© Naruto, Masashi Kishimoto.

Adaptación Sasuhina. Personajes OOC.


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꧁Nomeolvides꧂

Capítulo 22

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La sala de espera del consultorio del doctor Orochimaru estaba vacía cuando Sasuke y Hinata llegaron aquella mañana, quince minutos antes de su cita.

El psicólogo les había hablado por un intercomunicador y les había hecho pasar, no sin antes pedirles que aguardaran un instante.

Hinata se sentó en una silla y Sasuke prefirió quedarse de pie a su lado. Estaba nerviosa; sin embargo, saber que él estaba con ella había disipado los temores que siempre había tenido ante la idea de someterse a un tratamiento de hipnosis.

Un par de minutos después, el hombre los convocó a su consulta. Caminaron por un estrecho pasillo y se detuvieron frente a una puerta de madera en la que se podía leer en un letrero de bronce: «Doctor Orochimaru. Especialista en Psicología.»

—Pasen.

Hinata entró primero, seguida de cerca por Sasuke. El doctor Orochimaru se levantó de su silla al verlos entrar y se acercó a ellos.

—Detective Uchiha, señorita Byakugan —saludó y extendió la mano—. Bienvenidos.

Hinata notó que había mencionado el apellido que adoptó después de su secuestro. Secretamente lo agradeció, pensó que desde que conoció a Sasuke, su verdadero apellido había quedado expuesto.

—Gracias, doctor Orochimaru —respondió Hinata y estrechó su mano.

—Doctor —saludó Sasuke y echó un vistazo al lugar. Había un gran ventanal que daba a la calle, pero las cortinas estaban corridas y dejaban el consultorio sumido en medio de la penumbra.

—Vengan por aquí. —Los condujo hacia un sector apartado donde había un cómodo diván y una poltrona ubicada justo enfrente.

—Siéntese, señorita Byakugan.

—Hinata, por favor. —Nunca se acostumbró a que la llamaran así.

El doctor Orochimaru le sonrió mientras sus ojos, ocultos detrás de sus gafas, la observaban con atención.

—¿Puede Sasuke quedarse conmigo durante la sesión de hipnosis? —quiso saber antes de aceptar definitivamente.

—No es lo habitual, pero dadas las circunstancias de su caso, creo que no hay ningún inconveniente. Solo deberá guardar absoluto silencio — subrayó y se dirigió a él.

—No se preocupe, le prometo que ni siquiera se notará que estoy aquí —dijo mientras se sentaba en una de las esquinas del diván.

Hinata se sentó a su lado y el doctor Orochimaru le pidió, entonces, que se recostara y cerrara los ojos.

—Sé que prometió permanecer en silencio pero ¿puedo sostener mi mano mientras me hipnotiza?

El doctor Orochimaru suspiró resignado.

—Supongo que tampoco será un inconveniente.

Hinata le sonrió y buscó su mano antes de cerrar los ojos.

—¿Está nerviosa?

Hinata asintió con un leve movimiento de cabeza.

—Lo primero que debe hacer es tratar de relajarse. La hipnosis es solo una herramienta para que los pacientes recuerden incidentes por mucho tiempo olvidados. No encierra misterio alguno y no debe causarle ningún temor; sólo se encontrará en un estado de concentración enfocada —comenzó a hablar más pausado—. Su cuerpo, lentamente, se irá relajando y su memoria se agudizará. Quiero que comience a respirar muy profundamente, con cada exhalación liberará la tensión y la ansiedad acumuladas.

Sasuke observaba con atención sin soltar la mano de Hinata.

—Concéntrese en cada músculo de su cuerpo. —Su voz se había tornado más grave—. Relaje su rostro, afloje la mandíbula, descienda por los músculos del cuello, luego sus hombros y brazos. Pase por su espalda y su estómago y siga hasta sus piernas, como si su cuerpo se estuviera hundiendo en el diván.

El cuerpo de Hinata estaba, en ese momento, completamente laxo.

—Hay una luz blanca y resplandeciente en lo alto de su cabeza. Esa luz brillante comienza a extenderse, poco a poco, por todo su cuerpo, la relaja y la sume en una paz profunda —hizo una pausa para acomodarse en su asiento—. Contaré hacia atrás, de forma muy lenta, de diez a uno y con cada número entrará en un nivel mayor de relajación. Concéntrese solo en mi voz.

