© Naruto, Masashi Kishimoto.
Adaptación Sasuhina. Personajes OOC.
¡TENGO NOTICIAS! Por favor lean las notas finales
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꧁Nomeolvides꧂
Capítulo 9
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Hinata le dirigió una mirada interrogante. —¿Qué hacemos aquí?
—Buscamos un lugar seguro en el que puedas instalarte —respondió él con tranquilidad, y se puso en marcha.
—¡Espera! —Le tironeó de la chaqueta—. ¡N-no puedo quedarme aquí!
Sasuke se detuvo y lanzó un suspiro. Sabía que aquel momento llegaría. Se armó de paciencia y la miró a los ojos. Esperaba que ella comprendiera el porqué de aquella situación.
—Es perfecto, nadie podrá imaginarse jamás que tú estás aquí; es precisamente lo que necesitamos.
Hinata sabía que los argumentos que Sasuke le estaba dando eran válidos, pero en su cabeza no lograba concebir que él y ella pudieran llegar a convivir bajo el mismo techo; mucho menos después de lo que había sucedido en la habitación de su casa. Era simple: no podía aceptar.
—N-no puedo; no puedo vivir aquí con-contigo —dijo por fin, lamentándose que su voz volviera a fallar.
—¿Por qué no? —preguntó él mientras dejaba la maleta en el suelo—. Es un lugar que no llama mucho la atención; hay suficiente espacio para que podamos convivir sin ningún problema y, además, a Aoda le encantará tener un poco de compañía femenina.
Hinata frunció el ceño.
—¿Aoda?
—Sí, ya la conocerás —dijo y medio sonrió de lado—. Subamos y discutamos el asunto mientras comemos algo. No sé tú, pero yo tengo hambre.
Volvió a recoger la maleta y comenzó a caminar hacia la entrada del edificio mientras Hinata continuaba de pie en el mismo lugar. Aquello no podía estar sucediendo, debía hallar una solución y marcharse cuanto antes.
—¿Piensas quedarte ahí mucho tiempo? —le preguntó él mientras entraba.
Hinata se cruzó de brazos para contrarrestar la vacilación que estaba sintiendo. Había aceptado ayudarle y dejar que le buscara un lugar donde quedarse por su propia seguridad, pero nunca había esperado que él la llevara a su casa. Podría haberse quedado atornillada allí hasta que el sol que caía directamente sobre su cabeza terminase por asarla y demostrarle así que no estaba de acuerdo con lo que pretendía hacer; sin embargo, sospechaba que él era capaz de dejarla allí; sabía que tarde o temprano, acabaría por ceder. Comenzó a avanzar pesadamente hacia él y cuando lo alcanzó junto a la puerta Sasuke se mordió el labio inferior para contener una burla.
—Qué bueno que hayas comprendido lo que es mejor para ti.
Cuando Hinata lo miró, sus ojos de ópalo hacían todo lo posible para mirarlo con cólera, lo cual era gracioso, porque en su rostro de querubín, el gesto quedaba desacertado.
—Todavía no está dicha la última palabra —respondió secamente.
Caminaron hasta un montacargas enorme que funcionaba como ascensor y él le cedió el paso. Ella entró y se recostó contra la pared en el lado opuesto a Sasuke. Tenía la vista clavada en el techo y evitó tener contacto visual con él en todo momento. Segundos después, el ascensor se detuvo y Sasuke salió primero. Hinata echó un vistazo al pasillo, aquel lugar parecía demasiado solitario.
—¿Hay otros inquilinos aparte de ti y de la tal Aoda? —preguntó mientras caminaba detrás de él.
—Solo hay cuatro lofts en el edificio, solo tres están habitados. Son buenos vecinos, supongo. —Se detuvo y le señaló una de las dos puertas que había en aquel pasillo—. Allí viven Rangiku y Renji, con la pequeña Yachiru; en el tercer piso, viven el señor y la señora Denka y sus cinco gatos. Ya irás conociéndolos a todos.
Según sus palabras Sasuke esperaba realmente que aceptara quedarse en aquel lugar. Sería mejor hablar en serio con él y hacerle entender que aquello no era más que una locura.
Llegaron hasta la puerta que estaba al final del pasillo y Hinata supo que, detrás, se encontraba el mundo privado de Sasuke Uchiha; un mundo al que no estaba segura de querer entrar y, mucho menos, conocer.
