Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.


A pesar de que la distancia no era considerable, Elsa no había dejado de correr en el momento que recibió la llamada de Kristoff. No entendió mucho, sus sentidos parecieron dejar de registrar los estímulos en el momento que la frase "Anna está en el hospital" llegó a ellos. No estaba en la mejor condición física, pero nada importaba, la adrenalina que recorría su cuerpo era el estimulante suficiente. Solo cuando llegó a la recepción fue consciente de su agitación

– Disculpe, ¿podría brindarme información sobre un paciente? Se llama Anna Arendelle, me dijeron que…

– ¡Elsa! – en automático, la joven giró sobre sí, encontrándose con Kristoff.

– ¿Qué pasó? ¿Dónde está Anna? ¿Está bien? – preguntó frenéticamente. Su usual fachada de seriedad y estoicidad olvidadas mientras la preocupación y la desesperación se hacían presente, como era usual cuando la integridad de sus hermanos se veía comprometida. Sus emociones de desbordaban tan siquiera en pensar un escenario donde sus hermanos pudieran estar en peligro o sufrir de cualquier forma.

– Tranquila, ya despertó; la policía espera por ti para que les des el permiso para interrogarla.

– ¿Interrogarla? Pero… ¿qué pasó? – volvió a preguntar.

– Trataron de asaltarla, – respondió. – pero se defendió y recibió un fuerte golpe en el rostro; la traje porque parecía estar perdiendo la conciencia, pero ya está mejor.

– Quiero verla...– dijo simplemente. Por la seriedad de su voz, Kristoff decidió no argumentar y obedecerla, más aun, sabiendo que de cierta manera lo hacía para confirmar su historia. Elsa era una excelente persona, pero extremadamente desconfiada y hermética. Era difícil saber qué sentía, siempre controlada, recta, él sabía que no era el caso, pero la joven rubia podía dar la impresión de ser fría, si no la conocías bien. Esperaba que el oficial que se encontraba más adelante pudiese entender aquello.

– Buenas tardes, usted debe ser Elsa.

– Así es, y supongo que usted es el oficial que lleva el caso. Un gusto conocerlo, pero por los momentos, necesito ver a mi hermana.

– Entiendo, pero…

– Cuando me cerciore de que se encuentra bien, podrán proceder con el protocolo. – giró hacia Kristoff. – Esta habitación, ¿verdad? – el asintió. Giró la manija de la puerta y de inmediato visualizó a la pelirroja acostada en la cama. Su largo cabello estaba suelto y usaba su ropa habitual, lo que realmente llamó su atención fue el enorme moretón en su mejilla y los indicios del mismo en su ojo. No puedo evitar el sonido de sorpresa que abandonó sus labios. Cerró la puerta, cualquier vestigio de seriedad fue reemplazado por pura preocupación mientras se acercaba más a su hermana.

– Hola, Elsa. – respondió con su característico buen humor antes de que esta la atrapara en un abrazo. – Estoy bien. – dijo, haciendo que algo dentro de Elsa hiciera "clic".

– ¡¿En qué estabas pensando?! ¡Ese hombre pudo tener un arma! – decir que estaba intimidada era quedarse corto. Cuando Elsa se colocaba en el modo regaño, su confianza se esfumaba en segundos.

– Fue una reacción, no…fue adrede. – Al ver que la explicación no había surtido ningún efecto en apaciguar el enojo de su hermana mayor, Anna tragó en seco. – Lo siento...– solo allí, Elsa suavizó su semblante, respiró hondo y tomó unos segundos antes de proceder.

– ¿Estás bien? – ella asintió. – ¿En serio? ¿No te pasó más nada a parte del golpe? – respondió mientras tocaba la herida sutilmente.

– Estoy bien, lo prometo.

– Dios, estaba tan asustada. – susurró, abrazando nuevamente a la menor.

–Lamento haberte preocupado; todo pasó tan rápido que ni siquiera…

– Está bien, perdona mi reacción, es solo que…

– Entiendo. – respondió la pelirroja sonriendo como un intento de tranquilizarla. Aunque la situación no lo demostrase, la que realmente estaba con un quebranto de salud grave, era Elsa y por nada del mundo, quería ser una causa más del estrés que de por sí aquejaba a la rubia. Elsa le sonrió. Una sonrisa entre aliviada y agradecida de que estuviera bien y no haya sido más que un susto.

– ¿Crees que estés lo suficientemente bien como para hablar con la policía?

– No es como si me emocionara hacerlo, pero sí; es lo correcto. Al menos abre una posibilidad de que lo atrapen y no le haga esto a alguien más. Ese cretino… – susurró la menor. No era normal escucharla referirse a alguien de esa manera, pero la impotencia de saber que seguía por ahí haciendo eso o peor, era frustrante. Elsa decidió ignorar su último comentario.

– En ese caso, les diré que pasen. – Se dirigía a la puerta cuando su teléfono decidió sonar y la llenó de culpa al recordar a su olvidado novio.