Después de terminar de contar, el doctor se quedó en silencio un momento.

—Hinata, quiero que retroceda en el tiempo y enfoque su mente en la noche del veintisiete de junio de hace cuatro años. Es jueves y es una noche de verano calurosa.

Sasuke se sorprendió; no recordaba haberle mencionado el día exacto del secuestro de Hinata cuando había hablado con él.

—¿Dónde se encuentra?

—Estoy en la biblioteca, necesito unos libros para un examen. —La hipnosis la mantenía con los ojos cerrados sumida en un leve sopor.

—Quiero que visualice el momento en que abandona la biblioteca.

—Bajo los escalones corriendo al ver que el autobús se marcha sin mí. No llego a alcanzarlo; entonces atravieso la calle para esperar a que pase el próximo.

—¿Hay alguien en la parada de autobuses con usted?

—No, estoy sola. Luego aparece Toneri en su coche y se ofrece a llevarme a casa.

—¿Qué le dice usted?

—Le digo que no, pero él insiste de todos modos.

—¿Se marcha?

—Sí, finalmente comprende que no quiero regresar con él.

—¿Qué pasa luego? —Hinata no respondió.

—Hinata, ¿qué sucede después de que Toneri la deja en la parada de autobuses?

—Me quedo allí, deseo que el autobús llegue pronto. El lugar está a oscuras y comienzo a sentir miedo. —Su cuerpo se movió—. De pronto, escucho un sonido detrás de mí.

—¿Qué clase de sonido?

—El de una rama al ser pisada.

—¿Qué sucede luego?

—Veo… veo una sombra que se acerca y un olor nauseabundo me revuelve el estómago. —Hinata comenzó a agitarse—. Mis libros y mi bolso se estrellan contra el suelo. Y en un segundo la sombra cobra forma humana. Siento un brazo que aprieta mi cintura y una mano que se acerca a mi cara; el olor se hace más fuerte. Me cubre la nariz con un trapo y, luego, todo se desvanece a mi alrededor.

—Cálmese, Hinata. Ya ha pasado, está a salvo ahora.

Hinata se relajó nuevamente y su respiración volvió a normalizarse.

—Quiero que visualice en su mente qué sucede después de aquella noche. Lo primero que le venga a la mente.

Hinata levantó los brazos y los juntó por encima de su cabeza. Sasuke, que le había soltado la mano un segundo antes, supo entonces que se veía a ella misma esposada a algún lugar.

—Está oscuro y el perfume de flores se mezcla con el olor de maderas húmedas. Estoy tendida en una cama y no puedo mover mis brazos. Tampoco mis piernas, porque mis pies están atados.

—¿Escucha algún sonido?

—Hay grillos; escucho el cantar de los grillos no muy lejos de allí. Un pitido lejano, escucho un pitido lejano que cada vez se hace más ensordecedor. De repente, la cama comienza a sacudirse. Es un tren. Un tren pasa cerca de allí.

Sasuke notó que Hinata comenzaba a sudar y a temblar.

—La puerta se abre, siento el calor de una luz en mi rostro.

—¿Quién abre la puerta, Hinata?

—No lo sé, una venda cubre mis ojos. No puedo verle la cara. Sin embargo, se acerca y su mano se apoya en una de mis piernas. Intento alejarme, pero no puedo moverme.

—¿Le habla, le dice algo? —Hinata sacudió la cabeza.

—No; solo me toca. Está más cerca, puedo sentir su respiración contra mi rostro. Tengo miedo, mi corazón late más deprisa cuando su mano se abre sobre mi cuello. —El cuerpo de Hinata comenzó a revolverse en el diván—. Él… él quiere besarme, pero yo le aparto la cara.

«¿Quién es usted?», «¿qué quiere de mí?», le gritó. Sin embargo, él se queda callado. Luego me acaricia la mejilla; su mano es asquerosa.

Hinata estaba llorando y Sasuke acarició su palma y sus dedos con intensidad.

—«Hime, Hime.» Es todo lo que él susurra en mi oído. Me aterra, solo quiero escapar de allí. ¡Va a matarme, lo sé! —gritó y se sacudió en su lugar.

—Hinata, concéntrese en mi voz. La experiencia ha terminado, ya no está en aquella habitación a oscuras, ahora está en mi consultorio y se encuentra a salvo.

Sus sollozos cesaron y poco a poco se tranquilizó.

