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Hola queridos lectores
lamento mucho la demora pero aqui esta un nuevo capitulo de este fic espero que les guste :D
nos vemos abajo
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CAPITULO 9 ENTRE CELOS Y PELEAS II
CAPITULO 9 EL HERMANO DE ALAN
El amor la ironía más grande del mundo, el misterio que nunca se resolverá pero que solo se sentirá o no se sentirá, el amor es tan hermoso y bello cuando se encuentra, sin darnos cuenta llega como dulce brisa silenciosa para envolvernos con calidez y ternura, acunarnos para así nunca más querer separarnos.
Pero ¿entonces porque tener miedo? Lo más fascinante que los dioses ven en los mortales quizás es ello, la fantástica vulnerabilidad que tienen los humanos, que experimentan solamente y mejor que nadie el amor, los celos, el enojo, la furia, el dolor, etc.
La envidia…sentimiento universal.
H.G.P.
Helga caminaba tranquilamente por la calle, había sido un buen día hasta el momento, Bob no le grito, es más estuvo más callado de lo normal, su madre parecía desvelada y cansada pero tenía una pequeña sonrisa cálida en su rostro cuando ella se despidió, dejo rápidamente a Alex y ahora esperaba el autobús, casi no lo tomaba pues no le daba tiempo pero para su sorpresa hoy alguien mas había preparado el desayuno.
Se sentía un poco más tranquila que al menos hoy no fuera como todos los días y eso la había puesto de buen humor.
De pronto sintió que alguien le empujaba aparentemente sin querer y cuando volteo a ver a la persona, se encontró con un hombre que vestía una camisa negra y un pantalón de mezclilla con unos lentes obscuros y cabello pelinegro, más alto que ella, pero no por mucho.
Este le sonrió en modo de disculpa –Lo lamento preciosa no te vi –Helga frunció el ceño molesta
-Si pues más te vale que te fijes zopenco –Murmuro ella molesta pero vio que venía el autobús de la escuela y prefiero mejor no seguir con aquella discusión con aquel hombre.
-Te puedo recompensar con un helado cariño
-No gracias, señor, además no lo conozco
Este rio por lo bajo –Te sorprendería mi edad, verías que no soy tan viejo
-No lo creo hermano, no me interesa
El hombre rio nuevamente pero el autobús ya estaba llegando justo frente a ella, por lo que decidió apresurarse a subir, al menos esa fue su intención pues sintió como una mano tomaba la suya
-¡¿Qué demonios te…?!
-Toma por si quieres que recompense el empujón –Le dio un papel que dejo en la palma de su mano –Nos vemos princesa
-¿Subirás? –Pregunto algo malhumorado el chofer.
Helga solo asintió y se apresuró a subir.
Pero no sin sentir la mirada de dos personas que ardían de molestia y celos, aunque una de ellas era más molestia.
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Arnold había visto toda la escena de aquel hombre y aunque intentaba mantener la palabra de que no celos, no podía…Helga era demasiado importante para el como para mantenerse solo como su amigo con derechos.
Simplemente quería algo más, pero maldito miedo de la rubia al creer que una vez tenerlo lo perderá.
¿Cómo lo sabría? Ni siquiera se tenían bien el uno al otro…o más bien no era como si no se tuvieran ya.
Solo un ciego no se daría cuenta, sonrió amargamente ¿Qué irónico no?
Suspiro pesadamente, tratando de controlarse pues ella se lo advirtió, no más escenas de celos, si quería seguir con ella debía respetar la regla más sagrada…nada de celos…no enamoramientos….no dolor.
Pero no funcionaba.
El sufría por no tenerla y a la vez tenerla.
Tan lejos y tan cerca, maldita inconsistencia.
¿Qué no se daba cuenta de lo hilarante que era?
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Helga estaba en su casillero, en toda la mañana no había podido hablar con Arnold, le preocupaba que hubiera visto lo de aquel desconocido aunque tampoco tenía como porque hacerle otra escena de celos, se lo dejo claro….nada de celos.
Era mejor así.
