© Naruto, Masashi Kishimoto.

Adaptación Sasuhina.


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꧁Nomeolvides꧂

Capítulo 18

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El partido entre los Bijuu Raiders de Konoha y los Shinigami de Karakura había entrado ya en el segundo período. Ganaban los visitantes dos a uno y había una ligera diferencia entre los dos equipos. Renji estaba entusiasmado con el juego y se levantaba de su asiento cada vez que algún jugador de los Shinigami cometía una falta o era sancionado. A su lado, Rangiku se limitaba a calmarlo y a decirle que estaba haciendo el ridículo. De vez en cuando miraba a Hinata y ponía cara de fastidio. Parecía que no disfrutaba del partido con la misma euforia que su marido a pesar que su equipo iba ganando.

Sasuke y Hinata estaban sentados junto a sus vecinos, pero ella notó, casi de inmediato, que lo que menos llamaba la atención de él era el partido; ni siquiera había celebrado la primera anotación. En cambio, continuaba con su rol de novio perfecto y su brazo se extendía sobre el hombro de Hinata; era tan largo que sus dedos llegaban hasta allí donde nacían sus senos. Ella temía que él pudiera sentir cómo su corazón había comenzado a palpitar alocadamente dentro de su pecho. Su mano no se movía, pero el calor que emanaba traspasaba la tela gruesa de su sudadera y le quemaba la piel.

Sasuke estaba atento a la multitud que había asistido a ver el partido, pero no olvidaba dónde estaba su mano. Tuvo que reprimir varias veces el impulso de acariciar la curva de su cuello para luego sujetar su rostro con suavidad y besarle la boca.

Se dijo que lo hacía por el simple hecho de no levantar sospechas con sus vecinos. En el edificio, todos creían que eran novios y era mejor que si continuaban creyéndolo. Sin embargo, por más que se engañaba, sabía que lo hacía porque quería hacerlo, porque cualquier excusa era buena para estar cerca de Hinata.

De repente, un niño que sostenía un enorme vaso de refresco de cola llamó su atención. Tenía el cabello rojizo y llevaba una sudadera de los Bijuu Raiders; coincidía con la descripción del niño que había entregado la caja. Siguió buscando entre la multitud, pronto descubrió que no era el único niño pelirrojo dentro del pequeño estadio. Contabilizó cuatro en total, pero solo dos llevaban la insignia del equipo que iba perdiendo.

Hinata notó la expectativa en el rostro de Sasuke; sabía cuál era su verdadera misión al asistir a aquel partido.

—Vuelvo en un momento —le dijo y se puso de pie.

Hinata no tuvo más remedio que quedarse sentada en la grada a esperarlo.

Lo observó mientras se alejaba y caminaba hacia la grada ubicada frente a ellos. Se acercó a una mujer que estaba acompañada por un niño pelirrojo. Desde allí vio que Sasuke le mostraba su placa y el rostro de la mujer se puso pálido. Luego se dirigió al niño y, después de hablar un momento con él, los dejó que siguieran disfrutando del partido. A juzgar por la expresión en el rostro de Sasuke, aquella charla no había sido positiva.

Lo vio dirigirse hacia otra grada ubicada a un costado y acercarse a otro niño pelirrojo; éste, como el anterior, llevaba una sudadera de los Bijuu Raiders. Estaba acompañado por un hombre que Hinata supuso sería su padre. Una vez más, Sasuke sacó su placa y después de intercambiar algunas palabras con el niño y con el hombre sentado junto a él, se alejó y regresó a su lugar. Esa vez su rostro denotaba satisfacción.

—¿Has tenido suerte? —preguntó Hinata mientras se sentaba junto a ella.

—Sí, el segundo niño con el que he hablado es el mismo que entregó la caja en tu casa. Irá mañana mismo a la comisaría para que lo interroguemos y para ver si reconoce a Toneri Ōtsutsuki —le informó y la tomó de la mano.

—Sasuke, ¿es realmente necesario? —Hinata miró sus manos unidas.

Él la miró y luego observó con el rabillo del ojo a Rangiku y a su marido.