—Cuando despierte recordará todo lo que ha visto y ha dicho. —Contó hasta diez y le ordenó que abriera los ojos.

Cuando lo hizo, el rostro de Sasuke que le sonreía fue lo primero que vio.

—¿Estás bien?

Ella asintió.

—Por hoy fue suficiente, no debemos forzar a la memoria —dijo el doctor Orochimaru—. En las próximas sesiones, irá recordando más sucesos.

Hinata se sentó en el diván y se secó el llanto con un pañuelo que Sasuke acababa de entregarle.

—¿Usted cree que Hinata recordará quién la secuestró?

—No puedo responderle, detective. Lo que ha surgido en esta primera sesión es que el sujeto le vendó los ojos; no sabemos si alguna vez se la quitó.

—Quizá en otra sesión lo sabremos.

—Quizá —respondió optimista.

—Doctor, al inicio de la sesión usted ha mencionado la fecha exacta del secuestro de Hinata. —Hizo una pausa—. ¿Cómo lo sabía?

—Lo leí en los periódicos. —Miró a Hinata—. Sé que ella es Hinata Hyuga y no Byakugan, y cuando usted me habló de su caso, quise empaparme de su historia para contar con algo de información antes de llevar a cabo la hipnosis —le explicó con tranquilidad.

—Entiendo. —No sabía si estaba diciéndole la verdad, pero parecía sincero.

—¿Ha servido de algo? —preguntó Hinata mientras se dirigían al Lexus.

Él se colocó sus gafas de sol y le abrió la puerta del acompañante.

—Claro que sí. Lo del tren es una pista importante —le aseguró.

—¿Tú crees? —No estaba tan confiada como él. Después de haber rescatado aquellos recuerdos del fondo de su memoria y vivirlos como si de veras hubiese estado allí, Hinata sintió que el tiempo había retrocedido y que el peligro que pendía sobre su cabeza estaba más presente que nunca.

—Lo recordarás todo y lo atraparemos —le dijo y cerró la puerta del automóvil.

Hinata asintió. Recordar todo. Unos días atrás, aquella idea la aterrorizaba; sin embargo, sabía que era la única manera de detener a aquel hombre.

—¿Qué vas a hacer esta tarde? —le preguntó él mientras conducía hacia casa—. ¿Vendrá el tal Kamiruzu a trabajar contigo?

Hinata percibió sus celos.

—Se llama Deidara —le recordó y reprimió una sonrisa.

—Como sea.

—Quería asistir al entierro de Hanabi. Si estás ocupado puedo pedirle a Deidara que vaya conmigo.

—¿A qué hora es?

—A las cuatro, harán una pequeña ceremonia antes en la iglesia donde fue bautizada.

—Pasaré por ti a las tres y media entonces —le indicó y estacionó bajo el edificio.

—Te esperaré. —Lo miró antes de descender del automóvil.

—Despídete como se debe. —La atrajo hacia su cuerpo y la besó apasionadamente—. Estoy muy orgulloso de ti —le dijo pegado a su cuello.

Hinata intentó recuperar el aliento.

—¿Por qué?

—Por haberte, por fin, enfrentado a tu pasado —le dijo mientras le mordía el lóbulo de la oreja.

Hinata se sintió invadida por un cosquilleo tibio.

—No lo habría hecho sin ti —respondió y le metió la mano por debajo de la camisa.

—Te amo, Hinata, y te haría el amor aquí mismo —le susurró y le acarició la espalda.

—Sasuke. —Hinata intentó hablar mientras él no paraba de besarla—. Los policías.

—¿Qué pasa con ellos?

—Nos están mirando.

Sasuke, entonces, se detuvo y se separó de mala gana. Había olvidado que el edificio estaba siendo vigilado.

—Les habríamos dado un buen espectáculo —bromeó y recuperó la compostura.

—¡Qué vergüenza! —Las mejillas de Hinata estaban coloradas y ardían todavía debido al efecto residual de los besos de Sasuke.

—Créeme que esos varios pares de ojos han visto cosas más vergonzosas. —Le besó la mano.

—Será mejor que entre y que tú te vayas —dijo y se mordió el labio inferior.

—¿Me estás echando, Hinata Hyuga? —Alzó la ceja izquierda.

—No, solo estoy evitando que cometamos una locura y que traumaticemos a esos pobres hombres por el resto de sus vidas —dijo y se escapó rápido fuera del Lexus.

