© Naruto, Masashi Kishimoto.
Adaptación Sasuhina.
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꧁Nomeolvides꧂
Capítulo 10
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Entró a su oficina y, por primera vez, se alegró de que su compañera no estuviera allí. No estaba con ánimo de soportar sus sermones de nuevo. Se quitó la chaqueta y encendió su portátil. Debía ponerse a revisar el caso una vez más y ver si no había pasado por alto alguna cosa.
La puerta se abrió e Ino entró caminando enérgicamente. Pasó por su escritorio sin dirigirle la mirada y se sentó detrás del suyo. La observó de reojo mientras buscaba un bolígrafo en el portalápices de cerámica que decoraba su mesa. Seguía molesta y no lo adivinó solo por no haberlo saludado al llegar, sino porque reconocía la expresión en su rostro cuando algo le disgustaba. Sus ojos azules se tornaban un poco más oscuros y la comisura de sus labios adquiría cierta rigidez. Le habría gustado darle un espejo para que se viera en aquel instante. Poco quedaba de la sensual detective Ino Yamanaka.
Aquello no podía continuar así: él, concentrado en la pantalla, y ella, fingiendo que leía unos informes importantes.
—Hace más de diez minutos que lees el mismo papel —comentó él sin mirarla.
Ino no le dijo nada, solo dio vueltas a las hojas y fingió seguir leyendo.
—Parecemos dos niños, Yamanaka. —Despegó los ojos de la pantalla del portátil y la observó. —Dime algo.
Ella le devolvió la mirada, pero seguía tan fría como antes.
—Si quieres hablar del caso, adelante. No suelo mezclar los asuntos personales con el trabajo —enfatizó, con una sonrisa irónica.
—Yo tampoco lo hago —replicó y se recostó en su silla—. Hinata es la principal testigo que tenemos, lo único que he hecho es ofrecerle protección. Ambos sabemos que su vida corre peligro.
—Lo sé perfectamente, Uchiha. Pero sigo creyendo que llevarla a vivir contigo no es lo más sensato. —Se cruzó de brazos por encima del escritorio y lo miró directamente a los ojos—. ¿Sabes lo que sucedería si nuestros superiores se enteran? Te quitarían el caso. ¡Estás arriesgando todo por una simple necesidad básica que tus pantalones no pueden contener! —No había querido decir aquello, pero alguien tenía que hacerle entrar en razón.
—Nunca antes me habías hablado de esa manera, Yamanaka.
—Nunca antes habías sido tan inconsciente. Puedes quedar fuera del caso —le recordó.
—No hay por qué alarmar a todo el mundo, nadie tiene por qué enterarse —comentó con tranquilidad. No quería perder los estribos, menos, cuando estaba a punto de vencer la resistencia de su compañera.
—¿Pretendes, además, que me convierta en tu cómplice y que arriesgue mi propio trabajo? —No podía creer que él le estuviera pidiendo aquello. ¿Hasta dónde llegaba su obsesión por aquella mujer?
Sasuke se levantó de su silla y se acercó a ella.
—Solo te pido que me comprendas y que, por una vez, olvides el protocolo. —Se sentó sobre el escritorio de su compañera—. Sabes que necesito tu ayuda.
Ino agachó la mirada y suspiró resignada.
—Está bien, no voy a decir nada. —Levantó la mano antes de que él hablara—. Pero debes prometerme una cosa primero.
No le gustaba hacer promesas sin saber primero en qué consistían.
—¿De qué se trata? —preguntó mientras fruncía el ceño.
—No te involucres sentimentalmente con Hinata Hyuga. — Apoyó su mano en la de él—. Eso solo te llevaría a cometer errores. No lo arruines, Sasuke, no vale la pena.
Sasuke quería hacerle esa promesa y asegurarle que la cumpliría, en cualquier otra situación lo diría sin dudar, pero ahora algo se lo hacía imposible.
—Me pides demasiado, Yamanaka.
—Al menos, inténtalo, Uchiha. No solo por el caso, sino por ti y también por ella.
—¿A qué te refieres?