Sasuke entró y arrojó las llaves dentro de una vasija de barro que descansaba sobre una mesita de mimbre.
—Bienvenida a mi hogar. —Extendió la mano derecha y la invitó a pasar.
Hinata se preguntó a cuántas mujeres habría llevado a aquel lugar y les habría dicho lo mismo. Con seguridad la detective Ino Yamanaka había tenido el honor de conocer la casa también.
Hinata se sorprendió gratamente cuando puso el primer pie dentro de aquel lugar. No era una vivienda tradicional sino un enorme loft con paredes revestidas en ladrillo rústico que imitaban la fachada externa del edificio. Unas columnas de hormigón, distribuidas de forma simétrica, parecían sostener el techo. Todo estaba ubicado en un solo ambiente. El salón comedor y la cocina estaban separados de lo que, supuso sería la habitación principal, por una puerta corredera de madera. Un gran ventanal daba a una terraza completamente cubierta donde Hinata distinguió unos cuantos aparatos de gimnasia.
El salón apenas estaba amueblado; había un enorme juego de sofás color azul, adornado con almohadones de gobelino, y la mesa de centro era un baúl bajo de cuero color peltre. A un costado una estantería de madera de dos puertas sostenía una enorme pantalla de televisión.
Enfrente había una mesa de billar donde las bolas de marfil estaban esparcidas sobre el paño verde y gastado, como esperando una partida pendiente. Dos de los muros estaban cubiertos por posters de viejas películas de ciencia ficción y terror.
—¿Te gusta? —Por la expresión de fascinación en el rostro de Hinata sabía de antemano cuál sería su respuesta.
Hinata caminó por el salón y salió a la terraza. Sasuke corrió detrás de ella y se dejó contagiar por su entusiasmo; parecía que no le iba a costar tanto convencerla, después de todo.
Además de los aparatos de gimnasia y las pesas, había un juego de mesa y sillas de madera y macetones de terracota con flores de diversas variedades al pie del balcón. Se dirigió hacia el mirador y a pesar de no estar a demasiada altura, la vista desde allí era maravillosa. Se podía ver el centro de Konoha y se imaginó la belleza de aquel mismo panorama en una noche de luna llena.
—¡Es maravilloso, Sasuke! —En ese momento, todas las excusas que había recopilado en su cabeza para negarse a su loca idea de vivir con él se disiparon ante la magnitud y belleza de aquel sitio. Era consciente de que no debía mostrarse tan entusiasmada frente a él; en especial, después de haber protestado y rechazado su propuesta. Pero debía reconocer que no le molestaría pasar unos días en aquel lugar.
—Sí, lo es —dijo él y apoyó los codos en el balcón—. No lo cambiaría ni por la casa más lujosa del mundo.
Hinata distinguió algo negro que se movía entre las enormes hojas verdes que caían de una de las jardineras. Se inclinó y con las manos apartó el follaje para descubrir quién estaba oculto mirándola con sus enormes ojos pardos. Un pitbull, con el hocico ancho y respingón, se asomó con aire vacilante.
—Hola, encanto. —Le acarició la cabeza al perro que parecía estar complacido por sus mimos—. ¿Cómo se llama? —quiso saber.
—Te presento oficialmente a Aoda, la verdadera dueña de este lugar. —Hinata sonrió.
—Entonces esta es la famosa Aoda —comentó mientras rascaba la barbilla al perro.
—Pues sí. Parece agradable cuando acabas de conocerla, pero créeme, puede convertirse en un verdadero fastidio —bromeó.
—Yo no lo creo. —Lo miró con suspicacia—. Sabes lo que dicen, ¿no? Los perros siempre terminan pareciéndose a sus dueños.
Sasuke frunció el ceño.
—Si buscabas ofenderme, lo has logrado. —Hinata sonrió.
—No seas tonto. —Volvió a dirigir toda su atención a Aoda, que se empeñaba en lamer la mano de Hinata como si fuera un delicioso hueso.
—¡Aoda, compórtate! —le advirtió Sasuke; alzó la mano y le apuntó con el dedo.
—Déjala, no me molesta. —Le acarició el lomo y Aoda se arrojó al suelo.
—Le caíste bien. —Aquello no era habitual. Aoda siempre había sido un tanto recelosa a la hora de recibir visitas; sobre todo cuando se trataba de mujeres—. No tiende a ser tan cariñosa con los extraños; en especial, con los de tu género.