– ¿Está bien? – no saludó, ni fue cortés. En el momento en que visualizó en Kristoff, lanzó la pregunta.

– Sí; Elsa está con ella, acompañándola mientras hacen el boceto del sospechoso. – respondió. Como ya estaba tranquilo, ahora estaba furioso con cualquier individuo que fuese capaz de hacer algo así. Era como si alguien se hubiese metido con su hermana menor y quería que pagase.

– Menos mal…

– Fue tan rápido, Jack, que todavía no lo creo...– se lamentó el rubio. La frustración era palpable en él y no lo culpaba. Si él estuviera en su situación estaría igual. Según entendió, Anna solo salió por unos momentos antes de que aquel individuo tratase de asaltarla, fue en cuestión de minutos y no había forma de que pudiera adivinar lo que pasaría. Aun así, entendía la culpa, especialmente, por lo mucho que le importaba la joven.

–Lo sé, pero debes dejar la culpa de lado. No podrías haber hecho nada más. – respondió. Al ver que no estaba convencido, quería continuar con su discurso motivacional, pero el abrir de la puerta lo interrumpió. La figura de un hombre que no reconocía y la de su adorada novia salían del lugar.

– Muy bien, señorita Arendelle, tenemos el reporte; con este retrato, podemos iniciar. Cualquier información les dejaremos saber. –en el momento en que el oficial levantó el retrato que acababan de hacer del sospechoso, Jack no pudo evitar sentir la familiaridad de la imagen en su subconsciente. Solo tardó unos segundos para que reaccionara y pudiese ubicarlo en el marco temporal de sus pensamientos.

– ¡¿Ese tipo de nuevo?! – exclamó, generando la expectativa de los presentes.

– ¿Lo conoce, joven? – preguntó el detective.

– Si, acosó a una de mis amigas y me golpeó cuando intervine para defenderla; dijo que se llamaba Pitch Black. – el detective sacó rápidamente su bolígrafo, anotando lo que acababa de proporcionarle el joven Overland.

–Al parecer, no es un caso aislado. – comentó – ¿Le importaría hablar con nosotros? ¿Su amiga estaría de acuerdo en hacerlo también? – Jack dudó por unos segundos, no muy seguro de si sería lo mejor, pero al ver la expresión preocupada de Elsa, decidió cooperar, cualquier cosa que le brindara tranquilidad era importante para el también, aunque no pensara que sirviera como tal.

– Tendré que preguntarle, pero de mi parte, no tengo inconvenientes.

– De acuerdo, acompáñeme.

– ¿Me da un momento? – pidió mientras se acercaba a Elsa. Notaba que tenía un sinfín de preguntas que hacerle, pero eso podía esperar.

–¿De verdad piensas que pueda ser la misma persona?

–Sé que es la misma persona; no tengo dudas. – Elsa negó suavemente con la cabeza; no podía creer su suerte.

– Y, ¿qué quiere? ¿Por qué está atacando a personas relacionadas? Tooth, Anna, tú… ¿acaso tiene algo contra nosotros? – preguntó. – ¿Puede ser alguien de...tu pasado? – aunque sabía que la intención de la rubia no era mal intencionada, no pudo evitar sentirse ofendido ante su cuestionamiento. Frunció el ceño. Últimamente, Elsa estaba más desconfiada y eso no le gustaba. ¿Por qué dudaría tanto de él?

– ¿Qué tratas de decir? – se sorprendió de percibir la defensa en el accionar de su voz.

– Solo pregunto por la conexión aparente con ese hombre. No puede ser casualidad que lo conozcas…

– Muy bien, Elsa, piensa lo que quieras; nos vemos luego. – Fue el turno de la joven para fruncir el ceño. No entendía por qué se lo tomaba personal, era una simple pregunta y no podía culparla por preguntarse aquello dada la situación. No entendía que se supone que dijo para molestarlo. Notablemente irritado, el joven siguió al oficial para poder hablar de lo que sabía al respecto, dejando a su adorada rubia tan irritado como él.


– Padre. – North respiro hondo. Soltó el empaque que se encontraba verificando unos segundos atrás para dirigir su atención al hombre que supuestamente era su hijo.

– Asdgar, al parecer, visitamos los mismos lugares.

– Esperaba "es un placer encontrarte por aquí".

– Ni siquiera voy a seguirte el juego, así que, si tu intención era molestar, puedes…

– Soy compatible. – interrumpió. North lo observó asombrado.

– ¿Lo dices en serio? – el asintió

– Puedo ser el donante de Elsa.

– Mas te vale que no vuelvas a desaparecer, te juro que…

– No pienso hacerlo, y por eso es que vine a hablar contigo. – respondió. – Elsa va a necesitar tu ayuda, por lo menos, de manera económica.

– ¿De qué hablas? – interesado a mas no poder, North se acercó más a su hijo.

