© Naruto, Masashi Kishimoto.

Adaptación Sasuhina.


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꧁Nomeolvides꧂

Capítulo 19

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Hinata abrió los ojos y estiró los brazos por encima de su cabeza.

Sasuke sujetó una de sus muñecas y se la llevó a los labios.

—Me cuesta mucho controlarme cuando te tengo tan cerca —le dijo él mientras recorría el dorso de su mano con la boca.

Ella se estremeció, aquel contacto desató de nuevo el torbellino de deseo que la había embriagado la noche anterior. Sin dudarlo, se inclinó sobre él y comenzó a besarle el pecho.

—Lo mejor es no controlarse, detective Uchiha. —Sus ojos lavanda ópalo lo desafiaron abiertamente. Ella contempló su rostro y le sostuvo la mirada mientras su boca trazaba cada milímetro de su musculoso torso. Levantó la mano para recorrer su mandíbula áspera, luego las mejillas hasta posarse en sus labios entreabiertos para comenzar a descender, muy lentamente, una vez más.

—Uchiha no, Sasuke —le pidió él y contuvo el aliento—. Anoche lo susurraste una vez y sonó maravillosamente bien.

—Sasuke… Sasuke —le susurró en su oreja.

Sasuke la aprisionó entonces por la cintura y la sentó encima de él. Era una invitación que Hinata no iba a desaprovechar. Comenzó a besarlo y Sasuke sintió una descarga de placer que lo dejó aturdido.

Ella lo acariciaba y lo provocaba con la lengua en suaves movimientos circulares. Cuando llegó hasta dónde él deseaba que ella llegara y justo cuando creía que iba a estallar, ella comenzó a desandar su camino de besos, subiendo de nuevo por el abdomen y el pecho hasta llegar a su boca. Se alzó sobre él y sus pechos oscilaban sobre Sasuke.

Su ardor creció y sus ansias se hicieron cada vez más sofocantes, hasta volverse arrolladoras. Y no quedó nada más que ella, la pasión y la magia que le entregaba.


—Eres tan parecida. —Sus dedos acariciaban su mejilla temblorosa—. Es casi como tenerla aquí.

Hanabi Kuchiki volvió la cara, aquellas manos le causaban repugnancia. Había estado tocando su rostro durante toda la noche. Le había dicho que se parecía a la mujer que él amaba tantas veces que ya había perdido la cuenta. No recordaba en cuántas oportunidades le había repetido que ella no era la mujer que él creía.

No era Hime. Le había gritado su nombre, una y otra vez, pero él parecía no escucharla. Lo observó mientras se dirigía a la ventana. Intentó zafarse, pero las esposas que le rodeaban sus muñecas la tenían atada a la cama no cederían con facilidad. No importaba cuánto se esforzará por liberarse, sabía que no había escapatoria posible.

No entendía qué hacía aquel tipo allí. Lo había dejado entrar a su casa porque la había convencido con su historia de la encuesta para la Comisión de los Derechos de los Animales. Más tarde, en un momento, él la había sujetado por detrás y cuando despertó se encontró atada en su propia cama, con un vestido que no era el suyo, peinada con una trenza al costado de la cabeza y el maldito loco se había atrevido a cortarle un fleco que caía recto en su frente. El pequeño Kon había logrado huir antes de que él pudiera hacerle daño.

—¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? —le gritó y exigió su atención.

Pero él ni siquiera se giró a mirarla. Su Hime no le haría aquellas preguntas; ella sabría que, cuando estuvieran juntos, deberían cumplir con el destino que se les había asignado. Sería la última vez que haría aquello, ya no tenía sentido dilatar el momento del reencuentro.

Se giró lentamente y la observó. Sus ojos estaban vacíos: la miraban, pero no era a ella a quién veían. En su mente y en su corazón era Hime la que estaba tendida en aquella cama y esperaba por él, le resultaba mucho más fácil que con las otras, ya que ella tenía unos ojos opacos que le recordaban a los de su amada.