—Hinata confía en ti; no es secreto para nadie que se siente segura a tu lado. —Recordó el momento cuando había ido a buscarlo tras descubrir que su secuestrador había estado en su casa—. Está demasiado vulnerable. Puede terminar por confundir las cosas y buscar algo más que tu protección, Sasuke.
Sasuke asintió. Ino tenía razón y él lo entendía, pero también sabía que lo que le estaba pidiendo iba más allá de toda lógica y de toda razón. Podía ordenarle a su cabeza que hiciera hasta lo imposible para dejar de pensar en Hinata como una mujer a la que deseaba con locura, pero era inútil cuando su corazón y cada poro de su piel le pedían a gritos lo contrario.
Hinata trató de calmarse e hizo uso de una técnica de respiración que le había enseñado Tenten hacía un par de meses. Pero después de unos minutos se dio cuenta de que era inútil.
Había apagado la radio y estaba en el salón, recostada en el sofá. Sabía que no tenía nada que temer en aquel lugar; el loft de Sasuke se había convertido en una fortaleza para ella y él no la encontraría allí.
Se masajeó las sienes con los pulgares y el dolor de cabeza, poco a poco, comenzó a disminuir. Cada vez que le sucedía aquello era porque un recuerdo se empeñaba en aflorar a la luz, pero muy pocas veces lograba rescatar algo de verdad importante. Todo parecía desvanecerse cuando se esforzaba más por recordar. La melodía le era claramente familiar y la dedicatoria estaba sin duda dirigida a ella; sin embargo, y por más que lo intentara, no conseguía descubrir lo que significaba aquella canción en realidad. Su mente era una nebulosa gris donde, de vez en cuando, un rayo de luz lograba traspasar la oscuridad, pero se desvanecía antes de que pudiera retenerlo en su memoria.
Se recostó en el sofá, se colocó en posición fetal y cerró los ojos.
Intentó concentrarse, pero fue en vano; los recuerdos venían y se iban con voluntad propia. Eran imprevisibles y se disparaban erráticamente; la tomaban por sorpresa y la dejaban débil y más confundida aún. Al final, su cuerpo y su mente fatigados sucumbieron al agotamiento y cayó en un tranquilo sopor.
—¿Crees que Hinata lo habrá escuchado? —preguntó Ino sentada en el asiento del acompañante del Lexus de Sasuke.
—No lo sé, pero está sola y tengo miedo de que algo suceda.
Ino percibió su preocupación y supo que no solo era porque estuviera bajo su cuidado. Nunca antes lo había visto actuar de aquella manera, hasta el punto, incluso, de arriesgar su propio empleo por una mujer.
—Quiere acercarse a ella y no se cansa de hacérselo saber. —Abrió la ventanilla del automóvil y sonrió complacida cuando la brisa fresca comenzó a jugar con su cabello—. Las muertes, el mensaje en la última víctima, las flores en su almohada y ahora le dedica una canción en la radio. Si no fuera por los crímenes y el mensaje en el cuerpo de Natsu Hōrai diría que se trata solamente de un hombre enamorado.
—Por más sádico que parezca, lo está Ino. —Hasta a él se le heló la sangre al decir aquello—. En su fantasía Hinata lo ama tanto como él a ella y no concibe la vida de otro modo.
—Entiendo —meditó un segundo—, ¿por qué esperaría cuatro años para volver por ella?
A Sasuke también se le había pasado por la cabeza aquella pregunta cientos de veces.
—No lo sé. Tal vez durante todo ese tiempo no ha logrado dar con ella. Hinata se cambió el apellido y abandonó casi todos los vínculos que la unían a la época de su secuestro. Solo su hermano y su amiga han seguido formando parte de su vida después de eso.
—Sí, pero igual siento que hay algo que no encaja en todo este asunto. ¿Qué ha sucedido con él en esos cuatro años? ¿Dónde ha estado? ¿Qué ha hecho?
—Demasiadas preguntas y ninguna respuesta, Yamanaka.
—Lo sé, lo sé —mascullo entre dientes. Odiaba encontrarse frente a un enigma que no podía resolver—. ¿Y si ha estado preso o internado en algún hospital psiquiátrico? —sugirió de repente.
