Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.
North observaba con verdadera furia a aquel ser que él y su esposa trataron de criar correctamente. Tenía muy claro que estaba en un hospital y que debía tranquilizarse para no crear un escándalo, pero encontrar finalmente a su hijo era un sentimiento que, si no fuese porque lo necesitase para salvar la vida de su nieta, sería totalmente desagradable.
─ Papá, no creo que sea el lugar para…
─ ¡Silencio! ─ exclamó. ─ No me importa lo que creas; si supieras todo lo que pasa por mi mente en estos instantes, te abstendrías de hablar…
─ Abuelo, basta, por favor. ─pidió Anna. ─ Este no es el lugar ni el momento para esto. ─ al observar la preocupación que emanaba de su nieta, North procuró tranquilizarse…por los momentos. No podía creer la mezcla de emociones que su hijo estaba provocando en él…ningún padre debería sentir tanto rencor…tanta decepción hacia su vástago.
─ Tu y yo, entrada en dos minutos…─fue lo único que dijo al soltarlo de manera brusca. Le observó por unos segundos y comenzó a alejarse por el pasillo. Asdgar no salía de su asombro. Su padre era un hombre por demás pacífico, por lo que, ser testigo, peor aún, el destinatario de su violencia y agresión, lo tomaron por sorpresa. Estaba seguro que las acciones de su padre eran movidas por odio; observó a su hija menor, quien le observaba con indiferencia.
Obviamente, no esperaba que lo recibieran con brazos abiertos, pero tampoco esperó experimentar semejante nivel de rencor…Ni siquiera quería imaginar como sería si Elsa lo viese…Observó a Anna por última vez…
Lo mejor sería obedecer a North y evitar una confrontación peor.
Era difícil comprender toda la situación si no eras parte de ella. Lo único que Jack tenía seguro era que no podía perder la esperanza. No le importaba lo que dijesen los doctores o el mundo completo, ella iba sobrevivir y se enojaría con él por haber dudado en algún momento que saldría de aquello.
─ ¿Jack? ─ el joven dio un pequeño respingo al escuchar la mención de su nombre.
─ Que susto me has pegado, Anna. ─ se quejó. ─ ¿Pasa algo?
─Sí; ya es tarde y deberías, aunque sea, visitar tu hogar, ¿no?
─ Estoy bien aquí. ─ respondió mientras volvía su atención a la rubia que yacía inconsciente a su lado. Era triste que ya estuviese acostumbrado al sonar constante de las máquinas que mantenían monitoreada a la mayor de los Arendelle, pero ya no le importaba, al contrario, su peor pesadilla sería dejar de escuchar alguno de esos sonidos de repente.
─ Jack, has estado aquí todo el día; mereces un descanso.
─Sí, pero…
─ Yo me quedaré con ella. ─ interrumpió ella. Agradecía la atención y los sacrificios que Jack hacía por Elsa, pero tampoco era justo que estuviese, prácticamente, viviendo en el hospital. Si seguía saltándose comidas y perdiendo horas de sueño, terminaría enfermándose. La menor de los Arendelle se acercó al chico y le despeinó el cabello de manera juguetona. ─ Sé que estás preocupado y que sientes que es importante que estés aquí para ella, pero tienes que pensar un poco en ti; esto que estás haciendo no puede ser saludable.
─ No sé de qué hablas.
─ ¿Ah no? Casi no comes, casi no duermes, sin mencionar el hecho de que, prácticamente, vives aquí. ─ respondió. ─ Vamos; ve a casa y descansa un poco. ─ él le observó con duda.
─ Anna…
─ Mira que te lo estoy pidiendo amablemente; si fuera Elsa, ya te hubiese echado a patadas. ─ Ambos rieron tristemente ante lo dicho porque sabían que era totalmente cierto. ─ Solo ve a casa y descansa un poco.
─Probablemente tienes razón; ─concedió. En ese momento, sonó una notificación del teléfono.