Con las otras víctimas había pensado en ponerles lentillas de colores para que el parecido con su Hime fuera exquisito, luego se reprendió a sí mismo por pensar siquiera en emular sus ojos inigualables… ella era la única con ojos tan majestuosos y ninguna otra mujer merecía guardar semejanza con Hime. Por eso siempre terminaba furioso y prefería ver miedo en los ojos de las impostoras que algún parecido. Con Hanabi Kuchiki sin embargo…

Se acercó a ella y cuando la vio temblar y sacudirse en un intento por escapar de su destino le sonrió.

—No hay nada que puedas hacer. Hime debe comprender que tiene que estar a mi lado. Tu muerte me llevará con ella, serás el puente que nos unirá al fin.

Hanabi gritó y suplicó por su vida. Pero él no la escuchó. La vio llorar y la escuchó rezar, pero no le importó. Tenía una misión y no había nada que le impidiera llevarla a cabo.

Sus manos repugnantes, esa vez, no la acariciaron. Solo se cerraron alrededor de su cuello y le arrebataron, poco a poco, la respiración. Sus ojos sombríos y su sonrisa sádica fue lo último que los ojos violetas de Hanabi Kuchiki, tan parecidos a los de su anhelada hime, vieron aquella mañana de domingo.


Hinata aún no había puesto un pie fuera de la cama cuando el teléfono del salón comenzó a sonar. Observó la puerta del cuarto de baño por un instante, Sasuke había desaparecido por ahí un par de minutos antes.

Cubrió su desnudez con la camisa de Sasuke, que fue lo primero que encontró al alcance de la mano. Salió corriendo de la habitación y llegó a levantar el auricular antes de que comenzara el mensaje del contestador y el grito aterrador fuera proferido por el aparato.

—Hola —dijo mientras respiraba agitada. Hubo un silencio del otro lado de la línea.

—¿Estoy hablando con el número de Sasuke Uchiha? —Era una voz femenina.

—Sí, así es.

—¿Quién habla? —Notó la sorpresa en aquella voz completamente desconocida para ella.

—Mi nombre es Hinata. Soy la novia de Sasuke. ¿Quién es usted? —Si se hubiera detenido a pensar, jamás habría dicho semejante cosa, pero no supo por qué lo había hecho.

Su respuesta había dejado muda a la mujer.

—Soy Kushina. —Hizo una pausa—. No sabía que Sasuke tuviera novia —comentó Kushina.

¿De dónde había salido aquella mujer? Decidió que lo mejor era no pensar mucho al respecto.

—Pues ahora lo sabes —respondió—. Se está duchando en este momento; no creo que pueda atenderte, si quieres dejarle algún recado…

—Solo dile que he llamado, y que no olvide que prometió venir a verme.

—¿Cuál era tu nombre? —Lo recordaba perfectamente.

—Kushina.

—Le diré que has llamado, no te preocupes.

—Está bien, adiós. Espero que podamos conocernos en persona pronto.

Hinata se quedó atónita. No estaba en sus planes conocer a la amante de Sasuke.

Ni siquiera lo escuchó cuando se acercó por detrás y la rodeó por la cintura.

—Te sienta de maravillas mi camisa —le dijo y le besó la oreja.

Ella se quedó quieta. Aquel contacto la hizo zozobrar. No estaba para arrumacos, no después de aquella llamada. Dio media vuelta y se apartó.

—Ven aquí. —Tironeó de la manga que caía de forma holgada sobre sus brazos—. Necesito una cuota de besos matinales.

Hinata cruzó los brazos sobre el pecho. Deseaba más que nada perderse de nuevo en su boca, pero la llamada de la tal Kushina la había dejado intranquila.

—No, mejor no —le dijo y levantó la mano antes de que volviera a avanzar hacia ella.

—¿Qué sucede? —preguntó con el ceño fruncido. Observó el auricular del teléfono mal colocado—. ¿Ha llamado alguien?

Hinata contó hasta cinco antes de responderle. Quería saber lo que él iba a decirle, pero al mismo tiempo temía escuchar la respuesta.

—Habló una mujer llamada Kushina —dijo por fin; notó que Sasuke ni siquiera se inmutaba al oír aquel nombre—. Quería hablar contigo, ha mencionado algo de una promesa de que irías a verla.

