Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.
Algunos me escribieron por IG (donde siempre son bienvenidos y donde me encantó conectar con ustedes, por cierto), por PM y por review para saber si seguiría la historia. Mientras haya salud y Dios lo permita, seguiremos por aquí, asi que, no se preocupen, gente bella. ¡Feliz 2021!
Observó el reloj en su mesita de noche. Faltaba bastante para que su alarma sonase y ya estaba despierta. No podía dormir; tenía semanas sin dormir de manera decente. ¿Cómo se supone que lo hiciese? Tenía mucho tiempo que no sentía semejante carga de soledad; antes podía sobrellevarlo, pero había perdido la práctica gracias a cierta persona. Sabía que le jugaría en contra tanto en sus actividades diarias como en su salud.
El tiempo. para ella, se había distorsionado considerablemente desde aquella triple pelea hace no mucho más de dos semanas. La pelea con su ramificación paterna de la familia no le afectó más allá de un golpe a su orgullo, sabiendo muy en el fondo que tenían razón. Había conversado con el médico y, efectivamente, su recomendación era realizar el procedimiento lo antes posible. Mientras más tiempo pasase, su cuerpo seguiría recibiendo estragos y desataría un daño mayor, en el peor de los casos, hasta la muerte. Estaba entre la espada y la pared, pero no quería dar su brazo a torcer.
La segunda pelea, la que tuvo con Anna, seguía latente. La primogénita de los Arendelle jamás se imaginó en una situación donde no quisiera llegar a casa, pero con la tensión en el ambiente, prefería estar lejos y en paz. Ella no había dado el primer paso para remediar todo, Anna tampoco parecía tener las intenciones de hacerlo. La hermana menor parecía haberse cansado del modus operandi donde era la responsable de dar el primer paso hacia la las palabras justas para convivir de manera cordial. Brian parecía no notarlo del todo, pues usualmente cuando Elsa llegaba, él se encontraba dormido y los fines de semana, Anna había optado por pasarlos fuera. Como odiaba la situación…solo eran ellos tres como para que existiera una ruptura de esa magnitud.
Y finalmente, estaba su ruptura con Jack. Ella no le había contactado y él tampoco, lo cual en cierta manera agradecía; le brindó cierto tiempo para pensar. Estaba consciente de que había sido su culpa, lo sabía y lo reconocía. Jack no había sido más que su soporte desde que comenzaron a salir, pero también existían algunas rencillas que simplemente no pudo ignorar por más tiempo. No sabía si era resultado de la cotidianidad o las situaciones extremas que habían pasado, pero se sentía de cierta manera herida. Ahora bien, no podía decir que no le amaba. Sería la mentira más grande de la historia; sus sentimientos seguían alli y por eso dolía tanto. Porque sí, dolía, un dolor que no parecía desaparecer con el paso de las semanas. Ella sabía que lo que se había generado entre ellos no desaparecería, así como así, un sentimiento tan intenso no podría desaparecer de la noche a la mañana. Si quería salvarlo, entendía que escapaba de sus manos; ya se hubiesen arreglado si ese fuese el caso.
La táctica de esperar que todo volviese a su sitio no estaba funcionando, especialmente, porque todos estaban en su contra, por diferentes razones. Las pesadillas habían vuelto poco a poco, empeorando la ansiedad y el estrés que le generaba la situación. No podía mentirse, no tenía sentido hacerlo: se sentía miserable, pero su orgullo no le permitía ceder. No quería perder ese ápice de control que le quedaba pues sabía que, si eso pasaba, se derrumbaría sin remedio.
¿Una palabra para describir esas últimas semanas? Eternas. Eso era lo que pensaba mientras removía el café que le acababan de servir. Tuvo que utilizar todo su autocontrol para mantener la distancia y no escribirle primero. Sabía que la rubia tenía que entender que ese condenado orgullo le estaba perjudicando, que había cosas mucho más importantes que tener la razón, especialmente, cuando la situación era tan delicada como salvarle la vida.
Si era honesto, ese era solo uno de los puntos que ocasionó la explosión. Algo había comenzado a ir mal luego del último quebranto grave de salud y la vuelta a la cotidianidad. No estaba seguro de si fue algún tipo de descuido de su parte o si el problema iba más allá de cosas pequeñas que se fueron acumulando. Fuese lo que fuese, había explotado de la peor manera posible. No tenía claro en qué momento la desconfianza había calado entre ellos, lo cual no le hacía sentido teniendo en cuenta que ellos se contaban todo…o por lo menos eso quería creer.
De algo sí estaba seguro: lo que sea que haya pasado, no fue por falta de amor. Él estaba totalmente seguro de sus sentimientos hacia la rubia y aunque Elsa haya sido la que terminó la relación, sabía que era su orgullo hablando, los sentimientos seguían alli, pero corrían peligro, si algo no cambiaba. Aunque el orgullo de la rubia era el principal problema, él reconocía que no era un santo y que tenía que trabajar un poco más en su impulsividad. Cualquiera hubiese detenido esta catástrofe antes de estallar, pero él no lo hizo, guiado por esa pequeña faceta de niño pequeño regañado que no daba su brazo a torcer. Trataba de repetirse una y otra vez que esto no era para siempre, que era una especie de 'tiempo' que necesitaban para evitar que la relación se deteriorara o se tornara tóxica. Eso quería creer, eso necesitaba creer pues la ausencia de Elsa no pasaba desapercibida. Con todo y lo que sabía que estaba mal en la convivencia, no aliviaba el vacío y la incertidumbre de la situación.
