Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi. Fanfic traducido sin fines de lucro.
Capítulo 2
—Sí, soy yo —Ranma respondió despacio mientras miraba a la chica de cabello corto, confundido del porqué de pronto se había enojado.
Ryoga y Ukyo se miraron desconcertados antes de devolver la atención a sus amigos.
— ¿Se conocen? —el hombre del colmillo preguntó.
—No, nunca antes la había visto —Ranma respondió sin dudar antes de adoptar una sonrisa que sabía que a las mujeres les encantaba—. Recordaría a alguien tan hermosa como tú —añadió con un guiño.
Akane puso los ojos en blanco.
—Debes estar bromeando. ¿De verdad, no me recuerdas?
— ¡Así que sí se conocen! —Ukyo exclamó sorprendida.
—Oh, sí. Nos conocemos muy bien.
Ranma arqueó las cejas. Le era extraño que esta chica pareciera tan segura de que se habían conocido antes y si su reacción era un indicio, hizo algo que la encabronó. Se preguntó vagamente si se había acostado con ella y nunca le había llamado después.
Dio un pequeño paso hacia atrás para darle un buen vistazo, y no solo a las partes divertidas a las que usualmente también ponía atención. Comenzó con los botines que llevaba, dejó que sus ojos recorrieran sus piernas descubiertas que parecían no tener fin antes de llegar a la falda corta con la que había estado tan fascinado. Su mirada subió a su estrecha cintura antes de aterrizar en los turgentes senos que tenía a la vista.
No, no se había acostado con ella. Definitivamente, se habría acordado de haber jugado con esos pechos. Tenía un buen par de tetas.
A regañadientes, posó los ojos en su largo y delgado cuello, y regresó a su cara. Sus ojos estaban maquillados en un sexi estilo ahumado, sus mejillas sonrosadas por bailar o por rubor, no lo sabía, y esos voluminosos labios que estaban fruncidos, pero brillantes gracias a su labial. Normalmente le gustaban las chicas con cabello largo, pero el cabello corto azulado (que estabas peinado con los costados hacia atrás y volumen en el medio, dándole una apariencia atrevida) parecía favorecerle a la chica. ¡Eso era! Tal vez cambió su apariencia desde la última vez que se vieron.
—Umm, ¿te cortaste el cabello o algo desde que nos conocimos? —Ranma preguntó con optimismo.
—No.
Ranma se frotó la nuca, perdido.
— ¿Cómo es que lo conoces? —preguntó Ukyo.
—Tuvimos una cita.
— ¿En serio? —Ranma respondió sorprendido.
—Sí, en serio —dijo exasperada—. Hace cinco horas.
Ranma se rio. De ninguna manera, la mujer sexy parada frente a él era la chica conservadora con la que había cenado hace poco. Y justo así, se lo dijo.
— ¡De ninguna manera! Eres demasiado sexy para ser esa chica que era demasiado remilgada y propia con una cintura gruesa —dijo moviendo la cabeza—. Tenía un vestido nada favorecedor que…
Le dio un último repaso antes de mirarla nuevamente a la cara y finalmente se dio cuenta. Los ojos del chico de la trenza se ensancharon en señal de reconocimiento e incredulidad.
—Akari, no, mmm, Aiko no, Ami… —dijo con la cara arrugada, su cara se iluminó y chasqueó los dedos—. ¡Akira! Eso es. Akira, ¿cierto?
—Es Akane —la peliazul dijo con los dientes apretados.
—Espera, ¿este es el chico con el que saliste hace rato? —Ukyo exclamó incrédula antes de acercarse a su amiga.
—Sí. ¿Ahora me crees? —preguntó con una ceja arqueada.
—Definitivamente —la cocinera dijo negando con la cabeza. El muchacho era bien parecido se lo tenía que reconocer, pero tenía un serio caso de que su lengua corría más rápido que su cerebro.Le dio una palmada en el hombro a su amiga en señal de apoyo y la apartó a un lado.
—Lo siento. No sabía que él estaría aquí.
—Desde luego que no sabías que estaría aquí. No te disculpes, no es tu culpa. Solo es una rarísima coincidencia que nadie habría predicho. —Akane suspiró y se frotó los cerrados ojos—. Definitivamente, debí haberme quedado en casa. Podría estar comiendo helado en mi pijama viendo una película en este momento —añadió con nostalgia.
