Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.


Él podía ser pequeño, pero no tonto. Algo andaba mal y nadie quería decirle qué exactamente. Obviamente tenía que ver con Elsa; de eso no tenía ningún tipo de duda, ya que era lo único que su hermana pudo confirmarle indirectamente. Anna trataba de actuar como si nada pasase, pero la atmósfera que rondaba su hogar, no podía ser camuflada con nada. Lo único que le explicaron es que Elsa estaba en el hospital y que no era nada grave, pero tomando en cuenta que habían pasado varios días y su hermana mayor no volvía a casa y nadie le permitía ir a visitarla, supo de inmediato que se trataba de una mentira más…

Y es por eso que, en esos momentos, observaba a su pelirroja hermana con el ceño fruncido. No le gustaba su posición en toda la situación.

―Quiero ver a Elsa…―Anna respiró hondo.

―Ya hemos hablado sobre esto, Brian.

―No, eso no es cierto. ―respondió. ―Yo trato de hablar y tú evades el tema. ―argumentó. ― ¡Quiero verla!

― ¡Que no! ―respondió, exaltando al pequeño. La joven pelirroja se relajó casi en el acto. No le gustaba gritar, y menos a su pequeño hermano, pero la situación tenía sus nervios a prueba. Se acercó al niño, quien se mordía el labio en un intento por controlar sus sollozos. ―Yo…lo siento…no era mi intención gritarte.

―Yo… solo… quiero… ver a… Elsa. ― dijo entre sollozos. Anna lo tomó entre sus brazos y lo consoló.

Se sentía horrible al mentirle, pero… ¿qué se supone que le dijera? La condición de Elsa era incierta y mientras más transcurría el tiempo menos esperanza tenían los doctores en una recuperación completa. No podía exponer a su tierno hermanito a una escena que posiblemente nunca lograse sacarse de su mente. Ella, que era mayor que él, aún no procesaba la imagen de su hermana, postrada en aquella cama de hospital, rodeada de todos aquellos aparatos, que no hacía más que torturar sus nervios. Ella no soportaba esa imagen de su hermana mayor.

¿Cómo expondría a su hermanito a eso?

―Lo sé, pero si te digo algo es por tu bien; no es el momento de que vayas. ―razonó. ― Debes ser paciente. ―el niño asintió no muy convencido. ―Ahora, ve a lavarte los dientes para que vayas a la cama; ya mañana reinician las clases. ―el niño asintió y obedeció el mandato.

Anna lo observó desaparecer por el pasillo. No era fácil mantener la compostura con todo lo que acontecía a su alrededor, pero pasase lo que pasase, Brian no debía ver a Elsa así. Si lo peor pasara, él debía permanecer con aquella imagen alegre y vivaz de su hermana, no de aquel cuerpo que parecía perder la batalla cada día más.

Un nudo se le instaló en la garganta.

La sola idea de una vida sin Elsa, parecía tan inverosímil y, aun así, la posibilidad era tan latente que Anna no sabía cómo actuar al respecto. Por los momentos, trataría de seguir con su vida normal, aunque solo se tratara de una fachada…tenía que hacerlo por Brian.

Se encontraba lavando los últimos platos de la cena cuando su teléfono sonó. En esos últimos días, que su teléfono sonara le causaba pavor; solo cuando leía la pantalla y veía que se trataba de uno de sus conocidos o de un numero diferente al del hospital, respiraba aliviada.

― ¿Diga?

¡Anna! Ya he encontrado vuelo ―exclamó North. Ella lo había contactado días atrás para informarle que se había encontrado con su padre y que la salud de Elsa se había quebrantado gravemente. El hombre prometió regresar lo más pronto posible, pero teniendo en cuenta la época en la que estaban, fue una tarea casi imposible encontrar un vuelo. ―Llegaré mañana en la mañana.

―Es bueno escuchar eso. ―respondió notablemente desanimada.

¿Cómo te sientes? ―preguntó. Menuda pregunta que le hacía. ¿Cómo pensaba él que estaría ella en esta situación?

―Bien…dentro de lo que cabe…

Verás que todo saldrá bien; sabes que Elsa no se dará por vencida…

―Lo sé…―respondió de manera mecánica. Era difícil mantener la esperanza cuando los días pasaban y todo seguía igual.

