© Naruto, Masashi Kishimoto.

Adaptación Sasuhina.


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Nomeolvides

Capítulo 17

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Sasuke fue el primero en despertarse aquella mañana cuando el sol le dio de lleno en la cara. El calor de su propio cuerpo aumentó al percibir la tibieza del cuerpo de Hinata sobre el suyo. Antes de darse cuenta de lo que hacía, bajó la cabeza y la besó en la mejilla. Ella se movió inquieta, pero continuaba dormida; reprimió el deseo de abrirle los ojos con un beso en sus párpados para bajar, luego, hasta la fruta húmeda y madura que era su boca.

Intentó moverse y liberarse del brazo de Hinata, que descansaba sobre su pecho; aquel contacto le quemaba la piel y el calor traspasaba la tela de su camisa. Logró quitar su brazo y colocarlo con cuidado a un costado, pero aún quedaba un obstáculo por sortear. Y aquel sería más complicado todavía. Una pierna asomaba por debajo del vestido de Hinata y se había enredado entre las suyas quedando prácticamente atrapada entre las sábanas y sus muslos. ¿Cómo conseguiría salir de allí sin despertarla? ¿Cómo podría enfrentarse a ella sin sucumbir a sus deseos?

Se pasó la mano por el cabello. Era imposible, no podría levantarse de aquella cama sin que ella se despertara. Pero debía hacerlo; no podía quedarse todo el día allí; aunque la idea sonaba bastante tentadora debía alejarse de Hinata antes de que ella abriera sus ojos.

Se movió con suma lentitud y se quedó de costado, pero ella no se había movido ni un milímetro y su pierna, mucho menos. Estiró el brazo, no tenía más remedio que moverla él mismo. Apoyó la mano en el muslo desnudo de Hinata y sus dedos se crisparon al entrar en contacto directo con la tibieza de su piel. Sus dedos descendieron despacio hasta detenerse en su rodilla. Cerró los ojos mientras acariciaba el hueco que se formaba detrás.

Abrió los ojos de inmediato cuando sintió que la mano de Hinata le rodeaba la muñeca con fuerza e impedía que siguiera con aquella caricia.

—¿Qué crees que estás haciendo?

Ella lo estaba mirando mientras su mano continuaba apretando la suya detrás de su rodilla.

—No… no quería despertarte —se quedó inmóvil cuando se enfrentó a la suspicacia de sus ojos lavanda ópalo.

Hinata contuvo el aliento; el suave masajeo que Sasuke había comenzado a darle en la parte posterior de la pierna se había detenido, pero sus dedos aún tocaban su piel y aquel roce enviaba chasquidos electrizantes por todo su cuerpo.

Hubo un instante cargado de intensidad cuando los ojos begos de él bajaron hasta donde había llegado su mano.

—He intentado levantarme, pero estaba literalmente atrapado debajo de tu pierna —susurró él sin apartar la mirada. Parecía que la piel clara de su muslo brillaba al recibir los rayos de sol.

—Lo siento —balbuceó Hinata y se apartó de él. Se sentó en la cama y se cubrió como pudo con las sábanas, ya que el vestido que llevaba era demasiado revelador y se sentía incómoda bajo la atenta mirada que él le estaba prodigando.

Tenía que preguntarle cómo habían terminado enredados en aquella situación, pero las palabras no salían de su boca; estaba aún conmocionada y tener a Sasuke tan cerca no le permitía actuar con sensatez. Él le nublaba la razón y hacía pender de un delgado hilo el poco juicio que le quedaba.

Sasuke se sentó en la cama y le dio la espalda. Ella aprovechó para mirarlo y, por un instante, tuvo la loca idea de acercarse por detrás, abrazarlo y pedirle que no se fuera.

Pero no lo hizo, la poca cordura que le quedaba se lo impidió. Lo observó mientras echaba un vistazo a su reloj.

—¿Tienes algún plan para esta tarde? —le preguntó de repente.

—No, es sábado y pensaba dedicarme a pintar. ¿Por qué lo preguntas?