─ ¿Es tu mamá?
─No, es un correo; al parecer fijaron una fecha para la entrevista ─ dijo para sí mismo, pero Anna le escuchó.
─ ¿Entrevista? ¿De qué entrevista hablas?
─ Ehh…nada, nada. Mejor me voy, ya sabes, a descansar y todo ─ dijo rápidamente mientras se reincorporaba del sillón, en un intento de despistarla, pero Anna no se lo haría fácil.
─ ¡No, no, no! ─respondió, interponiéndose en su camino. ─ Sé lo que escuché. ¿De qué entrevista hablas? ─ Jack suspiró; sabía que no saldría de allí si no le decía la verdad.
─ Está bien, pero prométeme que guardarás el secreto. ─ Anna "selló" sus labios y "arrojó" las llaves por el aire. ─ Bien: ─Jack le observó por unos instantes antes de proseguir. ─ En los últimos meses, he aplicado para varios trabajos de medio tiempo.
─ ¿Por qué o para qué?
─ Para ganar algo de experiencia laboral. ─ dijo, pero Anna no le creyó.
─ Jack…por favor, dime la verdad; sé que mientes. ─ él suspiró.
─En parte es verdad ─ la chica siguió con su mirada acusadora─ Está bien, pero por favor, no lo veas como algo malo. ─ Anna asintió. ─ Pretendo ayudar a Elsa con los gastos. ─la menor de los Arendelle quedó anonadada por unos instantes…
─ Jack, no es necesario; entre Elsa y la ayuda indirecta del abuelo, podemos…
─ Pero quiero hacerlo. ─ respondió. ─ No me gusta que se sobre-exija y como no deja que tú busques empleo, la siguiente persona en la lista soy yo y pienso hacerlo, especialmente para ayudar con los gastos médicos. ─ Anna le observó conmovida. Ya había hecho demasiado por su familia como para agregarse otro peso sobre sus hombros que no le correspondía, pero sabía que no existía forma de hacerlo desistir de la idea. ─ Además, me agrega un poco de independencia financiera.
─ Insisto en que no es necesario que nos ayudes; ya haces mucho por nosotros. ─él sonrió y le devolvió el gesto que momentos antes ella había empleado para darle ánimos.
─ Quiero hacer más y no debes sentirte culpable por eso; lo hago con mucho gusto. ─ Jack observó a su novia y se acercó para depositar un dulce beso en su frente. ─ Volveré pronto, mi Reina, te amo. ─no quería irse, pero hasta cierto punto, Anna tenía razón y debía tomar un respiro fuera del hospital.
Al ver la escena, la pelirroja se sentía de cierta forma importante por no poder ayudar a Jack más, o por lo menos distraerlo un poco de todo esto, por lo menos durante su día especial.
─ Oye, Jack. ─él le observó. ─ Feliz cumpleaños. ─ él sonrió.
─Gracias, pero es mañana.
─ Lo sé; solo quiero asegurarme de que mi felicitación y la de Elsa fueran las primeras en llegar. ─ abrazó a la hermanita de su novia.
─ Y están bien recibidas.
Jack ingresó en su residencia con una sensación extraña; no sabía por qué, pero estaba inquieto, especialmente, al no escuchar ningún tipo de sonido en el lugar.
─ ¡Ya llegué! ─avisó.
─ Al fin te dignas a aparecer…─ esa no era ni la respuesta ni la voz que esperaba escuchar.
─ ¿Papá? ¿Cuándo has llegado?
─ Hace un par de horas, esperando encontrar a mi familia, pero ya veo que es mucho pedir. ─ Jack frunció el ceño.
─ Si hubieses avisado, las cosas hubiesen sido diferentes; no tienes idea de todo lo que ha pasado por aquí.
─ Puras trivialidades de seguro.