¿En qué hospital está? ―preguntó. ― Iré en cuanto llegue a visitarla.

―Está en el Central, en la unidad de Cuidados Intensivos, habitación tres. ―respondió. ―Iré a eso del mediodía.

¿Y Brian? ―preguntó.

―Sus clases reinician mañana y la madre de Jack se ofreció a recogerlo después de clases; iré a buscarlo después.

Cualquier cosa que necesites, házmelo saber.

―Por supuesto; gracias por llamar y buenas noches.

Buenas noches, Anna; descansa.

La pelirroja terminó la llamada y se dispuso a terminar todo lo restante en el hogar para poder irse a la cama, sin saber, que cierta persona había grabado su conversación.


―Te traje un cambio de ropa. ―él le sonrió de manera agradecida.

―Gracias, mamá.

― ¿Ya cenaste? ―él simplemente negó con la cabeza.

―Realmente, no tengo hambre…

―Últimamente, nunca tienes. ―respondió. Comprendía que se sintiera desolado al ver a la mujer que amaba en esa situación, pero las acciones que estaba tomando o, mejor dicho, que había dejado de tomar, la preocupaban. Su hijo no comía, ni tampoco dormía; le preocupa realmente su salud. ―Iré a la cafetería a traerte algo antes de que cierren; en media hora acaba el horario de visitas. ― Jack no se inmutó.

Sally suspiró derrotada y salió de la habitación.

El joven Overland siguió observando a la chica profundamente inconsciente. Aún no digería la idea de que su Elsa estaba al borde de la muerte. Por extraño que parezca, amaba aquel pitido proveniente de la fastidiosa máquina, al igual que aquel monitor que le acompañaba, porque ellos eran la prueba viviente de que su Reina no se daba por vencida. Su corazón seguía latiendo, preso de ganas de vivir y estar con sus seres queridos. Su corazón noble se rehusaba a darse por vencido y por eso, él se negaba a perder la fe; la esperanza de que pronto ella abriría los ojos y le dedicaría esa extraordinaria sonrisa que poseía, que le regañaría por estar perdiendo horas de sueño y saltarse comidas, que lo abrazaría y besaría, disculpándose una y otra vez por haberlo preocupado…él tenía la esperanza de que, la única mujer a la que había amado en toda su vida, sobreviviría para estar con él.

No le importaba qué dijeran los médicos, ella iba a salir de ésta.

―Yo sé que lo harás…― dijo mientras le acariciaba el rostro sutilmente.

Observó a la esquina opuesta de la habitación y divisó aquella guitarra que su adorada novia hace poco le había obsequiado. Se levantó de su lugar, la tomó, volvió a tomar asiento al lado de Elsa y comenzó a tocar una melodía. Tenía días haciéndolo, cantando algunas canciones de vez en cuando, con la esperanza de que, de alguna forma, ésta pudiese calar de alguna manera en Elsa, pero no lo había conseguido.

Al menos, podía relajar la atmósfera del lugar y recordar bellos momentos al lado de su rubia favorita, ya que, él seguiría tocando, impulsado por la certeza de que su Reina lo escucharía.


―Muy bien, pórtate bien en la escuela y con la señora Overland cuando venga por ti, ¿bien? ―Brian asintió. Anna le sonrió al niño y se alejó algunos pasos ―Cuídate mucho; te quiero.

― ¡Y yo a ti, Anna! ―respondió mientras ingresaba a la escuela. El niño se aseguró de que Anna no estuviese a la vista y sacó una pequeña grabadora perteneciente a Elsa. No le gustaba desobedecer a sus hermanas, pero él necesitaba ver a Elsa y averiguar qué pasaba realmente.

"Está en el Central, en la unidad de Cuidados Intensivos, habitación tres."

Ya tenía la dirección y el lugar; solo debía ver cómo llegaría allí. Buscó en su mochila y sacó algo de dinero; Elsa y Anna siempre le daban dinero para ir a la escuela y, sumado al que el niño ahorraba cada vez que sus hermanas por cualquier razón, como ayudar en la casa, le otorgaban, tenía dinero para poder "defenderse" en su trayecto.

―Espero que funcione…―murmuró para sí mismo.

