Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.
Cuando sus miradas se encontraron, la joven Arendelle mantuvo la expresión seria en su rostro; North cambió la suya a una más afable. Con determinación, Elsa caminó hacia la mesa donde su abuelo le esperaba, tomando asiento frente a él. Todo esto sin apartar la mirada del hombre.
─ ¿Cómo te sientes? ─ preguntó en un intento de iniciar la conversación.
─ Bien ─ respondió de manera fría. Era consciente de la promesa que le había hecho a Anna, sobre escuchar sin prejuicio y tratar de ser lo más amable posible, pero era difícil. Este hombre no tenía la culpa de lo que su padre les había hecho, lo entendía a la perfección. Ahora bien, había sido el encargado de criar a la joyita que, lamentablemente, era su progenitor, así que, mucha confianza no podía tenerle. ─ Estoy aquí por Anna, quiero que quede claro. ─ respondió ─ Ella dice que es importante que lo escuche: hable. ─ ordenó
Independientemente de lo dicho por su nieta, la expresión amable no desapareció de su rostro. Elsa era el reflejo de la situación y sabía que lo mejor sería acercarse poco a poco, siempre abierto a lo que se avecinara durante la conversación.
─ De acuerdo, ¿qué quieres saber?
─ ¿Por qué? ─ preguntó sin rodeos.
─ Cuando tu abuela murió…
─ Ya estoy al tanto de esa parte de la historia ─ interrumpió ─ ¿Por qué crees que eres digno de acercarte a nosotros? Algo en tu historia no me convence…─ el hombre sonrió tristemente.
─ Porque los amo, son mis nietos, lo único que me queda…
─ Así que, ¿somos el premio de consolación?
─ Por supuesto que no, siempre han sido prioridad. Las circunstancias jugaron en mi contra. ─ Elsa se mantuvo en silencio. Sus azules orbes analizando cada gesto del hombre, buscando indicios de alguna mentira.
─ ¿Se supone que debo creerle? ¿Sabe todo lo que hemos atravesado sin que usted interviniese?
─ Lo entiendo…
─ No, no lo entiende…─ rebatió rápidamente ─ Nunca podrá comprenderlo ─ la seriedad en las facciones de la joven, intimidó levemente al hombre. ─ Lamento lo de su esposa; una enfermedad y posterior muerte, siempre es una tragedia, pero no se le ocurra usarlo como excusa.
─No lo hago…
─ Claro que sí…─ respondió ─ De alguna manera lo hace. ─ estaba furiosa y no temía demostrarlo ─ En el momento en que supo de nuestra existencia, debió contactarnos, ¡aunque fuese a través de una mísera llamada!
─ No pensé que…
─ Claro que no lo pensó ─ interrumpió nuevamente ─ Estaba tan sumido en su propio mundo que nosotros no fuimos importantes hasta que se vio solo ─ Si lo veía desde ese punto de vista, su nieta tenía razón. Por supuesto que no fue a propósito; estaba comprometido en cuerpo y alma con el cuidado de su esposa, que no podía pensar en nada más.
─ Lo siento…─ fue lo único que pudo decir, apenado por su accionar. Ella no respondió; el enojo plantado en sus finas facciones ─ Quiero que entiendas que nada fue adrede, no era mi intención…te juro que me encantaría poder retroceder el tiempo, hacer mejor las cosas…
─Eso no me sirve de nada a estas alturas…─ respondió ─ Mi madre se encargó de nosotros hasta el momento de su muerte; ella es la única que tenía voz y poder sobre nosotros ─ apoyó los codos sobre la mesa, esperando su respuesta.
─ Lo sé; quiero enmendar mi error, quiero ser parte de sus vidas…
─ No me interesa lo que quiera ─ fue la tajante respuesta de la joven Arendelle ─ Lo único que me importa es el bienestar de mis hermanos y créame, que no estoy convencida de que sus intenciones sean del todo inocentes.
─ Nunca los dañaría…
─ ¿Cómo se supone que le crea? Ni siquiera lo conozco…─ respondió, enarcando una de sus cejas. ─ Puedo agradecerle lo que ha hecho hasta ahora, pero ni siquiera aquello puede garantizar que, a la larga, permanecerá con nosotros─ Lo difícil para North en esos momentos, era que estaba de acuerdo con ella. Él, en su lugar, haría las mismas preguntas. Amaba a sus hermanos y haría lo que fuese para salvaguardarlos.
