Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.


Anna no sabía por dónde empezar…El día apenas comenzaba y ya había tenido sorpresa tras sorpresa o, mejor dicho, disgusto tras disgusto. Nunca pensó que se reencontraría con su padre sin siquiera estar buscándolo, pero así era el destino: caprichoso e impredecible.

Al principio, no sabía a quién abordar, si a su escurridizo padre o su hermano recién impactado por la situación; decidió que sería lo más idóneo comenzar con su padre, teniendo en cuenta que debía otorgarle algunos minutos al pequeño Brian para que digiriera lo que acaba de decir, y es por eso que Kristoff (quien había terminado las compras rápidamente para acompañarla) estaba con Brian en la cafetería del hospital, del otro lado del edificio para que ni siquiera existiera la posibilidad de que escuchase algo de lo que ella platicaría con el que alguna vez ella llamó padre.

― ¿Qué le ocurre? ―pregunta el hombre, observando a través de la ventana de vidrio que daba a la habitación. Cuando llegó con Brian, estaba tan absorto en el hecho de que vería a su primogénita que ni siquiera reparó en ese pequeño detalle, además de que, por órdenes de Anna, nadie debía observar al interior de la habitación; era simplemente deprimente, pero en este caso hizo una excepción; necesitaba que su tan llamado padre viera la escena, pero no de cerca…no confiaba en él.

―Tiene leucemia…―responde simplemente. Asdgar sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. ―Sus defensas están tan comprometidas por la enfermedad que un simple resfriado se convirtió en una peligrosa neumonía que amenaza su vida.

El hombre no sólo estaba sorprendido por lo seria que era la situación, también el tono neutral que utilizaba su hija lo desconcertaba; era justo pensar que la situación la tendría con esa actitud, sin contar su mera presencia que, para ella, debía de ser más que desagradable, pero, aun así, se trataba de Anna, la niña más entusiasta que alguna vez vio y era extraño verla de ese modo.

Pero de nuevo, él no estuvo ahí para tener el derecho de sacar algún tipo de conclusión al respecto.

― ¿Qué puedo hacer? ―Anna lo observa por unos minutos. Su orgullo estaba a punto de salir a flote y lo sabía, pero se controló. Respiró profundo y prosiguió.

―Necesito que te hagas las pruebas y, de ser resultados satisfactorios, seas el donante que ella tanto necesita. ―Se quedó sin habla. ― Ahora mismo no me importa lo que pienses, solo quiero que lo hagas; Elsa no merece morir, ella merece vivir plenamente y si eso significa que tengo que rogarte, así lo haré. ―respondió segura de sus palabras; ella amaba a su hermana y no dudaría en hacer cualquier cosa para salvarla.

―Lo haré; no quiero que me ruegues…es mi hija después de todo.

―Me alegro de escuchar eso. ― responde simplemente.

El silencio se instauró entre ellos. Anna no creía prudente decirle más de lo necesario. La única relación que podía llegar a existir entre ellos, se resumía estrictamente a lo que tuviese que ver con la salud de Elsa.

― ¿Es verdad lo que…Brian me dijo?

―Debe ser más específico.

―Sobre Idun… ¿Ella realmente murió? ― Anna asintió. ― ¿Con quién están viviendo?

―Solo nosotros tres…

― ¿Ustedes solos? ―ella volvió a asentir. ― ¿Cómo?

―Elsa…; ella es simplemente increíble, ¿sabe? ―respondió sin apartar la vista de su inconsciente hermana en el interior de la habitación. ―Buscaré al médico para que le hagan las pruebas. ―la frialdad con la que se dirigía hacia él, lo perturbaba. ¿Qué esperaba? Fueron años de ausencia y no había otra forma lógica de tratarlo. ―Quédese aquí; enseguida vuelvo.

Anna desapareció por los pasillos y Asdgar no pudo evitar preguntarse cómo sería su vida si se hubiese quedado. Dirigió su vista hacia su inconsciente primogénita.

Por lo menos, tenía la oportunidad de hacer algo positivo.


Kristoff observaba al niño frente a él. Hace rato, pensando que podría de alguna forma ayudar a su ánimo, compró un pedazo de pastel de chocolate (su favorito cabe destacar) exclusivamente para Brian, pero el niño no había dado el primer bocado aún; se mantenía jugando con la cuchara distraídamente. Aquel semblante alegre que caracterizaba al niño, ya no estaba, en su lugar, se instauró un semblante oscuro y triste, que deprimiría a cualquiera.