–¡Lamento la tardanza! – El joven Overland salió de sus pensamientos de una manera notoriamente abrupta. – Y también lamento haberte asustado. – se disculpó Anna tomando asiento frente a él.
–Descuida; – responde, sonriéndole de manera amable. –¿cómo has estado? No sabía si vendrías; dejaste de responder los mensajes.
–Estoy bien, gracias y sí, lo sé, perdón; mi teléfono murió. – respondió, dejando su mochila a un lado. – Estas muy elegante, ¿algo especial? – Jack sonrió, encogiéndose de hombros.
–Una entrevista de trabajo; el segundo llamado, en realidad.
–¡Oh, es excelente! – felicitó. – De seguro lo consigues.
–Sí, me ayudará a explorar; quiero cambiar de carrera. – Anna le dedicó una mirada entre curiosa y apenada. Jack sonrió ante la cara de circunstancias de la pelirroja.
– No te enojes, pero… ahora que lo pienso, ¿qué estudias? –La verdad es que él también olvidaba lo que estaba estudiando, pues al principio solo inscribió la carrera por presión de su padre, pero con todo lo que había pasado, él quería dedicarse a algo que realmente le gustara y que pudiese ser significativo.
–Actualmente, administración de empresas. La posible, aun no quiero decirla hasta estar seguro, pero cada día me convenzo que es la mejor opción para mí.
–¡Oh, eso es genial! ¡Sé que todo saldrá como esperas! – el joven Overland quería creerle, pues últimamente no parecía ser así.
–Gracias. – agradeció rápidamente, para pasar al tema que realmente le interesaba. – Cuéntame; ¿cómo va todo en casa? –La mueca que apareció en el rostro de la pelirroja le indicó que no muy buen.
–Sigue exactamente igual; Elsa no da su brazo a torcer. – Jack suspiró. – El abuelo tiene el dinero listo, solo falta que ella acepte para proceder…
–Dios… ¿por qué lo hace tan difícil? – susurró para sí mismo. Elsa era bastante madura para su edad; todo lo relacionado a su padre parecía ser la excepción. Claro, no estaba quitándole peso a todo lo que el padre había hecho, pero lo necesitaban para salvarle la vida. ¿Por qué no cooperar para que saliera rápido del panorama? ¿No era lo que quería a final de cuentas? – ¿Cómo se encuentra de salud? ¿Has visto algún cambio relevante?
–Se ve más cansada…– respondió con cierta preocupación en su voz. – He tratado de mantenerla vigilada, pero es muy hermética; es difícil saber.
–Trata de enmendar la paz; sabes que ella no lo hará…
–Y justo por eso no pienso hacerlo. – respondió. – Que aprenda; es humana y se equivoca. Su orgullo no puede ser lo más importante. – Y sí, sabía que tenía razón, pero tener a las hermanas Arendelle en guerra no aportaría nada a la causa, no ayudaba al convencimiento.
–Anna… ¿cómo la convencerás si no se hablan?
–El silencio es bastante convincente. – No sabía cómo mediar entre ellas si se supone que todavía no estaba preparado para hablar con la rubia sin regañarla por testaruda y orgullosa. Tendría que pedir refuerzos, no quería, pero lo veía necesario.
–¿Mixto? – preguntó la rubia con cierta confusión.
–Así es…–confirmó el rector universitario. – Clases virtuales y presenciales, dependiendo del momento en el que se encuentre de la enfermedad. Este proceso será flexible; si se ausentará por razones médicas, entonces tendrá que concertar sesiones individuales con tutores; esos gastos, lamentablemente, tendrán que correr por su cuenta. – Aunque se mantuvo con la misma expresión, Elsa sintió pavor. ¿Más gastos? Si apenas podía tener cierta holgura con los que tenía, ¿cómo iba a poder con este y el monto de todos los gastos médicos que se avecinaban?
–Entiendo.
–Usted es un caso excepcional, señorita Arendelle. Si no fuese por sus circunstancias, más el hecho de que su promedio es, hasta ahora, el mejor de su generación, no podríamos ayudarle. Lamento que no pueda ser una solución más acorde, pero es lo que he podido conseguir.
–Gracias, de verdad; significa mucho. – el hombre sonrió amablemente.
–En el transcurso de los próximos días, les compartiremos los detalles. – terminó el hombre. – Un placer verla nuevamente, señorita Arendelle.
Se despidió de manera cordial, abandonando el despacho. Era sábado luego de parciales, relativamente temprano. La facultad estaba prácticamente vacía, por lo que, no le fue difícil moverse entre los pasillos. Cuando llegó al camino rural que se utilizaba para los recesos y el cual estaba totalmente desolado, Elsa suspiró frustrada. Tres semanas habían pasado desde la debacle entre Jack y ella y por más que no le gustase admitirlo, lo extrañaba cada día más; al parecer, él no. Si ese fuese el caso, le hubiese contactado, aunque teniendo en cuenta que ella tampoco lo había hecho y fue ella quien puso el punto final, tampoco podía estar segura; él podría estar dándole su espacio.