Al ser tan temprano, no tuvo problemas para escabullirse de los pocos docentes que se encontraban en el lugar. Salió a la calle y, sin saber realmente hacia dónde quedaba el hospital, se dirigió a un sitio que él sí conocía y donde habría muchas personas a las que podría preguntarles:

El parque.

Lo primero que hizo North al bajarse del avión fue llamar a Bunny. El sinvergüenza de su hijo, cobarde cabe recalcar, estaba en la ciudad. Es que no podía concebir qué clase de hombre, estando en la misma ciudad que sus hijos, no trataba de contactarlos. ¿Qué fue lo que hizo mal? ¿En qué parte de su crianza se había equivocado para que su hijo se convirtiese en semejante excusa de padre? Su esposa estaría muy decepcionada del hombre en que se había convertido.

¿Diga?

― ¿Alguna novedad? ―preguntó sin siquiera saludar.

A decir verdad, sí―respondió. ―Su hijo llegó al país en compañía de una mujer y un joven de 22 años; estoy investigando en qué lugar se están hospedando.

― ¿Le tomará mucho tiempo localizarlo?

No realmente; teniendo en cuenta que son tres y que su hijo no ha tenido gran movimiento en lo que respecta a bancos, no creo que se estén hospedando en un lugar muy ostentoso. ―explicó. ― Y hasta ahora, entre mi asistente y yo, hemos llamado a la mayoría.

― Cualquier cosa, por favor, notifíquemelo; debo encontrarlo.

No se preocupe; así lo haré. ―respondió. ―Sé que una vida depende de que lo encontremos y le prometo que no descansaremos hasta encontrarlo.

North colgó la llamada, satisfecho ante la respuesta de Bunny. Por los momentos, iría a su hogar, se cambiaría de ropa e iría inmediatamente al hospital para brindarle apoyo a Anna y verificar el estado de gravedad de Elsa.


Tal vez no fue buena idea…

El pequeño Brian no sabía a quién preguntarle en ese mar de gente. De repente, su timidez salió a flote y no encontraba el valor para acercarse a alguien…estaba a punto de comenzar a llorar por la impotencia que sentía; él tan solo quería ver a Elsa.

―Oye, niño…―escuchó como alguien le llamaba. ― ¿Por qué lloras? ¿Te has perdido o algo así? ― A pesar de que aún era preso de la timidez, el niño se secó las lágrimas rápidamente y levantó la vista hacia el hombre que lo miraba extrañado.

No era momento para ser cobarde; era su oportunidad.

―Es que yo…―comenzó a decir mientras sacaba la grabadora de la mochila. ― necesito llegar aquí. ― y reprodujo la grabación.

Brian observó como la expresión del hombre pasaba de confusión a sorpresa.

― ¿Quién…quién era ella?

―Mi hermana mayor, Anna.

―Tu eres Brian…

El niño frunció el ceño. ¿Cómo ese señor sabía su nombre?

―Disculpe, pero… ¿nos conocemos? ― el hombre pareció reaccionar de su trance.

―Yo sí a ti; te vi cuando apenas eras un bebé.

― ¡Oh! ―respondió. ―Eso explica por qué no lo recuerdo. ― respondió. ― ¿Quién es usted?

―Soy…―comenzó a decir, pero no consideró pertinente decirle la verdad de manera tan abrupta. ― Un amigo de tu mamá. ―respondió. ― ¿Cómo está ella? ―el niño se entristeció.

― Ella murió…―tal declaración, lo dejó de piedra.

―Yo…lo siento; no era mi intención…

―Está bien; mis hermanas dicen que no debo ponerme triste, ya que, mamá está en el cielo feliz y cuidándonos desde allá. ― respondió. ― Pero nos desviamos del tema; ¿sabe dónde está ese lugar?

―Sí. ―respondió. A pesar de que llevaba años viviendo en otro lado, recordaba perfectamente dónde quedaba ese hospital, uno de los más importantes del país.

― ¿Me puede decir cómo llegar?

― ¿Para qué quieres ir allí?

―Es que mi hermana tiene varios días ingresadas y quiero ir a verla.

― ¿Anna?

―No, Elsa.

Elsa…Su hija mayor…

― ¿Y… qué tiene? ―preguntó.

―No sé, pero sé que está muy enferma, aunque nadie quiera decírmelo.

Tal vez el niño se equivocaba y lo que pasaba era algo de poca importancia, pero aun así, quería cerciorarse el mismo del asunto.