Sasuke sabía que aquella no era una idea del todo descabella.
—Podríamos revisar los registros y ver qué hallamos —sugirió ella.
—Ino, sería como buscar una aguja en un pajar. No sabemos nada del sujeto, ninguna pista que al menos nos permita cotejar datos —le respondió antes de que se entusiasmara demasiado.
—Es realmente complicado este caso; creo que si no comete un error, nunca lo atraparemos. Es demasiado organizado y perfecto para mi gusto.
—No existe el crimen perfecto, Ino. Lo atraparemos, te lo aseguro. —Ella asintió y recostó la cabeza en el asiento.
Minutos después ambos llegaron a la casa de Sasuke. Cuando entraron encontraron a Hinata durmiendo en el sofá con Aoda tendida a sus pies.
—¡Qué imagen tan adorable! —susurró Ino.
Sasuke hizo caso omiso al comentario burlón que había hecho su compañera y observó el cuadro que tenía enfrente. Tuvo que reconocer que le gustaba la sensación provocada por aquella imagen.
—Dejemos que duerman. —Sujetó a Ino del brazo y la arrastró hasta la cocina—. ¿Quieres una cerveza?
Ino asintió. Echó un vistazo a la radio y miró a Sasuke. Él la encendió y descubrió que estaba sintonizada en la estación que había pasado aquel mensaje, pero no le extrañó porque él mismo escuchaba esa emisora de vez en cuando.
—¿Te han dicho cuándo nos entregarán la grabación con la llamada?
—Mañana mismo. El operador ha sido muy amable con nosotros — comentó Ino distraída.
Sasuke sonrió al recordar la cara del pobre hombre embobado con su compañera y con el escote en su camisa.
—Ha sido más amable contigo y no lo culpo. —Ino se sonrojó.
—Hagamos un brindis. —Extendió el brazo con la lata de cerveza fría en su mano—. Brindo por la amistad y por este trabajo que, aunque muchas veces apesta, no sabríamos vivir sin él.
Sasuke asintió y ambos chocaron las latas haciendo que un poco de espuma se volcara encima de su camisa.
—Lo siento, Uchiha —dijo Ino y reprimió una risita—. Será mejor que repare de inmediato este desastre. ¿Dónde tienes un paño?
—Allí, en el primer cajón.
Ino sacó un paño de la encimera y lo mojó con agua.
—Déjame ver qué puedo hacer.
—No hace falta, Ino. En serio, no te preocupes.
—Tú, déjame a mí —le indicó.
Pasó el paño húmedo sobre la mancha, pero solo logró que se hiciera más grande.
—No resulta, Sasuke.
—Parece que no —respondió él y levantó la vista. Fue entonces cuando vio a Hinata parada junto a la puerta con las manos atrás de la espalda. No supo con exactitud cuánto tiempo llevaba allí, pero la expresión en su rostro le indicó que estaba un poco desconcertada.
—Hinata, te has despertado. —Apartó, nervioso, la mano de Ino que aún seguía sobre su pecho y volcó toda su atención en ella.
—He escuchado murmullos y risas en la cocina —explicó mientras miraba de soslayo a Ino.
—Lamentamos haberte despenado —dijo Ino.
—No os preocupéis —respondió con indiferencia. Se sintió una tonta por haber aparecido justo cuando parecían estar compartiendo un momento de intimidad. Más que nunca estaba convencida de que había algo más que una relación profesional entre ellos. No estaba segura de sí soportaría que Sasuke la trajera a su loft, mientras ella estuviera allí.
—Nos han avisado de que habían dejado otro mensaje para ti, una dedicatoria a través de la KHFM; no sabíamos si lo habías escuchado o no y hemos querido venir a ver que estabas bien.
Hinata se sentó en el taburete.
—Sí, lo he oído —dijo y entrelazó los dedos de la mano—. La canción que me ha dedicado…
—¿Qué pasa con ella? —Sasuke se sentó a su lado en el otro taburete.
—La he escuchado antes; de algún modo, me resulta familiar.
—¿Recordabas la canción? —Los ojos azules de Sasuke se iluminaron.