Sasuke comprendió, entonces, la actitud distante que había demostrado Hinata hacia él. Estaba celosa. Y aquello le encantaba.

—Cierto. —Esbozó una sonrisa—. Le dije que iría a verla.

Los ojos claros de Hinata se arrugaron ligeramente. Posiblemente no se trataba solo de una amante casual, sino de una relación más seria. Sintió que se le encogían los músculos del estómago; aquello no podía estar pasando, mucho menos después de la noche de amor que ambos habían compartido.

—Creo que deberías saber que tal vez he metido la pata —le dijo, incapaz de ocultar su enojo.

Sasuke frunció el ceño.

—Explícate.

Lo miró directamente a los ojos.

—Le he dicho que era tu novia.

—¿Qué tú qué?

—Le he dicho que era tu novia —reiteró.

—¿Es una broma, ¿verdad?

Hinata negó con un leve movimiento de cabeza. Estaba molesto. Se convenció de que había cometido un gran error al decir aquello; aunque el error más grande lo había cometido la noche anterior al entregarse a él.

¿Cómo podía haber sido tan estúpida de creer que después de haber follado con Sasuke se convertiría en su novia? ¿Cuándo iba a aprender que para él no era más que trabajo?

—Lo siento. —Hizo un esfuerzo enorme para no llorar.

—No sabes lo que acabas de hacer, Hinata —dijo y se pasó una mano por el cabello.

—¡Te he dicho que lo siento! —No pudo contener las lágrimas mucho más—. ¡N-no creía que te molestara tanto que dijera que era tu novia!

Entonces, Sasuke se dio cuenta de cuán estúpido había sido. Debía explicarle a Hinata el porqué de su enojo antes de que ella siguiera creyendo lo que no era.

—Hinata. —Se acercó.

—Déjame —Se apartó cuando su mano intentó acariciarle el rostro.

—¡Déjame explicarte!

—¡N-no es necesario! —Se secó las lágrimas de un manotazo—. ¡Está todo muy claro para mí!

—¡No es lo que tú piensas! Me he enfadado, pero no por lo que tú crees —explicó y bajó el tono de su voz.

Hinata no estaba dispuesta a escucharlo; nada de lo que le dijera podría hacerle sentirse mejor. Deseaba salir corriendo de allí y no regresar jamás.

—No intentes tergiversar los hechos, Sasuke. Sé muy bien lo que ha sucedido aquí y lamento haber sido tan ingenua como para creer que, después de lo que sucedió anoche, las cosas entre nosotros habían cambiado.

—Hinata, escúchame —le pidió.

—No, déjame sola. No tiene caso. Si te arrepientes de haber follado conmigo por temor a lo que vendrá después, no hay nada que yo pueda hacer. —Dio un paso hacia atrás, pero él la sostuvo por el brazo; no dejaría que se fuera sin antes escucharlo.

—No me arrepiento, Hinata —le dijo y clavó sus ojos atezados en los ojos húmedos de ella—. Jamás podría. Lo que sucedió anoche fue maravilloso.

Ella no dijo nada. Quería creerle, desde el fondo de su corazón quería creer lo que él le estaba diciendo.

—Si me he molestado por lo que le has dicho a Kushina, es solo por una razón. —Lanzó un suspiro—. Kushina es la esposa de Minato Namikaze, mi jefe, y si él se entera de que tú y yo tenemos una relación, es muy probable que me saque del caso.

Aquellas palabras borraron, en un segundo, la pesada angustia que sofocaba el corazón de Hinata. Sin embargo, lo que había descubierto no podía dejarla menos que intranquila.

—¿La esposa de tu jefe? —Había sido ella la que había cometido un error, un error que quizá le costara a Sasuke su trabajo.

Sasuke asintió.

—Lo siento. —Se soltó y le dio la espalda, la vergüenza que sentía era demasiado grande como para que él, además, la estuviera mirando a los ojos.

—No. —Se puso frente a ella—. Perdóname tú a mí por haberte hecho pensar, por un instante, que estaba arrepentido de lo que sucedió anoche.

