© Naruto, Masashi Kishimoto.
Adaptación Sasuhina.
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꧁Nomeolvides꧂
Capítulo 12
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«Hime, no te alejes, te necesito. He esperado cuatro años para que este reencuentro por fin se lleve a cabo.»
La voz se perdía, al igual que su sombra en una espesa bruma que la rodeaba y la enceguecía. No podía ver su rostro, pero su voz parecía retumbarle en los oídos. Se aterrorizó cuando comprendió que se estaba acercando. No lo veía, pero lo sentía y el temor que le erizaba la piel era tan fuerte como su presencia misma.
Intentó abrir los ojos, pero no consiguió hacerlo. Sus párpados se negaban a obedecerla; no podía verlo, aunque presentía que él se estaba acercando.
«Hime, por fin estaremos juntos. Nada ni nadie podrá ya separarnos. Te pertenezco y me perteneces y nuestra unión sellará nuestro amor para siempre.»
Lo sintió respirar junto a su rostro, su aliento tibio le helaba la sangre. Le pidió que no lo hiciera, le suplicó que la dejara ir, pero sus gritos de terror parecían perderse en medio de la oscuridad una y otra vez sin ser escuchados.
—¡Déjame! ¡No!
Unos brazos firmes la sujetaron con fuerza.
—¡No me hagas daño!
—¡Hinata, despierta!
La voz de Sasuke la obligó a abrir los ojos.
Por un segundo, no supo lo que estaba sucediendo; solo sabía que estaba aterrada y que el corazón le bombeaba muy fuerte dentro del pecho. Un escalofrío le recorrió la espalda.
—¿Estás bien? —Sasuke no la había soltado aún.
—S-sí —apenas balbuceó—. Solo ha sido una pesadilla.
—Me he asustado cuando te he oído gSawakor. —Por fin la soltó. Hinata se cubrió con las sábanas hasta el cuello.
—Lo siento, no quería asustarte. Tal vez debería haberte advertido de que esto sucedería —le dijo mientras se pasaba la mano por el cabello y lanzaba un suspiro.
—¿No es la primera vez? —Hinata negó con la cabeza.
—No, las he tenido durante años. Comenzaron un tiempo después de mi reaparición —le explicó—. Siempre es lo mismo, estoy en un lugar a oscuras y escucho una voz; pero no puedo ver nada.
Sasuke notó que Hinata se había quedado absorta en sus pensamientos de repente.
—¿Qué sucede?
—Ha habido algo diferente esta vez. —Clavó sus ojos ópalo en él—. Me llamaba «Hime»; nunca antes había surgido ese nombre en las pesadillas.
—Eso es una buena señal; tal vez, tus recuerdos están volviendo — adujo Sasuke.
—O tal vez solo es mi subconsciente. Tú mismo me mencionaste ese nombre y yo lo he trasladado a mi pesadilla.
Sasuke asintió; muy a su pesar sabía que Hinata podía tener razón.
—¿No recuerdas nada más?
—No, todo está a oscuras y él me habla.
—¿Qué te dice?
—Que después de cuatro años, por fin vamos a estar juntos. —Cruzó ambos brazos sobre el pecho; con solo recordar aquellas palabras reavivaba el terror que experimentaba en sus pesadillas—. Me dice que nada ni nadie podrá separarnos.
—¿Algo más?
Ella negó con un movimiento de cabeza.
—Bien, será mejor que intentes dormir de nuevo. —Apoyó una mano sobre su regazo y Hinata, instintivamente, se movió hacia atrás. No era el miedo que había dejado la pesadilla, era el rastro que había dejado el contacto de la piel de Sasuke solo unas horas antes lo que le hizo reaccionar de esa manera.
Bajó la mirada, no podía volver a enfrentarse una vez más a aquellos ojos negro noche que le recordaban cuán vulnerable se sentía junto a él. La emoción del beso aún latía en sus labios; el tacto de su lengua aún le ardía en la boca. Si tan solo apartase su mano de su regazo, si tan solo se levantase de aquella cama y se alejase de ella…
Pero Sasuke simplemente no podía hacerlo. Era como si se sintiera atado a Hinata aun sabiendo que debía cortar cualquier lazo con ella antes de que las cosas se tornaran inmanejables. Las palabras de Ino martilleaban en su cabeza y se debatían con el fuego que ardía en sus entrañas.