Sasuke sonrió descarado.

—Pasaré por ti esta tarde.

—Hasta entonces.

La observó hasta que la vio desaparecer tras la puerta de entrada del edificio. Les dio un bocinazo a sus compañeros y se marchó rumbo a la jefatura.


Sasuke observó su reloj; faltaba casi una hora para el entierro de Hanabi Kuchiki y todavía debía pasar a buscar a Hinata. Se bebió la cuarta taza de café y echó un vistazo a su compañera.

—¿Has encontrado algo? —le preguntó y apartó sus ojos cansados de la pantalla del ordenador.

—Estoy revisando el recorrido del ferrocarril más cercano al lugar donde apareció Hinata después de su secuestro.

—No creo que sea difícil. El río Parjanya está en un área apartada, no deben de pasar muchas líneas por allí.

—Recuerda que en el expediente dice que el doctor que la atendió en Shokuba declaró que podría haber llevado más de veinticuatro horas huyendo, lo que nos da un radio más amplio de búsqueda.

Sasuke asintió, él mismo había leído el expediente del caso del secuestro de Hinata de arriba abajo.

—Bien, creo que tengo algo —dijo al fin Ino. Sasuke se levantó de un salto y fue hasta ella.

—El ferrocarril East Keishi, que va desde Keishi hasta Ropugüa, se desvía a Areto y Senju-Yansē según la linea que tomes. Kakato, el lugar donde está la cabaña que rentaron los Sabaku, donde fue encontrada Hinata, está a unos sesenta kilómetros del río Parjanya. Creo que, el sitio donde estuvo Hinata, debe de ser algún lugar en las cercanías del poblado de Areto, una zona rural. No puede estar cerca de Ropugüa ni Senju-Yansē porque están muy lejos y son zonas altamente urbanizadas.(1)

—Bien, ordena que envíen un grupo de hombres a peinar los alrededores. Que sigan el trazado de la vía. —Volvió a su escritorio.

—¿Nosotros no vamos a ir? —preguntó Ino extrañada.

Le había dicho a Hinata que la acompañaría a despedir a su amiga, pero quería ir hasta el lago y supervisar él mismo la búsqueda.

—Sí, adelántate; debo hacer una llamada.

—Bien. —Se colocó la pistola dentro de la cartuchera y salió de la oficina.


Unos instantes después, el teléfono sonaba en el loft del detective y Aoda, impaciente, ladraba para que alguien lo atendiera.

—Era Sasuke. —Hinata dejó escapar un suspiro—. No podrá acompañarme a la ceremonia.

—Yo iré contigo, chérie —dijo Deidara y le sonrió—. Podemos continuar con el trabajo mañana.

—¿Seguro?

—¿Para qué están los amigos?

—Bien, iré a cambiarme. Regreso enseguida; Aoda te hará compañía mientras tanto —le gritó y entró a la habitación.

Deidara miró a Aoda, la perra lo contemplaba con cara de pocos amigos.

—No tardes demasiado, creo que no le caigo bien a tu amiguita.

—¿Por qué lo dices? Aoda es encantadora.

—Lo será contigo, chérie. No me gusta la manera en que me mira.

—Es solo porque es un poco tímida con los de tu género, supongo —dijo Hinata y se reunió con él en el salón. Traía un chal de lana negra sobre los hombros.

—El negro te sienta de maravilla, chérie.

—Desearía haberlo usado bajo otras circunstancias —respondió con tristeza.

—Lo sé, lo sé. Pero tenía que decirte que estabas hermosa de todas maneras.

—Gracias, Deidara. Sé que lo que quieres es animarme.

—Haría lo que fuera porque estuvieras bien. —Hinata le sonrió. Deidara la miraba fijamente.

—¿Nos vamos? —sugirió y caminó hacia la puerta.

—Sí. —Él la siguió y salieron; dejaron a Aoda durmiendo en el sofá.


Ino y Sasuke se abrían paso entre los matorrales con dificultad. El sol caía sobre ellos con fuerza y se estaban asando. Una docena de hombres había sido enviada a inspeccionar el lugar. Habían usado un helicóptero ya que en coche el viaje duraba casi seis horas.

—¿Soy solo yo o está haciendo cada vez más calor? —Ino se pasó la mano por el cuello sudado.

—Debemos de estar a más de cuarenta grados —respondió Sasuke mientras avanzaba delante de ella.

