La sombra y las cartas

Luego de revivir los sucesos del relato contado, Tai Lung se encontraba rondando por el Palacio de Jade. El leopardo había dicho que saldría a dar una tranquila caminata, más solo era para que no se preocuparan más por él. Desde que había visto a esa sombra encapuchada ir en dirección a su hermana, sentía que Tigresa se encontraba en peligro; y con mayor razón, pues al haber llegado a donde se encontraba casi le daba un ataque de sólo ver la situación en la que se había encontrado la felina. Por alguna razón, sentía que aquél sujeto encapuchado había provocado el supuesto accidente de Tigresa. Quería matarla, eso era seguro. Y al saber que había fallado, haría lo que pudiera para conseguirlo, pero él la protegería; no dejaría que nadie le tocara a su "hermanita".

Mientras tanto, Po acababa de llegar con Tigresa en sus brazos. La felina había propuesto que la bajara, pues se sentía inútil por no caminar y dejar que la cargaran, pero Po se negó diciéndole que no debía de hacer tantos esfuerzos aún. Al llegar a los dormitorios, Tigresa le volvió a pedir a Po que la bajara, pues ya estaban demasiado cerca y no era para tanto.

-¿La gran maestra Tigresa se siente inútil por no caminar? –Bromeó el panda –bueno, si así lo decides te bajaré, pero te sujetaré de un brazo por cualquier cosa

-Gracias, pero…

-Sin discusiones –Le dijo firme –no aceptaré un no por respuesta, ni ninguna otra rabieta

-Pero no estaba haciendo rabietas –Reclamó Tigresa

-Aún no –Dijo el panda bastante divertido

-Muy gracioso Po –Dijo la felina con sarcasmo

Al bajarla, Po se pasó el brazo izquierdo de Tigresa por sus hombros para poderla llevar mejor. Pero Tigresa no dejaba de sentirse de una forma extraña. Le incomodaba un poco la acción, pero de cierta forma, también la estaba disfrutando. Era sin duda, una sensación que la hacía sentir extraña.

-Oye… quería preguntarte alguna cosas… respecto a tu historia –Dijo Po nervioso

-Bueno, si quieres hazlas –Dijo la felina seria

-Bien… ¿es enserio lo de la figura de acción del maestro Oogway? –Preguntó emocionado

-Ahh… si –Dijo Tigresa –recuerdo que un día, Shifu iba a esperarme en el jardín para entrenar, y al llegar lo vi hablar con el muñeco platicándole sobre su nuevo muñeco del maestro Yao

-¡JA, JA, JA, JA, JA! –Rio Po con una gran carcajada –eso es bárbaro

-Si lo sé –Dijo sonriendo un poco alegre

-Bien, segunda pregunta… ¿en verdad eras así de alegre? –Preguntó un poco más serio –no lo tomes a mal, sólo es… interesante imaginar una versión de ti de esa forma

-Bueno… la verdad es que al comienzo, en el orfanato aun no me dejaban encerrada en mi habitación como lo hicieron después –Comentó nostálgica –un día jugando en el patio, un cerdo más grande que yo quiso molestarme, no le presté atención hasta que me llamó monstruo –Tigresa se detuvo en seco al decir aquella palabra que, sin importar el tiempo aún le dolía escucharla y más cuando se trataba de ella. Po notó esto y quiso decirle que no hacía falta que lo supiera, pero la felina decidió seguir contando –al querer defenderme le rompí el brazo y desde ahí todos comenzaron a llamarme "Tigresa el monstruo"

Po sólo podía ver la mirada perdida de la felina mirando al vacío con cierta tristeza en sus ojos, la cual sólo había visto pocas veces. El panda estiró su brazo derecho rodeando a la felina un poco más hacia a él, en señal de cariño; Tigresa sólo le sonrió con ojos tristes y con una media sonrisa.

-Pero al salir del orfanato… volví a ser como en el pasado –Dijo un poco más animada

-Pero ¿qué pasó después? –Preguntó curioso

-¿A qué te refieres? –Dijo Tigresa sin entender

-Sí, dices que antes eras demasiado alegre y risueña… ¿por qué ya no?