Nunca había deseado a alguien de esa manera. Y el no poder tenerla avivaba aún más su fuego. Reprimió las ansias desenfrenadas que tenía de besarla y estrecharla en sus brazos y terminar con lo que él mismo había interrumpido horas antes. Respiró hondo y se levantó de la cama; debía poner un poco de distancia entre ellos.
Ninguno dijo nada durante un incómodo momento.
—Que descanses, Hinata —dijo Sasuke—. Dejaré la puerta abierta por si me necesitas.
—Gracias.
Recostó la cabeza en la almohada. Se maldijo a sí misma; por más que lo intentara no podía ignorar la decepción que sentía por no haber terminado lo que habían empezado. Sus dedos se clavaron en el colchón; era inútil, ya no podía negarlo o evitarlo, mucho menos, obviar el deseo que le palpitaba por las venas.
Medio dormida escuchó unas voces. Parecían provenir del salón comedor. Reconoció de inmediato la voz de Tenten que hablaba con Sasuke.
Hinata pegó un salto y corrió hacia la puerta. Las ganas que tenía de ver a su amiga le hicieron olvidar por completo que aún llevaba ropa de cama cuando abandonó la habitación.
—¡Tenten! —De tres zancadas acortó la distancia que la separaba de su amiga. Hacía solo cuatro días que no se veían pero para ellas, que habían vivido juntas durante más de tres años, aquello parecía casi una eternidad.
—¡Hinata, amiga! —Se abrazaron y Hinata no pudo ocultar las lágrimas—. ¡Vamos, no llores!
—Lo siento, soy una tonta.
—¿Cómo estás? —preguntó mientras estudiaba su apariencia—. Te veo un poco más delgada.
—Tú también lo estás. —Tenten frunció el ceño.
—Hinata, un signo de pérdida de peso a mí me alegra —le tocó las mejillas—; en cambio a tu…
—¿Qué quieres decir? —preguntó y fingió enojo—. ¿Qué no me veo bien?
—Un poco demacrada, pero creo que es normal —acotó con amargura.
Hinata asintió.
—¿Quieres un café?
La voz de Sasuke le recordó que no estaban solas; la forma en que él la estaba mirando, recostado muy tranquilo contra el marco de la cocina, le recordó también que aún llevaba puesto el pijama. Los colores se le subieron a la cara.
—Sí —murmuró—. Gracias.
Sasuke le sonrió no sin antes pasear sus ojos otra vez por su cuerpo. En ese momento podía ver finalmente lo que la noche anterior le habían ocultado las sábanas. Llevaba unos pantaloncitos cortos negros; eran holgados pero dejaban ver al completo sus muslos bien torneados. Encima tenía puesta una blusa sin mangas y desde aquella distancia se podía ver que no llevaba nada debajo y que sus pechos se tensaban debajo de la tela de algodón cada vez que se movía.
Hinata tuvo la sensación de estar desnuda en medio del salón y que, en un momento, se había convertido en un objeto en exhibición. Cuando Sasuke las volvió a dejar a solas para meterse en la cocina aún podía sentir la intensidad de su mirada que le quemaba la piel.
—¿Estás bien? —Tenten había notado su reacción.
—Sí, espérame en la cocina mientras me visto. Iba a salir a correr esta mañana pero ahora que estás aquí ¡ni loca te suelto!
—Mejor así; aunque en un par de horas debo estar en la redacción. — Bajó el tono de la voz—. Pero no me iré de aquí hasta que me cuentes todo.
Hinata supo enseguida lo que su amiga quería decir con «todo». Al parecer, Tenten no había pasado por alto su nerviosismo frente a Sasuke.
Se escapó hacia la habitación antes de que la acosara a preguntas. Unos minutos después y ya vestida encontró a Tenten que hablaba, muy animada, con Sasuke.
—Sasuke me estaba contando que tienes tu taller aquí, en este mismo edificio —le comentó Tenten apenas puso un pie dentro de la cocina.
¿Sasuke? Parecía que su amiga ya tenía la suficiente confianza como para llamarlo así. Si no hubiese sabido que Tenten estaba perdidamente enamorada de su hermano habría sentido celos. ¡Dios! ¿Qué le estaba pasando? ¿Qué tenía aquel hombre que le hacía actuar de aquella manera?