―Vamos, campeón; está delicioso, come un poco. ―el niño ni siquiera se inmutó ante las palabras del rubio.

Y Kristoff prefirió no insistir más, Entendía perfectamente lo que debía estar pasando por la cabeza del pequeño niño. Ya había perdido a su mamá y de seguro la idea de perder a su hermana mayor lo aterraba. Brian era muy pequeño como para tener otras preocupaciones que no fueran jugar y estudiar; ningún niño debería tener que preocuparse por un tema como la muerte…

― ¿Kristoff? ¿Brian? ―ambos observaron al dueño de la voz que se acercaba a ellos. ― ¿Qué pasa? ¿Por qué Brian está aquí?

― El señorito aquí presente se escapó de la escuela, Jack.

El joven recién llegado observó al niño con preocupación.

― ¿Acaso él…? ―Kristoff asintió. Jack suspiró; lo inevitable al fin había pasado. Tanto que se esforzaron para mantenerlo alejado de todo esto…

―Brian…

―No quiero escucharlos…―respondió.

―Pero…

― ¡No! ―chilló. ― ¡Todos me mintieron! ¡Son unos mentirosos!

―Brian, escúchame…

― ¡No!

Jack se armó de paciencia. Entendía la frustración que tenía el niño, pero la situación simplemente no estaba para peleas y Brian tenía que entender eso. Se agachó hasta quedar a su altura.

―Sé que hicimos mal en ocultarte esto, pero entenderás más adelante que era lo necesario. ―respondió. ―Sabes que nunca te mentiríamos para herirte, pero con todo lo que está pasando, era lo mejor que podíamos hacer.

―Pero…

― Somos amigos, ¿verdad? ― el niño asintió. ― ¿Crees que te ocultaría algo como esto para lastimarte?

―No…

―Exacto. ―respondió. ―De nuevo, me disculpo por mentirte; mentir es malo y no debí hacerlo, pero todo tiene una razón y yo tengo la mía…

― ¿Cuál?

―Elsa; sé que nunca me perdonaría que te dijera algo que te pusiera triste. ―Brian sintió como se le instauraba un nudo en la garganta.

―No quiero que se vaya, Jack…Quiero que Elsa se cure…―respondió.

―Lo sé, pequeño; te juro que estamos haciendo todo lo posible para que se sane. ― Y el niño quería creerle, pero lo que vio, no le otorgaba muchas esperanzas. Estaba aterrado de perder a su hermana. ¿Qué pasaría si realmente Elsa se iba? ¿Qué harían si eso llegase a ocurrir? Jack sintió el pánico emanando del pequeño, por lo que, en un intento de calmarlo, le sonrió mientras le despeinaba el cabello. ―Todo estará bien.

Ya no sabía si se lo decía a Brian, o si trataba de auto-convencerse de sus palabras…


En momentos como ese, era que ella notaba su fortaleza. No era fácil llevar toda esta preocupación encima, no solo tenía que preocuparse por Elsa, también tenía que hacerlo por Brian y hasta por su padre, preocupándose en todo momento de que pudiese esfumase nuevamente en el aire. Tenía la esperanza que, al menos por el cariño que alguna vez ella pensó que él les tuvo, no abandonara a Elsa sabiendo la situación.

― ¿Alguna novedad? ―Anna negó.

―Sigue igual. ―responde. ― ¿Pudiste resolver algo en el juzgado?

―Sí; ya todo está resuelto por los momentos. ―responde. ―Me encontré con Kristoff y Brian en la cafetería.

― ¿Cómo está?

―Logré tranquilizarlo un poco, pero sigue impactado. ―respondió.

―Luego hablaré con él. ―Jack tenía la sospecha de que se estaba perdiendo algo. Kristoff trató de darles señales, pero como Brian estaba presente, no podía decírselo directamente. Habían tantas cosas que carecían de sentido en ese momento, pero la primordial, era cómo Brian había llegado al hospital. Iba a preguntarle a la pelirroja, pero fue interrumpida.

―Según el personal médico, los resultados estarán listos dentro de unos días, Anna. ― dijo el patriarca de los Arendelle, quien calló al notar a un chico que no conocía.

― ¿Quién es usted? ―preguntó Jack.

Y solo ahí, Anna notó de lleno la presencia de su padre.