Aquellas palabras se quedaron sonando como un eco en su mente." ¿Por qué ya no?". Tigresa fue salvada de aquella pregunta, gracias a una pequeña panda que corría en su dirección.

-¡Bebé de rayas! –Gritó Lei-Lei emocionada

La pequeña pandita se abalanzó contra la felina emocionada de verla, pero ésta aun débil, se desplomó hacia atrás debido al peso de la pandita. Po la sujetó antes de que callera.

-¿Estas bien? –Dijo Lei-Lei preocupada y asustada

-Tranquila nena, sólo estoy algo cansada –Dijo Tigresa sonando tranquila

-Necesita descansar… y creo saber quién puede ayudarme a cuidarla –Dijo Po sonriente a la pandita

-¿Puedo ayudarte a cuidarla? –Preguntó emocionada

-Sería un honor, sólo si bebé de rayas quiere…

-¡Por favor di que sí! –Insistió la pandita emocionada

-Creo que no se puede con ustedes dos –Dijo Tigresa –bien, puedes ayudarle a Po

-¡Sí! –Gritó emocionada la pequeña

-¡Poder panda! –Gritó Po, que después miró a la felina con cara medio seria -Poder panda –Murmuró Po alzando el brazo

Tigresa sólo rodó los ojos ante la actitud de su amigo. Al llegar hasta su habitación, el trío se sorprendió al entrar al cuarto de la felina pues algo extraño e irreal estaba frente a sus ojos. Gran parte de la cama estaba llena de aquel extraño musgo verde con flores, ambos guerreros se miraron entre los dos confundidos, pero la pequeña Lei-Lei estaba completamente sorprendida sin entender nada.

-¿Cómo… cómo es posible que se haya extendido? –Preguntó Po

-No tengo idea –Dijo Tigresa –pero si esa cosa salió de la nada y se adhirió a mí… esto no se ve tan extraño

-¡Wow! ¡Esto es fantástico! –Chilló la pequeña panda emocionada -¿ustedes hicieron esto?

-Pues…

-¡Si! –Interrumpió Po –Tigresa quería remodelar un poco su habitación y yo le ayude poniendo todo esto aquí… ¿te gusta?

-¡Me encanta, se ve muy hermoso! –Dijo Lei-Lei –fue una buena opción… ¿te gusta, bebé con rayas?

-¿Eh? Oh, sí, me gusta mucho –Trató de decir Tigresa –sólo… estoy muy cansada

-Sí, mejor recostémosla –Dijo Po

Sujetando el brazo de Tigresa, Po la llevó hasta su cama recostándola con suavidad, Tigresa no pudo evitar mostrar una sonrisa de satisfacción pues tenía mucho que no se relajaba tanto, Po sonrió ante el gesto de la felina, pues siempre le parecían muy adorables esas pequeñas sonrisas que aparecían de pronto en su rostro. Tigresa se dio cuenta que el panda no dejaba de verla, lo cual comenzó a ponerla nerviosa.

-¿Po? –Preguntó extrañada

-¿Qué? No claro que no, como crees –Dijo Po nervioso y algo sonrojado

-¿Por qué estabas mirándome de esa forma?

-Ahhhh…

-¡Po! –Dijo Mono entrando de improvisto –el maestro Shifu quiere verte

-Voy en seguida Mono –Dijo Po aliviado de no haber contestado -¿Te molesta si voy?

-No, adelante –Dijo la felina –me quedaré con Lei-Lei

-Está bien, no tardo –Dijo Po corriendo fuera de la habitación

-Bueno creo que ahora solo somos tú y –Se interrumpe al ver a la pequeña pandita dormida en el suelo –yo

Con más fuerzas que antes, la felina se levantó de la cama cargando a Lei-Lei en sus brazos para llevarla a su habitación. Al asomarse al pasillo de dormitorios, le pareció por un momento algo extraño que estuviera completamente vacío, pero suponía que debían de estar cenando ya. Con cuidado entro al cuarto de la pandita que se encontraba junto a la suya del lado derecho, ésta estaba llena de juguetes y figuras de acción de los maestros de kung fu; obvio entre ellos los cinco furiosos y el guerrero dragón. La felina recostó con mucho cuidado a la pequeña panda evitando que ésta despertara, salió lo más silenciosa que pudo de ahí y cerró la puerta. Más no contaba con lo que le esperaba.