—Así es —respondió mientras se acomodaba en el taburete que quedaba libre. Sasuke estaba de pie y no le había quitado los ojos de encima desde que la había visto traspasar el umbral de la puerta.
Se había vestido de manera informal, con unos pantalones baggy y una básica blanca. Volvió a imaginársela usando solo su pijama y sintió que la sangre le quemaba las venas. Dejó la taza de café, se despidió de ambas y le reiteró a Tenten el gusto de volver a verla.
—Regresaré por la tarde —le indicó antes de salir.
Hinata asintió mientras se tomaba su café. Cuando se quedó a solas con su amiga temió enfrentarse a su mirada inquisidora.
—¡Cuéntame! ¿Ha sucedido algo entre Sasuke y tú? —Hinata apoyó la taza con cuidado sobre la encimera.
—¿Sasuke? —preguntó y alzó una ceja—. Veo que has entrado en confianza con él de inmediato.
—¿A qué viene esa observación?
—No lo sé, es solo que hace apenas unos días que lo conoces y ya lo llamas «Sasuke». —Hinata pensó que no tenía derecho a hacer aquel comentario, después de todo lo suyo era peor. Hacía apenas unos días que conocía a Sasuke Uchiha y no lograba quitárselo de la cabeza.
—No estarás celosa, ¿no?
—¡Por supuesto que no! —Soltó y se puso a la defensiva. —Sabes que por quien suspiro es Neji. —Hizo una pausa—. Aunque reconozco que «Sasuke» es encantador —subrayó.
—Lo sé.
—¿Qué me muero por tu hermano, o que tu detective es encantador?
—¡No es mi detective! —respondió. Odiaba cuando su amiga le hacía caer en sus propios errores.
—Como sea, debes reconocer que es sumamente atractivo y que compartir el mismo techo con un hombre así…
Hinata la detuvo antes de que siguiera con sus conjeturas.
—Estás equivocada.
—Por lo que acabo de ver hoy, diría que no lo estoy —acotó con una sonrisita divertida.
—Hay una mujer en su vida, Tenten, y créeme que esa mujer no soy yo.
Hinata percibió un atisbo de decepción en los ojos de su amiga.
—¿Quién es la afortunada?
—Su compañera, la detective Yamanaka —respondió.
—¿Estás segura? —Ella asintió.
—Cuando vinieron a verme al periódico no noté entre ellos más que una relación de trabajo —comentó contrariada.
—Supongo que dejarán lo demás para cuando no están cumpliendo con su deber —acotó Hinata.
—¿No estarás equivocada? —Tenten se negaba a creer lo que estaba oyendo; mucho más después de haber visto de qué manera el detective había mirado a su amiga aquella mañana.
—No. —Se mordió el labio—. Yo misma los he visto; se llevan muy bien y cuando están juntos hay cierta intimidad entre ellos; ya sabes, risas compartidas, recuerdos en común, cosas que los unen de una manera casi especial.
—Entiendo.
No le comentó el hecho de haber encontrado el sujetador debajo de su cama y tampoco le dijo que lo había arrojado con rabia dentro del canasto de la ropa sucia.
—Deberías ver cómo lo mira y lo molesta que se pone cuando yo estoy cerca. —Esbozó una sonrisa amarga—. Discutieron cuando supo que él me traería a vivir aquí.
Tenten se quedó un momento en silencio.
—¿En qué piensas? —Ya le daba miedo preguntar.
—¿Y si es ella la que está enamorada de él? Tal vez para Sasuke sea solo una buena amiga y nada más.
Una pequeña llama de esperanza se encendió dentro de Hinata.
—¿Tú crees? —No quería parecer demasiado entusiasmada con la idea.
—No lo sé, pero creo que sus dardos están apuntando hacia otra dirección —alegó y miró de reojo a su amiga.
—Hablando de dirección —quería cambiar de tema lo antes posible—, ¿cómo has llegado hasta aquí?
—Él me llamo. Me dijo que viniera a verte, que tal vez me necesitarías—respondió.
—Anoche tuve otra pesadilla. —Clavó su mirada en la taza de café vacía—. Esta vez, le sentí llamarme «Hime». Después de cuatro años es la primera vez que ese nombre aparece en mis sueños.
—¿Qué te dijo Sasuke?
—¿Él te lo ha comentado?