—Bien. Entonces, vámonos. Nos podemos parar en algún negocio camino a casa y llevar ambos. Junto con crema batida y mucho chocolate.
Akane sonrió. Era tan propio de Ukyo deshacerse de su cita cuando se enfrentaba a una amiga molesta, y la peliazul la amaba por ello. Después de todo, eran mejores amigas; ella habría hecho lo mismo si la situación fuera al revés.
Negando con la cabeza Akane dijo:
—No, está bien. Ya estamos aquí y has estado esperando con ansias por esto. De ninguna maldita manera dejaré que ese imbécil arruine más mi día. Solo voy de rápido al baño. Te veré cuando haya terminado. —Tomó la mano de su amiga y la apretó antes de irse.
Ukyo observó a su amiga mientras se alejaba preocupada, con el ceño fruncido en el rostro. Normalmente ella la acompañaría al baño para asegurarse que estuviera bien, pero sintió que Akane necesitaba un momento a solas. Volteó y vio a Ryoga hablando con su amigo.
— ¿Qué demonios hiciste, Ranma?
— ¡Nada! —se defendió automáticamente.
— ¡Ranma!
—Ella era la cita a ciegas de la que te conté. Ya sabes, la que mis padres arreglaron. Bueno, temí que fuera a terminar con una chica tan loca como Shampoo. Así que...decidí asegurarme que no se prendara de mí.
— ¿Y cómo hiciste eso? —el chico del colmillo preguntó con un gruñido.
Ranma se encogió de hombros y se frotó la nuca. Sabía que había sido un patán durante esa cita, pero solo hizo lo que tenía que hacer. Nunca pensó que la vería de nuevo, mucho menos tan pronto.
—No importa —dijo ignorando la pregunta—. Me disculparé, ¿de acuerdo?
—Bien.
Ryoga miró a la chica con quien estaba saliendo, ella los había estado observando por un rato. Sabía que las chicas hablaban entre ellas y juzgaban a los chicos por sus amigos.
Le dio un puñetazo a su amigo en el pecho y le dijo en un tono bajo:
—Será mejor que no me hayas arruinado esto o te daré una paliza.
Ranma volteó los ojos y dijo:
—Puedes intentar.
Ryoga apretó las manos por un momento ante el menosprecio, pero decidió dejarlo pasar. Agarrarse a golpes con su mejor amigo, sin importar que fuera de forma amistosa, no impresionaría a la chef. Además, Ranma ya había tenido suficiente de su atención esa noche, así que se dirigió hacia Ukyo esperando que su cita no se hubiera arruinado tan temprano.
Después de dejar el baño de damas y todavía sintiéndose... irritada, sería la palabra que ella usaría, Akane decidió que sería prudente tomar el camino más largo antes de reunirse con su pequeño grupo. No quería arruinarle la noche a Ukyo y tampoco quería arriesgarse a estar cerca de Ranma más que para lo absolutamente necesario.
Ya molesta por la cita, el hecho que él no la reconociera en lo absoluto había sido insultante. Que la hubiera llamado simplona mientras al mismo tiempo la llamaba sexy, sin mencionar lo de cintura gruesa, había sido otro golpe en la cara. La irritaba sin fin. No era una mujer vanidosa; no dependía de su apariencia o la usaba para salirse con la suya. Sin embargo, sabía que era atractiva; la cantidad de gente que la había alabado por su apariencia le era difícil de ignorar. Odiaba admitirlo, pero ambos encuentros con el fastidioso de Saotome habían herido su ego.
Sacudió la cabeza, frustrada por cómo había transcurrido su día. Respiró profundamente y trató de relajarse antes de dirigirse a la barra. Rápidamente atrajó la atención del bartender cuando le mostró una sonrisa, ordenó vodka con jugo de arándanos con hielo. Cuando le entregó la bebida, buscó dinero en su bolsillo, pero repentinamente alguien deslizó unos billetes en el mostrador frente a ella.
—Ya lo tengo. ¿Me puedes dar un gin-tonic también? Quédate con el cambio.
El bartender lució ligeramente decepcionado ante la nueva llegada, pero tomó los billetes y fue a servir la otra bebida.
Akane tomó su trago y se volteó hacía el desconocido, con la intención de devolverle el dinero de su bebida. Aunque era alargador que los chicos se ofrecieran a comprarlas, realmente no estaba de humor para lidiar con alguien que ni siquiera le había pedido permiso primero.