No se exponía
No sufriría
No amaría con locura
Pura atracción
Puro gusto
Pura pasión
Ja….rio por dentro amargamente
¿A quién engañaba?
Estaba frita.
-¡Hola! –"Hablando de zopencos" pensó la rubia mirando con fastidio al castaño
-¿Qué…?
-Preciosa déjame decirte que hoy te ves perfectamente hermosa y genial –Dijo Alan con coquetería
-Pues hoy tú eres más zopenco que ayer –Dijo mirando con fastidio la rosa que le ofrecía y sin decir nada dio media vuelta
-¡Espera Helga!
Ella rodo los ojos pero no se detuvo.
-¡Hey! –Protesto cuando sintió como la halaban
-Solo quiero hablar contigo
-¡¿Qué demonios quieres?!
-Te vi esta mañana en la parada del autobús y… -Respiro profundamente antes de soltar lo que quería decir –Aléjate de ese hombre y…
-No lo conozco y aunque así fuera, ese es asunto mío zopenco, así que no te metas en mi vida y ya deja de acosarme –Dijo la rubia mirándolo molesta antes de ingresar al salón donde sintió la mirada de Arnold sobre de ella.
Ella se sonrojo pero se sentó de inmediato en el pupitre de enfrente del rubio.
Arnold quizás quiso decirle algo pero en ese momento entro el profesor.
-Buenos días chicos
-Buenos días
Alan miraba con molestia a su hermano, mientras este sonreía. Arnold también lo miro pero con curiosidad y la rubia miro con sorpresa al hombre.
-Bueno antes que nada me presentare, mi nombre es Richard Redmond y seré su nuevo profesor de trigonometría, cualquier duda o algo que no comprendan me dicen –Sonrió mientras recorría con la mirada el lugar hasta toparse con unos zafiros –Bien –Sonrió mientras se mojaba los labios, Helga bajo la mirada eso no le gusto para nada, esa mirada era muy sombría –Comenzaremos con presentarnos.
Alan apretó fuertemente los puños mientras trataba de controlar un poco su molestia -¿Es tu hermano Alan?
Harold pregunto en voz baja un poco pero aun así la mayoría alcanzo a oír, incluso Richard quien sonrió burlonamente a su hermanastro.
Arnold abrió los ojos sorprendido…
Claro no había otra explicación
"Redmond", miro al pelinegro que solo tenía la mirada puesta en su rubia de enfrente, pero no era cualquier mirada, apretó los puños, eso no le gustaba, no sabía como pero no le daba buena espina todo esto, pero sobre todo era un hecho que no sería un día tranquilo en la escuela como siempre.
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Arnold sonreía dulcemente a la rubia que tenía enfrente, ella quería seguir con su juego en el closet, claro que ahora decidieron un closet de un salón alejado, era la hora del almuerzo por lo que no había mucho peligro esta vez.
Ella sonrió traviesamente una vez que cerró la puerta y le hizo una señal para que se acercara, era increíble como podía odiarla y amarla a la vez, saber que esto era una mala idea y aun así ir con tan sola una mirada de la dueña de su corazón, hacerlo perder la cordura y encender la locura, estaba perdido.
Y entonces comprendió las palabras de la rubia, al decirle que lo condenaría a muerte si realmente accedía a ser algo más del rubio, pero ¿Qué tan ciega era como para no saber que ya era hombre condenado a muerte por esto?
Sonrió de lado dejando a un lado todo y ocupándose de algo mejor, los labios carnosos de la rubia, después de un momento de un beso diferente, más apasionado y lleno de deseo, el bajo la blusa para posicionarte donde la última vez quedaron. Ella soltó un ligero gemido que le supo a gloria.
Poco a poco iba empujándola hasta posicionarla en una pequeño banquito de metal que había adentro del closet entre otras cosas. Ella sintió el bulto del rubio, dejo salir la respiración que contenía que fue electricidad para Arnold, quien comenzó a juntarse más entre la entrepierna de la rubia, quien había dejado que sus piernas se abrieran para darle espacio al rubio.