—Pero ¿qué va a suceder ahora? —No podía sostenerle la mirada—. Si no hubiera abierto mi bocaza, ahora no estarías en serios problemas con tu jefe.

—Deja que de Minato me encargue yo. —Le acarició la barbilla y la obligó a mirarlo—. Además de ser mi jefe, es el padre de Naruto y mi amigo, y yo sabré qué decirle.

Hinata se mordió el labio inferior.

—Debería haber sido menos imprudente y… —Sasuke la calló con un beso ligero.

—Me gusta que te hayas puesto celosa —le susurró junto a la boca.

—Yo no he mencionado esa palabra —respondió ella con la mirada clavada en sus labios.

—No importa. —La atrajo hacia él y le rodeó la cintura con los brazos—. Lo estás y eso hace que me vuelva más loco por ti.

Hinata no dijo nada; solo apoyó su cabeza en el hombro de Sasuke, cerró los ojos y se apretó contra él. Necesitaba volver a sentir cada milímetro de su cuerpo pegado al de ella, necesitaba que él le demostrara que estaba todo bien. Que lo que había sucedido entre ellos la noche anterior era la promesa de muchas noches más.


Sasuke atravesó el pasillo de la comisaría de policía a toda prisa. Llevaba casi media hora de retraso y no estaba dispuesto aquella mañana de domingo a soportar las reprimendas de su compañera. Cuando llegó a la puerta de la oficina que compartía con Ino se detuvo un instante. Se arregló el nudo de la corbata y se acomodó dos mechones de pelo que le caían sobre el rostro. Esperaba no ser demasiado obvio, pero le era difícil ocultar la dicha que sentía por dentro y que amenazaba con quedar expuesta en cualquier momento, esto era poco propio de él. Le sería difícil hacerle frente a su compañera, quién a la hora de descubrir lo que pasaba en su interior era más eficiente que él mismo. El olfato detectivesco de Ino Yamanaka, sin lugar a duda, podía llegar a ser un arma de doble filo.

Entró por fin y la encontró sentada detrás de su escritorio leyendo unos papeles.

—Al fin, Uchiha —dijo y levantó la vista para observarlo—. Parece que se te han pegado las sábanas.

Sasuke desvió la mirada y caminó hasta su escritorio.

—¿Alguna novedad? —Se sentó y recostó la espalda en la silla—. ¿Ha llegado Jinta Hanakari?

Ino cerró la carpeta que estaba leyendo y se levantó.

—No, no ha llegado todavía, pero tengo malas noticias —dijo preocupada.

A Sasuke se le hizo un nudo en la garganta. ¿Acaso Minato ya sabía lo que estaba sucediendo y le iban a comunicar, de forma oficial, que lo retiraban del caso? Se removió inquieto en su silla; de repente, el nudo de la corbata comenzó a molestarle demasiado.

—¿Qué sucede? —hasta temía hacer aquella pregunta. Ino percibió su agitación.

—Las huellas de pisadas encontradas en la habitación de Natsu Horai y en el sótano de Hinata no concuerdan con las de Toneri Ōtsutsuki.

Podría haber respirado aliviado, pero aquello definitivamente no era una buena noticia.

—No pareces demasiado sorprendido —comentó Ino y frunció el ceño.

—No es solo lo que me acabas de decir. Es cierto que encontramos el bisturí en su casa, pero no tenía sus huellas; tampoco las encontramos en la cabina telefónica y su coartada se la da su propia madre.

—Puede estar mintiendo. Después de todo, su hijo es lo único que tiene —alegó Ino y miró con atención a su compañero. Estaba extraño, demasiado nervioso tal vez.

Minato Namikaze entró en la oficina sin llamar.

—Muchachos, acaba de llegar el niño con su padre —les anunció y volvió a salir.

—¿Sucede algo? —preguntó Ino—. Te has puesto pálido cuando ha entrado el jefe.

—No es nada; no te preocupes. —Se levantó de un salto—. Vamos, no perdamos tiempo.

En la pequeña habitación contigua a la sala de interrogatorios Jinta Hanakari y su padre los esperaban acompañados por un oficial. El niño parecía tranquilo, no así su padre.