–¿Por qué terminaste con Jack? – Elsa se detuvo ante la pregunta a sus espaldas. Giró sobre sus talones.
–¿Toothiana? ¿Qué…?
–¿Por qué terminaste con Jack? – volvió a repetir. Esta vez, Elsa le observó desafiante.
–No es de tu incumbencia. Además, pasó hace semanas, ¿por qué preguntar ahora?
–Porque no creí que serías tan terca para dejar que este sin sentido siguiese por tanto tiempo.
–¿Perdona? ¿Insinúas que es mi culpa?
–Sé que es tu culpa. Jack está loco por ti; no es posible que él haya sido el que acabara la relación. – Elsa se mantuvo en silencio; la chica tenía parte de razón. – Entonces, ¿qué ocurrió?
–Tooth, de verdad, no quiero hablar…
–Nunca quieres hacerlo, ese es justamente el problema, por lo que puedo percibir.
–¿Qué ganas con saberlo? ¿Curiosidad? – La joven castaña analizó a su amiga de manera inquisidora. Siendo ella una persona que había experimentado en mano propia lo que era vivir enojada todo el tiempo, el problema de Elsa era el creerse todo poderosa e incapaz de equivocarse. Entendía parte de sus razones, su vida no había sido fácil, pero lo que estaba haciendo era autodestructivo. Ella no era psicóloga, pero estaba segura de que la razón era simple. – Estás frustrada. Necesitas golpear algo…
–No digas tonterías…
–Aquí; – Elsa la observó como si estuviese loca, la castaña se había inclinado hacia ella, mostrándole su mejilla. – golpea, ¡lo más fuerte que puedas!
–¡No!
–¿Por qué no? – respondió la castaña genuinamente curiosa.
–¡Porque no! ¿Por qué te golpearía? No es la solución, además, no me has hecho nada como para que…– y alli, sin esperarlo, Tooth abofeteó a la joven Arendelle, provocando un chillido de dolor. – ¡¿Qué…?!
–Listo; ahora tienes una razón para golpearme. – dijo mientras volvía a colocarse en posición esperando el golpe.
–¡No te voy pegar!
–Sí lo harás; lo necesitas y soy tu amiga. – respondió como si fuese lo más obvio del mundo. –Anda no tenemos todo el día.
–¡Déjate de estupideces!
–Tú eres la que debes dejar las estupideces. No quieres hablar, pues pégame; tal vez así dejas salir algo.
–Esto es una estupidez…– dispuesta a dejar la situación sin sentido, dio media vuelta y trató de alejarse de la castaña, lo cual Toothiana no permitiría tan fácilmente. – Déjame pasar…
–No.
–Toothiana, no estoy de broma…
–Yo tampoco; anda, pégame.
–No. – dijo tratando de esquivar a la castaña. – Toothianna…– advirtió con el tono que empleaba para regañar a sus hermanas.
–Elsa…– rebatió, empujándola levemente, haciendo que la rubia diera unos pasos atrás por el impulso. – Golpéame.
–No.
–¡Hazlo! ¡Golpéame!
–¡Ya te dije que no!
–¿Hasta eso te causa temor? ¡Yo soy la que te está diciendo que me golpees? ¿A que le temes tanto? – Elsa sabía que tenía que salir de ahí. Tres semanas soportando las ganas de gritarle a todo el mundo se iría por el caño si su 'amiga' no le dejaba en paz. Lo último que le faltaba para adornar la situación era que le agrediera de manera física.
–Quítate del camino…
–No; ¡pégame! ¡Saca algo de frustración!
–Tooth…–dijo, pero no sirvió para nada su advertencia. La chica la tomó del brazo y sin tacto alguno, le expresó lo que realmente creía.
–Eres una cobarde; vas a perder a todos los que te importan; te quedarás sola. – Y con esa simple frase, Tooth sintió el impacto en su mejilla. Sonrió, dolió sí, pero había obtenido lo que quería. Por breve segundos, observó la ira en las facciones de la chica Arendelle; ¡de eso estaba hablando! ¡Emociones, joder!
–¡No tienes idea de nada! ¡No se te ocurra juzgarme! – Y para sorpresa de Tooth, la rubia se abalanzó sobre ella, haciendo que perdiera el equilibrio y terminara en el piso, la rubia sobre ella, manteniéndola alli por los hombros. – ¡No tienes idea! ¡Nadie tiene idea de lo que siento!
–Tienes razón; ¿por qué no me lo explicas? – la ira pasó a ser sorpresa. La joven Arendelle quedó de piedra por unos segundos, antes de liberar a Tooth y quedarse sentada frente a ella. La castaña le imitó; observando cómo literalmente la barrera caía frente a ella. Las lágrimas caían libremente por las mejillas de su amiga, aunque su expresión seguía siendo seria; seguía conteniéndose, era simplemente increíble. – Oye…sé que aún no tenemos una relación tan profunda como para que confíes completamente en mí; no empezamos de la mejor manera, lo admito, pero Elsa, somos…amigas, ¿no? Si puedo ayudar, quiero hacerlo…– respondió de manera sincera. Ella tampoco era una persona muy abierta, no tenía muchos amigos, eran bastante similares, si lo pensaba más a fondo. Era más sincera que Elsa, ella no conocía el filtro y de cierta manera, eso le ayudaba con su desahogo, pero esta mujer era de piedra. Era difícil entender que pensaba o que sentía. No podía ser saludable, más aún, si aleja personas como Jack de su vida. – Si el golpe que me acabas de dar es un indicio de lo que estás sintiendo, ¡madre mía, sí que necesitas hablar! – Entre lágrimas, Elsa le sonrió de manera triste.