Se puso de pie y se volvió hacia ella. ¡Dios! ¿Cómo había podido estar tan cerca de ella y no follarla en esa misma cama? Pensó que debía tener una voluntad de hierro; de otro modo, no se explicaba cómo no había cedido ante la tentación que significaba Hinata para él. Estaba cubierta con las sábanas y, sin embargo, percibió que aún temblaba de deseo debajo de ellas. Sus ojos opalinos se habían dilatado y unos mechones de cabello le caían sobre los hombros desnudos.

Un músculo vibró en su mandíbula al contemplar semejante imagen. Si no salía de aquella habitación en ese preciso instante, el dominio del cual había echado mano para soportar no ceder a sus más bajos instintos lo haría flaquear.

—¿Te gustaría acompañarme a un partido de hockey?

Hinata no pudo menos que sorprenderse ante aquella invitación.

—¿Un partido de hockey?

—Sí, estamos seguros de que el niño que entregó la caja asistirá al partido —le dijo y fue hacia el cuarto de baño.

Por un instante Hinata no supo qué decir. Él le estaba pidiendo que lo acompañara, pero ni siquiera era una cita. Solo formaba parte de su labor como policía. Soltó un suspiro de resignación. ¿Qué otra cosa podía esperar? Después de todo, ella también era parte de su trabajo policial y nada más.

—Está bien, iré contigo —respondió, sin demasiado entusiasmo.

—Bien, el partido es a las tres. En una bolsa que dejé anoche en el salón encontrarás un par de sudaderas de los Bijuu Raiders; quiero que uses una. —La miró antes de desaparecer detrás de la puerta—. ¿Te importa que use el baño primero?

—No, adelante.

Se quedó contemplando la puerta cerrada y sonrió al escucharlo tararear It's My Life de Bon Jovi mientras se duchaba. Se levantó de la cama y notó con desagrado que el vestido que había elegido para ponerse para la cena malograda estaba completamente arrugado. Se lo había puesto con la intención de seducir a Sasuke y no le habría importado que él se lo hubiera quitado y luego arrojado al suelo en un momento de pasión; pero en ese momento aquella tela celeste solo era la sombra de lo que había sido la noche anterior.

Fue hasta la cocina para prepararse un café mientras Sasuke terminaba de ducharse. Al pasar por el salón vio que todavía quedaban sobre el baúl color peltre los restos de la cena. Seguramente, Sasuke había visto los platos servidos y la botella de vino cuando había llegado. Se mordió el labio, también la había encontrado dormida sobre el sofá y se había tomado la molestia de llevarla hasta la cama.

Dio un salto cuando el teléfono del salón comenzó a sonar. Antes de que pudiera llegar hasta él, el contestador automático entró en funcionamiento:

«Te has comunicado con La casa de los horrores; si quieres que alguno de los seres que moran en este lugar se comunique contigo, deja tu número de teléfono o, si lo prefieres, deja tu mensaje después de la señal.»

Hinata no pudo contener la risa; mucho menos, cuando descubrió que lo que el mensaje llamaba «señal» no era más que el grito desgarrador de una mujer desesperada huyendo de Freddy Krueger. Sin embargo, algo en la voz de la contestadora le hizo preguntarse de quien se trataba; sin duda era un hombre, pero no era Sasuke. Esta voz era indudablemente resplandeciente en comparación del barítono del detective.

—Sasuke, soy yo —reconoció la voz de Ino Yamanaka de inmediato—. Toneri Ōtsutsuki sigue todavía bajo custodia; esta misma tarde su abogado pedirá su liberación. Quería avisarte de que uno de los oficiales se ha encargado de verificar si tiene un nudo celta tatuado en alguna parte de su cuerpo: no lo tiene. Aunque eso no significa nada, tal vez la doctora Senju se equivocó. En fin, quería que lo supieras. Date prisa, debemos encontrar algo para retenerlo y el tiempo está corriendo en nuestra contra. —Hizo una pausa—. No te entretengas demasiado ahí. —Luego cortó.

Hinata notó cierto fastidio en la voz de la detective, sobre todo en la última parte de la llamada. «No te entretengas demasiado ahí.» Obviamente se estaba refiriendo a ella. No solo era parte de su trabajo policial, sino que también se había convertido en un entretenimiento para él. Masculló entre dientes y regresó a la cocina.

—Creía haber escuchado el contestador —dijo Sasuke y entro detrás de ella.

—Divertido tu mensaje —señaló con sorna.