―Eso mismo debo preguntarte.

―Jack…él es mi padre. ―El joven Overland observó con sorpresa al hombre.

― ¿Cómo es que tu…?

―No lo hice; llegó aquí con Brian…― respondió. Jack observó al hombre de manera seria, recibiendo la misma mirada por parte de él. No podía creer que tenía al frente a aquel hombre que tanto daño le había hecho a su Reina…Le daba rabia solo observar al que él consideraba una excusa de hombre…

―Un gusto, Jack…―respondió más por obligación que por deseo.

―Me gustaría decir lo mismo…―respondió sin siquiera tratar de ocultar su molestia. Llevó su atención a Anna―Estaré adentro por si me necesitas. ―El padre de los hermanos Arendelle observó al insolente joven (según él), entrar a la habitación donde su hija mayor yacía.

― ¿Quién es ese muchacho? ―preguntó frunciendo el ceño mientras observaba a Jack depositar un tierno beso en la frente de su primogénita.

―Se llama Jackson Overland; es el novio de Elsa.

No sabía descifrar que fue ese tirón que sintió en el pecho…

― ¿Novio? Ustedes no están en edades para esas cosas…

Anna prefirió no contestar. Si lo hacía, había una gran probabilidad de que su respuesta fuera por demás agresiva. ¿En qué cabeza cabe ese comentario? ¿Se desaparece por años y se siente con la libertad de opinar en sus vidas? Realmente necesitaba entender en qué posición se encontraba…era un perfecto extraño para ellos y eso tenía que entenderlo, especialmente por el bien de Brian…

Solo esperaba que no se tomara más atribuciones que las que verdad les correspondía…


― ¡Tenía que nevar justamente ahora!¡Maldita sea! ―se quejó Toothianna. Después de haber salido del juzgado, pensó que sería una buena idea caminar a casa; no contaba con la improvisada ventisca que surgió de repente…No tuvo más remedio que esperar a que el clima se tranquilizara en una cafetería cercana.

Aunque se quejase, realmente necesitaba un lugar donde procesar todo de manera más tranquila. Parecía inverosímil que ella estuvo a punto de caer en el mismo abismo en el que Hans se encontraba y del cual se negaba a salir. Por mucho que lo lamentase por su viejo amigo, él tenía que pagar por todo lo que hizo.

Jack había tenido razón desde un principio cuando los enfrentó aquella vez después de que humillaron a Elsa delante de todos los estudiantes de la universidad. Él entendió que lo que hacían estaba mal. No eran superiores a nadie, sin importar cuánto dinero tuviese su familia, ellos eran estudiante comunes y corrientes que debían tener metas para su futuro. Elsa fue el detonante para todos…de diferentes maneras, pero el detonante, al fin y al cabo. Y es que no podía dejar de pensar en que, si ella no hubiese entrado en la ecuación, era muy probable que las cosas para ella y para Jack estarían iguales a las de Hans o en camino a tocar fondo.

Por eso, era que no encontraba sentido a la situación de la joven Arendelle. Ella era una buena persona que trataba siempre de no dañar a sus allegados, ¿por qué estaba al borde de la muerte? La vida era simplemente injusta…

― ¿Qué hace una señorita tan atractiva sola? ―Toothianna salió de sus pensamientos bruscamente. Frente a ella, había un joven que jamás había visto.

― ¿Qué quiere? ―preguntó hostilmente; no estaba de ánimos para charlar.

― ¡Pero qué carácter! ―exclama―Me gusta…

―Oiga, no estoy de humor; mejor retírese y déjeme en paz…

―No hay necesidad de ser agresiva; tal vez si supiera mi nombre fuera más ameno nuestro intercambio de palabras. ― respondió. Le dedicó una sonrisa seductora antes de proseguir. ―Soy Pitch Black, ¿y tu nombre es?

―Soy la señorita "Vete de aquí; no me interesa" ―respondió. Dio el último sorbo al chocolate que había ordenado. ― ¿Sabes qué? Mejor quédate tú, yo me voy. ―Normalmente, no era tan odiosa adrede, pero odiaba cuando no la dejaban tan siquiera pensar en paz; la situación hubiese sido diferente si la hubiese abordado de otra manera. Tomó sus cosas y salió del lugar sin mirar atrás.

Pitch sonrió. Definitivamente, la volvería a ver; de eso estaba seguro.


