© Naruto, Masashi Kishimoto.

Adaptación Sasuhina.


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꧁Nomeolvides꧂

Capítulo 13

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El hombre arrojó la bandeja por el aire cuando vio aquella pistola a tan solo unos milímetros de su cabeza.

Los brazos rígidos de Sasuke seguían sosteniendo con fuerza la 9 milímetros.

—¿Quién es usted? ¿Dónde está Hinata?

El intruso intentó balbucear algunas palabras, pero estaba demasiado asustado como para decir algo.

—¡Hable, demonios! —Dio un paso hacia adelante—. ¿Dónde está Hinata?

—¡Sasuke! ¡Por Dios! ¿Qué estás haciendo?

Hinata entró como una tromba a la cocina y Sasuke la observó ponerse de pie junto al intruso que, en cualquier momento, terminaría por mojarse los pantalones—. Deidara, ¿estás bien?

—¿Conoces a este tipo? —preguntó casi gritando.

—¡Por supuesto que lo conozco! —Ayudó a Deidara a sentarse. Estaba pálido y le temblaban las piernas—. Es Deidara Kamiruzu, trabaja conmigo en la editorial.

Sasuke escuchó su explicación, pero todavía seguía apuntándole con su arma.

—¿Podrías…?

—Ah, sí, lo siento. —Guardó la pistola en la cartuchera que colgaba de su pecho y volvió a mirar al hombre que segundos antes había estado a punto de matar—. Lo siento, hombre.

Deidara apenas pudo asentir. Hinata tenía una mano encima de su hombro y la otra le rodeaba un brazo.

—¡Casi lo matas del susto! —exclamó Hinata. Estaba a las claras reprochándole su actitud.

—Ya me he disculpado, pero debes entender que no estoy acostumbrado a llegar a mi casa y encontrarme con un desconocido que se pasea por mi cocina —le dijo con ironía.

Hinata lamentó entonces haberle hablado de aquel modo. Después de todo, no era más que su culpa; si ella le hubiese avisado de que Deidara trabajaría con ella allí, aquel desagradable incidente nunca habría ocurrido.

—Tienes razón, ha sido culpa mía —reconoció por fin—. Debería haberte comentado que Deidara vendría.

—Deberías haberlo hecho, sí. —Extendió la mano hacia él tal Deidara—. Soy el detective Sasuke Uchiha.

Deidara dudó un segundo y retribuyó su saludo.

—Deidara Kamiruzu —dijo e intentó recobrar la calma—. ¿Es usted policía? —preguntó contrariado.

—Así es. —Entrecerró los ojos y miró a Hinata—. ¿Qué ha pensado cuando me ha visto apuntarle con mi pistola?

—En realidad, no he podido pensar mucho. Hinata me había dicho que compartía la vivienda con un amigo; nunca me mencionó que fuera policía.

«¿Amigo?» ¿Por qué Hinata se había inventado esa mentira? Entonces recordó su renuencia a que subiera con ella cuando la había acompañado a la editorial; seguramente no quería ser vista con él. No quería que alguien pensara, tal vez, lo que no era o hiciera demasiadas preguntas. Comprendía, tal vez a su pesar, que esa persona era Deidara Kamiruzu y que Hinata debía tener un motivo muy importante para haberse inventado que eran amigos y no mencionar el hecho de que él era policía.

—¿Qué sucede aquí, Hinata? —preguntó Deidara.

—Lo mismo quisiera saber yo —agregó Sasuke.

Hinata sintió que aquella situación se le estaba yendo de las manos, pero si había alguien que necesitaba sus explicaciones ese era Deidara y no Sasuke.

—Deidara, te contaré la verdad. —Se mordió el labio inferior—. Perdóname por haberte engañado pero no quería involucrarte.

—¡Por Dios, Hinata! ¡Me estás asustando! —Apretó la mano que aún seguía rodeando su brazo bajo la atenta mirada de Sasuke.

—Vamos al salón te contaré todo con calma. —Le dirigió una mirada a la bandeja que estaba tirada en el suelo y luego miró a Sasuke—. ¿Te molestaría preparar un poco de café?