─ Puedo demostrarte que tengo buenas intenciones y que estoy aquí para quedarme. ─ Elsa respiró hondo. Por más que quisiese decir que no, sabía que estaba entre la espada y la pared. Si no aceptaba, Anna encontraría la forma de contactarlo a sus espaldas. Prefería permitir el contacto y estar al tanto de todo lo que pasaba, especialmente, porque así podría poner algunas condiciones. ─ No vas a arrepentirte…
─Eso espero…─ respondió ─ No piense que esto cambia algo entre nosotros. Anna es muy inocente y puede que no sepa aun distinguir a través de las emociones, pero yo, soy otra historia ─ se levantó de su asiento ─ Más le vale que ninguno de mis hermanos sufra por su culpa; soy capaz de todo por mis hermanos.
Lo observó por última vez, antes de dirigirse hacia la salida. North no la siguió, sabía que no era la mejor idea dada la situación.
Los niños corrían por el parque despreocupadamente. Asdgar observó a los pequeños jugar entre ellos, algunos de ellos con sus padres. Él no pudo evitar sentir cierto tirón en su pecho al pensar en el pequeño Brian. Se preguntó que estaría haciendo en esos momentos. ¿Estaría pensando en él? Por supuesto que no, ¿por qué lo haría? Para el niño, no era más que el amigo de su madre, no tenía ningún tipo de vínculo a través de los ojos del niño.
En esos momentos, reflexionaba en los posibles escenarios. ¿Cómo hubiese influenciado a sus hijos si se hubiese quedado? No tenía sentido pensar en aquello. Él fue el que decidió irse, el que decidió dejar atrás a su familia. ¿Por qué? Ciertamente, Idun había hecho un extraordinario trabajo. Sus hijos eran chicos correctos, de valores e incluso, felices, sin importar las circunstancias. Elsa y Anna se habían convertido en unas extraordinarias jovencitas, independientes, fuertes, llenas de sueños e ideales. Brian, era el niño más risueño que alguna vez conoció, puro, energético, un niño que irradiaba luz y esperanza a todos los que lo conocían.
─ ¡Señor Asdgar! ─ giró rápidamente para ver una pequeña figura correr hacia él. De manera instintiva, lo recibió entre sus brazos, cargándolo.
─ ¿Qué haces aquí? ¿Estás solo?
─ No, vine con Anna
─ Y… ¿dónde está?
─ ¡Brian! ─ escucharon una tercera voz llamar. Anna se acercó a ellos, manteniéndose en silencio por unos momentos al ver con quién estaba.
─ Asdgar
─Hola, Anna─ respondió, con el niño aun en brazos. Sin intención de entablar conversación con el hombre dirigió su atención al pequeño escurridizo que la había asustado de muerte.
─ ¡Es la última vez que salgo de paseo contigo!
─ ¡No! ¡Perdón! ¡No lo vuelvo a hacer! ─ suplicó el niño ─ Es que comencé a recolectar nieve para hacer un muñeco y me perdí ─ explicó ─ Al menos, pude encontrar al señor Asdgar.
La sonrisa que le dedicó el pequeño Brian al hombre en cuestión, le molestó. No era justo que ese individuo se estuviese convirtiendo en alguien tan familiar para su pequeño hermano. Por obvias razones, no podía ir y decirle la verdad, pero tampoco le agradaba que Asdgar se estuviese aprovechando de la situación.
─ Ya no importa; tenemos que irnos
─ Pero acabamos de llegar…─ la decepción era palpable en su voz
─ Tengo cosas que hacer, Brian…─ mintió. Lo único que quería era alejarse de Asdgar.
─ Yo estoy libre; puedo quedarme con él y llevarlo a casa más tarde ─ la mirada de advertencia que le dedicó su hija fue suficiente para saber que la idea era por demás descabellada.
─ No ─ respondió firmemente
─ Pero Anna…─comenzó el niño a decir
─Dije no y es definitivo; vamos. ─ El pequeño decidió no argumentar más al respecto, asa que, luego de que Asdgar lo colocara nuevamente en el suelo, se dirigió hacia su hermana mayor.
─ No representaría ningún tipo de molestia para mí, podría….