—¿Está seguro de que el sujeto no puede vernos?

—Sí, señor Hanakari. —Lo tranquilizó Sasuke—. Él no podrá verlos; tampoco sabe de su presencia aquí.

Ino observó al niño sentado en el regazo de su padre.

—Hola, Jinta. Mi nombre es Ino. —Extendió la mano. El pequeño la miró y extendió su pequeña mano hacia ella.

—¿Eres policía?

—Así es.

La atención de todos se dirigió a la sala de interrogatorios. Toneri Ōtsutsuki acababa de ser traído y descansaba en una silla. Tenía los brazos esposados apoyados sobre las piernas y observaba hacia el espejo que tenía enfrente.

Sasuke notó el nerviosismo en el padre del niño.

—Le repito, señor Hanakari. El sospechoso no puede ver el recinto en el que nos encontramos. —Él asintió.

—Jinta, ¿sabes por qué estás aquí? —le preguntó Sasuke y se arrodilló junto a él. El niño asintió.

—Quiero que mires bien a ese señor y me digas si lo has visto antes.

Jinta volvió a mirar a Toneri Ōtsutsuki. Todos se quedaron en silencio esperando escuchar lo que podía decirles. Pero lo que el niño les dijo no era, precisamente, lo que ellos querían oír.

—No lo conozco —dijo y acompañó su respuesta con un movimiento de cabeza.

—¿Estás seguro? ¿No es el señor que te pidió que entregaras un paquete el otro día? —insistió Sasuke.

Jinta miró con más atención a Toneri Ōtsutsuki.

—No lo creo. Aquel hombre llevaba una gorra de béisbol oscura y una bufanda alrededor del cuello. Casi no pude verle la cara —respondió.

—Míralo bien, Jinta. Tal vez, si te concentras mejor, logres recordar algún detalle.

Entonces, Toneri Ōtsutsuki levantó ambos brazos y los apoyó sobre la mesa.

Jinta se levantó y se acercó al cristal de la ventana.

—Hijo…

—Déjelo —pidió Ino.

—El anillo —dijo de repente mientras miraba la mano del detenido—. El hombre del paquete llevaba un anillo.

Sasuke le hizo una seña a su compañera que abandonó enseguida el lugar. Segundos después la vieron entrar a la sala de interrogatorios para pedirle a Toneri Ōtsutsuki que le entregara su anillo. Ella lo metió dentro de una bolsa de evidencias y regresó con los demás.

Le entregó la pequeña bolsa transparente a Jinta.

—Obsérvalo bien y dime si es el mismo que usaba aquel hombre.

Jinta tomó la bolsa entre sus manos y tras observar el anillo durante un instante, levantó la mirada.

—Es el mismo —dijo y le devolvió la bolsa a Sasuke—. Tiene los mismos dibujos.

Sasuke sonrió.

—Gracias, Jinta. Nos has ayudado mucho.

—¿Podemos irnos ahora? —preguntó su padre y se puso de pie.

—Sí, muchas gracias, señor Hanakari. —Apoyó la mano en el hombro del niño—. Eres un buen chico, Jinta.

Jinta sonrió y se marchó abrazado a su padre.

—¿Qué crees que significan? —preguntó Ino mientras miraba el anillo.

—Si no me equivoco, son letras del alfabeto griego; sólo es cuestión de averiguar cuáles.

—El anillo lo incrimina directamente; al menos, con el envío del paquete a Hinata —comentó Ino.

Sasuke asintió.

—Sigo sin verte demasiado convencido al respecto.

—Me habría convencido más si Jinta lo hubiera identificado.

—¡Pero llevaba una gorra y una bufanda que le cubría casi todo el rostro! A cualquiera le habría sido difícil dar una identificación positiva bajo esas circunstancias.

—Tienes razón. —Respiró hondo—. Será mejor que hable con él.

—Está bien, me quedaré aquí para observarlos.

Cuando Sasuke entró en la sala de interrogatorios notó de inmediato la expresión de fastidio en el rostro de Toneri Ōtsutsuki.