Sasuke estuvo a punto de decir algo, pero Hinata se aferró al brazo de Deidara y salió de la cocina con él.

Un cuarto de hora después Deidara seguía más consternado que al principio al escuchar lo que Hinata tenía que decirle.

—Le pedí a Kurenai que no te comentara nada, creía que podría mantenerte fuera de todo este asunto. —Esbozó una tenue sonrisa.

Sasuke, sentado sobre la mesa de billar, los observaba con atención mientras hablaban.

—Deberías habérmelo dicho todo desde un principio. Tarde o temprano me habría enterado y nos habríamos evitado lo que ha sucedido en esa cocina.

—Lo siento, Deidara, es que mi vida se ha convertido en una pesadilla y cuanta menos gente esté involucrada, mejor.

—Jamás me lo habría imaginado, no sabía nada de esto. —Hizo una pausa—. He oído en las noticias lo de los crímenes, pero me parece increíble que tengan que ver contigo.

—Es una pesadilla que comenzó hace cuatro años, y no sé cuándo va a terminar. —Agachó la cabeza no iba a llorar en ese momento.

Deidara la tomó de la barbilla y la obligó a mirarlo.

—Qué bueno que me lo hayas contado; es bueno saber que confías en mí a pesar de que hace tan poco que nos conocemos.

Sasuke se puso de pie y se acercó.

—¿Hace cuánto os conocéis? —Le molestaba la mano de aquel hombre en el rostro de Hinata. Sonrió cuando él la soltó para responder.

—Kurenai nos presentó hace unos días. Ambos trabajaremos juntos en el nuevo proyecto de Shimoto Press.

—Entiendo.

Hinata miró a Sasuke por un instante; no le gustaba nada el tono de su voz al dirigirse a Deidara. Percibió que no solo estaba molesto por su presencia, había algo más que no alcanzaba a comprender.

—Kurenai me sugirió que Deidara y yo podríamos trabajar aquí —dijo Hinata e intentó descubrir lo que se ocultaba detrás de los ojos de obsidiana de Sasuke—. Espero que eso no signifique un problema para ti. Si es así, podemos hacer un espacio en el taller y quedarnos allí.

—No es necesario, podéis trabajar aquí cuando gustéis, no me molesta en absoluto —se apresuró a decir. Prefería tenerlos al alcance de la vista y evitar que Hinata estuviera a solas con aquel hombre.

Su teléfono móvil comenzó a vibrar dentro del bolsillo trasero de sus pantalones.

—Disculpen. —Les dio la espalda—. ¿Qué sucede, Ino?

Hinata reaccionó al escuchar el nombre de su compañera.

Segundos después, Sasuke terminó la llamada y cuando se volvió hacia ella Hinata supo que algo andaba mal. Se puso de pie y se cruzó de brazos. Había comenzado a temblar al presentir lo que Sasuke estaba a punto de decirle.

—Han hallado a otra muchacha muerta.

Sasuke se restregó los ojos. Habían pasado más de dos horas desde su llegada a aquella escena del crimen y un dolor constante le martilleaba la cabeza. Ino había salido un momento a tomar aire y se arrepintió de no haberla acompañado.

El cadáver de la que se había convertido, oficialmente, en la cuarta víctima yacía sobre la cama. La observaba y le parecía estar viendo a Hinata; esa muchacha en particular, tenía un parecido mayor con ella que las otras tres. Se estremeció ante la idea de llegar un día a la escena de un crimen y descubrir que la muchacha que yacía muerta sobre su cama ya no era una burda imitación de Hinata, sino que el asesino había finalmente decidido convertir su fantasía en realidad.

—¿Estás bien? —preguntó Ino al entrar de nuevo en la habitación.

Sasuke no pronunció palabra, solo negó con un leve movimiento de cabeza.

Ino notó que estaba afectado de verdad. Haber descubierto el mensaje que el asesino había dejado esa vez había sido abrumador para él.

Observó el cuerpo inerte de Sawako Kuronuma, una aspirante a pianista que se había convertido en la cuarta víctima del Asesino de las Flores. Era tan parecida a Hinata. Ino estaba segura de que lo sería aun sin la intervención del asesino por caracterizar a sus víctimas. Ese hecho y el mensaje que había dejado tallado en su vientre, sin duda, eran los causantes del rostro consternado de su compañero.