– Elsa tuvo que irse por una emergencia, por lo que, aproveché la oportunidad para preguntar sobre los detalles del procedimiento. – explicó– Sé que Elsa trabaja y que es independiente, pero el costo que implica tanto la preparación, el procedimiento y el postoperatorio es descomunal. Aun con el seguro, no creo que pueda costearlo, sin sacrificar otras cosas esenciales. – North, notablemente preocupado por lo dicho, tragó en seco. Él, por supuesto que podría ayudarlos, incluso si tenía que ser con los ahorros que le quedaban, el problema en cuestión era su nieta. Jamás tomaría ese dinero, aun lo tenía en probatoria.

– ¿Por qué me dices esto? – Asdgar se mantuvo en silencio. La imagen de Elsa la noche en que se los abandonó llego a su mente. ¿Arrepentimiento? ¿Culpa? No estaba seguro, pero claro que no les deseaba el mal a sus hijos, más allá de lo que pudiese pensar la opinión pública.

– Sentí que era lo correcto; no tengo muchas oportunidades de hacerlo. – respondió. Era experto en tomar las peores decisiones de la historia, pero en estos momentos, no podía hacer el bien del todo, así que, tenía que ayudar al que pudiera y en este caso, era su padre. La parte difícil era lograr que Elsa aceptara la ayuda de su parte. Eso sí que sería un reto.


Estaba en problemas, lo sabía. La conmoción que se armó alrededor de su intento fallido de robo generó atención indeseada que podría perjudicarlo muy pronto. Sin contar que el golpe que recibió le dolía horrores tanto en su rostro como en su ego. Tenía que averiguar que tanto sabían las autoridades. Si comenzaban a investigarlo, las cosas se pondrían feas.

– Hola, que bueno que estás por aquí; se me acabaron y necesito más. – Pitch sonrió. Justo lo que necesitaba.

–Claro. – respondió de manera despreocupada mientras se preparaba para realizar su proceso habitual. – ¿Qué tal el trabajo?

– Nada nuevo que contar realmente, papeleo de algunos casos, toma de denuncias y así...– la ironía de que alguien que trabajaba para la ley, estuviera quebrantándola, era alucinante para el joven delincuente y por los momentos, muy conveniente.

– Entiendo; la rutina te arropa. – comentó antes de entregarle la mercancía.

– Ni que lo digas...– sacó unos billetes del bolsillo y se los entregó a Pitch, quien de inmediato le devolvió su cambio. – ¿Tan poco? Nunca había sido tan barata. – Él sonrió.

– Hoy sí, pues necesito un favor. – al ver la indecisión en el rostro del hombre, supo que tenía que redoblar sus esfuerzos si quería que funcionara. – La próxima vez que vengas, si hiciste mi favor, la casa invita.

Pitch sonrió satisfecho al ver que lo había convencido. Se había conseguido un informante dentro de la ley. Estaría un paso adelante de todos, como acostumbraba.


– ¿Lista para irte? – la pelirroja sonrió mientras asentía de manera energética. Solo pasó una noche en el hospital, por recomendación del médico, para confirmar que el golpe en la cabeza no desarrollara un problema más allá de lo que se veía a simple vista. Por fin, era libre y Kristoff le estaba ayudando a recoger sus cosas. Elsa no podía perder más clases, por lo que, monitoreaba todo el accionar a través de su teléfono, escribiendo cada cierto tiempo para saber de ella. – Bien, ¿qué quieres hacer?

– Dormir, en mi cama, sin ningún tipo de interrupción. – respondió, tomando su bolso. El rubio depositó un tierno beso en su frente, tomo lo que la chica cargaba con una mano y tomó la de ella con la otra, listo para dejar la habitación. Ni bien habían girado la esquina, dos figuras aparecieron en su vista. – ¿Abuelo? – los mencionados giraron ante el llamado, notablemente sorprendidos de verla.

– ¿Anna? – North se acercó, ignorando por los momentos la presencia de su hijo–¡¿Qué haces?!… ¡¿Que te pasó en el rostro?! – sin pedir permiso, tomó el rostro de su nieta e inspeccionó el feo golpe.

– Ya estoy bien, no te preocupes.

– ¿Que te pasó? – volvió a exigir.

– Un intento de asalto no muy amistoso. – respondió sin brindar mayores detalles. Al ver que seguía con esa extraña expresión de inquietud, Anna prosiguió. – Fue reportado, solo recibí este golpe. Sí, está horrible, pero por lo menos ya no está tan inflamado.

– No lo encuentro divertido. – respondió North, de manera seria.

– Yo tampoco, pero es la única forma de tomarlo. Estoy bien y denuncié el ataque; no puedo hacer nada más que tomar la situación como viene. – concluyó. No tenía ánimos para estar reviviendo todo el asunto. – En fin, ¿qué haces aquí? – observó de reojo al hombre a unos pasos de él. – ¿Con él? – Solo allí, North recordó porque se encontraba en ese lugar y agradeció a todos los cielos haberse topado con Anna. Ella era la clave para lo que llevaba pensando.