No se enorgullecía de aquel apartado rojo que comenzaba a aparecer en la mejilla de Tooth, pero que bien se había sentido golpearla. No porque fuese ella, no tenía nada en su contra, era más la rabia que le generaba la situación, donde todo parecía complicarse y lamentablemente, se estaba dando cuenta que era su culpa.
–Lo siento…
–No lo hagas; me alegra que lo hicieras… ¿quieres hablar? – Elsa lo pensó por un momento; era la mejor opción que tenía por los momentos.
–De acuerdo…te invito un café; – dijo mientras se ponía de pie y ayudaba a la castaña a hacerlo. –Solo déjame avisar que no iré a cumplir las horas extras. – No valía la pena trabajar con la cabeza en la luna; necesitaba hablar, ya no podía seguir así.
–Tooth, ¿en serio era necesaria la violencia? – preguntó agotado mientras buscaba las llaves para entrar a su hogar. Esa no era la idea que tenía cuando le pidió ayuda.
–Pediste mi ayuda y lo hice a mi manera. – se defendió. – Confío en ella y sé que recapacitará; espero que tú también estés trabajando en ti.
–Sí, eso hago, no me regañes.
–Solo te sirvo de recordatorio. Hablamos luego, ¿bien? Tengo que ponerme algo de hielo en la mejilla para que ceda un poco.
–De acuerdo: gracias…supongo. – terminó la llamada.
Finalmente, encontró la bendita llave. La introdujo en la cerradura y suspiró con alivio cuando pudo pisar su hogar de manera oficial. No era ni siquiera mediodía del sábado y él ya estaba agotado. Entre aplicaciones, proyectos y demás diligencias, la mañana se le había ido volando y lo único que quería era descansar.
–¿Ya podemos hablar? – pero al parecer, tendría que esperar un poco más. Sentado en el primer escalón, se encontraba su padre, observándolo de manera tranquila. Hace semanas que venía evitándolo, pues entendía que lo más importante era que se concentrara en la reconciliación con su madre. Además, lo de Elsa estaba muy reciente y no confiaba en su buen juicio para cualquier tipo de conversación que pudiese terminar en conflicto. Era cierto que él y su padre habían estado en paz, no discusiones, no problemas. Solo quería paz y entendía que hasta que no hablase con su padre, no lo tendría.
Acorralado, el joven Overland suspiró por enésima vez aquel día. Se acercó al hombre, quien se movió un poco para que ambos pudieran sentarse en el aclamado primer escalón.
–De acuerdo…hablemos. – fue su simple respuesta. Su padre tomó una bocanada de aire, para luego observar a su primogénito. Jackson no era ni la sombra del joven que tantos dolores de cabeza le había causado. Según le había puesto al día su esposa, su hijo estaba tomando en serio sus estudios, ayudando lo más que podía tanto en su hogar como en el de su pareja, incluso le comentó que se entrevistaba para diferentes trabajos. No era la sombra de lo que alguna vez fue y tenía que reconocerlo.
–Lo siento, Jackson; no he sido justo contigo. – Jack se mantuvo en silencio. – Lo reconozco.
–Me alegro.
–Quiero enmendar mis errores; he estado hablando con tu madre al respecto y creo que…
–No creas; quiero seguridad. –rebatió. –No estoy enojado, por lo menos ya no, pero lo estaré si con tus acciones vuelves a lastimar a mamá y a Meghan, ¿estamos? Ellas lo han pasado realmente mal extrañándote.
–Lo sé…he estado hablando con ellas; realmente estamos discutiendo el tema. Necesitamos hacer cambios en la dinámica familiar. – Jack asintió. Ese era tema de sus padres y él no tenía mucho voto al respecto. – Pero lo que dije anteriormente, es cierto; lo lamento…– No existía soberbia, ni altanería en el tono de su padre. Observando sus facciones, podía ver la sinceridad y cierta pizca del arrepentimiento; le intrigaba saber qué desató esta revolución en él.
–¿Qué causó este cambio? Te recuerdo que llegaste de tu último viaje echando fuego por la boca– el hombre asintió, aceptando la realidad de lo que su hijo le comentaba.
–Cuando tu madre me pidió que me fuera, fue la primera vez en años que sentí pánico. Sally es muy dulce, no le gusta el conflicto y, desde que naciste, lo más importante para ella, ha sido nuestra familia. Que me pidiera que me fuese, me mostró que había llegado a su límite y…tuve miedo de perderlo todo. – explicó. Jack podía notar que le incomodaba tratar el tema. – Cuando me vi obligado a abandonar nuestro hogar, fue un duro choque con la realidad. Si los pierdo a ustedes, nadie estará esperándome… ¿De qué me sirve tanto éxito si a final de día estaré entre cuatro frías paredes solo?