El lugar estaba cubierto de vegetación y no habían visto señales de vida humana en varios kilómetros a la redonda.

—¿Crees que encontraremos el lugar donde Hinata estuvo secuestrada?

Sasuke estuvo a punto de responderle que no sabía cuando su handy comenzó a emitir una señal de estática.

—Aquí, el detective Uchiha, cambio.

—Detective, acabamos de divisar una cabaña hacia el oeste, cambio. —El rostro de Sasuke se iluminó.

—¿Cuál es su posición, oficial?

El oficial le indicó dónde se encontraba y sin perder tiempo él y Ino fueron hasta allí.

La espesa vegetación, sumada al calor sofocante y al cansancio, hicieron que su llegada al lugar costara más de lo previsto. Por fin, lograron reunirse con sus hombres y entonces vieron una cabaña semioculta detrás de un pequeño bosque a unos cien metros de donde se encontraban. Parecía abandonada, pero no podían arriesgarse.

Sasuke sacó su pistola y les hizo señas a los demás para que avanzaran despacio.

—Nosotros iremos por aquí —le dijo a Ino. Ella empuñó su pistola y lo siguió.

Mientras sus hombres rodeaban la cabaña, Sasuke e Ino llegaron por el frente. A medida que se iban acercando a la entrada, se dieron cuenta de que el lugar estaba casi en ruinas. Los huecos de las dos ventanas estaban tapados con maderas. La puerta parecía haber sido arrancada y de la parte superior colgaba una lona sucia y raída.

Sasuke avanzó primero, iba agazapado y sostenía con fuerza la pistola. Llegó hasta la cabaña, se apoyó contra la pared y esperó a que Ino hiciera lo mismo.

—¿Lista? —le preguntó. Ella asintió.

Sasuke corrió la lona que hacía de puerta y apuntó.

—Despejado —dijo y miró hacia ambos lados.

Ino entró tras él y después de observar con atención, comprendió que se encontraban en un improvisado nido de amor usado seguramente por los adolescentes del lugar.

La cabaña tenía un solo ambiente. Había una mesa y una pequeña estufa junto a una de las paredes. Una cama completaba el pobre mobiliario.

—Es un escondrijo —dijo Ino; guardando la pistola en la cartuchera.

Sasuke caminó hacia la cama mientras un par de sus hombres entraba para reunirse con ellos.

—Ten cuidado por donde pisas —le advirtió Ino.

Él miró el suelo de madera. Estaba regado de condones usados y colillas de cigarrillos.

—Deben de haber pasado cientos de personas por este lugar —comentó Sasuke aún sosteniendo la pistola.

—Y cientos de huellas dactilares también.

—Que traigan a los peritos y que nadie toque nada —ordenó y miró la cama. Estaba seguro de que Hinata había estado allí cuatro años atrás y de que su secuestrador debía de haber dejado algo de él en aquella cabaña.

—Sería bueno que Hinata viniera; tal vez logre reconocer el lugar — sugirió Ino mientras se secaba el sudor de la frente.

—Sí, debemos traerla. Ahora salgamos, dejemos que los expertos hagan su trabajo.

—Este lugar es tétrico —comentó Ino una vez que alcanzaron el exterior de la cabaña—. No puedo imaginar cómo Hinata pudo estar metida allí dentro durante tres meses.

Envidiaba a su compañera, porque él sí podía imaginarse a Hinata en aquel lugar espantoso. Sintió cómo el estómago se le encogía y un dolor palpitante crecía en su pecho al pensar en ella atada a aquella cama y sufriendo en manos de aquel loco.


La ceremonia en la iglesia había sido sencilla, pero emotiva. Hinata y Deidara se habían sentado en un rincón, apartados de los demás. Desde allí, había llorado la muerte de su amiga en silencio. Se habían visto por última vez unos días después de su reaparición y luego habían perdido el contacto. Hanabi le escribía al principio y le había contado que se había mudado finalmente de la casa de sus padres a una casa cerca de su trabajo; luego, sus cartas se habían vuelto más esporádicas y cuando Hinata comenzó a trabajar en Shimoto Press y retomó sus estudios, ya ni siquiera tenía tiempo para escribirle. Lamentó haber perdido el contacto con ella y en ese momento ya no podía decirle cuánto había extrañado sus bromas y su risa estridente cada vez que la depresión la vencía. Cerró los ojos para contener las lágrimas.