—No exactamente. Sé que esta tarde no ha sido la primera vez que la he oído, pero no puedo recordar de dónde la conozco —explicó desanimada.
—Esa canción debe tener algún significado para él y también cree que significa lo mismo para ti.
—Me he esforzado por recordar más pero el dolor de cabeza es tan intenso que termino con migraña.
—¿Estás bien ahora? ¿No quieres que vayamos a ver a un doctor? —Hinata esbozó una sonrisa cargada de amargura.
—No es necesario, Sasuke. La cabeza ya no me duele. Además, los médicos ya me han dicho que es normal.
—Tal vez estás comenzando a recordar.
—No te hagas ilusiones —le aconsejó. Después de cuatro años ella ya se había resignado a no saber lo que le había sucedido durante los tres meses que había estado secuestrada.
—Sigue su consejo, Sasuke —intervino Ino—. No es bueno crear falsas expectativas.
Sasuke le lanzó una mirada fulminante. Detestaba cuando su compañera le hablaba con un doble sentido.
—Mañana mismo me pondré en marcha para encontrar al mejor especialista en hipnosis.
Hinata asintió, aunque no le dijo que estaba asustada. No quería mostrarse temerosa delante de él una vez más.
—Bueno, será mejor que me vaya —dijo Ino con una amplia sonrisa—. Mi madre me espera para cenar esta noche.
—Te acompaño.
Hinata los observó con atención desde la cocina. Ino le estaba diciendo algo a Sasuke mientras él la miraba. Luego ella le guiñó el ojo y antes de salir recibió una palmadita en el hombro de parte de él. Cuando él la miró ella apartó la vista de inmediato.
—¿Tienes hambre? —preguntó él, ya en la cocina.
—No, he perdido el apetito. —Se bajó del taburete y se dispuso a salir de aquel lugar donde se sentía por completo invadida por su presencia.
—¿Sucede algo? —La sujetó del brazo y le impidió el paso.
—No, pero me he comido dos porciones de pizza por la tarde y ahora no tengo hambre.
—¿Estás segura de que es solo eso? —Había un ligero desafío en el tono de su voz.
—Sí, segura. Prefiero irme a dormir, si no te importa —le dijo y lanzó una fugaz mirada a su mano que aún rodeaba su brazo.
—En absoluto. —La soltó—. Que duermas bien.
Antes de marcharse necesitaba decirle algo. —Quería hablar contigo de un asunto.
—Te escucho. —Se cruzó de brazos y la tela de su camisa se tensó sobre los músculos de su pecho.
Hinata alzó la mirada y se enfrentó a la intensidad de sus ojos que en aquella noche reflejaban los destellos de la calle.
—Se trata de mi trabajo. Estoy en medio de un proyecto importante que dirijo y…
—¿De qué se trata? —la interrumpió para saber más.
—El lanzamiento de una colección de libros de arte a nivel internacional —le informó—. Kurenai me confió este proyecto a mí y debo entregarme a él en cuerpo y alma. No puedo abandonar mi trabajo.
—Nunca te pediría que lo hicieras.
—Perfecto, entonces mañana iré a la editorial como todos los días — dijo satisfecha.
—Tampoco he dicho eso.
—¿Qué quieres decir?
—Puedes ir mañana a la editorial, pero le explicaras a tu jefa que las cosas no serán como antes.
—¿Qué tratas de decirme?
—No podrás ir a la editorial todos los días como hacías antes. Eso sería un riesgo innecesario.
—¡Pero es mi trabajo! ¡No me lo puedes impedir! —Intentó controlar las lágrimas de impotencia.
—Habla con ella y, tal vez, podáis llegar a una solución que os convenga a las dos. —Hizo una pausa—. Es por tu propia seguridad, Hinata. Yo no puedo estar contigo las veinticuatro horas del día.
—¡Nunca te lo he pedido! —le espetó.
—Mañana te acompañare y si quieres, yo mismo puedo hablar con tu jefa y explicárselo.
Hinata lo interrumpió.
—No, no hace falta. Yo puedo explicarle como están las cosas.
—Como quieras, pero sí te llevare hasta allí.
