© Naruto, Masashi Kishimoto.

Adaptación Sasuhina.


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꧁Nomeolvides꧂

Capítulo 15

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Hinata bajó hasta el segundo piso y, cuando la puerta del montacargas se abrió, Ino Yamanaka caminaba hacia el loft de Sasuke.

—Detective Yamanaka —la llamó—. Acabo de verla por la ventana.

Ino alzó las cejas. —¿Desde dónde me has visto?

—Desde el tercer piso. —Notó el desconcierto en el rostro de la mujer

—. Tengo mi taller de pintura allí —explicó.

—¿De veras?

Hinata asintió mientras caminaba hacia la puerta.

—Sasuke ha alquilado el lugar. —Se volvió para mirarla—. Pase.

Ino entró. Seguía más sorprendida que antes; Sasuke no le había mencionado nada al respecto. Se preguntó cuántas cosas más había preferido callar su compañero.

—Busco a Sasuke.

—No está —respondió Hinata—. Esta mañana me ha dicho que tenía una reunión importante y que no regresaría hasta la noche. Creía que estaría con usted.

—No, no ha aparecido por la comisaría y no he podido localizarlo; por eso he venido hasta aquí. —Echó un vistazo al interior de la vivienda.

—¿Le resulta extraño?

Ino asintió y comenzó a preocuparse, Sasuke no era la clase de persona que desaparecía y no decía nada de su paradero.

—¿No te ha dicho dónde estaría?

—No, solo que tenía una reunión; he deducido que estaría con usted. —Estaba intranquila, la detective le había transmitido su preocupación.

—Puedes tutearme, Hinata —le dijo—. Después de todo tenemos casi la misma edad.

Hinata esbozó una tibia sonrisa, no se atrevió a decirle que prefería guardar un poco de distancia con ella.

—¿Quiere… ¿Quieres tomar algo? —Caminó hacia la cocina—. Puedo preparar un poco de café.

—Me encantaría —contestó mientras la seguía de cerca.

Hinata preparó dos tazas de café y las colocó sobre la encimera. Se quedaron en silencio sin saber qué decir; la tensión entre ellas era evidente. Hinata no podía imaginarse de qué podían conversar. Era obvio que tenían un tema en común y ese era Sasuke Uchiha, pero no estaba dispuesta a discutir ese asunto con ella. La observó mientras se ponía dos cucharadas de azúcar y revolvía su café con lentitud. De pronto, Ino Yamanaka levantó los ojos e Hinata notó su mirada inquisidora.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Hinata se encogió de hombros.

—Supongo que sí, tú eres la policía aquí.

—¿Qué tienes en contra de mí?

Hinata se atragantó con el café caliente.

—¿Perdón?

—Has entendido muy bien la pregunta, Hinata —dijo con tranquilidad—. Sé que no te caigo muy bien y quisiera saber el motivo.

Hinata dejó la taza encima del plato y buscó en su mente una respuesta convincente a aquella pregunta, aunque sabía que Ino obtendría de ella la verdad. Después de todo, era policía y sabía hacer muy bien su trabajo.

—No es así. —Hizo una pausa mientras pensaba lo que estaba a punto de decir—. Estaba convencida de que era yo la que no te caía bien a ti.

Ino sabía que Hinata estaba tratando de confundirla para no contarle realmente cómo estaban las cosas.

—Estás equivocada, Hinata. No te conozco lo suficiente como para juzgar si me agradas o no.

—No sé si debería creerte —respondió con ligero recelo.

—Mira, comencemos por el principio. —Se acomodó mejor sobre el taburete—. ¿Por qué crees que no me caes bien?

Irremediablemente, aquella conversación las estaba llevando a hablar de Sasuke y si Ino Yamanaka quería saber la verdad, entonces ella misma se la proporcionaría.

—Creo que Sasuke es el culpable de eso —soltó al fin. Ino abrió sus ojos exageradamente.

—¿Sasuke?

—Sí, Sasuke —repitió.

—¿Por qué no me lo explicas mejor? —Tenía curiosidad por lo que Hinata Hyuga tenía que decirle. Presentía que tenía una idea muy equivocada de lo que estaba sucediendo.

—¿Es realmente necesario? —Sentía que aquella mujer le estaba tomando el pelo.