Leyó las cuatro palabras por enésima vez.

«Hime, regresa a mí.»

Cada vez más claro, más siniestro, como si con cada crimen estuviera un paso más cerca de ella.

El perfume de los pétalos de nomeolvides inundaba toda la habitación. Cuando Sai llegó, Ino lo saludó con una sonrisa. Sasuke apenas lo vio.

—¿Por qué no te vas? Yo puedo quedarme —dijo Ino mientras le tocaba el brazo.

—No sé. No debería abandonar la escena del crimen, Yamanaka.

—Rompamos las reglas por esta vez, Uchiha. —Le sonrió con comprensión—. Vete a casa, yo terminaré aquí y mañana te pongo al tanto de las novedades. Ya no hay nada más que puedas hacer.

Sasuke asintió y después de agradecerle lo que estaba haciendo por él, se marchó.

—¿Qué le pasa a Uchiha? —preguntó Sai mientras examinaba los hematomas que la víctima tenía alrededor del cuello.

—Me temo que a veces se toma demasiado en serio su trabajo — comentó distraída.

Deseaba creer que solo se trataba de eso; pero en el fondo sabía que lo que estaba afectando a su compañero era algo más profundo. Solo esperaba que los sentimientos que había despertado Hinata Hyuga en él no nublaran su razón y su capacidad de desenvolverse con eficiencia en su trabajo. Cualquier error podría poner en peligro no solo la vida de ella, sino también la de él.

Respiró hondo y dejó escapar un soplido de resignación.

Cuando entró en su loft reinaba un silencio absoluto; solo las luces que entraban a través de los cristales de la puerta ventana que daba a la terraza iluminaban el salón comedor. Hinata seguramente estaría durmiendo después de haber trabajado toda la tarde con el tal Deidara Kamiruzu. Echó un vistazo al baúl en donde todavía había algunos papeles desparramados y un par de carpetas.

Caminó hasta el sofá y se dejó caer en él con pesadez. Estaba agotado física y mentalmente. La imagen de la cuarta víctima del Asesino de las Flores inundaba cada rincón de su mente y no lo dejaba en paz. Nunca había dejado que su trabajo le afectara demasiado, pero en esa ocasión era imposible. Las víctimas se parecían tanto a Hinata, y con cada muerte el asesino parecía decirle que no pasaría mucho tiempo antes de que diera con ella para lograr así su objetivo. Ignoraba cuál era, pero era consciente de que mientras él estuviera con ella, nada malo le pasaría; defendería a Hinata con su propia vida si eso fuese necesario.

Se recostó en el sofá mientras se aflojaba el nudo de la corbata. Dejó caer la cabeza sobre el reposabrazos, cerró los ojos e intentó dormir. Era inútil, no podía relajarse. Se levantó de un salto y caminó hacia la habitación. Necesitaba verla, cerciorarse de que estuviera durmiendo tranquilamente en su cama. Abrió la puerta con cuidado para no hacer ruido y despertarla. Entró con sigilo y cerró la puerta tras de sí. Esbozó una sonrisa al descubrir a Aoda que dormía, hecho un ovillo, junto a la cama. Parecía que él también había decidido cuidar de ella aquella noche. Luego, sus ojos negros y cansados se posaron en la silueta que se dibujaba bajo las sábanas. Se quedó de pie a un costado de la cama y la contempló en medio de la penumbra que rodeaba a la habitación. Su cuerpo estaba cubierto con las sábanas de seda que llegaban hasta la altura de su cintura; tenía los brazos estirados a ambos lados y su cabeza reposaba cómoda sobre la almohada. Se había soltado el cabello, que caía en suaves ondas alrededor de su rostro. La observó espirar e inspirar a un ritmo acompasado mientras su pecho subía y bajaba. La prenda de algodón no lograba ocultar la delicada redondez de sus senos y se los imaginó de nuevo entre sus manos. De repente, la imagen de la última víctima se sobrepuso a la imagen de Hinata. Era otra habitación, otra cama, pero la mujer tendida sobre ella parecía ser la misma. Cerró los ojos y movió la cabeza en un intento por apartar esa imagen de su mente, por alejar cualquier vestigio que le recordara que la próxima podía ser ella.