―Si supieras todo lo que ha pasado en un día, no me lo creerías, mi Reina…― dijo sentándose al lado de la cama. ―Tu padre está aquí; por fin, ha llegado y se ha sometido a las pruebas necesarias para ver si finalmente, él puede ser tu donante. Sé que no te agrada mucho la idea de depender de él, pero no nos queda de otra. ―tomó su mano entre las suyas. ― ¿Sabes? Brian estuvo aquí; sé que no fue bueno para él, pero creo que su visita de alguna forma te ayudó, ¿no? ― Cualquiera que lo escuchase, pensaría que estaba perdiendo la cordura, pero es que él sentía y sabía que ella lo escuchaba; su cuerpo estaba tan enfermo que no podía reaccionar, pero sabía de corazón que ella lo escuchaba y él, sin importar que pensaran los demás, seguiría conversando con ella. ― Cuando despiertes, te prometo que tendremos una extraordinaria cita, de esas que solo tú y yo entendemos. ―dice sonriendo.

Era difícil verla así, demasiado. Se moría por ver su sonrisa y el brillo que emanaba de sus preciosos ojos. Extrañaba sus besos, sus abrazos, sus sonrisas alentadoras, su ceño fruncido cuando él hacía algo estúpido…Dios, extrañaba tanto el simple hecho de tenerla entre sus brazos.

¿Qué sería de él si ella…se iba?

Sacudió la cabeza.

No iba a pasar…Ella se iba a levantar de esa cama y lo regañaría como una fiera por haber pensado, aunque fuese por un instante, que ella se rendiría.

―Sé que vas a vencer ésta y todas las enfermedades que aparezcan; eres una guerrera, mi Reina y sé que lo lograrás…― se incorporó y plantó un tierno beso en su frente, teniendo cuidado de no desconectar algún artefacto, especialmente aquellos que le brindaban el tan preciado oxigeno que tanto le faltaba. ―Vas a despertar…sé que lo harás…

Tomó su preciada guitarra, y como ya se le había hecho costumbre, comenzó a tocar una melodía, esta vez, una que significaba mucho para ellos. Aquella canción que ambos compartieron y la que inició algo más poderoso que una amistad…

Jack comenzó a cantar, teniendo el presentimiento que pronto, ella estaría haciendo un dúo con él.


Por primera vez en el día, Anna formó una media sonrisa en su rostro, la cual Kristoff observó satisfecho. La imagen de Jack a través de aquella ventana, tocando la guitarra con tanta devoción hacia Elsa, era simplemente adorable. Sabían que Elsa significaba todo para él, por lo que verlo con tanta esperanza, no hacía más que contagiarlos con ella.

―Extrañaba tu sonrisa…―la pelirroja lo observó.

―Lo siento…ya sabes, por haberte tratado tan mal estos últimos días. ―él sonrió y no perdió la oportunidad de abrazarla por detrás, envolviendo su pequeña figura en el proceso.

―No te preocupes por eso…―besó su pelo suavemente y observó a la pareja del otro lado de la pared.

¿Él estaría tan optimista si Anna fuese la que estuviese postrada en esa cama?

Realmente, no lo sabía. Admiraba la fortaleza de Jack; él sabía que el chico era un desastre por dentro, pero se mantenía lo mejor posible para que Anna y Brian no se quebraran ante la situación. Él estaba haciendo lo que él entendía que Elsa haría…

― ¿Puedes llevar a Brian a casa?

―Por supuesto. ―dijo mientras observaba al pequeño niño dormido en una de las sillas a pocos metros de ellos. Había sido un día duro para él, por lo que, necesitaba descansar y alejarse, por lo menos ese día, del hospital. Anna le entregó las llaves.

―Iré más tarde…

―Haré la cena; pasaré por casa a recoger las compras. ―ella asintió. Fue hacia el niño y lo tomó en brazos―Cuídate, ¿bien? ―se acercó y la besó como despedida.

Sin más que decir, Kristoff desapareció por los pasillos.

―Así que son novios, realmente…

Anna giró hacia el dueño de la voz.

―Pensé que ya lo sabías…―respondió. ―Él estaba conmigo la primera vez que nos encontramos.