―Si quieres, yo te puedo llevar. ―el niño lo observó no muy convencido.

―Lo siento, señor, pero no deseo causarle más molestias.

―No es una molestia; me gustaría comprobar que todo está bien. ―el niño dudó por unos segundos. ―Además, sería bueno que saludara a tus hermanas.

No sabía que mosca le había picado, pero quería que Brian llegara a salvo al hospital y, más aun, quería comprobar que Elsa estaba bien.

―Está bien; vayamos juntos, entonces. ― tomó de la mano del hombre que le dio la vida y le sonrió.

Haciendo que una oleada inmensa de culpa recorriera todo su ser.


Observaba el lugar atento. Por lo que veía, era muy probable que pudiese realizar algún tipo de negocio si movía bien sus cartas. Así que, como todo un profesional, caminó entre los callejones con autoridad hacia el grupo de personas que allí se encontraba y encendió un cigarrillo a su lado.

― ¿Y tú quién eres? ―preguntó uno de ellos, observando a Pitch con desprecio.

― ¡Pero que hostilidad! ¿No te enseñaron modales en tu casa? ― respondió. El chico se preparó para responderle, pero uno de sus compañeros lo detuvo.

― ¿Qué quieres? ― él sonrió.

―Es solo que vi que están "consumiendo" algo y pensé que les gustaría algo…de más calidad. ―sacó de su abrigo una pequeña bolsita y se las mostró a los muchachos. ―Esto, caballeros, es traído desde el exterior, y es la mejor que encontrarán en el mercado. ―los chicos lo observaron expectantes.

― ¿Y quién nos asegura que no nos engañas?

―Allá ustedes; solo trataba de ser amable. ― dijo y comenzó a alejarse mientras realizaba una pequeña cuenta mental.

En tres, dos, uno…

― ¡Espera! ―Pitch sonrió. ― ¿Cuánto quieres?

El joven sonrió complacido. Tenía, según sus propias palabras, un don para engañar a las personas y le encantaba hacerlo. Porque él podía hacerse pasar por tantas cosas para lograr sus beneficios; era un camaleón.

Y no le importaba a quien tuviese que quitar del miedo o lastimar, él obtenía lo que quería todo el tiempo.


― ¿Te falta mucho? ―preguntó Kristoff impaciente.

― Sí; debo hacer las compras. ―respondió. ―Además, tú fuiste el que quisiste acompañarme, así que, no te quejes.

Cada día que pasaba, admiraba más a su hermana mayor. Ella sabía que su ella era más que asombrosa, pero el hecho de realizar todas las tareas y responsabilidades que ella realizaba a diario, le reafirmaba ese hecho.

―Tienes razón; lo siento. ―respondió. En ocasiones normales, ese pequeño berrinche le hubiese sacado una sonrisa, aunque fuese por lo estúpido que se veía, pero no funcionó. Anna ya no le regalaba aquella bella sonrisa que desde un principio le había cautivado. Y lo entendía, la situación de Elsa era delicada y no había forma posible que alguien sonriera experimentando algo así, pero, aun así, quería verla sonreír. Se acercó a ella y la observó preocupado. ―Hace días que no veo tu sonrisa; ya empiezo a extrañarla. ―ella no respondió. ¿Cómo se supone que lo hiciera? ¿Acaso no entendía lo que estaba pasando?

El rubio suspiró; tal vez no estaba siendo comprensivo del todo.

De repente, el teléfono de la chica comenzó a sonar.

― ¿Diga? ―el rubio simplemente la observaba. ― ¿De qué me habla? Yo misma lo dejé en la escuela esta mañana. ― Esa simple oración hizo que Krsitoff supiera que algo no andaba bien. ― ¡¿Qué?! ―exclamó. ― No, no; creo que sé exactamente a dónde fue. ―dijo colgando la llamada.

― ¿Qué pasa? ― preguntó. La expresión de su novia no era muy amigable…

―Brian se escapó de la escuela.

― ¿Se escapó?

―Sí y sé exactamente a dónde fue. ―No tenía idea de cómo se enteró en cuál hospital se encontraba Elsa porque era más que obvio que se había enterado; Brian podía ser pequeño, pero no tonto, no se escaparía al menos que estuviese seguro de a dónde ir.