Hinata intentó ignorar su comentario, pero si Aoda hubiese podido hablar, le habría preguntado cuántas mujeres habían pasado por allí antes que ella.
—Tengo una conexión especial con los animales. —Su voz se tornó melancólica de repente.
Sasuke sabía que el recuerdo de haber visto la cabeza de su gato no le sería fácil de olvidar; tal vez, Aoda y sus lengüetazos lograran animarla. Aoda lentamente se fue quedando dormida mientras ella le rascaba la barriga con suaves movimientos circulares.
—Así cualquiera se relaja —dijo Sasuke mientras observaba cómo los delgados dedos de Hinata acariciaban la barriga prominente de su mascota.
—Dejémoslo que duerma, al parecer, está cansada.
—Sí, de romper todo lo que encuentra a su paso.
—Es un perro y los perros suelen hacerlo; sobre todo para llamar la atención de sus dueños —le explicó mientras bajaba la voz.
—Entonces quisiera saber cuál es su secreto para haber obtenido la tuya casi de inmediato. —Él también había bajado la voz y sonaba más grave de lo habitual. Un escalofrío bajó por la espalda de Hinata. Recordó las palabras de Tenten cuando le dijo lo sensual que era su voz, y debía reconocer que su amiga tenía razón.
Sasuke notó que su comentario la había perturbado.
—Entremos, así conoces el resto —le sugirió. Ella asintió y regresaron al interior.
La siguiente parada era la cocina. Era pequeña, pero con el mobiliario necesario. En el centro, había una encimera con cajones y puertas a ambos lados; dos taburetes de madera la rodeaban. De la pared colgaban tres armarios con laminado plástico blanco con detalles en caoba.
—Es sencilla, pero confortable —comentó.
—La decoré yo mismo, y no solo la cocina. —Le tomó la mano—. Ven.
Ella se dejó llevar sin oponerse. Se detuvieron frente a la puerta corredera que Sasuke abrió en un santiamén. Como Hinata había adivinado, aquella era su habitación y él estaba invitándola a conocerla. El suelo, a diferencia del resto del lugar que era de linóleo color ocre, era de madera de navío restaurada. Un armario con espejo biselado de estilo inglés descansaba junto a otra puerta que daba al cuarto de baño. La cama estaba rodeada con un dosel de bronce que le daba un aspecto muy señorial, y una manta color índigo combinaba a la perfección con las paredes empapeladas en azul celeste; una gran butaca descansaba junto a la ventana. Le llamó la atención la miniatura de una goleta sobre la mesita de noche.
—¿Te gusta navegar?
—No realmente. Eso era cosa de mi hermano. —Esbozo una sonrisa—. Lo mío es el canotaje —le contó.
—¿De veras? —La pregunta salió genuina, pretendiendo dar respuesta a su curiosidad sobre su hobbie y su hermano. Después se pregunto en que pensaba, Hinata y Sasuke no eran cercanos, apenas eran un detective dando protección a una víctima.
—Sí, tengo mi kayak guardado en el embalse de Katawa. De vez en cuando me salir a navegar en los rápidos del rio Kukitai.
Hablaba sin pensar, sin detenerse a considerar las implicaciones de compartir pequeñas cosas que en otra situación reservaría. Sasuke era así, reservado y pocas veces hablaba de si mismo con alguien que no fuera de su círculo más cercano. Sin embargo, le resultaba sencillo interactuar con Hinata, y por alguna razón, quería que ella supiera de él, la razón apenas rayando su mente y arrojándola rápidamente fuera.
Hinata no dijo nada, solo le devolvió una sonrisa. Echó un nuevo vistazo a la cama. Al parecer era la única en el lugar y no entendía cómo él pretendía que ella durmiera allí. Era su habitación, su cama, su espacio, y ella no quería invadir su intimidad.
—Supongo que dormiré en el sofá del salón —afirmó.
—Supones mal, Hinata. No puedo permitir que duermas allí. Dormirás en mi cama, yo usaré el sofá.
—Sasuke, no tienes por qué hacer eso; puedo perfectamente dormir en el salón.
—Si quieres compartir el sofá conmigo, no voy a poner ninguna objeción; pero creo que estaríamos más cómodos si tú duermes aquí. — Mantuvo una expresión grave, pero había una chispa sagaz en sus ojos.