—Debemos hacerlo, cariño. —Esbozó una sonrisa seductora—. Considéralo como parte de mi trabajo.

Trabajo. Hinata lo sabía, ella siempre había formado parte de su trabajo, sin embargo, escucharlo de sus propios labios era mucho más doloroso aún. ¡Y ella creía que existía un vínculo especial entre ellos!

«Reacciona, Hinata», se dijo para sus adentros. «No imagines lo que no es». Tal vez Sasuke Uchiha, además de ser un competente detective, era un excelente actor que representaba su papel no sólo frente a sus vecinos.

Se preguntó si no había estado actuando con ella desde el principio. Prefirió no responderse, porque la respuesta a aquella duda era demasiado dolorosa.

Después de que el partido finalizó, Rangiku la buscó.

—Ven, charlemos un poco —le dijo, mientras su marido y Sasuke caminaban delante de ellas y comentaban los pormenores del partido.

Hinata le sonrió, era una mujer simpática y a pesar de que renegaba de su marido, se notaba que lo adoraba.

—¿Sabes? Hace más de un año que conocemos a Sasuke y nunca nos había presentado a ninguna novia suya —le dijo mientras lanzaba una mirada a Sasuke que escuchaba con atención cómo su esposo le explicaba la jugada que había llevado a los Bijuu Raiders a empatar a su equipo, reconociendo el potencial de los contrincantes.

—Me halaga ser la primera —respondió Hinata deseosa de seguir escuchando lo que Rangiku tenía que decirle.

—Ha traído varias mujeres a su casa, eso sí —bajó el tono de su voz para evitar ser oída—. Renji y yo hemos visto desfilar unas cuantas por allí.

Hinata intentó sonreír de nuevo pero no pudo. No tenía ningún motivo, ni el menor derecho, sin embargo, sintió celos.

—Puedo imaginarmelo —se limitó a responder. Seguramente una de aquellas conquistas se había dejado olvidado el sujetador en alguna de sus visitas.

—Pero ahora parece que va a sentar cabeza. Te ha encontrado a ti y no dudó en pedirte que fueras a vivir con él. —Su rostro hermoso de por sí, adquirió una expresión de emoción que le hizo brillar aún más—. Ambas sabemos cuál es el siguiente paso.

Hinata alzó las cejas.

—¿Siguiente paso?

—Sí. Cuando Renji y yo llevábamos ya tres años de novios él me pidió que probáramos la convivencia. Compartimos el techo diez meses antes de que por fin me lo propusiera.

Entendió finalmente aquello de lo que Rangiku estaba hablando, pero no podía decir o hacer algo para sacarla de su error.

—No lo sé —respondió. ¡Por Dios, ni siquiera sabía qué decirle para salir del paso!

—Hacen una pareja muy bonita, Hinata; además reconozco a una mujer perdidamente enamorada cuando la veo.

Hinata se detuvo en seco. ¿Qué estaba diciendo aquella mujer?

¿Acaso estaba representando su rol de novia de Sasuke tan bien? Ella no estaba enamorada de Sasuke, no podía estarlo.

Lo observó. Seguía caminando junto a Renji un par de pasos por delante. De repente, como si supiera que tenía sus ojos clavados en la espalda, Sasuke se dio la vuelta y la miró. No era la primera vez que la miraba de aquella manera; sin embargo, Hinata sintió que ella lo estaba contemplando de un modo diferente. Él le sonrió con esa maldita sonrisa arrogante y ahí supo entonces que era verdad. El papel que había estado desempeñando se había vuelto contra ella: lo amaba. Amaba a Sasuke Uchiha y ya no podía negarlo. Desvió la mirada de inmediato, temerosa de que él descubriera lo que sus ojos ya no podían ocultar.


Tras despedirse de Rangiku y Renji entraron en casa, no sin antes prometerles que cenarían con ellos lo antes posible. Aoda salió a su encuentro. Saltó primero sobre Hinata y Sasuke levantó la mano en gesto de desaprobación.