Asintió, le lanzo una última mirada y salió, casi corriendo, de la cocina para encerrarse en la habitación.
A la mañana siguiente, tal y como Sasuke le había dicho, él mismo se encargaría de llevarla a Shimoto Press.
Hinata se despertó cerca de las ocho y tras darse un baño y vestirse con una falda azul oscuro y una camisa a tono, salió de la habitación. Llevaba aún el cabello suelto y cuando Sasuke la vio pensó que sin duda era una mujer hermosísima, simple y naturalmente. No necesitaba ni siquiera maquillarse; su rostro aniñado y fresco resaltaba por sí mismo.
Hinata se detuvo en seco cuando lo vio salir de la cocina, llevaba puesto solo los pantalones de su pijama y su torso estaba desnudo. No era la primera vez que veía a un hombre semidesnudo, pero no pudo evitar sentirse turbada frente a él. Sus ojos se sintieron atraídos por el magnetismo animal que despedía Sasuke. Contempló sus hombros anchos, el pecho bien formado y contorneado por líneas que bajaban a su estómago, plano y firme, y se perdían bajo la tela de su pijama. Alzó la vista y sin poder evitarlo los colores se le subieron a la cara cuando se enfrentó a su mirada. Algo en sus ojos de obsidiana había cambiado, había deseo en ellos y Hinata sintió la misma sacudida que provocaba un choque eléctrico.
—Buenos días.
Su voz sonaba más ronca de lo habitual y aquellas dos palabras solo lograron agitarla aún más. Era un simple saludo de buenos días, pero a Hinata le pareció que le estaba pidiendo que hicieran el amor allí mismo.
—Bu… buenos días. —Hinata se interrumpió y tragó saliva.
—Tienes el desayuno listo; yo, mientras tanto, me daré una ducha — le indicó.
Hinata asintió y desvió la mirada. Lograba estremecerla con solo su voz y aquello ya no era normal.
Sola en la cocina tomó una taza de café y se comió una tostada. Luego, salió a la terraza y encontró a Aoda, que aún descansaba en su posición favorita, las patas delanteras a ambos lados de la cabeza y los mofletes pegados al suelo.
Cuando Sasuke salió de la habitación la buscó en la cocina, pero no la halló. Fue hasta la sala y entonces la vio en la terraza apoyada sobre el balcón. Se quedó un momento contemplándola antes de anunciarle su presencia.
Le estaba dando la espalda y su mirada bajó hasta la falda estrecha que se ceñía a sus caderas y terminaba por encima de sus rodillas. Su larga melena negro noche caía libremente sobre la espalda y el sol le daba algunos matices azulados. Ella volvió el rostro y los rayos de sol iluminaron su perfil casi perfecto. Unas pestañas largas y espesas, una nariz redondeada y aquellos labios carnosos que, cada vez que la tenía cerca, solo deseaba besar.
Hinata se dio la vuelta y entonces lo vio. Sabía que él estaba allí, había sentido su presencia aún sin verlo y cuando lo vio avanzar hacia ella tuvo que sostenerse con fuerza del balcón para controlar el temblor que le recorría el cuerpo. Era demasiado apuesto y su sola presencia atentaba contra ella y su fuerza de voluntad. Le dedicó una fugaz mirada. Se había puesto unos vaqueros azules que resaltaban los músculos de sus piernas y una camisa blanca tan estrecha que Hinata percibió la firmeza de su pecho debajo de ella. Él se acercó más y antes de que pudiera decir o hacer algo ella intervino.
—Si no nos damos prisa, llegaremos tarde.
Pasó a su lado y lo dejó solo en medio de la terraza. Sasuke no tuvo más remedio que caminar detrás de ella para alcanzarla.
—Necesito volver a mi rutina, recuperar mi vida —le dijo ella, de repente, mientras iban de camino a la editorial.
—Te escucho —le respondió con atención.
—Lo de mi trabajo, ya te lo expliqué; hablaré con Kurenai y ella sabrá qué hacer al respecto. Pero hay otras cosas —hizo una pausa—. Mis pinturas, extraño pasar las horas encerrada en mi taller, tal vez no lo entiendas, pero para mí significan mucho.