Al darse vuelta, algo le tapó la boca de una forma tan brusca que la aventó dejándola contra la pared. Tigresa trató de reconocer a su atacante en vano, sólo alcanzaba a ver unos ojos azul marino que la miraban con odio.

-Miren que tenemos aquí –Dijo el extraño encapuchado con una voz ronca –es la famosa maestra Tigresa señores

"¿Señores?" Fue lo primero que pensó la felina. De las sombras comenzaron a salir muchos encapuchados, los cuales la veían de la misma forma o con sonrisas malévolas; un escalofrío subió por su espalda con intensidad haciéndola estremecerse. Intentó golpear a su atacante con una patada, pero uno de sus secuaces sujetó ésta pegándola contra la pared, al ver esto trató de darle un puñetazo pero otro encapuchado sujeto ambos brazos arriba de su cabeza, dejándola por completo indefensa.

-Vaya parece que tenemos a una gatita asustada

Odiaba que la llamaran gatita, pero en ese momento no le interesó, pues por primera vez en mucho tiempo comenzó a sentir algo que no creyó volvería sentir; miedo.

-Pobrecita, parece que está asustada –Dijo el encapuchado de ojos marinos –tranquila linda… no querrás despertar a tu pandita

Se paralizó al escuchar esas palabras, ellos la habían espiado y sabía de la pequeña. Se sentía impotente, pues de hacer algo podrían dañar a Lei-Lei. Todos se sobre saltaron al escuchar el ruido de la puesta azotándose, al voltear pudieron ver que la puerta de la habitación de la pandita estaba abierta. Tigresa se alegró un poco al saber que Lei-Lei ya estaba fuera de peligro, pero las cosas aún no se solucionaban del todo, ella seguía allí.

-Señor, ¿quiere que sigamos a la niña? –Dijo un encapuchado

-No hace falta

-Podría alertar a los maestros –Le dijo

-Para cuando lo haga estoy seguro que ya habremos salido de aquí –Contestó el encapuchado de ojos azules –además, ya tenemos lo que queríamos –finalizó mirando a Tigresa con una sonrisa siniestra

-Como diga mi señor –contestó

Uno de los encapuchados sacó una aguja parecida a las que Mantis solía usar en la acupuntura, que a diferencia era negra completamente. Se la enterró en el cuello sin piedad alguna, provocando que la felina gimiera un poco de dolor, sonido de cierta formado cerrado y bajo al tener la boca tapada.

-Vamos… comparado con lo que has pasado esto no debe de doler nada –Dijo el jefe –sólo es por precaución, es un largo camino y no queremos que te descontroles… ¡Vámonos!

-¡Sí señor! –Contestaron todos al unísono

De forma rápida un sujeto se le acercó y la cargó en sus hombros saliendo por la puerta de atrás. Tigresa quería patear al sujeto o hacer algo para evitar que se la llevaran, pero un inusual cansancio invadió su cuerpo por completo, dejándola mareada y confundida. Aunque a pesar de esto, podía darse cuenta que se encontraban fuera de las habitaciones y se dirigían a un risco, por el cual a veces ella se lanzaba cuando el valle estaba bajo ataque.

-No hay señal de ningún maestro señor –Dijo uno de los secuaces

-Es nuestra oportunidad, no hagan mucho ruido –Dijo el jefe –no hay que alertar a nadie

-Me parece que ya han alertado a alguien –Interrumpió una voz detrás del grupo

Con bastante trabajo, Tigresa logró darse cuenta que Tai Lung ya hacía detrás de todos ellos viéndolos seriamente. Notando sus ojos podía ver algo de sorpresa, seguramente por el hecho de que un sujeto la tenía en contra de su voluntad en su espalda.

-¿¡Tai Lung, es usted!? Quien reveló los mil rollos del kung fu –Dijo asombrado el jefe -¿creí que había muerto?

