Los personajes de Ranma son propiedad de Rumiko Takahashi. Fanfic traducido sin fines de lucro.
Omake: El túnel del amor perdido
Vestida en una tradicional yukata y sandalias geta, la mano derecha de Ukyo estaba enroscada con la de su novio mientras paseaban por el Festival del Tanabata. Ella tenía un inusual domingo libre, gracias a un montón de planeación y cambios de turnos, pero había valido la pena si tenía que pasar todo el día con Ryoga. Hasta ahora, habían ido a una rueda de la fortuna, jugado algunos juegos del carnaval, y probado mucha deliciosa comida callejera. Había disfrutado todo, pero por mucho la mejor parte había sido la visita con el vendedor de bambú .
Después de que un vendedor les hiciera señas, ellos se acercaron curiosos sin saber qué esperar. Cuando el vendedor comenzó a contarles sobre la legendaria promesa de que cualquier pareja que escribiera sus nombres en el pergamino y los colocará sobre las hojas de bambú estaban destinados a casarse, ella se comenzó a preocupar. Aunque tenía la sensación de que Ryoga podría ser El Elegido, no tenían mucho de estar saliendo. Ni siquiera se habían dicho aún esas dos palabritas. Eso no quería decir que estuviera confundida con sus sentimientos. Ella se había enamorado rápido y fuerte del chico. No era difícil ya que era genuinamente dulce y afectuoso. La trataba como una princesa, siempre era un caballero, pero al mismo tiempo la ponía en su lugar cuando lo necesitaba.
Trató sutilmente de alejarlo, sin querer que el asunto del matrimonio hiciera que su día, por demás agradable, incómodo. Ryoga, no obstante, se rehusó a moverse y se limitó a escuchar al hombre de forma cortés antes de sacar su billetera y pagar por una tallo y un pergamino. Se desplazó a una mesa de al lado y ella lo miró un poco de forma desorbitada mientras lo observaba inclinarse y escribir su nombre sobre el pergamino antes de pegarlo a una hoja con una calcomania en forma de estrella dorada.
Cuando terminó, Ryoga dio la vuelta hacia su cita y sonrió ante la confusión en su rostro. Había tenido en mente decirle como se sentía respecto a ella. Sin embargo, cada vez que lo intentaba, fallaba. No porque estuviera inseguro de sus sentimientos sino porque no sabía cómo decirselo. Nunca fue bueno con las palabras y esperaba no haberla cagado.
—No tienes que escribir el tuyo si no quieres, lo entenderé. Solo quería que supieras cuál es mi postura.
Era una declaración muy simple. Una promesa de un futuro juntos sin una declaración. Sin presión. Dada de una forma tan libre y honesta que su corazón parecía que se hinchaba en su pecho y sus ojos con lágrimas de felicidad. Pero las contuvo ya que eso sería demasiado vergonzoso. Ella no dudo en escribir su nombre en el otro pedazo de pergamino antes de ponerlo junto al suyo.
Ukyo bajó la mirada hacia el bambú que sostenía en la mano izquierda y no pudo evitar la amplia sonrisa que se extendió por todo su rostro. Alzó la mirada y lo vio con admiración. No era de los que se vestían de gala, su vestimenta siempre era sencilla, pero vaya que lucia bien. Sus pantalones de mezclilla eran lo suficientemente entallados para amoldarse contra ese increíble culo. La ajustada camiseta que mostraban esos brazos musculosos con las que podía levantarla fácilmente. Esos firmes labios a los que amaba besar, sin mencionar como usaba esa talentosa lengua para complacerla. Definitivamente iba a tener que mostrarle su aprecio cuando volvieran más tarde a casa, pero apartó la mirada, dándose cuenta de que se estaba excitando demasiado. Si no dejaba de mirar ese cuerpo de Adonis, no sería capaz de esperar para más tarde.
—¿Quieres entrar? —Ryoga preguntó, sacándola de sus pensamientos lujuriosos.
Ukyo alzó la mirada para ver que estaban enfrente de lo que parecía una casa embrujada llamada: El túnel del amor, arrugó la nariz. Odiaba las casas embrujadas. No sabía porqué la gente se asustaba en esas cosas, siempre estaban llenas de gente luciendo vulgar saliendo al azar.