—Comprendo.
—Hay algo más. Estoy acostumbrada a salir a correr todas las mañanas. Ya hace tres días que no lo hago y mi cuerpo me lo está pidiendo.
Sasuke la miró; debían existir muchas otras cosas que su cuerpo le pedía y que ella le negaba.
Hinata se movió inquieta y creyó que el bolso que sostenía en la mano se le caería al suelo.
—¿En qué piensas? —Se arrepintió enseguida de haberle hecho esa pregunta al descubrir la manera en que él la estaba mirando.
—Veamos; para lo del taller, creo tener la solución perfecta. Solo déjame arreglar algunos asuntos y haré todo lo posible para que puedas recuperarlo.
—Gracias. —Un destello de alegría encendió sus ojos castaños.
—Con respecto a lo otro, no puedo obligarte a que no lo hagas, pero tienes un gimnasio a tu entera disposición en la terraza.
—Pero me gusta correr, sentir la brisa que golpea contra mi rostro.
—No puedes salir sola todas las mañanas, es peligroso y lo sabes —la interrumpió.
Hinata estuvo a punto de protestar.
—¡Está bien, está bien! Veo que es importante para ti. —Dijo. —. Yo mismo te acompañaré, pero, cuando no pueda hacerlo, no saldrás tú sola, ¿de acuerdo?
Hinata ni siquiera dudó un instante en aceptar su propuesta. Volvería a salir y a respirar la libertad que sentía que le estaban quitando al menos un rato cada mañana.
—Empezaremos mañana.
—¡Genial! —Hinata le indicó que faltaban tres calles para llegar a la editorial y cuando por fin el Lexus se detuvo frente al edificio lo miró y le dijo:
—Sasuke, prefiero que me esperes aquí. No es necesario que subas conmigo —dijo mientras apretaba su pequeño bolso sobre su regazo.
Sasuke supo que aquellas palabras en realidad tenían un significado diferente: No quiero que subas conmigo, no quiero que nos vean juntos, no quiero que nadie me acose a preguntas.
Él aceptó de mala gana y la observó mientras entraba al edificio en el que se encontraba la editorial. Tal vez Hinata no quería que alguien en especial la viera llegar acompañada de él. No conocía nada de su vida privada, solo lo que había leído en los expedientes. Hinata y su hermano habían perdido a sus padres a una temprana edad y desde entonces Neji, como su hermano mayor, se había hecho cargo de ella. Había tenido un novio y había roto con él antes de su secuestro. Además de eso, la vida privada e íntima de Hinata Hyuga era un completo misterio para él. Nunca le había mencionado nada de ningún novio, pero no tenía por qué haberlo hecho, no era nadie en su vida como para tener que estar hablando de aquellos asuntos personales.
¿Y si, en efecto, estaba saliendo con alguien? Lo dudaba, nunca había visto a otro hombre cerca de ella, además de su hermano. Si tuviera algún novio escondido por ahí, Hinata lo habría llamado cuando más lo necesitaba. Y él lo sabría. Además, si lo tuviera ya habría aparecido en su casa para llevársela de allí; ningún hombre en su sano juicio permitiría que su novia viviese con otro hombre bajo las circunstancias que fueran.
Apretó los dedos alrededor del volante. Hinata no podía estar saliendo con alguien, simplemente, porque no podía concebir la idea de que otro hombre estuviera cerca de ella.
Kurenai la recibió en su oficina de inmediato.
—Hinata, nos tenías alarmados. Te esperábamos ayer —dijo Kurenai y la invitó a sentarse.
Hinata se tranquilizó al percibir preocupación y no reproche en el tono de su voz.
—Lo siento, Kurenai; habría querido llamarte, pero han pasado algunas cosas y…
—¿Qué ha sucedido? —preguntó inquieta; la expresión en el rostro de Hinata no le agradaba.
Hinata le relató todo lo sucedido lo mejor que pudo, no le ocultaría nada. Nunca lo había hecho y no iba a empezar en ese momento, aunque su sinceridad tal vez le costara su empleo.