-¿Qué puedo decir? Cuando hay problemas, es necesario que algunos vuelvan de su retiro –Contestó Tai –ahora les pediré que suelten a la maestra o esto podría ponerse feo

-No lo creo –Dijo bastante serio -¿y a usted que le importa una maestra de kung fu, acaso no estaba en contra de todos ellos, incluyendo a los 5 furiosos?

-Es una larga historia –Dijo serio –lo que quiero ahora es que la dejen y se vayan

-Me temo que no la conseguirá tan fácil –Dijo malicioso el jefe -¡muchachos, contra él!

El leopardo tenía mucho tiempo sin haber peleado, pero el solo saber que su hermanita estaba en peligro, le sirvió de motivación para luego enfrentarse a esos sujetos por ella. Mientras tanto en el salón de los héroes, la pequeña Lei-Lei entró corriendo por la puerta de ésta gritando con poco aire.

-¡Ayuda!...Po… ¡Po! –Gritaba a punto de caer ante el cansancio

-Lei-Lei, ¿Qué sucede? –Preguntó el panda llegando hasta la pandita

-Aparecieron… unos hombres malos de negro… y se la llevaron –Explicó con respiración agitada por correr –le dijeron que si hacia ruido… me lastimarían

-¿A quién? –Preguntó Víbora

-A… bebé de rayas –Dijo

Escuchar esas simples palabras, hicieron estremecer a Po. Una extraña sensación le hizo reaccionar al momento para así, salir corriendo; pero su adrenalina se frenó violentamente recordando la seguridad de la pequeña panda de ojos violetas.

-Lei-Lei, quédate aquí iremos por ella –Del dijo Po cerca de la puerta –si viene uno de esos sujetos…

-¡Lo golpeo! –Gritó alzando los brazos

-Corre –Corrigió Po observando a la pandita bajar sus brazos con una cara confundida

-Pero…

-Por favor obedéceme –Le rogó con preocupación –si algo te pasa, Tigresa y yo nunca nos lo perdonaríamos… por favor Lei-Lei

-…Supongo que puedo correr un poco rápido –Contestó con la mirada baja

-Buena chica, ¡andando chicos! –Gritó a los demás y todos corrieron dejando a la pandita en el salón de los héroes

Al llegar a la escena, Po se detuvo al instante sorprendido y confundido de lo que sucedía. Tai Lung, peleaba contra 4 encapuchados misteriosos, tratando de llegar hasta a Tigresa, la cual se encontraba acostada en una roca con una expresión soñolienta.

-¿Y estos tipos de donde salieron? –Preguntó Po entrando en batalla contra un encapuchado

-¡Panda! –Gritó Tai Lung a dos metros de él, usando a un encapuchado como espada, derribando así a varios -¡vinieron a llevársela!

Terminando de hablar, Po volvió su vista hacia donde estaba Tigresa; encontrándose con una roca completamente vacía. Asustado, miró a todos lados en busca de su amada, ubicándola a 10 metros a su derecha. La felina seguía en el mismo estado, mientras que el jefe misterioso la cargaba en su espalda, junto a varios otros encapuchados. Muchos comenzaron a reunirse al lado de su jefe escapando de los furiosos y Tai Lung.

-¡Se dirigen a los acantilados cerca del Durazno de la Sabiduría Celestial! –Gritó Mono

-¡Tenemos que evitar que lleguen, o la perderemos! –Gritó Tai Lung. Como si no lo supiera, pensó Po

-¡Grulla, retenlos lo más que puedas! –Dijo Po a su amigo

-¡Allá voy! –Dijo a lo que le hizo una señal a Víbora, dejando que se sujetara de su cuello, volando ambos maestros

Grulla logró divisarlos a 20 metros del borde, para así comenzar a descender con gran rapidez. A 2 metros arriba de los encapuchados, Víbora se desenrolló del cuello de su amigo entrando así a la batalla. La maestra se lanzó contra el jefe golpeándolo directo en el estómago, esto hiso que pudiera soltar a la felina, la cual fue atrapada por Grulla que la elevó del suelo y se alejó unos metros de los encapuchados. Víbora llegó con ambos y ayudó a su compañero a acomodarla de forma suave en el suelo.