─ No sabes de lo que hablas…─respondió Jack. No podía creer que, en vez de preguntar cómo había estado todo e interesarse en todo lo acontecido durante su ausencia, viniese con el plan de pelear con él. ─ Mamá y Meghan están en la reunión del comité escolar y yo he pasado casi todo mi tiempo desde año nuevo en el hospital.
─Yo te veo bien.
─ No ha sido por mí; ni novia ha estado muy enferma.
─ ¿Otra de tus rapiditas? ─ Jack sintió arder su sangre al instante. ─ ¿Qué? ¿Una sobredosis? ¿Intoxicación crónica de alcohol?
─ Puedes decir lo que quieras de mí, pero con Elsa no te metas; no sabes de quién estás hablando y te agradecería que no te expresaras así de ella; ni siquiera la conoces.
─ No necesito hacerlo; con la "joyita" de persona que eres, es lo único que puedes conseguir.
─ Ya no soy el mismo de antes, papá; y eso se lo debo a ella.
─ No me hagas reír, Jackson; ¿pretendes que te crea? Por Dios, ¿y los demás años de decepción? ¿Qué hago con ellos?
─ ¿Solo te importa el pasado? Bien por ti. ─ escupió con rencor, dando media vuelta para terminar la conversación. Sabía que, si seguía discutiendo con él, lo haría de mala manera y por respeto a su madre y porque no quería caer en viejos malos hábitos, mejor mantenía su distancia ─ No voy a seguir perdiendo mí tiempo contigo.
─ Típico de ti; huyendo de los problemas y responsabilidades. No sé en dónde me equivoqué contigo. ─ pero Jack le ignoró y siguió a paso firme el camino hacia su destino. Le dolían las palabras de aquel hombre, después de todo, se trataba de su padre, pero no pensaba contradecirle. Si esa era la percepción que tenía de él, no había mucho que pudiese hacer. ─ ¡Maldito! ¡No me ignores! ¡Soy tu padre! ─ Jack no dudó por un segundo y siguió sin contestar a su progenitor, quien no cabía en sí de la furia que le embargaba. ─ ¡Eres un ingrato! ¡Eres lo peor que he hecho en mi vida! ¡Y maldigo el día en que naciste!
─ ¡Michael! ─ el hombre quedó de piedra. Giró y se encontró con su mujer e hija observándole desde el umbral de la puerta; la niña asustada y confundida por los gritos que escuchó a una esquina de distancia de su hogar; la mujer, furiosa de haber presenciado las palabras más hirientes que cualquier padre puede decirle a un hijo. ─ Meghan, ve a tu cuarto con Jack y no salgan por nada del mundo.
─ Mamá…─ comenzó a decir Jack.
─ ¡Ahora! ─ exclamó. Meghan corrió hacia su hermano y junto a él, se dirigieron rápidamente hacia las habitaciones. Cuando se aseguró de que sus hijos no estaban a la vista, redirigió su atención a su esposo.
─ ¿Qué significa esto, Sally? ¿Cómo entras así? Prácticamente, me desautorizaste frente a nuestro hijo; ¡por eso es que está de mal viviente!
─ ¡¿Mal viviente?! ¡Estás hablando de tu hijo, por Dios! ─ respondió. ─ Si estuvieras aquí más tiempo, sabrías que ha cambiado. ─ Michael rio de manera cínica.
─ ¿Y le crees el acto? ¿En serio crees que está tranquilo? Le he dado el beneficio de la duda e incluso le he otorgado más privilegios que antes no tenía, pero mira cómo me trata, como reacciona ante su propio padre. ¿Cómo quieres que le crea?
─ ¿Qué pretendes qué haga? ¿Qué te aplauda por decirle todo lo que media cuadra escuchó? El antiguo Jack te hubiese respondido, insultado y puede que hasta golpeado. ─ defendió. ─ ¿Acaso no lo ves? Las cosas han cambiado y tú no lo notas.
─ Es que no hay nada nuevo.
─ Eso lo dices porque nunca estás aquí…─escupió con rencor.