─ No ─ respondió nuevamente. ─ Recuerde su lugar y quédese allí…
¿Acaso se estaba volviendo loco? ¿Cómo pensó que dejaría a su adorado hermano con él sin ningún tipo de vigilancia? ¿Qué parte del "no confío en ti" no se entendía? Tomó la mano de Brian y comenzó a caminar en dirección contraria
─Anna, eso no fue muy amable…─ regañó el niño. La joven respiró hondo. Sin tan solo supiera…
─ Entendido; le comentaré lo sucedido a la señora Gerda y le dejaré saber a la menor brevedad posible…─ esperó la respuesta del otro lado de la línea ─ Igual para usted.
La rubia suspiró con cierto desgano. Luego de su no fructífera reunión con North, Elsa se dirigió a su lugar laboral. Gerda se había negado rotundamente a su regreso, alegando que la licencia médica aun no expiraba, pero terminó aceptando, gracias al nivel persuasivo de la rubia y la gran cantidad de trabajo que tenía pendiente.
─ Hola, ¿cómo vas?
─ Todo bien ─ respondió Elsa con una sonrisa ─ Por cierto, el gerente de producción de una compañía emergente quiere hablar con usted para un posible acuerdo comercial; aquí les dejo los datos, le informé que luego le llamaría.
─ Muy bien, querida; gracias ─ respondió amablemente la señora ─ Tu turno ha acabado, Elsa; asumo que te estás levantando para recoger tus cosas.
─ En realidad, iré a dar una vuelta por la tienda; debo confirmar los productos que deben ser re-abastecidos.
─ Ese no fue nuestro acuerdo…
─ En teoría, sí ─ comenzó Elsa, con una sonrisa nerviosa en su rostro─ Me dijo que necesitaba ayuda con los pendientes, este es un pendiente…
─ Querida…─ el tono de advertencia en Gerda, le indicó que no era lo que quería escuchar ─ Tu salud es importante, acabas de salir de un cuadro clínico muy graves; debes cuidarte.
─ Y lo estoy haciendo; solo hago mi trabajo. Le prometo que luego de esto, me iré.
─De acuerdo…no tardes…
Sin esperar más tomó su registro y salió hacia los pasillos de la tienda. Para la hora, aún quedaba una cantidad considerable de personas en el lugar, así que, tuvo que ser discreta para no importunar a los clientes que aún rondaban. Recorrió la tienda de pies a cabeza, dos veces para estar totalmente segura de que no se le escapaba nada. En ese punto, los clientes, ya se encontraban en las respectivas cajas.
Uno en particular llamó su atención. El hombre en cuestión, estaba vestido formal, con una bufanda alrededor de su cuello y unos lentes oscuros, mechones de cabello blanco escapaban del gorro que utilizaba. Durante sus dos recorridos, el hombre prácticamente, no se había movido, con la vista fija en los cigarrillos frente a él. Quería pensar que el hecho de estar acercándose era por su naturaleza orientada al servicio. No era porque sintiese que lo conocía y la curiosidad la estaba matando.
─ ¿Necesita ayuda? ─ al parecer, el hombre estaba desprevenido; el pequeño sobresalto que experimentó le delató
─Eh, no, perdón, yo solo…
─ ¿Busca una marca de cigarrillo en específico? ─ intuía que lo que fuese que tuviese aquejando al hombre, no tenía nada que ver con el ítem en cuestión, pero si quería hacer algún tipo de avance, debía utilizar esa táctica.
─ Busco rumbo, eso busco…─ la respuesta sorprendió a la joven rubia y, al parecer, al hombre también. ─ Disculpa, hablo incoherencias; lo mejor es que me retire…─ comentó, para luego intentar alejarse del lugar.
─Sea lo que sea…─dijo la joven rubia, haciendo que el hombre detuviese su andar─ si lo tiene así de pensativo, es porque vale la pena.
El hombre no contestó; se mantuvo estático por unos momentos, para luego seguir con su camino. Las palabras de la rubia parecieron impactar de cierta manera en él, sin tan siquiera saber qué estaba pasando, atinó en el blanco. Elsa sabía lo que se sentía estar perdida entre el mundo real y el que se supone debías construir y le hubiese encantado que alguien hubiese mostrado, aunque fuese un ápice de empatía por ella; si podía hacerlo por alguien más, era suficiente.
Especialmente porque ese hombre se le hacía terriblemente familiar.