—Urghhh —el gruñó mientras se apretaba el puente de la nariz—, Naruto lo puso y no sé cómo quitarlo.

—¿Naruto?

—Un rubio idiota que es amigo mío. —Dijo con falso fastidio, pero en realidad en sus ojos se notaba un genuino cariño al mencionar a su amigo.

Hinata lo contempló un instante. Llevaba unos pantalones oscuros, ajustados en la parte superior, y una camisa azul que le colgaba fuera del cinturón, aún desprendido.

—Tu compañera te ha dejado un mensaje. Iba a responder, pero no me ha dado tiempo —dijo y apartó la mirada para servirse un poco de café en la taza.

—¿Qué ha dicho? —preguntó él mientras se acomodaba la camisa y terminaba de subirse la cremallera de los pantalones.

Hinata sirvió otra taza para él y se la entregó.

—Ha hablado de Toneri. —Frunció el ceño—. ¿Por qué no me habías dicho que lo habían arrestado?

—Déjame ver. ¿Cuándo habrías preferido que te lo dijera? ¿Anoche al acostarte en la cama, o esta mañana cuando he despertado atrapado debajo de tu cuerpo?

Hinata intentó ignorar su sarcasmo, pero solo consiguió agitarse.

—Eso no importa, solo creo que es algo que debería haber sabido antes —respondió después de beber un sorbo de café.

Sasuke se sentó en el taburete y tomó la taza de café entre ambas manos.

—Lo hemos arrestado, sí.

—¿Por qué? ¿Por la llamada a la radio?

—No hemos podido confirmar que él sea el autor de esa llamada, solo sabemos que la cabina telefónica está a tan solo unos cincuenta metros de donde vive. —Hizo una pausa para beber un sorbo de café—. Hicimos un registro en su casa y encontramos un bisturí, los análisis confirmaron que fue usado para escribir los mensajes en la piel de las dos últimas víctimas.

Hinata dejó caer la taza sobre la encimera.

—Entonces, ¿es él? —Se negaba a creerlo—. ¿Estás seguros?

—No, no lo estamos, pero es el primer sospechoso que tenemos y no podemos dejarlo ir hasta que no encontremos más pruebas que nos demuestren que realmente tenemos al sujeto correcto.

—Ino ha dicho que su abogado pedirá su liberación esta misma tarde —le contó preocupada.

—No me sorprende. ¿Ha dicho algo más?

—Sí, ha mencionado algo sobre el tatuaje. Ha dicho que Toneri no lo tenía y que, tal vez, una tal doctora Senju se había equivocado.

Sasuke asintió, aquel último dato no hizo más que desanimarlo.

—Sigo sin creer que Toneri haya sido capaz de cometer esos crímenes, tampoco creo que haya sido él quien me secuestrara —reiteró Hinata consternada.

—Ya te he dicho que por ahora es nuestro principal sospechoso. Por desgracia, eso no significa que sea el culpable —señaló y se puso de pie.

—Hace cuatro años tu padre vino a verme un día y me hizo preguntas sobre él.

Sasuke no pudo evitar inquietarse al oír mencionar a su padre.

—Sí, en aquella época Toneri Ōtsutsuki era también su principal sospechoso.

—Si tan solo pudiera recordar qué sucedió después de que él se marchara de la parada de autobuses —dijo Hinata angustiada.

Sasuke sabía que aquel era el momento oportuno para hablar con ella y decirle lo que había planeado a sus espaldas.

—Hinata, hay algo que debes saber —comenzó a decir sin mirarla a los ojos directamente. No sabía cuál iba a ser su reacción pero aquella charla ya no se podía dilatar más.

Hinata intentó prepararse para lo que fuera que Sasuke estuviera a punto de decirle.

—Ayer por la mañana te dije que tenía una reunión importante.

Hinata asintió. La reunión que había llevado a su misteriosa desaparición. ¿Qué estaría a punto de decirle? Se sintió abrumada por una inexplicable inquietud. ¿Acaso se había visto con su amante, la dueña del sujetador que descansaba en el fondo del cesto de la ropa en el cuarto de baño? No creía estar preparada para escuchar algo semejante de parte de él.