―Sí, pero pensaba que eran solos amigos; no vi nada comprometedor. ―ella mantuvo silencio y el decidió otorgárselo por algunos segundos. Él sabía que no tenía ningún tipo de derecho a opinar o siquiera preguntar sobre sus vidas, pero estaba curioso. En tan poco tiempo, había descubiertos tantas cosas que se sentía abrumado. La muerte de Idun, la enfermedad de Elsa, los chicos que pretendían a sus hijas…era un montón de impresiones que él aún no lograba digerir del todo.

¿Por qué se sentía tan…mal? Él fue el que años atrás decidió irse porque no creía ser capaz de criar a tres pequeños niños. Sintió que su lugar no estaba allí, que necesitaba irse y ser libre de toda la responsabilidad ligada a ellos.

No entendía por qué estas sensaciones surgían en él; no tenía sentido.

―Espero que estés pensando en cumplir con lo prometido…― intervino la pelirroja. Él asintió. Lo menos que podía hacer era ayudar en lo que pudiera y eso incluía no desaparecer hasta que todo el asunto de los exámenes médicos terminase. Si era compatible, donaría sin problemas. Él no era la clase de monstruo que dejaría que su propia sangre muriera si él podía hacer algo. Era una mala persona, era verdad, pero no un asesino.

―No lo haré; te di mi palabra.

―Ni mucho que valga. ―escupió con rencor. La pelirroja confiaba tan poco en el hombre que le dio la vida, que al tomar el numero provisional que había conseguido para su estadía, le marcó para comprobar que en efecto era un número real y no uno ficticio. Pidió cualquier dato que le pudiese servir para localizarlo en caso de que se esfumara y rompiera su palabra…como ella esperaba que lo hiciera. ― ¿Crees que eso fue rudo? Agradece que no es con Elsa que estás tratando…

Y él podía entenderlo. Después de todo, fue a su primogénita a quien lastimó cruelmente. La renegó como hija y la obligó a tomar responsabilidades que a su edad deberían sonar como verdades muy lejanas.

Sabía que no habría una forma legítima de ofrecer algún tipo de perdón más adelante.

― ¡Anna! ―escuchó como alguien llamaba a su hija. En cuestión de segundos se encontraba sola; su hija había salido disparada hacia el dueño de esa voz.

―Abuelo…―la chica se aferraba a North como si su vida dependiese de aquello. Con todo lo que había pasado, necesitaba abrazar a uno de los hombres que le servían de pilar.

―Está bien, tranquila, ya estoy aquí. ― dijo correspondiendo el abrazo. ― ¿Cómo está Elsa?

―Igual; aun no reacciona. ―North asintió mientras miraba con preocupación a la pelirroja. Si bien la situación de Elsa era delicada, no podía dejar que Anna también enfermase; se notaba que no estaba durmiendo bien y sabía que, si investigaba un poco más, descubriría que tampoco se estaba alimentando bien.

― ¿Y tú? ¿Estás bien? ― ella suspiró.

―Creo que eso deberíamos hablarlo después, por ahora…―se hizo a un lado y dejó que su abuelo observara al hombre a unos metros de ellos. ―tenemos otros asuntos…

North tardó unos segundos en reconocer a aquel hombre, pero cuando lo hizo su expresión pasó a ser de sorpresa…y luego de pura furia. Al principio, estaba tan concentrado en Anna que no reparó en la presencia de su hijo.

―Padre…

North no respondió. Se acercó a aquel individuo que alguna vez llamó hijo y sin ni siquiera pestañear, lo tomó del cuello bruscamente.

―Abuelo…―suspiró Anna totalmente sorprendida.

―Padre, ¿qué hace?

―Tu y yo…tenemos cosas que discutir…―dijo. ―Agradece que Anna esté aquí porque si no, no me contendría ni por un momento.

Y Asdgar no pondría a prueba su palabra.


Este capitulo está dedicado a mi mejor amiga que el día de hoy (6 de diciembre) está de cumpleaños. Ine, te deseo un millón de bendiciones y espero que la hayas pasado súper y que te haya encantado el capitulo. Espero tenerte siempre a mi lado, en las buenas y las malas. ¡Muchas felicidades!

Chicos, muchísimas gracias por los reviews, favs y follows; cada día la historia crece más y todo es gracias a ustedes. Como vieron, ya personajes antiguos están tomando protagonismo en esta parte de la historia y será algo muy interesante, especialmente en futuros capítulos cuando el padre de Jack vuelva a aparecer.

Como siempre, siéntanse libres de comentar y cualquier cosa, ya saben donde encontrarme,

Cuídense,

Bye!