¿Cuántas veces había pensado esa misma frase a lo largo de su relación? La mayor de los Arendelle no merecía todo lo que le había pasado ni lo que le seguía pasando. Había millones de malas personas que merecían algo así, pero no, todas las desgracias debían llegar a las personas que realmente podrían llegar a hacer una diferencia en el mundo. Desvió su atención de la rubia mientras tomaba una llamada de su madre. Solo había pasado un minuto cuando escuchó como Elsa comenzaba a toser. De inmediato, se acercó a ella, alarmándose ante la escena: ahí estaba ella, aun inconsciente con hilos de sangre brotando tanto de su nariz como de su boca. ─Mi Reina. ─llamó tratando de no entrar en pánico mientras la mecía suavemente. ─ ¡Elsa! ─ pero no obtuvo respuesta, por lo que, salió inmediatamente por ayuda. ─ ¡Ayúdenme; mi novia no reacciona!
El equipo médico presente se movilizó instantáneamente y corrió hacia la habitación, Jack trató de ingresar, pero una de las enfermeras se lo impidió.
─Tiene que esperar aquí.
─ ¡¿Está loca?! ¡Debo estar con ella! ─exclamó tratando sin éxito de ingresar.
─Entiendo su preocupación, pero necesitamos que espere aquí para poder realizar nuestro trabajo con calma; le aseguro que el doctor saldrá pronto con más información.
Jack se pasó la mano por su ya de por si despeinada cabellera. A pesar de que no quería obedecer esa "orden", terminó por aceptarla; solo esperaba que todo saliese bien.
─Creo que lo mejor es que contactes a tu abuelo. ─sugirió Kristoff. La pareja caminaba tomados de la mano hacia la residencia Arendelle luego de una infructuosa búsqueda del patriarca de los tres hermanos.
─No tengo otra opción. ─ respondió ella de manera seria.
─Vamos, Anna, no te puedes desanimar ahora. ─ el rubio detuvo su andar para colocarse frente a ella, sin soltar su mano. ─ Al menos sabemos que está en la ciudad y tenemos más posibilidades de encontrarlo. ─La joven le dedicó una pequeña sonrisa.
Agradecía que intentara animarla, pero el hecho de haber perdido la oportunidad más clara que tenían de salvar a Elsa, le generó un sentimiento de culpa que no sabía cómo alejar. ¿Pero qué se supone que hiciera? Se encontró con el hombre que años atrás había abandonado a su familia de la manera más cruel y no pensaba felicitarlo por esa acción. Ella tenía que decirle par de verdades antes de entablar cualquier conversación con él.
─Siempre estás aquí para darme ánimos.
─Claro; me encanta verte feliz, Anna. ─ el rubio acarició delicadamente la mejilla de la pelirroja y le sonrió tiernamente. Ojalá pudiera borrar todos los problemas que aquejaban a su adorada novia. Anna era la persona más alegre y extrovertida que conoció en su vida y era desesperanzador ver cómo las situaciones que estaba viviendo, ponían a prueba su espíritu.
No le importaba que estaban en una calle concurrida; la besó sin poder resistirse porque, sin importar la situación, nunca habría un mal momento para besarla.
Una melodía interrumpió el ambiente.
─Espera…─ trató de decir la pelirroja contra sus labios. ─déjame tomar la llamada. ─terminó de decir finalmente cuando se separó de él. Sacó su teléfono del bolsillo y tuvo un mal presentimiento al ver quien la llamaba.
─ ¿Jack? ¿Qué pasa? ─ Kristoff escuchaba atento. ─ Ya voy para allá.
─ ¿Qué ocurre, Anna? ─preguntó al verla colgar la llamada.
─Algo ha ocurrido con Elsa y el médico quiere verme a la menor brevedad posible. ─ expresó con notoria preocupación.
─Vamos, entonces.
Fue lo último que se dijo antes de que ambos salieran disparados hacia el hospital.
Estaba a segundos de explotar. En ese hospital, nadie sabía nada…NADA. Hace más de una hora que le habían prohibido la entrada a la habitación donde Elsa yacía, enviándolo a la sala de espera y exhortándole a que buscara a la familia de la chica inmediatamente. No importaba a quien le preguntara, nadie le decía nada…
─ ¡Jack! ─escuchó que lo llamaban. Vio como la hermana menor de su novia entraba a toda prisa junto a Kristoff. ─ ¿Dónde está Elsa?
─Luego de un rato, se durmió y no pude volverla a la conciencia. ─explicó. ─ No he sabido nada sobre ella, desde entonces.
─Pero…ella estaba mejor; no entiendo cómo…─ni siquiera pudo continuar; la voz se le quebró sin ella poder evitarlo. Kristoff la acercó a él y trató de tranquilizarla como pudo. ─ ¿Qué fue lo que pasó?
─No lo sé…─respondió sin saber qué más decirle. Él estaba igual o peor que Anna, pero se estaba controlando para no empeorarlo todo; Elsa querría que fuese así.
Los tres jóvenes no tuvieron más opción que sentarse a esperar por alguna noticia. No habían pasado ni cinco minutos cuando por fin, una de las enfermeras les dijo que la siguieran. En cuestión de segundos, llegaron a la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital, donde el doctor los esperaba.