–Te diste cuenta de muchas cosas solo con tus pensamientos…– comentó. Su padre negó.
–Elsa terminó de formar esa conclusión en mí. – Justamente alli quería llegar. Parte de por qué no quería hablar con su padre era porque, de cierta manera, estaba relacionado con su reina. No sabía que había pasado entre ellos, pero tenía que se ser honesto, cuando los vio en la tienda, pensó mal, muy mal de lo que podría estar pasando; esa parte del conflicto fue totalmente su culpa, lo admitía, pero seguía pensando que Elsa debió habérselo dicho. – Es una buena chica… –Jack suspiró.
–¿Cómo se conocieron?
–En la tienda donde trabaja…Fui a comprar algo y mientras lo hacía, me perdí en mis pensamientos. Ella se acercó pensando que necesitaba asistencia y no sé bien cómo, pero terminó aconsejándome. Volví después, intrigado por su accionar: éramos extraños, ¿por qué se tomó la molestia? – relató pensativo como si reviviera el suceso. – En esa ocasión, le dije mi nombre y allí supo quién era; le pedí que no te contara nada hasta que tuviese la oportunidad de hablar contigo. – Bien…confirmado, esa parte de la pelea era totalmente su culpa.
–Ya veo…
–Sus intervenciones fueron el empujón que me faltaba para alinear las cosas; estoy muy agradecido.
–Sí, ella suele dar excelentes consejos. – los cuales, ella no seguía.
–Te felicito; encontraste una buena chica…– Jack sonrió con tristeza.
–Bueno…terminamos hace unas semanas. – La sorpresa fue genuina en el rostro de su padre. Si hubiese sido en otra situación, tal vez se reiría. –Lamento haberte arruinado el 'ship'. – respondió, intentando aminorar la incomodidad que cayó sobre ambos.
–Pues… ¿cómo piensas recuperarla?
–¿Perdón?
–Lo que dije; ¿qué piensas hacer?
–¿Por qué tengo que hacer algo? ¿Asumes que fue mi culpa?
–No he dicho que lo sea, pero por tu expresión, sé que es lo que quieres. Además, aunque no los he visto interactuar como pareja, siento que son compatibles. Si ella ha suscitado esta versión tuya, la relación vale la pena. – El joven Overland no pudo estar más de acuerdo con él, pero sabía que era un proceso. – ¿Quieres…hablarme al respecto? Tal vez pueda ayudar…–Jack lo observó extrañado.
–¿Cómo podrías hacerlo?
–Oye, yo tuve tu edad; tal vez pueda ayudar, si tengo toda la información.
¿Un momento padre e hijo? El joven no se lo creía, pasó años ansiando uno de estos y por fin lo tenía, pero no estaba seguro de aprovechar la oportunidad. A penas se habían 'reconciliado' de manera oficial y su historia con Elsa era bastante larga. –Sé que te puedo ayudar. – Al parecer, le tocaría dar un paso de fe; se supone que querían construir la relación. Tenía que cooperar.
–Nueva vez, lamento el apuro, pero necesitaba esto.
–No te preocupes por eso, Elsa; es mi trabajo. – respondió la doctora Clark.
Luego de hablar con Toothiana, Elsa se sintió mejor, a pesar de que la castaña tenía la misma opinión popular que los demás. El hecho de poder desahogarse, sin tanto nivel de juicio le ayudó, pero también le demostró que necesitaba intervención profesional. Tal vez, solo tal vez…su orgullo estaba fuera de control. Así que se contactó con la doctora que trató de mediar entre ella y Jack antes de que fueran pareja y se sorprendió cuando esta aceptó recibirla a semejantes horas de un sábado. Por cortesía, pensó en decir que no, pero ya no podía seguir aguantando la situación. Estaba harta, necesitaba detener esto.
–Gracias.
–Elsa, eres una chica inteligente y sé que tú también sabes cuál es tu mejor opción. – Escuchó todo el relato desde el incidente con sus familiares hasta el desenlace con Jack y entendía como se sentía, pero como profesional, su objetivo era guiarla hacia la solución que podría generar el mayor bienestar. – Dime, ¿qué es lo más importante para ti?
–Mis hermanos. – respondió sin titubear.
–¿Cómo crees que se sienten cada vez que te ven sufrir por la enfermedad? – Elsa se mantuvo en silencio. – ¿Valdría la pena tener la razón si eso significase sacrificar todo? ¿Acaso quieres morir?
–No, claro que no…–respondió rápidamente.
–Esa es la impresión que me da; estoy segura que es la que tiene tu hermana en estos momentos.
¿Era posible sentirse más culpable de lo que se sentía en esos momentos? Cubrió el rostro con las manos; las lágrimas habían aparecido. Su único objetivo en la vida, desde que su madre murió, era salvaguardar el bienestar de sus hermanos, solo cuando Jack llegó a su vida, imaginó un futuro más allá. Y lo arruinó por terca, por intransigente, ¡por orgullosa! ¡Era lógico que se estuviese quedando sola!
–A veces…siento que solo les complico la vida.