Jack observó con impaciencia la pantalla de su teléfono. Era casi medianoche y aun no recibía la llamada de su adorada rubia diciéndole que había llegado bien a su hogar. Él no había estado de acuerdo en nada de lo acontecido. No, el no estuvo de acuerdo con que fuese a trabajar, menos que lo hiciera jornada completa y mucho menos, en que asistiera a clases el día siguiente. ¿Qué parte de licencia médica Elsa no entendía?
Para su desgracia, no pudo ir, como de costumbre, a buscarla. Su declaración era al día siguiente en horas de la tarde, por lo que, su abogado le había convocado para una reunión sorpresa para afilar los últimos detalles de todo el suceso. Cuando se dio cuenta de la hora y de que no había ninguna señal de vida de la rubia, le llamó, pero no obtuvo respuesta. Llamó a Anna y esta le dijo que aún no había llegado, pero no parecía preocupada; le dijo que, a esas alturas, debía saber con quién trataba.
Frustrado, no le quedó otra opción que esperar.
Sin despegarse del dichoso teléfono, se dirigió a la cocina por algo de agua. Se sorprendió de ver que la luz se encontraba encendida. Se acercó con cautela, por si acaso se trataba de un intruso, pero cuando vio la silueta familiar de su madre, se relajó.
─ ¿Mamá? ─ llamó. Ella giró hacia él.
─ Hola, hijo, ¿qué haces despierto?
─ Te podría hacer la misma pregunta ─ contestó ─ ¿Tiene que ver con papá? ─ Sally no dijo nada, no necesitó hacerlo, era obvio ─ ¿Has tenido noticias de él?
─ No, eso es lo que me preocupa ─ Jack sabía que su padre era el que estaba equivocado, pero, aun así, se sentía culpable. Él sabía que era el principal punto de discordia entre sus padres. Sin mucho qué decir, se dedicó a brindarle un cálido abrazo
─ Ya aparecerá; no debes preocuparte tanto ─ la señora Overland sonrió, correspondiendo el abrazo. Si su esposo se tomase la molestia de ver lo que ella estaba viendo, la historia sería diferente. ─ Ve a dormir; ha sido un día largo ─ ella asintió.
─ Tú haz lo mismo ─ besó su mejilla, para luego salir de la cocina. Jack la observó partir; cuando la perdió de vista, se sirvió el vaso de agua que había originado su visita en primer lugar. Ni bien lo había terminado, sintió su teléfono vibrar.
Negó con la cabeza al ver de quién se trataba.
─ Muy bonito, señorita Arendelle, muy bonito…─ respondió al ver la imagen de su novia aparecer en pantalla.
─ ¿Lo siento? ─ respondió con una sonrisa burlona en el rostro.
─ Me alegro que mi preocupación te resulte graciosa. ─ respondió, haciéndose el ofendido.
─ Sabes que no; de verdad, lo siento
─ ¿Estás bien? ─ preguntó finalmente
─ De maravillas
─ No estarás haciendo deberes ahora…─ la vio negar suavemente con la cabeza.
─Estoy en pijamas y bajo la cobija ─ afirmó, moviendo la cámara para que viese que su relato era cierto
─ Bien ─ concluyó ─ ¿Por qué has llegado tan tarde? ¿Pasó algo? ─ ella negó.
─ Tenía muchos pendientes; quise agilizar lo más posible ─ respondió ─ Si quiero equilibrar todo y descansar, debo hacer estas cosas lo más rápido posible.
─ Sabes que no debes sobre-exigirte.
─ Lo sé; después de lo que pasó, pretendo cuidar de mí, para cuidarlos a ustedes ─ respondió ─ Son un desastre sin mí ─ le dedicó una de sus famosas sonrisas a través de la pantalla. Era imposible enojarse con ella cuando hacía eso.
─Totalmente de acuerdo contigo ─ respondió sonriente ─ No te quito más tiempo; descansa, mañana iré por ti
─ De acuerdo; buenas noches. Descansa, mi guardián.
─Tú también, mi reina…
Para Elsa, fue extraño volver a pisar el recinto universitario. Llegó a pensar que no volvería. Por los momentos, le preocupaba su situación dada las circunstancias. Perder la beca no era una opción que le agradase, así que, en el momento en que la citaron, todas las alarmas se encendieron.
─ Ya puede pasar. ─ anunció la secretaria. La joven sonrió amablemente, para luego dirigirse al despacho. De inmediato, visualizó al rector detrás de su enorme escritorio.
─ Bienvenida, señorita Arendelle
─ Gracias ─ respondió amablemente.