Se volteó con una sonrisa amable en el rostro.
—Gracias pero puedo comprar…
—Su sonrisa se desvaneció cuando vio quien era—. Oh, eres tú. —Lo miró por un momento sin saber qué hacer—. Gracias —dijo rígidamente antes de darle un trago a su bebida y alejarse de la barra, y del hombre frente a ella.
Justo en ese momento, llegó el bartender con el pedido de Ranma, lo agarró antes de ir tras la chica. De verdad le molestaba que ella lo despachará tan fácilmente, pero sabía que se merecía ese trato. Si algún chico se hubiera comportado así con su hermana, le habría dado una paliza al bastardo hasta dejarle inconsciente.
La alcanzó en una de las mesas cuando se detuvo para dejar su copa. Le colocó su mano en el hombro, tratando de llamar su atención, pero eso causó que se pusiera rígida y se alejara rápidamente de él. Se volteó de manera rápida y lo miró con furia antes de relajar los hombros y poner los ojos en blanco.
—Oh, eres tú de nuevo.
—Sí, soy yo de nuevo. ¿Quién creías que sería? —pregunto molesto.
— ¿Querías algo? —dijo ignorando por completo su pregunta.
Suspirando Ranma se pasó la mano por la nuca. Odiaba disculparse con la gente.
—Mira, sé que me comporté como un patán en la cena. No debí haberte tratado así. Lo siento.
Ya estaba. Dulce, corto, y hecho.
Akane puso las manos en las caderas y frunció el ceño. « ¿De verdad cree que se va librar tan fácil?», pensó para sí. Continuó mirándolo fijamente sin parpadear.
Sintiéndose cada vez más incómodo ante su dura mirada, Ranma añadió:
—Mira, no fue nada personal, ¿sí? Mis padres me orillaron a salir contigo y he tenido malas experiencias con las citas a ciegas que me han arreglado. Así que fui grosero contigo a propósito, esperando que la cita terminara tan rápido como fuera posible.
— ¿En algún momento se te ocurrió que yo tampoco quería estar ahí? ¿Qué fui obligada por mi padre? Podrías haberme dicho en cuanto nos conocimos que no estabas interesado y cada quién pudo irse por su lado o, peor aún, sentarnos ahí educadamente y cenar rápido.
Ranma se encogió de hombros.
—Sí, se me ocurrió, pero de ninguna manera pudimos solo habernos despedido. Le prometí a mamá que te llevaría a cenar y ella siempre sabe cuándo estoy mintiendo.
—OK, pero al menos, ¿no pudiste haber sido educado conmigo? Pudimos haber cenado e irnos en términos amistosos.
—Bueno, no quería arriesgarme a que te prendaras de mí, así que actúe como un imbécil —dijo de manera franca.
Akane lo miró confundida tratando de descubrir qué era lo que él había estado pensando.
—A ver, me estás diciendo ¿qué? Que pensaste que me enamoraría de ti a primera vista y no sería capaz de resistir… ¿tu personalidad encantadora o tu magnetismo sexual? —preguntó sarcásticamente.
Ranma frunció el ceño. Cuando ella lo decía de esa forma, sonaba tonto. Se aclaró la garganta y respondió:
—Algo así.
Akane se quedó en shock. Nunca antes había conocido a alguien tan ególatra. Sí, seguro; Ranma era un chico apuesto, incluso en su estado de enojo no podía negarlo, pero que pensara que ella, o cualquier chica, se enamoraría de él solo por su apariencia era ridículo.
El chico de la trenza se sintió aún más molesto cuando repentinamente la chica delante de él comenzó a reír. Reía tan fuerte que tuvo que agarrarse de los costados y algunas lágrimas salieron de sus ojos.
Sintiéndose mejor al respecto, Akane tomó su bebida y solo negó con la cabeza.
—No tienes nada de qué preocuparte, Ranma. Tu plan funcionó, no hay manera que me enamore de ti.
Ranma frunció el ceño mientras la observaba marcharse.
— ¿Estás bien?
—Sí, estoy bien. No te preocupes.
Ukyo vio a su amiga con preocupación, pero notó que parecía más animada de lo que había estado en toda la noche.
— ¿Pasó algo?
—Sí, pero no es nada importante ya te contaré más tarde.
Le tomó la palabra y la chef asintió.
—Okay.
