Era extraño para él pensar que Hermione Granger se veía bonita, ella siempre fue la típica nerd, de cabello despeinado, dientes grandes y voz mandona. Nunca pareció estar al pendiente de su imagen, así que él simplemente se acostumbró a verla de esa manera. Ella no era precisamente fea, pues aun luciendo como si acabara de despertar, podía verse bien; sus ojos siempre brillaban antes de responder las preguntas de los profesores; su sonrisa autosuficiente relucía cada vez que recibía puntos para su casa; y su expresión concentrada, mientras resolvía las preguntas de algún examen, no podía ser menos que encantadora. Pero ese día de invierno, Hermione Granger lucía hermosa. Sus dientes eran de un tamaño normal, su pelo estaba liso y hermosamente peinado, su sonrisa era grande y resplandeciente.

Iba de la mano del famoso Viktor Krum, quien no le apartaba los ojos de encima, ¿y cómo no hacerlo? Ella era la estrella del baile, no importaba quien se esforzara por negarlo. En ese momento no parecía estar al pendiente de competir contra él ni contra nadie, en realidad ella jamás competía contra nadie que no fuera ella misma. Pero para Draco era como si ella constantemente quisiera ser mejor que él en todo, y lo peor es que siempre lograba ser mejor que él en todo sin mucho esfuerzo.

—¿Y por eso me entregaste a ese hombre? —replicaba Hermione en sus sueños, la imagen de la chica en el baile de navidad se cubría de sangre, su vestido azul se desgarraba tira por tira hasta dejarla casi desnuda, su peinado se destruía y su sonrisa se borraba dejando tras ella una mueca extraña—, ¿solo por ser mejor que tú en los exámenes?

—No, Granger —decía desesperado el rubio, negando con la cabeza desenfrenadamente, mientras las lágrimas no se hacían esperar—. Juro que no fue por eso... Yo no solo... Perdón, perdóname por no ser valiente... Perdóname por ser un cobarde... Perdóname... Perdóname...

Draco se había dado cuenta que su deseo infantil porque Granger terminara muerta lo más pronto posible, era solo una tontería dicha por un niño que no sabe nada de la vida y la muerte; él de verdad no la odiaba, ni quería verla muerta, eran solo palabras vacías dichas por un imbécil inmaduro. Y si él pudiera retroceder el tiempo y evitar decir todo lo que una vez dijo, si pudiera hacer lo que sea porque Lestrange no se llevara a Hermione ese día, estaba seguro que lo haría sin pensar. No por lo que le había tocado vivir en la prisión, sino porque la culpa por la muerte de la castaña lo estaba torturando más a cada segundo.

El sueño aumentaban en intensidad, Hermione gritaba y se retorcía en el suelo; ambos se encontraban encerrados en un pequeño cuarto oscuro, muy húmedo; la visión de la castaña siendo torturada frente a él hacía que también gritara y llorara de impotencia.

Sin apenas darse cuenta, las pesadillas sufridas por el rubio acabaron, por lo que pudo dormir medianamente bien a partir de ese momento. Fue un dolor agudo en su estómago lo que lo hizo despertar hacia lo que le pareció el mediodía, el dolor en su cuerpo había desaparecido en casi su totalidad, pero el de la espalda seguía siendo tan fuerte como en la mañana. Abrió sus ojos lentamente, temiendo despertar y que todo fuera mucho peor que cuando fue a dormir. Su pequeño catre rechinó con fuerza cuando se sentó en él lo más despacio que pudo; el sonido le causó punzadas en la cabeza, la cual parecía a punto de romperse en cualquier instante. Todo su cuerpo comenzaba a demandar un poco de alimento, aunque fuera la insípida comida de la prisión.

Como si hubiera estado tras la puerta esperando a que él despertara, Weasley entró en su celda llevando un plato de comida. Se la acercó a Draco diciendo:

—Toma, debes estar muy hambriento ya que no comes desde ayer.

—¿No crees que era más efectivo darme el veneno en la medicina en lugar de en la comida? —inquirió Draco desconfiado.

—¿Veneno? —repitió Ron confuso—. ¿Qué veneno?

—¿No está envenenada?

—¿Y por qué lo estaría?

—Porque quieres matarme, obviamente.

Ron lo observó perplejo unos segundos, parpadeando totalmente confundido ante las palabras del rubio. —Yo no quiero matarte, Malfoy —respondió sincero—. Vamos, sé que no nos llevábamos bien en Hogwatrs, pero eso no me hace querer matarte… Y, aunque hayas sido un mortífago, estoy harto de toda esa mierda. Tú no me agradas, en realidad sigo odiándote igual que siempre. Pero no por eso quiero que mueras.

—Claro, tenerme vivo y sufriendo es un castigo mucho peor que simplemente morir.

—Por favor, se supone que Azkaban ha mejorado un poco. —La risa del pelirrojo sonó como un pequeño bufido, Draco aprovechó su cercanía para observarlo detalladamente.

El chico había cambiado mucho desde la última vez que lo vio; su rostro ya no asemejaba el de un muerto viviente; sus ojos, antes carentes de vida, habían recuperado un poco de su brillo; incluso su sonrisa parecía ser sincera. Su cuerpo estaba más fornido y definido, seguramente debido al entrenamiento, su cabello comenzaba a volverse largo, y muchas de sus pecas habían desaparecido. En realidad, Ron Weasley parecía estar bien, realmente bien. Hacia un claro contraste con Potter y su expresión sombría.