Hinata se sonrojó e intentó fruncir el ceño, sin embargo, una sonrisa, aunque de vergüenza, se abrió paso en sus labios.
—Creo que tienes razón, pero todavía estas a tiempo de arrepentirte.
—Buscaré tu maleta para que acomodes tus cosas.
Cuando salió aprovechó para echar un vistazo al cuarto de baño.
Las paredes estaban completamente cubiertas de azulejos gris obscuro. El conjunto de sanitarios era de una tonalidad blanca, al igual que la bañera que yacía recostada en un rincón, rodeada por una mampara de vidrio. Salió cuando escuchó a Sasuke entrar en la habitación.
—Aquí tienes. —Colocó la maleta sobre la cama.
—Gracias.
—Acabo de pedir una pizza —le avisó—. Supongo que debes estar hambrienta.
Comer ocupaba en ese instante el último lugar en su lista de prioridades a pesar de no haber probado bocado en lo que iba de día. Lo que más deseaba era darse un baño y relajarse un buen rato.
—En realidad no tengo hambre. —Se puso la mano en el vientre—. Tengo el estómago cerrado.
—Son los nervios, la tensión por la que has tenido que pasar.
Asintió; tenía razón en lo que decía, aunque sabía muy bien que se debía a algo más, y ese algo tenía que ver precisamente con él.
—Me gustaría darme un baño y recostarme un rato —dijo ella mientras esperaba a que saliera de la habitación y la dejara sola.
—Por supuesto —respondió él sin moverse. Hinata se cruzó de brazos.
—¿No deberías esperar al repartidor de pizzas en otro sitio?
Sasuke la miraba fijamente, la obsidiana de sus ojos se había vuelto más intenso, sin es que era posible. Hinata sintió que la garganta se le secaba.
—¿Podrías salir, por favor?
—Claro, por supuesto. Lo siento. —Estaba actuando como un tonto—. Siéntete como en tu casa, te guardaré un par de porciones —le dijo y cerró la puerta corredera tras él.
Ya sola, Hinata se dejó caer sobre la cama y suspiró. Pasó las manos por la manta, se sentía suave al tacto como si fuera de terciopelo. Cerró los ojos en un intento por calmarse un poco. ¿Qué estaba haciendo allí, en la habitación de aquel hombre y recostada en su cama? Levantó los párpados y observó los cuatro delgados postes de bronce que se erguían alrededor del lecho. Le parecía estar en otra época, en un palacio señorial, y aquella cama perfectamente podría pertenecer a algún rey europeo. Se rió de sus propios pensamientos y de lo soñadora que solía ser a veces. Se levantó de un salto y preparó la bañera, regresó a la habitación y comenzó a quitarse la ropa, no sin antes cerciorarse de que Sasuke hubiera cerrado bien la puerta antes de irse. Buscó algo de ropa dentro de la maleta y volvió a meterse en el cuarto de baño.
Mientras tanto, en la cocina, Sasuke se estaba comiendo una porción de pizza de pepperoni acompañado por Aoda. Habría preferido compartir aquel almuerzo improvisado con Hinata, pero comprendía que lo que más necesitaba ella era descansar. La imagen de Hinata durmiendo en su cama lo estremeció. No sabía cómo haría para ignorar lo que ella despertaba en él al tenerla tan peligrosamente cerca, pero tenía bien claro en su cabeza que no podía involucrarse con esa muchacha. Debía mantener su objetividad y pensar en ella solo como testigo potencial del caso en el que estaba trabajando y que debía resolver por el bien de tanta gente. Le dio un pedazo de pizza a Aoda y guardó el resto en el horno porque, con seguridad, Hinata se despertaría con hambre luego.
Tenía que volver a la comisaría, no había hablado con Ino después de la discusión y quería ponerse al tanto de los resultados de las investigaciones en casa de Hinata.