—Sí, me ha dicho que te despertaste en medio de la noche gSawakondo aterrada.
—Tenía la ilusión de que ya no volvería a tener esas pesadillas. — Respiró hondo—. Pero siempre vuelven.
—Cuando todo esto termine desaparecerán por completo y volverás a estar tranquila —le dijo mientras apretaba su mano.
—Sin embargo, no puedo olvidar que aunque algún día lo atrapen ya han muerto tres chicas por mi culpa. —Era la primera vez que decía aquello.
—¡No es culpa tuya, Hinata!
—¿Por qué siento entonces que debería ser yo y no ellas? —Se le había quebrado la voz—. Él me busca a mí y mientras no me tenga seguirá matando. Tal vez debería dejar que me encuentre.
—¡No lo digas ni en broma! —Se puso de pie y abrazó a su amiga por detrás—. Tú no eres culpable de nada. Aquí el único que debe pagar es ese loco —le aseguró.
—Esas chicas no merecían morir.
—Y tú tampoco merecías ser secuestrada y, cuatro años después, volver a vivir la misma pesadilla.
Hinata apoyó la cabeza en el brazo de su amiga. Se sentía reconfortada junto a ella.
—Cambiemos mejor de tema. —Tenten se separó y enjugó las lágrimas de su amiga con la yema de sus pulgares.
—Solo si prometes no hablar de Sasuke —le pidió y trató de recuperar la calma.
—Está bien, lo prometo. —Volvió a sentarse en el taburete frente a ella—. En realidad, además de venir a verte, vengo hasta aquí a cumplir el encargo de un amigo.
Hinata la miró curiosa.
—Uno de mis compañeros en el Konoha Bee, Rock Lee, me pidió que hablara contigo e intentar convencerte —dijo con una sonrisa.
—¿Convencerme de qué?
—Rock es un excelente reportero y, además, un escritor prometedor —explicó.
—Sigo sin entender adónde quieres llegar.
—Él ha seguido el caso del Asesino de las Flores desde el comienzo y está interesado en escribir un libro sobre el tema.
—¿Qué tiene que ver eso conmigo?
Tenten carraspeó. Sabía que tal vez no había hecho bien pero cuando Sasori la acosó a preguntas después de la visita de los detectives a la redacción del periódico, terminó por llamar la atención de Rock Lee y a su vez, les contó a ambos lo que había estado sucediendo.
—Rock sabe que los asesinatos tienen que ver con tu secuestro — hizo una pausa—; yo misma se lo dije.
Hinata estuvo a punto de protestar.
—Lo sé, lo sé y te pido perdón; pero la visita de Sasuke y su compañera me habían dejado devastada. Rock Lee y Sasori estaban allí, entonces ambos comenzaron a hacerme preguntas y terminé por contarles todo.
Debería estar enfadada con su amiga, pero no podía.
—No te preocupes, no tiene importancia —le dijo para quitarle el peso de haber cometido un error.
—Cuando supo que tú eras mi amiga, me pidió que te comentara lo de su libro. Quiere entrevistarse contigo, Hinata.
—No sé, Tenten. No me parece muy buena idea —respondió. No tenía ningún interés en que su historia saliera a la luz. Cuando todo aquello terminara lo enterraría para siempre en la más profunda oscuridad.
—Me rogó casi que intentara convencerte. —Hizo una pausa—. Solo quiere hablar contigo. Rock es un amigo y un compañero de trabajo excelente.
Con las alabanzas que su amiga hacía del sujeto se sintió en la obligación de, al menos, darle la oportunidad de escucharlo.
—Está bien, dile que hablaré con él.
—¡Perfecto! Le diré que te llame y así podréis concretar una cita.
Hinata no tuvo más remedio que asentir ante el entusiasmo de su amiga a pesar de no estar completamente convencida de haber hecho lo mejor.
Sasuke e Ino subieron las escaleras de la Universidad Konoha sin prisa. Dentro del edificio, en el área de Arqueología, los esperaba la doctora Tsunade Senju, la experta en cultura celta con la que Ino había contactado un par de días antes.
Una joven delgada les indicó que la oficina de la doctora Senju era la última puerta al final del pasillo. Se encaminaron hacia allí y una mujer de unos cuarenta años, de cabello rubio platinado y unas enormes gafas de carey, los recibió.
