© Naruto, Masashi Kishimoto.
Adaptación Sasuhina.
.
꧁Nomeolvides꧂
Capítulo 14
.
—Creía que un hombre con tu condición física tendría un poco más de resistencia. —Hinata se quedó trotando en el lugar mientras observaba a Sasuke, que intentaba alcanzarla un par de metros detrás.
—Creía… creía que corrías solo media hora —respondió con la respiración entrecortada.
—A veces me extiendo un poco más. —Sonrió con malicia—. Hoy es, precisamente, uno de esos días.
Se detuvo hasta que él logró ponerse a la par de ella.
—Será cuestión de que se acostumbre a llevarme el ritmo, detective.
Lo observó mientras se detenía para estirarse y recuperar un poco el aire. Habían dado más de diez vueltas al parque; sin embargo, Sasuke tenía todo el aspecto de haber corrido una maratón.
Él la miró con indiferencia.
—Prefiero la comodidad de mi gimnasio.
—Yo no cambiaría esto por ninguna otra cosa. —Hizo un par de elongaciones y algo de rotación de cintura—. Deberías hacerlo cada mañana, apuesto a que cambiarías de opinión.
—Lo dudo.
—¿Otra vuelta más? —propuso desafiante.
Sasuke sabía que aquello tenía que ver con lo que había sucedido en su cama esa misma mañana; de alguna manera ella estaba buscando vengarse de él y ni siquiera podía culparla. ¿Qué podía decirle? ¿Que cada vez que la tenía cerca se le aceleraba el corazón y su único pensamiento era follarla, pero que no podía porque ella era parte del caso?
—¿Por qué no descansamos? Creo que por hoy ya ha sido suficiente.
—Tú quédate a descansar si quieres, yo correré un poco más. —Sasuke levantó la mano.
—Quiero tenerte siempre a la vista, no te alejes y regresa enseguida —le advirtió.
Hinata hizo una venia. —A la orden, mi señor.
Antes de que él pudiera decir algo le dio la espalda y se lanzó a correr otra vez. Él se dejó caer en un banco de madera, la seguía con la mirada. La observó rodear una hilera de árboles y, por un segundo, desapareció del alcance de su vista.
—¡Maldición!
Se levantó de un salto y comenzó a correr hacia la arboleda por donde Hinata había desaparecido. El temor le provocaba un dolor palpitante en el pecho. Esquivó a una mujer y a sus dos pequeños hijos y luego a un vendedor de globos multicolores. No lograba verla por ninguna parte.
Se detuvo en medio del parque y comenzó a dar vueltas observando cada rincón con desesperación. Ya no estaba ni siquiera cansado; tan solo se sentía embargado por una terrible sensación de angustia e incertidumbre que se esfumó apenas la vio junto a un expendedor de agua.
Caminó hacia ella. A medida que se acercaba el ritmo de sus latidos se iba acelerando.
—¡Por Dios! ¿Quieres matarme del susto?
Hinata se dio media vuelta y lo miró. No había solo preocupación en sus ojos, estaba enojado con ella.
—Lo siento, pero aquel niño me ha pedido que lo ayudara a beber un poco de agua —explicó mientras que con una mano señalaba a un niño rubio que se alejaba en su bicicleta.
Sasuke exhaló un lento suspiro. Estaba exagerando y debía calmarse si no quería que sus nervios terminaran destrozados.
—Perdóname tú a mí. A veces me tomo mi papel de policía demasiado en serio —dijo e hizo una mueca.
—No te preocupes.
Caminaron de regreso hasta el otro extremo del parque y Sasuke invitó a Hinata a sentarse junto a él en un banco.
La gente pasaba frente a ellos, algunos corrían y otros caminaban. De pronto, Hinata distinguió a dos hombres que se acercaban a ellos mientras uno saludaba con su mano. Nunca antes los había visto.
—Detective Uchiha.
Hinata notó una marcada cojera en una de las piernas del hombre pelirrojo y un distintivo corte de pelo en el otro hombre que vestía de verde.
Sasuke lo observó e intentó recordar de dónde conocía a aquel hombre.
—Soy Sasori Akasuna, nos conocimos el otro día en la redacción del Konoha Bee. Él es Rock Lee y trabaja conmigo en el mismo departamento.
—Por supuesto. —Sasuke estrechó su mano con la de los otros hombres.
Hinata relacionó de inmediato aquellos dos nombres. Tenten los había mencionado cuando fue a visitarla hace dos días.
Sasori Akasuna asintió repetidas veces. —Qué casualidad encontrarlo por aquí.
—Lo mismo digo, señor Akasuna.
—Sasori. —Dijo y después desvió sus ojos hacia Hinata.