– Necesito hablar contigo; tenía pensado hacerlo cuando terminara de confirmar, pero ya estás aquí… – Al sentir que ya se habían puesto al día, Asdgar se acercó.

– Me preocupa tu tono y más aún porque presiento que tiene que ver con él. – dijo señalando sin tapujos a su padre.

– ¿Estás bien? – fue lo primero que preguntó al llegar. Vio el golpe en su rostro desde que la visualizó, pero no se sintió en el derecho de preguntarle directamente. La pregunta salió sin el detenerla, el impulso fue automático y la fibra sensible que había resurgido desde que volvió, seguía traicionándolo.

– No creo que realmente te interese; confórmese con saber que estoy bien. – respondió la pelirroja con ningún tipo de tacto en su voz, y dolió, Asdgar no podía negarlo, pero sí disimularlo. – ¿Qué es lo que está pasando, abuelo? Me estas preocupando.

– Anna, Asdgar me informó que los resultados de compatibilidad fueron positivos; él puede ser el donante. – el rostro de la pelirroja se iluminó.

– ¡¿En serio?! ¡Es genial! ¿Elsa lo sabe? ¡¿Por qué no me lo dijo?! – preguntó frenéticamente, pasando por diferentes estados de emoción en cuestión de segundos.

– Es probable que no fuese la prioridad dado lo que te pasó – razonó. – De todas formas, Asdgar investigó más a fondo y descubrió un aspecto preocupante de la cirugía y lo compartió conmigo: el monetario.

– Creo que necesitarán ayuda y necesitamos que nos ayudes a convencer a Elsa al respecto.

Esa última frase le hizo entender la situación y la magnitud de lo que le pedían. Convencer a Elsa de aceptar lo que fuese, aunque fuese un saludo por parte de ellos, era complicado. Mejor dicho, imposible. Quería pensar que, por el bien de ellos, existía una mínima oportunidad de dar su brazo a torcer. Realmente quería pensarlo, quería que fuese así, pero conocía a su hermana y las probabilidades de una situación perfecta donde se solucionara todo sin tener que luchar con el ego y el orgullo de Elsa eran prácticamente nulas. Sabía que necesitaría refuerzos.


Ponerse al día con sus clases seguía siendo prioridad, por eso la joven Arendelle, ignorando todo consejo médico y de su familia, se había saltado la hora del almuerzo. Tuvo que tomar su receso para hacerlo. Se fue a la parte trasera de la tienda, con sándwich en mano, decidida a calmar las exigencias de su estómago. Mientras lo hacía, dirigió su atención a su teléfono. Anna le había escrito que estaba en casa y que la esperaba junto a Jack para discutir algo realmente importante.

Esa última información le generó ansiedad ante la expectativa. Si ambos querían hablar con ella, intuía que tenía que ver con el incidente del robo. Tal vez, tenían nueva información al respecto y querían compartirla. Aunque le preocupaba que fuese otro tema, una intervención o algo parecido, a pesar de que no se le ocurría que razón podría motivarla. Era cierto que con Jack había tenido unas estúpidas discusiones últimamente, sentía la tensión entre ambos e incluso, percibía que el susodicho trataba de medir sus palabras a su alrededor. ¿Podría tratarse de problemas en la intimidad? Hacía tiempo que no podían compartir realmente como pareja sin un hospital o nefasta noticia por medio, pero estaba segura de que su relación iba más allá de lo físico. ¿Podría ser que existiera alguien más? El simple hecho de pensarlo envió escalofríos en por todo su cuerpo. No creía que fuese el caso, pero la duda existía y estaba instalándose. Se reprochaba por dejar que sus inseguridades tomaran semejante control.

Suspiró. No tenía caso preocuparse hasta que llegara a casa y comprobara cualquiera de sus teorías. Recogió todos sus utensilios y luego de cinco minutos donde reposó, volvió a sus funciones. En esa ocasión, le tocaba verificar las fechas de caducidad de ciertos productos que quedaban de una cadena a reabastecer, así que, con anotador en mano, se dirigió al anaquel.

– Hola...– Elsa giro de inmediato, pensando que se trataría de un cliente perdido o con dudas sobre una marca. – estaba buscándote. – era el hombre del otro día. – ¿Puedo preguntarte algo? – eso le extrañó y le hizo desconfiar.

–Estoy trabajando en estos momentos...– trató de excusarse.

– No te apartaré. – dijo mientras se colocaba a su lado, aparentando que revisaba unos productos. Elsa decidió no refutar, esperando la intervención del hombre. – ¿Por qué?

– Tiene que ser un poco más específico. – pregunto, sin dejar de simular que realizaba su inventario.

–¿Por qué te tomaste el tiempo de aconsejar a un extraño? ¿En qué te beneficia? – preguntó, colocando nuevamente uno de los envases en el estante.