—Me temo que sí.

Muy bien, si eso era lo que quería, le diría lo que pensaba sin pelos en la lengua.

—Sé que la idea de que me mudara aquí no recibió tu aprobación.

—Eso es verdad —la interrumpió.

—Supongo que es comprensible pero no es mi culpa. —Sonrió con ironía—. Yo no pedí venir a vivir aquí.

—Estoy de acuerdo.

Hinata pensó que la detective seguía burlándose de ella, pero su rostro seguía tan serio como al principio de aquella conversación.

—No debe ser sencillo para ninguna mujer aceptar que su pareja comparta la casa con otra mujer, creo que, si yo estuviera en una situación similar, también sentiría lo mismo que tú.

—¡Espera, espera! —Levantó las manos y la obligó a callarse—. ¿De qué hablas?

—De ti y de Sasuke. Es normal que no te guste verme aquí, supongo que los celos deben ser terribles y…

—¡No sigas! —le ordenó y, antes de preguntárselo, tuvo que reprimir una sonrisa—. ¿Tú crees que Sasuke y yo tenemos una relación? —Ahora entendía muchas cosas.

—B-bueno, eso… eso creí. —Hinata se encogió con timidez y se regañó por su tartamudeo.

Ino se cruzó de brazos y se apoyó en la encimera.

—¿Acaso él te lo ha dicho?

—No en realidad.

—Digamos, entonces, que tú lo has deducido. —La detective Yamanaka usó un tono burlón para «deducido».

—No ha sido difícil descubrirlo.

—Me gustaría saber cómo has llegado a esa conclusión —dijo, curiosa.

—No creo que sea necesario. Lo importante aquí es que puedes estar tranquila, porque no hay nada entre Sasuke y yo —respondió y esperó sonar natural.

—No, te equivocas. Lo importante aquí es saber por qué estás diciendo eso. Creo que si tuviera una relación con Sasuke yo tendría que estar enterada, ¿no lo crees?

Su respuesta la sorprendió. Creyó que se moriría de la vergüenza, todo ese tiempo había estado equivocada y, allí estaba, haciendo el papel de tonta una vez más.

—Yo creía que...

—Pues creías mal. —Esbozó una sonrisa comprensiva—. Sasuke y yo trabajamos juntos desde hace dos años; y no solo somos compañeros también somos muy buenos amigos, pero nuestra relación nunca ha llegado más lejos que eso. Al principio, cuando acababa de conocerlo, no voy a negar que me sentí atraída por él. —Hizo una pausa—. Sasuke es un hombre sumamente atractivo y creo que tú lo debes saber mejor que yo.

Hinata se sonrojó.

—Pero con el tiempo ese sentimiento cambió y se transformó en respeto y cariño. No podría tener un mejor amigo y en el trabajo nos complementamos a la perfección. No sé qué haría sin él y creo que a él también le pasa lo mismo respecto a mí.

—¿Entonces, entre ambos nunca…?

—Nunca. Eso habría significado traspasar una línea que solo hubiese estropeado nuestra amistad. Creo que hay hombres y mujeres que funcionan mejor como amigos que como amantes. Sasuke y yo tuvimos eso siempre en claro —explicó.

Hinata asintió. La había escuchado con atención y entendía lo que Ino le decía, pero si no existía un romance entre ellos, ¿qué era lo que provocaba que Sasuke se acercara a ella para luego alejarse? Entonces, una idea cruzó por su cabeza. El hecho de que Ino y él no tuvieran una relación amorosa no significaba que Sasuke estuviera libre. Podría tratarse de otra mujer, una mujer de quien no sabía nada en absoluto: la dueña del sujetador que había encontrado debajo de su cama.

—Parece que mi explicación no te ha dejado muy convencida. —Le tocó el brazo—. Créeme, no hay nada entre nosotros.

—Ahora lo sé y agradezco que me hayas sacado de mi error.

—Veo un «pero» asomando de tu boca —le dijo con una sonrisa.

Hinata se levantó de un salto y le pidió que la acompañara al cuarto de baño.

Ino la siguió sin chistar.

—¿Qué es lo que quieres mostrarme? —preguntó intrigada.