—Creo que estoy comenzando a sentirme celoso —comentó mientras Hinata se agachaba para saludar a Aoda con unas cuantas caricias en la cabeza. Luego, como si la perra hubiese entendido sus palabras, se acercó a él y se tumbó sobre sus pies—. No estoy muy seguro de si debo aceptar tus zalamerías ahora.

Extendió la mano para tocarle la cabeza y sus dedos terminaron rozando los dedos de Hinata.

—¿Tienes hambre? —le preguntó él y buscó su mirada.

Hinata tragó saliva; ya ni siquiera se atrevía a mirarlo directamente a los ojos, no después de haber descubierto que lo amaba.

—Sí —contestó y procuró mantener la voz firme.

—Pidamos teppanyaki—sugirió mientras observaba cómo Aoda se acomodaba sobre el sofá—. Sé que no suena tan espectacular como la cena que habías preparado anoche, pero siento que debo compensarte de alguna manera.

Hinata creía que no mencionaría aquel asunto, aunque, cuando lo hizo, no supo qué decir.

—No te preocupes por eso —dijo—. Iré a cambiarme; tú, mientras tanto, pide el teppanyaki, el mío de vegetales por favor.

Sasuke asintió y la dejó marcharse a la habitación. Presentía que Hinata intentaba evitarlo de una manera bastante sutil. Algo había pasado después del partido de hockey, estaba seguro de ello.

Se sacó el teléfono móvil del bolsillo del pantalón y antes de pedir la comida marcó el número de su compañera.

—Yamanaka, he encontrado al niño, —fue lo primero que dijo. Del otro lado de la línea la voz de Ino sonaba ronca.

—Estupendo, Uchiha —dio un bostezo.

—¿Te desperté?

—¿Tú qué crees? —dijo impaciente.

—Muy bien, quería avisarte de que el niño y su padre irán a la comisaría mañana temprano.

—Crucemos los dedos, Sasuke. Si logra identificarlo entonces lo tendremos cogido por el cuello y no habrá artilugio legal que logre sacarlo —dijo esperanzada.

—Esperemos que así sea.

—¿Cómo ha estado el partido?

—Han quedado empatados.

—Que mal. —Se hizo un silencio—. ¿Estás en tu casa?

—Sí, acabamos de llegar.

—Bien.

Sasuke tuvo el presentimiento de que su compañera quería decirle algo más, pero solo se limitó a despedirse y colgó.

Se quedó mirando el teléfono un instante antes de llamar para pedir el teppanyaki en BBQ Shop.

Unos minutos después, Hinata se reunió con él en la cocina.

—El teppanyaki no debería tardar —dijo él mientras buscaba un par de latas de cerveza.

—Genial, porque me muero de hambre —respondió ella de pie junto a la puerta.

Sasuke la observó. Había reemplazado la sudadera de los Bijuu Raiders y los vaqueros por una camisa beige abierta arriba de un top tank blanco y un bike short negro. La tela marcaba cada parte de sus piernas torneadas y la abertura de la camisa le permitía discernir la "v" entre sus muslos delgados. Ella necesitaba moverse, no podía soportar más los ojos penetrantes de Sasuke que deambulaban por cada milímetro de su cuerpo. No había pretendido nada, simplemente se sentía cómoda con la elección de sus prendas.

Caminó hacia el aparador.

—¿Por qué mejor no bebemos vino? —Sacó la botella que había quedado de la noche anterior.

Él asintió.

—Me parece bien. —Levantó el dedo índice—. Con una condición.

A Hinata le preocupó el tono de misterio en su voz.

—¿Cuál sería esa condición?

—Que veamos alguna película —preferentemente para evitar mirar su cuerpo.

—Ok. —Hinata asintió, estaba a punto de decirle que ella sería quien elegiría la película, pero unos golpes en la puerta se lo impidieron.

—Debe de ser la comida —dijo Sasuke y fue hacia el salón.

Hinata buscó un par de copas y cogió la botella de vino blanco. Cuando salió de la cocina, comprobó que la idea de elegir ella misma la película que verían no daría resultado. Sasuke ya había quitado el disco de su estuche y lo estaba colocando dentro del reproductor de DVD. Suspiró resignada mientras colocaba la botella y las copas encima del baúl.