─ ¿Cómo se siente?
─ Mejorando, gracias al cielo.
─ Me alegra escuchar eso ─ respondió ─ ¿Sabe por qué la cité hoy?
─ Tengo una ligera sospecha de que tiene que ver con mis faltas últimamente.
─ En efecto ─ corroboró ─ El joven Overland nos mantuvo al tanto de la situación, pero no nos expresó concretamente cuál era su padecimiento para saber cómo tratar su caso ─ observó detenidamente a la joven por unos instantes ─ Sé que es un asunto personal, pero es necesario que nos diga qué pasa.
Si le fue difícil contárselo a su familia y amigos más cercanos, compartirlo con un extraño parecía inconcebible, pero sabía que si lo estaba preguntando era porque de aquella información, dependía más de lo que imaginaba.
─ Tengo leucemia ─ la expresión del hombre cambió de seriedad a sorpresa. Trató de disimularlo, pero Elsa lo notó.
─ Es un padecimiento grave ─ afirmó ─ ¿Está bajo tratamiento?
─Espero los resultados de compatibilidad de un posible donante ─ respondió. El hombre quedó pensativo por unos instantes, procesando la nueva información
─La cité el día de hoy debido a la situación de su beca. ─ comenzó a decir ─ Los lineamientos para mantenerlas son claros.
─Lo sé─ Elsa tragó en seco, con temor a la que podría seguir
─ Quería conversar con usted antes de poder discutir el tema con las personas del consejo. Créame, que esto lo cambia todo.
─ Por favor, estoy tratando de volver mi vida a la normalidad, he tratado de ponerme al día, y yo…
─ Señorita Arendelle, relájese ─ respondió con una sonrisa amable en el rostro ─ No debe preocuparse con antelación
─ Necesito la beca…no tengo cómo pagar la colegiatura si la pierdo
─ Lo entiendo; por los momentos, siga poniéndose al día y vuelva a su rutina. Cualquier inconveniente que pueda tener en lo académico a raíz de su enfermedad, por favor, debe notificarnos, ¿entendido? ─ Elsa asintió. ─ Cualquier novedad al respecto, le dejaré saber; ya puede retirarse.
Mientras abandonaba el despacho, Elsa no pudo evitar que la ansiedad la invadiera. Realmente, necesitaba esa beca. No tenía dinero disponible como para pagar la alta colegiatura de esa u otra universidad sin sacrificar otros gastos que ya tenía. Por nada del mundo, privaría a sus hermanos de alguna comodidad para esto, ya era suficiente con los gastos médicos. Tendría que buscar otro ingreso extra, para pagarlo. Dios, era tan complicado.
Sus pensamientos fueron interrumpidos abruptamente. Su teléfono vibró con violencia en su bolsillo. El número que visualizó en pantalla solo hizo que su ansiedad creciera.
─ ¿Falta mucho? ─ preguntó la pelirroja, notablemente impaciente.
─ No, ya casi me toca. ─ estaban en la biblioteca, esperando por un libro que debían entregarle a Kristoff.
─Dijiste eso hace media hora…
─ Lo sé, lo siento. ─ contestó ─ Te prometo que pronto nos iremos.
─ Está bien; te esperaré en la entrada. He estado expuesta a demasiada tranquilidad en un solo día ─ dramatizó. Kristoff solo sonrió. Sin mediar otra palabra, la joven Arendelle cumplió su cometido. Tomó su teléfono en busca de algún mensaje de su hermana. Entre la reunión en la universidad y el juicio que continuaba, estaba preocupada de que el estrés le afectase. Otra razón por la que no quiso comentarle sobre el encuentro con Asdgar, no lo consideraba relevante. Le había escrito varias veces, pero no había recibido respuesta. Todo parecía tan extraño.
─ Oh, qué lindo teléfono tienes en mano, ¿me lo regalas? ─ Anna se sobresaltó ante la voz. Frente a ella, había un joven, sombrío, con una sonrisa maquiavélica sobre su rostro.
─ ¿Por qué debería? ─ respondió desafiante, guardando el teléfono en su bolsillo, cosa que no agradó al joven.
─ No estoy bromeando, dame el teléfono…─ respondió serio, acercándose. La pelirroja trató de entrar nueva vez a la biblioteca, pero el joven no se lo permitió. Anna siendo Anna no iba a rendirse sin dar pelea.