El patriarca de los Overland observó a su mujer, indignado. ¿Cómo se le ocurría tan siquiera reclamarle semejante cosa?
─ Creo que se te olvida que todo lo que tenemos, es por mi trabajo; que me mantenga siempre viajando es solo una condición del mismo. ─ expresó notablemente enojado. ─ No puedo creer que sea justamente eso lo que me reclamas.
─No te lo estoy reclamando; es solo que sería bueno que tu familia estuviese un poco más presente en tu vida. ─ exclamó. ─ Ni siquiera llamaste en las festividades para saber cómo estábamos y ahora te apareces como si nada, como si nuestras vidas debieran detenerse porque tú llegaste.
─ Eso que me dices no son más que trivialidades….
─ ¿Trivialidades? ─ preguntó ella al borde de la paciencia. ─ ¡¿Trivialidades?! ─explotó. ─ ¡¿Somos una trivialidad para ti?!
─ No fue lo que dije…
─ ¡No fue necesario! ─ toda aquella frustración salió de golpe. ─ ¡Estoy harta de esto! ¡Harta! ─exclamó. Se acercó a él y le observó con furia. ─ ¡¿Qué es lo que te ha pasado?! ¡No eres el mismo! Ya no te comportas como el esposo y padre amoroso que eras en un principio.
─ ¡¿Y qué quieres que haga?! ¡Tengo que romperme el lomo trabajando para recibir este tipo de ingratitud! ¡Especialmente, con la decepción de hijo que tengo que no quiere seguir mis pasos!
─ Pero… ¡¿por qué?! ¡¿Por qué quieres que sea como tú?! Él es muy diferente a ti y espero que nunca se convierta en lo que eres ahora.
─ ¡¿Un hombre exitoso?!
─ ¡Un mal padre! ─ Michael le observó sorprendida. ─ No sabes nada acerca de él y lo único que haces es reclamarle cosas sin sentido, sin ni siquiera tratar de entenderlo. ─ estaba harta de la indiferencia de su esposo hacia su primogénito; parecía que nada de lo que hiciese fuera suficiente para él. ─ Llegaste aquí reclamando cosas que desconoces y que al parecer no quieres conocer.
─ ¡Lo defiendes demasiado, mujer! ─ expresó. ─ Por eso es que está así.
─ ¿Por brindarle cariño? ¿Comprensión? ¿Apoyarlo y estar pendiente de él? ─ preguntó. Trataba de calmarse, pero ya no podía más y su esposo debía saberlo. ─ ¿Acaso le felicitaste por haber aprobado todas sus materias? ¿Por estar ayudando en la casa? ¿Al menos recuerdas que mañana es su cumpleaños? ─ el hombre le observó sorprendido. ─ ¡¿Ves?! Algo tan sencillo como el cumpleaños de tu hijo, se te escapa, yo… simplemente, no puedo con esto… ─ Michael le observó con duda; no podía ser lo que él pensaba.
─ ¿Qué quieres decir?
─ Quiero que te vayas…
─ ¿Qué…?
─ Si tengo que elegir entre mis hijos y tú, la decisión es bastante clara…
─ Sally, vamos a conversarlo; no vale la pena…
─ Dije que te fueras…─ repitió. ─ Necesitamos estar alejados para pensar si esto, realmente vale la pena…
Por primera vez en muchos años, Michael observó a la mujer decidida y fuerte que hace tantos años le enamoró y, en esos momentos, sintió pesar al ver que empleaba esa faceta con él. Michael amaba a su esposa, aunque muchas veces no le demostrase.
Y por eso, decidió no argumentar más, a pesar de que no se arrepentía de nada de lo que dijo. Ella podría seguir defendiendo a su hijo, pero él no aguantaría las estupideces de su primogénito para salvar la paz entre él y su esposa.
Todos los problemas eran causados por Jackson.
─ Como quieras, Sally; espero que no te arrepientas.