—Ven, sentémonos —la instó a tomar su mano.

Hinata se quedó inmóvil durante una fracción de segundo; luego, tomó su mano y dejó que él la condujera hacia el sofá y la ayudara a sentarse. No era necesario, pero le agradó que él lo hubiera hecho. Hasta parecía que estaban en medio de una cita romántica y él estaba actuando como el perfecto caballero.

«No es una cita, y menos una romántica», se recordó mientras se ubicaba en el centro del sofá junto a Aoda, que ya se había dormido. Tampoco debía olvidar que, tal vez, todo aquello solo era parte del papel que Sasuke estaba cumpliendo frente a ella, solo estaba haciendo su trabajo, aunque este incluyera una cena con vino blanco y una película de terror de los años treinta.

Él se sentó junto a ella y Hinata se movió inquieta en su lugar. En realidad, entre Sasuke y Aoda no le quedaba mucho espacio disponible para moverse.

—¿Estás cómoda? —Una media sonrisa curvaba sus labios. Hinata asintió en silencio—. Empecemos a comer antes de que se enfríe —le dijo y le entregó el empaque con una etiqueta amarilla sobre la tapa.

—Gracias —balbuceó ella y sujetó la porción con ambas manos.

—Espero que te guste la película —apoyó la espalda contra el sofá y estiró las piernas hacia adelante.

—Yo también lo espero —respondió ella y esbozó una sonrisa.

—Bien. —Tomó el control remoto, lo apuntó hacia la pantalla y la película comenzó a pasar.

Hinata descubrió enseguida que se trataba de una de las tantas películas protagonizadas por Boris Karloff. Sasuke había elegido La momia.

—He visto otras versiones de esta misma película —comentó ella después de comer un brócoli salteado

—Seguramente sí, pero solo son eso, versiones. —Sirvió el vino en las dos copas—. Ahora verás una obra maestra del cine de terror, en el que no usaban los efectos especiales exagerados que se usan hoy y que terminan robando el protagonismo de los propios actores.

Hinata sonrió. Ahora tenían sentido los posters de películas colgados en las paredes y el particular mensaje en su contestadora. Podía comprender su pasión porque a ella le pasaba lo mismo con las obras de arte. Tomó la copa que Sasuke le entregó y bebió un sorbo; el vino le hizo cosquillas en la garganta.

—Está delicioso.

—Sin duda lo está —comentó él y la miró. Los labios de Hinata se habían humedecido por el vino y resultaban mucho más tentadores aún.

Hinata miró hacia la pantalla, trató de concentrarse en la película y rogó, en silencio, que él hiciera lo mismo. Lanzó un ligero suspiro de alivio cuando por fin Sasuke apartó los ojos de su boca.

La película, como era de esperar, estaba en blanco y negro y estaba ambientada en Egipto en la década de los años veinte.

Hinata observaba con atención.

Whemple, uno de los personajes que se veía en la pantalla, preso de la curiosidad y la codicia, abre el cofre que contiene el rollo de Thoth. Después de quitar la cinta roja que lo sujetaba desenvuelve el antiguo pergamino y así desafía a la maldición. Cuando comienza a leer aquellos jeroglíficos egipcios la momia de Im-ho-tep, que descansa en su sarcófago, abre sus ojos.

Sasuke notó que Hinata se movía inquieta. Intentó no reírse y procuró seguir atento a la película.

La momia no solo mueve sus ojos, ha separado los brazos del pecho y comienza a caminar hacia el hombre que, sin saberlo, la ha despertado de su sueño de más de tres mil años.

Hinata bajó los palillos y los puso sobre la caja, estaba empezando a perder el apetito.

La mano de la momia, lentamente se va acercando a su objetivo y cuando, por fin, logra alcanzarlo, el profanador comienza a gritar aterrado.

Sasuke observó a Hinata por el rabillo del ojo. Sostenía la copa casi vacía de vino con las dos manos. Estaba inmóvil.