—¿Para qué demonios necesitaban mi anillo? —preguntó y levantó la voz.

Sasuke se sentó y puso la bolsita que lo contenía sobre la mesa.

—El que hace las preguntas aquí soy yo. —Se cruzó de brazos—. Deja que haga mi trabajo, Toneri.

—No hablaré hasta que mi abogado esté presente.

—Es un derecho que tienes y no pienso violarlo; aunque en tu lugar, no me mostraría tan reacio a cooperar.

Toneri Ōtsutsuki no dijo nada. La puerta se abrió en ese instante y Ishida Uryu, su abogado, entró y se unió a ellos.

—Señor Ōtsutsuki, espero que no haya respondido a ninguna pregunta durante mi ausencia —dijo y miró de reojo a Sasuke.

—No se preocupe, abogado. Estábamos apenas comenzando — respondió Sasuke sin ocultar su sarcasmo.

Se sentó junto a su cliente y abrió una carpeta. Sasuke no iba a esperar más.

—Hábleme del anillo.

—¿Qué pasa con él?

—¿Tiene algún significado?

—Es el anillo de la fraternidad a la que pertenecí cuando estaba en la universidad —respondió—. Delta-Omega.

—Bien. ¿Podría decirme dónde estaba la mañana del día quince?

—No tengo muy buena memoria —respondió con frialdad.

—Le recomiendo que intente recordar —dijo Sasuke mientras se armaba de paciencia.

—No lo sé, supongo que estaría trabajando.

—Usted trabaja en un taller mecánico, ¿verdad?

—Sí. El taller Tenseigan. Mi jefe y mis compañeros podrán confirmarle que esa mañana me encontraba allí.

—Hablaremos con ellos.

—¿Por qué es tan importante el anillo, detective? —quiso saber Ishida Uryu.

—Alguien lo ha reconocido como el mismo que llevaba el hombre que le envió un paquete a Hinata Hyuga con la cabeza de su gato en el interior.

Toneri Ōtsutsuki se quedó atónito.

—¿Y ahora creen que yo también lo he hecho?

—Debemos comprobar su coartada.

—El plazo para retener a mi cliente vence hoy, detective —replicó el abogado.

—Lamento informarle que, ante las nuevas evidencias que han surgido, su cliente deberá pasar un tiempo más entre rejas.

Toneri Ōtsutsuki miró desesperado a su abogado.

—¿Eso es legal? ¿Puede retenerme más tiempo aquí? —Ishida Uryu lanzó un suspiro.

—Me temo que sí, Toneri. No hay nada que yo pueda hacer al respecto. Confiemos en que compruebe su coartada —agregó mientras miraba a Sasuke.

—¡Pero yo no tengo nada que ver en todo este asunto! —Se giró hacia Sasuke—. ¿Sabe cuántos más deben andar por ahí con el mismo anillo? Todos los que pertenecimos a Delta-Omega tenemos uno.

—No es solo el anillo, Toneri. También está el bisturí —le recordó.

—En el que, según tengo entendido, no encontraron las huellas de mi cliente —intervino el abogado.

—Mire, estamos haciendo nuestro trabajo. Sí su cliente es inocente, saldrá en libertad; y si por el contrario es el hombre que buscamos, yo mismo me encargaré de que pague por todo el daño que ha hecho.

—¿Es eso una amenaza, detective?

—Es una promesa, abogado.

Se levantó de su silla, recogió la bolsa que contenía el anillo y salió de aquella habitación que ya comenzaba a ahogarlo.

—Sasuke, necesito que hablemos. —La voz de su jefe le hizo detenerse en seco.


Hinata observó a través de la ventana de su taller improvisado y la embargó una sensación de impotencia. Era un día maravilloso y el sol pendía en lo alto del cielo e inundaba la ciudad de Konoha con su calor. Era una jornada ideal para aprovecharla al aire libre y no encerrada entre aquellas cuatro paredes. Se consoló pensando que al menos tenía sus cuadros y podría entretenerse con ellos mientras el reloj corría sin que ella se diera cuenta. De todos modos, extrañaba los paseos por el parque con Tenten y las carreras matutinas diarias. Desde que vivía en casa de Sasuke había salido a correr solo una vez y no podía protestar al respecto. Ella misma había estado de acuerdo en aceptar sus condiciones. Si él no podía acompañarla, no saldría. Y, dicho y hecho, casi nunca estaba disponible para hacerlo.