-Tranquila cariño –Dijo dándole unas palmaditas en su espalda con su cola –nosotros podemos con ellos

Los demás llegaron de inmediato y comenzaron a luchar contra los encapuchados que a simple vista, comenzaban a notarse cansados. Po y Tai Lung se mantenían cerca de Tigresa, pues en varias ocasiones algunos de los misteriosos villanos trataba de acercarse a ella (claro que ninguno estaba deacuerdo con la compañía del otro, pero no querían dejar a la felina sola con el otro). Luego de quizás 5 minutos de pelar, los encapuchados se apartaron quedando detrás del jefe.

-¿Enserio son tan cobardes? –Preguntó indignado la figura

-Lo sentimos jefe –Respondió uno de los encapuchados –pero son más fuertes de lo que creímos, no son como todos los payasos a los que nos enfrentamos

-Tiene razón –Comentó Mono –será mejor que se vayan y que no regresen

-En algo tienes razón amigo primate –Dijo el jefe –quizás no volvamos, pero será por un bien mayor… al menos para nosotros

-Querían secuestrar a la maestra Tigresa, ¿por qué? –Preguntó Víbora seria

-No somos tan malos como nos ves, linda –Respondió el jefe –solo queríamos hacer un bien mayor…organizar una reunión familiar es un acto que muchos valorarían

Todos se quedaron sorprendidos al escuchar esas palabras. Tigresa, que recién despertaba, no se quedó atrás.

-¿Qué? –Dijo aún adormilada

-Wow, entonces es cierto –Comentó con malicia –parece que tu respetado maestro Shifu no te ha contado nada de tu pasado, ¿o sí querida?

Todos los presentes miraron a Shifu el cual estaba atónito mirando al vacío para después agachar la cabeza de manera pensativa.

-Eso creí –Dijo el jefe satisfecho

-¡No tienen el derecho de venir a decir incoherencias de temas que no les incumben! –Gritó Shifu con la voz entrecortada

-En eso tiene razón maestro –Respondió el jefe –pero sucede que nos incumbe muchísimo porque es un tema en el que ya estamos metidos, ¿o no Shifu?

-¿De qué está hablando maestro? –Preguntó Mono

-Creo que ya le dejamos a usted y a sus alumnos muchos temas que deberá aclarar… -Dijo con arrogancia –me parece que ha llegado el tiempo de hablar sobre ello

-¿Cómo… es que…? –Tartamudeó Shifu nervioso

-Todo a su tiempo… si nos disculpan debemos irnos –Dijo comenzando a caminar de espalda lentamente junto a sus secuaces –y nos volveremos a ver más pronto de lo que creé… maestra –Dijo haciendo una reverencia ante ella

Todos los maestros a excepción de Tigresa corrieron contra los encapuchados, pero de inmediato el jefe lanzó una bomba de humo que además de dejar esa explosión con un intenso color púrpura. Al dispersarse la niebla colorida, ya no se encontraba nadie. Todos habían quedado por completo confundidos, pues el jefe encapuchado les había mostrado que el maestro Shifu les mintió. La más afectada de esto fue Tigresa, quién parecía recuperada de aquel estado que la había dejado indefensa. Se levantó de la roca en donde se encontraba para dirigirse al panda rojo con pasó pesado y apresurado.

-¿Maestro de qué estaba hablando? –Preguntó Tigresa confundida

-No… no tengo idea –Dijo evasivo

-Maestro, no nos mienta –Dijo Po intentado hacerlo hablar

-Usted me dijo que no sabía nada de mi pasado –Dijo la felina con molestia –y ahora aparece un sujeto que dice que usted sabe algo, ¿qué no nos ha dicho?

-Yo…

-Maestro… por favor –Dijo comenzando a ponerse seria

-Yo… agh… acompáñenme –Dijo caminando hacia la biblioteca

Nadie supo que decir y decidieron seguir al maestro, que tenía la cabeza revuelta de todo lo que ahora deseaba jamás haber sabido. Al llegar a la biblioteca, Shifu caminó dando vueltas en círculos pensativo, un momento después pareció venirle un recuerdo a la cabeza y corrió al estante más alto de la repisa donde se encontrabas varios viejos rollos.