—¿Eso significa que ya me perdonaste? —inquirió Malfoy en voz baja, observando su plato.

—¿Perdonarte? ¿Por ser un mortífago? —Weasley parecía confundido por la pregunta formulada por el rubio, se rascó la cabeza mientras fruncía el ceño concentrado—. Bueno, obviamente no. Pero ya estás pagando por tus crímenes, ¿no es así?

—¿Crees que estar encerrado aquí es castigo suficiente? —Algo no iba bien con esa conversación, pero Draco no podía discernir lo que era. Weasley estaba demasiado tranquilo, hablaba con mucha naturalidad ante él; Draco lo conocía lo suficientemente bien como para saber que no era el tipo de persona que logra controlar sus sentimientos, aunque quisiera. Ron solía estallar en ira por cualquier tontería, verlo de manera tan pacifica le daba escalofríos.

—Creo recordar haber escuchado que hiciste lo que hiciste por salvar a tu madre… Harry lo dijo una vez, aunque no lo recuerdo del todo. Creo que muchos hubieran hecho lo mismo que tú al estar en tu lugar.

—Pero sabes que yo me refiero a lo que pasó con…

—¡Ron! —llamó la voz de Neville desde el pasillo.

—Estoy aquí, Neville —respondió el pelirrojo asomándose fuera de la celda—, vine a darle el almuerzo a Malfoy.

—¿Por qué hiciste tal cosa? —inquirió Neville acercándose a la puerta. El rubio miró a Draco con un odio profundo. ¡Exactamente! ¡Esa era la mirada que debería tener Weasley! La mirada que le das a la persona más despreciable que puede haber en el mundo.

—Esta mañana tenía una fiebre terrible, le di un poco de poción pero aun así durmió mal, así que mientras dormía le di un poco de poción para dormir sin soñar. Pensé que lo mejor era dejarlo descansar por lo que no tomósu almuerzo, así que simplemente se lo traje.

—Ron, la próxima vez solo llama al sanador encargado —replicó Neville con cuidado, como si estuviera explicándole a un pequeño niño por qué no debe jugar con fuego—. No es necesario que te encargues de esas cosas, mucho menos por Malfoy, ¿entiendes?

—No tenía nada que hacer de todas formas —dijo Weasley desinteresadamente, encogiéndose de hombros.

—Harry te pidió que no te acercaras a Draco Malfoy.

—¿Y desde cuando Harry se convirtió en mi madre? —Ron parecía furioso, al parecer no era la primera vez que tenían aquella conversación, por lo que comenzaba a perder la paciencia—. No sé qué demonios le pasa a todos conmigo últimamente. Pero te recuerdo que ya estoy bien grandecito, aunque al parecer nadie quiere aceptarlo. Mi trabajo es cuidar a los prisioneros y es lo que haré.

—Tu puto trabajo es vigilarlos, no cuidar de ellos como si fueras su enfermera personal. Si quieres curar enfermos ve a trabajar a San Mungo —Esa definitivamente era la primera vez que Draco veía a Longbottom hablarle así a Weasley. Él siempre pareció respetarlo, tanto a él como a Potter, y ni hablar de Granger de quien pareció estar enamorado durante sus años en Hogwarts; ahora le hablaba al pelirrojo de la peor manera posible—. Vete, Ron, tu turno terminó hace media hora.

El aludido, sin embargo, no se inmutó por la brusquedad del rubio. Se acercó a él con una sonrisa socarrona y una mirada calculadora. Lo tomó con fuerza de la camisa y lo estampó contra el dintel de la reja de la pequeña celda.

—La próxima vez que me hables de esa manera, Neville —dijo con voz hostil, totalmente amenazante, a Draco incluso le dio escalofríos la voz del pelirrojo—, ten por seguro que será la última. Harry puede querer jugar a ser sobreprotector conmigo, puedo dejarlo pasar. Pero no pienso tragarme la mierda de los demás, ¿entiendes? Es mejor que cuides muy bien cómo me hablas la próxima vez. —Al ver que Neville no respondía más que con una mirada seria, Ron lo soltó, acomodó la camisa del uniforme de Longbottom, y se retiró del lugar.

—Escúchame bien, Malfoy —advirtió Neville con voz impostada, una vez que estuvo seguro que Weasley estaba lo suficientemente lejos de allí—. Si no quieres que te vaya de verdad mal, no te acerques a Ron Weasley, mucho menos si Harry está cerca. Te lo digo porque no quiero que las cosas se descontrolen, también lo digo por tu bien. Acércate de más a Ron, y desearás que tu condena hubiera sido el beso de un dementor en lugar de estar atrapado en esta prisión.

Sin esperar respuesta, el hombre se fue dejando a un Draco totalmente confuso. ¿Qué había sido todo eso?


Fin del capitulo! Amo cuando estoy tan inspirada como ahora! Tengo tantas ideas para el fic! Y mientras la musa no me abandone, subiré al menos un capitulo diario!

Alguien tiene alguna teoria? Amaría leer alguna!

Recuerden que los capítulos no están editados, por lo que es seguro que tengan algunos errores.

Les mando mil besos!