–No digas eso…
–Es la verdad; yo debería cuidarlos, protegerlos, velar por su bien y solo los hago sufrir, pero es que…
–Estabas haciendo lo que pensabas era mejor…
–Y lo arruiné…– La profesional se acercó a ella y la consoló con leves caricias en la espalda.
–Elsa, el primer paso es aceptarlo; que estés llorando y mostrando emociones me demuestra que te importa y que no estás haciendo esto adrede.
–Pero siempre termino haciendo daño, aunque no es lo que quiero, yo…
–No puedes esperar superar algo que viene atormentándote por años en cuestión de días, Elsa. Esto toma tiempo; tienes cosas pendientes que tratar. Has pasado por mucho, necesitas ayuda para asimilarlo… –La joven rubia levantó la vista, sus azules ojos vidriosos a más no poder; no podía controlar los hipidos, no podía dejar de llorar. Algo dentro de ella había colapsado y no podía detenerlo. – Yo te ayudaré; verás que todo mejorará…
–Lo siento; no puedo controlarme, soy un desastre…
–Tranquila; lo necesitas…es algo que también tienes que entender: eres humana. Tienes emociones, te equivocas, es normal.
Se estaba sintiendo mejor, más liberada y un poco más respaldada. Era la primera vez en semanas que su mente comenzaba a imaginar un futuro más posible, si ella, por fin, cooperaba. Debía unas enormes disculpas, sinceras y contundentes para poder comenzar el proceso. Había lastimado, había alejado personas, ciega por su orgullo, alejada por la barrera que ella se había esmerado en construir.
La afable sonrisa de la terapeuta le brindó cierta tranquilidad. Quería mejorar, necesitaba mejorar, había sido suficiente. No podía dejar escapar lo bueno que le estaba pasando por el pasado y, más aún, si su vida dependía de ello. Tenía que controlar su orgullo, por todos los que la rodeaban y esperaba que pudiese enmendar sus errores.
Anna lavaba los platos cuando escuchó la puerta abrirse. Extrañada y alerta, tomó una espátula y se acercó a la pared cercana. Brian estaba en su habitación y era muy temprano como para que Elsa estuviese en casa. Eso solo significaba una cosa: había un intruso en su hogar y ella debía defenderse, así que, cuando divisó la sombra acercarse a su posición, accionó.
–¡Largo de mi casa!
–¡Ouch, Anna! – la pelirroja se detuvo de inmediato.
–¿Elsa? – la pelirroja bajó la espátula y observó a su hermana, quien se encontraba cubriéndose uno de sus ojos con la mano. –¡ Oh por Dios! ¡Lo siento, lo siento, lo siento! – repetía una y otra vez mientras dirigía a su hermana a una silla cercana. La pelirroja salió disparada hacia el refrigerador por algo de hielo.
–Tranquila; estoy bien. – trató de apaciguar la rubia ante el frenesí que se había instalado, pero su hermana no entendía razones. Sonrió. A pesar de que se habían estado dedicando la ley del hielo, Anna no dudó en atenderla al verla herida; eso era lo que realmente identificaba la relación que tenía con ella y la que quería mantener de esa forma.
–Toma; colócalo sobre tu ojo, – prácticamente ordenó la menor de los Arendelle, entregándole una compresa llena de hielo a su hermana.
–Gracias. – Anna se arrodilló frente a ella, atenta a sus movimientos.
–Oh por Dios, se pondrá morado. –se lamentó. –De verdad los siento, pensé que era un intruso, yo nunca…
–Lo sé; fue un accidente. – pasaron unos segundos en los que las hermanas no sabían qué decir.
–¿Dónde está Brian?
–Tomando una siesta…
–Oh, entiendo. – Como odiaba esta incomodidad, más aun, porque sabía que era su culpa. –Anna, lo lamento tanto.
–Espera, ¿qué? – escuchó mal, tenía que ser una confusión de sonidos.
–Lo siento. – repitió con más seguridad en su voz, para que no quedase dudas. – En mi afán por velar por ustedes, he renegado sus sentimientos, he sido egoísta y no he podido ver lo que realmente importa; que estemos juntos…
–Eso quiere decir…
–Voy a aceptar el ofrecimiento del señor North. – el rostro de Anna se iluminó de inmediato. –Claro, tenemos que conversar ciertos puntos, pero en general, creo que es lo mejor, si quiero seguir cuidándolos. – La pelirroja no aguantó; abrazó a su hermana como solía hacerlo y de la forma que ya extrañaba. Fueron unas semanas largas donde moría por volver a ser las inseparables de antes, pero no podía dejar pasar el hecho de que, prácticamente, le había restregado en la cara que lo más importante para ella era tener la razón. Se separó un poco para observar a su hermana mayor. Su semblante estaba relajado, denotaba sinceridad a través de la afable sonrisa que le estaba dedicando.
–Gracias, Elsa; no sabes el alivio que siento. – respondió, volviendo a abrazarla. Como extrañó los abrazos de su hermana. –¿Qué te hizo cambiar de opinión?
–Luego de conversar con una amiga, me di cuenta que necesitaba ayuda. Si realmente quiero que ustedes estén bien, yo debo estarlo, tanto física como mentalmente y por eso he tomado esta decisión. –– respondió.
–¿Mentalmente?