– No lo hago de manera cotidiana, pero sentí que necesitaba escuchar esas palabras. Usted tiene una familia y sería una pena que la perdiera por no saber priorizar. – el hombre dejó de aparentar y la observó directamente. –El hecho de que tenga personas que se preocupan por usted y tenga que desahogarse con una extraña, dice mucho de la situación y es hasta cierto punto triste. No debería ser así, no a usted que tiene la oportunidad. – el hombre se mantuvo en silencio por unos instantes. Era obvio que lo prioritario en su vida no era el trabajo, si lo fuera, no se sentiría tan miserable y perdido. No estaría tan frustrado de pasar las noches en un silencioso cuarto de hotel, aunque admitía que le había ayudado a reflexionar sobre ciertos aspectos que antes, por orgullo, no quiso enfrentar ni aceptar. No era lo mismo estar obligado a estar solo porque no estaba cerca de casa, a que su familia prácticamente no quisiera estar con él. Y tenía que admitirlo, dar el primer paso le correspondía, él había fallado demasiadas veces. – Daría lo que fuera por tener a mi madre conmigo y no tener por padre a un irresponsable, pero eso me tocó. Usted, tiene la potestad de arreglar lo que sea que esté pasando, así que, solo hágalo. – A esas alturas, se lo estaba tomando personal, esperaba que fuese suficiente.

– Gracias…

–Elsa...Elsa Arendelle. – respondió, sin quitar la mirada de su trabajo.

– De nada…

– Michael...Michael Overland. – la joven levantó la vista de inmediato. No podía ser cierto…

– ¿Overland? – cuestionó sorprendida. – ¿Usted es el padre de Jack? – con razón sentía cierto aire de que lo conocía.

– ¿Conoces a mi hijo? ¿Eres compañera de clases?

– Estamos saliendo.

"Puedes decir lo que quieras de mí, pero con Elsa no te metas, no sabes de quien estás hablando y te agradecería que no te expresaras así de ella, ni siquiera la conoces."

La discusión que tuvo con su hijo volvió a su mente. – Tu eres esa Elsa...– dijo en un susurro. Esta chica era la imagen opuesta a lo que visualizó cuando Jackson le comentó sobre ella. Esto solo confirmaba que posiblemente, no estaba prestando atención a los cambios, estaba viviendo en el pasado. – Bueno, es un gusto y una situación bastante extraña dada las circunstancias.

– Lo mismo digo...Yo…

– ¿Puedes...no decirle sobre esto a Jackson? –interrumpió– Quiero hablar todo esto en familia y…

– No hay problema, yo...entiendo. – A pesar de que no estaba del todo cómoda con esconderle semejante cosa a Jack.

– Gracias...pues, me voy. – extendió su mano, para ofrecerle un muy incómodo y extraño apretón de manos que no tuvo de otra que aceptar. –Nos vemos y gracias.

–Sí. – mientras se alejaba del lugar, Elsa no pudo evitar sentir la ironía de que estuviese aconsejando justamente al hombre que había traído tanta división en la familia de su novio. Se alegraba al menos de saber que estaba viendo su error y que quería remediarlo. Solo esperaba que fuese rápido; no le gustaba ocultarles las cosas a Jack. Suspiró. Mejor terminaba lo que estaba haciendo para seguir con sus pendientes; debía mantener su mente despejada.

Lo que ella no sabía es que el susodicho había decidido pasar a verla, sintiéndose culpable por la discusión que habían tenido el día anterior. Nunca imaginó que la vería a la distancia hablando con su padre y mucho menos que los observaría interactuar como si ya hubiesen hablado antes, pero, sobre todo, que ella no tuviera ningún tipo de iniciativa de contarle todo esto. Indignado y nuevamente molesto ante esta descomunal muestra de desconfianza, Jack decidió marcharse. No sabía de qué habían hablado, pero no se sentía bien al respecto, por algo ella no se lo había comentado y se permitía pensar en el peor de los escenarios.


Sabía que seguía enojado en el momento en que lo vio. Había salido temprano para poder tener la dichosa charla. Como de costumbre, Jack le esperaba a la salida, pero su expresión de seriedad, atípica en él, le dijo que no sería un trayecto memorable y no se equivocó. Se sentía incomoda, cosa rara tratándose de su presencia.

–¿Sigues enojado por lo de ayer? –se atrevió a preguntar. Sinceramente, no lo consideraba para tanto. Su pregunta fue totalmente válida, sabiendo como era su pasado y lo descontrolado que fue. Sabía que había cambiado, que él no orquestó nada, pero cabía la posibilidad, dada la conexión en los ataques perpetrados de que fuese un viejo conocido.

– ¿No tienes nada que comentarme? – la pregunta le sorprendió.

– ¿Sobre qué? – él se encogió de hombros.