Deidara apretó su mano.

—¿Estás bien?

Ella asintió. Poco a poco, la gente comenzó a levantarse y Hinata le pidió a Deidara que esperasen a que salieran todos. Cuando la pequeña multitud terminó de abandonar la iglesia ambos salieron por detrás.

Deidara divisó de inmediato a los periodistas apostados fuera de la iglesia a la espera de la oportunidad de conseguir alguna entrevista jugosa.

—Será mejor que salgamos por aquel lado —le indicó mientras bajaban las escalinatas.

—¿Es usted la señorita Hinata Hyuga? —Una voz chillona sonó a sus espaldas.

Hinata se dio la vuelta. Una joven que sostenía un micrófono se había acercado a ella.

—Hinata, no tienes que responder —dijo Deidara en voz baja cerca de su oído.

Enseguida, otros periodistas se arremolinaron alrededor de ellos.

—¿Es usted Hinata Hyuga o no? —volvió a preguntar la reportera y le puso el micrófono junto a la cara.

—¿Qué opina del Asesino de las Flores y del hecho de que personifica a sus víctimas a su imagen y semejanza? —preguntó una voz masculina.

A Hinata comenzaron a temblarle las piernas.

—¿Cree que usted será su próxima víctima? ¿Que tal vez cumpla su fantasía por fin?

Ya ni sabía quién le estaba haciendo las preguntas; las voces de los periodistas se entremezclaban y la cabeza le daba vueltas. Quería salir corriendo de allí.

—Por favor, señores. No molesten. La señorita no está en condiciones de realizar ninguna declaración —dijo Deidara, la tomó del brazo y la sacó de entre medio de los periodistas.

Caminaron deprisa hacia su automóvil seguidos por las cámaras y los flashes.

—Creo que lo mejor será que desistas de ir al cementerio —dijo Deidara y puso en marcha el motor—. Te estarán esperando allí para azotarte de nuevo a preguntas.

Hinata se recostó en el asiento.

—Tienes razón, llévame al loft. —Apoyó la cabeza y cerró los ojos mientras la luz de los flashes se estrellaban contra los cristales del automóvil.


—Los peritos recuperaron más de cien pares de huellas dactilares de la cabaña.

Ino arrojó la carpeta que contenía los resultados encima de su escritorio.

—Me encantan las buenas nuevas —comentó Sasuke con ironía—. Sabíamos que sería así.

—La mayoría ni siquiera está registrada en el AFIS. Son adolescentes sin antecedentes; obviamente, ninguno de ellos es quien buscamos. — Echó un vistazo a los papeles—. Nos llevará días obtener resultados.

Sasuke estaba tan molesto como ella. Más días: tiempo que se les iba de las manos y que corría sin remedio en su contra.

—¿Cuándo hablarás con Hinata para poder llevarla hasta la cabaña?

—Hoy mismo —respondió y se llevó un bolígrafo a la boca—. Iba a asistir al entierro de Hanabi Kuchiki; se suponía que yo la iba a acompañar, pero me ha sido imposible hacerlo.

—Ir a la cabaña y cumplir con tu deber es más importante —le dijo y lo miró seriamente—. Lo sabes, sobre todo si queremos resolver este caso de una buena vez.

Él asintió en silencio y se concentró, una vez más, en la pantalla de su portátil.

—¿Qué tienes ahí? —preguntó Ino y se acercó por detrás.

—Estoy revisando los registros de la universidad en la que estudiaba Hinata.

—Y hogar de la famosa fraternidad Delta-Omega —agregó ella mientras leía la información que Sasuke acababa de bajar del sistema.

—Ese anillo es la clave, Ino. El asesino buscó inculpar a Toneri Ōtsutsuki, pero él asegura que su anillo nunca salió de su dedo.

—Deben de ser cientos de muchachos los que lograron entrar en la fraternidad —se sentó en la esquina del escritorio—. Tengo entendido que Delta-Omega era una de las fraternidades más populares del mundo académico hasta que fue cerrada; una que contaba con decenas de miembros debido a que sus ritos de iniciación no eran demasiado exigentes.

—Peor para nosotros —concluyó Sasuke y se pasó la mano por la cabeza—. Por lo pronto, debemos concentrarnos en los que la integraban en el año en que Hinata fue secuestrada.

—Sabes mejor que yo que eso es solo la punta del ovillo —dijo Ino atónita—. Este sujeto pudo pertenecer a la fraternidad mucho antes, e incluso, después.