—Fui a ver al doctor Orochimaru. —Se rascó la barbilla recién afeitada—. Es el mejor especialista en hipnosis de la ciudad. Tenemos una cita el martes —dijo la última frase rápidamente.

Hinata se quedó en silencio durante un segundo que a él le pareció eterno. Ni siquiera supo cómo reaccionar con lo que acababa de oír; tampoco podía discernir si estaba más sorprendida por el hecho de que él le había conseguido aquella cita a sus espaldas, o porque había hablado usando el plural: «Tenemos una cita el martes.» Eso significaba que él la acompañaría.

—¿El martes, tan pronto?

—Sé que dije que no te presionaría, pero cuanto antes consultes con un especialista, mejor. —Buscó su mirada—. Él te ayudará, no solo a recordar lo sucedido, sino también a superar tus pesadillas; yo le he contado de tu caso y está ansioso por recibirte. Cree que es muy posible que logres recordar todo —alegó entusiasta.

Recordar todo. Traer a su presente lo que tanto daño le había causado en el pasado. Siempre había tenido miedo de intentarlo siquiera y había preferido dejar aquellos recuerdos donde estaban; ocultos en algún lugar oscuro de su memoria. Sasuke le ofrecía la oportunidad de liberarse de aquella pesadilla de una buena vez, pero no estaba segura de tener el valor suficiente para hacerlo. Pensaba que nunca estaría lo bastante preparada para saber qué le había sucedido en esos tres meses que le fueron robados.

—¿Tienes miedo? —preguntó él de repente, como si pudiera leer sus pensamientos.

Hinata asintió.

—Yo iré contigo. El doctor Orochimaru me ha dicho que incluso puedo quedarme a tu lado mientras te hipnotiza. —Le tocó el hombro—. No vas a estar sola, Hinata.

—Gracias, Sasuke. —Ella sabía que él lo hacía porque estaba empeñado en que recordara, por fin, quién la había secuestrado; sin embargo, se ilusionó de todos modos con la idea de que realmente se preocupaba por ella.

—Bien, no quería marcharme sin antes decírtelo. —Le sonrió de lado, y Hinata tuvo la sensación de que había algo más que él quería decirle—. Me voy a la comisaría. Nos vemos por la tarde. No olvides el partido de hockey.

—No lo he olvidado.

—Pasaré por ti a las dos y media —le gritó mientras salía. Ella le respondió que sí, pero él ya no la escuchaba.


—¡Maldición! —Ino observaba a través del cristal cómo Toneri Ōtsutsuki y su abogado discutían dentro de la sala de interrogatorios—. ¿Crees que va a lograr salirse con la suya?

Sasuke le lanzó una mirada fugaz a su compañera; él estaba tan molesto como ella.

—No lo sé, el plazo vence mañana. Al menos nos queda algo menos de veinticuatro horas para conseguir algo más en su contra —dijo y miró el reloj que colgaba de la pared del pasillo.

—¿A qué hora es el partido de los Bijuu Raiders?

—A las tres.

Ino notó cierto nerviosismo en su compañero y creía saber a qué se debía.

—Supongo que si no me has mencionado nada hasta ahora, es porque ya tienes con quién ir —dijo mientras fruncía el ceño.

—He invitado a Hinata —respondió finalmente—. He pensado que le vendría bien salir y distraerse un poco.

—Claro, supongo que la has invitado solo por eso. —Ino habría querido reírse de su compañero, parecía un adolescente atrapado después de haber organizado una cita clandestina.

—No empieces, Yamanaka. No estoy de humor para uno de tus sermones esta mañana —dijo a la vez que levantaba las manos.

—No pensaba sermonearte, pero es indudable que algo malo habrás hecho para que creas que lo iba a hacer. —Sabía que él le ocultaba algo, su actitud era mucho más evidente que aquello que pretendía esconder con tanto recelo. Lo conocía demasiado bien como para no haberse dado cuenta de que se había enamorado como un tonto de Hinata Hyuga.

—Ahí viene —dijo Sasuke, refiriendose al abogado que se acercaba. Lo esperaron junto a la puerta.

—Detectives, tienen hasta mañana para encontrar algo que realmente obligue a la detención de mi cliente, de lo contrario, tendrán que liberarlo.