Hinata abrió el cesto de ropa y estiró su brazo hasta el fondo. Logró rescatar el sujetador negro de debajo de un montón de otras prendas.

—Ya sabemos lo que es, pero, ¿por qué me lo estás mostrando? — Ino la miró desconcertada.

—No es mío, lo encontré debajo de la cama de Sasuke el primer día que llegué aquí.

—Y creíste que era mío.

—Sí.

—No lo es.

—Ahora lo sé —respondió Hinata arrepentida de haber pensado lo que no era.

Ino observó el sujetador con atención para luego arrojarlo nuevamente dentro del cesto de la ropa.

—Hinata, no deberías preocuparte por eso. —Se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja—. No podemos precisar el tiempo que llevaba bajo su cama juntando polvo y además ya sabemos cómo son los hombres…

—No me preocupo —le aclaró.

«¡Oh, sí lo haces, y no te imaginas cuánto!», pensó Ino mientras la observaba caminar hacia la habitación.

—Está bien, no lo haces —le dio la razón.

—Lo que Sasuke haya hecho o haga con otras mujeres no es de mi incumbencia, pero…

—¡Me encanta cuando esas palabras salen de tu boca! ¡Te escucho!

Hinata comenzaba a pensar que había juzgado mal a la detective, pero también recordaba que ella se había opuesto a que Sasuke la llevara a vivir con él.

—Hay ciertas actitudes suyas que no comprendo; realmente llegan a desconcertarme mucho. —No quería comentar con ella detalles íntimos, pero tal vez Ino tuviera una respuesta para ella.

—¿Qué tipo de actitudes? Nadie conoce a Sasuke Uchiha mejor que yo.

Hinata se quedó en silencio un momento. ¿Cómo podía contárselo sin revelarle demasiado?

—Pues… ha habido cierto acercamiento entre nosotros —comenzó a explicar.

—Continúa.

—No es fácil hablar de esto —dijo y desvió la mirada.

—No te preocupes por mí, seguramente he oído cosas peores. —Le sonrió divertida para intentar relajarla.

—No logro entenderlo, en un momento se me acerca y se deja llevar, luego parece arrepentirse y se aparta de mí. Es como si existiese algo que le impide —buscó la mejor manera de decirlo— dar el siguiente paso.

Ino se mordió el labio. Sabía que aquello después de todo sí era culpa suya.

El golpe de la puerta que se cerró con fuerza les indico que ya no estaban solas.

—Es Sasuke —dijo Hinata e intentó ocultar su nerviosismo. Salieron a su encuentro y él se sorprendió de ver a su compañera allí.

—Yamanaka, ¿Qué haces aquí?

—Te estaba buscando. Hinata ha sido muy amable y me ha invitado a tomar un café.

Sasuke las observó a ambas; tuvo el extraño presentimiento de que se estaba perdiendo algo.

—Pues me has encontrado.

—Le he dicho a Ino que no regresarías hasta la noche —comentó Hinata.

—Sí, pero necesitaba unos papeles. —Fue la primera mentira que se le ocurrió. En realidad, había regresado porque quería verla—. ¿Ha pasado algo? —preguntó y dirigió su atención de nuevo a su compañera.

—Shikamaru ha revisado la cinta y no hemos obtenido nada que nos ayude a identificar la voz, pero sí se ha logrado rastrear la llamada.

El rostro de Sasuke se iluminó.

—Eso es bueno.

—He mandado a un grupo de peritos para que examine la cabina telefónica desde donde se hizo la llamada.

Hinata los escuchaba con atención sin interrumpir.

—No obtendremos mucho de una cabina telefónica —señaló Sasuke; comenzaba a desanimarse—. ¿Dónde está ubicada?

—Espera. —Ino sacó su pequeña libreta de notas—. Hanake, el nombre de la calle es Hanake.

—¿Hanake? —preguntó Hinata de repente. Ino asintió.

—Hinata, ¿qué sucede?

—Toneri Ōtsutsuki, el chico con el que salía antes de mi secuestro, vivía en esa calle.


El Lexus plateado de Sasuke dobló en la intersección de la avenida Kaki con la calle Hanake. Apenas quince minutos antes, Hinata les había dicho a él y a Ino que Toneri Ōtsutsuki, su ex novio, vivía en aquella calle. La misma desde donde habían llamado a la emisora de radio para dedicarle a Hinata una canción.