─ Creo que ya terminaron. ─ comentó Meghan mientras observaba a Jack, como preguntándole que tenían que hacer a continuación. Ambos escucharon un portazo y después, el silencio se hizo presente. ─ ¿Deberíamos ir a ver?
─ Mamá dijo que nos quedáramos aquí. ─ respondió simplemente. La discusión entre sus padres se escuchó bastante seria y lo último que quería era que su hermana se viera involucrada en ésta. Si no escuchaba algún ruido alarmante o algo que le alertara que su madre necesitaba ayuda, él permanecería tranquilo, esperando a que ella misma fuera hacia ellos. ─ No te preocupes; mamá vendrá pronto.
Y como si la hubiese invocado, la puerta de la habitación se abrió.
─ ¡Mami! ─ la pequeña de la casa corrió hacia ella y le observó atentamente. ─ ¿Estás bien? ¿Dónde está papá?
─ Pasará la noche fuera; volverá en un par de días. No te preocupes, pequeña; todo está bien ─ respondió con una pequeña sonrisa que Jack supo al instante que era falsa. ─ ¿Puedes esperarme en la cocina? Te prepararé algo de comer. ─ la niña dudó por un momento, pero terminó por aceptar y en silencio, obedeció a su madre.
─ A mí no puedes engañarme. ─ dijo en el preciso momento en que su hermana abandonó la habitación. Su madre suspiró.
─ Le pedí que se marchara. ─respondió seriamente. ─ Si las cosas no cambian, creo que…no podremos continuar juntos…
─ Te refieres a…
─ A divorciarnos. ─Jack prefirió no decir nada, no le correspondía, especialmente porque sabía que él era uno de los grandes puntos de discordia entre sus padres. ─ No creas que es tu culpa, hijo. Él ha perdido la vista de lo importante y tiene que recobrarla de alguna manera; ya sea de la manera difícil.
─ ¿Estás segura? ─preguntó─ Es una relación de años y sé que aún lo quieres.
─Es verdad, pero no puedo permitir que siga con esas actitudes hacia nosotros. ─ explicó. ─Si el dinero es lo que lo ha hecho cambiar, preferiría que no lo tuviese. ─ Jack prefirió guardar silencio. Nunca había visto semejante determinación en su madre y, sinceramente, le agradaba saber que por fin había enfrentado de manera contundente a su padre, quien no parecía ver los errores que cometía.
─Estoy orgulloso de ti, mamá. Cualquier cosa que necesites, aquí estoy para ti. ─Sally sonrió. Por mucho que quisiera a su esposo, sus hijos siempre serían su prioridad.
─Gracias, mi vida; te lo agradezco. ─respondió. ─Ahora, duerme un poco; Anna me llamó para asegurarse de que lo hagas.
─ Que chismosa…─respondió aparentando enojo.
─Puedes decir lo que quieras, pero tiene razón. Por cierto, ¿comiste algo?
─Me detuve y compré una hamburguesa; la comí de camino aquí. ─ella le miró no muy convencida.
─Haré como que te creo…
Y aunque lo dijo para alivianar un poco el ambiente, Jack no pudo brindarle una sonrisa sincera. Tenía tantas cosas en la cabeza que no pensaba posible poder conciliar el sueño fácilmente.
En el momento en que vio el lugar, lo reconoció de inmediato: el lugar donde había llevado a Elsa para su primera cita. El sol brillaba, el viento mecía el pasto y una silueta muy conocida para él se encontraba de espaldas a él.
─ Elsa… ─ susurró incrédulo acercándose a ella y sintiendo como el peso sobre sus hombros desaparecía a medida que se acercaba más a ella y comprobaba que, en efecto, era su Reina. ─Dios…de verdad eres tú…─expresó mientras se abalanzaba sobre ella en un abrazo que se sintió glorioso, conteniendo en todo momento, las ganas de llorar. Ella le devolvió el abrazo.