—Ella es Hinata —dijo Sasuke y los presentó.
—¡Hinata Hyuga, por fin nos conocemos! —Exclamó el otro hombre y Sasuke se quedó pasmado.
—¿Disculpe?
Hinata decidió entonces intervenir; después de todo, era mejor que Sasuke se enterara de lo que Tenten le había comentado antes de que terminara por apuntarle también a él con su pistola.
—Sasuke, creo que el señor Lee trabaja con Tenten…
—Me parece… —la interrumpió.
—Cuando vino a visitarme el otro día, Tenten me habló de él y de su interés en entrevistarme —explicó.
—¿Entrevistarte? —Seguía sin entender mientras observaba el rostro demasiado entusiasta del reportero.
—Así es, detective. Sigo el caso del Asesino de las Flores y supe que el secuestro que sufrió la señorita Hyuga hace cuatro años fue cometido por el mismo hombre que asesinó a esas cuatro muchachas.
—¿Cómo ha sabido todo eso?
—Tenten nos contó detective —Intervino Sasori Akasuna y Sasuke frunció el ceño; no le gustaba nada la idea de que aquellos reporteros supieran tanto de ella. Sabía que la prensa era muy influenciable y una información dada erróneamente podría perjudicar su trabajo.
—Mi verdadero interés es escribir una novela basada en la historia de la señorita Hyuga —retomó Rock Lee—. Por eso me atreví a pedirle a Tenten que me consiguiera una entrevista con ella.
Los ojos de Sasuke se clavaron en Hinata. Ella percibió un destello de enfado en ellos.
—Yo no estaba enterado.
—Te lo iba a decir, es solo que se me había olvidado —dijo y se mordió el labio inferior.
—¿Has accedido a ser entrevistada? —Hinata asintió.
—Es un favor que Tenten me pidió, no podía negarme.
—Entiendo.
—Podemos encontrarnos donde usted desee, Hinata —dijo Rock Lee con amabilidad.
—Últimamente no salgo mucho.
—Que te entreviste en casa —dijo Sasuke de repente—. Allí estarán cómodos y, además, sabré que estás segura.
—¿Usted está de acuerdo, señor Lee?
—Para mí, cualquier sitio está bien.
—Perfecto. —Asintió con una sonrisa—. Tendrá que ser por las mañanas, ya que por las tardes debo trabajar.
—No hay inconveniente, solo dígame cuándo podemos empezar.
Hinata estuvo a punto de decir algo cuando Sasuke la sujetó del brazo y la llevó aparte.
—¿Por las mañanas? ¡Creía que bastaría una sola mañana para entrevistarte!
—Solo ha sido una manera de decir —respondió ella sin levantar demasiado la voz.
—¿Estás segura?
—No lo sé, pregúntale a él —dijo y volvió la cabeza hacia Rock Lee, que los observaba expectante.
Sasuke así lo hizo.
—¿Cuánto tiempo le llevará la dichosa entrevista? —Rock Lee se rascó la barbilla y miró a su compañero, a lo que él se encogió de hombros.
—No sabría qué responderle —hizo una pausa—. No se trata de una entrevista para publicar un reportaje en el periódico; esto es diferente. Deberé reunirme con la señorita Hyuga en varias oportunidades y así tomar notas para mi libro.
La respuesta del reportero no le agradó en lo más mínimo.
—¿Estás segura de que quieres hacer esto?
Hinata estaba tan llena de dudas como él, pero le había prometido a su amiga que, al menos, le concedería la oportunidad a Rock Lee de hablar con ella.
—No, pero…
—No tienes que aceptar. —Sasuke percibió el fastidio en la mirada vivaz de Rock Lee, quién seguía esperando una respuesta definitiva de parte de Hinata.
—Concédame una entrevista y, si no está de acuerdo, prometo no volver a importunarla.
Hinata miró a Sasuke y cuando vio un gesto de aprobación en sus ojos, aceptó.
—Gracias. ¿Cuándo estaría bien para usted?
—¿Le parece bien el lunes? —Era viernes y no tenía ganas de pasar por aquello el fin de semana; prefería aprovecharlo pintando.
—Estupendo, nos vemos el lunes, entonces.
—Bien. —Hinata extendió su mano y él la estrechó con fuerza durante un instante.
—Ha sido un placer, Hinata —dijo sin soltarla todavía.
—Igualmente, Rock Lee.
Por fin la soltó y tras él, Sasori embozo una sonrisa. —Ha sido un placer encontrarlo de nuevo detective, un placer también señorita Hyuga.
Luego se inclinó a modo de despedida, y tras darse la vuelta, los dos hombres se marcharon por la misma vereda por la que habían aparecido.