Ukyo tomó a su amiga de la mano y la llevó hasta donde su pequeño grupo había estado sentado. Cuando llegaron hasta el grupo, su pareja se levantó de inmediato para saludarlas.
—Ustedes dos aún no se han conocido oficialmente. Akane, este es Ryoga. Ryoga, Akane.
Los dos se dieron una reverencia cortésmente antes de tomar asiento.
—Así que, Ryoga, ¿por qué no me hablas un poco de ti? —preguntó amablemente.
El hombre del colmillo solo rio de manera fuerte y nerviosa por un momento antes de sonrojarse ante la aparente atención. Junto a él, los ojos de Ukyo brillaban divertidos y la mujer peliazul se relajó mientras los veía interactuar.
Akane finalmente se estaba divirtiendo. Se encontró con unas cuantas amigas más, así que no se sintió como el mal tercio entre Ukyo y su nuevo novio. A veces era un poco tímido y torpe, pero, a pesar del pésimo gusto que tenía en cuanto a sus amigos, Ryoga parecía un buen chico.
Era obvio que estaba enamorado de su mejor amiga; nunca se alejaba más que unos cuantos metros de ella, rápidamente se ofrecía a traerle otra bebida y no le había metido mano de más mientras bailaban. Tenía que pasar más tiempo con él para dar un veredicto final, pero estaba satisfecha que no fuera algún sociópata o alguien que solo quisiera un acostón con la chef. Fue divertido observarlos juntos mientras se descubrían el uno al otro.
También la ayudó a ignorar a cierto hombre de trenza, pero por más que trataba de no pensar en él, parecía verlo dónde quiera que iba. Así que se propuso evitarlo siempre que fuera posible.
De verdad que no la entendía. Se vestía así, mas parecía no gustarle la atención que su atuendo atraía. O no le gustaba cierto tipo de atención.
En un principio, le tomó algo de tiempo darse cuenta. Muchos hombres se habían acercado invitándola a bailar, o eso asumió él, pero a la mitad los había rechazado y con la otra habló, de ellos bailó con incluso menos. Primero pensó que se estaba deshaciendo de los perdedores y sólo hablaba con los que le parecían los más atractivos, porque eso es exactamente lo que él habría hecho. Pero cuando comenzó a bailar con uno de los chicos con la apariencia más nerd que había ahí, desechó esa teoría.
¿Cómo estaba eligiendo a estos hombres? ¿Por cómo vestían? ¿Por quiénes parecían tener más dinero? Y entre más observaba más confuso se sentía.
Había una serie de jóvenes maniobrando para aproximarse a ella, lo cual no lo sorprendió. La gama variaba de bajos a altos, de delgados a corpulentos, de mal a bien vestidos. Y con el tipo de chicos con los que ella bailaba también parecía variar mucho ya que no había secuencia o patrón en sus acciones.
No fue hasta que vio a un sujeto con el que bailaba estirar el brazo, tomarla de las caderas y jalarla hacia él. Ella inmediatamente se zafó de su agarre. Tuvieron un corto intercambio de palabras antes que lo dejara solo en la pista de baile. Después de ese incidente, fue sencillo para él entender. No era quién le pedía bailar sino como se lo pedía lo que importaba.
Cualquiera que se acercara a ella y la agarrara o tocara de cualquier forma era rápidamente rechazado. Con esa información, la mirada que le dio antes cuando él le tocó el hombro tuvo mucho sentido.
Los chicos que la invitaban de manera normal, pero le terminaban diciendo algo vulgar acababan llevándose una fría mirada antes de que les pidiera largarse. Un imbécil ebrio le sugirió que se le uniera en uno de los cubículos del baño. Ella lo miró de tal manera que haría que las bolas de cualquier hombre se le encogieran dentro del cuerpo y el idiota se marchó rápidamente. Ranma no podía culparlo, ya que el aura oscura que ella desprendía lo hizo sudar un poco.
La música estaba fuerte; solo supo lo que estaba ocurriendo porque fue testigo de toda la interacción cuando de casualidad pasaba por ahí. No era su culpa que el lugar estuviera abarrotado y no tuviera más opción que acercarse dónde ella estaba parada para poder pasar. No, no era su culpa en absoluto.
También notó que ella no bailaba con una sola persona por mucho rato. Una canción y dejaba a los chicos para poder volver con sus amigos. No la había visto dar su número a nadie, pero sí la vio aceptar algunas tarjetas de presentación.