Los gritos luego se mezclan con fuertes carcajadas; el hombre ha perdido la razón y mientras continúa riendo la momia de Im-ho-tep desaparece del lugar.

—¿Estás bien? —preguntó Sasuke y se esforzó por no hacer algún comentario burlón.

Hinata asintió mientras bebía el último resto de vino que le quedaba.

Extendió la copa.

—¿Me puedes servir otra?

Sasuke obedeció y volvió a llenar con vino blanco su copa vacía. Hinata se lo bebió casi de un sorbo. Sasuke la miró asombrado. Volvió a concentrarse en la película.

La pantalla mostraba el primer plano de la cara de Im-ho-tep, sus ojos sin vida reflejaban una luz aterradora. Un perro ladraba en medio de la noche al percibir su presencia.

Hinata dio un salto cuando Aoda comenzó a ladrar a su lado.

—¡Por Dios, Aoda! —exclamó Hinata y se llevó la mano al pecho. Sasuke ya no pudo controlarse más y se echó a reír.

—¡Aoda, no vuelvas a hacer eso! —lo regañó—. ¿No ves que Hinata teme que la maldición de la momia pueda llegar hasta ella?

Hinata le lanzó una mirada indignada y por un segundo, deseó tener el mismo brillo maligno de Im-ho-tep en los ojos para mostrarle lo enfadada que estaba.

—N-no es gracioso.

—¡Oh, sí lo es! —dijo y se mordió el labio—. Eres deliciosamente graciosa.

Hinata dejó la copa sobre la mesa y buscó entretenerse acariciando la cabeza de Aoda, que parecía estar más asustada que ella. Pero solo era consciente de que Sasuke la estaba mirando, de que la película seguía avanzando y de que ninguno de los dos le estaba prestando atención.

En el momento en que se inclinó para besarla Hinata volvió la cabeza hacia otro lado. Sasuke era demasiado encantador, pero ella debía resistirse. La tomó de la barbilla para obligarla a mirarlo a los ojos, Hinata dejó escapar un gemido que pretendía ser una protesta. Pero ambos sabían que no lo era. Debería apartarse, pero su cuerpo no parecía estar en sincronía con su sentido común.

La oposición, débil como era, cedió cuando sus labios entraron en contacto. Él aún mantenía sus dedos en la barbilla de Hinata para obligarla a entreabrir su boca. Su lengua no cruzó el límite de la línea de sus dientes y solo acarició el interior del labio inferior, pero Hinata sintió que se hundía en un mar de deleite. La mano grande y fuerte de Sasuke se apoyó sobre su espalda para acercarla más a él.

La naturaleza tierna de aquel beso fue cambiando lentamente, se hizo más intenso y demandante. La mano que la sostenía por la parte trasera del cuello avanzó por debajo de su cabellera y se enredó en sus hebras para llevarle la cabeza hacia atrás.

—Eres increíblemente dulce, Hinata. Dulce y delicada —murmuró él contra su garganta. Su boca estaba tibia y dejó una huella de besos ardientes por la piel hasta el hueco de la clavícula. Sasuke alzó la cabeza para mirarla y ella trató de moverse.

Hinata colocó las palmas de las manos contra el pecho fornido para alejarlo de ella.

—Sasuke… —Intentó recobrar el aliento para hablar con él. No iba a permitir que volviera a suceder.

—¿Qué pasa? —Clavó sus ojos en los suyos.

—No… no voy a dejar que lo hagas de nuevo. —Él sabía con claridad de qué estaba hablando.

—No hablemos ahora —le dijo con la voz ronca—. Es tiempo de sentir, no de conversar.

Una parte de su ser deseaba alejarse, pero sabía que él no lo permitiría, ni ella tampoco deseaba que lo hiciera. Cerró los ojos, apoyó la cabeza en el hombro de Sasuke y apretó la cara contra la tela suave de su camisa. El fuego comenzó a arder y consumió su determinación.

Entonces, Sasuke la atrajo hacia sí una vez más y la besó apasionadamente; ladeó la cabeza para absorber todo cuanto pudiera de aquella mujer a quien parecía desear desde hacía siglos. Ella le rodeó el cuello con los brazos y correspondió a su beso con igual pasión.