Sasuke no creía en las coincidencias y aquel dato era una pista certera y real.

Por el rabillo del ojo observó a su compañera. Aún seguía intrigado por su presencia en su casa; había notado cierto nerviosismo tanto en ella como en Hinata cuando lo vieron llegar, y si su instinto no le fallaba aquellas dos mujeres le estaban ocultando algo.

—¿Crees que vivirá todavía aquí? —preguntó Ino, sin mirarlo a los ojos.

—No lo sé. Hinata dejó de verlo hace tiempo; según el expediente del caso la última vez fue la misma noche en que fue secuestrada —dijo con seriedad.

—Y ahora, cuatro años después, alguien llama a la radio para dedicarle una canción de amor, justo desde una cabina cercana a su casa.

Sasuke asintió en silencio.

—¿Crees que es él?

—No lo sé, hablaremos con el sujeto y veremos qué es lo que tiene que decirnos. —No quería precipitarse y cometer un error, pero no podía pasar por alto que, en la investigación de su padre del secuestro de Hinata, Toneri Ōtsutsuki había sido considerado desde siempre el primer sospechoso. Pero tenía una coartada y como Hinata había perdido la memoria la investigación se había quedado estancada hasta terminar en el cajón de los casos sin resolver.

—Es allí. —Ino señaló una casa blanca con techo azul ubicada justo en la esquina. Unos metros más adelante distinguieron la camioneta que pertenecía al laboratorio de criminalística.

—Parece que los muchachos ya están haciendo su trabajo —comentó Sasuke y estacionó su automóvil frente a la casa de Toneri Ōtsutsuki.

Atravesaron un camino estrecho de grava y llegaron al porche que estaba iluminado por la tenue luz que despedía una lámpara de gas.

Sasuke dio unos cuantos golpes a la puerta mosquitera. No se escuchaba ningún sonido proveniente de la casa, pero un par de minutos después un hombre joven, ataviado en pijama, les abrió.

Sasuke y Ino sacaron sus placas.

—Somos los detectives Yamanaka y Uchiha, deseamos hablar con el señor Toneri Ōtsutsuki —anunció.

El hombre se rascó la cabeza y retrocedió.

—¿Qué es lo que quieren?

—¿Es usted Toneri Ōtsutsuki? —preguntó Ino. No cabían dudas de que el hombre se estaba poniendo nervioso.

—Lo soy —respondió finalmente—. ¿Qué quieren hablar conmigo?

—Necesitamos hacerle algunas preguntas; le solicitamos que nos acompañe a la comisaría de policía para interrogarlo con más calma. — Sasuke percibió de inmediato la palidez en el rostro afilado de Toneri Ōtsutsuki.

—¿De qué se trata?

—Preferiríamos hablar en la comisaría, señor Ōtsutsuki.

—¿Y si me niego? —dijo desafiante.

—No se lo recomendaría, señor. Obtendríamos una orden y volveremos a por usted en un par de horas. —Ladeó la cabeza—. Le conviene cooperar con nosotros.

Toneri Ōtsutsuki masculló un par de maldiciones mientras entraba en la casa a cambiarse de ropa.

—¿En cuánto tiempo te ha dicho el juez que nos conseguirá esa orden de registro?

—Debe de estar en mi escritorio en este preciso momento — respondió Ino.

—Perfecto. —Se llevó las manos a la cintura—. Ocúpate tú mientras yo me encargo de interrogar al simpático señor Ōtsutsuki.


Hinata revisaba sus anotaciones mientras Deidara escribía en su portátil.

—¿Qué te parece si continuamos con el arte griego y romano? — sugirió Deidara con la mirada atenta a la pantalla—. Podríamos enfocarlo desde la parte mitológica.

Hinata seguía con la nariz metida entre sus papeles a pesar de que su mente hacía rato que no estaba allí.

—Puedes fingir que en realidad estás leyendo tus notas y que escuchas lo que te digo, pero, chérie, ambos sabemos que no es así.

—Lo siento, Deidara. Estaba distraída.