-¡Bebé de rayas! –gritó Lei-Lei detrás de ellos

-Hola, pequeña –dijo Tigresa recibiéndola con un abrazo – ¿estás bien?

-Sí, salí rápido para buscar a Po, ¿tú estás bien?

-Lo estoy y muy bien hecho, llegaron muy rápido por ti –dijo acariciando su cabeza –muchas gracias –finalizó volviendo a abrazarla para seguido, cargarla en sus brazos

-¿Qué busca maestro? –Preguntó Víbora

-¡Aquí está! –Exclamó bajando de las altas repisas. Sostenía un viejo rollo con un sello de una flor de loto –había olvidado que estaba en mis cartas personales

-¿Qué es eso maestro? –Preguntó Po intrigado

-Algo que debía contarles hace ya mucho tiempo –Contestó mirando de reojo a Tigresa, quien lo miraba con el ceño fruncido –lamento no comentar nada de esto antes, pero... bueno, lo entenderás cuando lo escuches

Shifu extendió el rollo completo en una pequeña mesa que se encontraba junto con varios rollos más.

-No quería que cayera en manos equivocadas –Dijo Shifu –supuse que en algún momento alguien amenazaría con destruir el Palacio de Jade, justo como han hecho nuestro enemigos como Kai, fue por eso que lo guardé muy bien

-Verás… Tigresa… –continuó titubeando un poco –cuando te encontraron en las puertas de Bao Gu, se dieron cuenta de que llevabas contigo tres cartas. Una era dirigida al orfanato, explicando que volverían por ti lo más pronto pos…

-¿Volverían? Se refiere a que mis padres… ¿iban a regresar por mí? –Dijo Tigresa sorprendida

-En ella no se explicaban bien la razón por la que te habían llevado ahí, sólo que era muy peligroso que siguieras viviendo en tu… anterior hogar –dijo evitando el contacto visual de la felina –por lo que pedían que en un periodo de máximo 6 años, te mantuvieran en el mayor resguardo posible, sin ponerte en opción de adopción y que sólo quienes llevaran una carta con la misma firma para llevarte, demostrarían que ya era seguro… pero si no sucedía, dejarían de esperar y tendrían que asegurarse que quien te fuera adoptar en un futuro, fuera una persona de confianza

Todo encajaba. A partir de los 6 años, era cuando recordaba haber estado en el patio del orfanato a la hora de la visita de los posibles padres, tiempo después no se le permitía por el miedo que causaba y la mandaban a los cuartos de los demás niños. Tiempo después, desobedeció las reglas de quedarse en su cuarto y causaba problemas por accidente debido a su gran fuerza, luego pasaría el incidente del cerdo que la llamaría monstruo y tendría su propio cuarto reforzado; más bien su propia celda de castigo. Un montón de recuerdos, al igual que preguntas (relacionadas principalmente con el peligro del que hablan las cuartas y la razón de su resguardo), pasaban por la mente de la felina que se encontraba sorprendida sin decir alguna palabra. El maestro Shifu observó como la mente de su alumna que se encontraba en un mar de dudas, lo que le hacía más difícil contar el resto de la verdad, o por lo menos de lo que podía revelar.

-La segunda carta, eran las instrucciones dadas en caso de que no regresaran por ti…

-Pensé que había dicho que eso venía en la primera –Dijo Tigresa

-No en cuanto pasaran esos años, sino cuando llegaras a la edad de 25 –dijo el maestro, lo que causó mucha más intriga en los presentes –me… parece que tenían algún legado que deseaban dejarte, el cual consistía en la caja que llegó el día de ayer de parte del orfanato, la mantuvieron en resguardo como un regalo a futuro por varios años. Eso y… también el traje que llevas puesto justo ahora… por tu cumpleaños 20

Tigresa admiró su traje sorprendida, como si fuera la primera vez que se lo viera puesto, pensando en el día en que se lo puso por primera vez.