Deseaba alzarla en brazos y llevarla a donde ella quisiera. Desde el mismo instante en que la había rodeado con los brazos, había anhelado hacerla finalmente suya. Ya no se detendría; aquella noche ya no eran el agente y su protegida. Cuando hicieran el amor solo serían un hombre y una mujer entregados el uno al otro sin miramientos ni reservas.

Aoda se movió inquieto, se subió al respaldo del sofá y comenzó a lamer el brazo desnudo de Hinata. Ella comenzó a reírse.

—¡Ah, no! —protestó Sasuke sin soltarla—. Esta noche no, Aoda. Esta noche Hinata me pertenece solo a mí.

Se levantó y la ayudó a hacer lo mismo. Ella dejó que él la guiara hasta la habitación. Aoda los seguía, pero antes de que se pudiera colar con ellos Sasuke logró cerrar la puerta.

—Lo siento, Aoda. —Se dio media vuelta y la contempló—. Esta noche será solo mía.

Esas palabras la dejaron muda y contuvo la respiración cuando él avanzó hacia ella.

Se quitó la camisa y luego se deshizo de los pantalones. Se acercó más a ella. Hinata se relajó lo suficiente como para volver a respirar. Su cuerpo era poderoso, lleno de vigor, y sus manos ansiaban conocerlo en todo su esplendor. Sasuke la tomó de las manos y la acercó a él. Con delicadez le bajo la camisa por los hombros al mismo tiempo que acariciaba sus brazos con la punta de sus dedos. Finalmente, la camisa cayó bajo sus pies y reveló que abajo el top tank no tenía nada. Los picos de sus pezones se asomaban erectos y la curva y sinuosidad de sus pechos se mostraban orgullosos.

Él le tomó la mano, la posó sobre su corazón y la retuvo allí.

—Mira lo que provocas en mí, Hinata. Ella podía sentir sus latidos acelerados.

Sasuke movió sus manos por sus costados, tentó la pretina del short y se la quitó con destreza sin necesidad de agacharse, dejando que la gravedad hiciera su trabajo luego de aflojar el agarre de la prenda sobre su cintura; luego, acariciando la piel sedosa de sus glúteos y de su cadera. Rozó con los labios su frente, su mejilla, por fin encontró su boca. La besó con suavidad y luego se deslizó hasta su oreja. Ella dejó escapar un profundo gemido que reproducía la excitación, el ansia que a Sasuke le oprimía el pecho. El deseo, empujado por la adrenalina, atravesó como una descarga el cuerpo de Sasuke. Nunca se había sentido así. Nunca había deseado tanto a una mujer. Nunca se había sentido tan fuera de sí. Deslizó las manos por debajo del top para tocar la espalda de Hinata y ella respondió acariciando su pecho. Sasuke sintió una lluvia de placer que lo dejó aturdido.

—Te necesito, Hinata.

Las palabras la atravesaron como flechas al rojo vivo y la dejaron indefensa para resistirse a la urgencia de sus propios deseos. Los labios tentadores e incitantes se posaron nuevamente sobre su boca, que estaba ansiosa por recibirlos una vez más. Su lengua la invadió de manera casi salvaje mientras ella le sostenía la cabeza con ambas manos. La reacción de Sasuke fue lanzarse a una posesión apasionada que la dejó sin aliento. Su lengua le llenó la boca con un fuego acariciador. Él exploró y probó todo lo que ella le ofrecía, retrocedía solo para incitarla a que lo imitara. Estaba tan ocupada descubriendo las maravillas de la boca de Sasuke que se dejó hacer para quitarse el top.

Sus pechos refulgían blancos a la luz de la luna que entraba por la ventana y la mano de Sasuke le cubrió uno de los senos. Instintivamente Hinata movió su cuerpo para acercarse a él. Entonces Sasuke frotó su pulgar sobre el pezón tieso y la atormentó. Su ardor creció y sus ansias se hicieron cada vez más sofocantes.