—No me extraña después de todo lo que has tenido que pasar. —Le rozó la mano—. ¿Por qué no hacemos una pausa? Los griegos y los romanos pueden esperar.

Hinata le sonrió.

—¿Te gustaría conocer mi taller?

—¡Me encantaría! —Hinata le tomó le tomó del brazo.

—¡Vamos, entonces! —Le lanzó una mirada fugaz a Aoda—. Cuida de todo aquí, Aoda. Regresaremos en un rato.

La perra apenas levantó las orejas al escuchar pronunciar su nombre.

—Creo que está demasiado cansada para vigilar —comentó Deidara y sonrió.

Tomaron el montacargas y en unos segundos ya estaban en el loft que Sasuke había alquilado para transformarlo en su pequeño taller.

—Interesante —comentó Deidara mientras observaba el lugar.

—No es igual que el que tenía en casa, pero no me puedo quejar — dijo y abrió los brazos.

—Tienes una vista preciosa. —Deidara señaló y miró a través de la ventana—. Se ve casi todo el Sharingan District desde aquí.

Hinata se unió a él.

—Sí. —Miró hacia abajo—. Sasuke ha sido muy amable al conseguirme este lugar. El dueño es amigo suyo.

—Entiendo. —Deidara la observó de soslayo, había notado cierta turbación en ella al nombrar al detective Uchiha—. Dime, ¿en qué estás trabajando?

Hinata volvió al centro de la habitación.

—Nada en especial. —Su voz denotaba un poco de tristeza—. Vengo aquí a pintar e intentar olvidar mis problemas, pero últimamente no lo he logrado.

Deidara se acercó por detrás y apoyó ambas manos en los hombros de Hinata. Ella se sorprendió.

—No deberías dejar que lo que está pasando anule tu talento. Apuesto a que detrás de esos cuadros envueltos en papel escondes obras maravillosas. —La hizo girarse y le sonrió—. ¿Me permitirías verlos?

Hinata titubeó un instante. Siempre había sido reacia a que los demás vieran sus trabajos terminados; incluso el propio Neji se había quejado de su recelo a la hora de mostrar sus pinturas.

—Nadie los ha visto antes —respondió y señaló los grandes lienzos cubiertos con papel marrón.

—¡Yo no soy nadie, chérie! —exclamó y fingió estar ofendido—. Por lo que veo en estas pinturas que has decidido no ocultar, eres muy buena.

Hinata dirigió su mirada a las cuatro obras inconclusas que descansaban contra una pared. Las cuatro tenían algo en común: los pétalos de nomeolvides esparcidos casi compulsivamente sobre todo el lienzo. Las flores que le enviaba su secuestrador, las mismas que dejaba en las escenas de los crímenes. Un escalofrío le recorrió la espalda.

—¿Estás bien?

—Sí, Deidara. —Caminó hacia los cuadros envueltos y comenzó a retirar el papel con cuidado—. Serás el primero que los vea.

—Es un honor para mí, chérie —respondió y se puso una mano en el pecho.

Hinata descubrió la media docena de cuadros con la ayuda de Deidara y al fin sus secretos quedaron develados. Siempre había creído que Neji o Tenten serían los primeros en ver aquellas pinturas; sin embargo, se las estaba mostrando a un extraño, pero no le importaba.

—¡Hinata! ¡Son maravillosos! —dijo Deidara con marcado entusiasmo.

—No exageres, Deidara.

—No lo hago, chérie. —Observó uno a uno los cuadros de Hinata—. Nunca he tenido dudas de tu talento y ahora, con esto, solo confirmo lo que ya sabía.

Hinata estaba emocionada; que alguien como Deidara Kamiruzu elogiara su trabajo no era poca cosa.

—¿Realmente lo crees? —Necesitaba que se lo repitiera una vez más.

—¡Por supuesto! —Se cruzó de brazos—. Me gusta la combinación de colores y las formas abstractas que les das a las cosas tan cotidianas como a esta manzana —dijo y señaló una de las pinturas.

Hinata asintió; pero ella veía algo más que la manzana con forma retorcida. De una manera u otra, las flores aparecían en cada una de sus obras; seguramente Deidara también lo notaría.

—Son estupendas, Hinata. —Paseó sus ojos verdes por aquellas obras de arte una vez más.