Levantó los párpados de inmediato cuando la sintió moverse en la cama. Hinata se había puesto de costado y la mata de cabello negro noche que caía sobre su rostro estaba bañada por la luz de la luna que entraba por la ventana. La sábana se había deslizado hacia un costado y una de sus piernas desnudas asomaba por debajo. Se estremeció al recordar cómo sus propias manos las habían recorrido la noche anterior. Volvió a cerrar los ojos y se dejó embargar de nuevo por aquellas mismas sensaciones.

Podía estirar una mano y volverla a tocar; pero sabía que si lo hacía ya nunca se detendría. Ya no soportaría tenerla entre sus brazos una vez más y no demostrarle lo que sentía por ella. Caminó hasta la ventana y se sentó en la butaca para contemplarla desde allí. Se pasó ambas manos por el cabello y luego, inclinado hacia delante, apoyó los codos sobre sus rodillas. Volvió a mirar a Hinata. Desde allí podía contemplarla de frente. Sus ojos se clavaron en la pequeña marca en su cintura que asomaba por debajo de la ropa; era la mitad de un círculo de color un poco más oscuro que el tono de su piel. Sabía perfectamente lo que era, ya lo había visto varias veces, pero se preguntó qué efecto causaría verlo en la misma Hinata. Aquella marca fatídica solo le recordaba que la vida de Hinata estaba en constante peligro y se sintió abrumado por un sentimiento que nunca antes había experimentado.

Imaginarse que algo malo le podía suceder le provocaba un vacío en el alma; la sensación de perderla y de saberla en peligro le estrujaba el corazón. Ya no tenía que ver con su trabajo como policía y el cumplimiento de su deber, aquello iba mucho más allá. Observó el rostro relajado de Hinata mientras dormía plácidamente, aquel rostro divino que ocupaba su mente durante el día y que invadía sus sueños durante la noche. Su boca se curvó en una sonrisa, siempre había sido un hombre que cumplía con sus promesas, pero ya no dependía de él. Lo que sentía por Hinata Hyuga era más fuerte que cualquier razonamiento, porque el amor mismo carece de toda lógica y razón. Y aquello era exactamente lo que sentía por ella; la amaba y no importaba lo que hiciera para ocultarlo o negarlo. No podría cumplir la promesa que le había hecho a Ino, ya era demasiado tarde.

Cerró los ojos de nuevo e intentó descubrir desde cuándo la amaba. Lo supo de inmediato, había sido la mañana en la que había llegado corriendo desesperada a su oficina y se había arrojado a sus brazos, asustada porque aquel hombre había estado en su casa y en su habitación. En ese momento comprendió que lo que sentía por ella iba mucho más allá del deseo y lo que lo unía a Hinata era mucho más profundo que cualquier atracción física.

Desde que la había visto por primera vez se había sentido atraído por ella y se había imaginado cómo sería tenerla en su cama y hacerla suya; pero luego había comenzado a experimentar otra clase de necesidad, la necesidad de protegerla y cobijarla entre sus brazos para impedir que alguien le hiciera daño. Cuidar de Hinata se había convertido en un mandamiento para él, solo esperaba no perder su objetividad y dejar sus sentimientos de lado. Era consciente de que nunca debería permitir que lo que sintiera por ella interfiriera en su trabajo, pero una cosa era saberlo y otra muy distinta lograr ocultarlo.

Lentamente el sueño fue venciéndolo y, con la imagen de Hinata acostada en su cama, consiguió dormirse.

Hinata se despertó aquella mañana y lo primero que vieron sus ojos fue la figura de Sasuke recortada contra los rayos de sol que entraban por la ventana.