Confundiendo su desinterés con recelo, el hombre del colmillo dijo:
—No te preocupes, estaré ahí si te asustas.
Estaba a nada de que se le escapara un carcajada ante esa idea cuando se dio cuenta de que el lugar estaría osuro. Podría usar el estar asustada como excusa para agarrarse de él y provocarlo en el proceso. Amaba calentarlo al inicio de sus citas porque por experiencia sabía que para cuando estuvieran solos él la tomaría tan pronto cruzaran la puerta. Amaba cuando se ponía enérgico con ella. Maldición, se estaba humedeciendo de solo pensarlo.
Además, no haría daño fingir estar asustada. Por otros chicos con los que había salido, sabía que podía ser frustrante salir con una mujer tan independiente como ella. Así que de vez en cuando le pedía a Ryoga ayuda para hacer cosas que podía realizar ella misma, usualmente levantar cosas pesadas. Lo haría sentir varonil "protegerla" de todos los gran y aterradores monstruos. Su ego se hincharía mientras ella estaría ocupada hinchando algo más.
Mordió su labio, y alzó la mirada con ojos de cachorro.
—¿Prometes que no me dejarás?
—Claro que no —dijo, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros.
—Bueno, mientras me mantengas cerca —dijo con vacilación. 《Dios, espero no estar exagerando》,pensó.
El pecho de Ryoga se infló un poco mientras los conducía adentro. No era frecuente que su novia lo necesitara para algo, pero cuando lo hacía siempre le hacía sentir bien que ella pudiera confiar en él, incluso si solo era para mover los muebles.
Tan pronto como atravesaron el faldón, se volvió casi completamente oscuro, solo había suficiente luz para iluminar un angosto pasillo al frente.
—No creo que podamos cruzar uno al lado del otro.
—Entonces, irás primero, ¿Okay?
—Seguro —dijo, comenzando a avanzar.
Ryoga únicamente se detuvo por un momento cuando Ukyo agarró y envolvió su brazo. No pudo evitar más que sonreír por la forma en la que ella se aferraba a él. Gruñó un poco cuando sintió sus senos frotarse contra él. La chef sonrió de que por la oscuridad se escondiera su sonrisa traviesa.
Entraron a una habitación oscura con lunares coloridos por toda la pared. Ukyo se movió para pararse al lado de Ryoga mientras observaban con curiosidad. La habitación parecía completamente vacía. De repente, ambos se dieron la vuelta, viendo algo moverse en su visión periférica. Saltaron repentinamente cuando una persona, vestida completamente de negro y lunares, de pronto gritó "bu" delante de ellos. Después de que su corazón latiera con un poco de calma, tuvo que admitir que fue una forma impresionante de camuflarse con el fondo.
Ryoga se rio tratando de esconder su sorpresa. Podría haber gritado un poco pero pensó que lo disimuló bien. Sujetó la mano de Ukyo y la apretó con firmeza, tratando de darle un poco de consuelo ya que ella saltó un poco.
Salieron de la habitación y entraron a otro pasillo. Mientras se abrían paso, pequeñas ráfagas de aire les salieron de golpe, rozando sobre sus nucas. Entraron a otra habitación, con un ataúd encima de un gabinete en medio del cuarto. Siguieron adelante y Ukyo se detuvo justo en frente del ataúd. Ryoga envolvió los brazos alrededor de ella desde atrás y la acercó a él. Ambos bajaron la mirada hacia el "cadáver" en el ataúd, esperando a que saltará sobre ellos.
—¿Crees que hará algo? —el chico del colmillo preguntó.
—Ni idea —respondió la chef.
Ella aprovechó la oportunidad para frotar su trasero contra él y le escuchó gruñir un poco sobre su oído. Ambos saltaron un momento después cuando sintieron algo agarrarlos de los talones. Bajaron la mirada para ver manos sujetándoles.