—Kurenai, si quieres sacarme del proyecto y contratar a alguien más… —Kurenai apretó la mano de Hinata.
—Jamás se me cruzaría por la cabeza hacer algo así —le aseguró. Hinata sonrió aliviada.
—Te elegí a ti y serás tú la que llevé este proyecto hasta el final.
—Pero no sé si podré venir todos los días hasta aquí y continuar con mi rutina de trabajo habitual, no hasta que lo atrapen.
—Lo entiendo.
—Mi «carcelero» no me lo permitiría —comento para poner un poco de humor a aquella situación tan angustiosa.
—Solo quiere protegerte y me alegro de que lo haga. —Kurenai frunció el ceño—. ¡Todavía tengo la piel de gallina debido a lo que me has contado! ¿Cómo es posible que ese loco haya logrado llegar hasta tu habitación?
Hinata negó con la cabeza.
—No lo sé, Kurenai.
—Al menos ahora ya no estás en esa casa y alguien cuida de ti. —Le sonrió.
—Sé que debería sentirme agradecida, pero me cuesta aceptar la realidad que me toca vivir. —Lanzó un suspiro—. Me siento protegida y cuidada pero no puedo evitar sentirme prisionera de ese hombre. Ese psicópata que no puedo recordar y que sabe cosas de mi vida que yo ignoro.
—¿Qué tal esta tu «carcelero privado»? —pregunto y cambió de tema.
—Se llama Sasuke Uchiha, es detective de la División de Crímenes Violentos y trabaja en el caso del Asesino de las Flores, que no es otro que el hombre que me secuestró hace cuatro años.
—Bien. —Kurenai notó algo de nerviosismo en ella—. Ya me has dado los datos de su currículum vitae, ahora dime lo más importante.
Hinata se enderezó en la silla y jugó con una arruga de su falda.
—No te hagas la desentendida, Hinata. Sabes perfectamente a lo que me refiero.
—No sé a qué te refieres. —Se puso de pie y caminó hacia la ventana.
—Sí lo sabes —le replicó—. Quiero que me cuentes todo, si es guapo, si está soltero. ¿Ha pasado algo entre vosotros?
—Podrás conocer la respuesta a tu primera pregunta si te asomas por la ventana —le dijo.
Kurenai no dudó un segundo en obedecerla.
—¿Es él? —Hinata asintió.
Sasuke había salido del automóvil y estaba fumándose un cigarrillo, cómodamente recostado contra la parte trasera del Lexus.
—Pues ya quisiera yo estar en peligro para tener un hombre así encima de mí todo el tiempo —comentó, sin despegar los ojos de la ventana.
—Te lo cedo sin ningún problema.
—No, tú lo necesitas más. —Hinata suspiró resignada.
—Lamentablemente, sí.
—¿Y qué hay de las demás preguntas?
Hinata la miró, sabía que no le permitiría salir de allí sin recibir sus respuestas.
—Es soltero, creo, aunque estoy casi segura de que tiene algo con su compañera.
—¡Qué pena!
Hinata hizo caso omiso a su comentario.
—Ahora responde a la última pregunta. —Kurenai la tomó del hombro—. ¿Ha pasado algo entre tú y ese bombón relleno de músculos?
Hinata estaba nerviosa, pero Kurenai consiguió hacerla reír.
—¿Te ríes por lo que acabo de decir o porque tienes algún secreto sucio que no me quieres contar?
—No hay ningún secreto —se apresuró a responder—. No ha pasado nada entre nosotros; él se limita a hacer su trabajo y yo trato de acostumbrarme a la idea de vivir continuamente bajo su vigilancia. —Era una mentira a medias y esperaba que Kurenai no se diera cuenta de ello.
«Una mentira que con solo un roce o un beso se convertiría en la verdad más absoluta», pensó.
Kurenai la miraba con desconfianza. Entonces Hinata prefirió cambiar de tema antes de que descubriera lo que en realidad sucedía.
—¿Has pensado en alguna solución?
—¡Pues arrójate a sus brazos y entonces te aseguro que definitivamente va a pasar algo!
—¡Kurenai! ¡No estoy hablando de eso!