El la miro un momento con un brillo de deseo y lujuria, que no había visto pero no tuvo tiempo para corresponder nada, soltó un pequeño quejido de sorpresa cuando sintió como Arnold succionaba su seno derecho.
Se tuvo que sostener fuertemente del rubio, sentía que todas sus fuerzas la abandonaban, ese día había llevado una pequeña falta por lo que esta había quedado un poco más arriba, así que cuando el rubio termino su trabajo con su pecho, le embistió con un beso aún más lleno de pasión, mientras tomaba sus piernas bien formadas y las acariciaba sin reparo.
Helga se estremeció cuando llego cerca de su vagina, sentía que en cualquier momento podía perder la memoria si el rubio seguía y si era así ahora, se comenzaba a preocupar por como seria si se acostaban, quizás moriría.
Alguien toco tímidamente la puerta o eso le pareció a Helga.
-Arnold
Era Gerald
Helga rodo los ojos de fastidio y vio que Arnold miraba con molestia y un dejo de sorpresa hacia la puerta. -¿Qué ocurre...? –Trato de que su voz sonara lo más normal pero los espasmos de la excitación le hacían difícil la tarea por lo que salió algo rasposa.
-Creo que…es mejor que salgan –Susurro algo apresurado el moreno
Ambos decidieron hacerle caso.
-¿Qué ocurre Gerald? –Pregunto el rubio saliendo del closet con una rubia detrás.
Gerald se sonrojo levemente
-Alan le aviso…escuche…y entonces
-¿Qué pasa cabeza de cepillo? Por favor termina lo que tienes que decir.
-El profesor Richard, los anda buscando ya seguramente
-Vamos –Arnold tomo la mano de la rubia y salió junto con Gerald del salón.
Cuando salieron se toparon con el castaño quien seguramente también se había dado la tarea para buscarlos, en cuanto los vio, miro con molestia al rubio.
-¿Qué acaso no puedes controlarte un poco Arnold? O de mínimo deberías tener un lugar más privado ¿No crees? O ¿Sigues siendo tan pobre como cuando éramos niños?
Arnold lo tomo de la playera empujándolo completamente hacia la pared del otro lado, Helga se sorprendió y no pudo moverse de su lugar, Gerald se acercó más rápidamente al rubio.
-Arnie
Arnold lo ignoro completamente
-Si vuelves a meterte conmigo o con Helga, tendré que romper tu hipócrita sonrisa del rostro –Dijo entre dientes conteniendo su ira -¿Qué acaso estas tan celoso que no puedes hacer más que ver la vida de los demás? ¿O es que te interesa tanto lo que hagamos mí…Helga y yo?
Alan sonrió de lado –Solo ella.
-Pues entérate idiota, ella no sabe ni que existes, así que aléjate –Lo empujo una vez más contra la pared, Alan hizo una mueca de molestia al sentir el impacto pero no le daría el gusto.
-Ella puede decírmelo ¿No?
Helga en ese momento ya se había acercado tomando el brazo del rubio –Ya te lo había dicho
-Solo deja de estar de chismoso, deja de molestarnos –Arnold lo soltó y se dejó halar por sus amigos.
Alan se tomó el hombro derecho, quejándose un poco por el dolor que tenía ahora gracias al rubio.
-Bien Arnold –Dijo el castaño sonriendo con molestia –Ahora si ya verás quien soy
A lo lejos un pelinegro miraba entre las sombras la escena sonriendo –Bien hermanito esto será más divertido de lo que pensé, lo malo es ese idiota rubio que anda danzando alrededor de mi mercancía como mosca, tendré que hacer algo para quitarlo de en medio antes de que arruine mis planes con la pequeña hermanita bebe de Olga.
Hola queridos lectores
lamento mucho haberme ausentado tanto tiempo pero como dije la semana pasada tuve un pequeño accdiente, ahorita estoy regresando a mis actividades normales, espero que el nuevo capitulo les haya gustado
Mil gracias a todos por sus hermosos reviews y su paciencia, espero sus comentarios
por favor no olviden dejar su voto tambien
saludos