Fue hasta la sala y buscó la chaqueta. La puerta de su habitación estaba como él la había dejado. No supo por qué, pero camino hasta ella y apoyó la cabeza contra la madera. No se escuchaba nada, con seguridad, ya estaría dormida. Apretó la manilla. Lo que estaba a punto de hacer no era lo más prudente, pero necesitaba verla antes de marcharse. Corrió con cuidado la puerta y la observó desde allí. Dormía tranquilamente, su rostro se veía apacible y su cabello caía sobre la almohada. Se había cubierto solo con las sábanas y la manta estaba a los pies de la cama. La blusa de manga corta que llevaba dejaba sus brazos desnudos, uno descansaba encima de la almohada, mientras que el otro caía sobre su vientre. Se quedó observando el movimiento de su pecho, que subía y bajaba al ritmo de su respiración. De pronto, Hinata se movió inquieta y entonces Sasuke se percató de lo que estaba haciendo y cerró la puerta sin hacer el menor ruido. Caminó a toda prisa hacia la cocina, buscó un lápiz y un papel para dejarle una nota; la dejó sobre la mesa y salió.
Unos extraños arañazos en la puerta la despertaron. Por un momento no recordó dónde se encontraba y se asustó. Luego, cuando reconoció la habitación, comenzó a calmarse. Apretó el rostro contra la almohada. Aún conservaba el perfume de Sasuke; ni siquiera el perfume de violeta y sándalo que ella usaba había disipado el fuerte aroma de su loción masculina. Se incorporó y observó la hora. Su reloj de pulsera le indicó que eran ya las tres de la tarde y por lo tanto había dormido más de dos horas. Miró hacia la puerta cerrada, parecía que alguien quería derribarla. Volvió a alarmarse, pero cuando escuchó los gimoteos de Aoda del otro lado se levantó de inmediato y fue en su busca.
Apenas abrió la puerta, el pitbull se abalanzó sobre ella buscando sus manos.
—Hola, Aoda. —Le apretó los mofletes y a ella pareció no molestarle en absoluto—. Es bueno verte.
Luego, el perro corrió y se metió debajo de la cama. Lo escuchó revolcarse sobre el suelo de madera.
—¿Qué haces ahí?
Hinata se arrodilló y se agachó para poder ver mejor. Aoda estaba mordiendo una vieja toalla hecha jirones.
—¡Eres una chica mala, Aoda! —lo reprendió mientras movía la mano.
Aoda dejó de morder y la miró con sus expresivos ojos pardos.
Parecía que no era la primera vez que escuchaba aquellas palabras.
Se arrastró hacia ella y dejó los jirones a un lado.
—No debería hacerte mimos —le dijo con una seriedad que se esfumó cuando él comenzó a lamerle el rostro.
—¡Para! —La lengua húmeda le hacía cosquillas—. ¡Que te quedes quieta, Aoda! ¡Esto no es gracioso!
No tuvo más remedio que tirarse al suelo y jugar un rato con la mascota. Cuando el animal finalmente desistió de ella y regresó bajo la cama, Hinata notó que había algo además de la toalla hecha jirones, allí debajo.
—¿Qué tienes ahí?
Estiró el brazo, y su mano rozó una delicada tela, seda o algo parecido. Por fin, logró sacarla y descubrir de qué se trataba.
—¡Vaya, vaya! —Lo que Hinata había hallado era un sujetador de seda color negro y adornado con encaje. Estaba sucio, pero seguía casi intacto. Con la prenda en la mano no supo qué hacer. Seguramente, alguna de las amantes de Sasuke lo había olvidado allí. Pensó que, tal vez, pertenecía a su compañera. Podía imaginarse el motivo de la discusión que habían tenido Sasuke y la detective Yamanaka aquella mañana. Lo más probable era que él le hubiese comunicado sus intenciones de llevarla a su loft, y, por supuesto, eso había enfurecido a la detective.
Se puso de pie, se dirigió al cuarto de baño y arrojó el sujetador en la cesta de la ropa. No era asunto suyo; sin embargo, le molestaba haberlo encontrado debajo de la cama de Sasuke. ¿Cómo haría él para llevar a alguna mujer con ella allí? Tal vez su vida amorosa se vería reducida por su culpa. No lo lamentaba; después de todo la idea de ofrecerle su casa había sido de él.
Regresó a la habitación, pero ya no había señales de Aoda. Sacó algo de ropa de la maleta y se decidió por unos vaqueros sencillos y una blusa. Se había despertado hambrienta y los ruidos en su estómago solo podrían aplacarse con algo de comida. Se recogió el cabello y abandonó la habitación.
El lugar estaba en completo silencio y Sasuke no estaba por ningún lado. Debía de haberse marchado mientras ella dormía. Echó un vistazo a la terraza y descubrió a Aoda jugando con un hueso de goma encima de una de las banquetas que acompañaban a los complementos de gimnasia.