¿Y cómo vio todo esto? Porque no importaba dónde él o ella estuvieran, su mirada parecía encontrarla toda la maldita noche. Eso le molestaba.
Tampoco tenía idea porqué. Si bien ella era una de las mujeres más atractivas del lugar, había otras que eran igual o más. De hecho, había estado conversando con una que parecía más que interesada en él, pero no podía apartar sus ojos de ella. Distraído, terminó dando una patética excusa sobre volver con sus amigos y tomó su número.
No tenía idea qué era lo que ella tenía que le interesaba tanto. Era difícil entenderla a diferencia de muchas chicas con las que salía. Lo sorprendió en la cena yéndose, pero pagando su parte primero. La mayoría de las mujeres con las que salía estaban más que contentas con él pagando por todo. Luego estaba la manera en cómo se vestía. ¿Cómo una persona pasaba de ser Mary Ann a Ginger* tan fácil? ¿Quién era, la chica de al lado o la arpía?
Quizás estaba tan concentrado en ella porque se sentía culpable por la forma en que la había tratado con anterioridad. Descubrió que posiblemente fue el desafío que sin querer le había lanzado. Ella diciéndole que de ninguna manera se enamoraría de él solo hizo que quisiera demostrarle que estaba equivocada. Porque si había algo que Ranma Saotome amaba, era un desafío. Eso era, no era otra cosa. Sip, no había nada más.
Así que trató de apartar sus pensamientos de ella e intentó ignorarla. Pero con un demonio que no funcionó.
Lo peor fue que mientras él estaba tan preocupado por ella, la chica se la estaba pasando de maravilla. Posiblemente, ni siquiera había pensado en él desde la última vez que hablaron.
«Eso está bien. Era lo que querías», el chico de la trenza pensó. Y entre más se lo repetía, no podía evitar sentirse molesto al respecto.
Joder. Necesitaba otro trago.
— ¿Y bien, Akane, cómo estuvo tu cita?
La susodicha se tensó un poco con la pregunta. Sabía que su padre la interrogaría tarde o temprano, pero ya había resuelto cómo responderle.
—Estuvo bien, papá.
—Oh, ¡es maravilloso! Entonces, ¿cuándo van a volver a salir?
—No lo haremos.
— Pero... ¿por qué?
—Porque en realidad no es mi tipo y sinceramente tampoco soy el suyo.
—Pero solo fue una cita, ¿cómo puedes estar tan segura?
—Fue bastante obvio.
— ¿Y por qué no salen otra vez? Nunca se sabe. Las chispas podrían surgir esta vez.
«Oh, sí hubo chispas. Solo que no de las buenas,» pensó para sí.
—Papá...
—Solo una cita más. ¿Qué daño podría hacer?
«De él, mucho».
—No. Dijiste que no me obligarías a una segunda cita mientras fuera a la primera.
Akane cruzó los brazos sobre su pecho e hizo algo que no hacía a menudo, mirar con furia a su padre. Viendo que en efecto hablaba en serio, suspiró audiblemente y asintió con la cabeza.
—Por supuesto. Tienes razón. Que tonto soy.
Soun le dio una sonrisa tranquilizadora y salió de la habitación, planeando. Era un hombre de palabra y no forzaría a su hija a tener otra cita con el joven Saotome, pero había muchas formas de pelar a un gato.
La menor de los Tendo entrecerró los ojos a su padre. Si bien había obtenido lo que quería, había esperado que él insistiera más. Sospechaba un poco de que su padre se resignara tan rápido, pero no había mucho que pudiera hacer al respecto.
Al día siguiente, Akane había pasado tiempo con sus amigas cerca del campus. Había vivido durante dos años en los dormitorios, pero había vuelto a casa para el final del segundo. Había disfrutado vivir lejos de su familia, amaba la independencia de estar por su cuenta, pero había decidido regresar a casa con su padre, quien parecía tan solitario viviendo en un lugar tan grande para él solo.
Él era un miembro orgulloso del concejo ciudadano, lo cual lo mantenía ocupado y le daba una buena oportunidad para socializar con hombres de su edad. Todavía enseñaba en las ocasionales clases del dojo. Impartía lecciones de autodefensa a las mujeres del vecindario dos veces a la semana y clases de principiantes para niños pequeños durante el día. Si había algo que su padre adoraba, era a los niños chiquitos.