Flashback

Fue hace 5 años, unos días después de que Po había perdido la memoria por culpa de los Croc; las cosas habían empezado a volver a la normalidad y a estar más en equilibrio. Po era el mismo de siempre, salvo por el hecho de que ya no cuestionaba las reglas y parecía estarse adaptando más a vivir en el Palacio. Recordaba haberse ido a cambiar a su cuarto, pues una pelea con bandidos que había involucrado que su ropa habitual, terminara sucia y rasgada. Afortunadamente tenía varios pares de chalecos y pantalones que usar, sin embargo, no se imaginaba con lo que encontraría en su cama al abrir la puerta. No había señal alguna de que alguien hubiera entrado, todo parecía estar tal como lo dejó, claro que sin contar con la funda café sobre su cama. Al acercarse, se dio cuenta que había una tarjeta que decía:

"Espero estés viviendo tu vida, como la de todos debe ser: feliz. No importa a dónde vayas, siempre te seguirá la grandeza. Con amor, M.S."

No había entendido quién podría haberle dejado aquel objeto y las iniciales no le daban ninguna idea acerca del origen de la persona. Al abrirlo, se encontró con un hanfu de mangas holgadas color amarillo brillante, el cual tenía dibujos de hojas y una flor de loto del lado izquierdo del pecho: era muy bello. Había dentro de la funda también, una cinta para ajustarlo de la cintura y la parte abajo que consistía solo en una falta del mismo color. Era extraño que aceptara un regalo misterioso (incluso regalos como tal), pero su instinto no lo detectaba como algo malo, de hecho podía sentir una sensación de calidez y algo familiar, como si no fuera la primera vez que viera aquel traje.

Al no sentir ninguna sensación de peligro, decidió probarse el atuendo. Le gustaba la forma en que las mangas daban espacio suficiente para moverse libremente, el color le daba un brillo diferente a su rostro, el cual le gustaba mucho; el único detalle que no le encantaba era la falda, pues se sentía un poco extraña al no haber usado nunca una o siquiera un vestido. Dado que ésta no iba unida al conjunto, decidió omitirla y utilizar uno de sus pantalones negros de siempre, para así poder usar aquel traje sin preocuparse por su movilidad. Mientras más se veía en el espejo, más sentía que ya había visto a alguien usando ese traje, pero el recuerdo le parecía vago y lejano. No le gustaba mucho indagar en su pasado debido a los malos momentos que había tenido al comienzo de su joven vida, por lo que dejó de mirarse y se dirigió a la cocina con sus demás compañeros, quienes por primera vez la verían con el atuendo que llevaría de manera más habitual en el futuro.

-¡Vaya, es sumamente hermoso! –Exclamó Víbora – ¿Dónde lo conseguiste?

-Pues… fue un regalo de mi parte, supongo –contestó sin dar muchos detalles

Fin del Flashback

HOLA AMIGOS LECTORES, LUEGO DE TOMARME UN POCO DE TIEMPO PARA ISNPIRARME Y ESPERAR LAS VACACIONES, HE PODIDO IR AVANZANDO UN POCO MÁS EN ESTA HISTORIA QUE HA VUELTO A MI MENTE Y PARA LA QUE TENGO MUCHAS COSAS PLANEADAS. ESPERO HAYAN DISFRUTADO DE ESTE CÁPITULO QUE HICE UN POCO MÁS LARGO PARA COMPENSAR EL TIEMPO QUE PUEDA LLEGAR A PASAR EN CASO DE QUE SE ME COMPLIQUE SUBIR MÁS SEGUIDO. GRACIAS A LOS POCOS QUE SIGUEN AQUÍ Y LES ASEGURO, LES GUSTARÁ COMO VA ESTA HISTORIA. NO OLVIDEN DEJARME SUS COMENTARIOS PARA SABER QUÉ OPINAN Y RECOMIÉNDENLA PARA HACER ESTA PEQUEÑA COMUNIDAD DE LECTORES MÁS GRANDE, LO QUE ME INSPIRA AÚN MÁS A SEGUIR ESCRIBIENDO. ESPERO QUE ESTÉN BIEN Y FELICES FIESTAS, LOS QUIEROOO

BYEEEEEEEEE.