Día 9: Sangrante
Samanta Wolf frunció el ceño, entre fastidiada e incómoda.
La niña estaba sentada en el sillón del pequeño salón del segundo piso de su departamento, en donde la tienda de electrodomésticos estaba claramente cerrada, ya que eran pasada la media noche.
La niña solo tenía puesto una polera corta encima y sus pantalones, mientras fruncía el ceño, pasando con sumo cuidado un paño con alcohol para limpiar una fea herida que tenía en su costado.
Una herida provocada por un Kopierer durante una de las rondas de ese día. Específicamente por una Espina, esas armas tan peligrosas y que pueden llegar a ser un incordio a la hora de pelear. Si un digimon salía herido por una de esas cosas, era posible sanar la herida usando un antídoto, o un campo digital especial para sanar, pero con los humanos era muy diferente.
Para la piel humana, las espinas, sin importar el efecto que tuvieran, era como un ácido, así que un campo digital no servía mucho para tratar y sanar esas heridas.
Era por eso que Samanta estaba atendiendo su herida a la antigua, con ayuda de un botiquín de primeros auxilios en la mesa de centro frente a ella. Se podían ver los frascos de alcohol, algodón, gaza, y paños con sangre seca repartidos en la mesa.
Haber sido herida de esa forma en una simple ronda… Parece que ella aún tenía que seguir descansando, después de todo el incidente con Gaiomon y su ataque en la escuela fue bastante grave.
Pero, como le enseñó Tagiru, su objetivo no debía ser la venganza. Era proteger a su familia y amigos.
Proteger a Jäger.
Y para lograrlo, ella debía cuidarse más… para que así su plan final funcione.
Lo bueno para la niña, es que todos los miembros de Jäger dormían profundamente dentro del xros loader plateado, así que nadie podía molestarla ni hacer un escandalo. Bueno. Todos excepto Sky, quien parecía estar demasiado concentrada en algo en especial…
Samanta tenía una teoría de lo que estaba haciendo su hermana mayor… No es que le gustara, pero…
Bueno… Debía confiar en ella. Sky tenía que aprender a ser responsable de sus acciones. Aunque parece que Wizardmon también notó el extraño comportamiento que había tenido la niña de orejas de liebre durante esos días…
Samanta terminó de limpiar su herida, tirando el paño sangrante al basurero, fastidiada y adolorida.
Ahora llegaba la parte que ella más detestaba: suturar la herida.
Ella podía aguantar moretones, e incluso uno que otro corte. Lo que más le fastidiaba eran los huesos rotos, y tener que suturar la herida… La sola idea de coser su piel para cerrar su herida…
En situaciones así extrañaba a Kokoromon, y lamentaba que los campos curativos de Jäger no pudieran sanar heridas provocadas por Espinas en carne humana.
Reprimiendo un suspiro, la niña alargó el brazo para sacar del botiquín la aguja e hilo…
"¡Jefa!"
Samanta se detuvo de inmediato al escuchar la voz de su hermana por medio de una melodía, por lo que frunció el ceño, seria.
Si no fuera porque la voz de Kokoromon se escuchó tan desesperada y asustada, la Jefa estaría fastidiada por escucharla justo cuando tenía que cerrar su estúpida herida.