Él seguía saboreando la boca de Hinata. Ya no servía de nada protestar o negarse, se dejó vencer por la embestida violenta de nuevas sensaciones. El control que él ejercía sobre sus sentidos era inmanejable para ella.

Sasuke se apartó un momento para mirarla, Hinata no pudo abrir los ojos. Luchó denodadamente contra el repentino deseo que se expandió por todo su ser cuando Sasuke se inclinó para tomar posesión de su pecho con los labios ardientes y mojados.

Ella se arqueó para ofrecerle los suaves montículos de sus senos, los gemidos de placer que se escaparon de su garganta solo elevaron el deseo de Sasuke. La empujó sobre la cama y la aprisionó allí con el peso de su cuerpo. Ella lo contempló mientras él se despojaba de la última prenda y se recostaba a su lado. Sasuke deslizó sus dedos sobre la superficie satinada de su piel mientras trataba de descubrir lo que le haría gritar de placer incontenible.

Con los ojos cerrados, Hinata sintió que se hundía en un mundo de pasión desconocida en donde solo las caricias y los besos de Sasuke le producían ese goce tan perfecto y sublime. Con roces apenas insinuados, Sasuke le acarició la entrepierna para luego pasar el dorso de la mano entre la ingle mientras observaba, con detenimiento, el rostro de Hinata para conocer su reacción.

—Sasuke —susurró ella y lo miró a los ojos.

A él le agradó escuchar su nombre dicho de aquella manera, con el deseo desbordado en cada sílaba.

Él introdujo sus dedos debajo de la tela de sus bragas y la acarició con deleite.

—¡Oh, Dios! —Su cabeza se echó hacia atrás.

Sasuke la observó luchar con sus sensaciones, mientras la devoraba la pasión Hinata se aferró a sus hombros y luego deslizó sus manos por la espalda para estrecharlo más contra su cuerpo.

Él arremetió de nuevo contra sus senos turgentes y tibios mientras que con una de sus manos la desnudaba por completo.

Ella dejó escapar un gemido y se frotó contra él. Jadeaba y se deshacía con sus caricias.

La boca de Sasuke absorbió el grito de placer, mientras sus cuerpos, por fin, se unieron en una comunión arrolladora. El movimiento fuerte e intenso casi la hizo estallar, pero él la sostuvo inmóvil durante un segundo y, cuando la soltó, ella volvió a relajarse.

Hinata susurró su nombre a la vez que hundía su rostro en el cuello de Sasuke. Cuando él comenzó a moverse, ella clavó su mirada en sus pupilas y se unieron tanto emocional como físicamente. Sus embestidas, feroces y posesivas, quebraron su control. Todos sus sentidos estaban pendientes de ella, de sus leves gemidos y de los estremecimientos que sacudían su cuerpo.

Pronto, el ritmo se hizo más urgente, más exigente, y los elevó a ambos a la cima más alta, donde solo los afortunados lograban llegar.

A Hinata le dolían los brazos de estrechar a Sasuke tanto tiempo, pero no podía soltarlo ni por un segundo durante la larga caída de regreso al sosiego. No deseaba moverse, ni siquiera respirar. Lo único que quería era tener a Sasuke con ella para siempre.

—Eres hermosa —susurró él y trató de moverse, pero ella se ciñó más a él con brazos y piernas.

Él le acarició el vientre y recogió gotas de sudor con la yema de sus dedos. Aquel ligero roce hacía que su cuerpo sensible se hundiera en el éxtasis. Esa vez, él lo hizo con lentitud; con una ternura extrema. Hinata perdió conciencia de su propio ser y se dejó arrastrar una vez más hacia el placer que él le prometía.


...

(1/2)

Ahhhhhhhhhhhhh, que momento!

Me quedo sin comentarios...

Bueno, no. Si tengo comentarios pero no sobre el capítulo xD

Hoy solo habrá maratón de dos capítulos para Nomeolvides yyyy, un capitulo para la nueva adaptación, so, considerenlo un maraton de 3 caps.

Siii, vayan a mi perfíl para descubrir cuál es la historia que voy a estar publicando, yei!