—Lo sabemos, abogado. No se preocupe, su cliente no pasará detrás de las rejas más tiempo de lo estipulado por las leyes —le aseguró Sasuke.

—Bien, en ese caso, regresaré mañana temprano.

—Nos vemos, entonces.

—Guapo, pero demasiado arrogante —señaló Ino mientras observaba cómo el abogado de Toneri Ōtsutsuki se retiraba a toda prisa y atravesaba el pasillo.

—No deberías ser tan exigente —bromeó Sasuke mientras se cruzaba de brazos.

—Sasuke Uchiha, no creo que quieras que profundicemos en el terreno de lo amoroso —le advirtió, con una sonrisa maliciosa—. ¡Creo que tú te llevarías la peor parte!

Él alzó una ceja en señal de asombro. ¿Acaso era tan evidente? Comprendió entonces que Ino sabía cuáles eran sus verdaderos sentimientos hacia Hinata.

—Es un tema que preferiría no tocar, al menos por el momento — respondió e intentó así dar por terminada aquella discusión.

—Está bien, como quieras, Sasuke. —Levantó una mano y le apuntó con su dedo índice—. Pero déjame darte un consejo, porque no estás haciendo bien las cosas.

—Te escucho, Ino.

—No hagas algo que parezca lo que no es.

Sasuke trató de entender lo que le había dicho, pero parecía un trabalenguas.

—¿Qué demonios significa eso?

—Eres detective, Uchiha. Descúbrelo por ti mismo. —Le guiñó un ojo y lo dejó solo en medio del pasillo buscando descifrar sus palabras.


Hinata se puso la prenda que Sasuke le había traído encima de los vaqueros y se recogió el pelo en una trenza al costado de la cara. Faltaban diez minutos para que él pasara a buscarla para ir juntos al partido y ya comenzaba a ponerse nerviosa.

El ruido de las llaves que se estrellaban contra el cuenco de barro hizo que su corazón se acelerara y cuando vio a Sasuke junto a la puertaventana de la terraza jugando con Aoda, un hormigueo le recorrió todo el cuerpo.

—Has sido puntual —dijo ella y así anunció su presencia.

Sasuke dejó a Aoda en el suelo y se dio media vuelta. Lo primero que notó en ella no fue la sudadera de los Bijuu Raiders que le llegaba casi hasta las rodillas, sino la corta trenza que asomaba sobre su hombro derecho. Un escalofrío subió por su espalda. La trenza empezaba tejida desde la raíz de su cuero cabelludo y bajaba en diagonal de izquierda a derecha, suposo, para que ningún mechón corto escapara del peinado que terminaba tocando su hombro.

Era la primera vez que la veía con el pelo recogido, —ciertamente, no lo necesitaba por lo corto de su melena—; y aunque el arreglo de su cabello distaba de poseer el largo de aquella época de su secuestro, lo que representaba le trajo a la mente los crímenes del Asesino de las Flores. Le pareció estar viendo a cada una de las víctimas en el rostro de Hinata. Con aquella trenza, no importaba si fuera corta, se parecía aún más a las cuatro muchachas asesinadas.

—Sasuke, ¿qué sucede? —Avanzó hacia él. Estaba pálido.

—Nada, nada. —Le tocó la trenza—. Es solo que es la primera vez que…

Hinata lo comprendió todo entonces. Al instante se quitó la bandita de goma que le sostenía la trenza y comenzó a deshacérsela.

—Lo siento. —Le temblaban las manos—. Ni siquiera me he dado cuenta. —Se soltó el cabello primero y luego se lo recogió en una cola de caballo baja.

—No es culpa tuya, pero me ha causado una extraña impresión verte con esa trenza —explicó mientras recobraba la calma.

—Lo sé. —Quiso sonreír, pero no pudo—. ¿Por qué no nos vamos? Se nos va a hacer tarde.

—Tienes razón. —Comenzó a desabrocharse la camisa—. ¿Dónde has dejado mi sudadera de los Bijuu Raiders?

—Sigue en la bolsa. —Desvió la mirada de su torso desnudo—. Te la traeré.

Se alejó a paso firme y regresó con la prenda un par de segundos después.