¿Qué estaba haciendo allí? ¿Acaso había pasado la noche sentado en aquella silla velando su sueño? Se había acostado cerca de las once, después de que Deidara se fuera, y lo había esperado despierta un buen rato. Al final había desistido de hacerlo y se había ido a dormir. Ni siquiera lo sintió llegar, tampoco había percibido que se había metido en la habitación para dormir cerca de ella. ¿Qué habría sucedido? Nunca antes lo había hecho y estaba segura de que aquella actitud tenía que ver con la cuarta víctima que el hombre que la acechaba se había cobrado.

Se sentó en la cama y lo contempló un instante. Su esbelto y poderoso cuerpo apenas cabía en la butaca. Sus piernas estaban extendidas hacia adelante y un pie descansaba encima del otro. Elevó los ojos y observó cómo la tela de su camisa arrugada salía de forma desarreglada por encima de la cintura de sus pantalones. No había rastro alguno del nudo de la corbata que caía sobre su torso. Tenía las mangas de la camisa arremangadas a la altura de los codos; un cosquilleo en el estómago la invadió cuando se recordó a sí misma rodeada por aquellos brazos. Observó su rostro; parecía calmado, la comisura de sus labios se curvaba casi en una sonrisa y un mechón de cabello negro le caía sobre la frente.

Se sonrojó cuando él abrió los ojos y la miró. Levantó las sábanas para cubrirse. No fue más que un reflejo, sabía perfectamente que estaba tapada por completo. Sin embargo, por la manera en que Sasuke la estaba mirando, se diría que las sábanas no existían o que sus ojos de obsidiana sabían traspasarlas y llegar hasta ella con el mismo poder de un rayo láser.

—Buenos días. ¿Has dormido bien? —Hinata asintió.

—Llegaste tarde anoche —dijo y juntó las manos sobre su regazo. Sasuke alzó una ceja.

—¿Me estabas esperando? —Ella tragó saliva.

—Deidara y yo trabajamos hasta las once —explicó—. Cuando me acosté, aún no habías llegado.

—Llegué un par de horas después. —Se levantó y estiró los brazos por encima de la cabeza.

—¿Qué sucedió? —preguntó Hinata mientras seguía cada movimiento suyo con atención. Su camisa se había levantado al estirarse y parte de su abdomen asomaba por debajo y atraía, de manera inevitable, sus ojos hacia aquella parte de su anatomía. Agradeció cuando él se giró y le dio la espalda.

—Ha vuelto a asesinar —respondió con la vista fija en la ventana.

Hinata lo sabía, él mismo se lo había dicho antes de marcharse; sin embargo, volver a oírlo una vez más solo acrecentaba su angustia.

—¿Cómo se llamaba?

Sasuke se dio media vuelta sorprendido con su pregunta.

—¿Por qué quieres saberlo?

—Solo dime su nombre —le pidió.

—Se llamaba Sawako Kuronuma —respondió.

Hinata cerró los ojos, pero no le sirvió de nada.

—Dime los nombres de las otras tres chicas —dijo con la voz quebrada.

Sasuke avanzó hacia ella y se sentó en la cama.

—Hinata…

—¡Por favor, Sasuke! ¡Solo dime sus nombres!

Sus ojos lavanda ópalo estaban húmedos por el llanto y Sasuke sintió que Hinata necesitaba hablar de aquello y enfrentarse a los fantasmas de un pasado que, irremediablemente, se mezclaba con su presente.

—La primera muchacha se llamaba Hako Kuroi; la segunda era Haku Yuki.

—Continúa.

—El nombre de la tercera víctima era Natsu Hōrai. Hinata desvió la mirada y clavó sus ojos en la ventana.

—Ellas no deberían haber muerto… no deberían —susurró temblorosa.

Sasuke se acercó todavía más y sujetó a Hinata de la barbilla.

—Hinata, mírame. —Levantó lentamente su rostro hasta que sus ojos se enfrentaron por fin—. No hay nada que tú hubieras podido hacer para evitar que sucediera.

—Pero ellas están muertas y es por mi culpa —susurró en medio del llanto.

—No —Pasó ambos dedos pulgares por sus mejillas y comenzó a secarle las lágrimas—. No lo es.

—Puedes decir lo que quieras, pero nada ni nadie podrá hacer que me sienta mejor —lo increpó entre sollozos.

Sus manos, que descansaban sobre la cama, se habían cerrado en un puño.

