La gente iba y venía con rapidez, las dos chicas que se encontraban en la puerta del pub se veían asustadas.
Una de ellas sacó un mapa.
Estamos a tres cuadras hacia la izquierda-
Helen, conocía ligeramente Londres, su madre tenía un secreto y ella lo guardaba con celos y sigilo nunca le contaría, ni siquiera a su mejor amiga, que la mejor diseñadora de zapatos del mundo mágico es fanática de los zapatos muggles.
Por otro lado, la chica que la acompañaba, Andrómeda jamás había pisado suelo muggle, ella le había dicho a su madre que saldría a pasear con su amiga y se quedaría a dormir con ella, no había mentido, pero tampoco dicho la verdad del todo.
Ambas tenían un secreto, que podría costarle la vida a Andrómeda, la chica de esponjosa cabellera castaña clara, en una familia como la suya.
Ambas disfrutaban de la música muggle, sobre todo de los Beatles. Helen y Andrómeda conocieron a los Beatles el primer año de Hogwarts, los sangres sucias la tarareaban y luego los mestizos y como un virus, de esos que no tienen cura poco a poco llego a los oídos de los sangre limpia y los sangre pura. Muchos de ellos negaban haber tarareado she loves you o A hards day night. Pero era seguro que en algún momento lo hicieron.
Cuatro años después cualquier cosa que oliera a rock lo adoraban.
Espérame no vayas tan rápido -
Andrómeda seguía a su amiga, pero no quería dejar de ver las extrañas vestimentas muggles.
-Vamos el concierto empieza en media hora-
Iban a lo que se conocía como una matinal, comenzaba a las 11 de la mañana y terminaba al promediar las 6 de la tarde y bandas poco conocidas tocaban las canciones que sonaban más entre los jóvenes.
Al llegar al cine, olvidaron que debían tener dinero muggle,
pequeño detalle sin importancia -
Sentencio Andrómeda, con ironía, quedaron ahí paradas y vieron como el encargado de la puerta puso el cartel de Sold Out.
Muchos de los muchachos que pugnaban por entrar protestaron e iniciaron su camino. Algunos iban a buscar otro local.
Helen y Andrómeda se miraron. Londres muggle era atractivo y no perderían la oportunidad de irse tan rápido de ahí.
¡Vamos, a conocer! -
Helen volvió a abrir su mapa y vio que a pocas cuadras estaba Harrod´s, la tienda de 5 pisos de alto no era nada a lo que conocían hasta ahora.
Cuando Andrómeda vio los televisores sus ojos verde oscuro parecieron desorbitarse al punto que quedó paralizada.
- ¿Qué es esto?
Sin duda era mejor aún que la magia, nunca había visto nada, ni siquiera parecido, podían ser tontos pero inútiles o poco creativos jamás.
Siguieron caminando y asombrándose de las luces, los juguetes y sobre todo la ropa, luego de la televisión, la ropa era totalmente increíble, no las capas aburridas que solía usar en casa o en la calle. Esto era diferente colorido.
Faldas, pantalones, blusas, Andrómeda y Helen iban leyendo cada una de las especificaciones, porque ni siquiera conocían los nombres, pero todo era diferente, alucinante, increíble.
-Me explicas porque los muggles son menospreciados -
Creo que es porque son más creativos que nosotros -
Ambas rieron y siguieron su aventura por la tienda.
Cerca de la zona de comida, ambas se miraron, llevaban horas dando vueltas por el lugar y el hambre comenzaba a atacar sus estómagos. No tenían dinero, bueno si, pero no servía para nada, y no podían comprar nada de lo que estaba ahí.
Paradas frente a toda esa cantidad variada de comida, escucharon una voz, que las saludaba.
¡Hola! -
Era una pareja parada frente a ellas, el chico rubio y delgado y la chica algo mayor y bastante parecida a él.
¿Tonks? -
Dijo Helen mirando al chico con susto, ya que ellas no deberían estar ahí, Andrómeda ni siquiera levanto la mirada.
Si, ¿Por qué parecen sorprendidas? -
Edward Tonks miraba a sus compañeras de clase con amabilidad y una sonrisa de oreja a oreja. Muy tranquilo y relajado a diferencia de sus compañeras, nerviosas y asustadas.
La cabeza de Andrómeda era un torbellino, pensando en que pasaría cuando llegará a su casa, lo que diría, que estuvo en el Londres muggle, paseando por ahí, el odio de sus padres, sus hermanas, sus parientes y sus compañeros, como si fuera una vulgar bruja, una verdadera traidora a la sangre, seguramente la borrarían del tapiz familiar y se iría a vivir con los elfos olvidada y repudiada. Era demasiada presión que no podía contener en su cuerpo.
Les recuerdo que mis padres no son magos, por cierto, ella es mi hermana -
Y lo dijo con tal desparpajo, como si dijera mis padres no juegan gobstontes o no toman vino de centauro, que lo que decía no era natural y a este le parecía lo más normal del mundo.
¡Hola! -
Saludo amablemente Helen, sin ningún problema, vio a Andrómeda y sabía que estaba en problemas, aunque estos aún no habían llegado.
- Nosotras perdidas, no era nuestra intensión venir al mundo muggle perseguíamos un gato y terminamos cerca y bueno buscamos como salir de aquí -
- Estamos a solo unas cuadras del caldero chorreante, si quieren las guio -
- Te lo agradeceríamos y también te agradeceriamos tu discreción-
- Yo, no me he encontrado con nadie del colegio hoy, no es verdad Laura. -
- Totalmente cierto -
- Gracias. -
Caminaron a paso ligero rumbo a el caldero, sin que nadie dijera nada o se mirará si quiera a los ojos.
Edward Tonks y su hermana llegaron hasta una esquina frente al caldero chorreante, el les señalo el lugar y ellas cruzaron.
No se dijo más.
Las vacaciones de pascua terminaron tan rápido como habían comenzado. La ansiedad comenzó a invadir a Andrómeda pensando que el sangre sucia las podría traicionar pero eso no sucedió.
Y la aventura a Londres muggle nunca se supo.