—Deberías agregarlo a la lista —comentó Sasuke de repente.
—¿De qué hablas? —preguntó Hinata mientras alzaba las cejas.
—Hablo de tu lista de conquistas —respondió de forma socarrona. Ella pasó por alto su sarcasmo.
—No sé a qué te refieres.
—¡Vamos! Primero el tal Deidara y ahora también Rock Lee, el reportero.
Hinata le dio la espalda, luego se le ocurrió algo y sonrió sardónica, una sonrisa poco habitual en ella. —Y tú deberías agregar al señor Sasori a tu lista.
Sasuke se le quedó mirando, con un ligero temblor en el ojo izquierdo y una mueca en el rictus. —Eso no…
Hinata lo interrumpió. —¿No sentiste el entusiasmo de su saludo y cómo te miraba?
—Ok, me lo merezco —él se puso a su lado y buscó sus ojos, —pero en mi lista no hay hombres.
Le lanzó una mirada de entendimiento. —Supongo que tienes una larga lista de conquistas. —Le dijo y luego se alejó corriendo mientras él profería un par de maldiciones antes de intentar alcanzarla de nuevo. Tal vez no debió decir lo último.
Ino se metió un caramelo de menta en la boca mientras esperaba que Shikamaru, el experto en audio del laboratorio forense, le entregara los resultados de la cinta que habían obtenido de la emisora de radio.
Cuando la puerta por fin se abrió, esbozó una sonrisa de oreja a oreja.
—Buenos días, detective. —Shikamaru Nara paseó sus ojos rasgados por las piernas de Ino mientras se ubicaba en una silla a su lado.
—Espero que tengas buenas noticias para mí esta mañana, Shikamaru — respondió ella con un falso tono de reprimenda en la voz.
—No seguramente lo que quisieras oír —le dijo.
Los labios de Ino, pintados de un rojo carmín, se curvaron en una mueca.
—¿Qué has conseguido?
Shikamaru abrió el archivo de audio con la llamada que la KHFM había recibido dos noches atrás.
—Lo he analizado y desmenuzado decenas de veces —dijo, de fondo se escuchaba una voz mecánica—. El sujeto usó un sintetizador de voces.
Ino asintió.
—Lo presumía, pero ¿no hay nada que puedas hacer para obtener su voz real?
—Es casi imposible, no solo ha sintetizado su voz real, sino que después de haberla cambiado, volvió a distorsionarla unas cuantas veces más.
—Entiendo.
—Como puedes oír hay voces masculinas, femeninas y hasta la de un niño. Usó muchas y sintetizó cada una de ellas para que no podamos hallar la suya. —Detuvo la grabación—. He contado más de quince voces diferentes.
Ino empujó la silla giratoria hacia atrás y lanzó un soplo de fastidio.
—¡No puede ser que este tipo no cometa errores!
—Tal vez sí lo ha hecho —comentó Shikamaru con aire de misterio.
—¿Qué quieres decir? —Ino acercó su silla con un ágil movimiento y apoyó las manos sobre el escritorio de cristal.
—Hemos podido rastrear la llamada. Unos segundos menos y habría sido imposible.
Los ojos grises de Ino se abrieron como platos, aquello era maravilloso.
—¿De dónde llamó? —preguntó y miró con atención la pantalla del monitor.
—Usó una cabina telefónica que está ubicada en la calle Hanake.
—Ok, enviaré a un equipo para que revise el lugar. —Se puso de pie—. Tal vez tengamos suerte y consigamos algo.
Shikamaru asintió.
—Lamento no haberte podido ayudar más —le dijo y giró hacia ella.
—Nos vemos, Shikamaru.
—Adiós Ino.
Salió al pasillo; debía enviar a los peritos al lugar desde donde se había hecho la llamada y necesitaba contarle las novedades a Sasuke. Miró su reloj, había pasado más de un cuarto de hora de las ocho y todavía no había llegado. Intentó llamarlo a su casa, pero solo saltaba el contestador.
—¿Dónde diablos te has metido, Uchiha? —enfadada se alejó caminando por el pasillo de la comisaría de policía.
Hinata acomodó el lienzo en blanco sobre el caballete bajo la atenta mirada de Aoda. Aquella mañana dejaría que las horas pasaran dentro de aquel taller improvisado que Sasuke había conseguido para ella.
Habían vuelto del parque y cada uno había tenido su turno para darse un baño. Después de un desayuno rápido, él le había dicho que debía marcharse; tenía una reunión importante y probablemente no regresaría hasta la noche. Antes de irse quiso saber qué haría ella en todo el día y cuando le respondió que dedicaría la mañana a pintar y que luego por la tarde trabajaría con Deidara, se fue satisfecho con la respuesta que ella le había dado.