Sasuke tomó entonces sus apretadas manos y se las llevó a la boca. Depositó un par de besos en cada una y clavó sus ojos negros en el rostro consternado de Hinata.

—Tú solo eres una víctima más en toda esta historia.

Hinata no dijo nada; apenas era consciente de la extraña conexión que tenía con él y de la ternura que le estaba prodigando. Sasuke sabía qué decir y hacer para hacerle sentirse mejor. Su voz grave provocó que un cálido estremecimiento la recorriera de arriba abajo. La proximidad de Sasuke y el calor que los envolvía y aumentaba segundo a segundo no hacían más que inquietarla.

Sasuke presentía lo que vendría a continuación y, por un instante, se olvidó de todo lo demás.

Sus bocas se buscaron y se encontraron. Aquel beso no fue tan intenso como el que se habían dado dos noches antes, pero la misma dulzura con la que iba acompañado era tan irresistible como la pasión que los había estremecido la primera vez.

Incapaz de contenerse, Hinata se apretó contra él y amoldó su cuerpo al suyo. Sasuke sabía que debía poner distancia entre ellos más no podía moverse. Necesitaba beber de su boca hasta la última gota de placer; metió sus manos por debajo de la ropa y le acarició la espalda con movimientos circulares mientras ella se arqueaba más contra él para sentir cómo cada milímetro de su cuerpo entraba en contacto con el suyo hasta quedar completamente pegados.

Hinata dejó escapar un gemido y aquel sonido ahogado pareció retumbar en los oídos de Sasuke.

Debían parar, terminar con aquello antes de que las cosas se desviaran por un camino del que ya no podrían regresar. «No puedes.» Dos palabras que sonaban cada vez con más fuerza en la cabeza de Sasuke, dos palabras que evitarían que cometiera un gran error.

Apartó a Hinata mientras procuraba recobrar el aliento. La miró en silencio un instante e intentó reunir valor para obligar a las palabras a salir de sus labios.

—Se está haciendo tarde. —Sintió que se le encogía el estómago al mirarla a los ojos otra vez.

Hinata retrocedió como si sus palabras la hubieran golpeado con la fuerza de un puño. Era la segunda vez que él se acercaba para luego apartarse de ella de repente y, de nuevo, se sentía una idiota por haber permitido que volviera a pasar. Tenía ganas de llorar, de rabia y de impotencia, pero no lo haría frente a él.

Lo observó mientras se ponía de pie y se alejaba hacia la puerta.

—¿Qué dices si salimos a correr? —Echó un vistazo a su reloj—. Si puedes estar preparada en veinte minutos.

—Ok. —respondió seca.

Sasuke salió y cerró la puerta tras de sí. Hinata se apoyó en el cabecero de la cama y se quedó mirando la puerta cerrada.

El corazón aún le latía con fuerza y la temperatura de su cuerpo no había menguado. Aquella situación debía terminar, no era bueno para ninguno de los dos. No tenía sentido y no le encontraba una razón. O quizá sí existía un motivo para que él actuara de esa manera, solo que ella prefería ignorarlo. Algo o alguien le impedían a Sasuke dejarse llevar y entregarse por completo a lo que sentía por ella.

Hinata tenía sus sospechas y temía comprobar que eran acertadas.

Cerró los ojos y se humedeció los labios, aún había vestigios de sus besos en ellos; su perfume todavía se podía oler en el aire. Se incorporó y se levantó de un salto; ya había perdido cinco minutos pensando en él. Debía hacer lo imposible por apartarlo de sus pensamientos y olvidar lo sucedido; de seguro, él haría lo mismo en los brazos de Ino Yamanaka.

Caminó hacia el cuarto de baño, soltó un par de maldiciones que en su estado más tranquilo no diría y arrojó el pijama dentro del cesto de la ropa.


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Hi everyone! Decidí que los jueves habrá maratón de tres capítulos, 1 por cada día a partir de hoy hasta el sábado, ya que el fin de semana es exclusivo para mí. Los lunes regresamos con un capítulo al día ¿ok?

Espero que sepan organizar su lectura para que no sufran hasta que nos veamos de nuevo xD