Entró en la cocina y vio la nota de inmediato. La sacó y la leyó.
«Hinata, te he dejado pizza en el horno. Dispón de todo como si fuera tuyo. Regreso más tarde, Sasuke.»
Hinata hizo una bola con el papel y la tiró en al cesto de la basura. Abrió el horno y sacó la caja de pizza. La colocó sobre la encimera que servía también de mesa y prefirió servirse un refresco antes que abrir una de las latas de cerveza que había visto. Se llevó un pedazo de pizza a la boca. Estaba fría pero no le importó. Encendió la radio y buscó la emisora de música más popular de Konoha, era la que siempre escuchaba. La melodía de una canción bastante melosa resonó en la cocina; al menos la música le haría compañía. La locutora de turno, de voz estridente, dio unos cuantos comerciales y luego dio paso al conductor de aquel programa vespertino. Se llamaba Konohamaru y se notaba que sabía hacer bien su trabajo. Los oyentes comenzaron a llamar a la estación para pedir sus temas preferidos. Hinata canturreo las canciones que conocía y Aoda regresó, curioso, a la cocina. Hinata le dio otro pedazo de pizza y terminó de beberse su refresco mientras se balanceaba al ritmo de una canción que hablaba del amor no correspondido. El tema terminó y el locutor anunció que tenían una dedicatoria muy especial.
—Nos ha llamado un caballero que prefiere quedarse en el anonimato y mantener así el misterio, para dedicar una canción a una dama muy especial. Me pidió recitar una parte de la letra del tema que escucharemos a continuación. Dice así: «Te enviaré nomeolvides para ayudarte a recordar.» La canción es del año 1982; se titula 'Forget me not' y la intérprete es Patrice Rushen. Hime, quienquiera que seas, tú eres la afortunada, y este tema va dedicado a ti.
Hinata se quedó quieta, casi sin atreverse a respirar. Sintió una punzada de dolor aguda en la cabeza. Esa misma canción ya la había oído antes. Le era extrañamente familiar. El dolor de cabeza se hizo más persistente y tuvo que sentarse en uno de los taburetes para no caerse. Poco a poco la melodía se fue acabando y con ella cada nota que parecía perforar su cerebro. Sin embargo, la sensación que le había provocado se negaba a abandonarla.
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Que buen gusto en música tiene el asesino de las flores xD Holi! Espero que la lectura haya sido de su agrado, aunque, si te desplazaste hasta aquí para leer las noticias sin leer el cap, ah-ah regresa y podras enterarte cuando hayas terminado :3
Ahora sí, primero: ¿Notaron el cambio de portada? Me encanto mucho como quedó con todo y el vibe policiaco pero romántico ¿a que sí? Si quieren verla con mas claridad pueden ir al perfil de PicsArt (arroba)ishalane y es la primera.
Btw, en este mismo anuncio me gustaría señalar el pequeño cameo (más bien mención) de algunos personajes de Bleach… Que quede claro que esto no es un crossover, pero me quede sin ideas para nombrar a los personajes y pues qué puedo decir, me gusta Bleach (pero no su final) … creo que mas adelante seguiré aplicando esto de los cameos xD
Segundo: releyendo la historia después de que PocketLili me hiciera saber muy amablemente que hay algunas faltas de ortografía rondando en los capítulos (gracias, gracias), casi me da un ataque… ahora entiendo porque existen los betas, aunque no estoy segura como encontrar uno y como funciona ese meollo, so sad. Por ahora estaré modificando sola, solin-solita, además… me acabo de enterar que el supuesto apellido de Tenten es "Mitsashi". whaaaaaaat? i never knew.
Por si acaso también modificare ese detalle ya que tampoco estaba muy convencida del "apellido" que le puse, ¿Tenten Guy? Really? No me cilpen, nunca me ha quedado claro cual es el nombre y cual es apellido de Might Guy xD
TERCERO Y MÁS IMPORTANTE: NENENE, EN ESTE CAPÍTULO NO REVELARÉ LA SORPRESA SINO EN EL PRÓXIMO…. PERO ES ALGO SUPER COOL Y QUE ME EMOCIONA MUCHÍSIMO. SI QUIEREN SABER DE QUE SE TRATA, ¡NOS VEMOS EN EL SIGUIENTE CAP!