—Aquí tienes —le dijo e intentó mantener sus ojos claros a la altura de su rostro. Fue hasta donde estaba Aoda y le acarició la cabeza mientras él terminaba de ponerse la prenda. Lo observó por el rabillo del ojo mientras lo hacía y cuando finalmente terminó de ponérsela Hinata descubrió que aquel atuendo le quedaba demasiado ajustado, lograba perturbarla tanto o más que su torso desnudo.

—Vamos —dijo él y se movió para permitirle el paso a Hinata—. Aoda, pórtate bien.

La perra lo miró y dio un gran bostezo.

Antes de que el montacargas se cerrara se oyó un revuelo en el pasillo.

—¡Sasuke, espera!

Una pareja joven corrió hasta ellos.

—Rangiku, Renji ¿Cómo están?

—Bien, veo que vais al partido —dijo el hombre al observar sus atuendos—. Nosotros también.

—Así es. —Pasó su brazo por el hombro de Hinata—. Unos amigos nos consiguieron las entradas.

—Hola, Hinata. Los señores Denka nos comentaron que vivías en el loft de Sasuke —dijo Rangiku y la saludó con un beso en la mejilla—. Mi nombre es Rangiku y éste es Renji, mi marido. —Renji estrechó la mano delgada de Hinata con fuerza.

—Un placer conocerlos —dijo con una sonrisa.

—Qué novia más bonita te has conseguido, detective —dijo Renji mientras le guiñaba el ojo.

—¿Verdad que sí? —respondió Sasuke y la apretó contra él.

Hinata reprimió las ganas de darle un pisotón solo porque tenían compañía. Se lo reservaría para cuando estuvieran a solas.

—Podemos ir en nuestro coche, si queréis —sugirió Renji mientras abandonaban el edificio—. Después de todo, vamos al mismo lugar.

—¿Qué dices, cariño? —Sasuke tenía instalada en su rostro, la sonrisa con la que Hinata ya se sentía familiarizada y que la descolocaba en sobremanera: ladeada, coqueta y socarrona.

Hinata le lanzó una mirada asesina.

—Por mí está bien, cariño —dijo y exageró la última palabra.

—Suban entonces —gritó Rangiku mientras abría la puerta del acompañante.

Sasuke se dio prisa y abrió para ella la puerta ubicada detrás del conductor.

Hinata entró sin siquiera mirarlo y se sentó en un rincón con los brazos cruzados. Él rodeó la parte trasera del automóvil y se acomodó a su lado.

—¿Cuánto tiempo hace que eres novia de Sasuke? —preguntó Rangiku mientras se daba la vuelta.

Hinata miró a Sasuke y le hizo señas para que respondiera él a su pregunta; después de todo la idea de inventar que tenían una relación amorosa había sido suya.

—Un par de meses.

—¿Y ya decidieron probar la convivencia?

—Así es. —Miró a Hinata y le tomó la mano; ella intentó que no lo hiciera, pero no pudo hacer nada cuando Sasuke se la llevó a la boca y la besó—. Hinata y yo no queremos vivir ni un minuto separados.

Los ojos azules de Rangiku se abrieron asombrados.

—¡Qué romántico! —Miró de reojo a su esposo que estaba concentrado en conducir—. Renji y yo pensábamos lo mismo cuando nos casamos, luego tuvimos a nuestra pequeña Yachiru y las cosas cambian cuando llegan los hijos —dijo con tono melancólico.

—Supongo que sí —respondió Hinata y trato de soltar su mano—. Tú y Renji hacen una pareja estupenda.

—También Sasuke y tú.

Sus ojos se encontraron y por un instante, solo por un instante, creyeron que lo que Rangiku acababa de decirles era verdad. Estaban fingiendo que estaban enamorados y sin embargo parecía que había poco de engaño detrás de aquella farsa. ¿Acaso los demás veían lo que ellos no? ¿Estarían tan ciegos como para no aceptar que lo que los unía era más que el deseo y la necesidad de proteger y ser protegida?

Hinata se preguntó qué pasaría por la cabeza de Sasuke en aquel momento mientras la obsidiana de sus ojos perforaba al ópalo de los suyos.

Sasuke se moría por descubrir qué se escondía detrás de aquella mirada lechosa cada vez que posaba sus ojos en él. Deseaba conocer cuáles eran los sentimientos de Hinata, comprobar si eran iguales a los suyos.