—¿No notas nada extraño? —preguntó Hinata de repente. Deidara se volvió para verla.

—Si te refieres a las flores, sí lo he notado.

—¿Qué piensas? —quiso saber.

—Le dan cierto toque naïf, pero me gusta —dijo finalmente.

—¿No te parece extraño que aparezcan de manera constante en mis obras? —No podía ser que solo a ella le pareciera una cosa irracional su obsesión por aquellas flores.

—Lo veo como algo subliminal. —Hizo una pausa—. Un recuerdo escondido debajo del umbral de tu subconsciente y que se manifiesta en tus pinturas.

Hinata lanzó un suspiro.

—Comencé a pintarlas después de mi secuestro; aun sin saber por qué, seguían apareciendo una y otra vez. —Se cruzó de brazos—. Era como si no tuviera control sobre lo que pintaba.

—Ven. —La asió del hombro y la invitó a sentarse sobre dos cajones altos de madera que Hinata había convertido en sillas—. No deberías preocuparte tanto por eso.

—¡Pero esas flores son las que el asesino deja junto a sus víctimas! —Se detuvo para mirarlo a los ojos—. ¡Son las mismas que dejó sobre mi almohada mientras yo dormía!

—Lo sé y entiendo cómo te sientes; pero solo son flores impresas en una pintura. Nada más que eso.

—Sin embargo, yo siento que son algo que me atan a mi pasado y a los recuerdos que están enterrados en mi mente.

—Es muy posible. —Apretó su mano con fuerza—. Sin embargo, no hay nada que puedas hacer, ¿o sí?

—Sasuke quiere llevarme a un psicólogo, quiere someterme a un tratamiento de hipnosis —le explicó.

—¿Hipnosis?

Hinata notó cierto escepticismo en su voz.

—Así es.

—¿Crees que eso te ayudará a recuperar la memoria?

—No lo sé. —Respiró hondo—. Al principio, cuando Sasuke me habló del tema, no quise saber nada, pero tal vez sea la única solución posible; él dice que debo intentarlo al menos.

—Confías mucho en él, ¿verdad? —Hinata asintió sin dudarlo.

—Pues si confías tanto en él deberías someterte entonces a ese tratamiento —dijo y esbozó una sonrisa poco entusiasta—. Solo espero que esas sesiones de hipnosis no terminen por agotarte física y mentalmente; Kurenai y yo te necesitamos.

Hinata le devolvió la sonrisa y le aseguró que no se preocupara.

—Sacaremos adelante nuestro proyecto y «Art & Pleasure» será un éxito.

—Me alegra escucharte decir eso, chérie.

—Será mejor que regresemos al trabajo, entonces —sugirió.

Deidara asintió y, minutos después, estaban de nuevo inmersos entre los papeles y el portátil que habían dejado abandonados en el loft bajo la desatenta vigilancia de Aoda.

—¿Sabías que hay una leyenda medieval relacionada con esas flores? —dijo de pronto Deidara, con los ojos clavados en la pantalla de su portátil.

Hinata negó con un leve movimiento de cabeza.

—Escucha esto. —Deidara se acomodó las gafas sobre el puente de su nariz—. Un caballero y su dama estaban caminando cerca de la orilla de un río. Él recogió un manojo de flores, pero por causa del peso de su armadura, cayó en el río. Mientras se estaba ahogando arrojó el ramillete de flores a su amada y gritó: «No me olvides.» Desde entonces, esta flor está conectada al romance y al destino trágico. A veces era usada por las damas como señal de fidelidad y amor eterno.

Hinata había escuchado la historia con atención, aunque algunas palabras le habían impactado. «Destino trágico. Amor eterno.»

—Escalofriante —dijo.

—Yo creo que es solo una historia de amor malograda. —Cerró el archivo—. En fin, tal vez ni siquiera sea verdad.

Hinata asintió. Volvió a poner atención en los papeles que sostenía en su mano, pero tardó en concentrarse en su trabajo. No podía apartar aquella leyenda de su cabeza. Una historia que, como había dicho Deidara, tal vez solo era un cuento medieval.

Sin embargo, la sensación de ansiedad que había experimentado al escucharla no la abandonaba.