–Iré a terapia; creo que la necesito. –Para Anna, fue sublime escuchar esa última frase. Ni en sus mejores sueños pensó escuchar esas palabras abandonar sus labios; eso era un verdadero milagro.
–Estoy tan feliz, en serio…–respondió, sin soltarla; era la primera vez en semanas que la pelirroja se sentía en paz. – ¿Elsa?
–¿Sí?
–¿Qué te pasó en la mejilla? – Podía ser despistada, pero estaba segura que solo lanzó un golpe con la espátula y fue a parar en el ojo de su hermana.
–El karma siendo karma. – fue la simple respuesta de Elsa, lo que hizo que Anna le observarse extrañada. –Te cuento luego…
Miraba su teléfono de manera nerviosa. Los minutos pasaban, cada vez más cerca de la hora de encuentro, en aquella terraza donde tanto habían compartido y que se había convertido en un lugar especial para ellos. Mentiría si dijese que no estaba nervioso. Un mes, ya había pasado un mes desde que rompieron y por fin, se reunirían cara a cara. Anna le había comentado que Elsa había aceptado la ayuda y le comentó que había aceptado más ayuda de la que habían exigido, pero no quiso decirle nada más, alegando de que se enteraría pronto. Dos días después, Elsa le escribió. Recordaba la expectativa que le causó ver la notificación en pantalla.
Hola, me gustaría hablar contigo en persona, ¿se puede?
No sabía que esperar. El mensaje era simple, entendible y no parecía esconder algún otro significado, pero causó un remolino de sensaciones. Había sido el mes más largo en mucho tiempo y verla luego de lo que pasó una eternidad, era surrealista. Su padre había estado pasando tiempo con él, como señal de apoyo. Su familia había notado lo mucho que le extrañaba y trataban de ayudarlo de alguna forma, pero sabía que era difícil para ellos también pues se habían encariñado con Elsa y sus hermanos; la separación se hacía más difícil.
–Hola, Jack – giró sobre sus talones ante el saludo y sintió su corazón dar un vuelco que pudo disimular bastante bien. La joven rubia le sonrió amablemente. No llevaba su usual trenza, llevaba el pelo suelto, manteniéndolo al margen con una diadema que solo dejaba en libertad los rebeldes tramos de su flequillo. – Me alegro de verte.
–Lo mismo digo; te ves preciosa. – comentó de manera espontánea como era habitual en él.
–Gracias; también estás guapo. – respondió, al verlo vestido más formal de lo que acostumbraba. – ¿Tienes algún plan?
–Conseguí un trabajo de medio tiempo; no es mucho, pero creo que me ayudará bastante en un futuro cercano.
–Me alegro por ti; de verdad.
–Gracias…– respondió. –Entonces, ¿para qué querías verme? – preguntó como si la ansiedad dentro de él no existiese.
–Yo…quiero pedirte disculpas, unas muy sinceras disculpas. – Simplemente, no pudo ocultar su sorpresa.
–¿Qué?
–Sé que cuesta creer, pero soy capaz de pedir perdón. – trató de bromear para aligerar el ambiente. Él le dedicó una tímida sonrisa. – No fui nada justa contigo y no debí colocarte en situaciones tan complicadas cuando lo único que querías era mi bienestar. No debí tratarte así.
–Me alegro que hayas recapacitado, Elsa; es necesario pedir ayuda de vez en cuando.
–Tienes razón; por eso pienso aceptar la ayuda del señor North, bajo unas condiciones que quiero discutir con él; iré luego de la sesión de terapia.
–¿Terapia? – preguntó notablemente sorprendido.
–Estoy asistiendo a terapia con la doctora Clark. –respondió. – No puedo seguir si mi mente no va acorde; necesito tratar aquellos temas que me están frenando y no puedo hacerlo sola. – Jamás pensó escucharla de esa manera.
–Honestamente, estoy sorprendido. –Todos sabían que las situaciones le superaban. Al parecer, ella era la única que no podía verlo. Le aliviaba saber que eso estaba en el pasado. –Acepto tus disculpas y me alegro que tomarás la decisión de buscar ayuda. Mereces estar bien.
–Gracias. – Justo allí, se volvió incómodo. Elsa admitía que no había pensado más allá de ofrecerle disculpas. No sabía cómo tratar el tema de su relación, teniendo en cuenta que, gracias a su arrebato, se había dado cuenta de que no era la mejor de todos en este asunto. – ¿Tu…quieres preguntarme algo?
–¿Qué pasará con nosotros? – preguntó de manera directa, muy a su estilo. Elsa suspiró.
–No lo sé…– y aunque fue la respuesta más sincera que pudo darle, sintió la punzada en el pecho y sabía que él también.
–Si ayuda, – comenzó el joven. – te amo. – No dijo "aun", tampoco lo dijo en pasado, lo dijo con tal nivel de convicción que Elsa se quedó en blanco por unos segundos. Ella sabía que lo que sentían estaba intacto, ese no era el problema. El verdadero punto a considerar eran otros que tenían que afrontar en solitario.
–Yo también te amo y por eso, es que no lo sé; no quiero arruinarlo de nuevo. – contestó sinceramente. –Creo que…aun necesitamos tiempo…para saber si esto realmente…– lo dijo como si sus palabras pudiesen romper todo.