– Cualquier cosa: una novedad en la universidad, el trabajo…

– No. – respondió sin pensarlo mucho, lo cual decepcionó sobremanera al joven. No comentó más, Elsa tampoco lo hizo, reanudando la tensión en el ambiente. El joven Overland amaba a esa mujer, pero estaba cansándose de tener que competir contra su ego y sus extremas creencias de independencia. La relación estaba sufriendo los estragos de tener que lidiar con ellos porque, aunque admitía que Elsa había hecho cierto progreso en ese aspecto, con la llegada de su padre y abuelo, pareciera que existió un retroceso y eso no le gustaba. Para colmo, Elsa le había mentido sobre la "novedad" y eso sí que le dolió. Su padre era el tema equivalente en su vida a lo que vivía Elsa con su rama familiar paternal y no esperó que le ocultara algo así.

Al final, entre pensamientos y cavilaciones de la pareja, llegaron a la residencia Arendelle, notando que no intentaron tomarse de las manos durante el trayecto. En el momento que Elsa se adelantó para abrir la puerta. Jack, sabiendo lo que iba a encontrar, respiró profundo. No sería agradable.

– ¡Estoy en casa! – anunció. – ¿De que querías…? – solo tuvo que dar un par de pasos para visualizar a su hermana, acompañada de dos figuras no gratas para ella. –¿Que hacen aquí? – Llegar al lugar donde se supone estaría tranquila y encontrar tanto a North como a Asdgar en su sala de estar, encendió la mecha de furia en ella.

– Necesitamos hablar contigo. – contestó.

– No tengo nada pendiente con ustedes más allá del aspecto médico.

– Es relacionado a ese tema en específico. – comentó Asdgar. –Queremos ayudarte en el aspecto económico.

– ¿De qué habla? – North se acercó a ella y le entrega una carpeta a la rubia.

–Asdgar se acercó para comentarme lo que logró discutir con el doctor cuando te fuiste de la consulta. El precio del procedimiento es bastante elevado y aunque tu seguro pueda cubrir una parte, sigue siendo caro. – Elsa abrió la carpeta y comenzó a hojear su contenido. Eran cotizaciones del procedimiento, junto a los tratamientos pre y postoperatorio en diferentes hospitales, los precios variaban, pero todos tenían algo en común: eran extremadamente caros, incluso con el seguro. La preocupación la atacó, aunque su expresión dijera lo contrario. Sabía que no sería barato, pero tampoco esperaba esas cifras. – Nos gustaría poder apoyarte en ese aspecto, por favor, déjame...

– No necesito su ayuda.

–Elsa...– reprendió Jack con tono serio. Ahí comenzaba su orgullo manifestarse.

– Hermana, por favor, sabes que…

– No interfieras, Anna; no es tu asunto. – la indignación que sentía la rubia no le permitió ver el dolor que se manifestó en la mirada de su hermanita. Era como si le confirmase que su orgullo era mucho más importante que su vida.

–Mi Reina, ¿te estas escuchando? Te quieren ayudar y tú y yo sabemos que necesitas esa ayuda. ¿Cuál es el problema? – la rubia lo observó como si fuese lo más lógico del mundo.

–No quiero nada que ver con ustedes, mucho menos tener deudas que los involucren.

–Esto es un acto de amor, quiero que vivas, que estés con tus hermanos. No pienso cobrarte nada a cambio.

–No necesito su lastima y mucho menos su caridad.

– ¡Dios! ¡¿Se puede ser tan orgullosa?! ¡No es cualquier cosa que está en juego, es tu vida! – explotó Anna. – ¿Por qué es tan difícil que entiendas? – El exabrupto sorprendió a todos, pero podían entenderla. Era demasiado orgullosa para su propio bien.

–¡No te metas en esto!

– ¡¿Cómo no me voy a meter?! ¡Maldición! ¡Es como si hablara con una pared! – al ver que los ánimos se habían caldeado entre las hermanas, Jack decidió intervenir, tomando a una muy furiosa Elsa hacia su habitación y cerrando la puerta detrás de sí. La rubia entró como la personificación de la furia a su habitación, girando de inmediato hacia su novio, sintiéndose traicionada a más no poder por la emboscada que acababa de presentar.

– Eres un traidor… – no podía creer lo que escuchaba.

– ¿Por qué? ¿Porque no quiero que mueras? – preguntó con veneno en su voz. – Es una broma?

– Puedo conseguir ese dinero. Me tomará tiempo, pero…

–No podemos esperar tanto; esa cantidad tomaría meses recaudarla si lo haces sola, en cambio, si te ayudamos…

–¡No necesito ayuda! – Allí, la paciencia de Jack se agotó.

– ¡Maldición, Elsa! – exclamó. – ¡Esto es tan frustrante! – Era la primera vez que lo veía tan furioso y fuera de sus cabales. – ¡¿Puedes apartar tu orgullo por una vez?! Esto no se trata de que puedas o no, es de tu salud, queremos ayudar para que sanes. ¿Sabes las horas que tendrás que hacer para poder reunir esa cantidad? Te explotarías, empeorarías tu situación.