Destino trágico. Amor eterno. Aquellas palabras tampoco.


Sasuke colocó los dos vasos de café sobre la mesa. El suyo, junto a la grabadora. Se sentó del revés en la silla y apoyó los brazos sobre el respaldo de metal.

Observó con atención al hombre que esperaba al otro lado de la mesa y que no dejaba de golpear los pies contra el suelo. Aquel ruido parecía tranquilizarlo; en cambio, a él solo le causaba fastidio.

—¿Está nervioso, señor Ōtsutsuki? —preguntó y alzó una ceja.

—Cualquiera en mi situación lo estaría —dijo a la defensiva.

—¿Y cuál es su situación?

—A nadie le agrada que la policía se presente en la puerta de su casa de improviso y exija interrogarlo —respondió y se movió en su silla sin dejar de golpear los pies contra el suelo.

—Supongo que no. —Sasuke encendió la grabadora y lo volvió a mirar.

—Diga su nombre completo y su dirección —le indicó.

—Toneri Ōtsutsuki, vivo en el número 49 de la calle Hanake de la ciudad de Konoha.

—Bien, señor Ōtsutsuki. Tengo entendido que, hace cuatro años, la policía lo interrogó por el caso del secuestro de Hinata Hyuga.

Los ojos de Toneri Ōtsutsuki se entrecerraron.

—¿Esto tiene que ver con Hinata? —Se rió nervioso—. Hace cuatro años que no la veo.

—¿Fue interrogado sí o no? —reiteró Sasuke.

—Sí; la policía vino a buscarme cuando supo que yo era la última persona que había visto a Hinata esa noche.

—Continúe.

—Me dejaron en claro, de inmediato, que yo era el principal sospechoso; sobre todo considerando que Hinata y yo habíamos sido novios durante una temporada. Creyeron que no les estaba diciendo la verdad y que no la había dejado en la parada de autobuses como había declarado. Los detectives decían que yo la había raptado porque ella no quería volver conmigo. —Hizo una pausa, pero la risa no se había borrado de su rostro—. Si me hubiese empeñado, ella habría regresado a mi lado con un solo chasquido de dedos. Estaba loca por mí, no había necesidad de secuestrarla para tenerla de nuevo.

Sasuke sintió asco por aquel sujeto; hablaba de Hinata como si fuera un objeto que podía obtener y desechar a su antojo.

—Según el expediente del caso usted tenía una coartada para esa noche —dijo Sasuke e hizo un esfuerzo enorme por no golpear a aquel sujeto.

—Sí, estaba en casa durmiendo. Mis padres lo confirmaron; gracias a eso, la policía me dejó en paz.

—¿Viven sus padres, señor Ōtsutsuki?

—¿A qué viene todo esto, detective? El secuestro de Hinata ocurrió hace cuatro años y ella apareció sana y salva.

—Limítese a responder —lo interrumpió.

—Mi padre murió de un ataque al corazón el año pasado; mi madre vive conmigo —explicó—. Espero que no vuelvan a molestarla con todo ese asunto de nuevo.

—No puedo prometerle nada, señor Ōtsutsuki.

—¿Por qué me ha traído aquí? ¡Yo no tuve nada que ver con el secuestro de Hinata!

Sasuke se volvió hacia la puerta al escuchar que alguien llamaba.

—Vuelvo enseguida.

—Tómese el tiempo que quiera —respondió Toneri Ōtsutsuki con sarcasmo.

—¿Qué sucede?

—Tiene una llamada de la detective Yamanaka en su oficina —le anunció un oficial—. Dice que es urgente.

Sasuke atravesó el pasillo en tres zancadas y corrió hasta su escritorio para levantar el auricular.

—Yamanaka, ¿qué sucede? —El corazón le latía muy rápido.

—¡No te lo vas a creer, Uchiha!

—¡Dilo de una vez! —La ansiedad lo estaba matando.

—Hemos encontrado un bisturí escondido en una de las gavetas de su habitación. Lo he enviado al laboratorio.

Sasuke sonrió satisfecho; era la primera buena noticia que recibía en mucho tiempo.


3/3

So, este es el ultimo capitulo del maraton. ¡Nos vemos hasta el lunes! ¡Muac, ciao!