—Investigaremos con un margen de dos años —le indicó—. Los dos años anteriores al secuestro y los dos últimos antes de que fuera cerrada.

—Perfecto, me bajaré los archivos a mi ordenador y me pondré manos a la obra.

—Voy por un café —dijo Sasuke mientras estiraba las piernas—. ¿Quieres uno?

—Prefiero un té. Gracias.

—Regreso enseguida.

Cuando salió de la oficina, alguien pronunció su nombre. Sasuke giró y se sorprendió al ver a Neji Hyuga que iba hacia él.


—Te agradezco que me hayas acompañado, Deidara. —Le sonrió—. No sé qué habría hecho sin ti.

—Ni siquiera lo menciones, chérie. —Le dio una palmadita en la espalda, mientras salían del montacargas—. Creo que, tal vez, será mejor que dejemos el proyecto para otro día; te veo exhausta.

Hinata no iba a protestar.

—Lo estoy; primero la sesión de hipnotismo y luego la ceremonia.

Demasiadas emociones encontradas para un mismo día.

Deidara alzó las cejas sorprendido y la cicatriz que le atravesaba el rostro dibujó una extraña mueca.

—¿Sesión de hipnosis?

Hinata se mordió el labio inferior, estaba demasiado cansada para darle explicaciones largas en ese momento.

—Sí, Sasuke me ha llevado a un psicólogo experto en hipnosis para ayudarme a recordar —dijo y esperó que el interrogatorio terminase allí.

—¿Y has recordado? —Parecía realmente interesado en saber.

—Muy poco, solo algunas sensaciones y sonidos. Nada en especial.

—Entiendo. —Sonrió de oreja a oreja—. Será mejor que me vaya, procura descansar.

—Lo haré, gracias.

—Nos vemos mañana.

Deidara la saludó con la mano antes de que la puerta del montacargas se cerrara. Hinata se quedó en el pasillo un momento y cuando escuchó sonar el teléfono, entró corriendo.

—Diga. —Se arrojó sobre el sofá mientras levantaba el auricular.

—Querría hablar con el señor Uchiha.

La voz femenina sonaba demasiado formal como para ser alguna de las conquistas que Sasuke podía haber tenido en su pasado.

—Él no se encuentra en este momento —dijo con igual seriedad—. ¿Desea dejarle algún recado?

—Soy Eve Kaitō, la enfermera del señor Fugaku Uchiha. Hinata supo de inmediato que algo andaba mal.

—¿Ha pasado algo con el señor Uchiha?

—No, está bien —la tranquilizó—. Pero ha sucedido una cosa, e insiste en ver a su hijo.

—No debe de tardar en llegar. ¿Por qué no lo llama a la comisaría de policía? Seguramente lo encontrará allí.

El ruido de llaves en la cerradura le indicó que ya no habría necesidad de buscar a Sasuke.

—Espere, acaba de llegar. —Puso la mano en el auricular—. Sasuke, es para ti. Se trata de tu padre.

Sasuke llegó hasta el teléfono en dos zancadas. Hinata percibió su inquietud.

—Soy Sasuke Uchiha.

Hinata se quedó a su lado mientras él escuchaba lo que la enfermera de su padre le decía. Su expresión cambió drásticamente cuando colgó.

—Debo ir a la clínica. —Volvió a meter las llaves del Lexus en los bolsillos de sus pantalones.

—¡Voy contigo!

—No es necesario. Quédate —le dijo y abrió la puerta. Ella se olvidó del cansancio que sentía y corrió hasta él.

—Quiero ir. —Su voz era firme.

Sasuke respiró profundamente y observó cómo su mano sujetaba la suya con fuerza alrededor del picaporte. Sabía que no la convencería de que se quedara.

...


(1) ¿Recuerdan el mapa que mencione en el capítulo 1? Bueno, nuevamente hice uso de él para describir los lugares mencionados. Sobretodo, porque cambie una ubicación en dicho capítulo para que coincida con los datos del mapa. No se nota mucho, lo prometo.


...

Jumm... Sospechoso, sospechoso.

Gracias por los reviews, mes amis. En especial a Hina-chan, que siempre anda por aquí y por TSR comentando; a Gab, como siempre deduciendo; a hinasa258 y a un usuario invitado que siempre escribe un escueto "continua!" xD