─ ¡Suéltame, ladrón!
─ ¡Pero que modales, señorita!
─ ¡Alguien, ayúdeme, por favor! ¡Kristoff! ─ Pitch estaba a punto de conseguir el teléfono cuando la joven Arendelle, le pisoteó fuertemente. Decir que estaba furioso era quedarse corto. La tomó del brazo fuertemente, colocándola de frente a él. Anna no vio venir el bestial golpe que llegó a su mejilla, su estabilidad pareció venirse abajo.
─ ¡Imbécil! ─ no supo bien que había pasado, pero sabía que esa voz era terriblemente conocida. El tiempo pareció perder su curso y todo se le hacía terriblemente confuso ─ ¿Anna? Háblame…─ pero no podía hacerlo, estaba demasiado desorientada como para intentarlo.
"Lo siento, amor. Me han llamado del hospital, dicen que es importante"
Fue lo último que leyó antes de entrar al lugar. Por supuesto que quería saber el porqué de la llamada, pero en esos momentos, tenía que hacer su parte y era asegurarse de contribuir. Hans debía mantenerse tras las rejas.
─ ¿Señor Overland? ─ Jack pestañeó confundido. Al parecer, se había perdido en sus pensamientos.
─Perdón, ¿puede repetir la pregunta?
─ Le preguntaba si en, algún momento, agredió de manera física al señor Westergard
─ Sí, lo hice
─ ¿Podría decirnos por qué?
─ Porque lo encontré tratando de abusar de mi novia ─ era increíble como solo de recordarlo, le hervía la sangre.
─ ¿Cómo sabía dónde encontrarlo?
─ Lo supe a través de un comentario que hizo cuando llamó para, supongo, burlarse…
─ No más preguntas.
Jack se preparó para la ronda de preguntas que vendría de parte del abogado de su exmejor amigo, por lo que, se sorprendió cuando este pidió un momento para proseguir. Aún no entendía por qué seguían con esta estupidez si se sabía de sobra todo lo que este monstruo había hecho. Era peligroso y debía estar tras las rejas. No era tan complicado.
Al sentir la inquietud de que alguien le observaba, Jack dirigió su atención hacia el par de ojos que lo observaban con furia. ¿En serio? Él debería ser el que saltase sobre todo el mundo para matarlo. Honestamente, sentía que ese era el castigo apropiado. Una persona que fuese capaz de hacer todo lo que él había hecho, a una persona como Elsa, no merecía respirar el mismo aire que los demás. Pero Jack sabía que la muerte sería una salida fácil. Hans necesitaba vivir y reflexionar sobre todo lo que había hecho y vivir privado de todo lo que estuvo a punto de arrebatarles a todos los involucrados cuando hizo lo que hizo.
Le sostuvo la mirada, pero a cambio, le devolvió una expresión seria. Sí, quería matarlo, pero no lo demostraría, no se iba a rebajar a su nivel. No, él sería diferente. Todo lo acontecido en el pasado lo había hecho pensar, lo había hecho crecer y por extraño que parezca, había impulsado una etapa de su vida que aún seguía y una decisión que cada día estaba más cerca de ser tomada. Estaba convenciéndose de que era lo correcto.
Nunca en su vida había sentido tanta rabia.
─ ¡Alguien, ayúdeme, por favor! ¡Kristoff! ─ salió disparado del lugar y vio el momento justo cuando aquel animal golpeó lo más preciado que tenía. Su instinto homicida se activó. No fue consciente de sus acciones hasta que sintió el dolor en su mano ante el puñetazo que acababa de propinarle al sujeto. Honestamente quería matarlo.
─ ¡Llamen una ambulancia! ─ fue el llamado que lo trajo de nuevo a la realidad. Giró y vio a unas personas que habían llegado a la escena. Cuando volvió su atención hacia la dirección del agresor, ya no estaba. Aunque tenía unas ganas de perseguirlo y hacerlo pagar por tocar a su adorada novia, consideró que la prioridad era Anna. Se arrodilló frente a ella, preocupado a no más poder.
─ ¿Anna? ─ la pelirroja no respondía ─ Háblame…─ y al no ver reacción coherente de su parte, supo que necesitaban ayuda médica.