Ese niño no tenía idea de la montaña de problemas que acababa de ganarse…


Estaba inquieto; se quería largar de allí e ir nuevamente al hospital. No confiaba mucho en dejar a Elsa exclusivamente bajo el cuidado de las enfermeras. Es decir, él sabía que ellas estaban más capacitadas que él para accionar cualquier maniobra si la situación de Elsa empeoraba, pero no podía evitar sentirse inquieto al estar tan lejos de ella en esta situación.

―Si sigues así, harás un agujero en el piso. ― Jack observó a su amiga, no muy feliz. ― Ya falta poco; trata de relajarte.

―Es tan fácil decirlo…Toothianna. ―suspiró porque, estar en ese juzgado, vestido lo más formal posible según él, con su ex- novia (la testigo estrella que tenían contra Hans), en vez de estar en el hospital con su novia, era desesperante, pero no le quedaba de otra. Como Elsa no tendría forma alguna de asistir, él debía presentarse para, por lo menos, tratar de aplazar la audiencia de la rubia por tiempo indefinido. ― Hace más de una hora que el abogado entró a dicha reunión y no termina de salir.

―Están llegando a un acuerdo, Jack; eso no es algo fácil. ―respondió. Se mantuvieron en silencio por algunos momentos hasta que, por fin, vieron una figura familiar aparecer por los pasillos; Jack literalmente corrió hacia él.

― ¿Y? ¿Qué acordaron? ―preguntó impaciente. El abogado de cuarenta y tantos años, se quitó las gafas y le regaló una media sonrisa.

―Pude negociar los cambios de audiencia; los cargos que se verán primero serán los tuyos Jackson, para dar algo de tiempo y ver si la condición de la señorita Arendelle mejora. ―el joven Overland respiró aliviado.

No quería que ni un solo cargo fuera desestimado; Hans tenía que pagar por cada crimen que cometió.

―Muchas gracias, de verdad.

―No me agradezca, es mi trabajo señor Overland.

Él le volvió a sonreír en forma de agradecimiento, se despidió de Toothianna y salió disparado en dirección al hospital; era suficiente separación por un día.


Y ahí estaban ellos, frente a la habitación que tanto habían buscado.

― ¿Estás seguro que quieres entrar? ―le preguntó al pequeño Brian. Estaban en la unidad de cuidados intensivos y eso no podía significar nada bueno. Se estaba comenzando a arrepentir de haberlo ayudado a llegar, pero es que no podía dejarlo a su suerte en la calle.

― Quiero ver a mi hermana. ―declaró. Dio un paso al frente y giró hacia él. ― Muchas gracias por todo, señor.

―No te despidas aún; esperaré a que salgas. ―respondió. ― Te esperaré para dejarte en casa a salvo.

―No es necesario…

―Insisto. ― el niño no argumentó más; su prioridad en esos momentos era otra.

Avanzó hacia la puerta y posó sus manos sobre la perilla, girándola en el acto. Lo primero que notó fue el cambio de iluminación; la habitación tenía las luces apagadas y las cortinas cubrían las ventanas; un sonido se repetía cada cierto tiempo y Brian se sintió algo desorientado, al ver una figura postrada en la cama, totalmente inmóvil.

― ¿Elsa? ―llamó cerrando la puerta. Se acercó lentamente, con el corazón latiéndole a mil por hora y es que, mientras más se acercaba, más aparatos veía y perdía la esperanza de tener algún tipo de contestación por parte de su hermana mayor. ― ¿Elsa? ―volvió a llamar con los ojos humedecidos, señal de que las lágrimas aparecerían pronto. Finalmente, llegó a su lado y no aguantó más; comenzó a llorar. Como lo había sospechado, todos le mintieron… ¿Acaso Elsa realmente se iba a morir? ¿Por eso nadie le dijo nada? ¿Cuándo pensaban decírselo? ¿Cuándo fuese tarde? Estaba aterrado de verla allí, sin moverse, rodeada de tantos cables y maquinas…Esa no era la preciada hermana que lo levantaba por las mañanas con una sonrisa en el rostro, no era aquella que, sin importar qué, estaba a su lado cuando se enfermaba o simplemente se sentía triste, ni aquella que se desvivía para que no le faltara nada…Esa no era su hermana…―Por favor, no…te mueras; te necesito…―dijo entre sollozos. ― No nos puedes…dejar…solos…; no puedes irte con mamá, nosotros…te necesitamos más…Elsa…―y fue lo último que pudo decir.