–¿Porque no me incluyen? ¿Por qué quieren decidir todo? Siempre quieren elegir por mi como si no pudiera hacerlo.

– ¡Y no puedes, Elsa! No cuando todas están relacionadas con tu orgullo y el rencor. No eres objetiva. – eso la ofendió, de manera profunda. ¿Cómo se atrevía a cuestionarla? Él sabía perfectamente su pasado, sabía todo lo que tuvo que pasar. ¿Creía que era fácil?

– ¿Quién te crees para cuestionarme?

–¡Alguien que se preocupa por ti y no soporta ver cómo te estas saboteando! ¡Alguien que ve como alejas a lo que te quieren por tu maldito orgullo! ¡Estás poniendo en riesgo tu vida por no querer aceptar la ayuda!

– Es peor hacer un pacto con el diablo. – respondió. – No quiero deberles nada, no me lo puedo permitir.

– Entiendo eso con tu padre, ¿pero de tu abuelo? El hombre no ha hecho más que velar por ustedes desde que apareció en su vida. No puedes ser tan intransigente. – la seriedad en las facciones de la rubia, le confirmó que no había logrado su objetivo. – Es increíble que estés siendo tan egoísta, Elsa...

– Gracias por entenderme tan bien, Jack...es lindo saber que puedo contar contigo.

–No vas a contar conmigo cuando estés atentando contra tu bienestar, si ese es el caso, seré tu enemigo. – respondió. – No me interesa si te molesta.

– Pensé que confiabas en mi…– esto era el colmo.

– Yo pensé que confiabas en mí. – la confusión fue notoria en el rostro de la rubia.

– ¿De qué hablas?

– ¿Estás seguras que no tienes nada que contarme?

– ¿Qué se supone debo contarte? – no entendía el giro que acababa de dar la situación, pero presentía que no sería bueno.

– Oh, no lo sé, algo referente a mi padre, ¿tal vez? – su expresión de sorpresa no se hizo esperar. – Supongo que te preguntas como lo sé. Los vi a ambos en la tienda. – respondió. – ¿Cuándo pensabas comentarme al respecto? Una mejor pregunta: ¿qué demonios tienes que estar hablando con él?

– Era un cliente de la tienda.

– ¿A todos le das un apretón de manos? – ella tragó en seco.

–Si tanto viste, ¿para qué me preguntas? – respondió a la defensiva. Al ver la expresión de Jack, Elsa comenzó a entender que pasaba por su mente. Decir que estaba ofendida era quedarse corto –¿Qué? ¡¿Acaso crees que tengo algo con él o algo así?! ¡¿Cómo se te ocurre?!

– ¿Qué se supone que piense? No tiene sentido y menos aún que no me lo comentaras, Elsa.

– No supe que era él hasta hoy y me pidió que no te dijera nada porque quería hablar con ustedes primero. Solo buscaba un consejo.

– Y justamente fue contigo...que coincidencia, ¿no? – Sí, sonaba increíble, podría admitirlo, pero eso fue lo que pasó. – Has llegado al punto que ni siquiera confías en mí, ni siquiera sé que hacer al respecto…No puedo más…

Y a pesar de que esas palabras no fueron exactamente las que escuchó años atrás cuando su padre los abandonó, trajo la misma sensación que sintió en ese entonces, mil veces peor, debido a que era Jack quien las pronunciaba. Dolía, no podía creer que estuviese diciendo que ya no podía más. Le dio todo lo que podía ofrecer, cada sentimiento, cada confidencia y, aun así, ¿sentía que no podía más con ella? Las defensas de Elsa se levantaron, su orgullo había tomado el control.

– Pues, vete...– respondió con tal nivel de frialdad que Jack lo sintió en cada célula de su ser. La observó a los ojos, tratando de confirmar las implicaciones de lo que acababa de decir. No podía creer lo que escuchaba y mucho menos su significado. ¿Así de fácil resultaba para ella poner un "hasta aquí"? ¿Después de todo lo que habían pasado?

– ¿De verdad quieres eso? – preguntó, con la esperanza de que entendiera lo que acababa de decir, que reconociera el impulso que su orgullo había materializado.

– Vete...– volvió a repetir. Sintió como algo dentro de él se rompía, de la forma más desgarradora posible. No reconocía a la joven frente a él, llena de rencor y orgullo. Sabía que necesitaba ayuda, pero al parecer, él no era el indicado para dársela. Por más que quisiese acercarse y rogarle que lo pensara mejor, él sabía que no era la solución. Él no era suficiente.

– Como ordene, mi Reina...– ni siquiera esperó ver la reacción de Elsa, giró sobre sí y salió de la habitación que parecía estar asfixiándolo. Solo quería salir de ahí.

– ¡Jack! ¿Qué pasó? – se detuvo ante el llamado de Anna.

– Te escribo luego. Terminó conmigo.