Había permanecido soltero desde la muerte de su esposa hace mucho tiempo, a pesar que muchas mujeres habían mostrado interés por él a lo largo de los años. Lo más embarazoso para Nabiki y Akane fue cuando su nueva, muy joven y muy hermosa maestra de preparatoria, que lo conoció en una reunión de padres y maestros, se enamoró de él de inmediato. Tanto así que la mujer, normalmente confiada y segura de si misma, comenzó a actuar como una adolescente encandilada durante la reunión. Las hermanas Tendo tuvieron que enfrentar muchos encuentros incómodos con la maestra cuando comenzó a poner excusas endebles para visitar la casa de la familia. Tristemente para la profesora Hinako, el patriarca de los Tendo nunca detectó ninguno de sus descarados coqueteos. Él comentaba que era agradable ver a una maestra tan devota a sus estudiantes.
Su hermana mayor, Kasumi, se había mudado a Hokaido a hacer su residencia. Poco después de comenzar en el hospital local, empezó a salir con uno de los médicos del personal. Se comprometió con el doctor Tofu Ono dos meses después. Su padre estaba inmensamente feliz con la noticia. Parecía más contento que cuando su hermana se graduó de la facultad de medicina.
Su hermana de en medio, Nabiki, no solo se había mudado de casa sino de Japón inmediatamente después de graduarse de preparatoria. Estaba por terminar su último año en la Universidad de Stanford, en los Estados Unidos, y había estado saliendo con alguien de su universidad durante un año. Era muy discreta con cualquier información sobre su novio, pero eso no era nada nuevo para una chica tan independiente como ella. Rara vez iba a casa, pues prefería pasar las vacaciones con sus amigos o novio, y su padre estando tan lejos de ella poco podía interferir en su vida.
Por lo tanto, el patriarca de los Tendo había enfocado todas sus amorosas, erróneas y casamenteras atenciones en su hija menor.
Akane sonrió cuando vio la entrada de su casa. Desde que era niña, las cenas familiares los domingos por la noche habían sido una tradición. Ahora que la mitad de la familia se había ido, podría pensarse que dicha tradición desaparecería, pero eso solo hizo que ella misma se empeñara en mantenerla viva. Nunca hacía planes para esa noche y se aseguraba de estar en casa para pasar tiempo con su padre.
— ¡Estoy en casa! —la peliazul anunció cuando entraba a su casa.
— ¡Estoy en la sala, Akane!
Después de quitarse los zapatos, suéter y bolso, Akane se dirigió a la sala donde se sorprendió al ver que su padre estaba en la mesa tomando el té con unas visitas. Puso una sonrisa amable en el rostro mientras miraba a su alrededor. Sus ojos se posaron sobre un hombre bastante corpulento con lentes de armazón metálico, usando una pañoleta y un gi blanco. Junto a él, estaba una atractiva mujer mayor de finas facciones, cabello castaño oscuro atado en un simple, pero elegante chongo, vistiendo un kimono tradicional azul adornado con flores blancas. Del otro lado de la mesa, estaba una hermosa joven pelirroja con una blusa blanca con cuello Mao con unos pantalones negros. La chica le sonreía ampliamente a Akane y tenía una extraña mirada de regocijo en el rostro. La peliazul ladeó la cabeza y le devolvió la sonrisa con entusiasmo, descubriendo que ya le agradaba la chica más joven. Y junto a ella estaba…
— ¿Ranma? —preguntó mientras su rostro se mostraba confundido.
Él le dio una mirada avergonzada mientras bajaba la vista y se frotaba la nuca.
—Perdón por esto…
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Mary Ann y Ginger son dos personajes de la serie "La Isla de Gilligan," se refiere a dos tipos de chicas. La primera haciendo referencia alguien de apariencia dulce, linda y amable; mientras la segunda, la sexi y traviesa.
N/A: En mi mente, Nabiki tiene un amorío con un profesor casado, un hecho que le esconde a su familia. Y como ella no me agrada, no tendrá participación en esta historia, así que quería compartir esta información aquí. Espero les guste los sutiles cambios que le he hecho a la familia Tendo.
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N/T: Nunca me va a terminar de convencer la traducción de este capítulo, pero bueno, aún así espero les haya agradado. Muchas gracias a todas aquellas personas que añadieron el fic a sus favoritos o le dieron seguir. Así como a Shani Gosunkugi por su review. Si todo va bien, subiré un nuevo capítulo en un par de semanas.
Gracias por leer.
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