—Supongo que se trata de los detectives que querían hablar conmigo sobre el nudo celta —dijo y los invitó a entrar.
Ambos asintieron. La oficina era bastante grande y dos de las cuatro paredes estaban cubiertas con repisas que llegaban hasta el techo. Había libros, una cantidad enorme de cuadernos y varios objetos que descansaban en los estantes. Apenas había espacio para colocar algo más. El portátil estaba encendido encima del escritorio, donde una maraña de papeles parecía esperar a que la doctora Senju les volviera a prestar atención. Ella se sentó en su silla y los invitó a tomar asiento.
—¿Café o té?
—Nada, gracias —respondió Sasuke y se sentó al lado de su compañera—. Vayamos al grano.
—¿Ha traído la foto? —le preguntó a Ino mientras los escudriñaba a ambos detrás de sus gruesas gafas.
Ino sacó la fotografía de su bolso y se la mostró. La doctora Senju se quedó un minuto en silencio.
—Interesante. —Entrecerró los ojos—. Sin duda es un símbolo celta. En la antigua Irlanda, antes de que los romanos la invadieran, el arte de los celtas era representado en piedras. El primer estilo usado en esos monumentos se llamó «La Tene». Sus diseños mostraban motivos en espiral, tramas entrelazadas y nudos que habían sido utilizados por los trabajadores del metal durante siglos. —Dejó la fotografía sobre el escritorio y fue hasta una estantería, regresó con un objeto entre las manos—. Este es un talismán, fue hallado hace unos veinte años en una excavación en Francia. Data del período Hallstatt, más conocido como la edad de los príncipes, aproximadamente a mediados del siglo V antes de Cristo —explicó.
Se lo entregó a Ino.
—Como podrán ver tiene un nudo celta grabado en el centro.
En efecto, encastrado en el centro de aquella pieza de metal se podía observar un nudo celta perfectamente tallado; idéntico al que aparecía tatuado en la piel de las tres víctimas y en Hinata.
—¿Qué significado tiene? —preguntó Ino. Había investigado algo del asunto a través de Internet pero prefería escuchar la opinión de una experta.
—Pues los diseños más antiguos tenían, por cierto, un simbolismo espiritual que se fue perdiendo a través del tiempo y que también se vio influenciado por la llegada del Cristianismo y de otras culturas. —Entrelazó sus manos encima del escritorio—. El continuo enroscado de los diseños sugería eternidad y conexión; algunos nudos han sido diseñados para ahuyentar espíritus malignos.
Sasuke presentía que lo que estaban oyendo tenía poco que ver con lo que ellos estaban buscando. Dejó que la mujer continuara hablando.
—La combinación de figuras humanas o de animales podía representar la naturaleza dependiente de dos o más nudos enlazados juntos y que simboliza a los amantes, a los cazadores y su presa, a la comunión entre Dios y el hombre y, en la Edad Media, a la Santísima Trinidad. Algunos nudos, como el que usted sostiene en su mano, fueron usados como talismanes mágicos para protección.
—Háblenos más de la parte en la que representa a los amantes —le pidió Sasuke.
—Los diseños más modernos incluían corazones entrelazados y otros «nudos de amor». —Observó de nuevo la fotografía del tatuaje—. Según unas reglas generales la forma del diseño a veces determinaba el significado de un nudo. Viendo este diseño, puedo decirles que, quien sea que haya tatuado este nudo celta, buscaba representar la unidad o la eternidad. Es un nudo que no se puede deshacer y se creía que era intercambiado por los amantes como deseo para que su relación fuera eterna; simboliza el complemento y la fusión de la pareja.
Sasuke y Ino se miraron por un momento. Aquello sí les resultaba conocido.
—Gracias, doctora Senju.
—Hay algo más —les dijo y se acomodó las gafas por encima del puente de la nariz—. Es muy probable, es más, estoy casi segura, de que la persona que tatuó el nudo celta también lleva el suyo sobre su piel.
Salieron de aquella oficina tras agradecerle, una vez más, a la doctora Senju su cooperación.
—Interesante, ¿no crees? —preguntó Ino mientras abría la puerta del acompañante del automóvil de Sasuke—. El sujeto debe de tener tatuado el nudo en alguna parte de su cuerpo.
—Si tuviéramos al menos un sospechoso, todo sería más sencillo — respondió él, un poco menos animado que su compañera.