–Espera, ¡¿qué?!– los ojos de Anna se abrieron en pura sorpresa, no creía lo que acababa de escuchar, pero no tuvo tiempo de preguntar nuevamente. Jack había salido de la residencia.


El impacto de lo que acababa de hacer no la alcanzó hasta que escuchó la puerta del frente cerrarse un poco más fuerte de lo usual. Por Dios, ¿qué acababa de hacer? No podía creer lo impulsiva que fue, ni siquiera sabía que podía serlo. Esperaba que Jack la pusiera en su lugar, así podría disculparse y no pasar a mayores, pero él lo aceptó y se fue, sorprendiéndola, decepcionándola y, sobre todo, hiriéndola al pensar que realmente se había ido como su padre lo había hecho años atrás. Se dejó caer en la cama, mordiéndose el labio, en un intento de controlar las lágrimas. Nada de eso debió pasar, sentía un enorme vacío en su pecho. Había terminado con él por impulso y se sentía horrible, pero por alguna razón, no creía que debiera disculparse. El chirrido de la puerta la alertó de inmediato, pensando que podría ser él, pero grande fue su decepción al encontrarse con su hermana, quien no se veía muy feliz.

– Anna…

–No, ahora soy yo la que necesita decirte algo. – en tono autoritario que sorprendió a la mayor. – He tratado de ser paciente y de entenderte, pero ya no puedo, honestamente, no puedo. – Elsa sintió un nudo en la garganta. – Siempre pensé que Brian y yo éramos tu prioridad.

– Y lo son.

–No, no lo somos; ¡es tu maldito orgullo! – respondió. – ¿De verdad es más importante para ti no deberles un favor que asegurarte de que te quedarás con nosotros?

– No es eso…

–¡Es exactamente eso! Y ahora, me entero de que acabas terminar con una persona que no ha hecho más que amarte de manera incondicional, sin importar qué tuviese que sacrificar ni qué hacer. ¡Simplemente fuiste fría y rompiste su corazón! Ni siquiera te reconozco, Elsa. Todo este estúpido rencor y orgullo acabarán contigo y te alejará de nosotros.

– Anna, tu mejor que nadie deberías entender mi situación. Yo…

– Lo único que entiendo es que cada día estás más sola y por mucho que te ame, no puedo apoyar esto. – tomó la manija de la puerta para cerrarla. – Necesitas ayuda, Elsa, urgentemente. – El único sonido que inundó el ambiente fue el de la puerta cerrándose.


– ¿Y bien? – preguntó Pitch al visualizar al hombre.

–Tengo lo que pediste. – respondió, extendiéndole un portafolio. –Al parecer, tienes denuncias de dos personas. – Pitch revisó los papeles, leyó todos los cargos, sin mucho interés. Lo que le importaba eran los nombres.

– Anna Arendelle y.…– sus cejas se enarcaron al leer el segundo. Jackson Overland...– nombre que le sonaba terriblemente familiar.

¿Quién demonios eres?

Soy Jackson Overland y sinceramente no es un placer conocerte.

– Son recientes. – comentó. – ¿Ya puedes darme lo que prometimos?

–Claro y si me mantienes informado de los movimientos en mi contra, podría extenderlo por tiempo indefinido. – concluyó. Era necesario, y no le importaba perder cierta mercancía por esta causa. Tenía que mantener vigilado a ese par de soplones, especialmente al tal Jack. – Oh, Jack Overland, tienes dos de tres, que divertido será encontrarnos de nuevo.


¡Hi! Como ya es tradición, los 7 de julio (y a veces los 8, en dado caso que se me complique), actualizo varias historias a la vez como regalo tanto para mí como para ustedes y a esta joyita, casualmente, le tocó ser de las agraciadas dada el ritmo de actualizaciones que he estado implementando.

Muchísimas gracias por seguir por aquí y a Alarzam, EVELYN APARICIO, TPATFan16, Ash, Yuki05, Cakecat, Guest y LaLocaAsquerosa por los reviews en el capítulo anterior y a todos los que se han estado uniendo. Espero que les guste y como siempre, siéntanse libres de comentar y decir qué les pareció.

Reviews sin cuentas:

Alarzam: ¡Hey! Gracias por el review, gracias a Dios ya estamos por aquí nuevamente. Espero que este también te guste.

EVELYN APARICIO: ¡Hola! Han pasado seis meses, perdón. Trato de actualizar a ritmo todas las historias. Al fin llegó este capítulo y espero que también te guste. Gracias por el review.

Ash: ¡Hi! Gracias por seguir la historia. Creo que este capítulo también te hará vivir varias emociones. Muchas gracias por el review y espero que este también sea de tu agrado.

Cakecat: ¡Hola! ¡Excelente! Me alegro que te haya gustado y espero que este también sea de tu agrado. Te agradezco el review.

Guest: ¡Hola!, nuevo capítulo por aquí. Espero que te guste esta nueva actualización.

Espero que todos se encuentren bien y a salvo.

Cuídense mucho, chicos,

Bye!