Dejó escapar un suspiro de resignación. Deseaba que aquella pesadilla llegara a su fin lo antes posible; de lo contrario terminaría por enloquecer.

Aoda se acercó por detrás y comenzó a saltarle.

—Al menos te tengo a ti para no aburrirme —le dijo y le rascó la cabeza.

Decidió que lo mejor que podía hacer era ponerse a pintar. Comenzaría una nueva obra aquella mañana; se sentía con el ánimo renovado y necesitaba volcar en sus lienzos lo que experimentaba.

No sabía cuándo regresaría Sasuke. Al marcharse por la mañana después de que hubieran hecho el amor nuevamente, le había dicho que procuraría volver lo antes posible. Lo echaba de menos, recordar los momentos vividos entre el calor de sus brazos solo hacía que lo extrañara más, que lo necesitara desesperadamente y que el amor que sentía por él la arrollaba con la fuerza de un huracán.

Se estremeció al evocar la noche de pasión que habían compartido. Ninguno de los dos había mencionado la palabra «amor»; sin embargo, Hinata sabía que no había hecho falta. Lo amaba y estaba segura de que él la amaba también.

Colocó un lienzo en blanco sobre el bastidor y vació un poco de trementina en un recipiente de vidrio limpio.

De pronto, Aoda se puso inquieto.

—Aoda, ¿qué sucede?

La perra ni siquiera la escuchó; corrió hacia la puerta y comenzó a arañarla, pedía salir.

Hinata se acercó y le abrió la puerta. Aoda corrió a través del pasillo y se perdió de inmediato del alcance de su vista.

—¡Aoda, ven aquí!

Hinata corrió tras ella y alcanzó a ver su trasero bajando por las escaleras.

Intentó alcanzarla, pero Aoda corría como el mismísimo demonio, se escabullía una y otra vez. Creyó que lo encontraría frente a la puerta del loft; tal vez había presentido la llegada de Sasuke. Pero la puerta estaba cerrada y no había señales de él en ninguna parte.

Entonces, la escuchó ladrar; sus ladridos provenían de la planta baja. Sin dudarlo, bajó los últimos escalones y cuando llegó abajo y vio a Aoda tirada en el suelo creyó que se desmayaría.


...

(2/2)

Y bueno, este es el fin del maratón, recuerden que ya esta disponible la nueva historia que estaré adaptando. Vayan a darle amor :)

Por cierto, la siguiente semana no habrá actualizaciones. Estaré corrigiendo algunos detalles de la historia, quería seguir actualizando al mismo tiempo pero será más difícil para mí corregir despues.

Si algun lector llega hasta aquí pensando que Hinata tiene el cabello largo, ñeee, lo cambie, ahora tiene un corte hasta debajo del mentón (algo así como en la portada).

Les diré porqué: analizando la historia original, la protagonista no cambia muchas cosas de su pasado más que su apellido considerando que el lunático que la secuestro todavía anda suelto. Digo, se aleja de sus antiguos amigos, siii, pero se queda en la misma ciudad y solo se va a vivir a una zona residencial. ¿Hola? -En nuestros tiempos encontrar a alguien es pan comido gracias al mundo interconectado por las redes sociales o la IA-. Tomando en cuenta eso, yo me iría de mi ciudad, cambiaria mi nombre completo, ¡me cambiaría el look!

Aunque bueno, uno afronta de distintas maneras un trauma, solo...

Da igual, ese detalle y algunos otros se cambiaran.

¡TOMAR EN CUENTA! Solo he editado los primeros 3 capítulos, así que siento las confusiones que puede haber para los nuevos lectores que comenzaron a leer una cosa y para cuando lleguen hasta aquí las cosas no coincidan XD ¡Sumimasen!

Ahora si, me despido. Ciao! Bye! Adios! Sayonara!