─ ¡Elsa! ─exclamó Anna, corriendo hasta la ventanilla de cristal que dejaba ver dentro de dicha habitación y colocando una de sus manos, con impotencia al ver a su hermana conectada a un sin número de aparatos.
─ ¿Qué está pasando? ─intervino Jack mientras la pareja de novios se acercaba a él.
─Sé que ninguno es ajeno a la enfermedad de la señorita Arendelle. ─los tres asintieron─ Sus glóbulos blancos anormales que causa este cáncer en la sangre, le están jugando en contra, ya que, su sistema inmunológico no está luchando como se debe.
─Con todo respeto, doctor, pero…vaya al grano. ─intervino Kristoff.
─Lo que quiero decir es que, el cuerpo de la señorita Arendelle está dejando de funcionar. ─resumió de la manera más concisa que pudo. ─ Su sangre contaminada, está haciendo estragos en su organismo, provocando que el oxígeno no llegue apropiadamente a los tejidos, y con esta seria neumonía, tiene un riesgo inmediato de sufrir un paro cardiorrespiratorio; por eso la trasladamos a esta unidad. ─los tres quedaron de piedra. ─ Y lamento decirles esto, pero las probabilidades de que venza esta neumonía son muy bajas. ─ Anna llevó su mano hacia la boca, presa del pánico mientras las lágrimas comenzaban a descender por su rostro.
─Pero tiene que haber algo que se pueda hacer…─intervino Kristoff de nueva cuenta.
─No hay mucho por hacer, pero tenemos una propuesta y por eso queríamos que la familia viniera a la menor brevedad posible.
─Yo soy su hermana.
─Queremos inducirle el coma para poder intubarla y brindarle el oxígeno que no está recibiendo. ─comenzó a explicar. ─ Queríamos informarle del hecho y que usted nos de la autorización para llevarlo a cabo. ─Anna respiró profundamente; no era fácil, pero si era la única opción que tenían
─Haga lo que tenga que hacer, solo…sálvela.
─De acuerdo; me pondré en contacto con su médico de cabecera para trabajar en conjunto.
Jack, quien aún procesaba todo lo dicho por el doctor, se acercó a la ventana de cristal que permitía ver la habitación.
En el centro de ella, estaba Elsa.
Postrada en la cama, conectada a un monitor que probaba que su corazón seguía en la lucha mientras las enfermeras se movían rápidamente para cumplir la estrategia que Anna acababa de autorizar
Odiaba la situación.
Porque le creaba ansiedad, tristeza, rabia, pero sobre todo…miedo. No tenía ningún problema en admitirlo: estaba aterrado. La sola idea de pensar en un mundo donde Elsa no estuviese a su lado, era inconcebible para él. Ella no podía morir; no podía irse y dejarlo con el corazón roto.
"Lo único que importa es que te amo y eso ni la muerte lo podrá cambiar…Te amo, Jack y no quiero que lo olvides"
¿Acaso era una despedida? ¿Ella sentía que algo iba a pasar? No…Ella no se estaba despidiendo. Elsa nunca se daría por vencida; ella luchará hasta las últimas fuerzas que tenga. Estaba seguro de que sí…
─Sé que no te vas a rendir, mi Reina…─susurró contra el cristal. ─Sé que lucharás…
Subió las escaleras despacio, no queriendo llegar a su destino. Como se supone que estaban de vacaciones mientras su novia arreglaba unos asuntos con el padre de su hijo, (o como él lo llamaba, el muchacho infernal) ellos se estaban quedando en un motel. Llegó a su habitación, introdujo la llave en la cerradura y entró lo más silencioso posible. De inmediato, vislumbró la figura durmiente de su novia de hace años en la cama. Una mujer de más o menos su edad, llamada Mel, de pelo negro y piel bronceada que lo embrujó desde el primer momento en que la vio y que lo llevó a abandonar a su esposa. El único problema que tenía, lo observaba desde el otro lado de la habitación.
─ ¿Se te hizo tarde, papi? ─ preguntó de manera burlona.
─Te he dicho que no me llames así.
─Pero que humor que traes; solo te hice una pregunta.
─Prefiero que te metas en tus asuntos. ─respondió el hombre de mala gana.
─Eso hago; mi asunto es no ser un don nadie como tú; ya verás que algún día todos conocerán mi nombre. ─el patriarca de los Arendelle rodó los ojos. El chiquillo juraba que algún día sería una celebridad y que tendría la vida de Rey que según él merecía.
─Como digas…─respondió entrando al baño.
El joven de 22 años, sonrió cínicamente.
─Ya lo verán todos…Algún día todos sabrán mi nombre como que me llamo Pitch Black…
Hola, chicos. Lamento haber tardado tanto para actualizar, pero las obligaciones consumen mi tiempo, pero decidí hacer un mayor esfuerzo, para como cada año, poder actualizar en el día de mi cumpleaños (7 de julio), pero gracias a un examen que tengo justo hoy, no pude actualizarlas todas; solo me alcanzó el tiempo para dos. Pero aun así, a lo largo de julio, trataré de seguir actualizando las demás.
Como siempre, les agradezco inmensamente el apoyo. Gracias, por los reviews, favs y follows; significan mucho en verdad.
Espero que les haya gustado y, ya saben, siéntanse libres de comentar,
Cuídense,
Bye!