—No tardará en caer. Cada paso en nuestra investigación nos adentra más en su mundo.
Sasuke asintió y encendió el motor.
—¿Qué ha sucedido con la cinta de la emisora de radio?
—Mañana mismo estará en el laboratorio para ser analizada — respondió Ino mientras se abrochaba el cinturón.
—Muy bien, ¿Vuelves a la comisaría o te llevo a tu casa?
Ino le lanzó una mirada perspicaz.
—¿Acaso tienes prisa por deshacerte de mí?
—¿Cómo puedes pensar eso?
—Porque no ves la hora de dejarme por ahí y llegar a tu casa lo antes posible. —Torció la boca—. Y no creo que sea Aoda la culpable de esa ansiedad.
Sasuke apartó la mirada de inmediato; temía que su compañera descubriera lo que había en sus ojos. ¿Qué diría ella si supiera del momento de intimidad que Hinata y él habían compartido la noche anterior? Sin lugar a dudas pondría el grito en el cielo; y no era para menos.
—¿Hay algo que quieras decirme y que se supone que yo no debería saber? —lo interrogó.
—En absoluto —respondió con firmeza.
—¿Seguro?
—Seguro, detective Yamanaka.
—Espero que me esté diciendo la verdad, detective Uchiha.
Sasuke tragó saliva y se quedó en silencio. No podía contárselo a Ino; sobre todo cuando le había prometido que no cometería la locura de involucrarse con el único testigo que tenían en el caso. Él confiaba ciegamente en su compañera, e incluso muchas veces habían hablado de temas personales que nada tenían que ver con la labor policial. Él conocía todos sus secretos y ella conocía los suyos. Bueno, no todos. Lo que había pasado con Hinata y la manera en la que la deseaba cada vez que la tenía cerca y cómo anhelaba regresar a su casa tan solo para verla, eso no podría saberlo nunca. Aunque, conociendo a su compañera, dudaba que no lo supiera ya.
Finalmente, una vez que logró escapar de sus preguntas y sus miradas inquisidoras, la dejó en el edificio donde vivía su hermana, abandonó aquella parte de Konoha y se internó en el Sharingan District. Observó su reloj. En veinte minutos llegaría a su casa. Se imaginó a Hinata esperándolo vestida para la ocasión y oliendo a violetas frescas; la cena lista y en la mesa dos velas y una botella de vino, Aoda recostado junto al sofá completaba aquella escena que, vívidamente, se repitió una y otra vez durante el trayecto.
El montacargas estaba vacío cuando subió y no se encontró a nadie en el pasillo. Mejor así; llevaba prisa y no quería perder tiempo hablando con nadie, solo quería verla. Saber que ella estaba allí, al otro lado de la pared, aceleraba frenéticamente el ritmo de su corazón.
Entró y como de costumbre arrojó sus llaves dentro de la vasija de cerámica que descansaba sobre la mesita. Lo primero que distinguió fue el desorden de papeles y un portátil encima del baúl de cuero. Era extraño, no le había visto coger un portátil el día que fueron a su casa. Echó un vistazo al resto del lugar; no había señales de Hinata por ninguna parte, tampoco Aoda estaba donde siempre solía estar.
De repente, una sombra que se movía en la cocina alertó sus cinco sentidos. No era Hinata, la silueta que alcanzó a distinguir era la de un hombre. Sacó la pistola de la cartuchera y la sostuvo con fuerza entre las manos.
Había un intruso en su cocina y no sabía dónde estaba Hinata. Sintió que su cabeza comenzaba a latir mientras un sudor frío bajaba por su frente en pequeñas gotas. La garganta se le secó y comenzó a caminar hacia la cocina con la pistola empuñada hacia adelante. Ignoraba lo que estaba haciendo aquel hombre allí, pero se movía de forma pausada de un lado a otro dentro de su cocina. Se recostó contra la pared y cerró los ojos. Respiró hondo cinco veces y lentamente los volvió a abrir. Estaba preparado, era parte de su trabajo; ya había pasado por lo mismo antes, pero esa era la primera vez que le tocaba tan de cerca, en su propia vivienda.
Con un movimiento rápido se dio media vuelta y entró en la cocina sin hacer el menor ruido.
—¡Alto o disparo!
...
Dejaré esto y me iré lentamente...