─Mi Jack…─susurró. El joven Overland rompió el abrazo, tomó el rostro de su novia entre sus manos y le besó con deseo contenido. ─Amor…espera…─dijo entre besos la joven. ─ Jack…
─Volviste a mí; no puedo contenerme, te he extrañado tanto…
─Lo sé…por eso vengo a hablar contigo…─ Por primera vez desde que la vio, Jack observó a su novia detenidamente. Llevaba su larga cabellera al aire, vestida de blanco y con una corona de flores sobre su cabeza. Se veía hermosa, pero por alguna razón, sentía un muy mal presentimiento, especialmente, cuando ella entrelazó sus manos entre las suyas─ Mi amor, sabes que te amo, ¿verdad? No puedo ni siquiera comenzar a explicarte cuanto significas para mí y lo agradecida que estoy contigo por todo lo que has hecho por mí y mis hermanos.
─ ¿Por qué me dices estas cosas? ─ la joven respiró hondo como si lo que estuviese a punto de decir algo que no quería y Jack lo sintió.
─ Porque yo…debo irme…
─ ¿Q-Qué? ¿A dónde?
─ Ya no me quedan fuerzas para seguir, Jack y me es imposible despertar. ─Y allí entendió todo…
─ ¡Pues toma de mis fuerzas! ─ ofreció desesperado ─ No sé, debe de haber una forma; tú no te puedes ir, no…
─Jack…
─Elsa, no nos hagas esto…─suplicó abrazando la pequeña figura de la rubia. No podía ni quería aceptar lo que estaba escuchando. ─ Te necesitamos…yo te necesito, por favor; te lo suplico…
Él llora, ella lo acompaña mientras se aferra a aquel abrazo. Ninguno de los dos quiere que pase, pero Elsa sabe que es lo inevitable y que necesitaba hablar con él; se separó con dificultad y dolía como nunca antes.
─Escúchame, por favor, Jack…
─Elsa, no…
─No tengo mucho tiempo, por favor, préstame atención…─ ver como las lágrimas se deslizaban por su mejilla era difícil, especialmente porque ella también estaba llorando. ─Por favor, cuídate mucho, cuida a tu familia, a mis hermanos…
─Sí, lo voy a hacer, pero contigo; no vas a irte, no…
─ Por favor…no lo hagas más difícil de lo que ya es.
─ ¡Es que no lo acepto! ¡No! ¡¿Por qué tú?! ─ exclamó frustrado, cayendo de rodillas. No lo entendía y no quería hacerlo. Elsa era la persona más extraordinaria que conocía y no concebía que se fuera, que muriera sin él poder hacer nada.
Elsa se arrodilló frente a él
─ Créeme que me duele, me duele tener que dejarlos, pero ya no puedo más…de verdad, Jack, perdóname…perdóname…
Por mucho que le doliera y no pudiese entender, el juró que haría cualquier cosa por su Reina y sabía que, si ella lo decía, era porque no existía otra alternativa; aun así, no lo aceptaba. Jack era terco y se rehusaba a aceptar que se iba, que no cumpliría aquel futuro que tanto había soñado junto a ella. Se reincorporó como pudo y le tomó el rostro entre sus manos.
─ Por favor…debe de haber otra opción, no puedo ni quiero aceptar que te vas…Elsa, no…
─Lo siento, mi amor…
El sonido del teléfono despertó al joven Overland. El sueño que acababa de tener fue tan vívido, que dudaba que pudiese conciliar el sueño otra vez y menos aún, con el mal presentimiento que le generó escuchar el sonido del teléfono. Observó el reloj en su mesita de noche que marcaba las 10:30 a.m., para luego salir disparado de su habitación con dirección a la sala de estar donde momentos antes el teléfono reclamaba atención y vio a su madre, de pie, al lado del aparato. Estaba seria, en una especie de trance observando el teléfono que antes había estado sonando.
─ ¿Mamá? ─ Sally dirigió su atención a su hijo, notablemente sorprendida de la presencia de su primogénito; estaba tan ensimismada que no notó su llegada─ ¿Quién era?