Cruzaron a otro salón, esta vez serpenteando a través de extremidades ensangrentadas colgando del techo con la ocasional mano o pie cayendo frente a ellos. Entraron a una tercera habitación llena de maniquís, a algunos de ellos les faltaban brazos, a algunos piernas, todos ellos puestos en diferentes posiciones alrededor de la habitación. Todos los maniquís tenían sangre salpicada sobre ellos. Serpentearon la habitación cuando de repente un maniquí se movió sacando un cuchillo de su pecho gritando fuerte de dolor. Ambos se escogieron de miedo sorprendidos.
Cuando llegaron al siguiente salón, Ukyo se arrojó a sus brazos. Ryoga la envolvió con sus brazos de forma protectora mientras la sentía temblar de miedo. Él recorrió su mano arriba abajo sobre su espalda reconfortándola. Comenzó a preocuparse cuando su temblor incrementó.
—Shhhh, está bien —le susurró al oído.
Esta casa encantada resultó ser más divertida de lo que ella esperaba y olvidaba lo que disfrutaba que la asustaran. Ukyo se escondio contra él porque no quería que él la viera reír, la apariencia de Ryoga en la última habitación no tenía precio. No obstante, por más que trató no pudo detener la risa. Ryoga se echó para atrás, confundido de su respuesta.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó.
—¡Oh, debiste haber visto tu cara! ¡Parecía que los ojos se te iban a salir de la cara!
—¿No estabas asustada? —la chef se limitó a negar con la cabeza como respuestas—. ¿No te has asustado en absoluto? No los has hecho, ¿verdad?
—No, lo siento.
—¿Entonces porque has actuado como si lo estuvieras?
La chef se encogió de hombros antes de decir:
—Fue una buena excusa para mantenerme cerca de ti.
—Te refieres a que fue una buena excusa para provocarme.
—Tal vez —dijo en tono inocente que para nado lo engañó.
Ryoga la agarró del brazo y la jaló hacia una esquina donde no los pudieran ver. La inmoviliza contra la pared, sosteniendo sus brazos sobre su cabeza, y empujó su cuerpo al ras de ella. Recorrió su labio en su lugar, arrastrándolo bajo su cara y cuello. Le dio la vuelta a su mano y recorrió sus nudillos entre sus formidables pechos, bajo su vientre y alrededor de su culo. La estrujó con firmeza mientras usaba su muslo para robarlo con su entrepierna. Sonrió cuando la vio tragar fuerte. No era la única que podía provocar.
—Sabes lo que pasa cuando eres traviesa. Voy a tener que castigarte —susurró con voz ronca en su oído.
Oh cómo deseaba que lo hiciera, justo en ese lugar y momento.
Acercó la boca a la suya lentamente. La anticipación únicamente la excitaba más, se apretó contra él.
De pronto, una luz destelló brillantemente en sus rostros, causando que ambos se separaran. Ambos parpadearon rápidamente y pusieron las manos sobre sus ojos para ver la sombra de un hombre sosteniendo una linterna sobre ellos.
—No pueden hacer eso aquí; es un establecimiento familiar.
Ambos se sonrojaron intensamente y bajaron la vista avergonzados por haber sido atrapados.
—Voy a pedirles que se marchen. Síganme —el desconocido dijo mientras descorría una cortina y los escoltaba hacia afuera por la espalda. Cerró la puerta tras él murmurando sobre los malditos adolescentes calenturientos.
Afuera, ambos se miraban aún sonrojados por la vergüenza antes de comenzar a carcajearse.
—Y bien, ¿qué quieres hacer ahora? —preguntó Ukyo mientras se marchaban tomados de la mano.
No necesitaban abordar lo que había pasado en la casa embrujada ya que ambos sabían que retomarían lo que habían empezado después.
—¿Por qué no tratamos con algunos juegos más? Hay un juego lanza monedas justo aquí —dijo y señaló al frente suyo—. ¿Qué premio quieres? —le preguntó cuándo llegaron al puesto.
—¡Oh! ¿Qué tal ese lindo cerdito negro —dijo señalando hacia el fondo.
Ella terminó llamándolo Pequeño Ryoga.
.
Agradecimientos a MundoFanficsInuyashayRanma, SARITANIMELOVE, guest, Andrea-saturno por sus reviews y a todas aquellas personas que siguen el fic.
Gracias por leer.