Se había ido molesto y Hinata no entendía por qué. Tal vez su actitud tenía que ver con la aparición de Rock Lee y Sasori Akasuna y el interés del primero en entrevistarla. Ella tampoco estaba muy contenta con la idea, pero percibía que lo que Sasuke sentía no era solo descontento. Recordó el tono irónico que había usado para referirse a una supuesta lista en donde debía incluir al reportero.
En ese momento le había enfurecido lo que había dicho, aún más con la implicación de su propia lista y las ve a saber cuántas mujeres en ella; pero con la cabeza fría y en calma, podía reflexionar sobre lo sucedido y encontrar una explicación lógica para su reacción.
Observó a Aoda, la pitbull la miraba con atención mientras ella volcaba un poco de pintura sobre la paleta.
—¿Qué dices tú, Aoda? —La perra alzó sus orejas.
—¿Qué es lo que pasa por la cabeza de tu amo? —preguntó y dejó los tubos de óleo en su lugar—. Querría saberlo para poder entenderlo.
Aoda seguía mirándola y Hinata creía que ella realmente podía comprenderla.
—Tu amo es un verdadero enigma. —Mojó el pincel en trementina—. Lo único que logra con sus actitudes es desconcertarme aún más. Primero se acerca y me hace creer que le gusto; luego, en el último instante, termina echándose para atrás. —Dio una pincelada azul con fuerza sobre el lienzo—. Si tiene un romance con la detective Yamanaka, ¿por qué me busca a mí, me besa y me toca de esa manera volviéndome completamente vulnerable con solo una mirada?
Aoda estiró sus patas delanteras y apoyó la cabeza en el suelo.
—¿Acaso no le alcanza con una? —Deslizó el pincel y formó rayas irregulares que fueron cubriendo el lienzo poco a poco—. Quizá solo necesita demostrar cuán hombre puede ser con dos mujeres al mismo tiempo…
Arrojó el pincel dentro del vaso de la trementina y Aoda pegó un salto.
—Lo siento, encanto. —Se agachó y le rascó la cabeza—. Tú no tienes la culpa de tener el amo que tienes.
Aoda se entregó al placer de sus caricias y se adormeció. Hinata se quedó un momento a su lado y comenzó a pasar la mano por la cabeza de Aoda, aquello siempre la relajaba. A su mente vinieron las tardes en que ella y Dango se sentaban en el porche y ella lo acariciaba hasta que él dejaba de ronronear y se dormía entre sus brazos.
Esbozó una sonrisa triste, se incorporó y dejó que Aoda siguiera con su siesta matutina. Volvió a concentrarse en su pintura y en la nueva obra que apenas había comenzado, pero después de unas cuantas pinceladas se detuvo.
Lo estaba haciendo otra vez. Pétalos de nomeolvides comenzaban a asomarse detrás de las pinceladas azules que acababa de dar. Se quedó mirando el lienzo en silencio. No entendía por qué lo hacía; era como si su mente le ordenara lo que debía pintar. Siempre se había dejado llevar por sus sensaciones, pero con aquellas flores era diferente, parecía que su subconsciente le pidiera que las pintara, que lo hiciera una y otra vez, sin detenerse a pensar siquiera por qué lo hacía.
Tomó de nuevo el pincel y, con furia, cubrió las flores con manchas húmedas, el lienzo se transformó en una mezcla de rayas y manchas. En un par de minutos las nomeolvides quedaron sepultadas por una maraña de colores y formas inconclusas.
Quitó el lienzo del caballete y lo colocó en un lugar apartado, debajo de otras obras, de manera que no pudiera ser visto. Caminó hacia la ventana y apoyó los codos en el alféizar. Abrió una de las hojas de la ventana y respiró profundamente. Se había levantado una brisa suave que comenzó a jugar con los mechones de su cabello que caían sobre su rostro.
Miró hacia la calle y tuvo la extraña sensación de que no estaba sola. Observó hacia ambas esquinas, pero no había nadie. El ruido de un automóvil que se acercaba llamó su atención. Un sedán blanco estacionó junto a la acera, era la primera vez que lo veía pero no le extrañó, ya que vivía más gente en el edificio. Esperó a que su ocupante se bajara, por simple curiosidad.
Un par de piernas femeninas fue lo primero que vio salir del sedán y cuando la mujer finalmente se bajó, supo que era a ella a quien venían a ver.
…
2/3
Qué tal la lectura ¿eh? ¿Buena? El próximo capítulo es la última parte del maratón.