─ Era…tu amigo Kristoff
─ ¿Le pasó algo a Elsa? ─preguntó mientras se acercaba a ella. Después de lo que había soñado, estaba muy susceptible. ─ Mamá, respóndeme ─ pero ella no lo hizo, se limitó a observar a su hijo con los ojos cristalizados; no tenía el valor de decirle.
─ Mamá…─ llamó por última vez y, al no obtener respuesta sintió una sensación fría recorrer su alma. Sin mediar palabra alguna, Jack se dirigió hacia la puerta. ─ Hijo, espera…─Pero no hizo caso. El joven Overland salió en pijamas y descalzo, sin importarle la nieve y las frías temperaturas. Su madre no se lo confirmó, pero el simple hecho de sentir la opresión en su pecho era suficiente para entender que algo andaba mal.
Corrió y corrió entre la nieve, esquivando objetos y personas sin detener el paso en ningún momento. Porque tenía la sensación de que el tiempo se acababa y no podía evitar recordar todos aquellos momentos con Elsa.
─ Por favor, mi Reina…─ suplicó al cielo cuando divisó el hospital a distancia. Se le hizo eterna la distancia que le restaba para llegar, y más aun al tener la mirada curiosa de todos los transeúntes en el joven que corría en pijamas y descalzo sobre la nieve…aunque poco le importaba al chico en esos momentos.
La opresión en el pecho incrementó de repente, quitándole el aliento, hasta que, al llegar a la entrada…
La opresión cesó…
Y Jack sintió como una parte de él se escapaba de su cuerpo. Cayó de rodillas y lloró, sabiendo que significaba eso. No llegó a tiempo y…Elsa se había ido.
─ Joven, ¿está bien? ─preguntó uno de los guardias del recinto. Jack negó con la cabeza, incapaz de articular palabra alguna. Lo sabía y ahora no sentía el valor para entrar. Se incorporó cómo pudo y ante la mirada del extraño guardia, comenzó a alejarse en dirección a un muro divisorio y comenzó a golpearlo como si no existiese un mañana. Golpeó ese muro como si él tuviese la culpa de todo, castigándolo por haberse llevado a su Elsa, a pesar de que el lastimado resultase siendo él.
Sabía que no solucionaba nada, pero tenía que tranquilizarse y dejar de llorar antes de entrar y enfrentarse a los hermanos de Elsa; tenía que ser fuerte, aunque le faltase la mitad de su espíritu.
─ ¡Jack! ─ llamó Anna desde que lo divisó. La pelirroja se notaba notablemente desesperada cuando llegó a él. ─ ¿Qué pasó con tu móvil? Tuvimos que llamarte a la casa
─ Sí, discúlpame; la batería murió. ─respondió de manera monótona. Observó a Kristoff, North, Brian, e incluso, Asdgar que estaban a pocos metros de la pelirroja.
─Elsa empeoró; se la llevaron y no tenemos noticias…─utilizó todo su autocontrol para no derrumbarse frente a la pelirroja. Él sabía que Elsa se había ido y no encontraba como explicárselo. ─ ¿Jack?
─ Anna, yo no…
─ ¡Doctor! ─ tanto Jack como Anna dirigieron su atención hasta el hombre, ésta última corriendo hacia él. El semblante del médico lo decía todo.
─ ¿Y Elsa? ─preguntó la pelirroja. El hombre solo se limitó a negar con la cabeza.
─ Lo siento mucho; hicimos todo lo que pudimos.
Para Jack, todo pasó en cámara lenta. El grito de dolor que escapó de Anna fue devastador y el joven Overland observó con impotencia como la hermana menor de su Reina, se desplomaba entre llantos y exclamaciones de dolor en los brazos de Kristoff. El señor North tenía en sus brazos al pequeño Brian quien, al igual que Anna, estaba totalmente inconsolable. Hasta el recién aparecido padre de los hermanos Arendelle, parecía no creer la noticia, pero era cierto.