—Hemos llegado —la voz gruesa de Renji los trajo de nuevo a la realidad.

Hinata logró zafarse de la mano de Sasuke cuando el automóvil se detuvo. Se bajó antes de que él pudiera protestar. Ya fuera, él se acercó por detrás y la sujetó de la cintura.

—No olvides que somos novios y que hacemos una pareja estupenda —le susurró él al oído.

—No lo olvido —le respondió ella e intentó, al menos, poner un poco de distancia entre su espalda y el pecho de Sasuke.

Los cuatro caminaron hacia una de las entradas laterales del estadio en medio de una gran masa de público. Sasuke seguía sujetándola de la cintura a medida que avanzaban y Hinata solo deseaba que aquella tortura llegara a su fin lo antes posible. Fingir que tenía una relación con Sasuke Uchiha se estaba conviniendo en un arma de doble filo para ambos. Sentía que, en cuanto se quitaran las máscaras, la ficción superaría ampliamente a la realidad.

No había nada que ella pudiera hacer para evitar lo que sucedería si seguían con aquel juego. Lanzó un suspiro, la verdad era que tampoco quería hacerlo.


Se acomodó la chaqueta y verificó que el nudo de la corbata estuviera en su lugar. Había ensayado lo que le diría una y mil veces. Aun así, no podía evitar sentirse nervioso. Se secó el sudor de la frente que caía debajo de su gorra de béisbol y dio un par de golpes en la puerta.

Cuando por fin la tuvo enfrente la adrenalina comenzó a correr a través de sus venas. Contó hasta cinco en un intento por calmarse; lo que menos quería era asustarla. Nada podía arruinar aquel momento: su momento.

Saco la identificación y se la mostró.

—Soy Ron Hanada, trabajo para la Comisión de los Derechos de los Animales. —Había repetido aquellas palabras tantas veces en su cabeza que hasta podía llegar a creer que lo era realmente.

—¿Qué desea? —preguntó la joven escudada detrás de la puerta.

—Estamos realizando una encuesta a todas las personas que tienen mascotas. —Le sonrió—. ¿Un perro, un gato o un canario tal vez?

—Tengo un perro. Se llama Kon —respondió con recelo.

—Bonito nombre. —Sacó unos papeles del maletín que había dejado en el suelo—. Me gustaría hacerle unas preguntas, señorita…

—Hanabi Kuchiki(1).

Sabía muy bien cuál era su nombre, solo deseaba que ella se lo dijera.

—Muy bien, señorita Kuchiki. No querría robarle su tiempo, pero debo hacer mi trabajo. Sé que la mayoría de las veces solo molesto y la gente tiene razón en poner mala cara cuando llamo y les digo que quiero hacer unas cuantas preguntas.

Ella asintió y lentamente abrió la puerta.

—¿No nos hemos visto antes? —preguntó cuando lo miró mejor. Pero la gorra que cubría casi la mitad de su rostro no dejaba mucho para ver.

—¿Quién sabe? ¡Quizá nos conocimos en otra vida! —Hanabi Kuchiki esbozo una sonrisa tibia.

—¿Le llevarán mucho tiempo sus preguntas, señor Hanada?

—Unos cuantos minutos, Hanabi. —Apoyó el brazo en el marco de la puerta—. Puedes llamarme Ron.

Ella se sonrojó.

—Si realmente te molesta que haga esto, solo dímelo. Puedo decir que no encontré a nadie en casa y…

—No, tienes razón. Solo haces tu trabajo. —Abrió más la puerta—. Ven, pasa. ¿Te gustaría tomar algo fresco? Tengo té helado recién preparado.

Una sonrisa plena de satisfacción se instaló en su rostro mientras entraba.

—Me encantaría.


(1) Una vez en Pinterest vi una imagen de Neji como el hijo perdido de Byakuya Kuchichi, -de Bleah, si-, de ahí que le pusiera a Hanabi su apellido xD

Now, sáquenme de duda, ¿esto realmente es un crossover? Mmmh, no estoy segura porque esto es una adaptación AU y entonces no sé si usar a los personajes de Bleach lo conviertan en un crossover o en simple cameo xD…

BTW, no corrgí el capítulo al 100%, así que si hay una incongruencia, por favor haganmela saber :)

Later!