—Lo sé, perdóname. —Caminó hasta su escritorio—. Lo único que se me ocurre es que trabajes desde casa.
—¿Es eso posible?
—No es lo habitual, pero creo que no va a haber problemas.
—¿Y Deidara? Se suponía que trabajaríamos juntos.
—Lo haréis, por supuesto. Hablaré con él, no creo que tenga ningún inconveniente en visitarte en el Sharingan District.
—Kurenai, ¿puedo pedirte un enorme favor?
—Lo que quieras —respondió y se volvió a sentar.
—No le cuentes a Deidara la verdad. Cuantas menos personas estén enteradas de todo este asunto, mejor —le pidió.
—Como quieras, pero le va a parecer extraño.
Hinata meditó un segundo. Tenía razón, debía inventar una excusa lo suficientemente creíble para darle a Deidara Kamizuru. No quería perder la oportunidad de trabajar junto a él.
—Dile que no me he sentido bien y que prefiero quedarme en casa, al menos por el momento. Luego veré qué le digo.
—¿Cómo justificarás la presencia de tu detective en su propia casa? —Ni siquiera había pensado en ello.
—No sé, le diré que estoy viviendo con un amigo.
—Está bien, de todos modos, te reunirías con él solo por las tardes — le explicó.
—Perfecto, es cuando Sasuke casi no está en el loft —respondió complacida.
—Muy bien, hablaré hoy mismo con él y te avisaré. —Hinata sacó un papel de su bolso.
—Este es el número de la casa de Sasuke.
—Gracias, lo llamaré y lo invitaré a salir —bromeó.
—Hazlo, no creo que dude en aceptar. —Dijo, recordando el brasier negro que Aoda tenía debajo de su cama.
—Prefiero dejártelo a ti.
—Ya te he dicho que…
Sonó el teléfono de Kurenai y no pudo terminar de hablar.
—Kurenai Yūhi.
Hinata se despidió con la mano y salió para dejarla hablar tranquila.
Al llegar a la acera, Sasuke seguía recostado sobre el Lexus pero ya no fumaba.
—¿Todo bien?
Hinata asintió en silencio. Caminó hacia la puerta del lado del acompañante y dejó que Sasuke la abriera para ella.
—Gracias.
Cuando apoyó la mano en la parte superior de la puerta para subirse al Lexus sus dedos chocaron con la mano de Sasuke y Hinata experimentó una fuerte oleada de calor que le subía por el cuello.
—¿Estás bien? —le preguntó él mientras aspiraba el aroma que despedía su cabello.
Ni siquiera se atrevió a mirarlo y como pudo se metió en el automóvil. Él sabía lo que su proximidad despertaba en ella y parecía disfrutar cada vez que se tocaban por accidente, aunque Hinata presintió que aquel contacto poco había tenido de casual.
Él entró y encendió el motor. Hinata no solo era consciente de su presencia y de las sensaciones que provocaba en ella, sino que comenzaba a aceptar que lo deseaba. Deseaba a Sasuke Uchiha más allá de toda lógica y de una manera casi irracional.
…
Antes de decirles sobre la sorpresa, hablemos del capítulo. ¿Qué les pareció? Esto cada vez va tomando forma y nos acercamos más a lo bueno, no solo respecto a los momentos Sasuhina, sino tambien los momentos loco-secuestrador-asesino... uuuuhhhh, recuerden que se me metió en la cabeza hacer cameos con los personajes de Bleach, asi que... los dejaré que piensen, muajaja.
¿Y la sorpresa? *tose* ¡Ah sí!
Estoy planeando otra adaptación del primer libro que leí en PDF, (el primero no se olvida). No diré aun cual es, pero ya tiene portada y sumary. Eso sí, les puedo decir que es un libro muy, muuuyyy Sasuhina y que cuando lo leí llore en algun punto con lágrimas de empatía y orgullo. Les gustará lo sé…
Pero antes de comenzar a publicar quiero avanzar hasta el capítulo 15 de Nomeolvides, pretendo terminar esta historia justo en la fecha en que la publique hace un año: 2 de agosto :3
Eso es todo amigusss, nos vemos posiblemente mañana.
Ciao!