¿Quién era ella para exigirle eso? ¡Fue ella la que terminó con él, quien le trató mal! Lo observó de manera expectante. Su silencio le estaba matando. Era un atrevimiento de su parte, lo sabía, pero también creía que sería lo mejor. Mientras avanzaban sus sesiones con la doctora Clark, notaba que había cosas que tenía que trabajar antes de comprometerse totalmente al que ella sabía era el indicado. No quería que cargara con sus demonios, bastante había tenido con los acontecimientos desde el inicio de su relación. Sintió que su espíritu volvía al cuerpo cuando le sonrió levemente.
–De acuerdo…
–¿En serio? – Jack se encogió de hombros. Escuchar a la gran Elsa Arendelle proclamar que 'lo ama', era suficiente. La esperanza se había instaurado en él, seguía convencido de que el sueño que tuvo hace tiempo atrás con su hija se iba a cumplir. Esto era solo un bache.
–Sabes que soy tu fiel sirviente, Reina.
–No digas eso…–le reprendió de manera juguetona. Sabía que trató de hacerlo sonar romántico, pero le salió un comentario bastante tóxico.
–Es la verdad, además…yo también tengo cosas que quiero solucionar y tratar, pero a diferencia de ti, estoy seguro de que lo que tenemos vale la pena y funcionará. – Elsa no pudo evitar pensar en el Jack que conoció en sus inicios; no quedaba nada. Frente a ella, había un joven más paciente, más coherente y con una motivación que claramente no tenía antes y le gustaba pensar que parte de eso se debía a ella. – Solo tengo una condición: tal vez no seamos pareja, pero yo quiero seguir en contacto contigo y tus hermanos. – No era la situación ideal, pero Elsa no tenía de otra.
–Conmigo, el trato no puede ser tan cercano…
–Me parece justo…–mentía descaradamente. En el momento que vio a Elsa y esta le pidió disculpas, estaba conteniéndose para no robarle un beso. El impulso seguí allí, pero tenía que controlarse, él lo había dicho antes, ella lo confirmaba: necesitaban un tiempo para cerciorarse de que aquello que sentían se mantendría intacto. Solo un experimento de confirmación pues él creía ciegamente en el lazo que compartían.
–Gracias: no te quito más tiempo, Jack; cuídate.
–Tú también, Elsa. – respondió. Ella le dedicó una hermosa sonrisa antes de darle la espalda. Mientras la veía partir, Jack sonrió. No sabía cuánto tiempo duraría esto, ni cómo lo sobrellevarían, mucho menos como sería su convivencia real en cuanto a esto. Lo que sí sabía, es que se esforzaría para cuando el momento llegara, él estuviera listo.
Con ese último pensamiento, él también comenzó su trayecto, deteniéndose cuando su teléfono vibró en su bolsillo anunciando un nuevo mensaje.
–¿Número desconocido? – intrigado, lo abrió.
"Así que tú y Anna Arendelle se conocen. ¡Que pequeño es el mundo! Mataré dos pájaros de un solo tiro."
Jackson observó a su alrededor buscando algo fuera de lo común. El mensaje le perturbó. Estaba preocupado, no por él, por Anna, pues tenía la corazonada de que sabía quién era el emisario de ese mensaje. Buscó en su directorio y marcó a la persona que podría ayudarlo de manera inmediata.
–Kristoff, ¿tienes un momento? Es importante.
Hi! Pasando por aquí luego de un buen rato, honestamente. El capítulo me ha salido más largo de lo que anticipé; espero que no se me escapara nada monumental durante la revisión. Tenía pensado actualizar en diciembre, pero se me complicó bastante, así que, solo pude hacerlo hasta ahora. Espero que les haya gustado. Gracias a: Ash, Alarzam, RosVJos, Daniela-liceth, Yuki05, Adrianafrost, Endrina y Hanha Mckenzie por sus reviews y a todos ustedes que han dado favs y follows. ¡Muchísimas gracias! Significa un montón que digan presente.
Respuesta a 'guest reviews':
Ash: ¡Hola! Sí, suelo actualizar en el aniversario y más con esta bomba que sé que no se esperaban del todo. Me alegro de que te haya gustado el capítulo y espero que este también sea de tu agrado.
Alarzam: ¡Hola! Ya venía siendo tiempo para que Elsa entendiera que era humana; ya que tocó fondo, verá las cosas diferentes. Esperemos ver como estos dos se comportan durante este tiempo. ¡Perdón por la tardanza! Es que las cosas se descontrolan, pero gracias a Dios, estamos entregando este capítulo. ¡Muchas gracias por el review; espero que este también te agrade!
daniela-liceth: ¡Hola! La actualicé dos meses después de esta y espero que pronto otra vez. ¡Me dejas saber qué te pareció!
Adrianafrost: ¡Hola! Sí, aquí seguimos, con un poco de tiempo entre actualizaciones, pero aquí. ¡Muchas gracias por el review!
Endrina: ¡Hi! Aquí les dejo un nuevo capítulo. Me alegro de que te guste la historia y con Dios mediante, seguiremos hasta el final. ¡Muchas gracias por tu review!
Sin nada más que decir, les deseo un muy feliz 2021,
Cuídense un montón, y como siempre, siéntanse en libertad de decir qué les ha parecido,
Bye!