Desde entonces, había permanecido en la sala de espera, cabeza agachada, manos cubriendo su rostro. Estaba aterrado, nervioso, la ansiedad no lo dejaba tranquilo, especialmente, porque sabía que tenía una llamada por hacer. Tomó su teléfono y lo observó por unos instantes. Antes de marcar un número que él conocía muy bien. Llevó el teléfono hacia su oreja y esperó; esto no sería fácil.
Ver a Asdgar en el lugar, no fue placentero, pero le dio la idea de que, lo que fuese que estuviese pasando, tenía que ver con los resultados de las pruebas médicas. Aun así, la idea de estar en una habitación a solas con él no le emocionaba.
─ Hola ─ saludó el hombre. Elsa cerró la puerta y se sentó a su lado.
─Hola…─ respondió por cortesía mientras tomaba asiento a su lado. ─ ¿Le informaron para qué nos han convocado?
─ Aún no; solo me indicaron que debía esperar aquí
─Entiendo. ─ la atmosfera estaba tensa. Asdgar quería entablar conversación, convenciéndose de que lo que quería saber era impulsado por la curiosidad, pero cierta parte de él, sabía que se trataba de algo más.
─ ¿Cómo están Anna y Brian? ─ la mirada de advertencia que le dedicó su primogénita fue suficiente para saber que Elsa no pronunciaría ninguna palabra al respecto, así que, decidió no continuar. El silencio sería eterno.
─ Que bueno que ambos ya se encuentran presentes ─ Padre e hija observaron como el médico tomaba asiento frente a ellos. Saludó brevemente a cada uno, para luego buscar entre los archivos que estaban sobre su escritorio. ─ Imagino que tendrán una noción de porqué están aquí.
─ Las pruebas de compatibilidad.
─Efectivamente ─ respondió. Tomó un sobre en específico, lo abrió y leyó su contenido. ─ Como esperábamos, usted es compatible con la señorita Arendelle; usted puede ser el donante.
Elsa sintió una mezcla de sentimientos recorrerle: felicidad, enojo, alivio…Todo al mismo tiempo. Por fin, tenía una esperanza de mejorar, tenía certeza de que existía un futuro para ella. Le carcomía que fuese con el apoyo de ese hombre, pero se aguantaría, todo fuese por los seres preciosos que amaba y que la querían en su vida.
─ Son excelentes noticias ─ respondió Asdgar ─ ¿Cuáles son los pasos siguientes?
─ Dado el cuadro que atravesó la señorita hace poco, lo ideal es que termine su proceso de recuperación y llevar su estado de salud al nivel óptimo posible, según las circunstancias.
─ Haré lo que sea necesario ─ afirmó. Quería que la pesadilla terminara pronto. ─ Solo debe decirme que…─ pero no pudo terminar la frase, interrumpida por su teléfono. El nombre Kristoff se iluminó en pantalla.
Un mal presentimiento la invadió de inmediato.
Como prometí, aquí está el nuevo capítulo. Si sigues Second Chances, tienes un 2X1. Lamento haber tardado tanto desde que anuncié en el blog que estaba trabajando en ellas hasta este momento. Algunos inconvenientes pasaron en el camino. Un capítulo cargado de emociones y el que viene, asumo que estará más cargado.
Respuesta a reviews de guests
TPATFan16: ¡He vuelto! Espero que te encante este capítulo también. Para las escenas del juicio, he tratado de enfocarlos en los enfrentamientos de ambos contra Hans, creo que es una especie de terapia para ellos. ¡Muchísimas gracias por el review!
Alarzam: ¡Hola! Creo que es una de las veces que he actualizado relativamente rápido. Gracias por la sugerencia; los tengo anotados para investigar más adelante. Tengo una pequeña cola activa de lecturas y me gusta ver cómo puedo agrandarla. ¡Muchísimas gracias por el review y espero que este capítulo también sea de tu agrado!
Ash: Gracias por tu review y por estar al pendiente de la historia. Trato de que cada capítulo sea único y siga una línea temporal que los incite a la curiosidad. Generar expectativa para que la lectura sea enriquecedora. Sobre todo, que puedan sentir las emociones de los personajes como propias. Espero que este capítulo también sea de tu agrado.
Dr. snowqueen: Que bueno que te esté gustando la historia. Espero que este capítulo también sea de tu agrado.
Como ya les he compartido en el blog, estaré avisándoles en que estaré trabajando. Cualquier cosa, pueden contactarme por aquí o a través del blog que les dejé en mi perfil
Como siempre, siéntanse libres de comentar.
Cuídense,
Bye!