Elsa se había ido… y no podían hacer nada al respecto. No quedaba más que despedirse de ella.
A paso firme, Jack se acercó al doctor que había intentado salvar a su Reina.
─¿Hay alguna posibilidad de que…pueda verla antes de que…se la lleven? ─ el hombre observó al joven con pena. A pesar de que no había reaccionado como los demás, podía apreciar el dolor en su rostro, por lo que, no pudo negarse a su petición.
No sabía cuánto tiempo llevaba parado frente a aquella puerta, pero sabía que tenía que entrar de una vez por todas. Él fue quien pidió verla y aun así, no lograba girar esa perilla.
─Déjate de estupideces, Jackson; entra─ se susurró a sí mismo. Giró la perilla, ingresó a la fría habitación y allí, la vio postrada en la cama. Su respiración se cortó por un breve instante mientras sentía una sensación totalmente desagradable en el pecho a cada paso que daba hasta que finalmente llegó al borde de la cama, donde se arrodilló al lado de la cama. Observó el rostro pacífico de la mujer que él sabía era el amor de su vida y se permitió llorar. ─ Mi Reina…no lo entiendo…─ dijo mientras acariciaba el rostro de Elsa. ─ Te dije que, si necesitabas fuerzas, las tomaras de mí. ─ dijo. ─ ¿Qué se supone que haga? ¿Qué hago? Realicé un esfuerzo sobrehumano para no desmoronarme frente a tus hermanos, pero no sé cómo lo haré de nuevo, Elsa…Te llevaste una parte de mí contigo y no sé cómo…Elsa, por Dios…─ni siquiera podía coordinar lo que quería decir; estaba devastado y no veía un futuro sin ella. ─ Siempre había escuchado que cuando se llora una muerte es porque existen asuntos pendientes con la persona que se fue y ¿sabes qué? Es muy cierto, mi amor…─ apoyo su cabeza en el colchón, tratando de tranquilizarse un poco ─ ¿Sabes todas las cosas que no pudimos hacer? Desde que me enamoré de ti, supe que serías mi compañera eterna, que contigo compartiría todo, que esto era para siempre…Elsa…─ Nunca pensó que pudiese experimentar tanto dolor y es que pensar una vida sin Elsa, era duro.
Y de repente, sintió una sensación de paz que llegó sin aviso y Jack comenzó a tranquilizarse de a poco. Sentía a alguien en la habitación y sabía perfectamente de quien se trataba. Sonrió tristemente.
─Aún estas aquí, mi Reina…─como esperó, nadie le respondió, pero él sabía que sí, pero sabía que no estaba solo y que tenía que comenzar a aceptar su nueva realidad, por más que no fuese la que quería o pensaba que merecía ─ No creo poder superar esto, ¿sabes? Pero voy a tratar porque te lo prometí y sabes que nunca falto a mi palabra y menos a ti. ─ expresó. ─ Es increíble cómo te extraño, mi amor; no sé cómo le voy a hacer… Tantas cosas que creí posibles contigo… ¿te acuerdas cuando soñé con nuestra hija? De verdad creí que se haría realidad, mi amor…─ Jack tomó un par de minutos para reorganizar las ideas; cuando saliese de allí, no podía mostrarse débil ante los demás. ─ Solo me queda de consuelo que ya no sufres; ya estarás en paz con tu madre y podrás dejar atrás todas aquellas cosas que te lastimaban… ─Observó la figura inmóvil de su novia. Cómo le gustaría que estuviese dormida y que de la nada, se despertara y le sonriese como tanto le gustaba, pero él sabía que no pasaría y eso lo destrozaba sobremanera.
─ Te amo, mi Reina…─besó su frente dulcemente, para luego apoyar su frente sobre el colchón nuevamente.
Era el fin de una historia que Jack pensó que apenas empezaba.
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