Se subió como pudo a la cama y en aquel pequeño espacio libre, se acurrucó junto a su hermana y lloró. Estaba reviviendo la misma escena de aproximadamente un año atrás cuando su madre tuvo aquel accidente y era desesperante para el niño de cinco años poder comprender que algo así se volviese a repetir. Su mente inocente no podía concebir que Elsa también podría irse.

Tenía miedo…mucho miedo de que nunca más su hermana mayor despertase.


Comenzó a impacientarse a los diez minutos de esperar fuera de la habitación. No escuchaba ningún tipo de sonido proveniente de aquella habitación y eso no podía significar nada bueno.

¿Estaría bien que entrara?

Él consideraba que no; si su hija mayor estaba despierta, estaba muy seguro de que se desataría una muy fea escena que Brian por nada del mundo debería presenciar.

¿Pero por qué le importaba?

No entendía qué le estaba pasando. Él se fue, sin pensar en ellos y creyendo que así todo sería mejor en su vida, pero desde que se reencontró con Anna un sentimiento extraño se instauró en él. Ver cuánto Anna y a Brian habían crecido en esos años, lo hizo sentir mal; sus razones pasadas para irse años atrás, parecían tan absurdas…

Al final, decidió entrar; tenía que verificar que Brian estaba bien. Así que, armándose de valor, entró a la habitación.

Quedó de piedra.

Jamás imaginó ver una escena tan desalentadora. Los sollozos de Brian junto a los sonidos de los diferentes aparatos en la habitación no hacían más que ensombrecer el ambiente. Se acercó más a la cama y vislumbró perfectamente a su hija.

Su primogénita.

Al igual que sus hermanos, Elsa había crecido tanto…Si no fuese porque sabía que estaba en la habitación, le hubiese tomado tiempo reconocerla; se había convertido en una hermosa mujer, idéntica a su madre…

Pero no podía distraerse.

No entendía qué pasaba, ni qué tenía su hija o cómo había llegado a esa situación, pero algo sí sabía: estaba preocupado…se podría decir que hasta devastado y no entendía por qué. Él se fue, los abandonó, lo lógico es que no sintiera nada, al igual que la vez que desapareció permanentemente de su vida.

¿Acaso hay algo más en él? ¿Acaso realmente lo que sentía era preocupación?

― ¡Brian! ―escuchó una voz llamar desde los pasillos; no tuvo tiempo de pensar en qué hacer. Solo atinó a girar sobre sus talones y esperó a que la dueña de esa voz apareciese frente a él. ― ¡Brian! ¡Estás en grandes…!

Vio como el rostro de Anna cambió de enojo a sorpresa y nuevamente a enojo. ¿Cómo se supone que explicara su presencia allí? Su hija lo observaba furiosa y él no sabía cómo actuar…

―Anna, yo…

―No… muevas… un… músculo. ―contestó fríamente. ― Si alguna vez sentiste algo de cariño por nosotros, te imploro que no te muevas; la vida de Elsa depende de ti…― Él se mantuvo en silencio y, aunque no entendía a qué se refería la pelirroja, decidió acatar su decisión. Anna lo observó por unos segundos más hasta que se dio cuenta de los pequeños sollozos que inundaban el lugar. Fijó su vista en el pequeño rubio a un lado de Elsa. ― No te vayas. ―volvió a decir mientras se acercaba al niño y trataba de consolarlo.

No tenía idea de cómo su padre se había enterado donde estaba Elsa o como encontró a Brian, pero ya que lo tenía allí, no había forma posible que lo dejara escapar…


¡Hola a todos! Lamento tanto la demora; espero que el capítulo lo haya compensado. Gracias a todos por sus favs y follows y a: TPATFan16, Tsukkei, Elizabeth Corvinus, Jackesita Frost, AlbaSky, Nastinka Lykkey ASHLY por sus reviews; gracias a todos por el apoyo y realmente espero que no me tome tanto tiempo subir el próximo capítulo.

Espero que les haya gustado y, como siempre, siéntanse libres de comentar.

Cualquier cosa, ya saben dónde encontrarme.

Cuídense,

Bye!